Hola mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo 22 de este long fic. No sé qué me pasó jajajaja, supongo que tuve inspiración. Este capítulo lo terminé anoche, pero se me hizo tarde para subirlo, por eso lo estoy subiendo ahora. Ojalá les guste el capítulo.

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Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y me dejan un review, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente me leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar :D

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Capítulo dedicado a mis comentaristas estrellas: ANABELITA N. y Roronoa Saki. Gracias por comentar, les mando a las dos un gran beso y un fuerte abrazo.

¡Mi Lirio! Te llamé con el pensamiento, gracias por el mensaje, hoy lo acabo de leer. Fanfiction no me notificó. En la semana te contesto.

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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

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Lo que siempre nos unirá

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Capítulo 22.- Fotografías (parte 2)

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POV Temari

—¡Papá! —exclamó, Dai, a lo lejos, sin embargo, Shikamaru no le respondió.

—Tranquila, mujer —espetó con suavidad, colocando su mano sobre mi antebrazo. De cierto modo me hizo sentir especial—, le diré a Ino y a mi madre que no anden mostrando ninguna fotografía.

—¡Papito!—volvió a llamar a Shikamaru, pero esta vez, en un tono algo socarrón.

—Gracias —susurré mirando sus ojos cansinos.

—¿Po qué estás dando un beso a mamá?

Aquella pregunta me desconcertó enseguida.

Shikamaru me miró confuso.

¿Qué estás diciendo Shikadai? —inquirí en un tono ligeramente más alto, volteando hacia el pasillo.

A los segundos, Dai apareció y sonrió burlesco. Me ignoró y apuró el paso para ir donde su papá.

Seguramente eso sucedió porque no lo miré con caras de muy buenos amigos.

—¿Por qué estás diciendo eso hijo? —preguntó, Shikamaru, con curiosidad, sentándolo sobre su pierna izquierda—. Yo no le estoy dando ningún beso a tu mamá.

Dai lo miró y sonrió travieso.

—Aquí sí —le contestó de forma cantarina, dejando ver un libro el cual traía abrazado.

Apenas lo vi, se me aceleraron los latidos cardiacos.

Aquello no era un libro, era un álbum fotográfico.

Nuestro álbum fotográfico.

—¿De dónde diablos sacaste este álbum, Dai? —inquirió, Shikamaru, con el mismo desconcierto que yo estaba sintiendo.

—De la bibo… bibo

—¿De la biblioteca? —preguntó, Shikamaru, y éste de inmediato asintió.

—Sí, donde abue yoshi no pede impimir foto —complementó, Dai, la información—. Se acabó la tinta.

—¿Y ella te lo pasó ? —inquirió, Shikamaru, tomando el álbum con suavidad. Dai enseguida lo soltó.

—No —respondió negando con la cabeza—, dijo que sacara uno y que vera las fotos.

Dai lo miró sin entender.

La conversación comenzó a inquietarme, ya que tanta preguntadera lo podía asustar.

—¿Y por qué escogiste éste? —inquirió, Shikamaru, nuevamente.

Mi pequeño bajó la mirada hacia el álbum y se quedó pensativo.

—Poque es vede —contestó divertido.

Shikamaru acercó su rostro a Dai y le besó la frente.

—Me lo imaginé —espetó devolviéndole el álbum—, porque yo también hubiese escogido un álbum de ese mismo color.

Shikadai de inmediato le sonrió.

—A ver hijo, muéstrame la famosa fotografía —acotó, Shikamaru, con su voz cansina. A Dai le brillaron los ojos enseguida —, pero primero siéntate entremedio de nosotros dos —tomó a éste de la cintura y lo dejó en el piso. Le hizo un espacio en el sillón—. Seguramente tu mamá también quiere saber de qué cosa estás hablando.

Mi pequeño al instante le obedeció. Una vez sentado, comenzó a buscar la foto con entusiasmo.

Fijé la mirada en las imágenes. De alguna forma la nostalgia me invadió.

—Acá hay sólo fotos de mamá y papá —señaló en un tono divertido mientras seguía hojeando el álbum — ¡Aquí, mira!

Shikamaru miró la fotografía y sonrió.

—Es una fotografía antigua, Dai —afirmó con suavidad—. Es de por lo menos seis años atrás.

—Pero estás dando un beso a mamá —insistió, Shikadai. Tal parecía que necesitaba una explicación por ese atrevimiento.

—Hijo, en esos años tu mamá y yo, éramos novios —señaló, Shikamaru, con su típica calma.

Extrañamente su explicación, me puso nerviosa.

Dai esbozó una amplia sonrisa.

—¿Novios? —inquirió con su voz cantarina.

—Sí, éramos pareja, y fuimos muy felices —aseveró, Shikamaru, con dulzura.

Dai soltó una risita.

—¿Estaban namorados? —preguntó con cierto entusiasmo.

Y yo sólo agradecía a Kami, que no me estuviese interrogando a mí, sino hubiese estado más roja que una frutilla.

—Pues sí, en esos años, estábamos muy enamorados —respondió, Shikamaru, con convicción—, y de ese amor naciste tú.

Dai dejó escapar otra risita.

—¿Y ya no están namorados? —inquirió con curiosidad.

Aquella pregunta llegó directo al lugar más recóndito de mi corazón, haciéndome que me perdiera en mis pensamientos.

¿Quedaría, adentro de éste, algún vestigio de ese gran amor?

—Hijo, ocurrieron ciertas cosas por las cuales nos tuvimos que separar —la parsimoniosa voz de Shikamaru, me trajo de vuelta a la realidad. Fijé mis ojos en Shikamaru—. Con el tiempo, tanto tu mamá como yo, rehicimos nuestras vidas, por eso cada uno, en la actualidad, tiene su pareja aparte.

Shikadai desvió su mirada hacía el álbum de fotografías.

—Ya no están namorado —espetó en un susurro, pudiendo transmitir su tristeza.

Aunque su padre le había respondido de forma indirecta, Dai lo había entendido todo.

—Hijo, pero eso no quiere decir que yo no quiera a tu mamá —señaló, Shikamaru, captando de inmediato la atención de Dai.

—¿No? —inquirió éste, con interés.

Shikamaru le sonrió de medio lado.

—No Dai, porque ella es una mujer muy importante para mí —le explicó éste, dulcemente, lo que de cierto modo me emocionó—. Es la mujer que me regaló la dicha de ser padre, y por ese motivo yo… yo la quiero mucho.

Dai esbozó una hermosa sonrisa y enseguida volteó hacia mí.

—Y tú, mamita, ¿queres a mi papá? —inquirió, mirándome con expectación.

Aquella pregunta no me la esperaba, sin embargo, respondí.

—Sí… yo también lo quiero, Dai —acoté provocando que sus ojitos almendrados brillaran emocionados—. Tu padre es un gran hombre. Tengo los mejores recuerdos de él.

Alcé la mirada, topándome enseguida con sus ojos marrones.

Nostalgia, dulzura... ¿amor? Una mezcla de emociones, fue lo que él me transmitió.

Mi corazón se desbocó inmediatamente.

A los segundos, Dai soltó una carcajada.

Por inercia, bajé la mirada.

—Se miran con cara de tontos —señaló, mi pequeño, provocando al instante que se me abochornara el rostro, sin embargo, no le dije nada.

—Oye hijo, no te rías —espetó, Shikamaru, con cierta seriedad—. No es algo gracioso.

—¡Dai!, ¡mira! al fin pude imprimir las fotos —exclamó, Yoshino, a varios metros de donde estábamos.

Shikadai apenas la escuchó, dejó el álbum de fotos en un costado y se fue corriendo a su encuentro.

Intenté recuperar la compostura.

—La semana pasada, me dijiste que te habías desecho de todas cosas que te recordaban a mí.

Shikamaru que había seguido a Dai con la mirada, de inmediato giró su rostro hacia mí.

—Es la verdad, Temari —aseveró con seguridad—, se supone que me deshice de todo, y ese álbum fue una de las primeras cosas que deseché. No lo había visto desde ese día.

—¿En serio? —inquirí frunciendo levemente el entrecejo.

—Mujer, te lo puedo jurar —respondió con sinceridad. Sus ojos rasgados me pedían a gritos que le creyera—, aunque ese día… —se quedó pensativo—, yo no estuve solo en casa.

—¿Qué le pasó a Dai que no regresó más al jardín? —espetó de repente, Shikaku, ingresando a la sala.

Ambos dirigimos la mirada hacia él.

—El niño se quedó mirando unas fotografías —contestó, Yoshino, mientras se acercaba a su marido—, y yo le ofrecí imprimirle algunas para colocarlas en unos cuadros. Aunque me costó un mundo poderlas imprimir, ya que no encontraba los repuestos de las tintas de colores, debido a que un desordenado, mejor dicho un vago, no las guardó donde corresponde.

—No te quejes tanto, mujer, lo importante es que las encontraste —acotó, Shikaku, bajándole el perfil a la queja de su esposa

Yoshino enseguida frunció el entrecejo.

—Pero me hiciste perder el tiempo, Shikaku —le reclamó ésta, sin embargo, su marido ni se inmutó—. Hasta tuve que decirle a mi nieto que buscara en la estantería un álbum de fotos para que no se entretuviera.

—Abue Shikaku, hay que colocar las fotos aquí —interrumpió, Dai, pasándole los marcos al mayor. Definitivamente, Shikadai, ya se había olvidado de las fotos del otro álbum.

—Vamos a la mesa de la terraza y allá las colocamos —espetó calmadamente, Shikaku, mientras se devolvía hacia la puerta de salida—. Yoshino, ¿traes tijeras?

—Obvio, Shikaku —contestó ésta, con suficiencia, caminando detrás de él—, vengo preparada para dejar esos portarretratos perfectos.

—Disculpa mamá —intervino, Shikamaru, llamando la atención de ésta—, ¿te puedes quedar un momento?

Yoshino miró por unos segundos a Shikamaru y luego volteó hacia Dai.

—Mi niño ve con tu abuelo —espetó ésta, pasándole las impresiones y las tijeras—, ya los alcanzo.

Dai asintió enseguida y apuró el paso para alcanzar a Shikaku.

Yoshino tranquilamente se acercó a nosotros.

—Por sus caras, supongo que sucedió algo —señaló ésta, deteniéndose enfrente del sillón.

Shikamaru de inmediato se puso de pie.

—Pues sí, mamá, te quería preguntar por esto —acotó con seriedad, extendiendo el álbum.

Yoshino lo observó y lo tomó entre sus manos.

—¿Por qué lo tienes tú, Shikamaru? —inquirió ésta, con curiosidad.

—Esa es la pregunta que yo te debiese hacer —la interpeló, Shikamaru, mirándola fijamente—, ¿por qué lo tenías tú, mamá? Se supone que yo lo boté hace años.

Yoshino miró el álbum por unos segundos y luego suspiró.

—Discúlpame Shikamaru, pero ese día que tiraste todo lo que tenía que ver con Temari, yo no pude evitar no recogerlo —acotó ésta, con sinceridad—. Aunque en ese momento, el quiebre de ustedes evidenciaba no tener vuelta atrás, algo en mi interior, me impulsó a guardarlo —hizo una pausa y enseguida prosiguió—. Me imaginé que tú ya habías borrado todas fotografías de tu laptop y yo… y yo me lo quedé pensando que quizás, en un futuro no muy lejano, podría haber una reconciliación entre ustedes. Lo tuve mucho tiempo guardado bajo siete llaves, y sólo el día que me enteré de la existencia de mi nieto, supe que tenía que sacarlo de su escondite y dejarlo junto a los otros álbumes de la familia. Quizás para ustedes no signifique nada, pero yo sé que para mi nieto, sí. Es la evidencia de que sus padres alguna vez se quisieron, y de que él fue producto de ese gran amor.

Shikamaru se quedó pensativo por unos segundos.

—El álbum llegó a mis manos, porque Dai vino a enseñarme unas fotografías —señaló éste, en su tono habitual—. Fue el álbum que escogió para entretenerse, mientras tú buscabas la tinta de la impresora. Lo eligió porque era de color verde —sonrió de medio lado—. Extraña coincidencia, ¿no?

Yoshino esbozó una sutil sonrisa.

—Pues sí… y dime hijo, ¿le gustó?

Su madre lo miró con expectación.

—Quedó fascinado —respondió, Shikamaru, con orgullo—. Te agradezco el detalle de conservarlo, pero creo que ese no es el mejor lugar para guardarlo.

Yoshino frunció el entrecejo enseguida.

—¿Por qué no? —inquirió intrigada—, sólo los miembros de esta familia vamos a esa habitación.

—No quiero que Tayuya lo vea —señaló con su voz cansina—, eso me puede generar más de un problema.

Su madre lo miró molesta.

—Shikamaru, tu esposa rara vez viene a visitarnos, y cuando viene siempre está apegada a ti —acotó con firmeza y luego continuó—. Así que dudo que, alguna vez, ella entre a la biblioteca por iniciativa propia y encuentre el álbum.

Shikamaru soltó un suspiro.

—Yoshino-san —intervine con el fin de menguar los ánimos.

Ésta de inmediato desvió su mirada hacia mí.

—¿Dime, Temari?

—Gracias por haber guardado ese álbum —espeté con franqueza, pensando siempre en la felicidad de mi hijo—. Seguro que Shikadai es el más feliz de todos, sin embargo, quisiera pedirle un favor.

Hice una pausa.

—Habla con confianza, Temari —señaló, Yoshino, de forma cariñosa.

—No le regale el álbum a Dai —acoté sin entrar en detalles—. Creo que ese álbum estará más seguro estando en sus manos.

Aquella petición no solamente la hacía por mí, sino que también por Shikamaru.

Yoshino esbozó una sonrisa.

—No te preocupes, hija, yo lo conservaré, puedes estar tranquila.

—Gracias, Yoshino-san —espeté con sinceridad. Era una mujer de palabra, en la cual yo podía confiar.

Después de aclarar el tema del viejo álbum, nos traslados hacia el jardín. Me quedé con Yoshino conversando en la mesita de la terraza, mientras Shikamaru y Shikaku jugaban con Dai en el jardín.

Era impresionante ver a mi niño desenvolverse junto a su padre y su abuelo. Se notaba que en esta casa, él era muy feliz. Lo veía correr y saltar como un conejo, y también lo escuchaba reír.

—Temari, ¿tienes pensado celebrar el cumpleaños de Dai? —inquirió, Yoshino, mientras yo observaba a mi hijo jugar.

Giré mi rostro hacia a ella.

—Sí, pero todavía no lo he planificado nada —le respondí tomando el vaso de jugo que tenía enfrente y le di un par de sorbos—. Todavía falta más un mes.

—¿Y dónde lo piensas celebrar? —al escuchar su pregunta, me imaginé a donde quería llegar.

Dejé el vaso sobre la mesa.

—Supongo que nuestra casa —espeté de lo más normal—. Ahí hay bastante espacio para hacer una celebración.

—Me imagino que Shikamaru querrá celebrarlo acá —señaló con seguridad, y yo no pude evitar sonreír.

—Es lo más probable, Yoshino-san —le dije mirándola de forma afectuosa—, aunque él todavía no me ha dicho nada.

—Hija, no me sigas diciendo Yoshino-san —espetó colocando su mano sobre la mía—, nos conocemos hace bastante años, solo dime Yoshino, así a secas.

Sonreí.

—Nunca he podido decirle así —acoté con franqueza.

Ella me sonrió de vuelta.

—Necesito descansar —nos interrumpió de pronto, Shikaku, quien se acercaba hacia acá—, mi nieto me ha quitado todas las energías.

Con parsimonia avanzó hacia una de las sillas y se sentó. Echó la cabeza hacia atrás y comenzó a regular la respiración.

Se veía exhausto.

—Eres un vago, Shikaku —le reclamó, Yoshino, como siempre. Yo simplemente me dediqué a observar la escena—, seguro corriste dos metros y te cansaste.

Shikaku bufó y luego enderezó la cabeza.

—Mujer, corrí mucho más que eso —espetó en su defensa—, pero yo ya no estoy para esos trotes.

Yoshino negó con la cabeza.

—Mamita… el abue Shikaku… se cansó —acotó, mi pequeño, con la voz entrecortada.

—Sí, me di cuenta —le dije, pasándole mi vaso de jugo. Él lo recibió y se lo tomó enseguida—. Déjalo descansar un rato.

—Pero falta uno —insistió regresándome el vaso.

—Anda tú, Temari —espetó, Yoshino, con cierto entusiasmo—, yo me quedó en compañía de este vago.

Sonreí y me puse de pie.

—Está bien, yo te acompaño —le dije a Dai y éste me tomó de la mano. Nos fuimos rápidamente hacia el jardín.

—¿Y a qué están jugando? —inquirí cuando ya estaba caminando sobre el pasto.

—A las escondidas.

Apenas lo escuché me detuve enseguida.

—Pero yo no puedo jugar a eso, Dai —me excusé al mismo tiempo que le solté la mano —, ando con zapatos altos.

—No te compliques por eso, mujer —espetó de repente, Shikamaru, desde mi lado izquierdo. Volteé mi cabeza para buscarlo. Estaba sentado al pie de un gran árbol—, te sacas los zapatos y ya.

—¡Sí mamá! —exclamó, Dai, con gran entusiasmo —, y jugamos los tes.

No podía negarle a mi hijo la oportunidad de que jugara con sus padres, ya que ésta sería su primera vez.

—Está bien, ustedes ganan —acoté con una sonrisa, dejándome llevar por la felicidad que veía en el rostro de mi pequeño hijo

Jugamos casi una hora, hasta que Yoshino nos llamó a merendar. No podía negar que me divirtió mucho jugar con ese par. Se quejaban de la misma manera, ya que yo era mucho más hábil que ellos, tanto para esconderme como para buscar.

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—Nos vemos el sábado, Dai —espetó, Shikamaru, dándole un beso en la mejilla —. Te quiero mucho.

—Yo tamben te quero, papito —acotó, Dai, con una sonrisa.

Ambos se despidieron moviendo la mano, y a los segundos, Shikamaru cerró la puerta.

Lentamente se acercó a mí.

—Gracias por haber venido a la casa de mis viejos, Temari —señaló, Shikamaru, con una sutil sonrisa—. No imaginas lo feliz que has hecho a mi madre.

—Lo sé —acoté con suficiencia—, ella me lo dijo en el momento que nos despedimos.

Shikamaru de inmediato bufó.

—Problemática, yo sólo te estaba dando las gracias en su nombre.

Sonreí con sorna.

—Lo sé, sólo te quería fastidiar.

Al oír mi comentario, esbozó una semi sonrisa.

Ese cruce de palabras quizás había estado demás, sin embargo, se me hizo necesario iniciarlo.

A los segundos, aclaró su voz.

—Sabes, mujer, hay algo que te debo contar.

La seriedad de sus palabras, llamó mi atención.

—Dime —le dije por inercia.

Sonrió con alegría.

—Shikadai, ya es legalmente mi hijo.

Aquella noticia me sorprendió.

—¿Ya se hizo efectivo el cambio de apellido? —inquirí con interés. Me costaba creer que ese trámite fuese tan rápido.

—Sí, mi abogado me envió el nuevo certificado de nacimiento esta mañana —señaló sacando el celular de su bolsillo. Observé que entró a su correo, y enseguida abrió un archivo— Mira, ahora aquí figura que yo soy su padre.

Leí su nombre junto al mío, en el aquel documento. Luego miré el apellido de mi hijo.

—Nara Shikadai —acoté con una sincera sonrisa—, suena bien.

—Te voy a enviar el archivo del documento a tu correo y a tu whatsapp, así lo imprimes en tu casa y mañana lo llevas al jardín.

Su ansiedad me causó cierta gracia.

—Tranquilo, vago —espeté de lo más normal—, te prometo que mañana llevaré el certificado sin falta.

La alegría que transmitía su mirada, se tornó algo nostálgica.

—Hace tanto tiempo que no me llamabas así —señaló en un susurro.

Su comentario hizo que dimensionara mis palabras.

—Yo… yo… lo siento, se me escapó —acoté con sinceridad.

—Tu subconsciente te traicionó.

Tenía tanta razón.

—Puede ser —espeté y enseguida bajé la mirada—. Bueno, yo ya me voy.

Sentí la calidez de su mano en mi mentón. Volví a mirarlo a los ojos.

—Buenas noches, mujer —susurró acercándose y depositando un suave beso en mi mejilla—, conduce con cuidado.

Aquel gesto hizo que se me desbocara el corazón. Tenía de disimular de alguna forma la emoción que me provocó.

—Buenas noches, nos estamos viendo —acoté secamente y luego me subí a mi carro, encendiendo el motor con prontitud. Saqué el vehículo del estacionamiento a una velocidad moderada, y así conduje hasta salir de la casa de los Nara.

Al tomar la primera avenida, me sentí más relajada.

—¿Cómo lo pasaste, Shikadai? —inquirí con sincero interés.

—Ben —respondió con una sonrisa—, me gustó jugar con papá y mamá.

Sonreí para sí.

—Yo también la pasé muy bien, Dai —acoté sin despegar mi vista del carril—. Me gustó compartir un rato contigo y tu papá.

Sin duda, había sido un momento muy especial.

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CONTINUARÁ…

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Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo.

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor. Yo los amo con el corazón :D

Durante la semana responderé los reviews pendientes. Siento mucho la demora :/

Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami... un poquito de tiempo por favor).

Nos vemos en mi próxima actualización.

Saludos. Besos y abrazos para todos.