LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.

-12-

ATRAPADOS II

Hinata.

Dejé pasar el nerviosismo que sentía, le sonreí. Me dirigía hacia él cuando sentí un peso sobre mis hombros.

—¡Hey! ¿Qué haces aquí? —Sakura terminó colocándose frente a mi luego de un empujoncito juguetón—. ¿Vienes sola? —volteó a la barra—. Viniste a verlo.

—Ah… —por un segundo no supe qué decir—, sí. Bueno, en realidad supe que Shikamaru había invitado a Ino y como Sasuke sugirió vernos, creí que era el momento ideal. Ya sabes, para tener a alguien con quien estar para no ser… inoportuna con él —mentí y no supe si soné convincente.

Sakura alzó ambas cejas —¿Shikamaru invitó a Ino?

Alcé un hombro —¿Puedes creerlo?

Sakura se rio —¿Crees que se traigan algo esos dos?

Menos mal que no le resultó extraña mi historia —¿Te imaginas?

—Y ella que juraba que no le gustaba. Créeme, cae más rápido un hablador…

Volteé a ver a Sasuke y me di cuenta que prosiguió con su trabajo.

—Ino debe andar por ahí. ¿No la has visto? —le pregunté. Decidí que no había prisa por ver a Sasuke, no pretendía atosigarlo.

—No, pero vamos a buscarla —me animó.

—¿Y tú? ¿Vienes sola?

—No. Con algunos amigos —me dijo y me tomó de la mano para meternos entre la gente que estaba a los alrededores de la pista—. Lamento no haberte invitado.

Le sonreí y preferí no responder.

No demoramos mucho en encontrarnos con nuestra amiga rubia. Ino y Shikamaru parecían tan cómodos el uno con el otro como siempre. Sakura me golpeó con el codo señalándome la forma en cómo ella lo miraba cuando hablaba, sin que él pareciera notarlo.

—¡Cierra la boca o va a darse cuenta! —Sakura se abrazó de Ino avisándole nuestra llegada.

—Sakura —lamenté su indiscreción y también me acerqué a ellos. Por suerte Shikamaru no pareció caer en cuenta del por qué sus palabras. O prefirió no darles importancia.

—¿Qué haces aquí, frentuda? —preguntó poniéndose de pie y dándole un abrazo.

—Vine con unos amigos. ¿Notaron la remodelación?

Todos miramos hacia el final del establecimiento. Hasta entonces reparé en que habían montado un escenario y las pantallas que desde siempre estuvieron montadas en las paredes ahora eran más grandes.

—Al parecer habrá concursos y premios. Vinieron por eso, ¿ustedes no?

Ino y yo nos volteamos a ver —En realidad no —terminé por decir.

—¿Unos tragos? —Shikamaru se puso de pie al invitarnos.

—Creo que yo no —me negué ante la afirmación de las otras dos. Me sermonearon con la mirada—. ¿Qué? Volveré en taxi a casa, no pienso ir ebria —les sonreí.

—¿No te llevará Sasuke? —preguntó Sakura bajando un poco mi ánimo.

—No puedo permitirme esperarlo —dije. No podía llegar después que mi padre y eso era después de las dos. El turno de Sasuke debería terminar pasada esa hora.

—Descuida, nosotros te llevamos —Shikamaru me guiñó un ojo y salió de ahí. No hubo forma en que no notáramos la forma en como Ino lo siguió con la mirada hasta que desapareció entre la gente y casi oscuridad.

—¡¿Qué?! —nos preguntó al notarnos.

Reímos y tomamos asiento. Tomé el lugar de Shikamaru como un regalito a Ino que ahora lo tendría a su lado.

Antes de que él llegara la música electrónica comenzó a mezclarse y todos saltaron cuando el dj sensación del lugar comenzó a sonar. El hielo seco se hizo más denso y las pantallas mostraban imágenes de los presentes; solo algunos se daban cuenta y saludaban a la cámara.

—¡Oye! —Sakura llamó a un mesero— ¿Puedes acercarnos ocho chupitos?

El chico que se esforzó por escucharla asintió y se fue de ahí.

—¿Chupitos? No los controlas —se burló Ino.

—No me importa —Sakura alzó la voz—. Cuando comiencen los concursos pretendo no tener vergüenza de subir y hacer el ridículo.

Reí ante su seguridad y dejé de hacerlo cuando dijo que subiríamos con ella.

—No haré el ridículo hoy —aclaré recordando todas las cosas que ya antes me habían hecho hacer.

—Ni yo, para ti es fácil, estás acostumbrada —alegó Ino.

—No se hagan las santas. Tú te estás acostando con un chico mayor. Y tú, mueres por hacerlo con otro —nos señaló a una y a otra, yo casi me ruboricé e Ino sí lo hizo cuando Shikamaru casi la escucha.

—¿De qué hablan? —preguntó dejando una charola con bebidas bajas en alcohol en la mesa.

Los chupitos llegaron en seguida.

Sakura sonrió ampliamente —De que ojalá tus niveles de tolerancia a la vergüenza sean altos. Porque hoy, vas a vernos hacer muchas tonterías.

—¿Qué?

—No le hagas caso —Ino regañó a Sakura con la mirada.

—Más les vale a todas que sí, porque posiblemente esta será la última vez que estemos juntas.

—Bueno, eso dijimos la vez pasada.

—No importa, Hinata. Esta vez puede ser verdad —dijo y, con las bebidas servidas frente de cada una, vació los chupitos dentro ellas.

—Oigan… no creo que sea buena idea —nos dijo él.

Ella estaba por darle los chupitos que le tocaban —Bueno, mejor tú no, serás el conductor designado.

Vi en la mirada de Shikamaru que acababa de darse cuenta que salir con nosotras era mala idea, cuando Sakura agregó mi bebida y la de ella los dos restantes.

—Sakura, ¿qué?

Ella se encogió de hombros y dio un largo trago.

Luego de verla hacerle gestos a la bebida, siguió tomando como si el mal trago fuese solo el primero. Suspiré y bebí también. Me supo mal, pero conociéndola, terminaría yo también arriba de ese escenario, así que pensaba entumir mi vergüenza solo un poco.

Pasó casi tres cuartos de hora en los que Ino solo había tomado su primer trago, yo, por mi parte, animada por Sakura, iba por el tercero. La música sonaba más fuerte y curiosamente no molestaba como antes. Para ser franca pensaba que Shikamaru sería un poco más aburrido, pero curiosamente nunca dejamos de hablar. Las experiencias del instituto nos bastaron para reír y avergonzarnos por turnos iguales. Él no parecía incómodo por nada de eso. Los amigos de Sakura llegaron luego de ubicarla con nosotros y pronto fuimos una pequeña multitud a la que las cámaras ya habían enfocado un par de veces.

Cuando sentí que comenzaba a marearme luego de aceptar una cerveza que no me acabé, decidí ir por una botella de agua a la barra, y quizás tener la oportunidad de hablar con Sasuke. La gente ahí parecía haberse hecho menos.

—¿A dónde crees que vas? —Sakura me regresó al estirar mi brazo cuando ya me iba. Yo ni siquiera les había avisado. Creo que estaba más mareada de lo que debía.

—Por algo de agua.

—¡Ni se te ocurra! —alzó la voz—. Después de ellas, seguimos nosotras —me dijo y señaló al grupo de chicas que bailaban.

—¡No!

—¡Claro que sí, ven!

No me di cuenta cómo fue que no caí cuando me llevó con ella. Pese a no prestar atención me di cuenta que el concurso era de baile y bebida. Todos estallaron en un vitoreo cuando hubo una ganadora.

—Sakura, ¿qué?

El animador volvió a recordar que estaban de aniversario y pidió dos nuevas personas mientras otra persona servía una serie de vasos en dos pequeñas mesas.

—¡Y ya lo saben! Si después de esto no vomitan, ganarán una cubeta y botella para su mesa. Y si pasan el reto final, cien dólares son suyos. ¿Quién sigue?

—¡Nosotras!

Subí las escaleras solo para no caer al ser arrastrada por ella. Escuché a Sakura decirme que ya habíamos hecho algo así antes, pero aun así me dio muchísima pena.

—¡Wow! ¡Dos más a la cuenta!

El tipo con el micrófono nos avisó que teníamos que beber los cinco chupitos sin usar las manos y en el menor tiempo posible. Luego, una de las dos tendría que bailar con uno de los bailarines el ritmo que él escogiera. Si quedábamos de pie, sin vomitar o pisar al bailarín, habríamos ganado.

Tapé mi rostro. Lo que me faltaba. No quise ni siquiera voltear a la barra. Los amigos de Sakura se acercaron al escenario y uno me habló. Me incliné a él y reí cuando me dijo que la dejara bailar a ella. Sakura tenía dos pies izquierdos y querían verla caerse.

Bien, me la debía.

Sacudí mis manos cuando el conteo comenzó. La primera prueba tenía ganarla contra ella, si no, Sakura me obligaría a mí a bailar, así que hice lo mejor que pude. Le gané solo porque ella derribó uno de los chupitos. La garganta me quemaba cuando terminamos y nos preguntaron quién bailaría.

Trastabillé cuando Sakura me lanzó al frente. Vil traidora.

—¿Cuál es tu nombre?

—Cielo santo —susurré—. Naviki —respondí cuando me acercaron el micrófono.

—Naviki, ¿qué te parece nuestro bailarín?

Era un tipo moreno, alto, su cuerpo parecía haber sido moldeado en gimnasio.

Solo asentí.

—¡Buenísimo, dice! —el joven se burló cuando una chica del público respondió por mí.

Cuando él eligió salsa por segunda vez en esa noche, supe que quería hacerme vomitar. Sonreí de pena y le di la mano cuando me pidió acompañarlo.

—¡Puedes con esto, Hinata!

«Un minuto treinta.» Me repetí una y otra vez. Le rogué con la mirada que no fuera cruel. Él me sonrió y comenzó despacio, haciéndome recordar los primeros pasos que en tres o cuatro pasos ensayamos en el instituto. Pero cuando me dio el primer tirón cuando me equivoqué supe que él era quien me estaba guiando. De pronto controlar mi estómago era mi más grande preocupación pues él era un buen bailarín. Creo que nunca me había sentido tan bien bailando con alguien.

No supe si todos estaban callados o el sonido de los aplausos fue tan estridente cuando la música calló.

—¿Ganó? —sonó por el micrófono.

—¡Hey, claro que ganó! —Sakura tomó el micrófono e hizo al anfitrión caminar a mí que había sudado.

—¡Cien dólares! —me extendió un solo billete.

—Un placer —Sakura lo tomó y fue la más feliz cuando bajamos luego de otro aplauso.

—¡Oye, es mi premio! —reclamé todavía emocionada por la descarga de adrenalina.

—¡Nuestro premio! ¡Teníamos que ganar, no traigo dinero! —rio fuerte y reí también.

—Espera, Sakura.

—¿Qué?

—Debo ir al baño.

—Bien, pero no te tardes.

—No. Vuelvo en seguida.

El concurso siguió y me di cuenta que había bebido de más cuando choqué con varias personas al intentar salir de la pista. Me avergoncé por eso. Sonreí y me sentí tonta al pensar que en poco menos de un mes sería mayor de edad y entonces, al menos, ya no estaría infringiendo tantas reglas. Ahora más que nunca me interesaba volver antes que mi padre.

Entré y salí del baño más cómoda pero más mareada. Me entretuve en los lavabos. El bullicio de afuera era opacado por las charlas de quienes también estaban ahí. Enfríe mis manos con el agua y refresqué mi cuello. Me tomé un tiempo ahí de pie mientras tomaba control de mí. El recuerdo de Sasuke en el lugar volvió a mí. Así de desconectada como estaba de la última sensación que tuve al verlo, me pareció buena idea aparecerme; además, deseaba con fuerza algo de agua.

Avancé por el único pasillo iluminado para regresar. Desde aquí pude ver a Naruto y a Sasuke. Acomodé mi escote y me armé de valor para ir con él; lograba caminar normal cuando un desnivel que juraba que no estaba ahí antes apareció.

—¡Hola, Hinata! —una voz conocida me habló al oído. Todavía tenía la sangre helada al sentir que caería cuando volteé a verlo.

Era Gaara. Me había detenido al tomarme de la cintura.

—¿Te encuentras bien? —tenía su sonrisa de medio lado. Parecía divertido —. ¿O te afectó tanto trago?

—¡Oh, cállate! — aunque me estabilicé, él no me soltó—. ¿Qué quieres?

—Primero, rescatarte. ¿Ha sido eso galante?

Reí —Deja de jugar conmigo —le dije apenas apartándome. Curiosamente, luego de nuestro último encuentro, no lo odiaba tanto. Si Sasuke me rompía el corazón alguna vez, definitivamente creería que exageré al buscarlo. Gaara no era tan letal. O ya no.

—¿Otro trago? —me ofreció. Voltee a verlo y sus ojos verdes me veían con diversión.

—No.

—Pareces bien. No creí que tuvieras tanta tolerancia al alcohol.

—Oh, no lo creas. En realidad, estoy bastante…

Callé mis palabras cuando recuperó su agarre en mi cintura y se acercó a verme al rostro.

—¿Ebria? —completó. No dije nada asombrada de pronto—. ¿Qué tanto, Hinata?

Sus ojos tan peculiares fueron a mi boca y mi garganta se secó. Lo vi sonreírme y acercarse.

—Yo iba a ver a alguien —le dije y me volteé cuando estuvo a punto de besarme.

—Olvidé que estabas con alguien —su sonrisa se extendió. Estoy segura que Gaara sintió que me puse nerviosa. Dejó de verme y creo que su vista se dirigió a la barra.

Me aparté y ahora sí me sentí un poco afectada —Sí. Sueles olvidar lo que te conviene. Eres perverso.

Lo vi morderse un labio y sonreír al saberse descubierto. Gaara era apuesto.

—Y peligroso —me dijo después. En menos de dos segundos, me había alzado el rostro y besado fugazmente—. Estás en problemas.

Se fue dejándome un guiño.

—¿Qué? —fruncí el ceño sin entenderlo. Suspiré y negué sin querer hacerlo. Fue cuando me giré cuando me percaté de la presencia de Sasuke acercándose. Solamente por la forma en que caminaba, supe que estaba molesto. Me quedé de pie imaginando que había visto todo.

—Ven para acá —me tomó del brazo sin tanta fuerza y me hizo seguirlo.

Caminé tan erguida y naturalmente como fue posible para no llamar la atención.

o.O.o

Sasuke.

Hice crujir mis dedos apretados contra la barra cuando no me atreví a ir con Hinata. No supe si para mi fortuna, pero la pelirrosa llegó con ella. Se la llevó posponiendo las cosas.

Si había aprendido a conocerla, Hinata no demoraría mucho en aparecer frente a mí y haría más de una pregunta. Y merecía respuestas. Claras. Por eso, cuando pasó casi una hora y ella no llegó, comenzó a extrañarme. Esa noche en particular teníamos más trabajo que el habitual.

—¡Mira! ¿Ya viste?

Naruto me señaló con un movimiento de cabeza una de las pantallas. Hinata reía con ganas con sus dos amigas y un grupo de tipos que no conocía. A la tensión molesta fastidiando mi nuca, se le agregó una molestia distinta.

—¿Qué dices? ¿Les enviamos unos tragos? —se burló y carcajeó al haberme notado molesto —. ¿Con quién está, eh?

—Qué demonios he de saber.

Cuando el tipo que habían contratado para animar apareció en el escenario la gente en nuestra área se hizo mucho menor, dándonos un respiro. Los meseros se abastecían y cobraban solos y fue entonces que su trabajo fue más que el nuestro. Naruto destapó una cerveza y deslizó un vaso de bourbon para mí mientras nos tomábamos un respiro.

La gente no dejaba de gritar y aplaudir; Naruto a mi lado, reía cada que se le antojaba. Me recargué dándoles la espalda.

—¿Qué tienes, hombre? —Naruto me dio un empujón—. Desde ayer andas extraño.

—No es nada —me terminé el trago cuando un nuevo cliente golpeó la barra.

—Por cierto, ¿cuándo pensabas decirme que te validaron las materias para incorporarte el siguiente año?

Volteé a verlo y no le respondí.

—Vi tu nombre en el listado de regularización. Creí que estarías de mejor humor y contrario a eso, parece que te hubieran metido un palo en el culo.

—Jódete.

—¿Qué pasa, hombre? Son buenas noticias, ¿no?

Solo negué sin querer seguir por ahí.

—Entonces, ¿qué más hay? Porque algo está jodiéndote duro.

Un tipo ebrio derramó una de las bebidas de las personas frente a nosotros y me dispuse a limpiar sin darle importancia. Naruto lo dejó pasar conforme volvimos a llenarnos de gente. Estaba pensando en qué estaría haciendo Hinata cuando la vi con la pelirrosa en el escenario. ¿Qué demonios?

Serví un par de tragos mientras las veía beber y bailar allá arriba. En menos de cinco minutos bajó sonriendo mientras su amiga agitaba el dinero que habían conseguido. Decidí que esperaría a que estuviera por irse para hablar con ella. Mejor aún, sería yo quien la llevara a su casa para asegurarme que estuviese bien. No necesitaba acercarme para saber que estaba bebiendo de más.

«Con un demonio.»

Con más insistencia de la que pretendía, busqué a Hinata entre tanta gente. La localicé minutos después saliendo del pasillo de los baños. Venía hacia acá. La tensión en mi nuca era mayor. Dejé de verla y cuando regresé mi mirada a ella, la encontré en los brazos del imbécil pelirrojo. No podría escuchar de lo que hablaban, pero él sonreía mientras mantenía a Hinata de espaldas a mí. Nunca la soltó.

No intervendría. Ya no tenía caso. Y tampoco tenía derecho.

—¡Oye! ¡Un whisky seco!

Escuché esa voz pero ya no pude dejar de verlos. Me repetí que no tenía derecho a intervenir mientras se me quemaba el estómago.

—¡Hey! ¿Mi whisky?

Golpeé un vaso contra la madera y dejé también la botella —Sírvetelo.

—Sasuke, ¿qué demonios? —soltó Naruto cuando me escuchó y me vio pasar tras él—. ¿A dónde putas vas? Estamos ahogándonos aquí.

—¡Oye, tú! —le dije a uno de nuestros clientes asiduos—. ¿Conoces la diferencia entre una cerveza y un whisky? —me dijo que sí—. Entonces ayúdale.

El tipo sonrió al entrar y a mí me volvieron arder las entrañas. El imbécil ese había besado a Hinata. Mi rostro no pudo estar más duro cuando él volteó a verme y luego a ella. Para su suerte se largó de ahí antes de que yo llegara.

Hinata se quedó sola y estaba volteando cuando me vio.

—Ven para acá —la tomé del brazo y la hice seguirme. Lo hizo lo mejor que pudo. Una vez estuvimos en la oficina de mi jefe, abrí con llave y nos encerré en ella.

—Sasuke, ¿qué…?

Volteé a verla y Hinata se calló. Seguro notó mi molestia porque se hizo pequeña al acercarse al escritorio de Bee. Me recordé lo que ya sabía. Pero no podía explicarle a mi molestia que debía mantenerse a raya, así que pretendí que no me importaba.

Me acerqué despacio a ella.

Hinata se recargó en el escritorio, viéndome.

—Estás molesto, ¿verdad?

Sonreí aunque estaba muy lejos de desear hacerlo. Apoyé mis manos en el escritorio obligándola a echarse hacia atrás.

—¿Por qué supones que me importa?

—¿Porque viniste a buscarme? —alzó una ceja. Estar nublada en su juicio la hizo menos insegura.

Endurecí mi semblante. Si cortaba con todo esto de tajo, ella saldría llorando de aquí y con la suerte que tengo, ese pelirrojo sacaría provecho. Y que me tragara el infierno si era lo que pretendía.

—Pareces enojado, Sasuke —Hinata pegó su rostro a mi cuello y me habló desde ahí.

Tragué duro.

Sus manos fueron a mis costados luego de que se sentó sobre el escritorio arrugando unos papeles en él.

—No lo volveré a hacer —su voz caliente en mi oído me hizo hervir la sangre de una forma distinta.

o.O.o

Hinata.

—Lo dices como si te amara —su voz ronca resonó hasta en mi pecho golpeándome con dura realidad. Sonreí con tristeza y como él no se apartó, permanecí rosándome con su cuello.

Sasuke estaba tenso, podía percibirlo sin siquiera tocarlo.

—¿Sabes, Sasuke? A veces olvido cuán despiadadas pueden ser tus palabras.

Él rozó su nariz sobre mi cabello a un costado de mi oreja. Parecía disfrutarlo mientras pensaba sus siguientes palabras.

—¿Por qué siento que a veces debo recordártelo?

Sonreí sin ganas. Sasuke subió una mano por uno de mis muslos y lo separó. Se coló entre ellos. Me rocé contra su rostro hasta que pude verlo a los ojos.

—No tienes que hacerlo. Lo tengo claro.

Tragué saliva despacio y casi me pareció que él lo hizo igual. Tomó mi cuello con la fuerza justa y me impidió dejar de verlo.

—Dilo entonces.

—Está todo claro. No nos amamos. Y… terminaremos un día.

Me asintió con fría calma.

Me estiré apenas para rozar sus labios. La música no lograba atravesar del todo las paredes de ese lugar. Sasuke rozó mis labios con los suyos y su aliento embriagante se mezcló con el mío. Vi sus labios como él miraba los míos.

—¿Será hoy? —susurré. Noté que me miró a los ojos—. ¿Terminaremos hoy?

No quise levantar mi mirada a él, pero sentí como sus dos manos se apretaron en mis piernas. Eso me dolió.

Sasuke demoró en contestar —No —me dijo y apoyó sus labios en mi oreja. Seguía tenso y supuse que controlaba su molestia. Busqué su rostro y después sus labios.

Él me besó con fuerza al llevar una mano a mi nuca y me hizo gemir al empujarse contra mí. Separé mis labios tanto para corresponderle y como fui quien también se empujó contra él, ya no precisó sostenerme. La mano que mantenía en mi nuca resbaló y amasó mis senos con rudeza. Sonreí entre el beso.

—¿Sabes que abusas de mí en más de un sentido? —pregunté cuando el beso fue insostenible.

Sasuke no me respondió, pero mordió mi cuello, a donde se dirigió inmediatamente. Sentí esa bien conocida tensión entre mis piernas. Él se empujó tanto contra mí que tuve que recostarme sobre el ya de por sí desordenado escritorio. Lo sentí bajar sus labios hacia mis senos al tiempo que soltaba el pequeño botón que reducía la pronunciación de mi escote. Pronto sus labios calientes humedecieron mis pezones y un poco más.

Cuando sus brazos se enredaron en mi cintura me arquee. Sasuke me llevó con él luego de morderme un pezón. Quedé sentada con él entre mis piernas. Sus labios estaban enrojecidos y los míos secos… tal vez por el alcohol, o por la falta de sus besos.

Lo atraje a mí y disfruté sentirlo excitado. Jadeé sobre sus labios y Sasuke parecía meditar demasiado dar el siguiente paso, así que fui yo quien tocó su pene sobre el pantalón. Me vio a los ojos, tal vez dudando si me atrevería a ir más allá, teniendo en cuenta en dónde estábamos. No era su día de suerte, porque con lo aturdida que estaba, poco me importaba.

Froté y apreté mi mano abierta sobre él y lo escuché gemir roncamente. Estaba duro. Mucho muy duro. Le sonreí al tiempo que le bajaba el cierre del pantalón.

—Vas a odiarme por esto —me dijo. Lo vi sin entenderlo, luego dejó de importarme cuando mordió mi cuello y después lo lamió. Él terminó desabrochando su pantalón cuando yo tuve problemas con ello.

Colé mi mano bajo su ropa y lo sentí tan caliente, húmedo. Sasuke tomó mi cabeza pegando mi frente a sus labios. Se mantuvo así unos segundos hasta que gruñó cuando lo apreté. Busqué sus labios a la espera de sentirlo en mí. Sasuke sujetó mi rostro y casi me hace caer nuevamente al escritorio por la forma en que me besó. La agitación en ambos creció sin poder detenerse.

Entre jadeos me rozó los labios cuando el aire no nos alcanzó.

En un segundo estaba esculcando entre las cosas en el escritorio y me hizo reír al darme cuenta lo impaciente que me ponía. Cuando al fin vi lo que encontró, tuve un pequeño momento de confusión.

Sasuke estaba abriendo un condón.

—Creí que no necesitábamos eso —dije y terminé mordiendo mi labio al verlo colocárselo.

—No seremos más irresponsables.

Sasuke terminó de resbalar mi blusa cuando estuvo listo. Ahí, sentada sobre el escritorio, me pegó a él. Pude sentir su miembro duro en mi abdomen. La forma como me miró y acomodó el pelo, me trasmitió una extraña nostalgia. Él acababa de recordarme que no me amaba, pero actuaba confundiéndome.

No tuve tiempo de pensarlo mucho cuando tomó una de mis piernas y me penetró con brusquedad. Vibré y lo escuché gruñir en mi oído al mismo tiempo. Esta vez fue rudo. Si no fuese porque afuera todos estaban en sus propias cosas, hubiese podido temer que nos escucharan. Los roncos sonidos de Sasuke iban a la par de mis gemidos. Sus manos grandes me mantuvieron firme para sus duros embistes. Mi sangre hizo arder mi cuerpo y esa electricidad que solía tomarse su tiempo, comenzó a subir con premura por mi columna vertebral, expandiéndose en mi cabeza. Me nubló.

En medio de jadeos, de sudor, de movimientos toscos, los labios de Sasuke no se despegaron mucho de los míos. Jadeó sobre ellos mientras apretaba mi cadera. Nos besamos tanto como pudimos y al final fui yo la que no lo soportó. Terminé estremeciéndome contra él. Me abracé a su cuello y fui consciente del momento exacto cuando él culminó.

Sasuke sudaba como yo y se notaba más agitado. Yo sonreí en medio de mi falta de aire y busqué sus labios. Besé solo su comisura permitiéndole respirar. Él parecía seguir tenso. Metió su rostro entre mi cuello y se calmó ahí. Comenzaba a acariciarle la espalda, complacida por lo anterior, cuando lo sentí retirarse. Rompió el contacto para retirarse el condón.

Me puse de pie y acomodé mi ropa. Vi su espalda mientras cerraba su pantalón. Caminé unos pasos para acercarme a la puerta y lo vi acomodar su ropa. Su semblante y algo en la forma como abotonó su camisa, lo hacía parecer molesto.

—¿Cómo volverás a tu casa? —su tono de voz no salió tan duro como pensé.

—Shikamaru e Ino me llevarán.

—¿Tu padre?

—Cena de beneficencia —me asintió—. ¿Por qué no has ido a trabajar? —le pregunté y negó luego de desviar la mirada.

—Hablaremos de ello después. Tenemos que hacerlo.

—¿Ocurre algo?

—Sí —me dijo y me tomó la mano para salir juntos de ahí—. Pero no es el momento.

—¿Algo malo? —lo esperé mientras él cerraba. Él demoró un poco más sosteniendo la llave. Cuando terminó, sujetó mi cabeza y me sonrió.

—No. Malo no. Ya lo hablaremos después.

Asentí —Debo volver con mis amigas. Seguro se estarán preguntando dónde estoy. —Corrí luego de sonreírle sin tener tiempo de mirar el mal semblante con el que quedó.

o.O.o

Sasuke.

Naruto estaba molesto cuando volví tras haberlo dejado solo.

—¿Por qué pareces más perturbado luego de follar?

No le respondí y me apoyé de espaldas en la barra -de momento- vacía. Me serví un trago y lo bebí de golpe tras batallar con mi conciencia.

—¿O es que no follaste? —me volvió a preguntar, pero ahora ya no parecía molesto.

—Déjalo ya.

—Lo pregunto porque traes una cara que parece que hace poco te patearon las bolas.

—Pues sí… Algo así. Pero no todavía.

Naruto me quitó el vaso vacío —Bien. Ni uno más. Ya dices cosas sin sentido.

Cuando él se ocupó con un cliente, yo tuve que atender a los siguientes que llegaron. Busqué entre las personas que se mezclaban adelante y no pude encontrarla. A quien sí vi fue al imbécil pelirrojo en una de las primeras mesas. Había sido por ese bastardo que Hinata…

Me fastidió que me importara. Me sentía mezquino.

Decidí abordarlo con frialdad. Sí, había sido un hijo de puta por lo ocurrido momentos antes con Hinata; pero era irremediable. Y de la misma forma lo era lo que tenía que hacer.

Había dado mi palabra de que hablaría con ella antes de una semana. Me molesté conmigo mismo al haber dejado el tiempo correr… la idea era no romperle el corazón en la medida de lo posible. Hace poco le dejé claro que no la amo. Todo hubiese ido según el objetivo si no hubiese terminado haciéndole el amor.

El sabor amargo que tenía en la garganta no se fue ni con el alcohol. Estoy más que jodido.

Mi móvil vibró y decidí ignorarlo. Cerca de media hora después, cuando la gente nos dio un respiro, fue que lo revisé.

Era el motivo de mi dolor de cabeza.

«Espero que lo hagas bien.»

Devolví el aparato decidido a ignorarlo por lo que restaba de la madrugada.

—Oye, idiota, como te cubrí, préstame tu carro el lunes.

Sonreí y negué —Eso no fue cubrirme. Dejé un reemplazo.

—¿El tipo que no sabía ni preparar un Mai Tai?

Sonreí mientras limpiaba la barra —¿A dónde piensas ir?

—Al mall. Necesito comprar algunas cosas.

Serví dos cervezas mientras Naruto bebía de una botella de agua.

—Bien. Yo te llevo, también tengo que comprar un par de cosas.

• • •

El domingo había intentado estudiar. Para las tres de la tarde me di cuenta que no podía más. Para las cinco todavía estaba hablando con mi madre en una conversación que se había extendido a más de una hora. Había cosas que tenía que saber y aunque se me apretó la garganta, también había cosas que yo tenía que escuchar.

Un recuerdo de lo que es la responsabilidad. Las cosas que una persona debe hacer.

Cuando corté la llamada, solo quería beber. Odiaba beber solo, pero esta vez no importó.

Las cosas me quedaron más claras. Aun así, necesitaba otro día, así que envíe un mensaje.

«Tengo asuntos que atender en casa. Te veo el martes.» Y apagué el móvil.

Cuando Naruto llegó el lunes temprano, yo apenas había dormido. Él condujo al mall ante mi poco ánimo. Compramos varias cosas y paramos a desayunar. Hablé con él esperando encontrar entendimiento de alguien que podría meterse en una situación igual.

—Entonces, lo decidiste.

Asentí y revolví mi comida con más ganas de otra cerveza que de eso.

—¿Cómo evitarlo?

—Creo que será lo mejor. Hinata no debería querer dejar todo por ti si…

—Lo sé.

—¿Eso te duele?

—Para serte sincero, preferiría una patada en las bolas.

—Así de jodido, ¿eh? —Naruto pagó la cuenta y pronto salimos de ahí. Destapé una cerveza al ir de camino a la casa.

—¿De qué demonios te ríes? —le pregunté al notarlo hacerlo.

—Es que… es curioso. Nunca pensé que te vería entre la espada y la pared. Sabes bien qué decisión debes tomar.

Me tragué el nudo en la garganta —Lo sé. Hablaré con ella mañana.

—No creí que Hinata llegara a importarte de verdad.

No dije nada más. Para cuando llegamos a mi casa yo iba por mi segunda lata de cerveza.

—Oye, ¿no bajarás esto del auto?

—No todavía —le dije y entré a la casa. Mis ojos fueron de inmediato a esa pintura en la sala. Maldita sea… yo sabía que esto iba a pasar.

o.O.o

Hinata.

El día anterior me sentía tan mal como para darle importancia a las cosas. Pero ahora, ya completamente bien, me llamó la atención el mensaje que Sasuke me envió. ¿El martes? O sea, mañana.

¿Qué sería eso que lo mantendría tan ocupado? Sonreí al no tener mucho de qué preocuparme, pues él dijo que no sería nada malo.

Decidí comenzar bien la mañana así que me levanté y me apresuré a estar lista antes de que Kaede tuviera que venir a apresurarme para el desayuno. Apenas había visto a papá el día anterior, y el remordimiento de salir a escondidas, me obligó a ser una hija formidable hoy y los días que le siguieran.

Kaede ya se dirigía al comedor con una bandeja de comida.

—Huele delicioso —le dije al sujetarla de los hombros y caminar tras ella—. ¿De qué es el té?

—Rojo, señorita.

—¿Canela no tienes? Ya siento los cólicos que anuncian mi periodo en los siguientes días —susurré lo último al llegar al comedor.

—No, la canela se acabó con el postre de ayer.

Fruncí los labios.

—Bien, cuando venga Sasuke, ¿puedo ir contigo para ver qué más compramos?

Ella me asintió al dejar la comida entre mi padre y yo. Le acercó el plato con omelette a papá mientras yo tomaba el mío y unas galletitas.

—Puedes pedírselo a Fujita. Que él las lleve —habló mi padre.

—Fujita es tu chofer, mejor espero a Sasuke para mañana—dije viendo lo apetitosa que lucía mi comida.

—Sasuke no vendrá.

—¿Cómo? —voltee a verlo y también me pareció notar cierto gesto incómodo de Kaede.

—¿Por qué supones que Sasuke volverá?

—Porque dijiste que él te pidió unos días —le recordé sin permitirme ponerme nerviosa.

—Y así había sido. Pero habló ayer, excusándose. Dejó el trabajo.

El calor me dejó de a poco —Eso no puede ser —dije sin pensar y luego volteé a verlo —. Sasuke me lo hubiese dicho.

—No tendría por qué razón hacerlo.

Negué sin pretender explicarle.

—Que tú trates a la servidumbre como amigos —me dijo y volteó a ver a la puerta por la cual Kaede acababa de irse—, no significa que ellos te aprecien igual. Debes tenerlo en cuenta.

Me reí sin creer que estaba diciéndome eso. Si de alguien había aprendido el respeto por cualquier persona, había sido justo por él.

—Prefiero escucharlo por él.

—Lo tienes prohibido —me añadió sorprendiéndome. Parecía molesto por su tono de voz. Luego alzó su vista a mi dejando de lado el periódico—. Sasuke no te debe nada. A ninguno de nosotros. Él aceptó el trabajo únicamente porque era una oferta irrechazable. Tomó de nosotros cuanto le fue dado y se fue, y lo hizo, cabe decir, sin siquiera dar la cara.

—Ah, claro que no.

—¡Siéntate, Hinata! —alzó la voz cuando pretendía irme. Era la primera vez que lo había hecho.

Obedecí y ante su mirada, demoré solo un poco en tomar mi cubierto para pretender comer.

—Entiende algo, sé que te agradaba, pero Sasuke también tiene un camino por seguir. Las oportunidades se aprovechan conforme se van presentando y se tiene que seguir adelante. Él habló de nuevas responsabilidades que le impedían mantenerse aquí. Y es honorable que priorice. Eso habla bien de él. ¿Qué más tienes que saber?

—Yo —susurré y sonreí incrédula todavía—. Nada, tienes razón.

Mi padre me sonrió y asintió para continuar comiendo. De pronto la comida deliciosa dejó de apetecerme.

Cuando se acercó para dejarme un beso en la cabeza, cosa que hacía muchísimo no hacía, yo seguía sentada.

—Por cierto, fui a tu exposición. Has vendido mucho. Felicidades.

Extendí una sonrisa de verdad, pero no alcanzó a ser plena. Agradecí y al instante siguiente vi su cuerpo perderse al dirigirse a la salida.

Esto no podía ser cierto. Boté mi servilleta sobre la mesa cuando me convencí que algo había pasado. Imaginé que mi padre sospechaba lo ocurrido entre nosotros porque, definitivamente, eso de «tomar de nosotros cuanto le fue ofrecido» no era algo que él diría.

Lamenté provocarle problemas y subí corriendo las escaleras. Subí por mi móvil y decidí marcarle. Daba tono, pero no estaba atendiendo.

Me vestí para salir con unos jeans delgados y un suéter previniendo el día frío de afuera. Antes de tomar mi bolso, tomé ese retrato que pensaba darle, lo tenía listo envuelto y protegido.

No me fue difícil escabullirme de las dos únicas personas que estaban en la casa a esa hora. Volví a tomar prestadas las llaves del auto que pronto sería mío y salí de ahí fingiendo naturalidad cuando el portón me fue abierto.

Estaba maravillada con mi suerte hasta que mi teléfono sonó. No sé por qué pensé que era mi padre. Me estacioné para contestar y pese a que no era él, las noticias no eran mejores. Era Sai y yo era la primera que le contestaba luego de varios intentos con mis compañeros. A la exposición aun le quedaban un par de días y ya había varios espacios que debían cubrirse tras las ventas.

Acepté ayudarle creyendo, también, que era muy temprano para molestar a Sasuke. Cambié mi dirección mientras me preguntaba por qué no me había hecho caso de no retirar los cuadros, si, finalmente, no era exhibición de un único día.

Terminamos cerca de la una cuando, entre idas y vueltas, recogimos material faltante. Acompañé a Sai a comer. Había visto llover desde el otro lado del cristal del modesto restaurante. Lo dejé en la escuela de Arte y en algún momento dejó de llover. Iban a dar las tres de la tarde cuando me desocupé. Tenía dos opciones, o me regresaba a casa para esperar a papá y comer con él. O ir con Sasuke y tener tremenda reprimenda.

Sin estar del todo convencida, decidí marcarle. Otra vez no me tomó la llamada.

Sin querer preguntarme más qué clase de cosa ocurriría, decidí buscarlo.

El cielo gris me hizo tener más prisa por llegar y cuando por fin pude ver la casa, me estacioné en la acera de enfrente. Me estiré sonriendo para tomar el retrato que había tenido que dejar en el asiento de atrás.

Pude ver la puerta abierta. Naruto también estaba ahí, lo vi dirigirse al auto de Sasuke y entonces me apresuré a ir.

—¡Hola, Na-!

—¡Oye, Sasuke! Bajaré esto de una vez —la estridente voz de Naruto ocultó por completo la mía. Él no me vio al tener medio cuerpo dentro del coche.

Cuando salió, cargaba una caja grande. Él avanzó de regreso sin percatarse de mí y a mí me llamó la atención eso que cargaba. Me quedé ahí de pie sin haber siquiera subido a la banqueta.

Lo que Naruto cargaba era un cochecito de bebé. De esos que usan los padres para pasear a sus hijos mientras no pueden caminar.

—Oye, idiota, ¿no crees que exageras? Mei no tiene ni tres meses de embarazo, esto no lo van a ocupar hasta dentro de mucho— cuando él terminó de hablar, algo como un balde de agua fría pareció caerme encima.

—Eso no debería importarte —Sasuke salió dando una calada al cigarro que tenía en los labios cuando me vio. Eso lo hizo detener sus pasos. Naruto entonces me vio también.

Moví mis labios, pero no dije nada. Ni una sonrisa pude formar. Apreté el retrato para no dejarlo caer.

—Entraré con esto —Naruto desapareció dejándonos solos.

—¿Qué haces aquí, Hinata? —lo vi dejar libre el humo del cigarrillo y arrojar este a un costado.

—Sasuke… ¿qué…?

—Pregunté qué haces aquí.

Negué queriendo sacar de mi cabeza la idea que ese carrito trajo a mí.

—Mi padre… dijo que habías dejado el trabajo.

Lo vi desviar el rostro —¿Qué más dijo?

—Nada más.

Me acerqué un poco y lo vi molesto así que detuve mis pasos antes de acercarme demasiado.

—¿Es de lo que tenías que hablar conmigo? —pregunté. Fingí que no había visto lo que había visto y le presté atención por su respuesta.

—No debiste venir —su voz ronca me formó un nudo en la garganta —. Te dije que te vería mañana.

—¿Por qué?

Vi claramente que pasó saliva por la forma como la nuez en su garganta se movió.

—Eso… —comencé a decir y él dio medio paso para impedirme ver hacia adentro—. ¿Eso era para un bebé?

Él no dijo nada.

—De Mei, ¿cierto? —Los ojos que Sasuke había mantenido en mi bajaron un segundo al suelo. Cuando los levantó, se encontró con los míos que comenzaban a humedecerse —. ¿Es de… ustedes?

—Hoy no, Hinata —me dijo y solo entonces noté que Sasuke parecía que había bebido. No estaba ebrio, pero había bebido—. Debes irte.

—Por Dios —exclamé sin mucha fuerza cuando lo entendí—. Debo parecer... —jadeé—. ¿Desde cuándo lo sabes?

Cuando él exhaló y bajó su rostro fue que creí reconocer esas manchas de suciedad en su musculosa. Era pintura. Una nueva idea cruzó por mi cabeza y entonces mis pies se movieron solos.

—¿A dónde crees que vas? –Sasuke me detuvo al tomarme del codo.

—¿Me dirás que ya vive contigo y por eso no debo acercarme?

—Joder, no— me soltó.

Tiré de mi brazo y avancé los pasos que me separaban de la puerta que Naruto había tenido a bien cerrar. Ni siquiera tuve que entrar para ver que el dibujo que tan orgullosa me había hecho sentir estaba arruinado. Una primera capa de nueva pintura estaba sobre él. Estaba borrándolo. Ahora sí mis ojos ardieron y se mojaron sin poder controlarlo.

Intenté sonreír por dignidad pese a lo que sentía en la garganta.

—Ya veo.

—Hinata.

—¡Ni siquiera me toques!

—Juro que no. No volveré a hacerlo —me dijo y me soltó—. Pero hablemos.

Quise pasarlo de largo, pero me cerró el paso.

Cuando arrojé el retrato que todavía cargaba a sus pies, fue que él lo vio.

—Venía a dártelo. Pero considerando —señalé con mi pulgar al interior—, puedes quemarlo. Quémalo ahora o hazlo después, cuando ese niño desee su primera fogata. Después de todo, sueles ir a grandes pasos, ¿no? Ya hasta cochecito tienes.

—Hinata —cuando quiso tomarme, me aparté.

—Púdrete, Sasuke —golpeé su cuerpo cuando lo pasé de largo.

—Sabías que terminaría— lo escuché alzar la voz y terminé por detener mis pasos.

—Y tú dijiste que me quedaría claro cuando eso pasara —volteé a verlo.

Sasuke avanzó llegando a mí. Apoyó una mano en la cajuela de su auto. Mis ojos estaban mojados y supuse que eso lo hizo bajar la mirada y pensar sus siguientes palabras. Creí que lo lamentaba.

—¿Y esto no es lo suficientemente claro? —me preguntó y su sarcasmo como su sonrisa torcida parecieron vaciarme los pulmones.

Lo siguiente que sentí fue mi mano ardiendo tras abofetearlo.

—Eres la peor basura —le dije viéndolo a los ojos—. Mi padre tenía razón: tomaste cuanto se te ofrecía. Tu gente suele ser así —añadí eso último sabiendo que lo molestaría y pretendiendo herirlo.

Vi que sus ojos se tiñeron de coraje y sonreí satisfecha para retomar mis pasos.

—Dime algo, Hinata —su voz profunda me detuvo—. ¿Qué esperabas?

—Lo único que esperaba era sinceridad. Pero fue aspirar a mucho tratándose de alguien como tú.

—Fui sincero contigo. Si esperabas que me enamorara de ti, perdías el tiempo. Porque no estoy enamorado de ti, Hinata.

Quise, juro, decirle cualquier cosa que le hiciera atorar un nudo en la garganta como a mí. Pero ya no pude. Las lágrimas se me habían escurrido y no había más dignidad que pisar. Por eso me dirigí directo a mi auto.

Me encerré en él y antes de salir de los suburbios tuve que detenerme y respirar. Llorar un rato más. Y maldecirme muchas veces por mi estupidez. A ambos. Sasuke se había pintado ante mí como un patán… todavía la noche anterior me había dicho que no le interesaba. ¿Cómo creí entonces qué…?

«Naruto dijo que Mei no tenía ni tres meses de embarazo. Eso significa que Sasuke se estaba acostando con ella cuando nosotros dos…»

Golpee el volante con tristeza.

No había alguien más estúpido que yo en este mundo. Me detesté y no entendía cómo era que sabiendo cuán ruin pudo ser Sasuke, yo no lograba dejar de llorar. Me estaba doliendo mucho.

o.O.o

Sasuke.

«Maldita sea.» Pensé.

Naruto salió cuando escuchó el derrapar de las llantas del auto de Hinata.

—¿Se fue?

—Sí —dije y me giré para entrar.

—¿Y dejarás que se vaya así? Estaba llorando, ¿no?

—Tenía que pasar, ¿qué querías que hiciera? Así es mejor.

—¿Estás loco? Iré a buscarla.

—No te atrevas.

—Dijiste que no querías lastimarla.

—¿Y qué se supone que haría? Ella llegó aquí.

Naruto negó.

—Iré a buscarla.

—¿Irás corriendo? —se detuvo—. Si te ve en mi coche pensará que soy yo. Ya déjala.

Recogí esa pintura que Hinata llevaba y terminé entrando a mi casa. La arrojé sobre mi sofá.

—¿Qué es esto, eh?

—No lo toques. Iré a darme un baño porque tengo cosas qué hacer más tarde.

Vi a Naruto curioseando el retrato sellado y me encerré en mi habitación mientras apretaba mi nuca.

Me tragué el sabor amargo e hice funcionar mis dedos cuando localicé mi móvil. Descubrí que Hinata me había estado marcando. Ignoré eso y finalmente escribí ese mensaje.

«Listo. Lo hice.»

Seguido de eso, me quité la ropa y me metí a bañar. El agua caliente pronto llenó de vapor el cuarto. Mi piel debería estar roja por el escozor que me causaba y me quedé ahí, mientras el agua me quemaba, apoyando mi mano contra la pared con deseos de reventarla de un puñetazo.

¿Cómo había permitido que esto me jodiera así?

o.O.o

Hinata.

Había logrado dejar de llorar y mis ojos secos me molestaron. No pude tener peor suerte al ver el auto de papá ya estacionado. El sermón sería terrible. Posiblemente hasta me retiraría el privilegio de volver a usar el coche.

Francamente, poco me importó.

Bajé y entré directo a las escaleras.

—¿Dónde estabas? —papá apareció. Venía del fondo, de su despacho.

—Lo siento. Tuve algo que hacer.

—¿Comerás? —añadió cuando me vio seguir subiendo. Evité darle la cara.

—Comí afuera, disculpa. Y creo que… algo me cayó mal.

Ya no esperé respuesta y terminé de subir. Puse seguro a mi puerta para que nadie pudiera verme si es que se acercaban. Me tendí en la cama y pronto sentí ganas de verdaderamente devolver el estómago. Giré mi cuerpo dejando mi espalda pegada al colchón. Mis ojos se mojaron de nuevo y esta vez mis lágrimas calientes resbalaron hasta mis orejas, perdiéndose después entre mi pelo. Intenté ser silenciosa y lo logré con más facilidad.

Algo me dolía físicamente. Y lo reconocí. Era un corazón roto.

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Continuará…


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¡Listo!

Ahora sí. Espero que el siguiente ya sea el capítulo final. Como les dije antes, posiblemente ahí agregue un mini epílogo. No lo sé, debo de ver qué tan largo queda.

Muchas gracias por leerme. Gracias a quienes comentan, créanme que las leo. Y bueno, aquí dejo yo la actualización más rápida desde mi casa xD

Ánimo con los días de resguardo.

¡Besos!