Voltron: Dark Universe
Capítulo 22:
"Duelo Final – Parte 3"
…
Lance yacía inconsciente de nuevo. Habían retirado su armadura, limpiado sus heridas, y ahora lo colocaban con sumo cuidado en una cápsula de sanación en el Castillo. Todos se encontraban a su alrededor, y una vez dentro y cuando la cápsula se cerró, finalmente sintieron alivio.
—Bueno —dijo Shiro —ahora te toca a ti.
Keith aún sujetaba su costado —Heh, en serio —volvió a sentir dolor —no es para tanto. Estaré bien.
—¿Bromeas? ¡Luces terrible! —le dijo.
—Gracias.
Allura tocó su hombro —Keith, tú también necesitas descansar. Hazlo por nosotros.
Keith pensaba discutir, pero el dolor lo hizo cambiar de parecer —Bien… lo haré, pero sólo un par de horas —caminó a la cápsula.
—Muchacho —dijo Coran —tu armadura.
Keith ya estaba entrando —Aagh, de acuerdo. Salió de la cápsula, de pronto el Castillo se sacudió y las luces parpadearon —¿Qué fue eso?
—¿Perdimos energía otra vez? —preguntó Allura, miró a Coran.
—Lo averiguaré —Coran se dirigió hacia un panel que se encontraba detrás de ellos —Hmm, no fue algo del interior, debió ser algo que golpeamos. Aún hay asteroides flotando cerca de nosotros. No debería de… —el Castillo volvió a sacudirse —…volver a suceder.
—No es coincidencia —dijo Keith —hay que ir al puente a ver.
—Keith —dijo Shiro —tú tienes que quedarte a descansar.
—Shiro, yo… —Keith se detuvo. Tuvo un presentimiento y una extraña sensación recorrió su cuerpo. Un escalofrío. Su mano cosquilleó y volvió a brillar.
—¿Keith?
—…Sigue con vida… —susurró.
—¿Qué dices?
Lance, en su cápsula comenzó a quejarse y a hacer muecas de dolor.
—¡Sigue con vida!
Keith se dio la vuelta y corrió hacia el puente. Sus amigos lo llamaron, pero tuvieron que ir tras él.
…
…
El suelo de la cueva temblaba y comenzó a crujir. Las paredes se resquebrajaron y los cristales de Quintaescencia Oscura parpadeaban sin cesar. La cueva, así como el resto de Orion Prime se volvió a iluminar, pero en lugar de lanzar una onda expansiva, comenzó a colapsar. La Bestia Oscura abrió sus ojos y lanzó un poderoso rugido. El suelo se rompió y dio paso a una enorme garra, la cual comenzó a transformarse en un ala.
…
Al llegar al puente se toparon con Orion Prime. Una luz emanaba de su interior y estaba destruyéndose cada vez más rápido. Y de pronto una enorme garra emergió desde su centro y se transformó en un ala.
—¡Pero qué demonios! —exclamó Hunk —¿Cómo hizo eso?
Keith recordó una sola frase, era algo que le había dicho Lance —No queda mucho tiempo, se está preparando para emerger…
—Emerger —dijo en voz alta —Emerger… ¡Se estaba preparando para emerger! —Miró al planeta, y una segunda ala emergió —¡Maldita sea! ¡Nos engañó! ¡Eso no era su refugio, ni estaba intentando reconstruir el planeta!
Pidge captó la idea —era un capullo… alteró las propiedades físicas del planeta y la convirtió en su propia incubadora.
Un último destello, y Orion Prime hizo explosión, y en el centro apareció una criatura alada similar a un dragón, brillando en luz violeta. Lanzó un rugido, y Keith sabía que era la Bestia Oscura, ahora con una forma física propia.
—¡No se ha acabado! —se dio la vuelta.
—¿Y tú a dónde crees vas? —preguntó Shiro.
—¡Voy a enfrentarla!
—¡Por supuesto que no! ¿Acaso quieres que te mate?
—¡Si no la detenemos ahora, no podremos después! ¡Y yo tengo la Quintaescencia! —se detuvo —Ahora, ¿están conmigo? —se giró hacia los demás.
Todos asintieron, y Keith miró a Shiro de nuevo —Siempre —le dijo.
…
La Bestia Oscura agitaba sus nuevas extremidades, parecía tratar de adaptarse a sus alas. Y cuando por fin pudo agitarlas se giró hacia el Castillo. Percibió cuatro destellos de luz, lanzó un rugido y voló en su dirección. Se detuvo cuando los cuatro Leones aparecieron frente a él. La Bestia era incluso más grande que el León Negro.
—¿Creen que nos reconoce? —preguntó Hunk.
La Bestia distinguió al León Negro —Keith —dijo. Después abrió su boca y disparó un rayo de energía en su dirección.
—¡Claro que lo hace! —respondió Keith.
La Bestia le rugió una vez más y le lanzó hacia ellos. Los Leones se separaron y la Bestia persiguió al León Negro. Le disparó de nuevo y volvió a fallar. Luego la Bestia comenzó a brillar y su velocidad aumentó. Logró alcanzar al León Negro y sujetó su cuello con sus mandíbulas, lo que liberó una descarga de Quintaescencia Oscura en su interior. Keith lanzó un grito.
Entonces el León Amarillo se colisionó contra la Bestia Oscura. Soltó al León Negro, y luego los Leones Verde y Azul le dispararon. La Bestia Oscura rugió de dolor, y luego se cubrió con las alas. Comenzó a brillar, se descubrió y su cuerpo emitió una onda de energía. Los Leones dieron vuelta y volaron en dirección contraria, pero la onda los alcanzó y les provocó dolor. Keith en especial se sentía muy agotado, cada ataque no hacía más que agravar el malestar de su costado. Creía que seguía sangrando, pero no iba a darse por vencido. La Bestia Oscura colisionó contra el León. Lo sujetó con sus garras y abrió la mandíbula, entonces recibió impactos. Las armas del Castillo lo atacaban, y Shiro disparaba el enorme cañón.
La Bestia Oscura rugió y se lanzó directo al Castillo, pero chocó con la barrera de este. Después, sus extremidades brillaron y empezó a atravesar la barrera lentamente. Keith aprovechó la distracción y se lanzó contra la Bestia. Arremetió contra él, y disparó. El León Negro sujetó a la Bestia de su cola, la arrastró y finalmente la lanzó contra uno de los asteroides.
La Bestia impactó y dejó de moverse. Los Paladines se acercaron, sólo para observar que su cuerpo volvía a brillar. La Bestia rugía y la luz la cubría cada vez más. Entonces sus alas y sus brazos se separaron. Sus patas traseras se convirtieron en piernas humanoides. No sólo eso, una vez que la Bestia terminó de transformarse, también era más grande. Logró sostenerse en sus dos piernas y le sonrió a los Leones.
—¡Lo diré de nuevo! —gritó —¿Eso es todo?
La Bestia desplegó sus alas y fue directo a los Leones, una vez más se tuvieron que separar, pero el nuevo tamaño de la Bestia, así como sus extremidades, le permitieron alcanzarlos. Lanzó zarpazos, y seguía disparando de su boca. Finalmente, disparó e impactó directamente al León Negro. Keith lanzó un grito…
…El León Rojo se activó. Su barrera desapareció… y Lance despertó.
La cápsula se abrió y él cayó al suelo. Todo su cuerpo le dolía y se sentía débil. Pero sintió el llamado. Su cabeza le dolió terriblemente, aún podía escuchar a la Bestia Oscura, sabía lo que sucedía afuera y debía hacer algo de inmediato. Con esfuerzo se obligó a levantarse. Una vez de pie, comenzó a caminar, aunque cojeaba de la pierna derecha, y se tambaleó cuando el Castillo se sacudió. Las luces parpadearon, y Lance supo que no quedaba mucho tiempo. Se apresuró. El Castillo se sacudió una vez más y él tuvo que sostenerse de la pared para no caer. Después de caminar por los pasillos que parecían interminables, Lance por fin encontró su armadura. Se apresuró a ponérsela, aunque aún estuviera dañada. Y una vez que estuvo listo se dirigió al hangar del León Rojo. Una vez allí, alzó la vista y se topó con el León. Se encontraba de pie, esperándolo. Lance se acercó y sonrió —Me da gusto verte —Lance percibió una respuesta del León, era un —igual yo—. El Castillo se sacudió de nuevo, esta vez más fuerte, y Lance miró a Rojo —Llegó la hora.
…
La Bestia Oscura no dejaba de crecer, se colocó sobre el Castillo y asestó un golpe.
—¡Princesa! —llamó Coran —¡Los escudos no van a resistir mucho más!
La Bestia Oscura estaba por golpear de nuevo, cuando recibió un impacto en la espalda. Se giró y el León Azul lo golpeó. Antes de recuperarse, el León Amarillo hizo lo mismo, y la Bestia se separó del Castillo. La Bestia se recuperó y disparó hacia los Leones. Se detuvo y dio un coletazo hacia atrás, lo cual impactó con el León Verde, a pesar de ser invisible. El León Negro llegó por arriba y ambos impactaron.
La Bestia rugió una vez más, y abrió sus mandíbulas. El León Negro se apartó justo cuando disparaba de nuevo, pero la Bestia lo siguió y volvió a impactar. Keith sintió un terrible dolor, no solo en su costado, sino en todo el cuerpo. Cada vez se sentía más agotado, sus manos temblaban y estaba sudando. La Bestia estaba por atacarlo, pero una vez más los otros Leones volvieron a detenerlo. La Bestia volvió a reunir energía, se iluminó y soltó una onda expansiva que inhabilitó a los Leones temporalmente.
La Bestia sujetó la cabeza del León Negro he hizo que lo mirara fijamente.
—Esto se acabó —le dijo con una sonrisa —¡Fue divertido, Paladín! Pero ahora, vas a morir… —Keith presentía que era verdad.
Ni siquiera se molestó en buscar el arma de Quintaescencia. Sabía que no se iba a manifestar. Escuchó a sus amigos hablar por el comunicador, pero no entendió lo que decían. La Bestia abrió su mandíbula para disparar una vez más, y entonces una luz roja detrás de él. Keith vio un objeto acercándose a gran velocidad. Este disparó a la Bestia y finalmente chocó contra él, arrojándolo lejos de Keith. Éste recuperó el control del León y giró para ver a su salvador. Era el León Rojo.
—¡Keith! ¿Estás bien?
—¡¿Lance?! ¡Qué de-!
—¡Sí, sí! ¿Qué hago aquí? ¿Te molestaría regañarme después?
—¡Lance! —lo llamaron los demás, acercándose —¡Deberías estar en la cápsula!
—¡Ah, ¿sí?! ¿Y ustedes qué? ¿Van a morir aquí afuera? ¡Yo creo que no! ¡Vamos, hay que deshacernos de esta basura!
La Bestia Oscura se recuperó y volvió a rugir —¡Vaya, vaya! ¡Comenzaba a extrañarte!
—¡No lo escuchen! —dijo Keith volviendo a volar. El Castillo volvió a dispararle, y la Bestia le disparó una vez más.
—¡Tienen su atención! —dijo Allura —¿Cómo procedemos?
Keith no lo dudó ni un instante —Hay que terminar con esto de una vez por todas… ¡Todos! ¡Formen a Voltron!
…
La Bestia se lanzó directo al Castillo y lo golpeó con ambos puños. Finalmente, la barrera desapareció. La Bestia eligió mirar el Castillo antes de dispararle por última vez. Y de pronto, una espada cortó su espalda. La Bestia lanzó un rugido, mientras la herida brillaba en su cuerpo. Se giró y se vio cara a cara con Voltron, el Defensor Legendario.
A pesar del dolor causado, la Bestia sonrió —Vaya, vaya… Al fin… El poder de los cinco Leones… —giró su rostro y sonrió aún más —Veamos qué tan buenos son en realidad…
La Bestia volvió a disparar.
—¡Escudo! —dijo Keith, y este se formó. El impacto los hizo retroceder, pero no los hirió. Al recuperarse, la Bestia ya iba contra ellos e impactó.
Volvió a rugir, pero Voltron logró golpearlo en la cara. Después volvió a atacarlo con la espada, pero La Bestia lograba resistir la hoja. La Bestia los lanzó hacia abajo, pero Voltron se recuperó antes de caer y se lanzó hacia la Bestia, impactando de la misma forma. La Bestia comenzó a brillar de nuevo.
—¡Ah, no! —dijo Pidge —¡No lo harás! —el brazo del León Verde sujetó su cabeza, y entonces le disparó.
La Bestia rugió, dejó de brillar y entonces el brazo del León Rojo también lo golpeó. Luego, Voltron activó el cañón amarillo, y disparó contra la Bestia, lanzándolo directo contra otro asteroide.
Keith respiraba agitado, y luchaba contra el dolor que sentía en su cuerpo.
—¿Se encuentran bien?
—Afirmativo. Sí —dijeron.
—¿Creen que funcionó? —preguntó Hunk.
Lance, que también estaba agotado, sintió de pronto un dolor intenso en la cabeza y gritó.
—¡Lance! —lo llamó Keith —¿Qué sucede?
—¡Aaaaah!... ¡Aún viene!
Una luz violeta surgió en el asteroide, y una onda expansiva la destruyó. La Bestia brillaba, y claramente había aumentado en tamaño.
—¡No puede ser! —dijo Allura —¡Nada lo para!
En su mano, la luz blanca reapareció, y cuando Keith la levantó, el Cristal Luminoso reapareció, y este tomó la forma de un Bayard, justo para colocarlo en el León Negro.
—¡Sí hay un modo! ¡Quintaesencia Luminosa!
—¡Pero no es suficiente! —dijo Lance, aún con dolor —¡Necesitamos más Cristales, y no los hay!
—¡Sí los hay! —dijo Pidge —¡Nosotros tenemos!
—¡Pero no son de Quintaescencia Luminosa! —dijo Hunk —¿O sí?
—¡Debemos usarlos! —dijo Keith.
—¡Pero ,¿cómo pretendes hacerlo?!
—¡No lo sé!
La Bestia volvió a rugir y voló hacia ellos. Les disparó de nuevo, y Voltron se protegió con el escudo. La Bestia los alcanzó y comenzaron a pelear de nuevo.
—¡Coran! ¡Shiro! —los llamó —¿Pueden oírnos? ¿Se encuentran bien?
—…¡Aquí estamos! —respondió Shiro —Pero el último impacto nos dejó inmovilizados. Estamos tratando de resolver esto.
—¡De acuerdo! ¡Escuha! ¡Necesitamos los Cristales de Quintaescencia que tenemos! ¡Aah! ¡Son la clave para vencer a la Bestia!
—¡Keith! —lo llamó Pidge —¡Aún no sabemos cómo hacer eso!
—¡Algo se nos ocurrirá!
La Bestia volvió a disparar, y esta vez acertó directamente a Voltron. Los Paladines lanzaron un grito, y entonces la Bestia los sujetó con fuerza y volvió a iluminarse. Lanzó una onda expansiva, que terminó rebotando directamente en Voltron provocándole un cortocircuito y reducción de energía. Después la Bestia los alzó en el espacio y los hizo estrellarse en otro asteroide.
—¿Qué fue eso? —preguntó Hunk —fue como sí…
Y Keith abrió los ojos, ahora sabiendo qué hacer —Como si absorbiéramos su poder…
—Exacto.
—¡Shiro! ¿Ya encontraste los Cristales?
—¡Estoy en eso!
—¡Necesito que cuando los tengas, coloques esos Cristales en el cañón del Castillo!
—¿Qué cosa? Espera, ¿qué? —preguntaron.
—¡Ya me oyeron!
—Keith —dijo Allura —¿qué planeas? ¿dispararle a la Bestia?
—¡En nuestras condiciones actuales es imposible movernos! —dijo Coran —¡Sólo tendríamos una oportunidad de hacer el disparo!
—¡No le dispararán a la Bestia! —recuperó el aliento —Lo harás a nosotros.
—¡¿Qué?! —exclamaron.
Keith gruñó —¡Escúchenme! La Bestia es de Quintaescencia, y sólo eso puede dañarla. Cargaremos el cañón, el disparo irá a nosotros, y absorberemos esa energía, ¡Así tendremos la fuerza para derrotarlo!
—Tiene razón —dijo Lance —Debemos absorber ese poder, si queremos contrarrestar el suyo.
—¿¡Tienen idea de lo que eso significa!? —preguntó Coran —¡Un ataque de tanta magnitud podría sobrecargar a Voltron! ¡Podría provocarles daño a ustedes mismos! ¡Ni siquiera sabemos si Voltron lo va a absorber! ¿Qué tal si terminamos haciéndoles daño?
—¡Va a funcionar! —Keith se detuvo —Pero no lo haré, a menos que todos estén de acuerdo. Si tienen miedo, si creen que no va a funcionar… por favor… quiero saberlo ahora.
Hubo un silencio momentáneo, hasta que Lance habló —Yo acepto el riesgo.
Hunk dijo lo mismo —Yo lo acepto.
—Y yo —dijo Pidge.
—…Cuentan conmigo —dijo Allura —Lo lograremos. ¿Coran?
Después de unos segundos respondió —Lo haremos.
—Bien —dijo Keith, y de pronto la Bestia cayó sobre ellos y comenzó a golpearlos —¡De prisa! ¡No nos queda mucho!
La Bestia iba a lanzar otro golpe, pero Voltron disparó de sus brazos. Después se impulsó y arremetió contra la Bestia. Una vez más se entrelazaron y lanzaron golpes y disparos.
…
Coran ya estaba en el compartimento del cañón, Shiro llegó con los Cristales —¡Eran todos los que había! ¿Ahora qué?
Coran presionó un panel y un compartimento se abrió, revelando todo un sistema brillando en azul. —Hay que insertar los Cristales ahí.
Con cuidado, Coran tomó uno de los Cristales y lo acercó. No estaba seguro de qué debía hacer exactamente, y temía que si los colocaba mal sólo saldrían disparados los fragmentos al espacio. Sin embargo, el Cristal que sostenía comenzó a brillar y se convirtió en destellos, los cuales entraron directo en el arma y su brillo comenzó a cambiar a blanco. —De acuerdo, pásame otro.
…
La Bestia sujetó el brazo rojo de Voltron y lo jaló tratando de separarlo. Voltron recuperó fuerza y jaló el brazo, trayendo a la Bestia al alcance de la pierna amarilla, que lo golpeó con fuerza. El cañón amarillo reapareció y disparó. La Bestia fue lanzada lejos, pero no se detenía, ni parecía debilitarse. Volvió a disparar, y Voltron hizo lo mismo. Ambos láseres colisionaron, lo que creó una intensa luz y una explosión que arrojó a los combatientes lejos.
—¡Paladines! —dijo Shiro, dudó antes de continuar —¡Estamos listos!
Keith abrió los ojos. Aún sostenía el Bayard de Quintaescencia, y sabía que era el momento de usarlo —Hagámoslo.
Voltron volvió a levantarse, y a prisa voló en dirección al Castillo. Luego se detuvo.
—Amigos… —dijo Keith —Yo… Si esto no funciona… Si no lo logramos… por favor, perdónenme.
—¡Funcionará, Keith! —dijo Lance —Confiamos en ti.
Keith se rio. Y entonces la Bestia volvió a rugirles. Desde donde estaba volvió a disparar y Voltron sacó el escudo.
—¡Ahora o nunca! —gritó Allura.
—¡Ahora!
Temeroso. Shiro apuntó a Voltron, y disparó.
El cañón se iluminó y de él salió un láser blanco. Voltron dejó ir el escudo, se giró y recibió el impacto en su pecho. La fuerza del impacto, y el poder de la Quintaescencia los hizo gritar a todos. Y entonces Voltron comenzó a iluminarse. La Bestia no entendía lo que ocurría, pero no se detendría para averiguarlo. Se preparó y se lanzó directamente hacia ellos.
A pesar del dolor, Keith abrió los ojos y miró el compartimento. Sujetó con fuerza el Bayard de Quintaescencia y lo activó dando un grito. Los ojos de Voltron se volvieron blancos. La Bestia estaba por impactar, y de pronto una espada lo cortó en el pecho. Lanzó un grito de dolor y después miró de nuevo a Voltron. Todo él brillaba en luz blanca, en Quintaescencia Luminosa. Voltron volvió a cortarlo con la Espada blanca que portaba y la Bestia volvió a sufrir dolor. Trató de alejarse, pero Voltron logró herirlo en su espalda de nuevo y cortó una de sus alas. Finalmente, y para terminar con todo, Voltron sujetó la espada con ambas manos, se impulsó girándose hacia atrás, y finalmente clavó la espada en el pecho de la Bestia. Ambos seres comenzaron a iluminarse, y Voltron finalmente cortó a la Bestia hacia arriba, justo como Keith lo hizo en lo que era Orion Prime…
…Después una explosión de luz…
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La Bestia Oscura agitaba sus alas, pero no podía moverse a ningún sitio. Sólo rugía mientras se desvanecía —¡No volveré a desaparecer!... ¡No me iré!... ¡ya estoy dentro!… —La Bestia rio, pero conforme se desintegraba volvió a rugir —Nos volveremos a ver… …Keith… —y dicho esto, la Bestia se desvaneció…
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Keith abrió sus ojos con dificultad. La cabeza le daba vueltas y todo el cuerpo le dolía. Logró ver a la Bestia Oscura antes de finalmente desaparecer, y el destello blanco también desapareció. Aunque él aún sentía la energía Luminosa en su interior.
Se dio cuenta entonces que flotaba a la deriva. Pudo ver a los otros Leones flotando igual que él. Entonces el León Negro se activó. Keith se movió con dificultad.
—¿Chicos? —dijo agotado —¿Están ahí? —esperó —¿Se encuentran bien? —no recibía respuesta —¡¿Chicos?! ¿Coran? ¿Allura? Shiro… Pidge… Hunk… ¿Lance? —volvió a esperar, y cada segundo no hacía más que angustiarlo. Hasta que escuchó a Shiro y Coran.
—¡¿Paladines?! ¿Están bien?
—Sí… —dijo.
—Aquí estoy —dijo Hunk.
Keith se rio aliviado. —¡Hunk! ¿Te encuentras bien?
—Sí… de cabeza, pero bien.
—¿Pidge?
—Aquí estoy amigos… funcionando al cien…
—¿Allura?
—Aquí estoy Keith… —ella rio —Funcionó.
—Sí… funcionó. ¡Funcionó!
—Sí… funcionó.
—¿Funcionó?
—Funcionó —dijo Keith, riéndose a pesar de sentir dolor y cansancio.
—¿Lance? —esperó… pero no recibió respuesta —¿Lance? ¿Puedes oírme?
—Oye, ¿Lance? —lo llamó Hunk —Amigo, contesta. ¡Funcionó!
—¿Lance? —lo llamó Keith, al igual que los demás. Logró ver al León Rojo flotando sin energía —…No…
El León Negro se movió y fue por el León Rojo. Lo sujetó y regresó al Castillo tan rápido como pudo.
…
Depositó al León Rojo en el suelo y aterrizó. Keith salió tan rápido como pudo y se tambaleó. Sus piernas temblaban, pero no cedió. Logró entrar al León Rojo.
—¡Lance! ¡Háblame! —Keith caminó hasta llegar al asiento del piloto. Y lo encontró ahí inmóvil.
—…No… —dijo. Su respiración se aceleró y se acercó a él. Se quitó su casco y retiró el suyo. Acercó su oído a su boca y no percibió nada. Se quitó su guante, y sintió su piel. Seguía caliente —¡Lance! ¡Lance! ¡Despierta! ¡Por favor!
Lo tomó en sus brazos para sacarlo del León. Justo cuando llegó a la salida, Keith se tambaleó y ambos cayeron al suelo. Keith escuchó pasos y abrió los ojos. Sabía que eran los otros, pero su vista se nubló y no podía verlos con claridad. Sólo vio a Lance a su lado. Keith luchó por levantarse de nuevo y se postró junto a él.
—¡Lance! ¡No nos hagas esto! ¡No lo hagas! —comenzó a llorar —¡No puedes rendirte!
Alguien estaba a su lado. Era Shiro, pero no le hizo caso. Keith puso sus manos en el pecho de Lance y comenzó a presionar, una y otra vez —¡Lance! ¡Despierta! —si lo hacía bien o no, no importó. Keith ya no tuvo fuerzas para continuar, y Lance no despertaba. Keith levantó la vista, y se encontró con sus amigos. Todos a su alrededor, todos llorando una vez más por Lance. Porque una vez más había fallado en salvarlo. Keith pensó en muchas cosas a la vez: en que falló, sintió odio, sintió dolor, tristeza, recordó el pasado, pensó en el futuro, recordaba a Lance, recordó todo antes de esta pesadilla. Recordó sus errores, recordó sus fallas. Sabía que era su culpa. Lo era. Había fallado de nuevo. Ni siquiera con…
Abrió los ojos —La Quintaescencia… —dijo en voz baja.
Keith no quería mirar. Sólo cerró los ojos y escuchó a la Bestia Blanca hablar —La espada te ha reconocido como su portador, Keith Kogane… esta arma no se manifestará para matar, sino para salvar, y sólo cuando llegue el momento, se materializará en tu mano.
Keith creyó. Él confió. Porque eso es lo que iba a hacer. Lo iba a salvar. Keith buscó en su costado, y se topó con el mango de la espada blanca. Lo tomó y lo miró. La espada no tenía su tamaño normal, en realidad parecía una daga. Miró a Lance y apuntó a su corazón.
—¡¿Qué diablos intentas hacer?! —le gritó Pidge, y él ni siquiera se alteró. Sólo la miró.
—…Confía en mí… —y ella lo hizo. Así como todos.
Keith sujetó el objeto con ambas manos. Respiró hondo y creyó. Comenzó a bajarla lentamente, y cuando llegó al pecho de Lance comenzó a brillar y a traspasarlo. Keith continuó bajándola lentamente y el arma se hundía cada vez más él. En realidad, y para sorpresa de todos, no lo atravesaba ni lo hería, el arma, que era Quintaescencia pura, se estaba volviendo parte de él y era absorbida por su corazón. Keith prosiguió, hasta que sus propias manos estaban sobre su pecho. Después las apartó y la Quintaescencia desapareció. De pronto Lance se iluminó brevemente de blanco y respiró.
Una vez más se soltaron a llorar, pero no por tristeza, sino porque estaba vivo. Estaba vivo. Ahora sólo estaba dormido.
Keith se echó para atrás. Aún con sus ojos llorosos trató de sonreír, pero el costado le dolió con tal intensidad que se inclinó.
—¿Keith? —preguntó Shiro —¿Qué sucede?
Keith retiró su mano, ahora sin guante, y la descubrió manchada de rojo. Y finalmente cayó al suelo. Todo se movía lento a su alrededor, su vista se nubló completamente… y se desmayó.
….
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