En estos tiempos tan difíciles que estamos viviendo, me resulta complicado inspirarme y escribir, sin embargo, creo que es necesario salir de la nube oscura que nos está envolviendo a todos y me adentré en el mundo de fantasía que los fics nos regalan. Espero que este capítulo les guste y las distraiga a todas al menos unos momentos.

Por ahí me enteré que en una página de facebook, creo se llama Autoras de candy y terry, hace mención de mi fic en una sección de "los mejores fics de drama en proceso". Créanme que esa mención hizo mi día, mi semana y mi encierro.

Les pido se cuiden y no salgan de sus casas a menos que sea estrictamente necesario.

Besos!


Capítulo 20. Felicidad

"¡No puedo creer que me quedé dormida!. Jamás me había pasado" dentro del auto, Candy se encontraba muy mortificada.

Temía que por culpa suya, perdiéramos el tren, lo cual, me tenía sin cuidado.

Para mí la solución era sencilla; tomaríamos el siguiente viaje a Lakewood, y aunque llegaríamos con unas horas de retraso en comparación con Albert y mi familia, estaríamos justo a tiempo para asistir a la boda de Elina.

"Mi amor, deja de torturarte. Ya te dije que no te preocupes tanto. Estabas cansada y no tuve corazón para despertarte, así que si vas a continuar culpando a alguien, entonces empieza por achacarme la parte de culpa que me corresponde" tomé su mano entre la mía y besé con suavidad cada uno de sus falanges.

Ruborizada, sonrió al tiempo que presionaba su mano contra la mía y acariciaba mis labios con los suyos.

Atesoro en mi corazón cada caricia suya, cada beso, cada mirada.

No doy por sentado ningún momento que vivo a su lado.

Toda ella es un sueño tan preciado para mí que me emociona al punto de las lágrimas reconocer segundo a segundo que esta es mi vida.

A pesar del acoso de la prensa, los problemas con Loyd, la misteriosa desaparición de Margot y mis demonios, no cambiaría absolutamente con nadie mi vida.

¡Soy feliz!

Gracias a que Hans rompió todas las reglas de tránsito existentes, llegamos justo 2 minutos antes que el tren dejara la estación.

En cuanto entramos a nuestro vagón, todos nos recibieron con preocupación y sorpresa, en especial mi madre y Alisa, la cual, en cuanto me vio saltó a mis brazos visiblemente angustiada.

"Estamos bien, pulga" besé su cabeza y la acurruqué contra mi pecho.

"Tú nunca llegas tarde a ningún lado" repuso consternada.

Dirigí mi mirada a Candy.

La noté enternecida y afligida al mismo tiempo.

"!Mi cielo!, creímos que no llegarían a tiempo" sin querer contenerse, mi madre me envolvió en un abrazo. "¿todo bien?" preguntó mientras se separaba ligeramente de mí.

Me dio la impresión que el miedo de ambas era más profundo del que se atrevían a confesar.

"Querida, Alisa, Terruce y Candy están aquí sanos y salvos. Eso es lo que importa. Algún buen motivo debe haberlos retrasado"

Apenada pero con el sentido del humor que la caracteriza, Candy comenzó a contarles la razón de nuestro pequeño retraso.

"No es propio de ti quedarte dormida, pequeña. ¿Acaso estás retomando viejos hábitos del Colegio San Pablo?" dijo Albert con una sonrisa traviesa dibujándose en sus facciones.

"¡Albert!, yo jamás me quedé dormida... me saltaba clases que es diferente" rodeé con uno de mis brazos los hombros de mi esposa y deposité un beso sobre una de sus sienes.

Me deleité con el eco de sus alegres carcajadas.

Es uno de mis sonidos predilectos. Sencillamente es música para mis oídos.

"Lo recuerdo perfectamente. El zoológico en Londres donde trabajé durante mi estadía allá, se convirtió en el centro de reunión preferido de ustedes dos" repuso risueño.

Su mirada viajó al pasado, y nosotros junto con él.

Londres guarda tantos momentos hermosos como dolorosos, estos últimos sin embargo, no duelen más.

"¿Trabajaste en un zoológico? ¡Cuéntame!. Quiero saber más" Albert tomó la mano de mi hermana y la besó con delicadeza al tiempo que entrelazaban mutuamente sus dedos.

Con el carisma que lo caracteriza, empezó su narración.

Elina, fascinada, no dejó de observarlo hipnotizada. Enamorada.

Me pregunto si esa expresión se dibuja en mis facciones cada que veo a Candy, pensé.

Giré mi rostro hacia ella y la vi observarme fijamente con una dulce sonrisa.

"¿Llevas mucho tiempo observándome?" susurré para evitar que el resto nos escuchara.

"Desde que abordamos el tren. Me gusta verte"

Con la mano que tenía libre acarició mi mejilla, mientras que con la yema de su pulgar, rozó mis labios.

Nuestra familia nos ignoró por completo. Todos se encontraban centrados en el relato de Albert como para prestarnos atención, o quizás, pretendían que nos ignoraban para darnos un poco de privacidad.

"Suelo tener ese efecto en las mujeres, Srta. Pecas. Soy un hombre encantador" bromeé como solía hacerlo en el pasado.

Anonadada, Candy abrió la boca en completa incredulidad.

En cuanto recuperó la compostura, me dio un golpe a la altura de mis costillas con su codo mientras levantaba orgullosamente su nariz en dirección opuesta a mí.

"¡VAYA ENGREÍDO!. Lamento informarte que quienes te han hecho creer que eres encantador, fascinante o sumamente apuesto, te han mentido" graciosamente molesta, cruzó sus brazos contra su pecho evitando en todo momento mi mirada.

Al prolongarse mi silencio, abrió uno de sus ojos y observó en mi dirección más divertida de lo que se permitía expresar.

"¿Con que fascinante y sumamente apuesto, eh?" repuse para su creciente sonrojo en medio de una carcajada.

"¡Eres incorregible!" mientras me daba la espalda, rodeé su cintura con mis brazos y un doloroso deja vu se apoderó de nuestro corazón.

Aun cuando nos encontrábamos sentados dentro de este angosto vagón y rodeados por nuestra familia, sentí como los músculos de su cuerpo se tensaban bajo mi contacto.

Mi mente traicionera me trasladó al lugar donde perdí la razón que me empujaba a convertirme en la mejor versión de mí mismo; Candy. Mi luz.

"Terry..." susurró débilmente

"No me dejes nunca. No lo soportaría. Sin ti no soy nada" susurré en su oído aquellas palabras que no pude pronunciar años atrás.

Con la angustia dibujada en sus facciones, giró hacia mí, tomó mis mejillas con sus manos y me besó.

"Para mí lo eres todo. Te amo" sonreí "... aunque a veces eres terriblemente descarado" musitó juguetona tiñendo de alegría el ambiente melancólico, que segundos atrás, nos envolvió.

Me guiñó el ojo, y sin querer alejarnos el uno del otro, permanecimos abrazados el resto del viaje.

Desperté sobresaltado de mi sueño en cuanto escuché la voz del guardia anunciando que estábamos por arribar a nuestro destino.

Quise estirarme pero desistí en cuanto vi que Candy seguía dormida sobre mi hombro a pesar del estridente silbido del tren, seguido del ensordecedor rechinar del metal.

Mi esposa tiene el sueño muy pesado, me dije mientras veía como mantenía su respiración acompasada a pesar del barullo.

"Terry..." le hice una seña a Albert para que bajara la voz.

Con cautela, entró al vagón y me indicó que era hora de salir del tren.

"Llevaré a Candy en brazos. No quiero despertarla" susurré.

Como era de esperarse, mi esposa no despertó en todo el camino.

En cuanto lleguemos a la villa de los Andley, la llevaré a una habitación. No ha dormido bien las últimas semanas por culpa mía, pensé al tiempo que depositaba un beso sobre su frente.

A escasos metros de la villa, vimos desde el auto un tumulto bastante encendido en ánimos que se estaba llevando a cabo frente al portón.

Por un instante creí se trataba de la prensa, que de algún modo, se había enterado del lugar donde se llevaría a cabo la boda de Elina y Albert.

Tal era el escándalo, que Candy aun en mis brazos, abrió los ojos.

"¿Qué sucede?" adormilada tomó su lugar a un lado mío.

Al oír de lleno los gritos, despertó al instante.

Siguiendo el origen de la bulla, dirigió preocupada su mirada hacia el portón.

"¿Los medios nos siguieron hasta acá?" silencio.

Ninguno sabíamos cómo responder la pregunta de Alisa, pero en cuanto el auto se detuvo a centímetros del portón, distinguí la figura de una persona que esperé no volvería a ver jamás.

"Olette..." pronunció mi padre en un susurro.

Con la curiosidad que la caracteriza, Alisa se acercó a la ventana del auto para observar mejor a la mujer que hasta hace unos segundos taladraba nuestros tímpanos con sus alaridos.

Por la expresión de asombro que adornaba el rostro de Albert y Elina, me resultó evidente que no esperaban verla aquí.

"Que mujer tan fea, ¿quién es, Terry?" la senté sobre mis piernas antes que terminara de formular su pregunta.

"¡Alisa! ¡Qué maneras son esas de expresarte de una persona!" mi madre la reprendió como era de esperarse, yo en cambio no pude estar más de acuerdo en silencio con su aseveración.

Esa mujer es horrorosa por fuera y mucho más por dentro, pensé.

Por un momento consideré hacer audibles mis pensamientos, pero me contuve al ver la expresión decaída de Elina.

Es su madre después de todo, me dije.

"Elina, mi amor, tranquila" al escuchar a Albert, mi hermana levantó la mirada y sonrió.

En cuanto salimos del auto, la servidumbre que contenía la furia de esa mujer, hicieron una reverencia a Albert al tiempo que lo observaban acongojados por la escena que sin querer, nos habíamos visto en la necesidad de presenciar.

"Sr. Andley... disculpe... nosotros no..." con un gesto de la mano de mi amigo, el mayordomo, que no rebasaba los 50 años de edad, guardó silencio.

"No se preocupe, Thomas. Pueden proseguir con sus actividades. Gracias" como si de un clarinete militar se tratara, de inmediato todos hicieron lo que se les ordenó.

"¡Hasta que llega alguien con autoridad! Sus empleados tuvieron la osadía de impedirme el paso" vociferó. "¿¡Qué acaso no saben quién soy yo?!" la mirada de Albert era cordialmente fría.

"Le pido disculpas por la falta de cortesía de mis empleados, Sra. Van Ewen" repuso dirigiéndose a ella usando su apellido de soltera.

Por la expresión de sapo arrugado que se dibujó en su cara, es obvio que ese detalle le desagradó bastante.

No imaginé que pudiese verse más fea de lo que es, me dije.

"Madre, ¿cómo supiste donde localizarnos?" preguntó Elina al tiempo que salía del coche con ayuda de Albert.

"No fue difícil averiguarlo" repuso secamente.

En cuanto todos salimos del vehículo, la mirada arrogante de esa mujer recorrió a mi padre, mi madre, Candy, para al final, detenerse sobre Alisa y yo.

Nos observó con tanto desprecio, que sin pensarlo un sólo segundo, le devolví gustoso el gesto.

"Por lo que veo no tardaste en juntarte con esa ramera, Richard. Hasta te atreviste a procrear una bastardita. Igual al hermano. Igual a la madre"

A mí podía colgarme todos los adjetivos que quisiera, pero Alisa es sagrada.

"Candy, entra con Alisa y mi madre a la casa" exigí.

Mi esposa, comprendiendo el oscuro tono de mi voz, tomó a mi hermana de la mano, y seguida por mi madre, se dirigieron al interior de la villa sin pronunciar una sola palabra.

"Si en algo aprecia su miserable vida, no vuelva a dirigirse a mi hermana y a mi madre de esa manera o le juro que haré que se trague cada una de sus palabras" mi padre se colocó a un lado mío. Creí que me pediría mesura y prudencia.

Sorprendentemente, me equivoqué.

"Por respeto a nuestra hija y su prometido no respondo como deseo, Olette, pero te aconsejo que no estires demasiado tu suerte. Te aseguro que no volveré a cometer el error de permitir que insultes a Terruce, mi esposa y mi hija" lo observó con odio.

Verlo feliz con la familia que ha formado al lado de la persona que siempre ha amado, es algo que su oscuro corazón no puede soportar.

"¿¡Es eso un intento de amenaza, Richard?! Si quisiera, con un sólo chasquido de mis dedos sería capaz de acabar con tu felicidad, tu patética familia y la carrera de tu bastardo al mismo tiempo" posó sus ojos pequeños y saltones sobre mí. Me vio de arriba abajo con aborrecimiento. Es enteramente correspondida. "¡Qué este paria, malnacido, tenga la osadía de llevar el apellido Grandchester y además se atreva a degradar el nombre de la familia dedicándose a un remedo de profesión como es la actuación, es un ultraje! Los únicos dignos de portar ese apellido son..." en algún momento dejé de escuchar sus berridos.

La veía escupir su veneno una y otra vez, pero mi mente estaba ocupada concentrándose en una sola cosa; recordar que golpear a una mujer es incorrecto.

¡Al diablo con eso! Dios, o cualquier otro ser celestial podrá excusar el pecado que estoy por cometer, pensé furioso.

Si estampo mi puño en el rostro deforme de esa mujer, y me juzgan por ello, es algo con lo que puedo vivir. ¡Lo que es insoportable es continuar respirando el mismo aire que esta persona!

"¡Madre, basta!" Elina se colocó frente a mí al tiempo que tomaba una de mis manos entre la suya. "¡No permitiré que sigas degradando a mi hermano con tu odio e injurias!" todos observamos sorprendidos a Elina. Especialmente su madre.

"¿¡Te estás poniendo de lado de ese bastardo?! Él es..." empezó a balbucear, pero Elina la interrumpió.

"¡No más! Terry no es el culpable de tu infelicidad, sino tú misma, madre. Tu irracional odio hacia él y Eleonor, es el único responsable de la miseria que te rodea" dijo.

Elina estaba furiosa, sin embargo, su voz jamás perdió su matiz compasivo.

Es increíble que a pesar de todo el daño que esa mujer le ha hecho, aun tenga la capacidad de condolerse de ella.

"¡NO PERMITIRÉ QUE TÚ...!" intentó hablar en vano.

Mi hermana continuó avasallándola con palabras que quizás, había guardado dentro de su pecho durante bastantes años.

"¿No me permitirás qué exactamente? ¡¿Reclamarte que en tu senda de odio, te atreviste a envenenar el alma de tus propios hijos?! ¡Cómo te atreviste!" los labios de la mujer comenzaron a temblar al igual que sus manos.

Por un momento tuve la impresión que se pondría a llorar, sin embargo, ninguna lágrima rodó por sus abultadas mejillas.

"¡Todos fuimos víctimas de las artimañas y mentiras de tu padre! Especialmente yo... él es el culpable de todo, yo jamás..." empezó a hablar esa mujer.

Elina negó violentamente con la cabeza y rompió el viento que nos rodeaba con un movimiento brusco de sus brazos.

"¿Hasta cuándo continuarás culpando a todos de tus fracasos, madre?, ¡mi padre ha pagado un alto precio por sus errores!. No reniega de ellos. Contrario a ti, se ha convertido en la figura paterna que deseo emular" debido a su cólera, esta mujer era ignorante de los movimientos convulsos que azotaban cada una de sus extremidades.

"Cómo te atreves a hablarme así... TE GUSTE O NO SOY TU MADRE! ¡ME DEBES RESPETO!" espetó iracunda.

"La verdad jamás será ofensiva. Sí incómoda. Desde que tengo uso de razón, te has encargado de impedir que Milton, Arthur y yo forjemos un vínculo afectivo con Terry inventando sinfín de mentiras, pero a pesar de todos tus intentos, no pudiste evitar que él y yo seamos los hermanos que estamos destinados a ser. Jamás volveré a darle la espalda" respiró profundamente, volvió a tomar mi mano y levantó la mirada nuevamente hacia su madre y dijo las palabras que estaba seguro, ningún padre querría escuchar "Ya no soy la Elina que algún día creyó ciegamente en tus palabras, madre"

Por la expresión que se dibujó en el rostro de esa mujer, no fue difícil intuir que esta era la primera vez que escuchaba lo que afligía el corazón de su hija.

Una parte de mí se aferró a la diminuta e insulsa esperanza de que este monstruo con apariencia de mujer, respondería a su hija con amor.

Aun cuando detesto con todo mi ser a esta persona, deseé que Elina se reconciliara con su pasado como yo en algún momento lo hice con el mío.

Durante breves segundos diversas expresiones se reflejaron en el rostro obeso de esa mujer; sorpresa, tristeza, confusión, duda. Desafortunadamente, al cabo de unos instantes la soberbia tan característica de ella volvió a salir a flote y con la misma frialdad de antaño, le respondió.

"De los tres, sólo tus hermanos han estado a la altura de su posición. Saben hacer toda clase de sacrificios con tal de salvaguardar el buen nombre de la familia. Los sentimentalismos baratos de los que has hecho gala sólo demuestran lo ordinaria que eres. Creí que habías retomado el buen camino al decidir casarte con un caballero de la altura del Sr. Andley, pero me equivoqué. ¡ERES UNA VERGÜENZA PARA LA FAMILIA GRANDCHESTER!" enfurecido, Albert se colocó a un lado de su prometida con una expresión tan iracunda, que por primera vez tuve miedo de lo que mi amigo fuese capaz de hacer.

"Por respeto al Sr. Grandchester y amor a Elina me mantuve al margen de la situación hasta ahora, pero escúcheme bien, no le permitiré a usted ni a nadie que dañe siquiera con el pensamiento a mi prometida" dijo ronco por el enojo.

"¿¡Acaso no sabe quién es mi familia, Sr. Andley?! Mis hijos pueden destruirlo si lo solicito..." sin dejarse amedrentar por sus palabras, Albert dio un paso hacia ella, impidiéndole terminar de hablar.

"¿Sus hijos, dice?. Milton tiene una tendencia a apostar grandes cantidades de dinero. Debido a su problema, ha pedido préstamos millonarios a los bancos de mi familia, los cuales ha pagado cediéndonos voluntariamente propiedades que pertenecieron durante generaciones a la familia Grandchester. Arthur por otro lado, está siguiendo el mismo camino que Milton. Dudo que alguno de ellos cuente con los medios necesarios para apoyarla en su propósito. En cuanto a sus hermanos, es de conocimiento público que la familia Van Ewen está en la ruina, motivo por el cual, toda la aristocracia inglesa les dio la espalda. Así que dígame, ¿cómo planea destruirme si sus posesiones más preciadas son las que lleva puestas en este momento?" espetó con acritud.

Mi padre bajó la mirada al suelo al tiempo que frotaba su frente bastante molesto y preocupado. Son sus hijos después de todo.

"Eso... eso no es verdad... ¡ES USTED UN IRREVERENTE SIN EDUCACIÓN! ATREVERSE A HABLARME ASÍ, Y ADEMÁS CONTAR UNA MENTIRA TRAS OTRA DE MIS HIJOS, ES IMPERDONABLE" vociferó hasta que se quedó sin aliento.

"Tengo muchos defectos. Mentiroso no es uno de ellos" bastó una mirada para que sus escoltas, prudentemente alejados de nosotros, se acercaran. "Escolten a la Sra. Van Ewen a la estación. No se retirarán de ahí hasta que se hayan cerciorado que ella parte a Londres. La acompañarán hasta el puerto si es necesario" los hombres asintieron al unísono.

Casi enseguida se colocaron a los costados de esa mujer, y con el escepticismo dibujado en su cara, dirigió nuevamente su mirada furibunda hacia mi hermana y mi amigo.

"Soy la madre de su prometida... ¡ELINA, HAZ ALGO!" intentó hablar, pero una señal de la mano de Albert, consiguió enmudecer a esa mujer por segunda ocasión.

"Elina, mi amor, te aseguro que no haré nada que no desees. Tu felicidad, es lo que más me importa, así que tú tienes la última palabra" a pesar de lo tensa de su expresión, Albert observó a mi hermana con amor mientras acariciaba una de sus mejillas.

Sin despegar la mirada el uno del otro, mi hermana le sonrió, y al tiempo que mi amigo colocaba una mano alrededor de la estrecha cintura de Elina, mi hermana depositó un beso casto sobre los labios de su prometido.

En el corto tiempo que llevan de relación, no se habían permitido desplegar una muestra física de afecto en público hasta ahora.

"Tengo todo lo que necesito. Mi familia está aquí a tu lado, William. Te amo" sólo bastó una mirada de Albert hacia sus escoltas para que supieran lo que debían hacer con esa mujer "adiós, madre"

Sin mirar atrás, nos encaminamos al interior de la villa.

Fue hasta que cerramos las puertas tras de nosotros, que pudimos dejar de escuchar los chillidos ininteligibles de esa mujer.

En cuanto aparecimos en el salón, mi madre, Candy y Alisa fueron a nuestro encuentro.

"Richard, ¿estás bien, querido?" mi padre no hizo audible su respuesta.

Prefirió tomar a Alisa en brazos y besar una de las sienes de mi madre, mientras rodeaba sus hombros con el brazo que tenía libre.

Sigue alterado. Lo entiendo.

Comparto su sentir.

La visita de esa mujer removió malos recuerdos del pasado.

Los golpes. El dolor de sentirme un ser que no pertenecía en ningún sitio y sobre todo, que jamás sería digno de ser amado por nadie.

"Terry" la voz de Elina sacó abruptamente mi mente de las tinieblas del pasado.

Dirigí mi mirada hacia ella y la expresión de su rostro era el ejemplo perfecto de una mujer fenecida por la tristeza.

Por inercia dibujé una sonrisa en mi boca. Por todos los medios quiero proteger su felicidad.

Conmigo sufriendo en silencio es más que suficiente, sin embargo, decidió envolverme en un fuerte abrazo del que no pude, ni quise escapar.

"Hey, estoy bien" mentí.

"Se te da mal mentir" susurró y una sonrisa sincera se dibujó en mi boca.

"No estoy mintiendo. ¿Es esta la cara de un mentiroso?" proseguí con mi mentira.

Mañana se casa. Lo que menos deseo es que se vaya a su luna de miel con este mal sabor de boca.

Levantó su mirada hacia mí, y mientras una sonrisa empezaba a asomarse en su rostro, asintió.

"Definitivamente, ¿verdad, Alisa?" nuestra hermana pequeña se acercó a Elina, la tomó de la mano y asintió efusivamente al tiempo que su rostro se iluminaba con aquella hermosa sonrisa que tanto me fascina.

"Pulga irrespetuosa" intrépidamente me enseñó la lengua y corrió a esconderse tras de Candy.

"Yo te protejo Alisa" teatralmente crucé mis brazos contra mi pecho y levanté con fingida indignación mi nariz en dirección opuesta a ellas.

"Dos contra uno" la carcajada de Alisa me distrajo, y su alegría como siempre, eclipsó todo lo demás.

Amo a mi esposa con todo mi ser, ella es mi todo, pero Alisa es mi ternura más escondida. Mi niña pequeña que coloreó mi existencia con su infinita alegría cuando todo a mi alrededor era gris.

A pesar que mi vida ha dado un giro de 180°, mi hermana pequeña siempre tendrá la capacidad de desaparecer mis tristezas con su presencia y sus sonrisas.

No imagino mi vida sin Alisa.

Si ella faltara, la mitad de mi ser moriría con ella.

Después del momento amargo que vivimos gracias a la inoportuna presencia de esa mujer, llegaron oportunamente Annie, Archie y sus hijos. Si sintieron la tensión en el ambiente, tuvieron la delicadeza de no hacer preguntas, prefiriendo contar anécdotas o historias con cierto grado de comicidad, que ayudaron a aligerar el ambiente.

Pasado el mediodía, Albert y Elina se excusaron y los perdimos de vista mientras recorrían el inmenso jardín de la villa. Mis padres agotados y aun molestos por lo sucedido horas atrás, subieron a su habitación para descansar un poco, mientras que Alisa junto con la inagotable energía de los hijos de Annie y Archie, jugaban muy entretenidos cerca de la chimenea del salón.

"Ya veo. Lamento que hayan pasado ese mal rato" musitó Annie compungida.

"En cuanto entramos al recibidor la tensión fue evidente. Varios escenarios pasaron por mi mente, pero ni en mis más locas ideas, imaginé que esa mujer tendría el descaro de aparecer después de haberle dado la espalda a su única hija" asentí.

"Hay mujeres que no deberían ser madres. Olette entra en esa categoría. Aunque mi situación con mis padres ahora es buena, las heridas del pasado no desaparecerán jamás. Me duele que ahora sea Elina la que se vea obligada a padecer esta agonía que ningún ser humano debería experimentar jamás" en cuanto terminé de hablar, una de las manos de Candy se entrelazó con la mía y me sonrió.

Al cabo de un rato, Annie tomó la mano de mi esposa y le pidió, mientras subían presurosamente las escaleras, que le diera su opinión del vestido que usaría el día de mañana en la boda de Albert.

"Pobre Candy. Cuando se trata de su arreglo personal, mi esposa tiene una energía inagotable" ambos reímos y sin rumbo fijo comenzamos a caminar por los largos pasillos de la villa.

Giré mi rostro hacia atrás en busca de Alisa sin éxito.

"Los niños están seguros dentro de la villa. El personal de servicio tiene instrucciones precisas de no perderlos de vista. Alisa no puede estar en mejores manos en este momento, Grandchester" respiré más tranquilo.

Con mi hermana tiendo a ser muy sobreprotector.

Después del incidente en el que casi la pierdo, me llena de ansiedad perderla de vista.

Mientras continuamos caminando sin rumbo fijo dentro de la mansión, la mirada de Archie parece haberse perdido en escenas del pasado que jamás regresarán.

Su gesto me recuerda a aquel que se dibuja en el rostro de mi esposa cuando habla de su corta estancia en este lugar.

Es una extraña mezcla de felicidad y melancolía.

Si alguien me preguntara en este momento que emoción es la predominante, no sabría que responder.

"Después de terminar el año en el Colegio, siempre veníamos a pasar una temporada a esta villa. En una de nuestras vacaciones conocimos a Candy. Inmediatamente Anthony, Stear y yo congeniamos con ella. Su colorida personalidad nos fascinó a los 3. Quien no supiera que nos acabábamos de conocer, pensaría que habíamos sido amigos desde siempre. Conforme los días pasaban y notábamos los malos tratos que recibía de los Leagan, quisimos hacer algo para que Candy tuviese la felicidad que nosotros creíamos, merecía. En ese entonces no sabíamos que Albert era el misterioso patriarca de la familia. Fue gracias a su intervención, y he de admitir a la insistente petición de nosotros 3, que adoptó a Candy como su hija. Desde entonces pasamos toda clase de aventuras los 4 hasta que..." la sonrisa pícara que se dibujó en su rostro segundos atrás, desapareció.

Silencio.

Imagino que evocar recuerdos de su primo y hermano fallecidos, debe resultarle bastante difícil a pesar del tiempo transcurrido.

"Amo mi vida actual, pero de momentos me gustaría regresar el tiempo atrás. Es doloroso saber que de los 5, sólo quedamos vivos Candy y yo" un tanto apenado levantó la mirada hacia mí y me sonrió "discúlpame por la amargura, Grandchester" negué con la cabeza y le di una palmada cariñosa en la espalda sin detener nuestro andar.

"Disculpe la interrupción, Sr. Cornwell" el mayordomo _diferente al que vimos esta mañana_ hizo una reverencia ante nosotros mientras hablaba. "Han llegado los papeles que necesita firmar" dijo.

"Gracias, Godric, enseguida voy. Puedes retirarte" con un asentimiento de su cabeza, el hombre hizo lo que se le indicó. "Perdona Grandchester, el deber me llama. Te quedas en tu casa"

Tengo amigos muy ocupados, pensé divertido mientras me aventuraba a recorrer la mansión con el objetivo de encontrar a Candy. Sin éxito alguno he de admitir.

Fui demasiado optimista.

Este lugar es tan inmenso, que me resultó imposible encontrar a mi amada.

"Per... perdone... ¿ne... necesita algo?" una mucama con el rostro bastante enrojecido en el área de las mejillas se acercó a mi hecha un manojo de nervios.

"Busco a mi esposa, pero creo que me perdí" sonreí.

Ese gesto bastó para que la mujer frente a mi coloreara su rostro de un rojo tan intenso, que creí por un momento se desmayaría en este preciso lugar.

"Ella... ella..." empezó a balbucear.

Sería más sencillo si pidiera mi autógrafo, me dije al ver el fútil intento de la mujer en hilar una oración coherente.

"Mathilda, regresa a tus labores" una voz grave tras nuestro me hizo girar mi rostro.

El mayordomo llamado Thomas, se acercó a nosotros con una expresión tan severa que sentí pena por la joven mucama.

"Disculpe Sr. Grandchester. Con su permiso" con una reverencia y sin atreverse a mirarme a la cara, la mujer desapareció rápidamente.

"Ella no estaba haciendo nada malo" me atreví a decir en su defensa.

No mentí. La mujer no tuvo tiempo de hacer nada realmente.

Una sonrisa se dibujó en el rostro del hombre al tiempo que asentía con la cabeza.

"Lo sé. Entenderá que las jóvenes mucamas que trabajan aquí son fervientes admiradoras suyas. Si me permite decirlo, me cuesta trabajo mantenerlas en sus deberes con usted presente. Todas desean toparse accidentalmente con usted" sonreí ante el énfasis que usó en esta última frase.

"Tiene un trabajo titánico entonces" dije y el hombre asintió sin borrar la franca sonrisa de su rostro.

"La Sra. Candy salió a la ciudad con la Sra. Annie. Regresarán en un par de horas. ¿Necesita que lo asista en algo?" negué con la cabeza.

"No gracias. En ese caso seguiré recorriendo la mansión. Con su permiso"

No cabe duda. Este lugar es hermoso, pensé sin dejar de admirar cada obra de arte que decora las bastas paredes de la mansión.

Observé mi reloj y vi que las manecillas marcaban las 2:58 pm.

¿Ha pasado tanto tiempo? No lo puedo creer.

Definitivamente uno jamás se aburre en este sitio.

Basta con apreciar cada rincón de la arquitectura del lugar para quedar completamente hipnotizados.

Me di la media vuelta para regresar al salón y ver si Candy ya había regresado, cuando un fuerte olor a rosas penetró a través de mi nariz.

Guiado por ese suave aroma, llegué frente a una enorme puerta de madera con incrustaciones florales. Una parte de mí mente notó que esta era diferente al resto, sin embargo, no le presté importancia.

Suponiendo que mi esposa me estaba jugando una de sus clásicas bromas, abrí de golpe la puerta esperando verla dentro. Sorprendentemente, la habitación estaba vacía, aunque la fragancia a rosas extrañamente se había tornado más intensa.

Guiado por una fuerza ajena a mi entendimiento, giré lentamente hacia mi costado izquierdo y el cuadro de un muchacho rubio, sonriente, custodiado por Dulces Candy, me robó el aliento.

Mantuve olvidada esa extraña visión hasta ahora.

Este muchacho es el mismo que vi a través del ventanal durante mi primera visita a esta villa, pensé.

Obviando mis órdenes, mis piernas me trasladaron con lentitud hacia el cuadro de esta persona que parecía verme con extraña fijación.

¿Quién eres?, pensé.

"Anthony" asustado, giré mi rostro hacia atrás.

Bastante apenado, Albert se acercó hacia mí con una franca sonrisa asomándose en su rostro.

"No era mi intención asustarte, Terry" solté un suspiro y sonreí más tranquilo.

"No te escuché entrar. Perdona. Ando de curioso" con la candidez que lo caracteriza, colocó su mano sobre mi hombro y me sonrió para después dirigir su mirada hacia el cuadro, de quien ahora sé, es Anthony.

"Estoy seguro que a mi sobrino no le molesta que estés aquí. Por supuesto que a mí tampoco" la mirada de mi amigo reflejaba una dolorosa alegría mientras admiraba él cuadro. "No debiste morir tan joven, Anthony. Se le extraña tanto, que en días como hoy siento su presencia en cada rincón de la casa" sobresaltado por las palabras de mi amigo, giré mi rostro hacia él.

"¿De verdad?" asintió.

Bajó la mirada y se encaminó hacia uno de los ventanales.

Curioso por el súbito silencio de mi amigo, me acerqué a él y aprecié que de toda la mansión, esta habitación tiene la vista más bella del jardín.

"Nuestro seres queridos jamás nos abandonan, Terry. Aunque no los veamos corpóreamente, sus espíritus están aquí protegiendo nuestros caminos todo el tiempo. Estoy completamente seguro de ello" dijo.

Albert volvió a dirigir su atención al cuadro de Anthony.

Esta vez la sonrisa alegre que lo caracteriza, iluminó su mirada.

"En vida, Anthony siempre cuidó la felicidad de Candy. Donde quiera que él esté, estoy seguro que vela por ella siempre" dirigió su mirada hacia mí y nos encaminamos a la puerta. "Ahora vamos al comedor. Todos aguardan por nosotros"

Yo también creo lo mismo, Albert, me dije a mi mismo mientras repasaba en mi mente aquel momento cuando lo vi a través del enorme ventanal del salón meses atrás.

¿Acaso intenta advertirme que algo malo va a pasar o es que me estoy volviendo loco de remate?

No pude apartar de mi mente aquella extraña sensación de angustia el resto de la tarde, sin embargo me esforcé en mostrarme despreocupado con mi esposa, mi familia y amigos.

Quizás me estoy preocupando por nada, me dije a mi mismo en un intento por apartar la angustia que se instaló en mi pecho al tiempo que me detenía frente a un rosal de Dulces Candy.

Cerré los ojos y me dejé envolver por el suave aroma a rosas y tierra mojada que desprende el jardín, hasta que un par de brazos rodearon inesperadamente mi pecho.

No necesité girar mi rostro para adivinar quien era la dueña de estas manos tan blancas, tan suaves.

"Regresa a la cama. No puedo dormir sin ti" sonreí.

Giré y la así contra mi cuerpo al tiempo que la levantaba al vilo reclamando sus labios como míos.

La amo tanto.

"No creí que despertarías. Generalmente tienes el sueño bastante pesado. Puede pasar un tren a un lado tuyo sin conseguir despertarte" un gracioso mohín se dibujó en su cara al tiempo que sus mejillas se coloreaban de un intenso color carmín.

"Eso mismo decía la Srta. Pony" sin poder evitarlo, solté una carcajada. "¡shh! Te van a escuchar en toda la mansión. Son más de las 2 de la mañana ¿recuerdas?" dijo.

"Me parece que el ruido que hicimos hace un rato fue más intenso, y tal parece, nadie se inmutó" una seductora sonrisa se dibujó en sus labios mientras que con la punta de su lengua los humedecía una y otra vez.

¿Cómo es posible que Candy sea tan dulce y endemoniadamente seductora a la vez?

"Quiero hacerte el amor otra vez" susurré en su oído sin dejar de besar su lóbulo, su cuello.

"¿Y qué esperas?" repuso al tiempo que hacía su cabeza hacia atrás.

Sin dejar de besarla entramos a nuestra habitación, cerré la puerta tras de mí, y me perdí de nueva cuenta en el cuerpo de Candy, en su aroma y sus caricias hasta que nos alcanzó el amanecer.

"¿Ya estás listo para decirme por qué estuviste tan pensativo durante la comida el día de ayer?" preguntó mientras tomábamos un baño de tina.

Recargó su cabeza sobre mi pecho, bajé la mirada hacia ella y la vi observarme fijamente con una hermosa sonrisa.

"¿Fui tan obvio?" sin responder inmediatamente a mi pregunta, depositó un beso en mi quijada y asintió.

"Para mí sí. ¿Qué te preocupa?" solté un largo suspiro.

Apreté mis brazos alrededor de sus hombros y sin pensarlo, comencé a contarle desde la visión que tuve de Anthony meses atrás, hasta lo sucedido el día de ayer en la que supuse, había sido su habitación en vida.

Sorprendida por mi relato, se enderezó y giró su rostro hacia mí.

"Lo más seguro es que todo sea una tontería. Que mi mente me ha hecho una mala jugada y todo lo imaginé, pero, ¿si no es así?. Si te pasa algo por culpa mía, yo..." sin esperar a que termine de hablar, Candy envolvió mi cuello con sus brazos sin dejar de besar mis mejillas, mis párpados, mi boca.

"Tranquilo mi amor. Estoy aquí. Nadie nos separará. Te amo, Terry"

Hice bien en confesarle mis angustias a Candy.

El resto de la mañana me sentí ligero. Feliz. Confiado que pase lo que pase, lo enfrentaremos juntos.

A las 12:00 pm en punto, dio inicio la ceremonia matrimonial de Albert y Elina.

El ambiente estaba cargado de tanta magia, que el amor que emanaban los novios en cada mirada resultó tan contagioso que terminé evocando mi propia boda con Candy meses atrás.

Incluso Annie y Archie compartieron un momento íntimo al besarse en público mientras se dedicaban muestras de afecto, sin dejar de bailar en el centro del jardín con sus hijos en brazos.

Me sentía tan feliz compartiendo este momento tan importante en la vida de Elina y Albert, que deseé las horas transcurrieran más lento.

Desafortunadamente la hora de decir adiós llegó más pronto de lo que esperaba.

Hacía unos minutos llegamos a la estación de Nueva York, y ya nos estábamos despidiendo de Albert y Elina. Partirían hacia el puerto que los llevaría a su larga luna de miel por el exótico país de la India.

Esperábamos verlos de regreso en 3 meses y medio.

Justo a tiempo para celebrar juntos la navidad por primera vez en nuestra casa.

Dos semanas han transcurrido desde la boda de Albert y Elina.

Es increíble lo rápido que pasa el tiempo cuando estoy al lado de Candy.

No conozco el tedio ni el aburrimiento estando a su lado.

Acabo de firmar el contrato para la filmación de la próxima película que protagonizaré.

Me llena de entusiasmo este nuevo proyecto, especialmente por el mensaje contra el racismo que tiene.

Es un nuevo reto.

No veo la hora para ver a Candy y contarle la buena nueva, desafortunadamente tendré que esperar hasta la noche.

Hoy su jornada en el hospital será larga.

"Buenas tardes, Wilfred. ¿Alguna novedad?" pregunté casual mientras le daba mi abrigo.

"Ninguna Sr. Grandchester. La Sra. Grandchester me pidió que subiera a su habitación en cuanto usted llegara" me detuve en seco en cuanto lo escuché.

"¿Candy está aquí?" no pude ocultar la sorpresa que me causó su comentario.

"Llegó hace un rato"

No había terminado de hablar Wilfred y ya me encontraba subiendo las escaleras lo más rápido que mis piernas podían.

Lo único que podía pensar era que Loyd, la prensa o Margot le habían hecho algo.

He de haber azotado la puerta en cuanto entré a nuestra habitación, ya que, asustada, giró su rostro hacia mí, pero en cuanto vio que era yo el que había entrado, adornó su rostro con una sonrisa y se aventó a mis brazos feliz. Sonriente.

"¡Dios, Candy!. Me asusté cuando Wilfred me dijo que estabas aquí. ¿Sucedió algo?" lentamente se separó de mí, y sin dejar de sonreír me guio a la cama, alargando con su silencio mi angustia.

Con aquella críptica expresión, me extendió una caja pequeña.

Extrañado, la tomé entre mis manos y la analicé con la mirada antes de abrirla.

"¿Qué es esto? No es mi cumpleaños" la agité esperando adivinar el contenido sin éxito.

Sea lo que sea que estuviese adentro era demasiado ligero. No hacía prácticamente ruido. Incluso comencé a sospechar que no había absolutamente nada dentro.

"Ábrela" ordenó y sin protestar hice lo que decretó.

Me quedé sin habla en cuanto vi el contenido.

Incrédulo, levanté mi mirada hacia ella.

No puedo respirar.

Me siento incapaz de hilar una sola frase coherente en mi cabeza.

La serie de emociones que gobiernan en este momento mi pecho, son tan intensas, que un nudo se instaló dolorosamente en mi garganta, sin embargo, de algún modo fui capaz de pronunciar las palabras que a partir de este momento, cambiarían nuestro mundo para siempre.

"... ¿estás embarazada?" solté las pequeñas botas para bebé color blanco.

Mi voz se quebró.

"¡Si, si, si!" gritó feliz.

Lleno de júbilo, la envolví en mis brazos y le di vueltas en el aire sin dejar de besarla.

En algún momento la coloqué sobre la cama y recargué emocionado mi cabeza sobre su vientre.

Nuestro hijo.

¿Qué hice para merecer este momento de mi vida?

Ya no me importa encontrar la respuesta.

"Pero... ¿Cuándo te hiciste la prueba?, ¿cuántos meses tienes?" hablé tan rápido que no estuve seguro si Candy entendió mis preguntas.

Divertida, empezó a reír, y tomados de la mano, permanecimos sentados en el borde de la cama.

"El día que llegamos a Lakewood, Annie me acompañó al médico. Le dije que me sentía cansada, con mucho sueño. Ella sospechó que podría estar embarazada, así que me hice la prueba. Los resultados llegaron hoy. Tengo 8 semanas de embarazo. Si todo sale bien, nuestro bebé nacerá a mediados o finales de marzo del año entrante" mi corazón salto dentro de mi pecho.

Cuando me reencontré con Candy juré que absolutamente nada me haría más feliz que ese momento de mi vida, sin embargo, eso mismo pensé cuando me casé con ella, y cuando hicimos el amor por primera vez.

¿Acaso la felicidad tiene tantos matices?

No creí que una persona como sería capaz de conocer este nivel de felicidad, y heme aquí, descubriendo junto con mi esposa, lo equivocado que estaba.

Continuará...


Notas de la autora.

¡SIII! por fin hay bebé en camino jajajaj.

Espero que el capítulo haya sido de su agrado. Ojalá dejen sus reviews. Siempre hacen mi día.

Besos y espero leerlos pronto.