Capítulo anterior.
Mientras tanto a unos cuantos kilómetros de donde se encontraban, en los techos de unos edificios casi idénticos en altura, se encontraba un hechicero con su arma envuelta en llamas, mientras que, del otro lado, se encontraba un invocador encapuchado mostrando cínicamente y con una sonrisa malvada un tablero completamente renovado.
—¿Estás listo para entregarme tu arma? —preguntó burlonamente.
—¡Por supuesto que no! —gritó Hiccup, aun consternado por quien resultó ser su enemigo. —¡JAMÁS TE LA ENTREGARÉ…!
¡HARALD!
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Capítulo 22.
El comienzo del fin
Parte 3
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Minutos atrás.
Hiccup estaba decidido a no ir a la exposición, pero tampoco estaba dispuesto a perder el trabajo que tanto necesitaba para mantener a sus hijos, así que, durante el trayecto hacia el trabajo, pensó sobre la excusa que daría.
Después de pensar en varias cosas y darle muchas vueltas al asunto, concluyó que lo mejor sería decir la verdad a medias. Diría que su "esposa" no se encontraba bien de salud por lo que tenía que quedarse para cuidarla, y para eso pediría los siguientes días como vacaciones.
Sin embargo, quedaba la situación de la cuota que debía de tener para el final de mes, este tema lo pensó detenidamente pues no creía que fuera a cumplir con la meta establecida, por lo que planeó en hacer un nuevo trato con la gerencia, esperando que estos pudieran entender la situación y le concedieran otra oportunidad ya que, de lo contrario, se vería en la penosa necesidad de usar magia prohibida con ellos, algo que no le agradaba en absoluto por la ética y moral con la que se manejaba, pero si era por el bienestar de sus hijos, dejaría esas cosas por un lado y lo haría, de cualquier modo sería algo muy sutil, sólo lo suficiente para volver a tener la confianza de sus superiores.
Llegando al lugar de su trabajo, se estacionó en el lugar de siempre y antes de salir del auto dio un suspiro largo y repasó todo lo que diría. Una vez listo y confiado, salió y se dirigió al área de ventas, notando peculiarmente que en el interior de esta área todo estaba muy calmado, parecía como si estuviese cerrado.
Entrando cuidadosamente, vio hacia los lugares donde se sentaban Snotlout y Fishlegs y todo estaba completamente vacío, por lo que concluyó que estos aun no regresaban de sus casas.
Luego, miró hacia las oficinas de la parte de arriba, donde el viejo GJ solía ver toda la operación y el resultado fue el mismo, todo estaba vacío, la oficina estaba apagada, así como otras partes del edificio.
—¿A dónde se habrán ido todos?
Miró a su alrededor viendo que ni el personal de limpieza ni tampoco los de mantenimiento estaban en sus respectivos sitios.
Sólo le quedaba un sitio por verificar, la oficina de la persona con la que realmente le interesaba hablar: su jefe directo, así que, sin más, se encaminó hacia ese lugar, el cual estaba casi al fondo del edificio.
Pasando por un pasillo, el cual muy apenas era iluminado por la luz que entraba por el frente, divisó por la lateral la puerta que correspondía a su jefe, por inercia bajó la mirada en busca de alguna luz que le diera indicativo de que hubiera alguien ahí adentro, y todo parecía que así era ya que se podía apreciar como la luz de la luminaria salía por debajo.
Preparándose mentalmente para confrontarlo, respiró profundamente y una vez listo dio un paso hacia adelante, sin embargo, apenas dándolo, notó, de repente, que la luz por debajo de la puerta se tornó en un color carmín muy extraño y que le causó una sensación de terror.
—¿Cuándo lo harás?—escuchó una extraña voz en el interior de la oficina y la cual se escuchaba como la de un anciana muy molesta.
—Ya tengo preparado todo, mi señora.
Hiccup reconoció la otra voz como la de su jefe, y sintiendo un mal presentimiento se acercó un poco más, para escuchar con más claridad.
—Eso me dijiste hace unos días, y no has cumplido. ¡NECESITO ESAS ARMAS!
—¿Armas? —repitió el confundido Hiccup con el ceño fruncido.
—Lo sé, mi señora, pero desde que el idiota de Hiccup y Astrid despertaron del hechizo todo se complicó, por eso le sugerí que lo hiciéramos con ellos aun hechizados. ¡eran más vulnerables!
Hiccup tuvo que separarse un poco de la puerta para recargarse en la pared y tapar su boca para ahogar un grito ahogado. Escuchar su nombre, el de su enemiga y la palabra "hechizo" en una sola oración, fue suficiente para que su ritmo cardiaco se acelerara y para que un temblor se apropiara de su cuerpo.
—¿Y cuál crees que fue el motivo por el cual tuvimos que hacerlo? ¡ESTÚPIDO!
—Lo sé, el imbécil de Hiccup me descubrió.
¿él lo había descubierto? Se cuestionó el hechicero para sus adentros, acercando nuevamente su oído a la puerta.
—Aparte…—escuchó decir a la otra voz de manera insinuante. —No sólo por eso los despertamos ¿verdad?
—Lo sé también, por eso les he estado enviando a mis criaturas, pero…
—Pero… ya no lo has hecho… ¡¿por qué?!
¿Cuál era el otro motivo por el cual los habían despertado del hechizo? ¿Quién era esa anciana que hablaba? ¿Qué quería de él y de su enemiga ese par? Pensaba Hiccup, atento a lo que Harald respondería.
—¡La estúpida de Astrid arruinó mi tablero! —lo escuchó vociferar. —Sin él, no puedo invocar a criaturas tan poderosas, ya estoy gastando una gran cantidad de egni para poder convocarla mi señora, por favor, le pido su ayuda. Pretendo acabar hoy mismo con Hiccup Haddock, lo llevaré a un lugar remoto del cual no tendrá escapatoria, pero para que eso suceda necesito de su ayuda para restablecer mi tablero.
—¿Y Astrid Hofferson? ¿Cuándo acabarás con ella?
—Una vez que acabe con Hiccup, mi señora, será más sencillo. Sé que está agotada, ya que he hecho todo tal cual me lo ha pedido.
—Maldito desgraciado. —gruñó Haddock viendo cuan engañado lo tenía ese maldito hombre que, para nada, tenía buenas intenciones con su enemiga como se lo había hecho creer.
—Más te vale, no quisiera enterarme que pretendes algo más, pensando que podrás obtener de ella lo que otros creen que pueden obtener.
—No, señora. ¡Jamás! Yo no la traicionaría así, y se lo demostraré, si usted me ayuda a restaurar mi arma.
Del otro lado de la oficina, sólo se podía percibir unos gruñidos provenientes de la voz misteriosa; luego ya no se escuchó nada, en su lugar, sólo unos destellos variantes de colores rojos y oscuros se pudieron apreciar por debajo de la puerta, lo que hizo sospechar a Hiccup de que esa bruja o lo que fuera que estaba adentro, estaba usando su magia.
—Muchas gracias, mi señora. —escuchó después decir a Harald con alivio, lo que le dio a entender que esa mujer había restaurado su arma.
—No me falles brujo de las invocaciones. —dijo la otra voz, escuchándose cada vez más lejos. —Quiero esas armas a cómo dé lugar.
Luego, la luz roja por debajo de la puerta desapareció, Hiccup casi apenas y sentía que podía respirar por lo que acababa de escuchar; sin embargo, estaba más que advertido, así que volcaría los planes de Harald de un modo u otro.
De repente, escuchó unos pasos dentro de la oficina, por lo que rápidamente huyó por el pasillo haciendo el menor ruido posible para no advertir a su nuevo enemigo.
Regresando al área de ventas, rápidamente se acomodó en su lugar, pretendiendo verse como si acabara de llegar, y casi pasado un minuto desde que se sentó, Harald salió del fondo de las oficinas al área de ventas, mostrando una hipócrita sonrisa.
—Sr. Haddock… ¿cuándo llegó? —preguntó acercándose.
—Hace como un minuto, siento haber llegado tarde. —mintió este, fingiendo ver la pantalla de la computadora. —Aunque me extraña que tampoco Fishlegs y Snotlout hayan llegado.
—Ah… bueno, el Sr. Ingerman y el Sr. Jorgenson tuvieron que adelantarse, ellos tomarán un vuelo que saldrá a las 3 de la tarde. GJ los acompaña.
—Oh… ¿Y eso por qué? O ¿Qué pasó?
—El gerente de nueva Berk nos dijo que nos necesitaba con urgencia, por lo que apuré a Ingerman y Jorgenson para que al menos ellos llegaran rápido, y nos hubiéramos ido todos, pero como usted no tiene teléfono no pude contactarlo, así que GJ se fue con ellos para supervisarlos y me dijo que yo me quedara para esperarlo a usted y tomar el vuelo de las 5 de la tarde.
—Mmm… ya veo. —meditó Hiccup viendo que tan buen mentiroso era ese hombre.
—Así que Sr. Haddock, si es tan amable, traiga su maleta que enseguida partiremos al aeropuerto.
Dándole la espalda, Harald pretendió ir hacia la salida; sin embargo, su subordinado no se movió de su sitio, y cuando lo notó, se volvió otra vez hacia él.
—¿Pasa algo Sr. Haddock?
Hiccup chistó desde su lugar.
—No voy a ir Harald.
—Perdón… ¿cómo?
El hechicero se encogió de hombros.
—No puedo, mi esposa está enferma, y debo cuidarla y a mis hijos.
—Oh… ¿En serio? —Se acercó Harald sigilosamente hacia él y tomó una de las fotos que tenía en el escritorio, las fotos que Hiccup anteriormente había ocultado, pero que, después de aceptar a sus hijos, volvió a sacar, aunque Hofferson estuviera en ellas. —¿Qué tiene la dulce Astrid? —preguntó tocando con cierta depravación la imagen de la hechicera.
—Es Sra. Haddock para usted, si no le importa. Y está enferma. —explicó Hiccup quitándole la foto. —Un estúpido la atacó.
—¡Oh, no! Eso es terrible. —opinó Harald hipócritamente, dejando ver su otro yo poco a poco. —Pero lo siento "Sr. Haddock", es un NO, tendrá que acompañarme quiera o no, de su linda esposa se puede encargar después. —dictaminó dándole la espalda.
—O no querrás decir "Harald", ¿que tú te encargarás de ella? —le insinuó Hiccup poniéndose de pie.
Harald, aun dándole la espalda, sonrió cínicamente, percibiendo que su enemigo ya lo había descubierto, así que se giró nuevamente hacia él, esbozándole una macabra sonrisa.
—Ganas no me faltan. —admitió burlonamente. —No me faltan ganas de hacerle lo mismo que tú le hiciste.
Hiccup se asqueó con sus palabras, que sonaban lujuriosas y pervertidas a sus oídos.
—¿Quién eres Harald? —preguntó yendo directo al grano. —¿Y que quieres de nosotros? O más bien… ¿qué quiere la mujer con la que hablaste de nosotros?
—Ahh… así que… ¿me escuchaste? —preguntó inocentemente el calvo. —Hiccup, ¿no te enseñaron tus padres a que no debes escuchar conversaciones ajenas?
—¿Y a ti no te enseñaron a respetar lo que no es tuyo? —se la devolvió este invocando a Inferno.
Harald se burló.
—¿Lo dices por tu preciada arma o lo dices por Astrid?
—Basta de juegos Harald. —enfureció Hiccup encendiendo su arma. —Me vas a decir que pretendes ¿sí o no?
El aludido volvió a reír con cinismo, y sin dar alguna respuesta, invocó un tablero color oscuro, cuyos grabados estaban pulidos en color dorado, mientras que la semi esfera que estaba en el centro, mostraba en su interior una especie de humo grisáceo. Con la arma invocada, también cambió el ropaje del invocador, cuyo traje de ejecutivo fue reemplazado por una túnica y capa oscura, que lo cubrían de pies a la cabeza, y su rostro y manos se llenaron de tatuajes de tintura negra.
—¿Qué pretendo? Ya lo verás… —dijo burlonamente liberando una energía de su tablero.
Previniendo algún tipo de ataque, Hiccup se puso a la defensiva; cuando vio de repente que todo a su alrededor se tornaba en un color amarillo y que abarcaba más allá de la agencia de autos.
—Un delimitador de campo de batalla…—reconoció de inmediato aquella magia.
—Así es, Hiccup, ¿no crees que es más divertido así? Para que esos débiles humanos ordinarios no nos estorben.
—¡¿Qué les hiciste Harald?!
—Como sabrás, el delimitador de campo es como un hechizo para detener el tiempo. Todo aquel que no posea o se encuentre protegido por la magia se ha quedado paralizado tantos seres vivos como objetos inanimados, la diferencia radica en que el tiempo sigue corriendo, lo que me lleva a lo siguiente mi estimado Hiccup, si a mi se me antoja, no sé, liberar a un minotauro, una pesadilla, ogro o cualquier tipo de bestia y les ordeno comerse a la gente de este asqueroso pueblo, ellos me obedecerán sin réplica alguna, y las personas no podrán siquiera huir.
—Maldito...
—Pero todo se puede resolver, puedo dejar a las personas en paz y liberar al pueblo del delimitador, sólo si… tú… me entregas tu arma. —ofreció burlonamente, estirando su mano. —¿Hacemos un trato?
Hiccup sonrió de lado.
—No. —respondió usando el mismo tono de voz. —Tengo una mejor idea… ¡ACABAR CONTIGO DE UNA VEZ POR TODAS!
Con la punta de su espada apuntando a su enemigo, Hiccup lanzó una llamarada ardiente para comenzar el ataque. Harald, esperando aquello, se protegió rápidamente con la capa que, a pesar de lo delgada que era, servía como un escudo; sin embargo, tenía un límite que poco a poco fue notorio cuando realmente se empezó a quemar, por lo que, rápidamente, se apresuró en salir de la marea de fuego hacia el exterior de la agencia.
Convocando a una pesadilla, la montó como a un caballo y emprendió la huida, Hiccup al verlo lo persiguió impulsándose con la misma Inferno, cuyo reverso estalló como un cohete que le dio más velocidad.
—¡No huyas Harald! ¡Pelea! —gritaba yendo tras él, aprovechando cada que podía para dispararle las flamas.
Sin embargo, siendo el enemigo un hechicero del tipo invocador, este no se ensuciaba las manos, sólo invocaba a sus alimañas para que hicieran el trabajo sucio por él.
Pronto Hiccup se vio disparándole a caballos de ojos rojizos, duendes furiosos y otro tipo de criaturas que si no lo atacaban se aproximaban a los coches o personas que habían quedado estáticas, lo que lo hizo desviarse en ciertas ocasiones del camino para protegerlas, siendo algunas de estas conocidas, como los hermanos Thorton y el pequeño Nuffnut que paseaban en el parque, y hasta Alberick y su familia que se habían quedado estáticos adentro del auto.
—¡MALDITO! —gruñó cuando encajó su espada en un horripilante duende que pretendió herir a los maestros y compañero de su hija.
Sin embargo, aquella acción la tuvo que repetir múltiples veces, pues su arma no era como Sky que con un solo toque los desvanecía, él tenía que repetir los movimientos y mantener la llama encendida hasta que las criaturas dejaban de moverse.
—No es fácil cuando no tienes a tu peor enemiga cerca… eh ¿Haddock? —escuchó la burlona voz del invocador que, como espectador, disfrutaba del espectáculo, montado en su caballo maligno.
—No, tienes razón. —lo encaró este cansado. —Hofferson podría acabar con todas tus alimañas con un sólo toque, podía romperte la madre y quitarte esa estúpida sonrisa del rostro si quisiera, es más, te haría llorar al desaparecer ese maldito tablero, por el que tanto suplicaste a esa extraña que te restaurara.
Harald apretó los dientes ante aquella osadía; sin embargo, luego sonrió, pues tenía un as bajo la manga.
—Eso es lo que crees. —insinuó burlonamente. —Pero y si a tu argumento le agregamos el hecho de que está debilitada y que además está cuidando a dos pequeños y a su amiguita. ¿Crees que sea capaz de acabar conmigo?
Hiccup frunció el entrecejo.
—¿A… a qué te refieres?
—Tú que crees…—respondió este burlonamente, cuando de repente se escuchó un estruendo espantoso a lo lejos.
Hiccup se giró hacia donde se escuchó el ruido y vio boquiabierto que era por causa de un rayo que caía de manera peligrosa hacia el suelo. Ese tipo de ataque lo reconoció y de inmediato lo relacionó con su enemiga, la que se suponía debía estar resguardada con sus hijos en la casa.
—Parece que alguien no alcanzó a llegar a su casa. —opinó burlonamente Harald. —Y dada las circunstancias, creo que acabaré con ambos de una vez, pobres de sus chiquillos, se van a quedar tan solitos.
Con aquella insinuación, hizo que Hiccup apretara a Inferno entre sus manos, y sin advertencia alguna, lanzó otro ataque al invocador que, como era de esperarse, salió huyendo junto a su caballo.
—¡NO TE LES VAS A ACERCAR! —amenazó Hiccup persiguiéndolo lo más rápido que podía; sin embargo, Harald lo burlaba o lo esquivaba ágilmente para hacerlo rabiar y por supuesto cansarlo más.
Llegando a una zona donde había unos edificios departamentales, el cansado Hiccup, hartó de la persecución, encendió todas las calles a su alrededor, cuidando de no quemar a los transeúntes, con el fin de detener al caballo.
Su plan funcionó en el momento en que al equino se le quemaron las patas, lo cual ocasionó que se alborotara y aventara a su jinete. Harald, casi a punto de caer al fuego, usó la levitación, y haciendo uso de aquella técnica se resguardó en el techo de uno de los edificios.
Al ver que la dirección de la persecución había cambiado, Hiccup levitó con la ayuda de Inferno, y como su enemigo se había quedado al borde del edificio con sabe qué intenciones, cambió de rumbo para quedar en el techo del edificio anexo.
—¡AH… YA HICCUP! ¡DEJÉMONOS DE LOS JUEGOS, NO LO VALEN!
—¡SÍ, CLARO!… ¡SEGÚN TÚ…! —gritó Hiccup en el otro extremo.
—¡NO! ¡SEGÚN LA SEGURIDAD DE TUS HIJOS! —insinuó Harald burlonamente.
Hiccup ante la provocación, apretó puños y dientes de sólo pensar que en ese momento sus hijos estaban siendo atacados por sabrán los dioses que criaturas.
—Así que… ¿Estás listo para entregarme tu arma? Sólo así podrás asegurar la vida de tus pequeños.
Un trato que parecía tentador, pero que para nada le daba seguridad, por el simple hecho de que darle su arma a un enemigo era como darle una bomba a un terrorista.
—¡POR SUPUESTO QUE NO! ¡JAMÁS TE LA DARÉ! ¡Y PRECISAMENTE POR ELLOS NO LO HARÉ! —gritó lanzando una llamarada.
Harald, no perdiendo el tiempo, invocó a una criatura, la cual recibió el impacto por él, y cayó muerta al precipicio.
—¡MALDITO! ¡PELEA COMO HOMBRE! —gruñó Hiccup viendo lo deshonorable que era, ya que, aunque fueran criaturas oscuras no creía que se merecieran tal trato.
—¡Prefiero pelear como un invocador! —gritó el otro levantando el tablero a la altura de su pecho.
La semi esfera que estaba por el centro, pronto comenzó a reaccionar y, expulsando una gran cantidad de humo, llevó a ese mundo a una criatura con cuerpo de humano y cabeza de toro, la cual además de ser enorme y fornido llevaba consigo un martillo como arma.
—Ay maldita sea, un minotauro…—gruñó Hiccup, cuando la criatura de un salto arremetió violentamente contra él.
Tenía una fuerza descomunal, así lo percibió Hiccup cuando salió disparado y chocó con la puerta que daba a la entrada del edificio. El tremendo golpe casi lo hace soltar su arma, pero se aferró a esta con fuerza para no tener más desventaja.
—¡Acaba con él! —ordenó el agitado Harald, desde el otro extremo.
La criatura mitad toro, soltó un bufido y levantando su martillo en lo alto se preparó para aplastar a su contrincante. Hiccup, aun retenido contra la pared, sólo alcanzó a levantar a Inferno para protegerse cuando…
—¡DÉJALO EN PAZ, MALDITO!
Otra voz se unió al campo de batalla, y arremetió contra el minotauro, que, dando un quejido de dolor, se desvaneció hecho polvo, frente a la atónita mirada de Haddock.
—Hofferson…—susurró, sintiendo por primera vez alegría de ver a su enemiga.
—¿Estás bien? —preguntó esta con su típico tono frívolo.
—Sí, pero… ¿qué haces aquí? ¿Por qué no estás en la casa? ¿Y los niños?
—Ya deja la preguntadera, ellos están bien, están con Heather…
—¿Con Heather? —repitió frunciendo el entrecejo.
—Sí, y están protegidos por el escudo de luz… así que no te preocupes, estarán bien, en tanto no me maten.
—Vaya, que gran garantía. —comentó con sarcasmo, sintiéndose más o menos aliviado de que sus hijos estuvieran bien.
—¿Quién es ese imbécil? —preguntó la recién llegada, viendo con desprecio al que aun aguardaba en el otro extremo.
—Harald, mi exjefe…—respondió Hiccup levantándose adolorido del suelo. —Él es el invocador que viste la víspera de navidad.
—¡¿Qué cosa?! ¡¿Ese idiota?!
—¡Así es, Astrid Hofferson! —gritó el aludido con una sonrisita. —¡Yo soy el que ha estado detrás de todo lo que ha acontecido desde que despertaron del hechizo!
Astrid dio un grito ahogado.
—¡¿Tú… tú fuiste el que me hizo esto?! —cuestionó con rencor.
En respuesta, Harald se burló.
—¡MALDITO!
—¡Hofferson, espera! —gritó Hiccup cuando Astrid, impetuosamente se lanzó hacia donde estaba el enemigo.
Harald, complacido de haberla provocado, levantó su tablero sabiendo muy bien que convocar para contraatacar; una sombra tenebrosa que en cuanto apareció de entre la humareda, abrió su hocico, listo para robar el egni de la hechicera.
Astrid al verlo, cayó en cuenta de que había caído en la trampa, y como prácticamente había saltado de un edificio a otro, no había otro lugar en el que pudiera aterrizar, más que en el hocico de su enemigo.
Sin embargo, de repente, sintió un apretón en el abdomen que le dolió y enseguida vio como una espada sobresalía por un lado de ella, y se encajaba en el ente, el cual desapareció emitiendo un grito de dolor.
Después, sintió un brusco movimiento, que la desvió de estar enfrente del invocador hasta quedar en una de las esquinas del edificio donde este se encontraba.
—Demonios Hofferson, si queremos acabar con él, debemos ser precavidos. —escuchó decir a su ahora aliado cuando la soltó con cuidado.
Apenas soltándola, Astrid dejó de sentir la presión en su vientre y el dolor se esfumó.
—Lo siento. —dijo entre gruñidos y avergonzada. —Pero… ese maldito…
—Lo sé, pero no sólo fue él, hay alguien más detrás de esto ¡¿No es así, Harald?!
—Así es, mis estimados, siguiendo las ordenes que me encomendaron, he estado moviendo todos los hilos desde que despertaron del hechizo.
—¿Los hilos? ¿A qué te refieres específicamente con eso? —cuestionó Astrid.
—Por supuesto que a los Gólems, al cerberus y a todas las criaturas malignas con las que se han enfrentado. —contó divertido.
—Pero… supongo que no sólo te refieres a eso ¿verdad Harald?
—Así es Hiccup, no te equivocas, había una intención en cada cosa que hacía, cada ser que enviaba tenía un propósito, como, por ejemplo, deshacerme de sus guías…—insinuó con malicia.
Tanto Astrid como Hiccup, ahogaron un grito pues eso no se lo esperaban.
—Como sabía que, al despertar del hechizo, ustedes volverían a ser los mismos inmaduros de antes, me las ingenié para que ustedes mismos los fastidiaran y los ahuyentaran, en especial tú Hiccup, fuiste el más ingenuo en caer en ese truco.
—¿Cómo? —balbuceó este desconcertado.
—Ah… ¿quieres que te lo recuerde? —cuestionó este burlonamente. —"Yo me iré, pero tú volverás a tu vida aburrida y rutinaria" —recitó haciendo una voz más gruesa.
Hiccup sintió que la respiración se le entrecortó y rápidamente evocó los recuerdos del cerberus diciéndole eso, o más bien, Harald, el ser detrás de aquellas fechorías.
—Manipularte fue fácil, eras tan tonto y creías que lo sabías todo, te dejaste guiar por mis palabras en lugar de la de tus guías, y el resultado fue asombroso. No sólo tus guías te abandonaron, también te odian y de paso se llevaron a la guía de tu peor enemiga, la cual también aportó con lo suyo para fastidiarla.
Astrid no creía para nada que aquello fuera cierto, y esperaba que su aliado tampoco lo creyera, sin embargo, al verlo de reojo, vio lo desconcertado que estaba al escuchar aquella supuesta dolorosa verdad. Sabía que él había sido el que más había errado semanas atrás, pero actualmente era otra persona, ya no había nada de ese hechicero egoísta que sólo pensaba en sí mismo, por lo que creyó que no debía sentir alguna culpa.
—Pero no sólo hice eso, también estaba detrás de las pesadillas que molestaban a ese mocoso y detrás de lo que provocó aquella chiquilla la víspera de Navidad con su canto.
Los hechiceros se sobresaltaron, Hiccup en especial, fue el que más se irritó al recordar todos aquellos sucesos.
—¡¿Con que propósito?! —exclamó Astrid alterada. —¡¿Qué ganabas molestando a unos niños inocentes?!
—Divertirme. —respondió este sonriente. —Además que eran órdenes de mi señora, ella quería ver el potencial de sus armas y que mejor manera que molestando a sus hijos, los cuales, después de que sus guías se fueron, quedaron a merced de ustedes dos. Sin nadie que los apoyara me fue más fácil atacar, e incluso entrar a su propiedad. ¿Recuerdan la víspera de Navidad? —insinuó burlonamente.
Los hechiceros se estremecieron.
—Esa noche yo debí arrebatarles sus armas, por eso me las ingenié para hacer una poción que me quitara mis poderes temporalmente, de tal manera que pudiera entrar en su casa y darle ventaja al demonio para que derrumbara su barrera; después, le arrebaté una prenda a su preciada hija para que así la sombra pudiera atacar a Astrid en la escuela, en lo que yo distraía a Hiccup; sin embargo, como sabes, idiota, no me fue posible retenerte por mucho tiempo, por lo que opté por hacerlo después, claro está, que tú solito después saliste por lo que retomé mi plan y logré derrumbar la barrera por completo, aunque claro, como saben, no todo salió como quería y tú, Astrid, casi destruiste mi arma, por lo que ¡jamás te perdonaré!
—Como si me interesara tu perdón, yo soy la que no tendrá piedad de ti después de escuchar como has fastidiado a mis hijos. —amenazó Astrid blandiendo a Sky.
—E igual yo, después de todas aquellas manipulaciones, no tendré piedad de ti, Harald. —amenazó igualmente Hiccup, aun adolorido con la verdad.
—Bien, entonces… estamos a mano, quieran o no, hoy me haré de sus armas. ¡YA LO VERÁN!
Expulsando una gran cantidad de humo del tablero, salió la siguiente criatura en atacar, esta se trataba de un espíritu maligno que de inmediato se fue contra Astrid.
Esta, dando un grito ahogado no supo como interceptarla, cuando inesperadamente su aliado se posicionó frente a ella y blandió su espada contra el espíritu, la cual se partió en dos en cuanto Inferno la atravesó, pero, apenas destruido el ente, la siguiente criatura apareció inesperadamente; Hiccup quedó paralizado al ver que ahora era un enorme gólem de metal el que se dirigía hacia ellos, sin embargo; Astrid intercedió rápidamente y haciendo lo mismo que él, se apresuró a blandir con furia a Sky, justo en la cabeza de aquel ser, el cual después de emitir un gruñido desapareció frente a sus ojos.
Pensando que lo siguiente en atacar sería un espíritu, Hiccup se movió al frente para frenarlo, cuando de repente vio que se trataba de dos criaturas, uno era un espíritu y otro un demonio con cuerpo físico, ambos aproximándose a gran velocidad hacia donde se encontraban.
—Hofferson, trataré de detener al demonio lo más que pueda, tú ataca a Harald. —ideó tan rápido como pudo, cuando el espíritu quedo partido en dos por el fuego de inferno, y el demonio se aferró con sus garras a la espada.
Astrid, comprendiendo rápidamente el plan, salió de su protección para correr hacia donde se encontraba Harald. Este viendo sus intenciones, rápidamente convocó a sus seres favoritos, un par de sombras tenebrosas que estaban ansiosas por quitarle su egni.
—No otra vez. —gruñó está enfurecida, dejando de correr para levantar su arma hacia lo alto. —¡Sky, ilumina todo con tu luz!
A su orden, Sky brilló con una luminosidad tal que la sombras quedaron cegadas y sin saber hacia dónde ir, hasta Harald se le dificultó ver con tanta luz que, cuando apenas pudo abrir los ojos, el grito de su enemiga cerca de él lo alertó de sobremanera que casi pone el tablero para protegerse; sin embargo, al recordar lo que podía hacerle se movió tan rápido como pudo, salvándose por un centímetro de que Sky le cortara el cuello.
—Maldita. —gruñó al ver que tan cerca la tenía y se preparó para traer a otra sombra cuando otro grito en su otro extremo lo sobresaltó, este era Hiccup que estaba a punto de empuñar su espada, por lo que optó por atacarlo instintivamente a él invocando a la criatura más grande que tenía en su posesión: un enorme dragón serpiente color blanco de ojos rojos.
—¡Ataca dragón serpiente de los infiernos! ¡Leviatán, mi preciado guía!
—¡¿Qué cosa?!
Se desconcertó Hiccup al verse frenado por un enorme dragón que apareció frente a él. La criatura tenía un apariencia imponente y poderosa, su piel no parecía que pudiera ser traspasada por el filo de una espada ordinaria y tampoco por su espada Inferno; y para su desgracia, su enemiga también había sido interceptada por las otras sombras, quienes la tumbaron y la comenzaron a arrastrar para llevársela con ellos.
—Maldita sea. —Gruñó entre dientes.
No podía permitir que se la llevaran, ya que si le robaban más de su egni sería su fin, así que a cómo pudo, esquivó las mordeduras del dragón serpiente y disparó sus flamas contra las sombras.
—¡Hofferson, levántate! —ordenó rápidamente al ver a su aliada caída, mientras trataba de encajar su espada sobre la gruesa piel del reptil que insistía en morderlo.
Sin embargo, cuando vio que esta tenía dificultad para ponerse en pie, optó por llenar de fuego todo a su alrededor, con la esperanza de que el calor afectara un poco a la serpiente, y también al invocador, que, siendo como era y cansado también por la reciente invocación que había hecho, apenas viendo las flamas levitó hacia lo alto para evitar ser tocado por aquel fuego siniestro.
En cuanto al reptil, la reacción tardó en llegar cuando comenzó a sentir los estragos en su piel y también en el alma, siendo la segunda la más afectada; pero que no le quitó la vitalidad para seguir atacando a quien, en su descuido, se aproximaba a socorrer a la hechicera.
—¡Hofferson, levántate ya! —gritó Hiccup casi llegando con ella, cuando la serpiente lo alcanzó y lo embistió con fuerza.
Tal fue el golpe, que Hiccup salió volando y chocando con su aliada, la cual apenas había podido levantarse. Sin embargo, el ataque no terminó ahí, el dragón serpiente volvió a embestirlos con tanta fuerza que ambos salieron disparados hacia el edificio anexo.
Hiccup, siendo el que prácticamente aplastaba a Astrid, al ver que se estrellarían, cambió rápidamente las posiciones, y usando un hechizo que sólo hacía burbujas de aire, repeló el impacto, claro está, que cuando aterrizaron sobre aquella burbuja, esta por el impacto se reventó e hizo que ambos rebotaran como una pelota en el suelo.
—Hofferson…—llamó adolorido Hiccup, sintiendo como un hilo de sangre le escurría por la frente.
A su aliada la había protegido entre sus brazos, sin embargo, aun así, esta parecía no poder levantarse.
—Hofferson… ¿estás bien? —preguntó preocupado, al verla encorvarse y quejarse.
—Es… estoy bien. —respondió esta adolorida, pero furiosa y renuente a darse por vencida.
Con dificultad se puso en pie, e invocó a Sky para señalar rencorosamente a quien aguardaba en el edificio anexo, junto a su dragón serpiente.
—Tal vez debamos cambiar la estrategia. —murmuró Hiccup posicionándose a un lado de ella.
—¿Qué se te ocurre Haddock?
—Disparar y atacar al mismo tiempo, así nos podríamos liberar de cualquier cosa que invoque.
—¿Y cómo se te ocurre hacerlo?
—Así…—explicó Hiccup tomándola de la cintura para juntarla a él.
—¡Oye! —lo empujó Astrid abochornada, pensando que se estaba sobrepasando.
—¡Ay, vamos, Hofferson! Yo soy zurdo, tú eres diestra, en esta posición nuestras armas estarán unidas…levanta tu arma así.
Astrid entendió el punto, sin embargo, sintió que estaba de más que la hubiera tocado así para mostrarle, mas ya no dijo nada y se limitó a sólo levantar su arma y juntarla con la de él.
Mientras tanto, el invocador vio que aquel equipo estaba intentando algo nuevo, y reparó en la posición en la que se encontraban, ya lo había visto anteriormente, cuando su señora había retado a ese par en el pasado.
—Tal como predijo mi señora, pero veamos si les funciona…—sonrió con malicia a punto de sacar un segundo as bajo la manga. —¡OYE HICCUP, veo que ya no te molesta tanto estar cerca de la linda Astrid! —insinuó burlonamente.
—¡Lo que sea para acabar contigo! —respondió Hiccup despectivamente.
—¿Lo que sea? ¿Y si te digo que esa mujer es la causante de que tú estés aquí? ¿la causante de que te hayan hechizado y que te hayan separado de tu gran amor?
—¿Qué? —balbuceó Hiccup bajando sutilmente el arma.
Mientras tanto, Astrid, sin bajar la guardia ni el arma, tragó saliva, temerosa de aquellas palabras y de lo que pudieran ocasionar en ese momento con su aliado.
—Cierto, no lo recuerdas… ¿qué tal si te muestro lo que pasó…?
De repente, aquellas insinuantes palabras resonaron en la mente de Haddock, quien perturbado comenzó a reproducir rápidamente en su cabeza sus últimos recuerdos en el mundo oculto, en donde destacó una discusión que conllevó a la destrucción de un bar teatro, que luego volvió a ver completamente reconstruido, y en el centro de este a su aliada cantando ante un público, para luego presenciar una discusión en un callejón detrás del bar, donde Hofferson se burló de su amorío con su amante, lo que lo llevó a perseguirla y a pelear con ella, hasta que una bruja los interrumpió y los atacó. Luego, todo se apagó otra vez, ya no podía recordar más allá de eso.
—¿Lo ves? Ella fue la culpable de que estés aquí, si ella no te hubiera molestado, probablemente tu seguirías con tu grandiosa vida en el mundo oculto. ¿no lo crees Hiccup?
El aludido no respondió, sólo se mostró cabizbajo y sombrío por todo lo que acababa de recordar. Después, levantó la mirada y se volvió hacia su aliada únicamente para verla con rencor.
Astrid, sintiendo su pesada mirada sobre ella, comenzó a sentir remordimiento y una profunda tristeza; sin embargo, no desertó, siguió con Sky alzada en dirección al enemigo, esperanzada en que ambos pudieran continuar con su ataque.
—Si lo piensas bien Hiccup, yo no soy el verdadero enemigo, la tienes frente a ti, ella es la que siempre te ha molestado y odiado, ella es la que te metió en este problema. ¡Es ella a quien deberías de matar y pulverizarle el alma hasta que no quede nada! —sugirió divertido.
—Tienes razón…—susurró este sin poder dejar de ver a la mujer que tenía enfrente.
Aquella mirada era muy penetrante, que Astrid comenzó a temer por su seguridad; sin embargo, todo eso cambió cuando de reojo, vio con sorpresa que la mirada de su aliado se suavizó, sólo para sonreírle.
—Tal vez sea hora de acabar con esto. —le susurró, para luego volverse hacia el invocador, a quien vio con real odio. — ¡TAL VEZ SEA HORA DE ACABAR CONTIGO, MALDITO! —gritó enfurecido levantando su arma para juntarla con la de su aliada. —¡HOFFERSON, DISPARA!
Astrid, aunque estaba confundida, rápidamente reaccionó y disparó un rayo de luz combinado con electricidad hacia el enemigo, al mismo tiempo que Hiccup disparaba una llamarada.
El sorprendido Harald, apenas y pudo reaccionar para esquivar el ataque, el cual terminó impactándose en un contenedor de agua que había en el techo y el cual quedó reducido a polvo.
Se asustó de pensar que ese poder pudo haberlo alcanzado, y enfurecido se volvió hacia la pareja, que seguía en la misma posición para repetir su ataque.
—¡Maldito! ¡Estabas jugando conmigo! —bramó en contra de Haddock.
—¿Creíste que volvería a caer en tus manipulaciones? —respondió este burlonamente, para luego mostrarse furioso. —¡Jamás lo volveré a hacer, Harald! Además… de una vez te digo que no me importa lo que haya pasado con Hofferson hace años, ¡ELLA ES LA MADRE DE MIS HIJOS, Y NO PERMITIRÉ QUE LE HAGAS DAÑO!
Astrid sintió que su corazón se sobresaltó al escuchar que su aliado por fin aceptaba a sus hijos, y no sólo eso, que aceptaba que los había concebido con ella; sin embargo, dada las circunstancias no le dio oportunidad de pensar en ello, puesto que Harald ordenó a su dragón serpiente atacarlos.
El poderoso reptil salió disparado del edificio anexo, y con sus pequeñas alas se alzó en lo más alto para atacar en picada. Previniendo el ataque, Hiccup y Astrid juntaron nuevamente las armas y dispararon contra el animal, el cual velozmente los esquivó, perdiendo también su oportunidad para lanzar su ataque especial.
—¡sepáralos, Leviatán! —ordenó el furioso Harald, harto de juegos.
Impulsándose por las ordenes de su amo, el dragón serpiente atacó con más ferocidad, esquivando cada uno de los ataques que estaban lanzando los hechiceros, que sentían que poco a poco les reducían su campo de batalla.
—¡No podemos seguir así Haddock! Esta criatura trata de cansarnos. —pensó la agotada Astrid, haciendo esfuerzos por no de caer.
—Probablemente. —gruñó Hiccup entre dientes. —Pero no creo que seamos los únicos…—susurró mirando de reojo a su enemigo, el cual después de haber invocado al animal, ya no llamó a más. — Tal vez debamos atacar directamente al perro, ya sabes, muerto el perro… se acaba la rabia.
—Pero ¿cómo? Ese invocador se protege a lo lejos.
—¡Pero ya está débil! Por eso debemos ir con él. ¿Confías en mí?
—¿Eh?
Sin esperar una respuesta, Hiccup cambió rápidamente de posición, poniéndose de lado izquierdo de su aliada, a quien después sujetó con fuerza de la cintura para lanzarse junto con ella del edificio.
Astrid gritó horrorizada por el brusco movimiento de su aliado, pero se calmó cuando sintió por debajo de sus pies una base hecha con magia y después de esta otra y otra, y así sucesivamente hasta que tuvieron frente a ellos un camino que iba directamente hacia su enemigo.
Sin embargo, el susto y el peligro no terminaron ahí, en cuanto la serpiente vio que escapaban, se apresuró para perseguirlos.
—¡Haddock, ahí viene! ¡está muy cerca! —advirtió alarmada.
—¡espera, espera! ¡Ya casi! —gruñó el hechicero sin perder de vista a su principal enemigo, a la vez que trataba de calcular el momento exacto para atacar.
Cuando pudo percibir la esencia y hasta el olor de aquel animal cerca de ellos, se detuvo abruptamente y dando un rápido giro con su aliada, encaró a la serpiente.
—¡Ha llegado la hora! ¡Mátalo Hofferson!
Astrid, reaccionando tan rápido como pudo, blandió el hacha, justo en el hocico del animal antes de que este los mordiera, y no conforme con eso, potenció todo su poder a lo largo de la serpiente para destazarlo y electrificarlo. El animal, aun moribundo, quedó casi partido por la mitad e irremediablemente cayó derrotado hacia el precipicio; sin embargo, antes de que pudiera tocar siquiera el suelo, estalló en miles de partículas de polvo.
—Uno menos y falta otro… —susurró Hiccup, viendo como Harald había quedado consternado con la muerte de su guía, su mejor criatura y también posesión.
Rápidamente, levitó con su aliada, hasta llegar al techo donde el invocador seguía perplejo y furioso mirando al suelo.
—Se acabó Harald, has perdido. —sentenció Hiccup, soltando a su aliada para enfrentarlo.
Astrid, a pesar de querer seguir peleando, se mantuvo un paso hacia atrás de Hiccup, pues sentía que no tenía fuerzas, hasta uno de los brazos le dolía por la fuerza que había utilizado para destazar al dragón.
—¡Esto no se acabado! —gruñó el encapuchado.
—¡Basta, ya no te queda egni para seguir invocando a más criaturas! Llegaste a tu limite cuando invocaste a esa serpiente ¿No es así? —cuestionó burlonamente.
—¡Cállate! ¡No te importa!
Furioso, liberó a más espíritus de su tablero, lo único que podía invocar con las pocas energías que le quedaban; sin embargo, tan pronto aparecieron los entes, estos quedaron reducidos en cenizas cuando Hiccup encendió todo a su alrededor, incluyendo a Harald, a quien le hirió el alma.
Sin embargo, este reaccionando rápidamente, optó por guardar las pocas fuerzas que le quedaban, así como su arma y levitó en lo alto para escapar; dispuesto a esconderse para recuperar las energías y volverlos a retar; pero sus intenciones quedaron sólo en el pensamiento, cuando en lo alto, una espada en llamas lo alcanzó y atravesó.
Desconcertado por el dolor infringido en su alma, se zafó de la estocada y se volvió hacia el causante.
—Hiccup…—gruñó enfurecido, y tembloroso, invocó nuevamente a su tablero para tratar de llamar a alguien que pudiera auxiliarlo.
Sin embargo, tan pronto lo expuso, Hiccup se abalanzó contra él para empuñar y quemar su mano. Más heridas en el alma, por el dolor, el invocador, soltó el tablero, el cual sólo cayó hasta que se estrelló en el suelo del techo.
Astrid, al ver el objeto, rápidamente se apresuró para destruirlo, y blandiendo el hacha lo hizo polvo de un solo golpe, de tal manera que ya no habría manera de recuperarlo, mientras que, en lo alto, Hiccup, tan pronto quemó las manos de su enemigo, volvió a empuñar su espada contra él, justo en el abdomen.
Harald, chilló por el dolor y por la rabia que sintió al verse atrapado por su enemigo y a su arma destruida.
Pero aun así no desistió. Renuente a dejarse morir ahí y de esa forma, tomó entre sus manos las manos de su enemigo con la intención de arrebatarle a él su arma.
—¡Aunque sea con la espada incrustada en mi cuerpo, le daré esta arma a mi señora! —amenazó enloquecido, con los ojos enrojecidos.
Hiccup sintió el apretón de sus manos, y rápidamente materializó el metal de Inferno dentro de Harald para también dañarlo físicamente, en lo que las llamas acababan con su alma; pero, aun así, su enemigo, aunque daba alaridos, se aferró a él y a la espada, y en su desesperación le soltó un cabezazo que lo hizo sangrar.
Pero, así como Harald no se rendía, Hiccup tampoco lo hizo, y potenció más su egni en su arma para matarlo más rápido; pero, debido al agotamiento le estaba tomando más tiempo de lo normal.
—¡MUÉRETE, MALDITO! ¡MUÉRETE! —gritaba el rabioso Harald conforme las llamas lo consumían, y cuando se preparó para darle otro cabezazo, otra voz se escuchó.
—¡Ya basta, ya muérete tú!
Y entonces en un parpadeo pasó.
El hacha Sky apareció repentinamente entre Hiccup y Harald, y se incrustó en el pecho de este último.
El desconcertado Hiccup, miró hacia lo bajo, viendo como su enemiga, aunque estaba agotada había utilizado sus ultimas fuerzas para ayudarlo. Luego, se volvió hacia Harald, quien incrédulo, sólo vio como el hacha de su aliada desaparecía, para darle paso a una inevitable desintegración de su cuerpo.
Pronto Hiccup sintió como sus manos quedaban liberadas cuando las manos del invocador se desintegraron, así como el resto de su cuerpo; sin embargo, no todo desapareció, tan pronto su cuerpo físico se volvió polvo y se esfumó con el viento, frente a él, quedó el alma de su enemigo, o al menos una parte de ella, ya que estaba incompleta.
—No cantes victoria… Hiccup, esto no se acabado. —amenazó Harald, sin mostrar ningún tipo de arrepentimiento a pesar de que su alma se estaba consumiendo.
—¿A qué te refieres? —gruñó Hiccup, encendiendo más las flamas de su espada.
—Yo volveré…—advirtió divertido.
—No si destrozo tu alma, no quedará nada de ti, ¡maldito!
—Ay Hiccup, eres tan ingenuo… pero ya lo verás… cuando mi señora resurja, yo resurgiré con ella…
—¡Ya cállate! No me importa quien sea "tu señora", igual la derrotaré, y tú jamás volverás…
El alma de Harald a punto de desaparecer sólo rio.
—Es lo que tu crees, mi estimado Sr. Haddock… por lo pronto me iré, satisfecho de haber logrado por lo menos uno de mis cometidos.
—¿A… a qué te refieres?
Harald volvió a reír ruidosamente y de manera perversa.
—No logré obtener sus armas, pero al menos logré deshacerme de uno de ustedes.
Hiccup no entendió a qué se refería, sin embargo, su instinto lo hizo mirar hacia donde estaba su aliada, la cual, de repente se dejó caer en el suelo, totalmente agotada.
Sin embargo, la desquiciada risa de Harald hizo que su atención nuevamente se enfocara en él, y harto de las carcajadas cínicas, encendió más las llamas para acabar con su alma, pero, aun así, este en ningún momento dejó de reír.
Sólo con la desaparición de su alma, la risa cesó.
Con Harald fuera de su vista y en sí de ese mundo y de cualquier otro, Hiccup se permitió dar un respiro de alivio, viendo como todo a su alrededor volvía a la normalidad con la desaparición del invocador.
El campo delimitador desapareció tan fugazmente, que las personas de Berk, ni cuenta se darían de que estuvieron bajo los efectos de un hechizo. Hiccup miró al precipicio y sintió más alivio cuando vio que toda la movilidad se había recuperado.
Cansado, bajó al techo, y enseguida lo que hizo fue a acercarse a su aliada la cual, aparentemente le estaba costando mantenerse en pie.
—Hofferson… se acabó, todo volvió a la normalidad, y supongo que los niños estarán bien. —dijo para tratar de animarla.
Sin embargo, como respuesta, solo pudo escuchar cómo su aliada comenzaba a inhalar y a exhalar profundamente y con cierto tono de dolor.
—Hofferson… ¿qué pasa? ¿estás bien? —preguntó preocupado, pero manteniendo su distancia para no incomodarla.
—Estoy bien, es sólo un…
Y de repente un grito lleno de dolor, Astrid se dejó caer en el suelo al sentir un terrible espasmo en el vientre que le retorció todas las entrañas.
—¡Hofferson!… ¡¿qué pasa?! —se acercó rápidamente el preocupado Hiccup para socorrerla, y se puso a su altura para sostenerla.
—¡NADA, estoy bien! —aseguró está impidiéndole que se le acercara demasiado, cuando de repente sintió otro espasmo, tan fuerte, que la tumbó al suelo y la hizo gritar con más dolor.
—¡¿Q-qué tienes?!… A… Astrid… Astrid… ¡¿Qué pasa?! —gritó Hiccup asustándose, pues su aliada parecía que se moriría. —Astrid… responde…por favor.
Como respuesta, sólo obtuvo otro grito de dolor, y una inminente rendición.
—¡NO PUEDO! ¡ME DUELE MUCHO! —gritó esta casi al borde del llanto, sosteniéndose fuertemente de él. —¡AYÚDAME, POR FAVOR! ¡AYÚDAME! —rogó con dolor, apretando su camisa entre sus manos. —¡por favor… ayúdame! No puedo… me duele…
Hiccup, boquiabierto y espantado, comenzó a temblar, pues algo realmente malo estaba pasando con ella, pues nunca en su vida imaginó que su "antes" enemiga le rogaría por ayuda.
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Cargándola por varias cuadras y preguntando por un curandero, Hiccup fue auxiliado por unas personas que lo llevaron a su adolorida aliada y a él hasta el hospital principal de Berk.
Ahí, tan pronto entró en el recinto con Astrid en brazos, el personal del hospital se la llevó, mientras que, a él, otra persona lo atendió por la raspadura que tenía en una de sus sienes, y por el cabezazo que le había quedado enrojecido.
Su revisión y curación no duró más de 15 minutos y, tan pronto el médico vio que se encontraba bien, le pidió que aguardara en la sala de espera del área de urgencias.
Estaba nervioso y angustiado, principalmente porque no sabía de los procedimientos médicos de ese mundo, por lo que dudaba que pudieran a atender a su aliada con propiedad, en especial si su padecimiento tenía que ver con el egni.
Miró al reloj y vio que sólo había pasado media hora desde que el personal se había llevado a su aliada, y no le gustó para nada, el tiempo se le estaba haciendo demasiado lento.
El tic en la pierna no lo dejaba en paz y casi estaba por terminarse las uñas de una de sus manos, así que, para relajarse, se puso de pie para caminar alrededor del pasillo, cuando de repente, vio a una persona conocida a unos cuantos metros de él.
—¿Dagur?
—¿Hermano? —se acercó este también confundido. —¿Qué haces aquí?
Apenas respondería, cuando otra persona llegó con ellos y los interrumpió.
Era una mujer de cabello castaño rojizo, la cual vestía con una bata de médico, y llevaba consigo un tablero con diversos papeles.
—Hola Hiccup, por suerte estaba aquí y me tocó atender a Astrid. —comentó con una melancólica mirada.
—Disculpe… ¿la conozco? —cuestionó Haddock confundido, esa mujer le hablaba con mucha familiaridad.
La doctora se extrañó con su pregunta y enseguida frunció el entrecejo, miró a Dagur y por su expresión parecía como si le estuviera preguntando si sabía lo que pasaba.
El detective sólo se encogió de hombros sin entender tampoco nada, y todas aquellas expresiones bastaron para darle un indicativo a Hiccup de que esa mujer, en efecto, sí lo conocía, por lo que su mirada pronto se clavó en el nombre que tenía bordado en la bata, para averiguar de quién se trataba.
"Dra. Atali Silverwing"
—Oh… lo siento, Dra. Atali…—trató de acomodar rápidamente. —¿Cómo está ella? ¿Cómo está…Astrid?
La doctora volvió nuevamente su mirada a él, y dio un leve suspiro.
—Necesito que me firmes una responsiva para intervenirla de inmediato, Hiccup. —respondió entregando los papeles que tenía en una tablilla.
—¿Intervenirla? —repitió este tomando lo que le daba con cierto recelo.
—Así es. —continuó la doctora dando otro suspiro. —Lo siento Hiccup, pero… Astrid perdió al bebé, por lo que debemos practicarle rápidamente un legrado para evitar complicaciones.
—¿Cómo dijo?...
Continuará.
Notas de autora: Sin comentarios.
Maylu Liya: el momento ya llegó, ahora falta la parte difícil, el duelo. Saludos.
Sonic: Tal vez el crimen en el que lo van a acusar no será directamente ese, pero si se mencionará, el crimen del cual lo acusarán está implícito en este capítulo. Saludos.
Nina: jiji, me alegro, porque generalmente adivinan quién es el villano XD. Saludos.
Vivi: pues ya mató al jefe, pero ¿será beneficioso? Ya lo verás. Saludos.
K FanNeurtex: Me encantó tu mega comentario y tus teorías de las cuales te digo que algo de la 1 y la 2, la 3 deséchala XDD. Con respecto a que ellos ocultaron la magia a los niños, aclaro y spoileo XD, que digamos que Astrid y Hiccup (hechizados) estaban conscientes de sus poderes, el motivo del porque se lo ocultaron a sus hijos, se revelará posteriormente. Saludos
Amai do: XD, te auto comentaste XD, que risa. Muchas gracias, y sobre todo por apoyarme en la siguiente parte que sigue. Saludos.
Sandy97: Hola y bienvenida, siempre me es grato leer a las personas que leen mi fic, se agradece XD y me pone feliz. Con respecto a lo que comentas de los personas, es algo que me gusta hacer, ya que siempre me digo a mi misma que no todo es color de rosa y la vida no es tan fácil como otros lo pinta, algunas cosas si son en base a mi experiencia y otra cosas que platico con familia, amigos, compañeros etc y de ahí nace todo esto. Saludos.
A los seguidores, favoritos y anónimos nos seguimos leyendo. Cuídense mucho, y hagan caso a lo que digan las autoridades, son tiempos de pandemia.
31/03/2020
