SDisclaimer: Los personajes usados acá no me pertenecen.
Advertencias: Yaoi.
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Danza entre titanes
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Mientras más tiempo permaneces en batalla más duro te haces, o al menos es lo que decía el anterior mariscal, el mariscal Yakov, que en tiempo de guerra siempre era un firme y fuerte mástil capaz de soportar cualquier cosa que se le iba encima. En sus mejores tiempos como piloto el mariscal había sido Mayor y tripuló un Jaeger categoría 6. Fue justo en la llegada de los primeros asteroides con los invitados no gratos, su tiempo de gloria fue mucho antes de que el nombre de Viktor Nikiforov, Yuuri Katsuku o Mila Babicheva figurara dentro del conocimiento general de la sociedad. Él había salvado innumerables vidas pero también había dejado desvanecer millones de ellas al fallar alguna misión o sencillamente no llegar a tiempo. Era algo que siempre había cargado consigo, incluso en su propia muerte. Ese penoso lecho donde al héroe se le quitan las guirnaldas y la capa queda colgada en el perchero, ahí en el cutre frío de cuatros paredes bajo tierra cuando en copiosa respiración por una insuficiencia pulmonar había sostenido de forma trémula la mano de Viktor pidiéndole que le pidiera perdón a todos esos desafortunados que no había logrado salvar.
"Vitya" Aún podía escuchar su nombre siendo pronunciado con dificultad y labios partidos, ojos cansados acuosos por el llanto que se atropellaba y la piel amarillenta por no recibir las proteínas del sol, pero si una casi vida total exponiéndose a núcleos y reactores de componentes extraterrestre.
La imagen de Yakov agonizando en la cama de su trinchera en el cuartel de Punta Cayo en Hawaii jamás se le iba a olvidar al ruso que estuvo con él hasta que el cuerpo del viejo no pudo más y colapsó sobre sí mismo, llevándolo directo a la muerte. "Vitya". Era algo que no quería volver a experimentar: La muerte de un compañero. Por eso se había vuelto fuerte, por eso se había vuelto el mejor, aunque egocéntricamente la gente pensará que Viktor era una especie de genio, detrás de esa sonrisa de portada y porte espectacular de héroe, había más miedo y rabia de la que una persona normal debía de tener. Mojando sus labios con ansiedad cada vez que la compuerta de su jaeger se cerraba y quedaba todo en silencio. "Vitya" susurraba su hermano en sus pensamientos y sentía el calor fraternal rodearlo, darle fuerza. Sin embargo, conforme el tiempo fue transcurriendo vio morir a innumerables personas, la vida del mundo se le escurría entre sus dedos y comprendía la agonía no física, sino emocional, que Yakov había sufrido mientras su aliento se escapaba para no volver jamás.
De entre todas esas personas la de su hermano, y una parte de él.
—Yuuri —llama Viktor con tono afectado, ha tenido otra de sus pesadillas recurrentes y se ha girado hacia su lado donde duerme su esposo, lo ha encontrado durmiendo tan tranquilamente que lo tuvo que mover para asegurarse de que estaba vivo. Cuando el moreno despierta entre quejidos y protestas, el corazón se le alivia al albino. Entregar el corazón y volverse cercano a alguien no es sano.
La escena se repitió cada noche hasta que la locura alcanzó su apogeo y las cosas terminaron justo como se encontraban ahora.
—Teniente, situación —pide saber la Mariscal haciendo que Viktor reaccione del pequeño trance al que lo llevó su pensamiento, la batalla con ese último kaiju se ha extendido más de lo correcto.
—El enlace está en un 70% pero es estable —declara Viktor mientras hace lectura de lo que la computadora le arroja, mueve su mano sobre el tablero tridimensional quitando gráficas para ampliar otras lecturas—. Ronin Warrior. Deben de acabar lo antes posible esto —ordena el Teniente antes de presionar un par de botones para sacar estadísticas de lo que acontece.
—Yuuri, estás solo, cayó Fatal Fantasy acaba de caer, pero December Black acabó con el kaiju, sin embargo han tenido que regresar a la base —comenta la Mariscal que ahora se mueve enérgica dentro del cuarto de mando. Todos sudan y están concentrados en su trabajo, sudan el esfuerzo y es todo lo que pueden expulsar de su cuerpo. No hay tiempo por llorar a los que han caído, ni siquiera de recuperar sus cuerpos que quedaran sepultados en el pacífico raras veces logran recuperar algún resto. Regularmente son consumidos por el mismo ácido que la sangre de Kaiju contiene y que con el salitre del mar provocan una curiosa reacción. Los científicos aún siguen averiguando sobre dicha reacción.
—Confirmado —responde Yuri al tanto desactiva los propulsores pues no se pueden exponer que alguno de los núcleos se desastabilice. Yuuri ha tomado el control total de las armas y ahora explotan otra descarga del cañón de plasma contra la cara del Kaiju que ruge. El jaeger retrocede blandiendo nuevamente la espada.
—Activa el comando especial.
"Comando especial, activado".
—Yuri-kun —masculla Katsuki Yuuri al tanto agitaba sus manos desactivando el control manual para volverlo compartido y ambos pilotos volver a compartir la carga completa de los ataques del jaeger; al mismo tiempo blanden con fuerza el holograma de la espada, mientras que la real era sostenida por el enorme titán ensamblado por partes de acero y aleación de nanotecnología.
—Estoy listo —dice aunque no hace falta que lo diga porque uno está metido en la cabeza del otro, se preparan y todo brilla cuando empiezan a correr hacia la bestia que ruge furiosa clavando sus garras en el suelo marino, abriendo la boca tanto que parece que se va a tragar el presente. El ruido es ensordecedor y hace que los que sobrevuelan la escena se cubran los oídos, pero los pilotos no se inmutan, siguen su trayecto saltando con ayuda de los hidropropulsores. La cola del kaiju los intenta barrer pero es inútil, sus movimientos son torpes pues la masa corporal le impide tener mayor movilidad, y esa es ventaja para Ronin Warrior que se mueve con la misma gracia que una bailarina en un solo en el teatro a los ojos de los espectadores.
Yuri y Yuuri se sumergen en una especie de trance donde la espada salta de una mano a otra y con la libre logran anticiparse al ataque del monstruo que le planeaba estocar con una garra, y al mismo tiempo entierran la espada en el costado del animal haciendo un corte que termina en el vientre del enemigo, pero éste deja caer una de sus pesadas manos contra la espada que parece ceder ante la fuerza y el peso.
—Electroestática —ordenan a la par el Yuuri japonés y el Yuri ruso. La fatiga de pronto dejó de ser un factor determinante y el menor parece inmerso en un mundo distinto. Ve a la feroz bestia frente a él pero siente la calma que Yuuri le transmite, el enlace no es solo estar en los pensamientos del otro viviendo su pasado o conociendo cada oscuro y secreto pasaje de sus secretos, hay algo más y a Yuri le duele el pecho. Suspira y mueve su mano antes de ser él quien ruja y Yuuri mete presión, los dos se mueven empujando para clavar más la espada, luchando contra la descomunal presión que el kaiju está ejerciendo.
Electroestática, activada.
La espada que está a punto de romperse en dos emite una fuerte descarga eléctrica que por un instante deja en corto circuito todo el sistema del jaeger pero enseguida se restablece. La electricidad corre blanca y azul, negra cuando carboniza al kaiju y éste chilla tambaleante, desvaneciéndose en girones pero logrando encajar sus garras en el hombro del robot clavando fuerte como pinzas y perforando la soldadura. El chillido es nuevamente cruel y Otabek tiene que taparse los oídos en el helicóptero junto con el resto de los pilotos.
Ronin Warrior se tambalea y cae de bruces al agua junto con el jaeger que agónico abraza al robot para llevárselo al infierno con él.
Yuuri se ha tragado el grito desgarrador por el dolor en su hombro pues tiene problemas más graves de los cuales preocuparse.
—¿Estás bien? —pregunta apresurado el japonés moviéndose sobre los controles.
—Sí, ¿tú?
—Sí.
Es mentira y Yuri lo sabe pues a él le duele en una escala menor, pero el peso de lado izquierdo es más para Yuuri Katsuki, de haber dañado el lado derecho Yuri está seguro que en esos momentos se estaría retorciendo, o quizás aguantando como el rebelde que era.
—Está entrando agua por la abertura.
—Activa el modo manual.
Modo manual, activado.
Las luces del casco del jaeger iluminan al kaiju que se sigue hundiendo, se mueve por la gracia del dios que lo proteja y parece quererlo arrastrar hasta donde la presión del agua seguramente los aplastara.
—Activen el cañón de plasma —ordena Viktor desde la sala de mando.
—Activa el tuyo, yo te apoyaré —pide Yuuri. Y Yuri ansioso mira a Yuuri. Éste le sonríe y el rubio traga saliva para prepararse.
—Cañón de plasma hemisferio derecho.
Cañón de plasma, activado.
Anuncia la voz robótica y ambos pilotos direccionan la mano derecha hacia el pecho del kaiju, dos segundos después el mar del pacífico se ilumina de violeta.
En el puerto de mando Viktor se aleja un instante de los monitores porque de pronto las lecturas que lanza la pantalla le dicen que el Kaiju categoría cinco, ha desaparecido.
—Lo hicieron —informa con voz trémula y sorprendida para que dos segundos después el puerto se llene de festejos—. ¿Ronin Warrior me copian? —no tarda en tratar restablecer comunicación con los pilotos.
—Aquí, Ronin Warrior —responde Yuri Plisetsky—. Todo en orden...
Y la celebración parece cobrar matices coloridos. Mila Babicheva suspira y Viktor se desploma contra el respaldo de su asiento. Se quita la diadema y enseguida se enjuaga el sudor. Se acerca al micrófono.
—Bien hecho, Yuuri —murmura y Yuri chasquea la lengua.
—Gracias.
—Tú también, Yura, bien hecho.
—No me llames, Yura, da asco que tú lo digas —gruñe el menor apagando la comunicación.
Se incorporan, emergen desde el océano y en silencio observan su obra maestra, pedazos del kaiju flotan sobre el mar. Sienten los ganchos de los helicópteros hacer contacto y pronto están sobrevolando el pacífico transportados por el cuerpo de pilotos de la armada.
Ni Yuuri, ni Yuri salen del enlace, regla básica, siguen monitoreando el mar por el cual son transportados, pues esas criaturas son seres repulsivos, y jamás se sabe por dónde van a llegar. No hace falta una comunicación, alguna palabra pues ambos saben lo que el otro está por decir. Yuuri se encarga de revisar el estado inmediato del jaeger y envía rápidamente las lecturas al centro de mando para que vayan procesando las reparaciones, todo debe ser inmediato pues nunca se sabe cuándo será la próxima batalla, puede ser apenas pisen tierra y tengan que volver a subirse a su titán, o probablemente sea un mes después, aunque eso es un sueño casi idílico.
—¿Cómo te sientes? —el primero en romper el silencio es Yuuri Katsuki cuando nota como su cabeza se siente más cansada, más pesada, rastro de que Yuri anda hurgando por ahí, y confirma su teoría en el instante que percibe incertidumbre y una pizca de temor en el rubio.
Yuri comprende poco o nada de lo que está viendo en la cabeza de Yuuri, ya no tienen que cruzar puños con la bestia por lo cual puede ver con más claridad los pensamientos y deseos del moreno, es tierra inhospita, es demasiado diferente a lo que algún día creyó que vería. La cabeza de Yuuri es un lugar sórdido, lleno de sangre, de cadáveres, de extremidades cayendo desde el cielo como una lluvia roja y en medio un niño que abraza el cadáver de un perro muerto.
—Yuri —llama Katsuki y éste se retrae mirando sudoroso a su compañero en armas.
—No te aferres a los recuerdos —le solicita con una sonrisa el mayor.
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Cuando los pesados cascos de los pies del jaeger se estampan contra la plancha de cemento que es la estación de aterrizaje se escucha un eco profundo seguido de aplausos y felicitaciones, todos corren hacia el puente de abordaje para esperar a los héroes de la noche. La compuerta se abren y Yuuri aparece junto a Yuri, el primero llevaba casi cargando al segundo pues ha supuesto mayor esfuerzo físico debido a su delicada complexión. Yuri es alzado en brazos por un grupo de ingenieros y lo felicitan, festejan con él mientras que Yuuri sonríe. Es la primera misión de Yuri y ha salido de forma fantástica muy a pesar de los inconvenientes que hubo al principio. El moreno firma una hoja de reporte donde se dice toda la lectura que él envió previamente de camino al hangar. Se escucha la voz de Mila y abren paso para que la pelirroja pase. Usa su uniforme a medio poner pues el ataque los había tomado por sorpresa a todos.
—Katsuki, Plisetsky —sonríe de medio lado la mujer—. Bien hecho, felicidades por su victoria, vayan al pabellón médico y después a descansar, Nikiforov, necesito los informes médicos de ambos —ordena a su subordinado que ha llegado detrás de ella.
—Sí, señora.
—Vigila que ambos descansen, y el resto no se duerman en sus laureles, estén atentos para el servicio funerario de...
Yuri no alcanza a oir el resto de las ordenes de la rusa pues Yuuri lo ha empezado a halar de la mano para llevarlo hacia la zona médica. Viktos los sigue de cerca por detrás mirando como el traje de latex y partes metálicas reafirman la estrecha cintura de Yuuri, así como acentua el trasero del japonés.
—¡Yura! —grita alguien y el rubio se detiene girándose.
—¡Otabek! —dice agitado mientras que se disculpa con Yuuri armándose de fuerza para pararse por su propia fuerza, pero las piernas le tiemblan y Viktor ahora es el que tiene que interceder para que no caiga de rodillas, no puede dar otro paso más. Al ver esto Otabek se apresura.
Viktor alcanza a escuchar el chasqueo de boca, molesto del rubio, y él tampoco se siente más cómodo, así que apenas las manos de Otabek se cirnen alrededor de la cintura de Yuri, Viktor lo suelta. Yuuri ha empezado a caminar para darle privacidad a los amigos.
—Debe de ir a revisión médica —ordena Nikiforov. Y Otabek entiende que no puede entretener al rubio, sin embargo agradece internamente cuando Nikiforov también se aleja siguiendo a Yuuri.
En realidad agradece en sobremanera que Altin apareciera puesto que al apresurar sus pasos para alcanzar al japonés, ante sus ojos se descubre una afirmación a una sospecha que mantenía desde que lo escuchó por medio de la comunicación de la cabina de mando del jaeger y la sala de comando en el hangar.
—No vas a poder pilotear hasta que no mejores ese hombro, Katsuki —dice fríamente Viktor viendo con ojos serios a Yuuri que se ha pegado contra la pared sosteniéndose con fuerza aferrante su brazo izquierdo.
—No le digas a Mila —suplica Yuuri y Viktor suspira acercándose para dar una mirada hacia atrás donde se ha quedado hablando Yuri con Otabek, así que aprovecha para flexionarse y cargar por debajo de las rodillas y la espalda al moreno. Yuuri gime y Viktor se apresura a caminar con él en brazos. Debe de ser grave o muy doloroso lo que el japonés siente como para no oponer ninguna resistencia a ser cargado como una princesa.
—¿Qué tan duro fue el impacto? —murmura Viktor doblando en otra esquina. Está tomando la vía más larga pero menos transitada para no toparse con nadie en el camino.
—Atravesó el armazón y la escotilla del hombro, rompió todo el sistema hidráulico del brazo izquierdo ha quedado inservible —Yuuri contiene la respiración y exhala con lentitud. Ha tenido que aguantar desde que lanzaron el último cañón de plasma y el kaiju murió hasta ese momento, puesto que no quería abrumar a nadie con dolores que eran naturales en un piloto de jaeger.
Al llegar a la sección médica le pide de buena gana a la enfermera que los deje solos un momento mientras ayuda a Yuuri a quitarse el traje. La enfermera accede y enseguida se quedan en soledad.
En ese instante no hay reproches ni malos entendidos. No existe persona en el mundo en el que Yuuri confíe más que en Viktor. De hecho, prefiere que sea él a cualquier otra persona la que en esos momentos se encuentren ahí a solas con él, deslizando los seguros del ceñido traje. Retirando la lengua plástica por donde entran las agujas de la columna vertebral. Viktor está familiarizado con colocar y quitar ese traje, ha ido evolucionando junto con él, incluso si él no es quien lo usa ahora. Con cuidado retira la fajilla y desliza el cierre invisible del costado para asistir y retirar lentamente las mangas negras. Contiene un instante la respiración cuando la piel del japonés queda al descubierto frente a sus ojos.
—Yuuri... —murmura—. Debo de decirle a Mila... —infiere Viktor y Yuuri es incapaz de mirarse aunque sea de reojo, no hay necesidad de inspeccionarse pues se conoce, es él quien está sintiendo el escozor abrazador de las quemaduras que hicieron que su traje se adhiriera a su piel y se escuchara un sonido vizcoso al momento de desprender la tela de latex de la piel mancillada. Es él quien tiene la carne en vivo y siente hasta las mínimas corrientes de aire, sin contar el fétido olor de piel quemada.
—Sólo... cúralo —suplica con ojos cerrados.
Viktor afirma, no es médico pero tiene suficientes conocimientos en el área médica como para hacerse cargo mientras el doctor llega. Seguramente éste se encuentra aún ocupado con los otros dos pilotos supervivientes del ataque del kaiju.
El traje es terminado de retirarse y la quemadura producto de la descarga del ataque del kaiju va desde el arco del cuello ajeno pasando por su hombro, pecho, espalda, axila y baja hasta medio costado en una amorfa figura. Es una enorme herida que Viktor ha empezado a curar con cuidado. Ha llamado a la enfermera para que empiece con la aplicación de medicamento, entre ellos un poco de morfina para que el dolor que ha empezado a crecer, pues la adrenalina va de bajada y eso provoca que los achaques físicos sean más perceptibles para el piloto, no crezca más y no se vuelva en un problema. Sin embargo tarda tiempo en hacer efecto y ahora el piloto se retuerce mientras gime y muerde sus labios procurando no proliferar ningún ruido comprometedor puesto que él es un guerrero y las heridas eran medallas de guerra, las heridas son nada en comparación a la muerte horrible que han tenido que enfrentar otros de sus compañeros, su cuñado, su hermana, su familia.
Cerrando los ojos con fuerza y conteniendo la respiración, aprieta la mano de Viktor a su lado mientras el médico examina, una vez llega, el área afectada y retira con pinzas metálicas los pedazos de carne que han quedado solitarios en medio de un mar de carne viva, y aquellos jirones que debe arrancar pues se han levantado. Soporta sin derramar una sola lágrima, aunque lo desea, cuando la aguja de una jeringa es insertada al fondo en su quemadura una y otra y otra vez. El líquido pasar espeso penetrando su sistema y el dolor de sus músculos que se desdoblan y crujen.
El agarre que mantiene con Viktor es un alicante, así como la voz del ruso susurrándole quedamente al oído que había estado genial, que soportara un poco más, que después de eso irían por un jodido tazón de Katsudon.
—¿Dónde... mierda conseguirás... eso, Viktor? —pregunta acalorado, doliente. Jamás dice groserías el japonés, pero en ese momento lo amerita y se da ese permiso de ser grosero. Viktor ríe contra el oído de quien fuese su pareja y por siempre el amor de su vida.
—No sé, sólo concéntrate, yo te conseguiré katsudon.
—Mentiroso-so —jadea Yuuri y entierra las uñas en la mano de Viktor cuando el doctor de un tirón desprende un pedazo de carne y el japonés abre la boca formando una enorme "o" pero no emite un solo sonido, sólo su respiración entrecortada, sus mejillas rojas y su piel que se transpira por el esfuerzo.
Yuri ha corrido con más suerte pues sólo es agotamiento físico, le bastará descansar un par de días para estar en funcionamiento nuevamente, sin embargo el médico le advierte que tiene un tiempo límite para estar dentro de un jaeger pues su cuerpo puede llegar a romperse. Le recomienda ejercicio físico que desarrolle su cuerpo y también su resistencia. El doctor ha leído el informe de Viktor sobre la compatibilidad emocional y sobre la mesa deja la compatibilidad física de ambos pilotos, a pesar de que Yuri y Yuuri son capaces de mostrar un enlace fuerte y duradero, la diferencia de su resistencia, de su cuerpo y de su estamina es totalmente contraria, discordia total.
Y de hecho, por ese motivo es que el médico se pronuncia en la oficina de Mila más tarde ese mismo día ya cuando todo está ligeramente más calmado. Habían acabado los servicios funerarios de los dos pilotos caídos en batalla y la mujer atusaba su cabello rojo escuchando al médico.
—Si vuelven a entrar en batalla solo lograra que alguno de los dos salga dañado, o peor aún que ambos salgan lastimados o muertos, Mariscal.
—Entiendo totalmente su punto, doctor, sin embargo, no podemos darnos el lujo de dejar que dos pilotos que han mostrado compatibilidad se queden fuera de esto —arremete la mujer sentándose en su silla tomando los informes. No necesita leerlos pues ella mismo lo sospecho desde que Giacometti propuso aquella disparatada idea de que intentaran hacer enlace. No creyó que funcionaría pero había funcionado. En su momento se dijo: Un problema a la vez, y así es como resolvería todo ese embrollo.
—Sí, pero como médico de esta base no me puedo dar el lujo de que dos pilotos expongan su salud pues entre esas bestias y el resto del mundo hay solo dos pilotos que contienen el desastre y para que puedan pelear deben estar en optimas condiciones —comenta el médico sin acobardarse, sin retroceder ante la intimidante belleza que poseía la mariscal, ni ante esa actitud territorial que demostraba y hacía efectiva en cada una de sus decisiones. Ella entrelazó los dedos y acomodó sobre estos su mentón torciendo los labios pensativa.
Los ojos de selva de la pelirroja brillaron con cierta ferocidad pero no dijo nada. Se puso de pie una vez más y caminó con paso felino por detrás de su escritorio antes de quedarse parada viendo hacia la ventana que había detrás de la silla de su escritorio, desde su despacho podía ver el hangar donde los jaegers eran arreglados por los ingenieros, se les daba mantenimiento de forma permanente y todos trabajaban día sí y día también para mantener en optimas condiciones a los titanes.
—¿Estarás más tranquilo si ambos toman un descanso mientras se recuperan de sus heridas actuales?
El médico abre la boca un poco anonadado. ¿Es qué no había considerado esa mujer siquiera darles un respiro? ¿Es qué no había leído que Katsuki estuvo apunto de ser calcinado vivo dentro de su traje? Sin embargo, no se atreve a cuestionarla y contiene la respiración, afirmando.
—¿Qué hará con respecto a la diferencia de fuerzas, mariscal?
—Haré que se acoplen, una vez se recuperen comenzarán a entrenar con más fuerza. El hijo de los Leroy está a punto de nacer así que ellos suplirán a Katsuki y Plisestsky mientras se toman el ritmo mejor —la mariscal fijó sus ojos en el Ronin Warrior al cual le quitaban el brazo con pesadas y enormes grúas—. ¿Le parece bien, doctor?
—Si algo le pasa a cualquiera de los dos chicos... no será mi culpa, mariscal —anuncia e médico antes de que diera media vuelta para salir de aquel despacho.
Mila se queda sola y suspira pesadamente mientras con una mano acaricia el puente de su nariz. Si supiera la gente la cantidad de muertes que lleva encima. De tener un corazón estaba seguro que le dolería cada parte, pero a esas alturas la mujer está segura que carece de aquel músculo. Sentir pena, remordimiento o tristeza es algo que ya no puede, no tiene ese privilegio, carece de total empatía con el resto de sus iguales, pues mientras porten un uniforme y una placa en su cuello son útiles únicamente mientras puedan hacer la diferencia, como dijo el doctor, entre los ciudadanos y aquellas bestias. Tenía aprecio por Yuuri y por Viktor, los conocía desde siempre, sin embargo, no podía suponer sentimentalismos ni por un amigo ni por un niño. Que dios la perdonara.
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—¿Y cómo fue? —pregunta Otabek interesado, come sopa instantánea junto a Yuri que ha dormido alrededor de dos días enteros. Hasta el momento no ha habido movimiento del nido de los kaiju, los expertos suponen que los precursores, la especie de extraterrestres que comandan a los kaiju, están esperando algo pero aún no logran descifrar el qué.
—El doc dijo que estaba bien —inquiere el rubio sorbiendo de su sopa. Están sentados en el filo del hangar con los pies colgando hacia el mar que hay frente a ellos. Más allá de sus vistas el océano se difumina con el cielo, hace un día precioso. Aunque el sol está más caliente que de costumbre corre un viento fresco que llega de frente a ellos. A Plisetsky ya no le duelen los músculos como le habían dolido al día siguiente de despertar en su trinchera retorciéndose por espasmos musculares, sin embargo le han salido demasiado moretones que son sumamente notorios en su pálida piel. El doctor le dijo que es algo natural. Intentó buscar a Yuuri pero no tuvo éxito, primero en su habitación, después en el consultorio médico, después dedujo que estaría con Viktor pues tampoco fue capaz de encontrar al viejo para preguntarle por su compañero de jaeger.
—Es bueno saberlo pero... yo me refería a estar dentro del mayor Katsuki.
—Hmp... —el rubio no sabe si debe o no hablar de ello, después de todo era algo personal, y ya había revelado antes un terrible "secreto" del mayor a viva voz delante de medio cuartel. Pero es Otabek el que pregunta y mordisquea su tenedor de plástico—. Es sombrío... cuando lo veía siempre pensé que sería... no sé diferente, no esperaba jodidas flores y arcoíris y ponies pero... la cabeza del cerdo es... sombrío —incluso triste, le encantaría decir. La imagen del kaiju devorando en vivo a los padres de Katsuki es algo que no va a olvidar, tampoco los cuerpos apilados mientras el niño Katsuki carga un perro muerto. Niega. La primera noche después de la batalla tuvo pesadillas con respecto a ello pero no comenta nada a Otabek, ni siquiera al médico que le ha preguntado si hay algo inusual en sus pensamientos ahora que hizo el enlace.
Hay cosas que quiere hablar con Katsuki pero solo podrá hacerlo cuando lo vea, de momento prefiere guardar silencio sobre ello y contarle a Otabek de forma emocionada lo excitante y aterrador que es enfrentarse a un kaiju.
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Yuuri se siente extraño. Totalmente ridículo. ¿Será porque ha pasado los últimos diez meses usando sólo uniformes militares? Es decir antes de eso también usaba la mayor parte del tiempo uniformes militares pero cada tanto se vestía como civil aunque fuese para holgazanear en la base, sin embargo, ese día es especial. Yuuri Katsuki se siente atemorizado al mismo tiempo que exaltado como un animalito que es llevado a un lugar nuevo.
—¿Hace cuanto que no visitabas una ciudad?
—¿Te soy sincero? —susurra Yuuri mirando a lo lejos los edificios. Se ven enormes, está acostumbrado a verlos minúsculos dentro del jaeger, pero ahora está afuera, en una calle congestionada de gente esperando por un taxi en compañía de Viktor a su lado—. Hace dos años que no visito una ciudad —confiesa en tono bajo, y cuando dice "visitar" es literalmente, puesto que había tenido visitas a los centros militares en tierra firme o las oficinas gubernamentales, pero no salía de las instalaciones.
Dos años se le habían ido entre los dedos como agua debido a la estricta agenda que mantuvo gracias a la actividad constante de los kaiju atacando sin cuartel cada segundo o tercer día. Ahora tiene un pequeño respiro.
Su exesposo a su lado luce espectacular, mientras él se siente ridículo utilizando esos jeans y la cazadora negra que olvidó que tenía guardada hacía siglos. Temía que no le fuera a quedar nada de su ropa de civil, y en efecto no le quedó lo que primero se probó, le iba enorme, había bajado mucho de peso, por lo cual tuvo que ponerse cualquier cosa y no un atuendo más "adoc" a la "cita" que Viktor había propuesto: Una cena elegante en un buen restaurante. Nikiforov había sido sumamente amable y caballeroso en elogiarle la ropa, sin embargo Katsuki no era estúpido y sabía que lucía como vil vagabundo.
—¿Quieres entrar por el otro lado? —pregunta Viktor sacando de sus ensoñaciones al piloto que gira su mirada confundido.
—Mande.
—Si quieres subir por este lado del auto o por el otro... para que no tengas que recorrerte contra el asiento y no te lastimes —se refiere a la quemadura que debajo de la camisa blanca que usa el menor la quemadura se encuentra protegida por vendas especiales que mantienen humectada la piel que no sana por completo.
—No, está bien por aquí —informa mientras que aborda el taxi y se recorre con cuidado. Soporta el gesto de dolor, y lo disimula acomodando sus lentes. Viktor aborda después de él y lo mira fijamente.
—¿Estás seguro que no prefieres que regresemos a la base para que descanses ahí?
—Tú me prometiste katsudon —infiera Yuuri con ojos cerrados y seriedad total—. Ahora lo cumples —advierte torciendo los labios, para después sonreír y contagiar a Viktor con la sonrisa.
El auto avanza pero en un alto, el chófer mira a la pareja y se queda callado, enseguida entreabre los labios, y los cierra antes de volverlos a abrir.
—Disculpe que los moleste pero... ¿no son ustedes pilotos jaeger? ¿Viktor Nikiforov y Yuuri Katsuki?
Yuuri y Viktor se miran entre sí, sonrojado Yuuri asiente, había olvidado lo que era ser una especie de celebridad entre las personas civiles. El conductor, que hasta ese momento había estado muy serio, parece haber visto a su madre pues sonríe casi de inmediato cuando recibe una respuesta positiva.
—¡Por dios! ¡Mis hijos los adoran! ¡Ellos quieren ser pilotos! ¡No van a creer cuando se los diga!
—Oh ¿de verdad son fans? ¿Oíste eso Yuuri? —Viktor siempre ha sido bueno socializando, Yuuri no tanto y solo se revuelve en el asiento.
—¿Y qué hacen en la ciudad? ¿Vienen a algún evento o algo por el estilo? —pregunta el chófer avanzando cuando el semáforo cambia a verde.
—En realidad, es nuestro día libre y voy intentar enamorar otra vez a mi esposo.
La cara del chófer y la de Yuuri fueron un poema compartido.
—¡Viktor!
El albino suelta una alegre carcajada. Sin embargo, a pesar de su bochorno y el furioso sonrojo de sus mejillas. Yuuri no niega la afirmación confiada de Viktor. Probablemente van por buen camino.
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¡Nos leemos pronto!
¡Gracias por leer!
St. Yukiona.
Que los ama de pulmón, páncreas y todo lo demás.
