.
INTENCIONES
-¿Cuánto más piensas retenerlos, Tony? - Albert lo miraba con los brazos cruzados en el pecho - ¿Hasta que la tengas a ella en tu cama?
-Deja de fruncir el ceño, primo, no te sienta bien - rió él, claramente divertido - Candy no me interesa de ese modo aunque disfruto provocándola. No te lo voy a negar.
Se llevó el resto de su desayuno a la boca, observando a su primo en el proceso. Albert esperaba su respuesta pero él no la tenía todavía. Sabía que no podría retenerlos eternamente pero tampoco quería liberarlos hasta saber qué había sucedido con la hija de Aidan MacCleod. Éste le había asegurado que no tenía nada que ver con su secuestro y que la recuperaría. La presencia de Candy y su escolta en la isla bien podía significar que los White habían acudido al llamado de Aidan para ayudarlo pero le desconcertaba el hecho de que ella hubiese ido también. Más todavía que la encontrasen cuando supuestamente regresaba a su hogar. Y vestida de hombre, nada menos. Había demasiadas incógnitas a su alrededor como para no sentir curiosidad por ella.
-De todas formas, es una dama. Si me acostase con ella tendría que desposarla después y eso es algo que no entra en mis planes - lo miró fijamente y lo señaló con un dedo acusador - Tú también deberías recordarlo.
-Lo único que deseo hacerle a esa mujer es darle una buena tunda para que se comporte como la dama que dices que es - bufó y su ceño se frunció todavía más.
Cierto que él también disfrutaba provocándola. Ese era uno de los motivos por los que siempre acababa llevándola a cuestas hasta su alcoba, cada vez que sus caminos se cruzaban. Ver la furia ardiendo en sus ojos cuando lo miraba, su mandíbula fuertemente apretada cuando intentaba en vano no responder a sus pullas, el fervor con que acababa defendiéndose de él, los insultos siempre originales que le lanzaba mientras la llevaba en brazos. Todo en ella era pura pasión. Pero aquello era sólo un juego para él. Ni más ni menos.
-Del amor al odio hay un paso - rió Anthony de nuevo - Y va en ambos sentidos. Deberías pensar en ello, primo.
Si las miradas matasen, Anthony habría caído fulminado en ese momento. Esperaba que Albert le soltase alguno de sus improperios pero lo sorprendió abandonando el lugar con paso decidido.
-No deberías hacer eso, Tony - Janet surgió de las sombras.
-Dios, Janet, no hagas tú eso - lo había asustado - ¿Cómo puedes ser tan sigilosa?
-Aprendí del mejor - se sentó junto a él - No me cambies de tema. ¿Qué pretendes?
-Nada - vio que Janet no le creía - Lo juro.
-No jures en vano, hermano. Arderás en el infierno - lo amenazó.
-¿Has visto cómo la mira?
-No es asunto tuyo. Además, ¿has visto cómo lo mira ella? O más bien cómo no lo mira.
-Entre esos dos saltan chispas cada vez que se encuentran - se encogió de hombros - Yo sólo le he advertido a Albert que es peligroso ese juego que se trae entre manos con ella.
-¿Hasta cuándo piensas retenerlos? - cambió de tema pues también ella sentía curiosidad.
-No lo sé, Janet. Realmente no sé qué hacer con ellos. Si al menos ella me dijese qué estaba haciendo en Skye.
-Es muy hábil eludiendo el tema - asintió su hermana - En realidad, todos los temas. Hace más de una semana que está aquí y sé de ella lo mismo que cuando llegó.
-Absolutamente nada - terminó Anthony por ella - Si Rosemary estuviese aquí, estoy seguro de que habría averiguado algo.
-Permíteme dudarlo. Puede que nuestra hermana sepa cómo sacar información a la gente pero Candy no es fácil de engañar.
-Al menos nos habrían entretenido.
Janet rió con su hermano pero por dentro admitía que quería saber tanto como él. Candy era un misterio para todos.
-Tal vez si la dejases hablar con sus hombres - sugirió.
-¿Quieres que la espíe?
-Es una opción.
-Dudo que sea tan ingenua como para no imaginarse que haríamos algo así.
-Como sea - se levantó decidida - Pienso volver a interrogarla en cuanto la vea. Y si no me responde, al menos le habré amargado el día en venganza.
Anthony rió más alto pero su voz se apagó en cuanto Candy apareció por la puerta. Janet se giró hacia ella y se sonrojó. Candy los miró a ellos con suspicacia.
-¿Interrumpo algo? - preguntó sin atreverse a entrar del todo en el salón.
-Precisamente hablaba de ti a mi hermano - le dijo Janet avanzando hacia ella - Le estaba pidiendo permiso para llevarte de paseo. Tanto tiempo encerrada en el castillo ha de estar volviéndote loca.
-La última vez que salimos juntas, me interrogaste sutilmente - le recordó - Si ese es tu propósito, ya te adelanto que no conseguirás más que la otra vez.
-No seas tan susceptible, Candy - enlazó sus brazos - Sólo quiero pasar tiempo con una joven de mi edad. Estoy segura de que tenemos mucho en común.
-Si tú lo dices.
-Podemos ir, ¿verdad, Tony? - ignoró la evasiva de Candy.
-Tendréis que llevaros a alguien que os proteja.
-Más bien que impida que huya - apostilló Candy.
-Cuestión de semántica - Anthony le guiñó un ojo.
-Yo iré - Albert se encontraba apoyado en el marco de la puerta y las miraba a ambas.
-La última vez enviasteis a cuatro hombres - Candy ignoró a Albert y se centró en Anthony - ¿Es que acaso ahora ya no supongo una amenaza para vos?
-Me basto yo sólo para impedir que huyas, Candy - oyó decir a Albert detrás de ella pero no lo miró.
-¿Y bien? - insistió a Anthony.
-Como ha dicho Janet, se trata de un paseo. Creo que mi primo sabrá protegeros bien.
Miró a Albert a través de las dos mujeres mientras hablaba para advertirle que se abstuviera de hacer comentarios como aquel pero su primo continuaba con la mirada fija en la espalda de Candy.
-Esto va a ser interesante - murmuró tan bajo que nadie lo oyó.
-Vamos a la cocina a por comida - intervino Janet alegre - Comeremos en la playa.
-¿La playa? - Candy la miró - Creía que me enseñarías algún otro lugar. Ese ya lo conozco.
-¿Y facilitarte así una vía de escape? - Albert habló de nuevo, ignorando la advertencia de su primo - Yo creo que no.
-No estaba hablando con vos - ni siquiera se molestó en mirarlo.
-Haya paz - Janet intentó tranquilizarlos a ambos - Tendréis que llevaros bien unas cuantas horas si queremos que este paseo sea algo agradable. ¿Os veis capaces?
-Siempre que ése se deje de insinuaciones - Candy se encogió de hombros.
-No son insinuaciones - dijo él - pero procuraré no hacerlo más.
Candy bufó y Janet rió. Anthony negó con la cabeza, divertido y Albert apretó la mandíbula para contener su lengua. Provocar a Candy era demasiado tentador.
-Bien - Janet arrastró a Candy con ella hacia la cocina - Nosotras nos encargaremos de la comida. Albert, tú ve a por algo que podamos extender en el suelo y sea lo suficientemente grande para los tres.
-No soy tu recadero, Janet.
-Desde ahora y hasta que regresemos, harás lo que yo quiera - lo miró - O no vendrás.
Albert le devolvió la mirada y finalmente le sonrió con malicia.
-Como desees, prima - se inclinó en una exagerada reverencia.
Aquello prometía.
CONTINUARA
