22 juego y atracción

Ciel fue directo a su habitación y allí se quedó hasta que la noche empezaba a caer, ya no quería pensar en Sebastian si él había decidido irse no podía obligar a que regresara, contenía las lágrimas, no le daría el gusto de que volviera en cualquier momento y lo viera llorar. Al parecer el sentimiento de tristeza y arrepentimiento se transformaba en uno de enojo y orgullo, era consciente que eso complicaría más su relación pero no quería volverse vulnerable ante su partida o de la decisión que fuera a tomar después, era como que estuviera resignado a una separación aún cuando el demonio no había tomado una resolución.

Mientras su amo pensaba en su cama, los sirvientes se paseaban en la cocina preocupados y afligidos por la situación de su joven amo, ya que Finny había leído la nota que dejó el mayordomo y se los comunicó a los demás.

-¿Creen que el joven amo se animará con esto?- Cuestionaba con un semblante triste el jardinero, pensando en el agobio de su señor su mirada se tornaba llorosa y se sentía algo culpable.

-¡Este postre es de la mejor pastelería de Londres, así que creo que le gustará!- Muy animado decía el cocinero tratando de levantar el ánimo a sus compañeros y para sí mismo también, aunque no lo mostraba se sentía igual de triste.

-Pero que costoso salió...- Terminaba de decir mientras lo servía en un plato junto con una taza de té que se esmeraron en preparar para que se pareciera en algo al que le preparaba su mayordomo.

-Todo sea por animar al joven amo

Dijo la sirvienta con una sonrisa esperanzada en que ese postre sea del agrado de su joven señor y le levantara en algo su ánimo, pues desde la tarde no lo volvieron a ver, ya que se encerró en su habitación.

-Ahora ¿Quién se lo va a llevar?-Murmuraban entre ellos algo nerviosos suponían que su amo estaría deprimido y de mal humor. Así que al final necesitaban a alguien con sutileza y algo de sensibilidad para tratar estos asuntos del corazón.

-Joven amo... -Llamaba la sirvienta desde fuera de la habitación, sus compañeros en silencio junto a ella le ayudaron a subir la charola- Le traje su cena.

Decía ella tocando la puerta, esperaba su respuesta algo nerviosa pasaron unos cuantos segundos y nada se escuchaba, ni un ruido; preocupados se disponían a entrar si no escuchaban pronto una respuesta.

-¡No pedí nada de cenar, vete!.- Se escuchaba el grito de su gruñón amo, al menos ya al oírlo se quedaron más tranquilos.

-Pero joven amo... Nos esforzamos mucho en ella, por favor...- Le rogaba nerviosa la joven mientras seguía insistiendo, Ciel se acariciaba el vientre sentía que su estómago gruñía, sino fuera por el bebé se hubiera aguantado el hambre pero no podía, así que a regañadientes le permitía entrar alegrando a sus sirvientes. La sirvienta entró muy cautelosa, no se iba a permitir arruinarlo por su torpeza, Ciel sin levantar la mirada empezó a comer no estaba acostumbrado a los postres como cena pero debía admitir que estaba delicioso.

-Me alegra tanto que le esté gustando-Murmuraba la mujer con una sonrisa al ver como comía con agrado su amo.

-No está nada mal- Habló el joven mientras comía, de pronto una extraña nostalgia le invadió, hace tanto que no probaba postres preparados por alguien más que no fuera su Sebastian, era estúpido que se pusiera vulnerable por algo tan trivial como un postre.

-¿Se siente bien?- Cuestionaba la sirvienta al ver como dejó de comer y agachaba la cabeza.

-Déjame solo- Le respondió en un murmullo viendo como la mujer obedecía y se retiraba.

Siguió comiendo el postre entre lágrimas que trataba de contener pero no podía, terminando de comer, el sueño le venció quedándose dormido y era lo mejor porque no quería seguir pensando.

Sebastian a lo lejos ya avanzada la noche observaba la mansión con mucha tristeza, nostalgia, a la vez con algo de resentimiento y enojo, en las largas horas que estuvo fuera, su amado y orgulloso Phantomhive no había pronunciado su nombre ni en un susurro, no al menos desde que leyó la nota. Tal vez si eran ciertas sus sospechas, miedos e inseguridades, él no lo amaba y eso le dolía aunque pretendiera que no era así, se sentía muy estúpido porque ahora parecía un patético humano más.

-Mocoso orgulloso...- Murmuraba el demonio entrando sigiloso a su habitación mientras lo veía dormir profundamente, acercándose a la mesita junto a la cama notaba el plato vacío y solo con unas cuantas migajas de ese postre- Y comió un postre preparado por otras manos...

Seguía murmurando pero ahora en un tono celoso, al verlo dormir se acercaba a su rostro aún en la oscuridad podía contemplarlo bien, se sintió triste al notar su semblante apesadumbrado que se reflejaba aún estando dormido. Eso lo hacía titubear en su decisión, bien podía abrazarlo y olvidar esa tontería pero salía a flote su orgullo también, acariciando un mechón de su cabello se retiraba antes de doblegar su orgullo.

Aún estaba resentido y no pensaba dejarlo en realidad como escribió en su nota, nunca fue su propósito. Solo quería que escarmentara un poco sobre su comportamiento, un día más de ausencia no le haría daño y tampoco creía soportarlo por más días, así que regresaría pronto por lo mucho que lo extrañaba.

-Maldito demonio... Te extraño...- Se escuchaba el murmullo del joven a la mañana siguiente al despertarse solo en su cama, era tan deprimente no ver a su demonio idiota a su lado, siempre lo levantaba con un dulce beso y ahora no tenía nada, más que la almohada en la que se percibía sutil su aroma.

-No abrazaré tu almohada

Se decía molesto a si mismo pero refiriéndose a su amante que lo había dejado, segundos después se abrazó a la almohada muy apenado por lo que hacía, se debatía entre llamarlo o no, al final decidió no hacerlo. Un extraño sentir le invadió al abrazarla aunque no era tan extraño porque era lo que usualmente sentía al tener a su sensual demonio cerca, su aroma le provocaba excitación, así que necesitaba librar la tensión un poco.

Colando una de sus manos dentro de su ropa interior acariciaba su entrepierna con fuerza, estimulándose se abrazaba más a la almohada escondiéndose bajo las sábanas comenzaba a jadear muy bajo por lo que hacía. Trataba de imaginarse que era Sebastian quien lo estimulaba aún así no pensaba pronunciar su nombre.

-Vaya niño travieso...- Murmuraba el demonio a lo lejos mientras observaba como las sábanas se movían un poco. En unos minutos el joven llegaba al éxtasis sintiendo como su eyaculación cálida le humedecía las manos, con su agitado respirar se escabullía más en las sábanas muy apenado por lo que había hecho.

Extrañaba tanto a Sebastian que casi un día de ausencia le parecía eterno, en muchos sentidos lo extrañaba estaba tan acostumbrado a su presencia y mucho más cuando parte de su ser crecía dentro suyo. ¿Cómo podría dejarlo ir así nomas? Comenzó a pensar en como hacer que lo perdone sin perder la dignidad, eso era complicado pero si lo conocía lo suficiente podía hacerlo.

Más animado con esa determinación se levantaba de la cama, acercándose a la ventana tocaba con su mano aún húmeda el vidrio, dejando plasmada su huella en ella. Si algo había iniciado su relación era el placer de estar juntos, así que con eso mismo lo atraería de nuevo y no dudaba que caería en sus encantos. Se fue a encerrar al baño, apenado por lo que hizo en la ventana, pensaba que era muy sucio pero todo se valía en la guerra y el amor.

El joven al salir del baño llamaba a su sirvienta para que le trajera el desayuno no pensaba salir de la habitación en ese día.

-Joven amo... su desayuno está listo

Era la voz de la joven al entrar a su habitación algo nerviosa porque no se le cayera el modesto desayuno que le prepararon con esmero, se lo sirvió y su amo ansioso comía, con el hambre que tenía no le prestaba mucho atención si era delicioso o no.

-Le puedo preguntar algo y no se enoja- Atrevidamente la sirvienta hablaba minutos después a su amo, pero muy nerviosa de que se enfadara solo con su intención.

-Si vas a preguntar por Sebastian... Pues no se cuando va a regresar- Hablaba el joven con firmeza y no dándole mucha importancia al asunto terminaba su desayuno sin atreverse a mirarla.

-¿Pero usted quiere que regrese?- Le cuestionaba ella confundida por la actitud de este, por la frialdad en que lo decía.

-Me da igual si lo hace o no- Murmuró entregándole el plato vacío.

-Pero usted lo ama...- Dijo ella más cerca de su joven amo, quien molesto ahora si le dirigía una mirada y con el ceño fruncido le pedía que se retirara la mujer nerviosa obedeció sin dudarlo, bien merecía el regaño por su atrevimiento al insinuar eso, pero se iba algo satisfecha porque su amo mostró una reacción menos fría que la que había dado en su respuesta anterior, eso solo confirmaba que lo amaba.

-Claro que lo amo...

Susurró en voz baja al estar solo, tal vez el callarse aquel sentimiento estaba afectando su relación, Sebastian siempre mostraba su amor con palabras y hechos, él no correspondía de igual manera pero no era porque no lo sintiera solo que le avergonzaba el expresarlo por miedo y quedar en ridículo. Al menos el lado bueno de esto es que podía darse tiempo libre y holgazanear, acomodándose pretendía seguir durmiendo en ese día.

Mientras el joven dormía a media mañana, el demonio se arriesgó al colarse en su habitación con mucha cautela. Viendo que estaba dormido se acercó a la ventana donde estaba su marca olfateándola comenzó a lamerla ansioso, en medio de su excitación se embriagaba de ese delicioso sabor que en su lengua se humedecía.

Dejándola limpia se iba con una sonrisa, pues si su amado quería jugar lo haría, esa muestra en la ventana aunque perversa mostraba que su querido conde comenzaba a ceder.

Ciel se levantó y minutos después se dio cuenta de la ventana limpia sonriendo perverso para sí, así que sospechaba que su demonio a pesar de estar supuestamente enojado lo vigilaba, eso le emocionaba tanto por la certeza de que él lo amaba y por como podía manipular a un demonio a caer en sus jueguitos.

Muchas gracias por leer esta historia.

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