Capítulo XXI


Con las niñas ya siendo conocidas – y mimadas– entre sus cercanos. El grupo de magos y brujas se volvió más unido. Teniendo reuniones más seguidas.

Incluso tomando la decisión entre los dos progenitores. Arreglaron una salida al callejón Diagon con motivo del bautizo y registro de las gemelas.

En los tiempos que corrían hasta ir a esos trámites de rigor, era algo peligroso si no se tomaban ciertas precauciones. Pues si no lo hacías, estabas propenso a perder alguno de los integrantes de tu familia, siendo secuestrado por algún yōma. Sobre todo en el callejón Diagon.

Más siendo una ocasión especial y deseando dar más Fe a lo de salir. Se decidieron por celebrar de ese modo. En Exquis* donde sería el festejo después del bautizo.

Esa mañana en la Mansión. Draco le entregó a Teresa a Harry y el moreno la metió en la carriola doble, donde su gemela ya se encontraba. Las dos vestidas de colores crema. Con adornos dorados o plateados. Haciendo hincapié en quien era el padrino de cada una. Teresa de sobrio color plata y Clare de festivo color oro.

Draco empequeñeció la bolsa de las cosas de las niñas y llamó:

—¡Nulo!

El elfo apareció y el rubio le entregó la bolsa y Harry le pidió.

—Tú vas con mi esposo y las niñas. Si yo me separo o no estoy, no los dejes.

—Si amo. –asintió el elfo.

Draco suspiró y vio a su pareja:

—Créeme que si no fuera porque quedamos con sus padrinos y que quiero que mis pobres hijas vean más allá de la Mansión, también lo pensaría un poco en ir a un lugar tan concurrido.

Harry terminó de colocar cuanto hechizo de seguridad en la carriola e hijas, le enseñaron los mayores y atrajo a Draco en un abrazo.

—En lo personal creo que es una estupidez que todos los intolerantes provocaron. Si no fuera por su negación a que las Claymore patrullarán ese y otros lugares concurridos. No estarían tan temerosos.

—Si. Son unos idiotas. Ahí tienes a los duendes; ellos si tienen guerreras en Gringotts. En fin, hay que verlo positivamente; nosotros tenemos nuestras propias Claymore.

Draco soltó a su moreno y fue a hacerles cariños a sus hijas.

Harry sonrió. Al principio las dudas y temores no les permitieron aceptar el don de sus nenas, pero con el paso de los días y meses; eso cambió y reconocieron que eso no iba a cambiar y si a crecer –probablemente– como lo dijeron Theo y Hermione.

Igualmente tuvieron que ver sus conocidos y parientes; aceptándolo e incluso alabándolo. Theo y Hermione recopilando información les dieron bases para saber qué esperar de la fuerza Yōma de sus nenas; la que ya tenían planeado poner en práctica, con cosas de acuerdo a la edad de las gemelas, para seguir inquiriendo el asunto. Por supuesto toda –la práctica– sería presenciada por ellos y sus más cercanos. Ninguno quiso quedarse fuera.

Por el momento, se irían a divertir con sus amigos y festejar, ese gran momento.

Draco se dirigió a la salida seguido por Nulo y Harry levitó el carrito.

El rubio antes de abrir la puerta, preguntó.

—¿Ya estará listo tu primo?

Harry se rascó la nuca.

—Yo creo que sí. Dijo que si iría, porque Fred lo invitó a conocer la tienda.

Draco se encogió de hombros.

—Todos nos preguntamos cómo ese bromista fue capaz de ayudar a Dudle.

—Sí, toda una proeza. Mira que hasta lo está haciendo aceptar cada vez más las cosas del mundo mágico.

Draco no respondió; más se dijo que ahora siendo también huérfano. Dudle podía sentirse más cercano de su único pariente.

—Es bueno que se hayan hecho amigos.

Concluyó Harry sonriendo feliz. Draco rodó los ojos, su León siempre tan despistado; porque lo que él creía es que el gemelo Weasley no quería otro amigo.

—Si amor, que bueno.

Le dijo a Harry, dándole un beso en la mejilla. La pareja salió al pasillo y a unos metros escucharon pasos que se les unieron.

—Buenos días Harry, Draco.

Era Dudle, que sin retomar el volumen corporal, que perdió durante su duelo, por obra de la dieta de alimentos nutritivos que le ordenó Severus y que los elfos nunca olvidaban. Mostraba una apariencia delgada y atractiva, que igualmente se notaba en sus facciones.

El matrimonio respondió y Draco vio con agrado y de reojo que el muggle portaba una de las túnicas que Harry mandó a hacer para él. Se notaba que el humano estaba haciendo todo lo posible por no ser una carga o molestia para todo ellos, sobre todo para su primo, que a pesar de su pasado estuvo para él en sus momentos más difíciles e incluso le dio un lugar donde vivir.

Fred conversaba con Dudle y lo hizo comprender muchas cosas que se negaba a ver o que nunca tomó en cuenta.

A veces, en su habitación se preguntaba que hubiera dicho su mamá de cómo su primo vivía en una Mansión y tenía tanto dinero. A veces se reía, porque de ese modo no pensaba en como ella y su padre murieron. Aunque seguro se hubieran desmayado al saber que Harry tuvo hijas... ¡Con otro hombre! Él se asombró muchísimo al principio, más al paso de los días y viendo magia por todas partes, ya todo se le hacía posible.

Los jóvenes llegaron a la sala de la chimenea, ahí ya los esperaban Lucius y Remus.

Dudle se armó de valor para viajar por ella, aún le temía un poco a todo eso, pero al mismo tiempo sentía mucha curiosidad.

Harry lo agarró del hombro y le dio los polvos:

—¿Listo?

Dudle asintió y después de ver cómo los suegros de su primo, desaparecían con las niñas. Fue su turno. Había practicado y lo hizo.

Afortunadamente sólo tropezó un poco al arribar, más viendo llegar a Harry, se dijo que era normal.

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Era extraño que Sirius Black estuviera ya listo y no remoloneando entre las mantas de la cama que compartían; sin embargo cuando éste le recordó...

—Hoy es el día Sev y luego vamos a almorzar en el Callejón Diagon con los demás.

—Lo sé, lo sé...

Severus entró al baño, se alistó y se unió a su pareja que casi brincaba sobre sus talones de impaciencia.

—Vamos. Espero que no lleguen tarde, porque tengo hambre.

El animago movió las cejas sugestivamente.

—Anoche te dejé sin fuerzas.

—Oh, cállate.

Snape se puso color carmín y eso arrancó una risa de Sirius. Los Magos usaron la chimenea.

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La luz entraba desde que amanecía y el castaño deseó no haber colocado un ventanal en su habitación, cuando hizo la remodelación. Más al girarse y ver nítidamente el cuerpo atlético recostado a su lado, desechó la anterior idea. Aún se sonrojaba al recordar que Charly Weasley y él eran amantes. Por supuesto que el pelirrojo no se comparaba con su único novio en la escuela y Theo tuvo que reconocer que la seriedad de su relación no era poca. Y como no aceptarlo si el pelirrojo estaba posponiendo su regreso a Rumania sólo por estar con él.

Theodoro era el patriarca Nott y se debía a administrar esa fortuna -disminuida-, más la herencia de su madre no era poca. No obstante él estaba más interesado en sus investigaciones. Si Charly... Quisiera algo serio y formal, podría hacerse cargo de la parte financiera y permitirle a él seguir con sus pesquisas... Eso sería ideal.

—Deja de pensar tan duro, que incluso te escucho.

Dijo Charly viéndolo sin dejar de sonreír, que ya se hallaba despierto. El pelirrojo jaló al más joven, hasta sus brazos y le susurró al oído, mordisqueándolo en el proceso...

—Tenemos algo de tiempo...

El musculoso cuerpo del mayor se colocó sobre Nott. Y este le dio cabida abriendo sus piernas. La boca de Charly se apropió de la contraria y las manos ávidas recorrieron el cuerpo sobre el que se encontraba. Los miembros despertaron ante el calor y cercanía, buscando más fricción.

Las figuras se movieron en simetría y las lenguas batallaron en una extraña danza.

El tiempo les daba para una entrega más completa; sin embargo Charly consideró que era mejor que Theo se recuperara de la pasada noche. No deseaba que en la reunión de esa mañana, el menor estuviera incómodo o cansado. Por ese motivo las caricias con las manos y sus hombrías restregándose, hicieron el trabajo de proporcionarles el orgasmo.

Para la hora de la cita. Los dos estaban listos.

Nott metió en su bolso, algunos pergaminos y Charly sonrió. Pensó que él que se burlaba de Ron por ser dejado de lado por los estudios de Hermione y ahora estaba igual; sin embargo por ello, comprendía, aceptaba y alentaba la curiosidad de Theo.

—Se los mostrarás a Hermione. —afirmó Charly.

—Son los últimos arreglos para el día en que las gemelas, practiquen.

—Entiendo. Fue todo un logro convencer a Harry y Draco de hacerlo.

—Lo gracioso es que los más reticentes eran los abuelos y padrinos.

—Es como mis padres que adoran a Victorie.

—Si.

La pareja dejó a los elfos, con algunas indicaciones de Theo y las barreras alzadas por el Domador de dragones. Eran algunas que Hermione y el mismo Nott, probaron como para por lo menos avisar de intrusos, adaptados a notar muggles y magos. Con la intención de que un yōma con piel de cualquiera de estos, sería advertido y por lo menos les daría tiempo de esconderse, huir o saber a qué se enfrentaban. Las mismas defensas estaban colocadas en la mayoría de las casas de los otros cercanos.

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Molly se despidió de sus hijos menores y Hermione. Ella no iría hasta más tarde, pues deseaba esperar a su esposo. Porque la baja economía estaba poniendo muy nerviosos a los del Ministerio y se encontraban despidiendo magos por falta de dinero. Los afortunados que no perdían su trabajo, les duplicaban sus horas y en el caso de Arthur que a causa de sus influencias con magos ricos o héroes, conservó su empleo. Sin embargo con aumento de horas.

Molly vio irse a los chicos y sonrió; estaba agradecida de que los cursos por correspondencia estuvieran funcionando y que Snape mismo, se encargará personalmente de Ginny y los demás. Ron y Hermione ya podían presentar sus exámenes para graduarse en un par de semanas y con eso su fututo se notaba más brillante.

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El Ministerio se notaba más vacío. Sirius agarró la mano de Severus. El pocionista no se soltó; se había rendido en pelear por ello con el animago.

—Con razón no han llegado los recursos a Hogwarts. Si no pueden ni mantenerse ellos. –opinó Snape al ver la poca gente laborando.

—Si. Sé que no quisieras ni escucharlo, pero cerrando parte del Colegio y limitando su cupo; podrías echarlo a andar.

—Fueron cientos de generaciones que salieron de ese colegio...

—Solo por un tiempo. Si las cosas vuelven a estabilizarse; abrirás de nuevo con todo el castillo funcionando.

—Lo pensaré. Sin embargo debo aceptar que es la opción más viable. Espero que nuestras ahijadas puedan estudiar con Hogwarts reconstruido y como nosotros lo conocimos.

—Yo creo que así será Sev.

Los dos pelinegros arribaron a la sala que les correspondía y se dispusieron a esperar. Afortunadamente no fue mucho tiempo, pues Draco y Harry llegaron con las gemelas.

Sirius corrió y sacó de la carrera a las niñas. Severus le quitó a una...

—Vamos...

Ordenó el Director de Hogwarts. Estaban entrando a una de las salas, donde un miembro del Wizengamot ya los esperaba. Se hallaban por cerrar la puerta, cuando oyeron unos pasos apresurados.

Lucius y Remus consiguieron entrar. Draco al verlos, preguntó:

—¡¿Donde dejaron a Dudle?!

Lucius agitó la mano:

—Nulo lo cuidará. No podíamos perdernos esto.

Remus únicamente sonrió un poco avergonzado, pero no muy arrepentido.

El tramite concluyó y Teresa quedó a cargo de Severus y Clare con su símil sonriente, Sirius.

Los padrinos tuvieron que despedirse un momento, porque irían por el regalo de las niñas. Luego se encontrarían en el restaurante.

Dudle lo esperaba sentado en una de las bancas, con Nulo muy cerca; lo que le hizo pasar por un mago rico, pues ya eran pocos los que se podían permitirse tener elfos a su servicio o que estos no hubieran sido devorados. Gracias a eso no fue abordado por nadie.

Con la familia de nuevo reunida, se dirigieron a donde sería la recepción.

A pesar de los temores de los magos y brujas. El callejón Diagon no estaba tan vacío como se esperaría.

Draco avanzó detrás de Lucius y Remus que guiaban la carriola. Harry iba un poco detrás, explicándole algunas cosas a su primo, pero sin soltar la mano de su rubio. Todo muy discretamente, pues a pesar de todos los problemas que tenían, el Ministerio aún no aceptaba que los muggles anduvieran en el mundo mágico. Y por mucho que Fred asegurara que Dudle poseía un poco de magia. Nadie deseaba arriesgarse a un enfrentamiento con las fuerzas del orden, que terminaría en una multa estratosférica.

...


*Exquis: Exquisitez en francés.

...


Muchísimas gracias a Mitzy Rod, Ana Luisa y Lunática Drake Dark.