Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi.
Una Cita, Una Cena, Una Noche sin Repeticiones
Noche de Boda y Mas
By Rossy Castaneda
Capítulo Extra
*****************ADVERTENCIA 18 +*****************
Este capítulo es totalmente de mi autoría.
Tuve que escribirlo puesto que muchas querían detalles sobre la noche de boda.
Espero lo disfruten ;)
Día Uno
Narrado por Terry
Luego del tedioso vals, las fotografías y el brindis con nuestros familiares y amigos, me acerque a Candy de la manera mas seductora me fue posible, sabia que ella no se resistiría a escuchar aquella voz.
—Candy, ¿que se te apetece de postre? —le pregunto mientras termino el champán que me queda en la copa.
—Nada, el postre lo comeré en casa —musita.
—¿En casa? —le pregunto —No sé que puede haber de postre —le respondo siguiendo su juego.
—El postre que quiero lo tengo delante de mi en estos momentos —me respondió con una sonrisa por de mas perversa.
La miro fijamente a los ojos y veo que sus preciosos ojos verdes arden.
-"¡Diablos! He creado un pequeño monstruo sexual" —pensé complacido.
Le sonrío fascinado y veo que su mirada se oscurece aún más, Candy tomó la copa de champán y bebe un sorbo abriendo ligeramente los labios y pasando la lengua por sus deliciosos labios.
Inhaló con fuerza, después de todo, no soy inmune a su deseo y el mio también empieza a ganar terreno.
—Nos despediremos de todos y nos largamos ahora mismo —le dije.
—¿Impaciente por llegar a casa? —me pregunta seductoramente.
—Mucho —le respondo mostrándole con mi mirada la evidencia de mi impaciencia.
Candy sonrió y juntos nos dependimos de todos excusándonos que ella no se sentía bien a causa del embarazo.
Salimos y noto que el champán empieza a hacer efecto en su cuerpo..
De camino al coche Candy no para de besarme y acariciarme, me está excitando tanto que me planteo hacerle el amor en el coche.
—Detente preciosa, no quiero tomarte en el auto —susurro al notar como me mordisquea el cuello mientras posa su mano en mi pene quien amenazó con romper el pantalón.
—A mi no me importaría —me responde, su voz es apenas un susurro.
—No quiero dañar la tapicería —bromeo intentando mantenerme sereno.
—Terry, estoy muy excitada necesito que lleguemos a casa pronto.
—Pues detente, o no conseguiremos llegar a casa —le digo quitando su mano de mi paquete que amenaza con romper la cremallera del pantalón.
Candy me responde con una leve y sensual sonrisa mientras yo conduzco a toda velocidad rumbo a casa.
Entramos en casa y ya no puedo más, tiro de su mano y la tomo en brazos, le agarro el cabellos de la nuca y le echo la cabeza hacia atrás suavemente, la miro y contemplo su expresión encantadora y a la vez desesperada. —Me desea mucho, Candy me desea mucho, el deseo, denso y fuerte, invade mi sangre y enturbia mi mente.
Nos besamos con fuerza mientras la llevo en brazos a nuestra recámara, la desnudo con torpeza y ella me arranca la camisa literalmente.— Se muere por que esté dentro de ella.
Me tira y se pone encima de mi a horcajadas, toma mi miembro y lo mete en su sexo.
¡Dios, que húmeda está ya!. Se mueve y, de hecho, lo hace muy bien —. No es la primera vez que lo hace, me dejo llevar por el deseo y, acompasando mi ritmo al suyo, me pierdo en el placer.
Candy incrementa el ritmo y yo cierro los ojos, estoy a punto de vaciarme en su interior.
—Abre los ojos —me ordena —Quiero que me mires
—¡Eh! —acierto a murmurar
—¡Abiertos! —me ordena y gruñe apretándome las manos.
Abro los ojos, y ella me está mirando con los suyos muy abiertos. Veo como gime y arquea la espalda. La miro hipnotizado, pero no digo nada solo chillo al vaciarme en su interior, y Candy hace lo mismo.
Se derrumba sobre mí, me suelta las manos y apoya la cabeza en mi pecho, la abrazo y ella levanta la cabeza para mirarme.
—¿Satisfecha, señora Grantchester? —le pregunto sonriendo.
Ella asiente mientras me acaricia el pecho.
Me inclino y beso la coronilla de su cabeza.
—Te amo Terry —me dijo alzando el rostro y besando mis labios.
—Y yo amo a ti, como jamás creí volvería hacerlo.
Repetimos nuestro amoroso encuentro no solo en la cama, lo hicimos también en el cuarto de baño.
Cuando finalmente nos saciamos, ella acarició mi rostro y poco a poco sucumbió al cansancio.
Acaricié su rostro una y otra vez, recordando lo idiota que fui y que estuve a punto de perder a esta maravillosa mujer que yacía dormida entre mis brazos.
—Duerme mi bella Candy —susurró mientras acaricio su espalda desnuda.
Día dos...
Nos despertamos muy temprano, luego de hacer el amor, tomamos junto una ducha, para luego vestirnos y salir a comer algo y pasear por la ciudad.
Mientras regresábamos a casa nos detuvimos en una tienda de artículos eróticos.
Candy sonrió con picardía al imaginar las deliciosas cosas que haríamos en cuanto llegaremos a casa con las cosas que compramos.
Al llegar a casa, ella comenzó con el juego de seducción.
Me desvistió lentamente sin apartar su verde mirada de mi.
Acarició mi torso desnudo con sus manos antes atarme a en la cama utilizando cuatro cintas que adquirimos en el sex shop.
Cuando se aseguró que estaba bien atado, comenzó a untarme mermelada de fresa en todo mi cuerpo la cual devoró con su lengua.
Yo me retorcía de placer, pero ella no bastándole, humedeció sus manos con la mermelada y frotó con ellas la longitud de mi pene y mis testículos.
Me dirigió una sonrisa perversa y llena de lujuria antes de bajar su rostro y comenzar primero a lamer mis pelotas las cuales estaban mas duras que una roca.
—Oh mujer me estas matando —dije entre jadeos.
Candy pasó luego su lengua desde el nacimiento de mi pene hasta llegar a la enrojecida cabeza la cual palpitó al sentir la punta de su lengua en la pequeña abertura, provocando que expulsara una gota de humedad la cual ella limpio con su lengua.
Gemí y me retorcí cuando Candy metió mi pene en su boca y comenzó a subir y bajar, primero lento y luego con mayor intensidad.
Demonios Candy era una excelente alumna, chupa tan deliciosamente mi pene que yo sentía que explotaría en su boca, pero contuve mi deseo, no obstante, la idea de ella era una muy diferente a la mía.
—Diablos Candy—rugí —desátame ahora —le supliqué cuando ella chupo la punta de mi pene con tanta intensidad que estuve a punto de vaciarme en su boca.
Vi como se rió de mí al ver que me tenía completamente dominado y a su merced.
Se apartó de mi y comenzó a desatarme.
Cuando estuve libre de aquel tortuoso cautiverio, en un movimiento rápido pero delicado, la hice rodar para que ella quedara debajo de mi.
—Mi turno —le dije moviendo mis cejas con perversion.
Candy sonrió y sin protestar abrió sus manos y sus piernas para que yo la atara.
Hice lo mismo que ella me hizo a mi.
Me deleite viendo como ella se retorcía de placer cada vez que mi lengua entraba y salía de su interior.
Candy gemía desbocadamente.
—Te gusta —pregunté
Ella me respondió con un jadeo
Reí entre dientes ante su respuesta.
Observe la bolsa que contenía los artículos que habíamos comprado, extendí mi mano y saqué el vibrador y comencé a torturarla.
¡Demonios! Escuchar a Candy gemir con aquel pedazo de goma, provocó celos en mi, razón por la cual lancé aquella mierda por los aires y me posicioné sobre ella y comencé a penetrarla lentamente.
—Desátame —me pidió —quiero tocarte.
Me removí de ella para poder complacerla, cuando se vio liberada me indicó con un movimiento de su mano que me recostara.
Tan pronto lo hice, Candy se sentó a horcajadas y comenzó a cabalgarme cual amazona lo hace.
En menos de cinco minutos ambos alcanzamos el climax.
Candy se dejó caer sudorosa sobre mi pecho.
Yo acaricié su espalda desnuda.
—Te amo —le dije
—Y yo te amo a ti —me respondió antes de quedarse dormida.
Día Tres...
Era mi turno de comenzar el juego de seducción, luego de asearnos, cargué a Candy completamente desnuda en mis brazos y la llevé hasta nuestra habitación, la deposité sobre la cama.
Candy se mordió el labio inferior mientras yo colocaba dos silla, una frente a la otra.
Sonreí traviesamente, ahora era cuando ella sabría lo que era ser deliciosamente seducido y torturado.
Me acerqué a ella y la cargué en brazos nuevamente, la senté en una de las sillas y la até, tomé miel de abeja, dejé caer una linea de miel la cual se deslizó desde sus senos hasta su ombligo.
—Oh por Dios —chilló cuando con la lengua comencé a remover el dulce sabor de la miel que se mezclaba con el dulce nectar de su piel.
—Mas abajo Terry —pedía jadeante mientras alzaba las caderas.
Metí mi cabeza entre medio de sus piernas que se encontraban atadas, y completamente abiertas para mi.
—Mmmm Terry mueve tu lengua con mayor rapidez —me ordenó presa del deseo.
Sonreí cuando sentí su cuerpo tensarse, me aparté, no se la pondría fácil.
—No te vengas, aún no —le ordené
—Demonios Terry, como me pides eso —respondió jadeante.
Ignoré su protesta, en su lugar me senté en la silla frente a ella y comencé a frotar mi erecto pene ante sus ojos verdes los cuales estaban oscurecidos.
Vi como un hilo de saliva corrió por la comisura de sus labios mientras me miraba.
Me puse de pie y aprovechando me altura, me paré de puntillas frente a ella y puse mi pene cerca de su boca.
¡Diablos! Candy abrió su boca y comenzó a devorarme mientras yo empujaba mis caderas hacia al frente facilitándole el trabajo.
Me aparté cuando sentí que estaba a punto de vaciarme, no quería hacerlo, aun no.
Me senté nuevamente en la silla frente a ella, estiré una de mis manos y con mi pulgar comencé a formar círculos en su sexo, mientras con mi otra mano frotaba mi pene de arriba hacia abajo.
—Te necesito adentro ahora Terry —me ordenó.
No me hice del rogar y complací sus deseos, luego de desatarla, la hice sentarse a horcajadas y la tomé de las caderas para ayudarla a subir y bajar, primero lento y luego con rapidez hasta que ambos alcanzamos nuestra liberación.
Día cuatro...
Narrado por Candy .
Desperté esa mañana y decidí que le daría una sorpresa a mi esposo.
Fui a la cocina y le dije a la señora que nos ayudaba con los deberes de la casa, que podia marcharse, se tomara unos días de vacaciones, que yo me encargaría de todo mientras tanto.
Llegué a la biblioteca e ingrese sin llamar a la puerta.
—He dicho que no quiero interrupciones de nadie —dijo Terry sin levantar siquiera su rostro de la pilas de palpes sobre el escritorio.
—Ni siquiera por mi —musité de manera sensual.
Sonrío cuando veo la manera como me devora con la mirada y deja de lado todos los papeles y se acerca a mi.
—Creí que no querías interrupciones —susurro en su oido.
—Quiero disfrutar de la mujer que amo, la mujer que me robó el aliento desde el día que cruzó por primera vez la puerta de mi despacho —susurra.
Terry comenzó a besarme de aquella manera que me volvía loca y me hacia perder la noción de todo lo que sucedía a mi alrededor.
Sin previo aviso, me tomó de las caderas y me acercó a él, hundí mis manos en su cabellera castaña y me uní a aquel delicioso beso.
Lo escucho jadear en mi boca y nos besamos salvajemente.
Me tomó en brazos y me llevó a nuestra habitación.
—Creí que no querías ser interrumpido por nadie —dije divertida —y ahora ¿que quieres hacer? —le pregunto.
—Desnúdame —me ordena.
Le quito la camisa y me acacho para quitarle el pantalón.
—Te toca —le digo coquetamente.
Mientras termina de desnudarme noto lo excitado que está.
—Dime que quieres que te haga —me pregunta.
—Bésame desde aquí hasta aquí —le digo deslizando un dedo desde mi garganta hasta mi cintura.
Me remueve el cabello y comienza a marcar una linea de suaves besos por donde he pasado mi dedo.
—¿Y ahora que, Candy? —pregunta con voz ronca.
—Sigue besándome —ordeno.
—¿Dónde? —pregunta, aunque él sabía muy bien mi respuesta.
—Ya sabes dónde —respondo entre jadeos.
—No, no lo sé... Pídemelo —me dice sonriendo de medio lado.
—Aquí —digo tocando el nacimiento de mis piernas.
Terry sonríe endiabladamente, sabiendo perfectamente que me tiene a su merced.
Me besó una y otra vez, sin parar, me rodeó mi sexo con la lengua mientras yo gemía sin parar.
—Terry, detente por favor —suplico. —Hazme el amor.
—Lo estoy haciendo preciosa —susurra entre mis piernas.
—No —respondo —Te quiero dentro de mi.
Terry alza la mirada, lo miro con la boca entre abierta, él me devuelve la mirada con lujuria.
—Recuéstate —me ordena —Quiero mirarte Candy, eres tan hermosa.
Obedecí como manso corderito y me recosté en la cama; él se posicionó sobre mi, me separó las piernas y sin apartar sus ojos de los míos se hundió en mi interior a un ritmo deliciosamente lento.
Cerré los ojos y alce las caderas para recibirlo mientras él sigue moviéndose muy lentamente.
—Más rápido, por favor —suplico
—No, así, despacio, eso es hacer el amor —me dijo triunfante.
—Pues entonces cógeme, pero necesito que te muevas más rápido —ordeno.
El muy desgraciado bajó la cabeza y sonrío con picardía, luego comenzó a moverse de verdad.
—No duraré mucho —me dijo cuando comencé a unirme a su ritmo debajo de él.
Grité su nombre al llegar al climax y justo un instante después él hizo lo mismo.
—Te amo Candy —me dice mientras sale de mi interior.
—No mas que yo —le respondo incorporándome y apoyándome sobre mis codos para mirarlo a los ojos y besar sus labios.
Me recuesto de nuevo a su lado y permanecimos así recostados en la cama durante mucho tiempo, abrazados y sin hablar.
Repetimos una y otra vez nuestro encuentro sexual, practicando diferentes posturas hasta que ambos quedamos saciados.
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Día cinco...
Narrado por Terry..
Llego a la Universidad y estoy más que feliz que nunca.
Durante la mañana no he dejado de enviarle correos electrónicos a Candy para saber como se encuentra.
Asunto: Te echo de menos.
Señora Grantchester, le informo de que la estoy echando de menos, las horas no pasan y estoy deseando que se haga la hora de volver a su lado.
Siempre suyo,
Terry.
Sonrío cuando le doy a enviar —. Su respuesta es casi inmediata.
Asunto: re: Te echo de menos.
Señor Grantchester, el sentimiento es mutuo, espero ansiosa su regreso para poder recibirle como corresponde a alguien de su categoría.
Siempre suya,
Candy.
Una enorme sonrisa se dibuja en mi rostro.
Asunto: Deseando llegar a casa.
Un buen recibimiento sería usted con las medias y el liguero que llevaba anoche.
Siempre suyo,
Terry.
Sonrió al ver su respuesta
Asunto: re: Deseando llegar a casa.
Le recibiré desnuda y metida en la cama ya muy húmeda.
Candy.
Demonios Candy y yo estamos bromeando, pero mi pene no opina lo mismo y empieza a cobrar vida.
Asunto: re:re: Deseando llegar a casa.
No se si podré aguantar hasta la tarde. ¿ Finjo estar enfermo y voy a casa ya?
Terry.
Su respuesta es casi inmediata.
Asunto: re:re:re: Deseando llegar a casa.
Estimado profesor me sorprende su falta de profesionalismo, haga el favor de comportarse y vuelva al trabajo. ¿ No tiene que impartir clases? Pues hágalo.
Candy.
Sonrió como un completo idiota ante su respuesta.
Asunto: re:re:re:re: Deseando llegar a casa.
Así lo haré, nos vemos en la tarde, te amo.
Terry
Se hace por fin la hora de volver a casa. En todo el trayecto de vuelta no me puedo quitar una ridícula sonrisa en mi rostro, es nuestro quinto día casados oficialmente.
Es increíble como mi vida ha dado un cambio radical y, cuando había perdido la esperanza de volver a amar a alguien, el destino me brindó está nueva oportunidad y la pienso aprovechar al máximo.
Entro en casa y no veo a Candy por ninguna lugar, la llamo y no me responde.
Miro en la cocina, en el salón y, cuando me dirigía a nuestra recámara , Candy sale a mi encuentro.
No puedo creer lo que veo, está desnuda, sin más ropa que el liguero negro y las medias de seda que llevaba la noche anterior.
La veo acercarse a mi por el pasillo, contoneando ese cuerpo que tiene y que, ahora es mío, para siempre.
Me acerco sigiloso, sin decir nada, no puedo apartar mi vista de la suya.
La observo como un depredador observa a su presa; posesivo.
Cuando estamos tan cerca que podemos rozarnos ella me susurra al oído.
—Bienvenido a casa, profesor.
Esa sencilla frase oída de sus labios me vuelve completamente loco.
La tomó a horcajadas y la llevo a nuestra habitación.
La recuesto en la cama y yo me quito el traje tan rápido como puedo.
Ella me mira expectante, veo el deseo en su ahora oscura mirada y sus pupilas dilatadas.
Me vuelve loco ante aquella vision, tiro al suelo toda la ropa y me recuesto encima de ella, besándola y acariciándola.
—Ponte tu encima —le ordeno.
Hace lo que le pido y se queda a horcajadas sobre mi, mirándome provocativa.
¡Por Dios!—Candy no tiene idea de como me está poniendo —gruño.
Le acaricio los muslos, bajando las manos hasta sus rodillas.
Suavemente le separo un poco más las piernas, dejándola abierta y expuesta.
—Muévete – le pido.
Candy comienza a moverse, y uniendo mi ritmo al suyo, me coge ella a mi, como nunca lo había hecho.
Esto no es hacer el amor, es coger, y me encanta —susurro.
Candy sonríe, mi mirada nunca se separa de la suya y observo todas sus reacciones. Le gusta tanto como a mi.
—Vente para mi –ordeno entre jadeos.
Su cuerpo se tensa, sus músculos me aprietan y sé que ya está a punto. De pronto grita mi nombre mientras alcanza su climax, convulsionándose. Yo emito un sonido salvaje desde el fondo de mi garganta y me uno al clímax con ella.
—Esto ha sido jodidamente excitante —digo.
Ella me sonríe con esa sonrisa tímida tan especial.
Día seis...
Cuando me despierto antes de que suene el despertador a la mañana siguiente, estoy enroscado a su cuerpo; mi cabeza sobre su pecho, el brazo alrededor de su cintura y una pierna entre las suyas.
Me levanto despacio y procurando no hacer ruido, ella gruñe algo pero se da la vuelta y sigue durmiendo.
Sé ha hecho tarde y no me da tiempo a salir a correr, bueno en realidad bastante ejercicio estamos haciendo ya. —Me río como un idiota.
Ya en la Universidad me concentro en leer la carpeta con los exámenes de mis alumnos.
Me entra un mensaje y sonrío al saber que es Candy.
—"Mi amado esposo, estoy mas aburrida que una ostra, he ordenado un poco, he estado leyendo, viendo la televisión e, incluso y pese al frio, he salido a pasear por los preciosos jardines de nuestra residencia, pero lo echo mucho de menos. Solo el recuerdo de nuestro encuentro sexual de anoche logra distraerme; no venga tarde."
Candy
Mi hermosa mujer no tiene ni idea de lo que sus palabras provocan en mi.
—"Mi amada esposa, tengo muchísimo trabajo y con sus palabras ha conseguido desconcentrarme, intento agilizarlo al máximo ya que, por nada del mundo, quisiera salir tarde de aquí. No me distraiga con esos recuerdos ya que no respondo de mis instintos."
Terry
Me responde inmediatamente.
—"No le molesto más. —PERO NO TARDE"
Candy
En mayúsculas ¡eh!, rio
—"No lo haré y, otra cosa más, te amo"
Terry
—"Yo más."
Candy
Me cuesta unos minutos volverme a concentrarme en mi trabajo al saber que ella me esperan en casa y que nunca mas se irá de mi lado, vivir junto a Candy ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, atrás quedaron los malos recuerdos, ahora mi vida gira en torno a ella y nuestro hijo o hija que crece en su interior.
Candy es y será mi salvadora.
Lo que comenzó como un juego de seducción en un chat exclusivo para abogados se convirtió con el tiempo en la mas maravilla experiencia de mi vida.
Candy siempre estaba dispuesta a complacerme en todo cuanto yo deseaba, no había limite para ella.
Amo a esa mujer, que aun cuando no merecía su perdón, me lo dio y me abrió nuevamente su corazón.
No me cansaré de agradecer a Dios el que la haya puesto en mi camino.
Mi vida sin Candy, es como un velero a la deriva sin rumbo fijo.
Ella es esa chispa que hace que mi corazón palpite con tanta intensidad con tan solo escuchar su voz.
Fue necesario que pasara por un sendero de oscuridad para poder, al final del túnel encontrar la luz que le daría un nuevo sentido a mi vida.
Candice es es la luz que ilumina mi vida con una sonrisa y el dulce sonido de su voz.
Fin...
Muchas gracias por haberme acompañado hasta aquí
Besos, abrazos y miles de bendiciones a la distancia ;).
