Caminar hacia el valle fue una travesía para ambas, no porque fuera largo, sino porque ninguna tenía la menor idea de donde se encontraban. Y eso, era un terrible problema, tratando de ubicarse con un teléfono móvil que no encontraba señal y con un viejo mapa que había dentro del bolso de Anna. Podían decirlo: la suerte no quería ni deseaba estar de su lado.

Pero no iban a rendirse, Elsa sabía que tarde o temprano chocarían con el valle de la roca viviente… Si es que estaban yendo en la dirección correcta, Anna dijo que podían guiarse con aquel arroyo… o hacer el mismo camino que habían hecho cuando esa extraña voz se hizo presente, y la historiadora comenzaba a agradecer que ya no se presentaba, prefería el silencio.

– ¿Sabes algo? Me gusta estar contigo. – Confesó Anna con una suave sonrisa, misma que fue respondida por Elsa. – Además que estoy agradeciendo tanto el silencio, sin voces extrañas que te hagan correr de aquí para allá.

Elsa dio una corta risa, apegándose más al cuerpo de la historiadora, quien pasó su brazo por su espalda baja y beso su mejilla. Caminar junto a Anna era algo que llenaba de júbilo el corazón de la joven reina, sintiéndose libre de poder mostrarse como realmente era frente a la cobriza, sin temer a ser rechazada. Imaginó, un poco, como hubiera sido si Anna hubiera existido en su tiempo, ¿La habría salvado? ¿Habría evitado que ella acabara congelada por alguna razón? Quiso arriesgarse y seguir pensando, tratar de imaginar a Anna con vestimentas de la época, sintiendo un fuerte calor en sus mejillas de solo imaginarla.

El ambiente era casi perfecto, el sonido de la naturaleza las envolvía, la suave brisa de aquel lugar golpeaba sus mejillas y sacudía el flequillo de la pelirroja, quien hacia vagos intentos por tenerlo peinado de lado y que no bloqueara su visión. Lo cual era casi imposible, no importara cuantas veces soplara ni cuantas veces lo trataba de peinar, aquella porción de cabello rojizo siempre volvía a su mismo lugar, arrebatándole un gruñido a la chica de ojos color cian semisaturado.

El bosque de aquel pueblo era inmenso, Elsa lo sabía y Anna comenzaba a notarlo a cada paso nuevo que daba. Veía arboles lejos, arboles cerca y arboles detrás suyo. ¡Estaban rodeadas de troncos viejos y hojas verdes! Pero no era lo peor, claro que no. Lo malo era que no sabían con exactitud hacia donde se dirigían. ¿Norte? ¿Sur? ¿Este? ¿Oeste? Elsa intentó hacer memoria y poder decir en que dirección se encontraba el valle, pero nada. Su mente estaba en blanco, borrada, algo no le permitía pensar.

Hasta que llegaron al inicio del bosque, Anna sonrió con satisfacción al ver su camioneta esperándola allí. Acomodó su bolso y avanzó a un paso más rápido que el de Elsa, la cual se detuvo sintiendo una extraña presencia cerca de ellas. Sin darle explicación a la pelirroja, decidió dar la vuelta para acercarse a los arboles que daban la bienvenida al bosque, se sobresaltó de inmediato en que escuchó la camioneta encender y el grito de victoria de Anna por hacerlo.

– ¡Elsa, ya podemos irnos! – Grito la pelirroja desde el vehículo, pero al no recibir respuesta alguna, se preocupó. – ¿Elsa?

Bajó de la camioneta al verla tan concentrada en los árboles, levantó una ceja queriendo saber la razón de aquel extraño comportamiento por parte de su ahora novia, comenzando a preocuparse de que algo pudiera estar afectándole y Elsa no quisiera decirle. Sin querer asustarla, Anna decidió acercar lentamente su mano hasta posarla sobre su hombro.

– ¿Elsa?

La vio tensarse como también la vio mirándola sobre su hombro con una suave sonrisa de lado, que no sabia el significado. Elsa tenia diferentes formas de darle a entender algo, sonriendo, arrugando su nariz, frunciendo el ceño, levantando una ceja; Anna comenzó a estudiarse cada expresión tanto facial como corporal que la albina hiciera, quería conocerla a tal punto de, con una mirada, saber que le sucedía, pero hoy no era su día y Anna no sabia que demonios significaba esa sonrisilla que tenia en los labios la albina.

Elsa giro para enseñarle lo que tenia en sus manos: una pequeña salamandra. Sus colores tan llamativos y diferentes a lo que Anna acostumbraba a ver en animales… Aunque jamás en su vida vio una de cerca, solo en programas de televisión o en libros, incluso cuando fue a una exposición de reptiles, en la cual acabo por irse cuando una serpiente escapo de su lugar. Una salamandra azul claro con marcas de diamantes morados se encontraba en las manos de la albina, quien se encontraba demasiado entusiasmada con aquella pequeña criatura.

– ¿No es adorable? Y mira esto, le gusta la nieve. – Exclamó con emoción mientras agitaba su mano para crear unos pocos copos de nieve que la salamandra atrapo y degusto. – ¿No es lo más hermoso que has visto en toda la vida?

La historiadora levantó una ceja, observando al animal revolcarse entre las manos de la ojizarca. No le veía algo tan interesante o que pudiera ser "lo más hermoso", porque siendo sincera, Anna solo pudo dirigir sus ojos a la albina y sonreír de lado.

– Sinceramente ya he visto algo muchísimo más hermoso que esta lagartija. – Confesó, ganándose una mirada por parte de Elsa al oírla. – Quiero decir salamandra.

Elsa frunció el ceño y sonrió manteniendo su mirada azul en el pequeño animal, intentando descubrir que era aquello que Anna había visto y catalogado como lo "más hermoso" que vio en toda su vida. Hasta que descubrió a la historiadora observándola con amor, la pequeña sonrisa en los labios de Anna y como tenía su cabeza inclinada fue suficiente para comprender sus palabras, formando un "o" con sus labios y sintiendo su rostro arder.

– Oh… ¿Te refieres a mí? – Preguntó y Anna asintió levemente. – Uh…

Anna rio acercándose para tomarla de la cintura, intentando poder atrapar sus labios de no ser por el animal que salto directo a su hombro, causando que un pequeño grito escapará de los labios de la pelirroja. La reina reaccionó tan pronto la vio alejarse haciendo intentos de quitarse a la salamandra de encima y, de no ser por Elsa, aquel animal hubiera salido volando.

– ¿Estas bien?

– Si, creo que…

– Le preguntaba a Bruni, casi lo arrojas. – Interrumpió la ojizarca. – Anna, cariño no me pongas esa cara… Se que tu estas bien. ¿Podemos conservarlo?

La pelirroja levantó ambas cejas al escucharla, era una locura, un animal salvaje en su casa. No, defectivamente no iba a aceptar aquello y debía ser cuidadosa con lo que le decía a Elsa. Pero verla hacer un puchero y poniendo ojos de cachorro, fue suficiente para que Anna acabara desistiendo a su postura actual.

– ¡Esta bien! Vendrá con nosotras, pero no puedo asegurarte de que Olaf no tratará de comérselo. – Habló. – Sube al auto, haremos una parada antes en algún mercado.

Emocionada por las palabras de Anna, Elsa subió tan rápido como pudo a la camioneta, siendo lo más cuidadosa de que Bruni no saltara de sus manos y se perdiera en el corto proceso. Espero paciente que la pelirroja subiera y emprendieran camino hacia el primer mercado que se les cruzara en el camino.

La pelirroja encendió, por segunda vez, la camioneta y puso reversa para poder salir de allí. Fijándose tanto en el camino como en la albina, la cual se encontraba demasiado entretenida con la salamandra en sus manos. Dio una corta y suave risa al verla, Elsa era como una pequeña niña en ciertos aspectos y ahora lo estaba siendo.

Cuando menos lo esperaron, una densa lluvia cayó en el pueblo. Anna gruño, colocando el limpia parabrisas para no chocar. Un trueno se escuchó lo bastante cerca que causo que Bruni saltara directo al vidrio. Elsa se apresuró a sujetarlo nuevamente en cuanto la pelirroja detuvo la camioneta en un semáforo. Anna volteó el rostro para ver como su pareja acariciaba la cabeza de la salamandra en intentos de calmarla frente al clima que las envolvía, sonrió de solo verla tan concentrada en su misión.

Se detuvo cuando vio un iluminado cartel que indicaba un mercado abierto. Anna suspiró mientras se quitaba el cinturón de seguridad y tomaba su cartera, debía ser rápida y mojarse lo menos posible. Miró a Elsa, la cual parecía haber tenido la misma idea que ella, sonrió e inclinó un poco el torso para besar sus labios.

– ¿Sandwich? – Preguntó Anna sobre sus labios.

– Depende, ¿Tú los harás? – Bromeó la albina dando un casto beso.

– Si tú me ayudas. – Susurró con una sonrisa.

– Creo que puedo hacer un espacio en mi agenda.

Anna rio de manera sarcástica antes de dar un último beso a la ojizarca para poder salir de la camioneta. Maldecía el no haberse puesto un abrigo con capucha o haber llevado algún paraguas… ¿Elsa podría hacerle un paraguas con magia? Eso la hizo pensar mientras corría a la tienda, dejando a la albina dentro del vehículo con el tal "Bruni".

Mientras Anna buscaba lo que necesitaba para poder preparar una cena, Elsa se divertía con aquella adorable salamandra que había dejado reposar en su regazo. Acariciaba su cabeza con un dedo, era un movimiento suave y lento, intentaba hacerlo dormir. Pero algo llamó su atención, alzo la vista hacia la ventana, fijándose en las cajas de cartón que había a un lado del mercado. Su ceño se frunció cuando vio una moverse lo suficiente como para caer y abrirse, dando existencia de un pequeño gatito blanco metido allí.

Elsa mordió su labio, sintiendo la necesidad de tomarlo y llevarlo a casa para cuidarlo, pero no quería volver a molestar a Anna… Un maullido apagado fue suficiente para hacerla salir, dejando a Bruni en el asiento del conductor. Se quitó el cinturón y abrió la puerta rápidamente para cerrarla de la misma manera. Dando zancadas, Elsa se coloco de cuclillas para levantar al minino con cuidado, lo observó unos segundos, sintiendo pena de su estado. Estaba completamente mojado, su pelaje blanco se encontraba algo sucio, pero sus ojos azules aún mantenían una chispa allí. Lo cubrió con su suéter, volviendo a correr hacia la camioneta para poder darle el calor necesario.

– Oh… Tienes frío, ¿Verdad? – Preguntó en un susurró, dejando que el animal se acurrucara en su pecho. – Tranquilo amiguito, solo esperemos que… ¡Anna!

Bruni saltó a las piernas de Elsa en cuanto la pelirroja abrió la camioneta, dejando la bolsa de papel en los asientos de atrás y sacudiendo un poco su cabello mojado. Casi no logró ver el nuevo acompañante que tenia con ellas, una vez que encendió la camioneta, lo notó. Había oído un maullido y la curiosidad despertó en ella al reaccionar que no tenia un gato. Se llevó la sorpresa de que su novia cargaba un pequeño gatito blanco contra su pecho, viendo su pelaje mojado y como temblaba de frio; seguido de eso vio a su novia con una inocente sonrisa.

– Puedo explicarlo… – Apresuró a decir Elsa.

– Eso espero, pero me la dirás en casa, ¿De acuerdo?

Elsa sonrió al escucharla, colocándose el cinturón apenas Anna piso el acelerador para regresar a casa. Minuto tras minuto, la albina intentaba que el pequeño gato estuviera más tranquilo, dejando a Bruni descansar sobre su hombro. Más de una vez, Anna rio al verla con ambos animales encima y tratando de controlarlos.

Cuando llegaron, Elsa bajó tan pronto Anna estacionó la camioneta, esperándola para que pudiera abrir la puerta. Ninguna tuvo tiempo de reaccionar, en cuanto la puerta se abrió, Olaf saltó sobre su dueña. Elsa logró sujetar la bolsa, como mantener al gatito en su brazo y a Bruni sobre su hombro.

– ¡Olaf, basta! ¡Detente amigo, por favor! – Gritó Anna tratando de quitarlo. – ¡Ugh!

La saliva del husky siberiano logro colarse dentro de su boca, causando que la historiadora se levantara de golpe y comenzara a escupir, intentando limpiar su boca. Escuchó la risa de su novia mientras corría directo a la cocina a enjuagarse lo suficiente como para poder quitarse el horrendo sabor que su mascota tenía.

Elsa llegó unos minutos después, con Olaf detrás suyo siendo el perro quien cargaba a los dos nuevos integrantes de aquella pareja. La pelirroja levanto una ceja al ver a su mascota divirtiéndose con el gato y la salamandra, inclinando la cabeza a un lado solo para ser imitada por los tres animales.

– Debo creer que también tienen hambre, ¿Verdad? – Preguntó Anna observando a la albina.

– Sobre todo Marshmallow. – Murmuró Elsa apoyándose en la mesada para ver a los animales y a su novia quien levantó una ceja. – ¿Qué? Es blanco, parece un malvavisco.

No quiso hacer más preguntas, Anna se dispuso a buscar dos pequeños platos para darle comida a sus nuevos inquilinos, colocando la comida correspondiente a su mascota y haciendo lo mismo para el gato y la salamandra. Dejó todo en una esquina de la cocina, mientras Elsa sacaba lo que, asumió, era necesario para hacer un sándwich.

– ¿Qué quieres…? ¡Woah!

Anna logró sujetarla de la cintura y apegarla a ella, sonrió cuando los brazos de la ojizarca rodearon su cuello. Elsa rio, rozando su nariz con la ajena antes de poder besar castamente sus labios. Luego, se separo al escuchar a Marsh maullar y a Olaf ladrar.

– Creo que quieren atención. – Bromeo volteando a verlos. – ¿Te parece hacer tus los sándwiches? Estoy segura de que los harás mejor que yo.

– Hey, hey. Ese no era el trato. – Recordó Anna abrazándola de la cintura. – Eran sándwiches porque tu ibas a ayudarme, ¿Lo olvidas?

Anna intentó concentrarse en leer aquel viejo pergamino, Elsa había subido seguida de Olaf y Marsh, dejándola a ella sola con Bruni. Dio un mordisco a su tercer sándwich mientras buscaba diferentes paginas en internet. Tenía algunos libros abiertos y esparcidos por la mesa de su estudio. Leía todo lo que podía tener a su alcance y fuera útil.

Bruni se colocó sobre las teclas de su portátil y revolcó en las mismas con tal de obtener la atención, la cual iba a ser difícil. Anna levantó una ceja mientras lo sujetaba y colocaba a un lado para que no molestara.

– Veamos… Mapa de Arendelle de… ¿Qué año dijo que estaba? ¿1800 y algo?

Miró a Bruni y suspiro, cubriendo su rostro entre sus manos ante la situación de frustración que estaba sintiendo. ¡Por dios! Quería ayudar a Elsa y descifrar ese maldito pergamino, pero nada lograba serle del todo útil. Buscó runas nórdicas, pero no sabia leerlas, buscó la historia de Elsa, pero no hablaban mucho de ella. Buscó cada mapa existente de Arendelle y ninguno coincidía con el pergamino. Suspiró otra vez, apoyando sus codos sobre la mesa y dejando que sus manos sostuvieran su cabeza.

– Piensa Anna, ¿En qué año fue coronada tu novia? ¡1820!

Cuando tuvo la respuesta, Anna rápidamente tecleó en el buscador: "Mapa de Arendelle 1820" y, dando click, comenzó su novena búsqueda. Abrió cada página web que sentía iba a serle útil, cada imagen de los mapas que se hicieron en ese periodo. Incluso acabo abriendo un video para poder leer runas nórdicas, todo para ayudar a Elsa.

Bruni no se separó de su lado, estando en su regazo mientras la pelirroja aprendía y escribía diferentes ejemplos en runas, hasta sentir que podía leer algo más allá que las palabras dadas en el video. Tomó el pergamino y lo abrió, pasando sus dedos con cuidado por el objeto. Leyó lo que estaba escrito, viendo el pequeño dibujo allí, demás estaba decir que la antigüedad de esa cosa no ayudaba mucho para que Anna pudiera descifrar las cosas.

– Uh…

"ᚨqᚢᛁ ᛃᚨᛊᛖ ᛖᛚ ᚲᛖ ᚾᚢᚾᚲᚨ ᛞᛖᛒᛖ ᛊᛖᚱ ᚨᛃᚨᛞᛟ."

Anna entrecerró sus ojos intentando entender lo que decía allí, aunque el video le sirvió para saber escribir su nombre, no estaba sirviendo para leer aquello. Ladeo la cabeza, siendo imitada por el animal, el cual Anna miró con una pequeña mueca.

– ¿Sabes que sería bueno? Que en la universidad me hubieran dado lectura de runas, me facilitaría las cosas ahora. – Murmuró con molestia.

Tomó uno de los libros y pasó sus páginas con prisa, intentando buscar algo que lograra ayudarla. Se detuvo cuando recordó la mitad del libro que aún tenia con ella. Dejando a Bruni sobre la mesa, Anna fue a buscar su bolso para traer el medio libro. Volvió a sentarse en su lugar mientras pasaba las páginas con cuidado de no romperlo nuevamente hasta que una sección en particular llamó su atención.

– "Mytiske Skapninger" – Leyó antes de enfocarse en los dibujos, uno en particular logró capturar su atención. – Pabbie…

Anna colocó el libro sobre la mesa para poder leerlo con luz, colocó su dedo sobre las hojas para guiarse mientras Bruni se acercaba hasta reposar sobre las páginas, bloqueándole la lectura a la pelirroja.

– En serio amiguito, acepté tenerte aquí, pero no molestes. – Pidió tomándolo para dejarlo sobre su hombro.

Los minutos se volvieron horas y la noche había comenzado a irse poco a poco hasta que los primeros rayos del sol llegaron al pueblo. Durante toda la noche, Elsa sintió el vacío en la cama, aun habiendo dormido con Olaf y Marshmallow, la presencia de Anna le hizo falta.

Se levantó con cuidado de no despertar al dúo que estuvo con ella, se colocó uno de los suéteres de Anna y bajó a la cocina, quizás la pelirroja había salido temprano al trabajo o a hacer las compras, pero se llevó una gran sorpresa al verla durmiendo en el sofá, con Bruni durmiendo en su pecho mientras que aquel viejo libro se encontraba sobre su estómago.

Sonrió al ver un velador encendido, con varios libros, mapas, hojas y el portátil de su novia encendido. Se acercó solo para apagar la luz y dirigir su mirada hacia Anna, escuchándola roncar suavemente mientras colocaba su brazo sobre sus ojos. Mordió su labio al entender lo que estuvo haciendo, lo que la mantuvo despierta toda la noche.

Se acercó para quitar el libro, siempre con cuidado de no despertarla, aunque fue en vano, la pelirroja se sobresaltó en el instante en que dejó de sentir el libro. Asustando, también, a Bruni el cual saltó del pecho de la historiadora para caer en el suelo.

– Lo siento, lo siento. No quería despertarte. – Murmuró apenada Elsa.

Anna se sentó, masajeando su nuca tras haber dormido en una pésima posición. Gruño por lo bajo mientras se sentaba y dejaba que Bruni trepara hasta su regazo, Elsa se sentó a un lado suyo y recargo su cabeza sobre el hombro de la pelirroja antes de suspirar.

– ¿Quieres desayunar?

– Descifre el pergamino,

Ambas habían hablado al mismo tiempo que sus voces se mezclaron y las palabras se chocaron haciendo imposible el entenderse. Elsa y Anna se miraron antes de reír fuertemente, logrando hacer que Olaf bajara con Marshmallow en su cabeza. Elsa relamió sus labios mientras frotaba sus manos un poco.

– ¿Qué dijiste? – Preguntó observando de reojo a Anna.

– Que logré descifrar el pergamino, con ayuda de Bruni claro, pero ya sé donde encontrar a Pabbie. – Explicó Anna.

Elsa mordió su labio mientras quitaba a la salamandra del regazo de su novia y lo dejaba sobre el hocico de Olaf, el cual se marchó hasta la cocina. Anna levantó una ceja al ver a los tres animales irse, dejándola sola con su novia. La reina colocó un mechón detrás de su oreja antes de poder sentarse sobre las piernas de la historiadora, acariciando su pecoso y enrojecido rostro para así atrapar sus labios con los propios. Un beso tierno y lento, dándole tiempo a Anna de colocar sus manos en su cintura, acortando toda distancia posible entre ambas.

Un gemido fue ahogado entre la sesión de besos que pudo pasar a mayores de no ser por el ladrido de Olaf que las hizo separarse. Elsa se alejó, no sin antes morder y jalar del labio inferior de Anna, arrancándole un gemido.

– ¿Desayunamos?

– Y luego vamos a buscar a Pabbie.