"Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás." — Gabriel Marcel

Cuando el símbolo de X.A.N.A. apareció sobre su pecho una vez más, William sonrió. De rodillas sobre el suelo de Xanadu, había sucumbido al ataque de X.A.N.A., que seguía con el brazo de su forma humanoide extendido hacia él, doblegándole a su merced. Con una falsa satisfacción y completamente sumiso, William se arrodilló ante aquella que ya lo había apresado anteriormente, se abandonó a su yugo.

—¡William! ¡No! ¡No puede ser! ¡No puedes caer ahora!

Desde la fábrica, los Guerreros Lyoko contemplaban desesperados cuál iba a ser el desenlace a tan cruenta batalla. Estaban a punto de presenciar la caída de un roto William, que tanto había luchado, contra X.A.N.A. y contra sí mismo. Por un instante, lamentaron cualquier reproche que hubieran cruzado con él, o cualquier desconfianza que le hubieran mostrado. Pero ya era tarde.

—¿William…? —lo llamó X.A.N.A., con una risilla triunfal de pura malicia.

—… Aquí estoy, mi señora —respondió, sonriente—. Listo para serviros.

—¡Victoria! —gritó X.A.N.A., alzando su espada al aire.

—Así es, X.A.N.A., tú ganas.

Con una sonrisa de oreja a oreja, y arrodillado todavía, William miró ligeramente hacia un lado. Fue un gesto prácticamente imperceptible, pero ello hizo que encarara el monitor desde el que le veían los Guerreros Lyoko en la fábrica. A pesar de lo nerviosos que se encontraban, a nadie se le pasó por alto el pequeño gesto de complicidad de William. ¿Iba para ellos?

—Jeremy, fíjate. ¿Y si en realidad no…? —dijo Aelita.

—Tanto la deshumanización de William como la humanización de X.A.N.A. están al borde de completarse… No sé qué pensar —respondió el susodicho, capcioso.

—Dime, William… —habló X.A.N.A., atrayendo todas las atenciones, en un tono malévolo—. ¿Te rindes por fin? ¿Vuelves a someterte a mí y me dejas manipularte a mi antojo? ¿Aceptas tu debilidad y tu patética derrota?

—Sí, X.A.N.A. Lo acepto todo. Te acepto a ti. Eres… —dijo, sumiso, levantando la cabeza hacia la villana—. Eres parte de mí.

Cuánto disfrutaba humillando a una marioneta que había creído poder rebelársele. Por lo menos, lo hubiera disfrutado hasta ese momento. Cada palabra envenenada que le había lanzado… Pero algo no iba bien. William estaba sonriendo, incluso la… La aceptaba. X.A.N.A. lo miró fijamente, muy seria. Un leve temblor manaba de ella… ¿Qué era esa sensación? Su corazón de complexión humana palpitaba muy rápido, todo su ser se hallaba tenso con solo contemplar a William. ¿Qué pasaba?

Sacudió la cabeza, para sacudirse aquellas dudas estúpidas. ¡Su plan ya estaba prácticamente completado! Había habido mil y un imprevistos, pero por fin iba a lograr su objetivo. Es más, iba a ser cruel hasta el final. Porque X.A.N.A es cruel hasta el final.

—Tu espada, William. Dámela. Te mataré con ella —dijo, con una sonrisa perversa.

Todavía sonriendo, William desenvainó con parsimonia su gran sable y, sujetándolo al mismo tiempo por el filo y la empuñadura, en la que seguía engarzada la mitad del colgante del corazón, se lo tendió a X.A.N.A. en un gesto ceremonioso. La susodicha dio un paso hacia él, con semblante malévolo, y lo tomó en sus propias manos, visualizando la atrocidad que iba a cometer a continuación. Desde la fábrica, algunos se cubrían los ojos, pues no se atrevían a mirar algo que creían certero. Otros, en cambio, preferían no perder del todo la esperanza. Esperanza que X.A.N.A. se iba a encargar de diezmar personalmente.

Por mucha que fuera su aparente superioridad, la espada de William, muy parecida a la suya propia, no estaba concebida para poder ser sujetada con una sola mano. Por eso mismo, X.A.N.A, sin despegarse de su malicia, adaptó su pose para poder sujetar el mango con ambas manos. Un ángulo mucho mejor para asestarle el golpe definitivo, desde luego… Así lo hubiera pensado si al posar la segunda mano no hubiera sentido un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.

La figura de X.A.N.A. no articuló palabra en ningún momento, pero cualquiera que se fijara vería que algo había cambiado. Algo no estaba bien. La impertérrita humanoide ahora se mostraba claramente afectada, con el rostro torcido y los ojos muy abiertos, en una expresión como de dolor. Cerca de las manos, justo por donde sujetaba la espada de William, había empezado a manar un extraño brillo que pronto la había invadido a toda ella. A ella… Y a la pantalla del Superordenador.

—¿Qué…? —masculló Ulrich, sin entender nada.

—El colgante… Cuando ha tocado la otra mitad, ha… —dijo Yumi, perpleja.

—¡Jeremy, el símbolo amarillo! —exclamó Aelita, señalando la pantalla—. Ya no parpadea. ¡Es completamente amarillo!

—¿Nos podrías traducir eso, princesa? —le pidió Odd, también despistado.

—El proceso de humanización de X.A.N.A. —respondió Jeremy, colocándose bien las gafas en un gesto juicioso—. Se ha completado. En teoría, X.A.N.A. ya es…

Ajeno a todo lo demás, aunque fuera el que estuviera más cerca del peligro inminente, William seguía absorto en sí mismo. Consciente de que, tal y como se estaba escribiendo la historia, su final se aproximaba, alzó la cabeza para afrontar su destino con dignidad. Sus ojos azul marino se cruzaron con los de X.A.N.A., pero ya no había odio, ni rencor. Solo un profundo dolor que su sonrisa desmentía.

Nunca le había pasado antes, pero… X.A.N.A. lo supo. Supo adivinar qué quería decir aquel brillo en los ojos de William. Vio en ellos todo lo que había vivido junto a él, todo el amor que cabía en su corazón de aquel al que había sometido… Todo el dolor que le había causado. Y por primera vez, experimentó la sensación de tener un nudo en el estómago. Volvió a mirarle a los ojos, y… Fueron los suyos propios los que se humedecieron. No pudo aguantarle la mirada.

X.A.N.A. tragó saliva, procurando serenarse y mantener la sangre fría. Deshacerse de todas aquellas sensaciones con las que se autoinhibía, y completar su cometido. Volvió a empuñar la espada, y la alzó sobre su cabeza. Ya casi estaba: solo tenía que trazar el arco que conduciría el arma a su víctima. Y todo acabaría.

Pero, ¿ya para qué? ¿De qué iba a servir? No acababa de comprender de dónde le acudían todos aquellos pensamientos tan… Irracionales. Pero algo en ella lo tenía claro. Ya daba igual matar a William. De hecho, ya lo había matado. Le había destrozado la vida. Había roto su corazón en mil pedazos. ¿El corazón se rompía? ¿Era una… metáfora? El caso era que el daño ya estaba hecho. ¿De verdad iba a hacerle todavía más daño…?

William volvió a bajar la cabeza, para encajar la estocada que se avecinaba. Seguía sonriendo de oreja a oreja, aunque algo dentro de él también se había quedado afectado por haberla mirado a los ojos. Había recordado tantas cosas… Unas agradables, otras desagradables. Todo ya formaba parte de él, y le desgarraba por dentro. Pero siguió sonriendo. Se guardó las lágrimas. Como siempre hacía. Prácticamente todo en él era y estaba siendo irracional. Humano. Y X.A.N.A. jamás había comprendido tan bien unos sentimientos como aquellos.

El sable se mantenía alzado en el centro de su campo visual, justo encima de William. Un movimiento más y estaba acabado. Si solo lograba que dejaran de temblarle las manos… El titubeo y la duda se abrieron paso en X.A.N.A., que se mostraba inquieta ante una mezcla tan apabullante de sensaciones que no lograba comprender. Sin embargo, en cierto momento lo comprendió todo. Aunque cambió la manera de empuñarlo, volvió a sujetar la espada. Y esa vez, no dudó.

En todo Xanadu, se escuchó el profundo grito de dolor. El grito… de X.A.N.A. Sentía dolor, un extraño dolor invisible que le oprimía el pecho, pero también le dolía tangiblemente el haberse clavado a sí misma la espada de William.

—¡¿Qu-qué…?!

Enseguida se alzó la voz de William, igual que se alzó él mismo a toda prisa. Le había cambiado el semblante. Ya no sonreía lo más mínimo. Entre alaridos, se apresuró a incorporarse para acudir al lado de X.A.N.A., que yacía sobre el suelo, vencida, mientras dejaba caer su arma homicida a un lado. En la cara de ella, jamás se había reflejado una expresión tan humana. Tan… Afectada.

—¡Altaira! ¡No! ¡¿Qu-qué has hecho…?! ¡¿P-por qué…?! —exclamó William, arrodillándose junto a ella y observando con pesar lo malherida que estaba.

—W-William… —le respondió ella, con la voz débil, notando como su imagen virtual empezaba a desintegrarse—. T-tú no… ¿No llegué a poseerte…?

—N-no… Me hice el sumiso para que bajaras la guardia… —confesó, sacudiendo la cabeza con expresión dolida—. P-pero nunca… ¡Nunca imaginé que tú…!

—P-pues ya lo ves… Y pensar que no me di cuenta de tu treta… E-estoy perdiendo facultades, ¿no crees? —dijo entre toses—. M-me has llevado al extremo en que… En que me has hecho herirme a mí misma antes que a ti. Has… Has ganado.

—¡N-no, me niego! ¡Altaira! —suplicó el escocés, al borde del llanto—. ¡N-no quiero esto, Altaira! ¡No quiero ganar así! ¡N-ni siquiera quiero ganar ya!

—William… Sabes muy bien que ese no es mi nombre.

Así es, lo sabía. A pesar de que la había conocido con ese nombre, no se llamaba así en realidad. Sin embargo… Aquella a la que veía, a la que escuchaba… En realidad era ella. Aquella a la que había conocido. De hecho, la había conocido de dos maneras totalmente opuestas, y ahora veía que eran una misma. Por mucho que la amara, la odiaba. Debería odiarla, por lo menos. ¿Por qué no la odiaba? En lugar de eso, le sujetaba la mano, implorándole que viviese aunque se hubiera suicidado por él.

—T-tendría que haber sabido que este plan estaba destinado al fracaso… ¿E-en qué momento se me ocurrió adoptar forma… humana? ¿C-cómo iba a salir bien…? ¿Convertirme en un ser tan… irracional?—masculló X.A.N.A., apagada.

—Lo que querías era acercarte a mí, ¿n-no? Era la única forma que tenías de hacerlo… Y lo conseguiste… Realmente lo conseguiste…

—P-pero, William… ¿D-de qué me ha servido? Aunque casi te he arrastrado conmigo… S-solo me he llevado a la perdición yo misma…

—¡N-no!—gritó William—. ¡Tiene que haber algo que podamos hacer! ¡Puedes vivir en la Tierra en forma humana! ¡N-no se puede acabar aquí! ¡Lo sé…!

Como si fuera a servir de algo para evitar lo que se avecinaba, William sujetó a X.A.N.A. de las manos, aquella a la que en cualquier otro momento hubiera deseando la muerte, pidiéndole que viviera. Junto con ella, estaba muriendo una parte de él mismo. Ahora se daba cuenta: jamás podría librarse de X.A.N.A. Si se librara de X.A.N.A., tendría que librarse de sí mismo. Estaban interconectados.

—¡Vamos, William! ¡Has ganado! ¿N-no te basta eso…?—respondió la figura de X.A.N.A., mientras su silueta empezaba a desdibujarse y sus partículas virtuales empezaban a desintegrarse—. Tu venganza… La has cumplido…

—Me he dado cuenta de que… No quiero ganar si no es contigo. Porque entonces no es ganar —respondió el moreno, al borde de las lágrimas. Se estaba dando cuenta de que le faltaban pocos segundos antes de quedarse completamente solo, y había empezado a desesperarse—. ¡P-por favor, dime que vivirás! ¡Que te rematerialzarás en la Tierra! ¡T-te ayudaré! ¡Tendrás una vida normal, dejarás todo atrás…! ¡Por favor, Altaira…!

El cabello de la chica, que se había teñido de un negro tan puro como su maldad, se le destiñó en segundos, creando una mancha negra alrededor de su cabeza, dejando paso al brillo del oro. De los ojos, le cayeron unas lágrimas de rojo sangre, que le dejaron surcos en la cara, pero le devolvieron a su mirada aquel dorado característico que William recordaba. En un gesto torcido, y con su último aliento, X.A.N.A. se incorporó levemente y le miró a los ojos. Acto seguido, puso las manos sobre las que le ofrecía. E hizo un tímido amago con los labios.

—A-adiós, William…

El susodicho se apresuró a abrazarla, e incluso se inclinó hacia adelante para acercarse a su cara… Justo en el momento en que X.A.N.A. murió en sus brazos. Su imagen virtual se había desintegrado por completo, y con ella, la espada de William: el arma con la que se había dado muerte. William se quedó solo en medio de Xanadu, arrodillado y al borde de una crisis de ansiedad. Acababa de ver a Altaira irse para siempre. Notó cómo, en medio de aquel escenario de dementes, una parte de él se iba del mismo modo.

—William… —lo llamó Jeremy, en nombre de todos. La comunicación se había reanudado entre ellos—. Lo has conseguido. Al fin… Puedes volver.

—N-no… N-no quiero volver… —dijo al fin el escocés, levantándose del suelo—. ¡Y-ya me da igual todo! ¡Quiero irme con ella!

En un arrebato de histeria pura, William dejó ir un grito de pura desesperación que resonó en todo Xanadu. Acto seguido, miró a sus alrededores, como si pudiera encontrar una especie de acceso con el que regresar junto a ella. Más o menos lo encontró: X.A.N.A. se había llevado la espada de William, pero la suya propia se había quedado allí, olvidada. William no se lo pensó dos veces: con el corazón partido en mil pedazos, recogió el gran sable y se apuñaló con él. Su imagen virtual se desintegró también, tras un intenso quejido de dolor.

—¿J-Jeremy? —le preguntó Yumi, con un deje de temor.

—No te preocupes. Solo se ha desvirtualizado: está regresando al escáner.

—Vayamos a recibirle. Creo que le irá bien, ¿no creéis?

Dicho y hecho. Los Guerreros Lyoko, silenciosos como si estuvieran de luto, abandonaron sus posiciones alrededor de la pantalla del Superordenador y se encaminaron hacia la sala de escáneres a través del ascensor. Enseguida detectaron cuál de los tres escáneres se había cerrado y hacía ruido mecánico para recibir al desvirtualizado. En cuestión de segundos, el escáner se abrió y en él apareció William, con toda su integridad física pero con aspecto de encontrarse mareado y completamente devastado en lo psicológico.

El escocés, más despeinado que de costumbre, salió de la cabina a trompicones, visiblemente agotado, y entonces miró a su alrededor. Los Guerreros Lyoko lo miraban con preocupación, pero allí estaban. Todos. No, no estaban todos. Faltaba alguien… Había alguien que no estaba en esa imagen, y la echaba de menos. Por primera vez, las lágrimas acudieron a sus ojos y, completamente roto, se dejó caer sobre las rodillas en el suelo de la fábrica abandonada y comenzó a llorar de pura lástima. Había vuelto de una batalla contra sí mismo, y había vuelto destruido.

—William, tío, no… No sabemos qué decir… —habló Odd, en nombre de todos.

—Ya no hay nada que decir… —respondió William, tristísimo, secándose las lágrimas como podía—. Imagino que por dentro querréis reprocharme tantas cosas… Y bueno, en verdad no os culpo. Pero, ¿sabéis? No me arrepiento de nada.

—Pero, William, sé realista… —dijo Ulrich, con cierto tacto—. Tu peor enemiga…

—¡Y-ya lo sé! —gritó el escocés, cubriéndose la cara con las manos—. ¡Intentó matarme, me controló, quería vengarme de ella…! ¡Debería odiarla, pero no puedo! ¡No puedo, no soy capaz! ¡Porque…! ¡Es parte de mí!

De tanta emoción contenida, William tenía toda la cara enrojecida, y todavía temblaba un ápice. Trató de serenarse un poco, y terminó su discurso tras respirar hondo. Sin embargo, no por ello había desaparecido su infinita tristeza.

—Y ahora… Una parte de mí ha muerto con ella. Llegué a odiarla con tanta fuerza porque realmente marcó mi vida. Y luego hizo lo mismo, cuando la quise más que a nada. Algo tan fuerte… Solo puede significar que es parte de mí —explicó, a lo que añadió con un suspiro amargo—. Y la he perdido.

Una sola lágrima se escapó de sus ojos azules. En un acto reflejo, se llevó una mano al corazón, buscando algo que solía llevar encima inconscientemente. El colgante del medio corazón seguía bajo la camiseta de William, un corazón roto de frío metal muy cerca de donde estaba su corazón roto de verdad.

No fue hasta al cabo de unos segundos que se dio cuenta de algo: la presencia de aquel colgante debería extrañarle, como mínimo. Al comprobarlo, se percató de que la mitad del colgante que llevaba no era la suya. Era la mitad de…

—El colgante… Este es el otro… Entonces, ¿dónde está mi mitad…?

Como si quisiera contestar a su pregunta, el mismo escáner por el que había salido se cerró con un golpe mecánico y seco que atrajo la atención de todos los presentes. Los Guerreros Lyoko se sorprendieron cuando el aparato empezó a hacer ruido, como si estuviera trabajando. No obstante, nada se comparaba a William, que por descorazonado que estuviera, abrió los ojos como platos en dirección al escáner. Se imaginaba qué, o quién podría ser, no podía ser otra cosa.

Al cabo de unos segundos, que parecieron toda una eternidad, las compuertas de la cabina se abrieron paulatinamente, dejando una estela de humo denso. Cuando este humo empezó a disiparse, una silueta comenzó a dibujarse a través. Una silueta que ya conocían bien: una joven de mediana estatura, cabellos largos y áureos, complexión delgada, vestimenta informal y rostro pálido de facciones con tendencia a la inexpresividad. Ahora ya sabían quién era en realidad. Xiomara Altaira N'Aima. X.A.N.A.

—Altaira… —la llamó William, a pesar de todo. Fue acercándose lentamente al escáner, con la expresión desencajada, como si no se lo creyera.

Ante la voz de William, aquella versión de X.A.N.A. abrió los ojos al fin. En su cara, se leía cierta sensación de desconcierto nueva en ella. También ella misma pareció percibirlo, pues aunque algo abrumada, trataba de ubicarse y captar todo lo que estaba sucediendo a su alrededor. Entonces, lo vio. Vio a William. Lo reconoció enseguida, como le indicó un repentino cambio en su ritmo cardíaco. Cuando las miradas de ambos se cruzaron otra vez, William hizo algo muy propio de él: le sonrió. Como si la presencia de ella fuera todo lo que necesitara para vivir y la hubiera recuperado, William le mostró su más brillante y sincera sonrisa.

Lo vio sonreír. Algo en su cabeza relacionó el gesto de la sonrisa con la expresión de la felicidad. Eso quería decir que… Aun y todo lo que recordaba que había sucedido, William estaba feliz. Y notó que estaba feliz porque William estuviera feliz, así que hizo lo propio en esa situación: lentamente y con cierta torpeza, como quien hace algo por primera vez, X.A.N.A. sonrió. Le sonrió de vuelta.

Aquella sonrisa… Era tal y como la habría imaginado. Cuánto tiempo había deseado al fin que llegara el momento de ver su sonrisa… Y ahí estaba. Y era para él. En ese instante, William lo supo. No tuvo ninguna duda: eran emociones. Y eso solo podía significar una cosa.

—¡Altaira…! —exclamó, mientras se le escapan de los ojos unas lágrimas muy distintas a las de antes.

Con el corazón a mil por hora, William se apresuró hacia el escáner y envolvió a X.A.N.A. en sus brazos, contento como nunca por tenerla de vuelta. Había creído que nunca volvería a verla, y tal y como una parte de él había muerto con su partida, ahora revivía mejor que nunca. Porque se había dado cuenta, y todos sus temores se habían disipado.

—William… —lo llamó ella, tratando de controlar la mezcla de sensaciones que la apabullaba. No sabía muy bien qué decir, o por dónde empezar. Demasiado.

El abrazo se prolongó un rato más, como si llevaran mucho tiempo sin verse. De hecho, a duras penas podían decir que se reconocieran mutuamente, pero si algo era seguro es que estaban encantados de estar uno junto al otro. Al cabo de unos instantes, sin embargo, la presencia del resto de Guerreros Lyoko, que los miraban sorprendidos, se hizo ineludible.

—Esto… Hola —dijo X.A.N.A., separándose un ápice de William y dirigiéndose al resto, mostrando una especie de timidez totalmente extraña en ella—. Supongo que… Ya nos conocemos, ¿cierto?

—Créeme, no de esta forma. Resulta algo… Extraño —respondió Ulrich, confuso.

—Ha sido tan rápido… Creo que seguimos en estado de shock.

—Entiendo… —asintió X.A.N.A., y se giró para dirigirse a Jeremy en concreto—. Jeremy, ¿podrías… hacerme un favor?

—¿Eh? ¿Qué clase de favor? —preguntó, curioso.

—Usar el Superordenador para hacerme un escaneado, en mi estado actual. Solo de esta forma podréis aseguraros —explicó, solemne.

—Dices… Asegurarnos de que ya no hay X.A.N.A. en Lyoko, y de que… La tú de ahora es humana, ¿verdad? —terció Aelita.

X.A.N.A. asintió, convencida. A William, que seguía en una especie de éxtasis contenido, le pareció un proceso del todo inútil, pues, según manifestó, él estaba completamente convencido de que así era. Lo creía completamente a ciegas, desde el fondo de su corazón. En realidad, no tenía ninguna certeza. Solamente lo sabía.

—Incluso si es así, William, es algo necesario. A pesar de todo, me gustaría que estuvierais todos convencidos de ello. Por supuesto, estoy dispuesta.

Los Guerreros Lyoko se miraron en un debate silencioso y finalmente todos estuvieron de acuerdo en que era la opción más razonable. Así pues, Jeremy regresó a la sala del ordenador y, una vez X.A.N.A. ocupó el escáner de nuevo, ejecutó el programa de escaneado pertinente. Unos minutos más tarde, volvió a la sala de los escáneres con los resultados, y los compartió al resto.

—Así es, chicos, es tal y como dice —asintió el rubio de lentes—. No hay ni rastro de la presencia de X.A.N.A. en Lyoko, y en cuanto a sus parámetros vitales… Es humana. Nada indica lo contrario. Complexión física, proceso cognitivo… Todo.

—¡Vaya! Entonces, ¿ahora X.A.N.A. es humana? ¡Menuda movida! —exclamó Odd, risueño—. ¡Se me hará raro esto de que no quiera matarnos!

—… Debéis odiarme, ¿no es cierto? —murmuró X.A.N.A., en una expresión más seria—. Imagino que no puedo culparos. Incluso si no os fiáis de mí…

—Verás… Saber que ahora eres humana nos tranquiliza, y te agradecemos que hayas sido transparente con nosotros —le dijo Yumi, con una sonrisa amigable—. Solo necesitamos… Algo de tiempo para procesarlo, y hacernos a la idea.

—¡Exacto! —sonrió William, feliz, haciéndole un gesto cariñoso—. Esto es nuevo para todos, pero en realidad ya te hemos conocido como amiga, Altaira. Es solo cuestión de que nos hagamos a la idea, pero podemos seguir siendo todos amigos.

—William… Ese no es mi nombre —le dijo directamente a él, sonriendo hacia un lado de forma enigmática. En el fondo, era una sonrisa con un deje de tristeza.

—Oh, entonces… ¿Prefieres que te llame X.A.N.A.?

La susodicha lo pensó durante un momento. Finalmente, negó con la cabeza.

—Aunque no es mi nombre real, Altaira es el nombre con el que me conociste tal y como soy ahora… Además, imagino que llamarme X.A.N.A. cada vez podría traer consigo recuerdos negativos. Así que… Puedes llamarme Altaira.

—Curioso, creo que te conocí con esa misma frase… Y ahora es como si te estuviera volviendo a conocer —le dijo William, riendo alegremente y sonriéndole con calidez. A continuación, no pudo evitar envolverla en otro abrazo. Se lo veía más ilusionado que nunca. Nadie diría que acababa de volver de una dura guerra.

—Bueno, ¿qué os parece si apagamos el Superordenador definitivamente? Creo que después de tanto, ya iba siendo hora —propuso Aelita, contenta.

—Sí, buena idea, Aelita. Así podremos cerrar toda una etapa de una vez por todas. A ver si por fin logramos tener una vida normal, dentro de lo que cabe —asintió Jeremy, tratando de tomarse el estado de shock con cierto humor.

La decisión estaba tomada, entonces. Bajaron a la sala del ordenador cuántico, más fría ambientalmente que el resto de la fábrica abandonada, y ante ellos se abrió paso el artefacto en cuestión. Enseguida localizaron la portezuela presidida del famoso símbolo de X.A.N.A., el ojo de círculos concéntricos, pintado de amarillo.

—¿Te apetece hacer los honores, Altaira? —le preguntó Jeremy.

—Gracias, pero creo que no me corresponde a mí hacerlo. Realmente, el que ha zanjado toda esta situación ha sido William. Debería ser él quien finiquitara esto.

Si así lo había creído Altaira, a William no le importó hacerse cargo de ello, entonces. Meditando para sus adentros sobre todas las ideas y recuerdos que tenía amontonados en la cabeza, accionó el botón que abrió la portezuela y le mostró la palanca de arranque del ordenador cuántico. Al final, había llegado la hora de apagarla de nuevo. Esperó que para siempre.

—Espero que poner punto final por fin a esta historia nos permita dar un rumbo distinto a nuestras vidas. Y que por fin, todo sea mejor. Para todos.

Y con estas palabras, accionó la palanca hacia abajo y el ordenador cuántico se hundió en el suelo. A continuación, William regresó junto al resto de sus amigos.

—Bueno, y hablando de nuevos comienzos, ¿por qué no vamos a celebrar por ahí el cumpleaños de Altaira? —propuso Odd, sonriente.

—¿Mi… cumpleaños? —preguntó, extrañada.

—Ahora que Odd lo dice, es una manera de verlo: ya que hoy has "renacido" en tu nueva faceta humana, puedes considerarlo tu cumpleaños —le dijo Aelita.

—Ya veo… —asintió la rubia, pensativa—. ¿Y qué soléis hacer para celebrar un cumpleaños?

—¿Ir a cenar al Presto Burger os parece lo suficientemente humano? Me muero de hambre —terció Odd, de nuevo, dejando que su estómago hablara por él.

—Una metáfora, supongo —dijo Altaira, encogiéndose de hombros.

—Y una hipérbole. Tranquila, ahora te lo explico —le respondió William, riendo.

Todos rieron a coro, creando un ambiente de buen humor en torno a la pandilla, que en un momento había crecido. Dejaron la fábrica abandonada atrás, más atrás que de costumbre, y regresaron a la ciudad, ya completamente a oscuras. Había sido un día completo, desde luego, a pesar de que más o menos había comenzado como otro cualquiera. Sin embargo, ¿se puede considerar un día normal el día en que X.A.N.A. se vuelve humana y sale a cenar en compañía de los Guerreros Lyoko?

Finalmente, acabaron en el Presto Burger (idea de Odd, por supuesto), puesto que les pareció un lugar bastante "humano" para empezar a introducir a Altaira a todo lo que hacían los humanos por costumbre, especialmente los de su generación. Como ella todavía se encontraba un poco fuera de lugar y no entendía ni la mitad de cosas sobre cómo funcionaba todo, pidieron por ella y le empezaron a explicar qué era cada cosa, y por qué les gustaba venir de vez en cuando.

—Entonces… ¿Los humanos disfrutáis comiendo cosas que no son adecuadas para vuestra salud? —preguntó, inquisitiva, y analizando lo que veía.

—Algunos más que otros, pero sí, básicamente —dijo Ulrich, señalando a Odd.

—Imagino que muchas cosas te resultarán ilógicas al principio. Probablemente, porque lo sean, de hecho —asintió Jeremy—. Imagino que, porque como hemos visto desde que llegaste, sigues teniendo un conocimiento teórico del mundo real.

—Sí, pero no te preocupes, tendrás oportunidad de irte acostumbrando a nuestra vida aquí. Por ejemplo, ¡la semana que viene es el baile anual de la academia! —recordó Yumi, dirigiéndose a Altaira—. Si quieres, alguna tarde de la semana que viene podemos ir Aelita, tú y yo al centro comercial a por un vestido para ello.

Altaira, que acababa de descubrir que las patatas con queso por encima no estaban tan malas como sonaba el concepto, se mostró un poco sorprendida.

—¿Centro comercial? ¿Qué es eso? —preguntó.

—Es un gran edificio con todo de tiendas distintas. Podemos ir un día para que lo veas, y que de paso encuentres un vestido que te guste —le explicó Aelita, amable.

—Entiendo… Sí, me gustaría mucho. Gracias —dijo Altaira, sonriendo.

Entonces, en ese momento, Altaira notó un toquecito en el hombro. Venía de la persona que estaba sentada junto a ella, que la llamaba. Al girarse en esa dirección, se encontró con William, que la miraba con una gran sonrisa.

—Sobre lo del baile, Altaira, ¿te gustaría que fuéramos juntos? —le preguntó William, haciendo ademán de ruborizarse un poco.

—William… Sí, claro, por qué no. Me gustaría mucho —respondió, alegre.

—Qué bien… Me alegro.

Y con ese diálogo, tuvieron un pretexto para pasarse un par de minutos mirándose el uno al otro, viéndose sonreír y, por qué no decirlo, con las mejillas coloradas. Ambos notaban que tenían muchas cosas que decirse, pero no encontraban la manera de comenzar. Sin embargo, tampoco estaba tan mal guardar silencio y simplemente contemplarse un rato. Eso les producía una cálida paz interior… Hasta que alguien se encargara de romper la magia.

—¡Eh, Tierra llamando a Romeo y Julieta! —les llamó Odd, siendo tan ruidoso como de costumbre y chasqueando un dedo entre los dos—. ¡Podéis hacer manitas más tarde, ahora tenemos que ir a por el postre!

—Odd, eres un estómago con patas —le recriminó Jeremy, juicioso—. Ahí tienes, Altaira, otra metáfora más para tu lista.

En lugar de darle las gracias a Jeremy de forma sarcástica, Altaira solo tuvo el impulso de echarse a reír ante la situación. A todo el mundo le resultaba todavía un poco raro escucharla reír, porque incluso antes de todo lo que había pasado nunca la habían escuchado, pero enseguida empezaron a reírse con ella. De ese modo, toda la pandilla terminó de cenar (sí, con el postre de Odd incluido) y charlaron amigablemente un rato más.

Cuando ya se hizo un poco tarde, había llegado el momento de regresar a la Academia Kadic, a no ser que quisieran pagarlo caro con Jim y sus broncas para los infractores de horarios. Volvieron por el bosque colindante al colegio, muy tranquilo a esas horas, ya que a Yumi también le venía de camino para regresar a su casa. En el camino de vuelta, parecía que se hubiera hecho el silencio sepulcral entre ellos, quizás porque todos a su manera estaban pensativos. Hasta entonces.

Cuando ya se veía la silueta de los edificios de la academia Kadic entre los árboles, William, que se había quedado rezagado al final de todos, se fijó en Altaira: se la veía calmada como de costumbre, aunque cuando hacía ademán de mirarlo todo a su alrededor con curiosidad se la veía pensativa y meditabunda. Debía tener muchas cosas en la cabeza. Tantas como él. Así que era el momento.

—Oye, Altaira… —dijo, llamándola con suavidad—. ¿Te parece si vamos a dar una vuelta? Quizás… Nos vendría bien.

No supo exactamente cómo había adquirido aquella habilidad, pero Altaira fue capaz de leer mucho más allá de las palabras del escocés. Estaba convencida, en su fuero interno, de que lo que quería William iba más allá de dar un simple paseo, y que les iba a resultar útil por razones mucho más profundas que airearse. Aun así, sintió estar completamente de acuerdo, así que accedió.

—Sí, esto… Me parece bien —asintió, algo confusa consigo misma, mientras se acercaba a William, dispuesto a acompañarle.

—Chicos, nosotros volvemos en un rato, ahora os alcanzaremos. Cubridnos, anda.

—Vale, vale, lo hemos captado. Pero más te vale no entretenerte demasiado, Will, o Jim le va a poner precio a tu cabeza —le dijo Odd, haciéndose el gracioso.

—Hablamos mañana entonces, chicos, ¡que vaya bien! —se despidió Aelita.

Se notaba a leguas que William estaba ausente; si no, ya hubiera matado a Odd por haberle llamado así. Sin embargo, se hallaba pensando, perdido en su mente. Cuando se quiso dar cuenta, los Guerreros Lyoko ya se había ido. A su lado, Altaira le esperaba, silenciosa e inquisitiva. Verla le hizo olvidar todo por un momento y no pudo resistirse a dedicarle una sonrisa.

—La ciudad está muy bonita de noche, ya lo verás. ¿Vamos? —le dijo, sonriente. A continuación, le tendió una mano, como invitándola.

Altaira dudó un instante, pero finalmente lo comprendió y le dio la suya. Juntos, dieron media vuelta por el bosque hasta que salieron por el extremo opuesto, hacia las calles nocturnas, sin mucho bullicio ya, pero con un ambiente muy agradable. Por su parte, la rubia ya no tan estoica miraba todo a su alrededor como si nunca lo hubiera visto, tratando de aprender más cosas de aquel mundo nuevo. Se creía que William iba a comenzar a hablar con ella enseguida, pero no fue así.

—Dime, ¿te gusta? Veo que no dejas de mirarlo todo.

—Bueno… Son muchas sensaciones nuevas. Muchas no las sé explicar aún, en realidad… —confesó ella, algo azorada—. Pero, sí, es… Agradable.

—Me alegro —contestó William, sonriendo con amabilidad—. ¿Hay algo que te apetezca ver en particular? Te acompaño.

—Pues… Realmente, no sé…

—De acuerdo, lo he pillado. Te llevaré yo por los sitios que más me gustan. ¿Te parece bien? —preguntó.

La rubia le miró a los ojos y asintió con sencillez. ¿Por qué estaban tardando tanto? Era obvio que necesitaban hablar de muchas cosas, y William todavía no le había mencionado ninguna. En lugar de sacar a colación cualquier tema desagradable, siguió en su empeño por enseñarle la ciudad nocturna, especialmente los sitios que más le gustaran. Ella escuchaba con interés, mientras descubría que muchos de esos lugares también le gustaban, aunque la sensación no se le iba de la cabeza. Era como si algo se negara a difuminarse de sus pensamientos, algo que le suponía una especie de carga no física, y no pudiera ignorarla. Tenía que ser algo muy propio de los humanos.

—Esto… William… —lo llamó, dubitativa—. Me está gustando mucho el paseo…

—¿"Pero"...? —le dijo, adivinando por dónde quería ir solo por el tono de voz.

—Bueno… Tengo la sensación de que no solo quieres dar un paseo. De algún modo, sé… Sé que quieres hablar. Hablar de muchas cosas.

El moreno indómito se quedó callado por un momento, encogiéndose de hombros. Parecía que era ineludible: ahora que era humana, estaba aprendiendo a leer entre líneas más fácilmente. Y sí, para qué negarlo. Tenían una conversación pendiente.

—Podemos sentarnos allí, en ese banco junto al río. Es bastante tranquilo, está apartado y nada nos molestará. ¿Te parece? —le propuso William.

En lugar de asentir, simplemente se dirigieron hacia allí, sin mediar palabra por el camino. William dejó que Altaira pasara por delante de él para tomar asiento, haciendo lo propio justo después. Con el río delante de ellos, se incorporaron un poco en el banco en dirección a su interlocutor. Estaba oscuro, pero se veían perfectamente, y la atmósfera era fresca pero agradable.

—Bien, ya estamos. Hablemos entonces —dijo el escocés.

—Verás, William… Te parecerá algo extraño, pero te he propuesto hablar porque de alguna manera he tenido la sensación de que teníamos que hablar de muchas cosas. Pero, al mismo tiempo… No sé cómo comenzar —confesó, azorada.

—No, no te creas que me parece extraño. Es la conciencia humana, nos sentimos así muchas veces. Cuando te acostumbres se te hará normal. Supongo que... —empezó, aunque pasó a mostrarse más solemne a continuación—. Supongo que ahora que tienes sentimientos humanos, se te habrán acumulado todos.

—Sí, supongo que sí… Es difícil de describir. Siento tantas cosas de repente, y ni siquiera sé qué son, o cómo referirme a ellas.

—¿Y también sientes cosas relacionadas conmigo? —le preguntó William.

Altaira calló. La conversación le sonaba, aunque le parecía muy lejana ahora. Aquella misma mañana, después del poema fallido, William y ella habían estado hablando de sentimientos del uno por el otro, pero había quedado interrumpida por todo lo que había pasado a continuación. Ahora que sentía de una manera más propiamente dicha, supuso que podría reanudarla, y ofrecer su respuesta.

—Sí… Sí, claro. Quiero decir, eres a quien más vinculada estoy. Es lógico que mis nuevos sentimientos van en gran parte dirigidos a ti.

El moreno indómito, por su parte, estaba haciendo un gran esfuerzo por mostrarse analítico por una vez en su vida, ser neutro y racional, pero aquel parlamento le había puesto las cosas muy difíciles. Sin querer, se le escapó una sonrisa, y ni la negrura de la noche pudo ocultar el rubor bajo sus mejillas.

—De acuerdo, pues en ese caso… ¿Por qué no me cuentas cómo te sientes, Altaira? —le pidió, acercándose un poco más a ella—. Dime, ya sabes lo que yo siento por ti, pero, ¿qué sientes tú por mí? Descríbelo.

—Pues… Me cuesta mucho explicarlo. Aunque ahora soy humana de plenas facultades, sigo conservando todos mis recuerdos… Incluso todos aquellos recuerdos en los que te hice tanto daño —habló, con seriedad—. Sin embargo, a raíz de hacerme humana y compartir tantos momentos contigo, todo cambió. No sabías quién era realmente, y a pesar de todos los defectos de mi imagen humana estuviste siempre a mi lado, tuviste mucha paciencia conmigo, me enseñaste cosas totalmente nuevas para mí… Tú me volviste humana, William.

—¿Yo? ¿Tú crees? Realmente, fuiste tú la que decidió adoptar forma humana.

—Pero no era una humana completa. Toda la… Estima que mostraste por mí me hizo volverme una humana en todos los aspectos. Y ahí fue donde ganaste esta batalla de venganza. Me volviste… Vulnerable. Vulnerable, capaz de mostrar piedad y capaz de… Querer.

—Entonces… ¿Tú me quieres, Altaira? —preguntó William.

—Es curioso, pero… Me siento muy confusa al respecto. Es decir… Si realmente te quisiera, no te habría hecho tanto daño. Pero por otro lado, soy consciente de que la "yo" que te hizo daño no es la misma "yo" que soy ahora… He cambiado. Y aun así… Siento que, si te quisiera ahora, solo te haría más daño.

William estaba siendo consciente en primera persona de la profundidad de lo que manifestaba Altaira, y a pesar de ello no pudo evitar reírse ligeramente. Finalmente, en lugar de reprocharle cualquier cosa, la miró con afecto.

—Vaya, parece que ser humana no es tan fácil como parece, ¿eh? —le dijo, encogiéndose de hombros—. ¿Acaso crees que no tienes derecho a quererme porque en nuestro amor haya dolor?

—Yo… No lo sé —respondió la rubia, sacudiendo la cabeza.

—¿Quieres descubrir la respuesta a esa pregunta? —siguió el escocés.

—M-me encantaría, pero…

Sin responderle directamente, William buscó en uno de los bolsillos internos de su chaqueta. Tras unos instantes, sacó de allí su famosa edición de Romeo y Julieta, la que había estado releyendo con Altaira desde que la conociera. Acto seguido, le tendió el libro a la rubia, que la miraba con algo de desconcierto.

—Si no recuerdo mal, no has leído el final todavía, ¿verdad? ¿Quieres que lo leamos ahora mismo?

Altaira no daba crédito a lo que le proponía el moreno indómito, ¿de verdad era el mejor momento? A pesar de todo, decidió darle un voto de confianza y accedió. Abrió el libro por el punto en el que lo había dejado y, con William al lado para ayudarle con el lenguaje figurado, continuó la lectura. Por crípticas que fueran las palabras de Shakespeare, aquella vez entendió perfectamente lo que estaba sucediendo en el desenlace. Cuando terminó las pocas páginas que le quedaban, cerró el libro, con los ojos abiertos como platos, completamente anonadada.

—¿Y bien? ¿A qué viene esa cara? —sonrió William, como si esperase su reacción.

—¿Qu-qué significa esto, William? ¿N-no me habías dicho que esto era una historia de amor? ¿Una de las más conocidas, de hecho? —preguntó, desconcertada.

—Claro que lo es. Es una historia de amor eterno.

—P-pero si… ¡Si han muerto! ¡Romeo y Julieta se han muerto!

—Se han muerto uno por el otro —la corrigió el escocés—. ¿Lo entiendes? Cuando Romeo pensó que Julieta había muerto, sintió que con ella había muerto parte de él, y no le vio el sentido a una vida sin él. Sin embargo, Julieta solo estaba dormida, y cuando despertó y vio que Romeo había muerto por ella, sintió exactamente lo mismo: Romeo era parte de ella, y ella no quería una vida sin él. Y se clavó una daga en el corazón.

—S-se clavó una daga… —repitió Altaira. Aquel acto, justamente, le sonaba de algo—. Pero… ¿No quiere eso decir que el amor los ha llevado a la perdición?

—A ver, es una manera de verlo, pero yo prefiero ser más optimista. Han muerto, sí, pero se han suicidado como un acto de amor eterno. Su amor nunca fue perfecto: tuvieron muchos problemas para poder estar juntos, tantos que hasta tuvieron que casarse en secreto. Y aun así, llegaron al punto de morirse por el otro, porque se amaron hasta el final. Y siempre se seguirán amando.

Altaira, por su parte, lo iba comprendiendo poco a poco: a cada instante que lo procesaba más, se sumía un poco más en sus pensamientos, confusa y meditabunda. Inconscientemente, bajó la mirada, aunque enseguida William se encargó de reclamar su atención una vez más. Desde su posición, puso la mano sobre la de ella, y cuando Altaira se incorporó de nuevo, se cruzó con sus ojos azules, que la miraban embobados justo por encima de una sonrisa sincera.

—¿Comprendes, Altaira? Nuestro amor tampoco es perfecto… Pero "es". Existe. A pesar de que ahora sé quién eres, me he dado cuenta de que eres parte de mí, y de que por ello no puedo vivir sin ti, no puedo negarte. Y sí, te amo, ¿sabes por qué lo sé? Porque estuve dispuesto a morir por ti. Y lo sigo estando —le confesó William, seguro de sí mismo, extrovertido pero tremendamente enamorado—. Sí, Altaira, todos tenemos un pasado… Pero todos nos merecemos una oportunidad. Todos merecemos ser felices.

—… Tú también lo mereciste en su momento.

Por un momento, William se quedó callado, pensando en lo que le acababan de decir. Quizás Altaira tuviera razón: hubo cierto momento en que nadie le dio una oportunidad, se sintió traicionado y abandonado y completamente infeliz. Pero como había dicho, todos tenían un pasado, y ese era su pasado. El presente era distinto.

—Puede ser. Pero al final, todo llega: ahora tengo mi oportunidad de ser feliz. Junto a ti —declaró William, agitado pero completamente en éxtasis—. ¿Qué hay de ti, Altaira? Bueno, te lo dije esta mañana, pero te lo puedo volver a decir: eres muy importante en mi vida, Altaira, eres parte de mí. Y te quiero.

Por primera vez desde que empezaran aquel paseo de la verdad, Altaira le devolvió una sonrisa. A pesar de todas las circunstancias, era una sonrisa transparente, muy luminosa. Una sonrisa cargada de sentimientos. Una sonrisa humana.

—William… —lo llamó, alegre, con el impulso de darle las manos—. Yo también quiero aceptar esta oportunidad que me has ofrecido… Y ser feliz como humana. Y tengo la sensación de que lo seré… Si estás junto a mí. Porque te quiero.

—En ese caso, Altaira… —empezó a decirle William, ruborizado hasta las orejas y cada vez más cerca de ella—. ¿Quieres ser la Julieta de este Romeo?

—Pues claro —respondió, echándose a reír—. Aunque ese final no me haya gustado para nada.

—Bueno, pues entonces simplemente escribiremos nuestro propio final. El tuyo y el mío. Tú y yo.

Y con esas palabras, William se envalentonó por fin a acercar una mano a la cara de Altaira y acercarla hacia sí para darle por fin ese sentido beso de amor que tanto tiempo llevaba soñando. Aunque para Altaira fuera una sensación nueva, completamente desconocida, simplemente se abandonó a descubrirla, y llegó a la conclusión de que le resultaba muy cálida y agradable. Pronto, también ella le correspondió el abrazo y manifestó su voluntad expresa de que ese beso se prolongara lo máximo posible. Como humana, sintió el que fue el primer recuerdo que se marcaría a fuego en su memoria.

Al cabo de unos instantes, William y Altaira se separaron un poco, colorados a más no poder, pero tampoco fueron muy lejos: sus dos colgantes se habían entrelazado en el abrazo, y ahora formaban aquel corazón completo que representaban originalmente. Rieron animadamente al darse cuenta de ello, y cuando Altaira acercó la mano al medallón para recuperar su mitad, William la disuadió de tal idea.

—Nah, déjalo así. Al menos por un rato.

Era obvio que, con los colgantes así, no iban a irse muy lejos, pero tampoco lo quisieron. Sentados en aquel banco, se abrazaron una vez más y se abandonaron a sus sensaciones, sin que nada importara: ni la hora, ni el lugar, ni el pasado, ni el futuro… Un instinto muy típico de los humanos.

—Supongo que ahora simplemente tendremos que aceptar que nos llamen Romeo y Julieta por ahí, ¿no crees? —rio William.

—Supongo —asintió Altaira—. Por mucho que lo dijeran para reírse de nosotros.

—Hablando de eso, espero que te gustara el poema que te escribí. Porque te voy a escribir más, muchos más. Y me da igual que acaben empapelando la academia.

—¿No te expulsaron una vez del colegio por hacer justamente eso? —rio ella.

—Pues sí, pero con una diferencia: ahora todos esos poemas y todas esas cartas de amor tienen una destinataria que tendrá que leerlas y soportarlas —le dijo directamente, y le dedicó una carantoña llena de afecto—. ¿Crees entonces que el negro sobre blanco es el color del amor?

—Di mejor que ese rojo de tus mejillas es el color del amor.

Rieron. Se sonrieron. Se abrazaron. Volvieron a besarse, alguna que otra vez. Divagaron mucho acerca de qué les esperaba, pero no existía el miedo para ellos. Solo aquel sentimiento mayúsculo de la ilusión. Siguieron teorizando acerca de cuál era el color del amor, sin alcanzar una respuesta clara. Sin embargo, no saberlo no les causó dolor alguno. Puede que porque, en realidad, amor y dolor son del mismo color.

(...)

Pues sí, aquí estoy de nuevo, después de dos años, diría yo. Ha tenido que haber una pandemia que me obligue a bajar el ritmo frenético de todo y me conceda algo de tiempo para mí. No quiero ponerme excesivamente melodramática en ello, solo decir que he aprovechado para acabar cosas que tenía empezadas. Este fanfic es una de ellas. Me parte el corazón que haya pasado tanto tiempo, de hecho muy probablemente muchos de los que me leíais ya ni os acordéis del fic. Os contestaré de todos modos, creo que os lo debo: más vale tarde que nunca. Lo mismo va por mí; lograr terminar este fic ha sido una gran meta personal, significa muchísimo. Así que, aunque ha tardado, aquí está el final.

Me ha quedado un poco más largo que un capítulo normal, pero supongo que es lo que el gran final se merecía. He de decir que esta idea de final ya la tenía pensada desde hacía muuuuuuuuuuuuucho tiempo, y ahora por fin he podido plasmarla tan bien como he sido capaz. Me llena de nostalgia darme cuenta de que ahora quizás ya no escribo igual que antes, pero aun así intento ser fiel a mi estilo y, sobre todo, seguir echándole la misma pasión. De eso se trata, ¿no? También he recuperado Código Lyoko, que en mi vida es intemporal, fue mi infancia entera y no puedo evitar recordarlo con todo el cariño del mundo. Y aquí, aunque con mil retrasos, está mi pequeño homenaje al fandom.

Qué puedo decir: adoro a William. No lo ha sido desde siempre, pero ahora sin duda es mi absoluto favorito, y se me parte el alma que mayormente sea un personaje tan infravalorado. No pude evitar rendirle mi homenaje, y aquí está. Quizá me haya pasado con el rosa y el azúcar, pero simplemente no puedo verle sufrir más, ya me he cebado demasiado con él xD En cuanto a X.A.N.A., me ha supuesto todo un reto hacerla humana, con todo lo que eso conlleva, pero me he divertido muchísimo; ha sido uno de los OC que más he disfrutado ideando, porque aunque sea de lingüística básica, qué difícil ha sido para una humana como yo hablar en nombre de alguien que no lo es xD O no lo "era".

Espero con todo mi corazón que os haya gustado tanto como a mí escribirlo. Hablo del final o del fic en general, o incluso si alguien ha leído algún capítulo suelto. Como siempre, se agradece el feedback. Si este final consigue llegar a alguien que lo esperaba desde hace tiempo, mis más sinceras disculpas y mis más sinceras gracias al mismo tiempo. Si alguien deja su review, que tenga por seguro que le contestaré, aunque sea por MP. Siento que no puedo prolongar más mis agradecimientos por acompañarme en este viaje.

Con esta nota final e infinita, que podéis tomar la licencia de saltaros, concluyo esta historia, que para mí ha sido tan especial. A continuación, contesto a los reviews más recientes, procurando no olvidarme de nadie x)

draoptimusstar3: En serio, disculpa tú mi demora xD Muchas gracias por seguir siempre tan de cerca mi historia, recuerdo tener tu review poco tiempo después de cada capítulo, y lo agradezco de corazón :) Espero que te guste el desenlace de la historia, si llegas a leerlo, y muchas gracias por tus acertados comentarios y la gran inspiración que suponen a veces tus elaborados comentarios ^^ Un saludo y mis mejores deseos para ti :)

angel-Utau: Siento tanto haber tardado tanto en responderte… Recuerdo cuando leí tu review por primera vez, me emocionó muchísimo, podría releerla miles de veces, me hace sonrojarme y sentir que todo mi trabajo está pagadísimo xD :') Quiero seguir pensando lo de "más vale tarde que nunca", y bueno, para qué negarlo, me haría muy feliz que leyeras el final, que espero que esté a la altura. Como comento antes, me vi incapaz de prolongar de más el sufrimiento de William, ya han sido 25 capítulos de puro dolor xD y sí, para qué negarlo, William me parece el gran underrated de Código Lyoko y eso no puede ser. Sí, a primer vistazo simplemente es el malote, el Casanova y el pringao aquel al que X.A.N.A. engañó, pero por encima de todo es una persona con sus sentimientos, y no puedo ignorar algo así. Le quiero demasiado xD Solo necesitaba una oportunidad para ser feliz, y, qué rayos, he did nothing wrong T.T La manera en cómo explicas tus impresiones al leer mi historia me dejan desgarrada, en el buen sentido de la palabra, me alegro de despertar cosas tan profundas en la gente xD Mira, lo de ser X.A.N.A. encubierta tiene un pase, pero ¿¡rubia de bote!? ¡Alta traición! XDDDDDD Muchos abrazos y muchos recuerdos, ojalá escuchar de ti pronto ^^

Miss Perchman: Te agradezco muchísimo que hayas seguido el fic en todo su desarrollo, y ojalá te llegue la conclusión ^^ Quién no ha sido ese fantasmita que va leyendo fics alguna vez… No siempre tenemos tiempo o ganas de escribir una review, es perfectamente comprensible, en todo caso te agradezco las que he recibido de igual forma, me han servido de mucho ^^ Soy muy fanática del universo de Código Lyoko, incluso si resulta algo infantil, simplemente encaja muy bien conmigo y como digo fue mi infancia entera, como lo tengo tan interiorizado me resulta muy divertido encajar mis situaciones en dicho universo xD Sobre lo de revivir a William que me mencionaste… No hay de qué. No podía no hacerlo xD Créeme, también ha sido desesperante para mí, pero me ha gustado mucho mover los hilos como escritora. De nuevo, siento muchísimo haberme hecho tanto de rogar, y lo siento si ya te respondí a este review en concreto, en todo caso te mando muchos recuerdos y mil bendiciones para ti también ^^

Codelyokofan210399 (sí, me cambié el nombre, mil cosas han pasado, pero sigo siendo la misma que empezó esta historia y que ahora, por fin, la acaba)