Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.

Capítulo veintitrés

Veinticinco días de noche y miedo

"¡Quiero ver tu rostro cuando te mate! ¡Quiero ver la luz desaparecer de tus ojos!" ~J.K. Rowling

BELLA

Día 5

—Edward puede ser un asno a veces —dijo Alice mientras acomodaba mi almohada—. Deberías estar descansando en la casa de verano, bebiendo un sex on the beach, y mirando Young and the Restless. Pero en cambio, nos mantiene aquí en arresto domiciliario. ¿Puedes creer eso? ¡Arresto domiciliario!

No dije nada.

Suspirando, Alice se dejó caer en la cama a mi lado.

—Maté a alguien.

No dije nada.

—De acuerdo, eso seguro no es gran cosa para ti —susurró—. Pero para mí es muy importante. Salió de la nada y simplemente reaccioné. Angela me dijo que siempre llevara dos navajas conmigo a todos lados, así que hice eso. Y ese día, simplemente la saqué… y maté. Pero, ¿sabes que es lo más retorcido?

Otra vez, no dije nada.

—No me importó —dijo—. El maldito entró en mi casa e intentó lastimarme. Y cuando lancé la primera navaja en su yugular, la sangre se disparó por todos lados. Pero lo único que podía pensar era que más le vale que no tenga ninguna enfermedad se transmisión sexual. Eso es retorcido, ¿no? Soy una buena persona. Era una persona buena. Antes hubiera enloquecido, hubiera rogado o algo y, en cambio, todo lo que quería hacer era patearle el trasero por la posibilidad de haberme transmitido algo.

Nada. No dije nada.

—Bella, por favor, háblanos. Han pasado cinco días. Al menos di algo. Lo que sea —rogó Alice, pero no podía.

Poniéndome sobre mi costado, intenté volver a dormir. Solo quería oscuridad. Solo quería dormir. Era lo único que podía sentir.

—Te amamos, Bella. —Fue lo último que dijo antes de que venga la oscuridad… afortunadamente.

EDWARD

—¿Dónde están Aro y Victoria? —gritó Emmett al prisionero que colgaba del techo frente a nosotros mientras yo cortaba mi carne.

—Váyanse a la mierda —escupió el idiota.

Emmett echó un vistazo hacia atrás para mirarme y simplemente asentí, tomando un bocado del sangriento bife frente a mí.

Aceptando el taladro que le tendió Jasper, Emmett lo sostuvo contra la clavícula del hombre.

—Última oportunidad. ¿Dónde está Aro y Victoria? —preguntó nuevamente Emmett.

Antes que el idiota pueda soltar el insulto, Emmett comenzó a taladrar, perforando su piel, musculo, tejido y hueso. Gritó como un chancho de camino al matadero… porque lo era. Cuando Emmett atravesó hacia el otro lado de su cuerpo, lo quitó y se dirigió hacia su otro hombro.

—¿Dónde está Aro y Victoria? —ladró Emmett en su rostro—. Juro por Dios que te taladraré la polla si no comienzas a hablar.

El idiota se ahogó en su propia saliva mientras jadeaba en busca de aire.

—Están escondiéndose.

—¡Ni lo digas! —espeté, limpiándome las comisuras de mi boca—. Quiero saber dónde se esconden. Tengo gente quemando tus cosechas, bombardeando tus laboratorios, y matando a tus hermanos. Habrá venganza. Habrá más sangre y no será de esta vaca. Puede terminar con tus jefes o puede terminar con toda tu familia. Elije con cuidado, hay más de los tuyos y tenemos muchos cuchillos.

Alcanzándome un vaso de brandy, Ben se acercó por detrás del hombre y sostuvo otra contra el ombligo del hombre.

—¿Dónde están Aro y Victoria? —preguntó por última vez Emmett.

Todos los ojos se encontraban en el hombre.

—Juro por Dios…

—Dios no viene a esta parte de la casa, jura por mí —dije, echándome para atrás en mi silla.

—Lo juro…

—Mátalo. —Estaba malgastando palabras y no sabía nada.

Ahogando sus gritos, cerré mis ojos y absorbí el ruido del taladro. Por alguna razón me tranquilizaba. Pero, tristemente, terminó demasiado rápido.

Chequeando su pulso, Ben se giró hacia mi cubierto de sangre.

—Murió, señor.

—Cuando dije que lo maten, quise decir lentamente. —Suspiré, esto demostraba que, si querías matar bien, deberías hacerlo tú mismo. Tomé el documento que me tendió, echándole un vistazo antes de ponerme de pie.

—¿Qué número es él? —pregunté.

—Es el décimo séptimo que hemos perdido en interrogación. Perras débiles —añadió Jasper, abriéndome la puerta.

Frunciendo el ceño, asentí con la cabeza.

—Encuéntrame más. Los quiero a todos muertos. Quiero que Aro, Victoria y todos los malditos Volturi sepan que voy por ellos.

Arrastrando el cuerpo del idiota, todos asintieron mientras me iba. El fuerte de Emmett no era torturar, y tampoco el de Jasper, de hecho. De eso siempre nos encargábamos mi padre y yo. Éramos buenos en ello, lo disfrutábamos de forma retorcida. Pero después de lo que pasó, algo cambió en los dos. Emmett era conducido por la furia de lo que le podría haber pasado a su esposa. Jasper había perdido a Alice de alguna forma. La mujer adicta a las compras que no comprendía al mundo a su alrededor ya no estaba, ahora se encontraba una asesina. Ella había pasado por eso y aun así no quería hablar con él. Aceptaba sus golpes e insultos, y después se descargaba con cualquier idiota que se nos cruzaba. Pero lo entendía. Caminando por la construcción que ahora era mi casa, sabía lo que me esperaba cuando abriera la puerta de mi cuarto.

Alice me miró sacudiendo su cabeza con tristeza antes de salir. Quitándome la camisa, la lancé hacia la pila de ropa que Angela había dejado allí para ella. No parecen haber sido tocadas desde esta mañana.

Arrodillándome a su lado, aparté su cabello.

—¿Has comido?

No dijo nada. Ni siquiera me miró. Cinco días de esto ya, y temía que solo fuera el comienzo.

—Angela, trae comida, lo que le pueda gustar a Bella, ahora —espeté al teléfono antes de sentarme en el suelo frente a ella.

Al menos sigue respirando. Ese era mi único consuelo. Abriendo el archivo en mi mano, comencé a leer. No quería que sintiera como si la estuviera apartando, que no la necesitaba. Porque si, la necesitaba desesperadamente.

—Jasper y Seth han estado intentando atravesar los firewalls de los Volturi. Su sistema no es tan fuerte como el nuestro, por lo que crearon doscientos firewalls diferentes. Pueden hackearlo, pero llevará tiempo. Ambos están intentando encontrar la forma de atravesarlos. Pero ahora mismo no han tenido suerte. Van por el firewall número once ahora. —Esperé para ver si decía algo, pero otra vez no hubo nada.

»—Hasta ahora hemos hablado con diecisiete miembros de los Volturi y todos han dicho lo mismo; Aro y su familia están escondidos. El maldito cabrón se llevó a sus asquerosas zorras… —Hice una pausa y gruñí—. Estoy tan enojado que sueno como mi abuelo en día de San Patricio.

BELLA

Él me hacía sonreír. No sabía si podía verlo, pero me hacía sonreír.

—Como sea —dijo sin acento—. Están escondidos. Estamos monitoreando todas sus cuentas. Ni bien atravesemos sus firewalls, le robaremos todo. Por ahora, si alguno retira algo de dinero, lo sabremos. Ya hemos incendiados todos sus campos de cosecha conocidos en los dos hemisferios y bombardeado veintinueve laboratorios de metanfetaminas. Si hay alguna más, la encontraremos. No se escaparán. No tienen otra opción que morir.

Se puso de pie cuando Angela entró con un bol de algo. No podía escuchar lo que hablaban y no me importaba. Quería volver a dormir, pero mi cuerpo no me lo permitía.

—Amor —susurró por encima mío, pero no respondí.

Suspirando, me levantó con facilidad y me ubicó sobre su regazo, como si fuera un… niño.

—Amor, come esta sopa. —Comenzó a frotar su pulgar contra mi labio inferior—. Bella, amor, te ruego que abras tu boca o la abriré a la fuerza.

Escuché y lució decepcionado, como si quisiera que peleara con él. Pero estaba cansada, todo lo que quería era volver a dormir. La única forma que podía hacer eso era escuchando, y permitiendo que me diera de comer, de a una cucharada a la vez.

DÍA 9

—Ya amaneció, Isabella —dijo Rose mientras abría las cortinas haciendo que el sol me cegara. No quería al sol. Este era demasiado feliz. Lleno de alegría y de vida, no sabía cuándo dejar de brillar. Debería saber que era un día oscuro. Debería saber que no debe acercárseme. Quería a la luna. Quería la noche. Quería la oscuridad, no el sol.

Pero estaba muy cansada como para gritarle. En cambio, me di vuelta y lejos del sol.

—¿Sabes? Estaba celosa de ti —dijo Rose, sentándose al borde de la cama—. Todavía sigo un poco celosa. Siempre estoy celosa. Intento no estarlo. Es consecuencia de tener padres divorciados, creo. Siempre buscas atención y ellos te la dan porque se sienten culpables. Pero contigo era una clase de celos diferente.

"Vete, Rose." Pensé, pero no hablé.

Y así siguió.

—Cuando escuché que Edward iba a casarse, esperaba que ella, tú, sea como Alice… la vieja Alice. Que permitieras dejarme ser el centro de atención y vengas a mí por consejos. Creo que quería ser como Esme de alguna forma. Quería ser el corazón de la familia. Pero no eras como Alice, o incluso Esme. Eras jefe de la mafia. Tú, una mujer, manejaba a la mafia italiana. Cuando Emmett me lo contó, pensé que bromeaba. Debería ser imposible. No había forma que un hombre, un gánster real, se inclinara hacia una mujer, y aun así allí estabas. Y los hombres se inclinaban tanto hacia ti que casi besaban tus zapatos blancos. ¿Sabes que ese es un tema en twitter?

Por favor, Rose, vete. Pensé para mí misma una vez más y otra vez, no lo dije en voz alta. Así que, ella siguió… otra vez.

—Numeral Zapatos Blancos —rio ella—. Siempre eres tendencia. Y ni siquiera los sabes. Siempre que salimos, estás en Fashion Police, o alguna otra revista te está elogiando. Pero no te importa porque eres la Jefa. Así que, por supuesto que estaba celosa. Isabella Swan, despampanantemente hermosa, peligrosamente aterradora. ¿Cómo mierda alguno de nosotros podía estar al lado de eso?

¿Por qué no te vas?

—No me debería importar, ¿no? —Suspiró—. Pero si me importa. Eres todo lo que he querido ser y más; el objeto de deseo de cada hombre y aun así no el objeto. Nací hermosa, y no lo digo de arrogante. Nací hermosa y a los chicos siempre les gustaba por eso. Pero hubo un chico al que le gustaba un poco de más por ello. Era mi primer año en la universidad. Realmente me estaba guardando para el elegido, y sabía que él no lo era. Así que en vez de prestar atención a los carteles que decían "no significa no", él…

Sollozó y yo solo quería dormir.

»—Me llevó a su cuarto de la residencia y nadie dijo nada porque yo era la chica linda que seguramente se acostaba con todos. Sus amigos también estaban allí y todos… —Se detuvo—. Cuando terminaron, se rieron del hecho que era la virgen más estirada que habían tenido. Cuando llegué a casa, jamás lloré o me refregué. Al día siguiente, dejé de ir a clases y terminé mis clases universitarias desde la seguridad de mi cuarto.

No estaba segura de qué quería ella de mí, pero disfruté del silencio mientras ella se perdía en sus pensamientos. Lamentablemente, duró poco.

—Encontré a Emmett. Me sentí a salvo otra vez, feliz otra vez. Pero hay una parte rota de mí que no puedo arreglar. Odio a las personas. Odio a los hombres… todos los hombres afuera de esta familia y odio a las mujeres de alguna forma porque me odio a mí misma. Así que cuando te vi caminando como si flotaras sobre el agua, te odié demasiado. Emmett intentó hacerme entrar en razón. Dijo que eres la reina y yo la princesa. Después de eso, fui capaz de controlarlo hasta que Esme me contó que estabas embarazada. —Rio secamente.

»—Pasé toda mi vida soñando con poder se madre algún día. Emmett y yo lo intentamos muchas veces y aquí, tú, la mujer bañada en sangre y pecado iba a tener un hijo así que maldije a Dios. Le dije que era un gran idiota ególatra. ¿Dónde estaba lo justo? Había pasado por toda esa mierda y solo quería un hijo. Tú matas, robas, y mientes, y aun así te dio uno. Pero aquí estoy, completamente arrepentida, Isabella —susurró la última parte.

»—Jamás quise lastimarte, y juro que desde hoy siempre te amaré como debí hacerlo desde el primer día. —Añadió, pero si me conociera, sabría que no quería ni pedía su amor.

Estaba cansada de escucharla. Así que solo me dormí.

EDWARD

—¿Cómo te llamas, cariño? —preguntó mi padre a la joven mujer cabeza de crack antes nosotros mientras yo bebía mi brandy.

—Lo que sea que quieras. —Guiñó un ojo y casi vomitaba.

Mi padre, por el otro lado, solo sonrió.

—Creo que solo Julia Roberts puede decir esa frase.

—¿Tu tipo son las pelirrojas? —Hizo un puchero, lo cual fue enfermizo, mientras acariciaba su cabello castaño.

—Mi esposa es mi tipo —respondió, tomando asiento frente a ella—. Y tu vida debería ser tu tipo. Verás, lo único que te mantiene viva ahora mismo es el hecho que puedas saber algo. Si no, bueno…

Simplemente se detuvo y la zorra comenzó a temblar.

—Necesito algo para quitar el estrés.

Poniendo los ojos en blanco, intenté no romperle el cuello allí mismo.

—¿Cuál es tu gusto? —preguntó Carlisle, caminando hacia la bandeja con drogas que Jacob colocó allí.

Eso hizo que la chica se alegrara como una perra alzada.

—Heroína y cocaína.

—Alguien es una estrella de rock. —Rio mi padre—. Pero no nos pongamos codiciosos, elije una.

Ella hizo un puchero otra vez, y nuevamente estaba indeciso entre vomitar y arrancarle los labios.

—Heroína —dijo y mi padre tomó la inyección antes de alcanzársela.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó él.

Pero la chica solo sacudió su cabeza, desatando su top y usándolo como torniquete sin vergüenza de mostrar los pechos. Gimiendo como si estuviera al borde del éxtasis, metió el veneno en sus venas.

—Adictas —susurró Seth, disgustado. Este era un recordatorio constante de por qué ninguno de ellos tenía permitido hacer esa mierda.

—¿Dónde está tu jefe, querida? —preguntó Carlisle, suavemente.

—No lo sé. —Sonrió y me sentí perder el control—. Dijeron que iban a Finlandia. Nadie busca en Finlandia.

—¿Ellos te dijeron eso? —cuestionó Carlisle, mirándome.

Ella sacudió su cabeza como un niño.

—Nop. Aro acababa de follarme. Es un asno, me dejó frustrada. Casi le rogaba. Pero no, había terminado y quería que me fuera. Así que me metí en la ducha y lo escuché hablar con una perra pelirroja. Ja, ja, a los dos les gusta las pelirrojas.

—¿Sabes algo más? —le preguntó Carlisle—. Esto puede salvar tu vida.

—Estoy caliente. ¿Puedo tener una última cogida en vez de una última comida? —Sonrió, estirándose para tocar la entrepierna de mi padre.

Estaba cansado de ella. Asentí hacia él, y él puso una pistola en su cabeza.

—Esto no es la cárcel. No tienes ni una última plegaria.

Su cuerpo cayó sobre la mesa con la aguja aun en su brazo. Carlisle solo la observó con asco, la máscara de sonrisas amables se había ido; el hombre que estaba frente a mí era el hombre que me había convertido en lo que soy hoy. Sacudiendo su cabeza, puso otra bala en ella antes de darle el arma a Jacob.

—Tan idiota. —Frunció el ceño, sacando su cigarrillo electrónico. Era el único que mi madre le dejaba tener.

—Entonces, ¿Finlandia? —me preguntó Jasper.

—No, no hasta que estemos seguros. No creo que tengamos hombres allí, pero chequea eso y sácalos. No quiero que se den cuenta. Además, todavía necesito hablarlo con mi esposa —respondí mientras abría la puerta.

—¿Ya habla? —preguntó mi padre, pero él sabía la respuesta.

—No, todavía no, pero lo hará. —Tenía que creer que saldría de eso.

—No pierdas las esperanzas, hijo.

Más fácil decirlo que hacerlo.

DÍA 14

BELLA

—Estaba un poco enamorado de ti —susurró Jasper desde su lugar a los pies de la cama—. No. Era lujuria. No debería estar diciéndote esto, pero esperaba que te enojaras y me patees el culo. Ya sabes, como Bella Sangrienta. Sé que Edward me despellejaría vivo. No, en serio, nos hizo despellejar a uno de los Volturi como si estuviera estudiando los métodos de tortura romanos. No me sorprendería si crucificamos al próximo.

Necesitaba poner un cartel de "no molestar" en la puerta.

—Sí, así que, por favor, no se lo digas. Quizás algún día cuando estemos viejos… incluso tampoco entonces. Seguro esté senil y sea peor. Actúa como lo hace nuestro abuelo a veces, y nuestro abuelo es un loco pervertido. Nuestro abuelo paterno. Se encuentra en Irlanda y prefiere quedarse allí. Él entendería por qué sentía lujuria por ti. Es difícil no poder. Creo que todos los hombres con polla lo hacen. Pero soy el único lo suficiente estúpido para admitirlo. —Rio porque de hecho era estúpido.

Muy estúpido. Ya veo por qué Alice está furiosa con él.

—Ya no siento eso. No que no seas atractiva porque lo eres, pero creo… siento más lujuria por mi esposa últimamente. Tú tuviste que ver con eso. No sé cómo lo hiciste. Quizás es por el hecho que existes. Pero lo hiciste. Tomaste a mi cordero y la convertiste en una tigresa. No es una leona como tú, pero es letal en su propio estilo. Además, el nuevo corte de cabello la hace mucho más sexy con el pasar de los días —dijo.

Cerrando mis ojos, volví a dormir para intentar ahogar su voz.

DÍA 18

EDWARD

—¿Pensé que dije que nadie debía entrar a Finlandia? —les pregunté mientras bebía directo de la botella.

Ben asintió.

—Sí, señor, pero ella encontró a uno de nuestros hombres en el aeropuerto. No tuvieron opción que traerla con ellos.

Suspirando, observé a la rubia conocida como la amante preferida de Aro, Heidi Pompilio. No había nada qué hacer ahora al respecto.

—¿Puedo? —preguntó Jasper, acercándose al espejo.

—Adelante. —Quizás él pueda usar su caballerismo en ella.

Cuando entró, los ojos muertos de ella lo analizaron.

—¿Eres el hombre que mató a mi hijo? —preguntó suavemente ella.

James solo arqueó una ceja.

—He matado a muchos hijos, señora, va a tener que ser más específica.

—James Pompilio Volturi. Veintisiete años. Metro ochenta y ocho de altura. Cabello rubio, ojos azules…

—No, yo no lo maté —interrumpió Jasper—. Ese honor lo tuvo mi hermano y sus coches. Tenía la impresión de que la madre de James murió cuando él era joven.

Ella sonrió.

—Nací para ser la esposa de Aro. Ninguna otra mujer podía tener a su hijo, ni siquiera la estúpida de su esposa. Le dije que debería matarla y casarse conmigo, pero me dijo que no podía. Que había hecho un acuerdo, pero yo sabía que era una mentira. Me quitó a James y se lo dio a ella. Ella estaba tan emocionada y feliz. La odié por cuidar a mi hijo todos los días. El día que James la llamó mamá, la apuñalé en el corazón con un picahielo. Aro estaba tan enojado que me rompió cuatro costillas, y la mandíbula. Pero me amaba demasiado como para matarme. —Se rio tan fácilmente que me pregunté si Tanya necesitaba una compañera.

—Triste —dijo Jasper, pero sabía que no le importaba un carajo—. ¿Por qué estabas en el aeropuerto en Finlandia?

Ella no contestó. En cambio, se observó las uñas.

—Heidi, lo que me digas será la diferencia entre morir lenta y dolorosamente o rápido. Una con la que puedas volver a tu hijo —le dijo Jasper.

—Así que, mis opciones son muerte o muerte. Púdrete y que se pudra mi hijo. Quería sacarlo de esta vida y me dijo que podía manejarlo. Ahora está… —Hizo una pausa.

—Ahora está hecho pedazos en algún gran lago. —Sonrió Jasper—. Me atribuiré el mérito por dejarlo allí.

—Ustedes están tan jodidamente orgullosos de ustedes. Una banda de asesinos, mentirosos, ladrones, e infieles. —Frunció el ceño—. Sus mujeres los odian, ¿saben? Los odian y odian lo que hacen. No quieren esta vida. Querían el dinero y la fama, pero no querían la sangre y el horror.

Jasper sonrió diabólicamente.

—No conoces a mi esposa. Si lo hicieras, no hablarías tan rápido. Y obviamente no conoces a la jefa. Así que, cariño, dime lo que necesito saber y podemos seguir adelante.

Ella se acercó.

—Vete…

Levantándose de su asiento, Jasper caminó alrededor de la mesa hasta que estaba frente a su rostro. Heidi se hizo hacia atrás e intentó no lucir cómo si fuera a pillarse los pantalones.

—Haz lo que quieras. Pero, créeme, Aro ha hecho cosas peores —espetó.

Jasper sonrió, sosteniendo un cuchillo al costado de su rostro.

—Todo lo que hizo era curable. Después de todo, lo único que tienes es tu aspecto. Imagina lo que pensará Aro cuando vea a su juguete favorito todo cortado y cocido como Frankenstein. Mis puntos no son tan buenos con pacientes vivos.

—¿Qué necesitas saber? —gritó—. Fuimos a Finlandia para escondernos. James la cagó. Aro se pasó meses y años trabajando en diferentes redadas para este puto lugar. Tenía todo planeado, incluso el día. Pero James no podía esperar. Ni siquiera quiso escuchar y por eso, fue asesinado. ¿Eso querías escuchar? ¿O quieres saber que Aro está perdiendo la cabeza? James fue la gota que rebalsó el vaso. Mató a Caius porque pensó que lo estaba traicionando. Marcus está prófugo. Todo está jodido. Se va a dar cuenta que me tienes y se esconderá de vuelta.

Jasper se volvió hacia mí y sonrió con arrogancia. Era algo triste lo rápido que habló.

—Estabas en el aeropuerto. Simplemente pensará que lo abandonaste. —Jasper pasó el cuchillo por su mejilla.

—Jamás lo dejaría —susurró—. Él lo sabe. Sabe que no importa las veces que le diga que me voy, siempre vuelvo.

—Eres una tonta. No te ama y por eso, morirás sola. —Fue todo lo que dijo Jasper antes de degollarla. Su cuerpo se quedó quiero por un momento antes de caer al suelo.

—Monitorea cada vuelo que entra y sale de Finlandia —les dije antes de irme. Llegaba tarde e iba a perderme mi momento favorito de la noche.

Intenté no correr, pero era el único pedazo de esperanza que tendré en todo el día. Era lo que me hacía resistir. Apurándome a entrar a nuestro cuarto, sonreí cuando vi que la cama estaba vacía. Entrando al baño, sonreí al ver a Bella bañándose. Estaba sentada en la bañera, todavía sin hablar, mientras se bañaba lentamente.

Hace solo cuatro días que encontró la fuerza de bañarse a sí misma. Solo se sentaba en la bañera mientras Angela venía y lo hacía por ella. Era un pequeño paso, pero era algo. Tomando asiento a los pies de la tina, la observé.

—¿Quieres que te lave la espalda? —susurré y ella se detuvo como si ni siquiera supiera que había estado en el cuarto con ella.

Levantó la vista hacia mí por detrás de su cabello y me dio la esponja de lufa. Era un pequeño paso, pero era algo. Estaba volviendo. Mientras se apoyaba en mi brazo libre, sentí mi corazón sobresaltarse. Lentamente, froté su espalda y no pude evitar sonreír. Porque esperaba que las noches oscuras estuvieran por acabar.

DÍA 23

BELLA

—Tengo que confesar algo —dijo Emmett, dando vueltas frente a mí.

Genial, otro más, pensé mientras cortaba mi carne.

—Edward quería que me lo llevé a la tumba, pero sigues sin hablar. Hemos intentado todo, así que quizás estés furiosa con él y conmigo que seguro sales de allí. —Se detuvo y me miró fijamente a los ojos, pero seguí comiendo lentamente.

»—Disparé a Edward porque él me lo pidió… —Fue su gran confesión. Esperó a que reaccionara, pero no podía armarme con esa emoción—. ¿En serio, hermana? —Frunció el ceño—. Me electrocutaste y apuñalaste a Jasper, y ¿todo lo que puedes hacer ahora es mirarme? Esta no eres tú, Bella. De hecho, ya dejó de ser terrorífico la primera semana. Entiendo que estés triste, pero Edward está yendo al infierno por ti. No se detendrá hasta que mate a todos. Sé que la mujer despiadada que todos amamos y tememos está allí en alguna parte, así que, por favor, sal aquí y patéame el culo o al menos dispárale a Edward de nuevo.

Solo comí. Era lo único que podía hacer.

EDWARD

Llegué a nuestro cuarto justo cuando Emmett salía. Me miró y frunció el ceño antes de irse.

—¿Tenemos que ir a misa, amor? —le dije mientras entraba.

Al menos está comiendo.

No me respondió. Nunca me respondía, y estaba comenzando a volverme loco. Pero no podía perder la paciencia.

—Ya hemos faltado a tres misas. Una más y la gente pensará que te maté. —Sonreí.

Tomando el control remoto, encendió el televisor y puso la misa de domingo. Era algo gracioso y tierno. Sacudiendo mi cabeza, me quité los zapatos y la chaqueta antes de saltar a la cama. Me tendió la botella de vino, pero no dijo nada. Besando su mano, la tomé y bebí.

—¿Tienes pan? —pregunté y allí estaba la pequeña sonrisa. Hizo que mi corazón saltara de alegría, mis ojos se llenaran de agua, y fue mi pequeño milagro personal.

Ella no dijo nada, pero una sonrisa era lo suficiente para poder seguir con mi día.

DÍA 25

BELLA

—No sé qué decirte —me dijo Carlisle.

¿Qué tal nada? Gruñí mentalmente.

—Así que haré esto breve —dijo.

Gracias a Dios.

—Isabella Marie Swan-Cullen, levanta tu maldito trasero de la cama. Ya ha sido suficiente —espetó.

Arqueando una ceja hacia él, encendí el televisor mientras Esme rio.

—Te dije que no funcionaría. —Le fulminó con la mirada antes de besar mi frente.

—Tenía que intentarlo, pero aparentemente a mi hija no le gusta escucharme —dijo, también besando mi cabeza.

—Te veremos luego, Bella. Descansa. —Fue todo lo que dijo Esme mientras se iban. Ella era la única que no intentaba sacarme de la cama.

Ella era la única que entendía.

EDWARD

—Y así vuelve la rata —siseé hacia el hombre frente a mí. Parecía que nuestros hombres se habían encargado de él primero.

Su nariz estaba rota, sus ojos negros, sus dientes rotos y cada pedazo de piel expuesta estaba quemada o cortada. Patrick lucía como si hubiera ido y vuelto del infierno.

—Señor, hice esto por usted, para ayudarlo —dijo rápidamente, luchando contra las cadenas.

—¿Me traicionaste para ayudarme? —dije lentamente, volviéndome hacia el resto de nuestros hombres. Muchos de ellos querían ver esto que tuvimos que ir afuera.

—Señor, lo juro, jamás lo traicioné. Lo conozco desde la universidad. Hemos sido…

—Llega a la parte dónde me apuñalaste en la espalda —dije, volcando la gasolina sobre su cabeza—. Recuerda la parte dónde dejaste que mi esposa se desangre en el suelo mientras te ibas con la zorra rusa.

—Señor…

—No gastes tus palabras, no puedo sostener el fósforo por mucho tiempo —dije, sonriendo ante la pequeña llama en mi mano.

—Edward, sabía que planeaban algo. La única forma de saberlo era hacer que piensen que cambié de bando. No tenía idea lo que Victoria planeaba para tu esposa. Solo sabía que los Volturi tenían que ser acabados. La información que conseguí puede ayudarte a derrotarlos. Ya no están en Finlandia. Se fueron a Tanzania. Era el único lugar que pensaban que no podías llegar. Tienes gente por todo Europa, pero no en África. Te digo que no estaba traicionándote —chilló.

Sacudiendo mi cabeza, dejé que la llama caiga, pero tristemente ya se había apagado.

—¿Así que te convertiste en espía sin hacérmelo saber? —Reí—. Estás mintiendo…

—No…

Dándole un puñetazo en su nariz rota, sostuve su rostro.

—Jamás me interrumpas, ¿o te olvidaste de tus modales mientras estabas con los lobos?

—Me estás mintiendo, Patrick. —Apreté su rostro—. Deberías ser más inteligente. Me traicionaste antes y ahora que Aro está por caer, intentas salvarte. Eres una rata. Creo que mi esposa dio un buen significado a esa palabra antes.

—Edward…

—No digas mi nombre —dije, dando un paso hacia atrás—. No me importa por qué me traicionaste. El hecho es que lo hiciste, y todos lo que están en contra de mi familia por definición están en contra mío.

Encendiendo la mecha, ni siquiera dudé en lanzarlo a la gasolina. Solo tomó un segundo para que todo su cuerpo estuviera en llamas. Gritó y tembló tan fuerte, mientras mis hombres alentaban y cantaban en la noche. Dándome vuelta, justo alcé la vista y encontré a mi esposa observando al hombre en llamas.

Cuando al fin nuestros ojos se encontraron… vi a la leona despertándose.

EL DÍA 26

BELLA

Bebiendo, esperé a que todos abordaran. Si Angela había hecho su trabajo, deberían saber dónde estaba.

—Es bueno verla, señora —dijo Jinx, dándome una botella nueva de vino.

Sonreí y asentí, pero no hablé. No quería mis primeras palabras sean para él. Un segundo después, Mike abrió la puerta del Jet, permitiéndole que entrara. Edward estaba vestido para la guerra. Me observó rápidamente; sus ojos brillaban como diamantes verdes al sol.

—¿Qué mierda me miras? Nos vamos a la jungla y planeo cazar personas con armas y flechas —le dije antes de tomar asiento.

Él sonrió antes de sentarse frente a mí.

—Puedes matarlos con tus zapatos, si quieres.

—Hablando de matar, Emmet me dijo algo muy interesante. —Sonreí mientras tomaba un sorbo. Sus ojos se ensancharon antes de girarse hacia Emmett, que se congeló como si hubiera olvidado su confesión.

—Puedo explicarlo…

—No te preocupes. Lo pensé y te perdoné parcialmente. —Entendía por qué lo había hecho, pero eso no significa que me gustara ser manipulada.

—¿Parcialmente? —dijo con una sonrisa. No podía dejar de sonreírme y me estaba haciendo enojar. Sí, estaba hablando, deja de mirarme como si quisieras follarme sobre la mesa.

—Soy Isabella Marie Swan-Cullen, lo que significa que tengo que vengarme, incluso de mi esposo. —Sonreí.

Él sonrió satisfecho.

—Eso espero.

Mientras Jinx no llevaba al cielo, observé al sol por entre las nubes. Edward disfrutará de mi venganza, pero no hasta que haga pagar caro a Victoria. Ojo por ojo y vida por vida.