5. On my mind

Prestar atención a la clase de la profesora Takami era el aburrimiento encarnado. No es que sus lecciones fueran muy complicadas de entender, de hecho, eran sencillas. Pero el problema era que la profesora volvía la educación en algo tan insufrible como un calvario. Carecía de encanto y la capacidad de llamar el interés de los alumnos. La gran mayoría, después de las primeras tres semanas de clases, prestaron mayor atención e interés a sus celulares. A excepción de Umi. Ella se encontraba sentada al costado de Kotori, en la primera fila. Apuntando todo lo que podía en su libreta y sin quitar la vista de la pizarra. Su determinación por retener y escribir todo lo posible era de admirar, aun así, la soporífera explicación de Takami la hacía vacilar de vez en cuando.

—¿Por qué prestas tanta atención a la clase, Umi-chan? —Le había preguntado Kotori en medio de uno de los almuerzos que tuvieron—. Los temas no son tan difíciles y tú nivel de inglés no es para nada malo…

—¿Qué por qué? Mmm… Pues tienes razón, no es tan difícil… Pero, no sé, me gusta el idioma —le contestó—. Quiero comprenderlo, todo lo que pueda.

Le resultaba un poco extraño. La mayoría de la gente no solía decir eso.

—¿Quieres viajar a algún país? —preguntó intentando buscar alguna otra razón.

—Nunca me lo había planteado… Pero, ¿Por qué no? Sería bonito. Quizá Estados Unidos.

Recordó aquella conversación que tuvieron mientras aprovechaba para dibujar un pequeño avión en su sketch que tenía debajo de su cuaderno. Finalmente le había mostrado sus dibujos a Umi. Todos menos el boceto de la misma Sonoda, pues lo había entregado para su trabajo de diseño y todavía le resultaba algo embarazoso.

La mayoría de los dibujos de Kotori eran bocetos de ropa o personas. Umi le alagó, le dijo que eran muy hermosos, que tenía mucho talento y se evidenciaba la pasión que tenía por dibujar. Kotori término sonrojándose mucho ese día. Aún se avergonzaba cuando las personas le halagaban por sus dibujos, en especial cuando lo hacía una chica tan linda como Umi. De hecho, el dibujo de la peliazul, la hizo ganadora de la nota más alta, hasta ahora, de su clase de diseño.

En algún momento se lo contaría, pero no ahora. No quería molestarla pues se estaba esforzando en entender la clase.

La Minami observó su alrededor, buscaba algo con que distraerse porque no quería quedarse dormida y que Takami le regañara por echarse una siesta en medio de su clase. El efecto somnífero de la lección empezaba a hacer efecto en ella.

Volteó hacia atrás y miró a su amiga Honoka, estaba echada sobre su carpeta, durmiendo mientras se le escapaba un poquito de saliva, ubicada en la esquina izquierda de la última fila.

No bromeaba con lo de dormir en clase. Kotori se preguntaba qué estaba soñando, pues Honoka tenía una sonrisa muy tonta dibujada en toda la cara. De seguro, soñaba con su novia Tsubasa o quizá con que podía comer todo el pan del mundo sin engordar, o quizá los dos…

—Minami-san —le llamó la profesora y cuando Kotori miró al frente, se topó con la cara de la bruja de su profesora, muy cerca de ella, exhalaba humo de sus fosas nasales con la misma intensidad con la cual lo haría un toro—. Mirada al frente. Preste atención a la clase.

Kotori retrocedió un poco y se limitó a responder:

—Sí, lo siento…

La profesora volvió al pizarrón y continúo escribiendo mientras reanudaba su monólogo. Kotori giró su cabeza a la derecha, Umi le miraba con una tenue y comprensiva sonrisa. La chica de cabello grisáceo encogió los hombros y le sonrió de vuelta. Umi sabía que a la señorita Takami no le agradaba Kotori, todos lo sabían. Era cierto que el primer día hubo ciertos roces entre ellas, pero Kotori ya no actuaba igual que en la primera semana de clases. Desde que se sienta junto a ella, intenta poner más atención a la clase y ya no contraria tanto a la profesora. Tampoco habla mucho con la Kousaka por obvias razones. Aun así, la maestra mostraba cierta afición por llamar la atención a su estudiante menos predilecta. A Umi, le parecía algo injusto. Pero no podía hacer nada… Takami era la figura de autoridad.

Después de hora y media de clase, finalmente llegó el momento del receso. Algunos salieron del salón de clases a tomar aire y otros aprovecharon para conversar o comer.

—Kotori ¿Me acompañas a comprar? —preguntó Umi.

—Claro, vamos.

Ambas se levantaron y procedieron a abandonar el aula de clases.

Lo último que vio Kotori cuando salió del lugar fue a su amiga Honoka. Seguía durmiendo muy plácidamente como oso en hibernación. No era la única que dormía, otras tres personas también lo hacían.

Aún recordaba la conversación que tuvo con Honoka después de que ella le mostró aquella foto de Nozomi junto a su novia. Kotori le explicó que ya la había visto antes. Para ser exactos, discutiendo con su amor platónico en un auto de color blanco o como a ella le gustaba decirle: Un carruaje blanco.

Kotori-chan, ¿Estás segura de que es ella?

Te lo juro por mi vida. ¡Es ella! ¡Luce exactamente igual! ¡Es rubia de ojos azules y con facciones extranjeras!

Bueno… Aunque se conozcan, no creo que signifique mucho. Ya sabes, quizá son amigas y discutieron, recuerda que ella no tiene muchos amigos en la universidad. Tal vez, la novia de Nozomi-chan le vendió algo a Sonoda y ella no le ha pagado. O quizá son compañeras de clase y discuten porque a la otra le falta hacer una parte de su trabajo. Yo siempre termino en riñas cuando tengo que hacer trabajos en grupo.

Recuerda que Nozomi-chan dijo que conoció a esta chica en su universidad —mencionó Kotori—. Y eso último no lo creo… Umi-chan es una persona muy responsable…

Bueno, yo siempre voy a la universidad de Tsu-chan, UTX, es decir, la universidad donde también estudia Nozomi-chan, como si fuera mi casa. ¿Quién dice que esta chica no podría hacerlo también?

Es un buen punto, pero…

Es cierto que Sonoda es una chica buena y muy responsable. Así que quizá la rubia, tal vez, es la que no a echo su parte del trabajo y le está reclamando a Sonoda que porque no la puso en el trabajo final.

—… No puedo argumentar nada ante esa lógica… ¡Espera! Y si…

¡Y mi argumento final! —Honoka le cortó—, el cual hará que te tranquilices y quizá te desanimes... ¡Ya te dije que ella es hetero! De hecho, ella salió con un chico en la secundaria.

—…

Así que supéralo, no debes preocuparte.

Eso le había dicho Honoka, pero aún no lo creía. O no lo quería creer.

¡Ya! Digamos que lo último que había dicho era cierto. Pero, ¿A quién le importa? Hay personas gays que empiezan saliendo con personas del género opuesto, ya sea por presión, la única vez que van experimentar ese tipo de relación u otros factores. Ese no era el caso de Kotori, ella siempre supo lo que le gustaba y quería desde un comienzo. Pero, quizá, Umi era así.

A Kotori le parecía que sus intenciones se notaban bastante. Sabía que la peliazul no era una tonta. Quizá si una densa, pero no podía ser taaaan densa. Además, era muy probable que Maki ya le hubiera contando a la estudiante de literatura las verdaderas intenciones de la Minami. Y, aun así, Umi no se había alejado, pero tampoco había mencionado nada del tema. Debía de ser por algo…

En el transcurso de la siguiente hora, Kotori le hizo una serie de preguntas que podrían parecer un poco directas o indirectas, dependiendo del punto de vista de cualquiera de las dos…

Mientras volvían de comprar.

—¿Sabes Umi-chan? Estoy pensando en teñirme el cabello de rubio.

—¿Qué? Nonono… ¡No lo hagas! ¡Sí estás bien con tu color natural!

Antes del examen.

—Me gustaría ser más alta…

—Tu altura está bien, Kotori. Así puedo verte a la cara y no tengo que mirar para arriba.

Saliendo de clases.

—Me gustaría que mis ojos fueran azules.

—Pero si tus ojos son muy hermosos. Son del color de la miel y el ámbar. Brillantes y llenos de vida.

En medio del almuerzo.

—Me gustaría haber nacido en otro país que no sea Japón… Específicamente un país que tiene parte de Asia y Europa, además que este arriba de China…

—Kotori, así no nos hubiéramos conocido.

—Mmm… Bueno, en eso tienes razón. Eso hubiera sido muy malo…

Terminaron de almorzar y ambas se dirigieron hacia el pabellón en el cual usualmente se separaban, pues sus clases estaban en direcciones opuestas. Ese día Honoka no las acompaño porque dijo que tenía que ir a hacer unos trámites en las oficinas de Atención al estudiante.

—Oye, Kotori —Umi le llamó, le tomó de los hombros y empezó a sacudirle—. No se que clase de bajón de autoestima tuviste hoy, pero anímate. No me gusta escucharte decir eso. Estas bien tal y como eres.

—Lo siento —no pensó que la peliazul se lo tomaría de esa forma—, no era mi intención hacerte preocupar.

—Esta bien, no hay problema —sonrió—. Hablamos más tarde. ¿Sí?

Ella asintió. Sus manos dejaron de agarrar sus hombros. Kotori observaba la espalda de Umi, su cabello azul caía como una cascada en su mochila marrón. Ella se distanciaba y por momentos volteaba a despedirse moviendo la mano de lado a lado. Kotori hizo lo mismo.

Mientras caminaba a su clase, Kotori decidió meditar un poco. Al final, todas las respuestas que le dio Umi se alejaban de aquella chica de cabello rubio. Significaba que: O ya no tenían ninguna relación o nunca lo tuvieron.

Sacudió con sus manos su cabeza, despeinando todo su cabello en el proceso. Era tan confuso y frustrante. Deseaba preguntarle directamente a la peliazul, pero sería muy extraño. Además, el hecho de que esa rubia este saliendo con su mejor amiga, Nozomi, y que posiblemente la esté engañando, le hacía hervir la sangre. "¿Así se siente Maki-chan cuando intenta alejar a Umi-chan de mí y no puede?" se preguntaba. Obvio sí. La única diferencia era que Kotori nunca engañaría a su pareja. Era cierto que Kotori podía salir con una ridícula cantidad de chicas en dos meses. Pero Minami Kotori no era una infiel. También, sería muy raro comentar acerca de ese tema a Nozomi.

"Oye, Nozomi-chan, creo que la chica con la que recién estas empezando a salir, y la cual nunca antes había visto en mi vida o intercambiado una palabra, te está engañando con la chica que me gusta".

No, no podía decirle eso, en absoluto.

Dejó de caminar. Tomó un buen bocado de aire y suspiró. Cuando miró al frente, vio su reflejo en una de las ventanas de los salones de clase. Necesitaba ir al baño. Su cabello estaba hecho un desastre de cuando se lo había revuelto hace unos segundos.

"Debo olvidar este asunto de la rubia. Al menos, hasta que llegue el momento de enfrentarla" reflexiono.

Ingreso al baño y se dirigió al espejo que estaba en frente de los lavaderos. Sacó un peine de su mochila y empezó a arreglarse el cabello.

Le gustaba lo que había pensado hace unos momentos, fue algo muy sensato de su parte. Al igual que su reflejo en el espejo. Ya no veía a la muchacha inmadura e inexperta de 15 años, la que no tenía control alguno de su vida y que solía usar una coleta al costado de su cabello. No, ya no. Solo estaba la Minami Kotori de 19 años, madura, con amigas y que toma sus propias decisiones. Sin mencionar que en unos meses llegaría a los 20. Le asustaba un poco, pero sabía que iba a estar bien. Después de todo, ya no había problemas. Ni paternales, ni románticos.

—Todo está bien —murmuró.

Guardo sus cosas y estuvo a punto de irse cuando escuchó el tono de llamada de su celular. Revisó su celular y era una llamada de Nozomi. Eso no lo esperaba, en especial en ese momento y con todos esos pensamientos en su cabeza. Recordaba que Nozomi era muy buena en la adivinación. La gran mayoría de las veces acertaba. Quizá esta era una de esas ocasiones.

Primero observó la hora. Aún quedaban 6 minutos para que su clase empezará. Decidió contestarle. Dejó su mochila a un costado en el suelo y recostó su espalda contra la pared que había al costado de los lavaderos. Presionó "contestar" y colocó el celular en su oído. Decidió esperar a que su amiga hablara primero.

—¿Kotori-chan? —preguntó la voz al otro lado del celular con un peculiar acento.

Ella no contestó.

—Kotori-chan, sé que estás ahí. ¿Aun sigues molesta? ¿Cuántas veces más tengo que pedirte que me perdones?

—Ya te dije que no estoy molesta —decidió romper su silencio—. Solo, no sé…, me fastidia el hecho de que te lo hayas mantenido guardado por tanto tiempo… Es decir, somos mejores amigas…

—¡Lo sé! ¡Lo siento mucho! Es que cuando la conocí no pensé que pudiera suceder algo y por eso no les conté nada respecto a ella —confesó Nozomi—, pero luego antes de que me diera cuenta, ¡Me había enamorado de ella y empezamos a salir!

—Ya, pero…

—¡Ella es muy tierna y dulce! Cuando la conozcan estoy segura de que les va a encantar.

"Si ella resulta ser una infiel, no me va a encantar para nada" pensó Kotori.

—¡Ya sé! Reunámonos hoy en tu departamento, a las 8:00 —propuso Nozomi—. ¡Les contaré todo acerca de ella y como nos conocimos!

—¿Porque tiene que ser en el mío? —se río Kotori.

—Para que tú y Honoka-chan no tengan que caminar tanto hasta el mío.

—Eso no suena mal. Pero, no creo que pueda. Hoy tengo que trabajar en el Dream…

—Dile a Ayumu-chan que te cubra por hoy. Ella te debe muchos favores y tu rara vez faltas a trabajar.

—No lo sé… Faltar al trabajo…

—¡Por favor! Además, hace un buen tiempo que no nos reunimos.

—Nos vimos a comienzos del mes.

—¡Eso ya es mucho tiempo! ¡Por favor, Kotori-chan! Llevaré pizza. ¡No! ¡Aún mejor! ¡Llevaré ese pastel de queso de la pastelería que tanto te gusta para que dejes de estar molesta!

—¡Ya te dije que no estoy molesta! —Kotori soltó un suspiró—. Bueno, si lo pones así… Supongo que no puedo negarme ante un pastel de queso. Le preguntaré a Ayumu-chan si me puede cubrir hoy.

—¡Genial! Le avisare a Honoka-chan.

—Esta bien.

—Por cierto, tú también tienes que contarme acerca de esa chica que te gusta.

—¿Cómo lo sabías? —la respuesta estaba clara, fue su adivinación.

—Me lo contó Honoka-chan —canturreó. Por su puesto, esa también era una opción más razonable.

—Primero cuéntanos acerca de tu novia y después ya veré que te digo.

—¡Kotori-chan no seas así!

—Nos vemos en la noche, Nozomi-chan —se despidió bromeando.

Terminó la llamada. Recogió su mochila y se dirigió a su clase.

No sabía qué esperar de esa imprevista reunión.

Al principio, cuando Kotori le llamó a Ayumu pidiéndole que le cubriera en el trabajo por el día de hoy, la chica de cabello cobrizo se negó rotundamente. Luego Kotori le recordó la multitud de veces en que le había ayudado cuando uno de sus tontos amigos rompía algo en la librería y tenían que repararlo entre las dos. Eso vasto para que accediera a cubrir su turno sin más protestas.

Eran cerca de las siete cuando Kotori volvió a su vacío departamento.

Decidió limpiar y ordenar un poco para cuando sus amigas llegaran. Primero, barrió el suelo; luego ordenó todas las cosas que estaban fuera de lugar, limpio y secó todos los platos que estaban sucios y finalmente, lavo la ropa. Aunque sabía que era muy probable que las cosas se desordenaran después, no le gustaba mostrar una imagen sucia de su hogar.

Cuando terminó de preparar su casa para recibir a sus visitas, decidió salir para comprar un poco de comida y snacks mientras sacaba a pasear al perro de la vecina.

Estaba poniéndose sus zapatillas en la entrada, lista para salir, cuando recibió un mensaje en su celular. Era Umi.

"Kotori, ¿de casualidad sabes donde esta Kousaka-sempai? No responde los mensajes que le mandó" había escrito.

Se había puesto solo la primera zapatilla. La otra tendría que esperar hasta que terminara su 'conversación' con la peliazul.

"Bueno, ahora debe estar con su novia, Tsubasa-chan. Me dijo que iba a ir con ella al cine saliendo de la universidad. ¿Sucedió algo?"

"Me han avisado que olvidó su cuaderno de inglés. Esperaba poder entregárselo"

"Eso parece algo típico de Honoka-chan. Suele ser algo despistada"

"Parece que no ha cambiado mucho desde la secundaria"

"Jajaja" "No seas así. Si se volvieran más cercanas quizá pensarías lo contrario"

"La verdad no me lo imagino. Siempre tuve ese tipo de relación con ella"

"Mmm… Ya verás, las haré cambiar a los dos. Se volverán buenas amigas"

"Jajaja" "Ya veremos"

"¿Y qué harás? ¿Vas a entregárselo?"

"Supongo que lo haré mañana" "No quiero que se quede sin estudiar. El viernes tenemos examen"

"Sí, lo sé" "Pero conociendo a Honoka-chan, necesitará más que un día para poder estudiar y sacar una buena nota"

"Entonces trataré dárselo hoy. Supongo que tendrá que venir a la universidad"

"Tengo una idea" "Honoka-chan vendrá como en una hora a mi casa. Mejor dámelo y yo se lo entregó. De paso le hago estudiar un poco" "Mi casa queda cerca de la universidad ¿Conoces el parque que está detrás de Otonoki? En ese vecindario vivo yo"

"¿En serio? Sí, sí lo conozco. En un rato terminó mi clase. Pásame la dirección y estaré yendo apenas acabe"

"Bien n.n"

Le pasó la dirección y Umi le dijo que le mandaría un mensaje cuando esté cerca.

La estudiante de diseño se encontraba satisfecha. Había surgido otra ocasión para encontrarse a la Sonoda fuera de clases. Antes de irse, volvió a su habitación y sacó un bolso, lo iba a necesitar. Luego, salió.

Se le veía muy contenta mientras bajaba las escaleras, todas las personas que la veían por los pasillos se le quedaban mirando. Alguno que otro se le acercaba a invitarla a salir o comer algo, pero ella les rechazaba con gentileza diciendo que ya tenía planes.

Llegó al primer piso y toco el timbre de la señora Sakurauchi.

Tras unos segundos la puerta fue abierta por una señora de cabello rojizo oscuro que lucía en sus treintas.

—¡Kotori-chan llegaste! Justo a tiempo como siempre —saludó la dueña del hogar mientras corroboraba la hora mirando su reloj. La señora Sakuraochi apreciaba mucho la puntualidad. Por eso, kotori siempre procuraba llegar a tiempo.

—Buenas noches, señora Sakuraochi —saludó—. Vengo a llevarme al pequeño de Prelude.

—Por supuesto, espera un momento —afirmó y volteó hacia el interior de la casa—. ¡Miyuki! ¡Trae a Prelude y su correa!

Luego de unos segundos, llegó la hija de once años de la señora Sakurauchi cargando al perrito con su correa ya puesta.

—Aquí está má. ¡Hola Kotori-chan!

—¡Hola Miyuki-chan!

—Bien, ahora anda a terminar tu tarea de matemática —mandó la madre—, y luego ayudas a tu hermano con la suya.

La niña asintió y dejó a Prulede en el suelo. El pequeño Pug movía la cola de lado a lado al ver que Kotori había venido a pasearlo, se acercó a ella parándose en dos patas pidiendo unas caricias.

—¡Hola Prulede! ¿Cómo has estado pequeño? —saludó Kotori al cachorro con ese tono de voz gracioso que suelen usar las personas cuando miman a sus mascotas. Al mismo tiempo, se arrodillaba y le acariciaba por debajo del mentón y detrás de la oreja.

Miyuki agarró la correa del perro que estaba en el suelo y se la dio a Kotori, también le entregó unas bolsitas plásticas.

—Ya hizo del dos —dijo la niña—, pero por si acaso.

—Más vale prevenir que lamentar —bromeó Kotori.

—Así es —coincidió la madre—. Ten cuidado, escuche que hay personas extrañas rondando por el vecindario. Por suerte, a esta hora hay policías vigilando el parque. Pero será mejor no bajar la guardia.

—No se preocupe, señora. Lo tendré. Muchas gracias.

Kotori tiró suavemente de la correa del perro y se dirigieron al parque.

Kotori conoció a la señora Sakuraochi cuando se mudó por primera vez a su departamento. En ese tiempo, ella estaba buscando a alguien que pudiera pasear al perro de la familia. Pues la señora Sakuraochi trabaja desde casa, mayormente tiene que hacer proyectos y enviarlos por correo, además de hacer videollamadas con sus clientes. Tampoco dejaba a sus hijos sacar al perro, porque la última vez que lo hicieron, no supieron lidiar cuando un perro muy grande se abalanzó contra el pequeño Prelude. Por otra parte, el señor Sakuraochi trabaja todo el día como abogado. Kotori no tuvo ningún problema en aceptar el trabajo. Quizá porque siempre le gustaron los animales y no le costaba nada de esfuerzo pasear a un pequeño perro.

Había sido un día bastante caluroso, por lo que, Kotori agradeció poder sentir aquella brisa nocturna que le refrescaba, enfriaba su piel y mecía su ropa con la misma delicadeza que las hojas de los árboles y el césped del parque se balanceaban. De fondo, se escuchaba aquel ruido característico que producían las cigarras. Aquello daba cierta atmósfera de tranquilidad al lugar.

Caminaba por el parque bajo la luz de las farolas que iluminaban el lugar de la oscuridad. También se detenía de vez en cuando para que el pequeño Prelude hiciera sus necesidades básicas. Por suerte, era un perro que se detenía pocas veces y no andaba por ahí como rociador.

Luego de unos siete minutos llegaron al lago que se encontraba en medio del parque. Aquel lago era el hogar de unos cisnes que rara vez se mostraban de noche. Esta noche tampoco pareció ser la excepción. No había ninguno y lo más probable es que estuvieran escondidos debajo del puente que atravesaba el lago.

"Qué lástima" pensó Kotori.

Mientras observaba el lago, Kotori se preguntaba cuando Umi le enviaría un mensaje diciéndole que estaba cerca. Debía admitir que le preocupaba un poco el paradero actual de la Sonoda, recordando lo que le había dicho la señora Sakuraochi.

Agarró su celular y empezó a escribirle, pero se detuvo cuando vio a una chica de cabello azul al otro lado del puente. Estaba segura que era Umi.

Se arrodillo en frente de Prelude, se acercó a él y le acarició la cabeza. Luego soltó su correa y agarró con sus dos manos la cabeza del cachorro. Luego con una voz muy seria, le dijo:

—Muy bien pequeño. Como te enseñe. Ve por la chica linda —le dio unas palmaditas en la espalda y el perro salió corriendo en dirección de la estudiante de literatura mientras ladraba. Kotori le siguió de cerca.

El perro corrió hacia adelante, recorrió todo el puente hasta llegar al otro extremo donde estaba la chica peliazul. Cuando Umi lo vio, se sorprendió un poco. Había escuchado un ladrido y pensó que provenía de un perro mucho más grande que un pequeño Pug. El cachorro había llegado hasta ella y se paró en dos patas pidiendo algo cariño.

—¿Y este perro? —preguntó Umi. Se arrodilló y procedió a satisfacer el deseo de cariño que pedía el Pug.

—¡Umi-chan! —llamó Kotori. Llegaba un poco tarde en comparación al perro—. ¡Veo que encontraste a Prelude!

—¡Kotori! No sabía que tenías un perro…

—Es el perro de la señora Sakuraochi. Ella me paga por sacarlo a pasear.

—Ya veo... Pero, ¿porque estaba sin correa? Kotori… no sabía que podías ser así de irresponsable…

—¡No es lo que piensas Umi-chan! Simplemente se soltó porque jaló muy fuerte —mintió, pero era el tipo de mentiras que accedía a cometer, porque le permitían acercarse más a ella—. Parece que le agradas.

—Es un lindo perro —le acarició la cabeza—. Por cierto, ¿Quién es la señora Sakuraochi?

—Es mi vecina. Ella vive en el primer piso de mi edificio.

—Cierto. Por aquí es donde vives...

—Sí, es ese edificio de allá —Kotori señalo a sus espaldas un edificio color gris—. ¿Tú por donde vives, Umi-chan?

—Bueno… —sin darse cuenta, ambas se habían dirigido junto a la baranda del puente. Observaban como el viento creaba ondulaciones en el oscuro lago y el cielo nocturno empezaba a llenarse de nubes—. Es un poco lejos en realidad. Siempre tengo que venir en bus.

—Tiene sentido. No hay ningún dojo por aquí cerca.

—Sí, supongo… —de pronto, el semblante de Umi había ensombrecido.

—Oye Umi-chan —le llamó con energía, como si quisiera transmitírsela de alguna forma—, ¿no tendrás pan por ahí?

—¿Pan? —la pregunta le descoloco por completo, ¿Acaso, Kotori tenía hambre?— Mmm… Déjame revisar mi mochila. No creo porque que yo recuerde me comí el mío en el almuerzo —mencionó mientras buscaba en su mochila—. Más importante, ¿Para qué quieres pan?

—Para dárselo a los cisnes. Verás hay unos cisnes que viven en este lago. En la noche se ocultan debajo del puente, pero tal vez si arrojamos un poco de pan salgan.

—Bueno, no tengo pan. Pero si quieres podemos ir a comprar. ¿Por aquí no hay una tienda?

—Sí, yo sé dónde hay una. De paso también tengo que comprar unas cuantas cosas.

—Está bien, vamos. Por cierto, toma —le entregó un cuaderno en manos mientras caminaban.

—¡El cuaderno de Honoka-chan! —Kotori lo guardó en su bolso.

—Sí. Asegúrate de que estudie, por favor.

—Yo sabía que te preocupabas por ella. ¡En realidad, sí podrían llegar a ser buenas amigas!

—No es la gran cosa… Me parece lógico, pues soy la delegada del curso.

—Dilo de esa forma, Umi-chan. Pero yo sé que te preocupas por ella.

—Piensa lo que quieras… —dijo mientras aparecía un pequeño rubor en sus mejillas.

A Kotori le parecía adorable. La molestó aún más hincándole el dedo índice en la mejilla sonrojada.

Al mismo tiempo, una brisa fresca meció el cabello de las dos.

—Hoy a sido un día bastante caluroso —comentó Kotori—. Se siente bastante bien salir en la noche con este viento.

—Sí, pero también puede ser malo. Procura no quedarte tiempo de más si la temperatura disminuye. Podrías resfriarte.

—Para ti es fácil decirlo Umi-chan. Estás usando ropa de manga larga ahora. ¿No tienes calor?

—No, en realidad.

—Ahora que lo pienso… Siempre usas ropa de manga larga como suéteres o casacas.

—Así me siento más cómoda.

—Sí te sientes bien así no hay nada de malo. Después de todo, cada uno tiene su estilo.

—También es fácil decirlo para ti, Kotori. Tú siempre te vistes bien. Tienes buen gusto para eso.

—Lo que pasa es me gusta mucho combinar la ropa. Aunque creo que lo notaste cuando fuimos al centro comercial. ¡Cielos, me divertí tanto ese día! ¡Deberíamos hacerlo otra vez! Ya sabes… buscar ropa tú y yo.

—Sí, fue muy divertido… No estaría mal.

—¡Yay! Es una promesa —levantó su mano mostrándole el dedo meñique.

—Sí, una promesa —Umi la imitó y juntaron sus dedos.

Llegaron a la tienda de conveniencia, el trayecto se había hecho bastante corto. En la entrada Kotori le pidió a Umi que esperara afuera con Prelude ya que no admitían mascotas en la tienda. Ella aceptó. Ya adentro, Kotori aprovecho para comprar unos cuantos snacks, el pan y un six pack de cervezas. Estaba segura que Nozomi se lo iba a pedir de todas maneras, así que decidió adelantarse.

Salió del lugar con una bolsa llena de snacks, dulces y pan en una mano y en la otra las cervezas.

—No había mucha gente adentro.

—Sí, fue muy rápido…

La peliazul levantó una ceja al ver las cervezas, luego devolvió la mirada a Kotori. No sabía que ella era de ese tipo de bebedora.

—Kotori…, ¿Te vas a tomar todo eso?

—¿Qué? ¡Nonononono! Yo-yo no puedo beber tanto… En realidad, me voy a reunir con Honoka-chan y una amiga más en mi departamento. Esperaba que tú también vinieras con nosotras.

—Es un lindo gesto de tu parte, Kotori. Pero, no puedo... Tengo que estudiar unos cuantos temas apenas llegué a mi casa. Además, mi madre está algo molesta conmigo… Así que no puedo llegar tan tarde a la casa.

—Es una lástima… Pero, está bien. Lo entiendo.

—De todas maneras, vamos a alimentar a los cisnes.

Habían llegado al puente. Kotori sacó el pan integral, le dio la mitad a Umi y empezaron a partirlo en pedacitos.

—Kotori ¿Qué pasará si los cisnes no salen?

—Mmm… pues, nada. Al menos les habremos dejado el desayuno, creo… Y tendremos un poco de pan.

Umi observó por unos momentos las migajas de pan en sus manos y las lanzó al lago.

—Es una lástima que no podamos tomar la cerveza —comentó Kotori.

—No se puede tomar en lugares públicos —apuntó Umi.

—Sí. Y no podría dejarte después sabiendo que has bebido —Kotori también lanzó sus migajas de pan—. Umi-chan, de seguro eres de las personas que se embriagan rápido, como con una lata o dos.

—C-Claro que no…

—Solo te estoy molestando.

—Lo sé. Como te gusta hacer eso.

—No sé por qué. Es divertido hacerlo contigo —se río—. Por cierto…, el siguiente fin de semana mis amigas harán una fiesta. Ya sabes, por lo del cumpleaños de Maki-chan…

—Sí, Maki me comentó que le estaban planeando algo.

—Bueno, aun no tengo todos los detalles, pero me gustaría que vinieras conmigo.

—Lo siento, Kotori… Me siento mal estando rechazándote dos veces el mismo día, pero la verdad, no me gustan mucho las fiestas. A Maki también se lo comente.

—Está bien, lo entiendo… Solo asegúrate de no rechazarme una tercera vez.

—Creo que eso dependerá del tipo de petición.

—¡Oh! Será una muy buena. Te lo aseguro. Tú solo espera.

—Jajaja… Ya veremos.

—Por cierto —dijo Kotori—, ¿En serio no te gustan las fiestas?

—Sí, en especial cuando hay mucha gente.

—Eres diferente en ese aspecto a mí. A mí me gustan las fiestas, en especial cuando estoy con amigos.

—Sí, pero el que seamos diferentes no es para nada malo.

"Los opuestos se atraen, ¿no?" pensó Kotori, pero no se atrevió a decirlo.

—¡Mira! —apuntó Kotori con el dedo hacia el lago—. ¡Los cisnes!

Por debajo del puente, empezaron a asomarse unos cuantos cisnes. La mayoría eran de color blanco y solo había uno de color negro.

—Al final si salieron —dijo Umi—. Ya están comiendo el pan.

—¡Son muy bonitos!

Se quedaron observando el lago y los cisnes por unos minutos. Umi intercalaba su mirada entre los cisnes y la luna estática en el cielo, a veces era tapada por las nubes, pero no podían opacar su brillo. Por su parte, cuando Kotori observaba a los cisnes, también miraba de reojo a la peliazul. Podría decirse que ella era su luna, en ese aspecto.

Conversaron un poco más acerca de temas sin demasiada importancia: unos cuantos gustos personales y problemas o disgustos con la universidad. El pequeño Prelude se había quedado echado en el suelo durmiendo. Para el probablemente había pasado mucho tiempo pues "años de perro". Al final, salieron de ahí. Llegaron a la salida del parque y Kotori acompañó a Umi hasta la parada del autobús.

—Ten —dijo Kotori, del six pack sacó una lata de cerveza—. No lo tomes en el camino. Puedes guardarlo en la refrigeradora o lo tomas de frente en tu casa, como quieras.

Umi observó la lata por unos instantes, después, la agarró.

—Gracias —la guardo con mucho cuidado en su mochila.

—¡Nos vemos en la siguiente clase!

—O en nuestra salida al centro comercial —agregó Umi mientras subía al bus. Aquello hizo que Kotori esbozara una sonrisa.

Umi se despidió desde la ventana moviendo la mano. Kotori le imitó. Cuando el vehículo estuvo lo suficientemente lejos, la Sonoda devolvió la vista al frente y reposó su cabeza contra la superficie de la ventana. Estaba fría. Luego, se quedó observando la luna en el cielo mientras se sumergía en sus pensamientos.

La estudiante de diseño la observaba a la distancia.

"¿Qué tengo que hacer para que me veas como ves a la luna?"

Aquel pensamiento le dio algo de escalofríos.

¿Estaba apresurándose en llevar las cosas muy lejos?

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NA:

Tenía pensado que el capítulo terminara de otra forma… También tenía planeado que Nozomi apareciera en este cap, pero conforme escribía me di cuenta de que esto ya estaba quedando demasiado largo. No soy mucho de escribir biblias.

Bueno, ahora solo falta uno o dos capítulos para acabar el primer arco de la historia.

No hay mucho más que decir… Gracias por leer el cap, nos vemos en el siguiente n.n/