XIX
Hermione entró al baño que aún olía a jabón y loción masculina. Menta, chocolate y pergamino. Los aromas de su amortentia que siempre habían pertenecido a Malfoy, el chico con el que compartía sangre, que era su familia y a la vez era su prometido desde antes de nacer, el mismo que la llamaba sangresucia en la escuela y quien había demostrado no ser el mismo idiota de los primeros años.
Aspiró profundamente llenándose los pulmones antes de meterse ella misma bajo el chorro de la ducha. Habían pasado tantas cosas ese día. Harry había sido asesinado por Voldemort. Se permitió pensar en eso por unos minutos, sintió como la angustia se apoderaba de ella y aunque quiso apartarla recordando que el chico había entregado a sus padres a la muerte, no pudo hacerlo. Él había sido su mejor amigo durante años, el primero que le había abierto los brazos cuando se sentía sola, quien siempre había estado allí sin ninguna segunda intención. Dejó que las lágrimas cayeran libremente por sus mejillas durante unos segundos. Ahora le tocaba a ella seguir con el trabajo de Harry.
En siete días iría frente a Voldemort a presentarse como su hija, lo fuera o no, se casaría con Malfoy y juraría lealtad tanto al lado oscuro como al chico de cabellos rubios que la esperaba en la habitación de Dumbledore. Arriesgaría su vida para acabar con la guerra. Se sacrificaría por el bienestar de los demás, para que no hubieran más hijos que lloraran la muerte de sus padres, ni más padres que sufrieran la pérdida de sus hijos, ni amigos o conocidos.
Respiró profundamente al terminar de bañarse. ¿Podía considerarse sacrificio unirse al joven del que estaba enamorándose? Sería un sacrificio fingir ante Voldemort que estaba de acuerdo con todas sus ideas puristas y genocidas. Pero a la hora de mirar a quien tenía a su lado... Suspiró. Le gustaba mucho Malfoy. La volvía loca. Pensaba en él incluso cuando no debía estar pensando en él. ¿Pero qué conocía del slytherin? ¿Sabía al menos cuáles eran sus ideales ahora? ¿Habían cambiado o seguiría despreciando a los que no eran sangrepura?
Se vistió el pijama que el elfo le había traído de Hogwarts. Dió un par de vueltas por la sala antes de ir a la habitación a compartir la cama con Malfoy. Pensar en eso hizo que se le revolviera el estómago. ¡Dormiría con él! ¡En la misma cama! Aunque analizándolo bien, en una semana estaría casada con él, y dormir en la misma cama sería obligatorio, con todas las actividades maritales que eso conllevaba.
Tragó grueso. ¿Quería acostarse con él? La idea de que la obligaran le chocaba bastante. No quería que nadie decidiera por ella más allá de que el plan de Dumbledore era seguirle el juego de manipulación a Voldemort. Pensar en acostarse con Malfoy hacía que algo en su bajo vientre se calentara y bajara por sus piernas. Pero pensar en que debía acostarse con él por obligación y no por propia voluntad en una noche de bodas que ni siquiera sería real la hacía sentirse enferma.
Se sentó en el sofá colorido de Dumbledore y consideró seriamente quedarse a dormir allí para no ir al cuarto donde él la esperaba, o quizás ella estaba comiéndose la cabeza y a él ni siquiera le importaba que durmieran juntos. Se pasó las manos por el pelo intentando peinarlo. Sobre la mesita de vidrio frente al sofá, un juego de té reposaba listo para ser servido. Ella tocó el exterior de la tetera y aún se mantenía caliente. No recordó haberlo visto cuando cenaron con Malfoy y no estaba segura de que fuera el mismo juego de té que Dumbledore les había ofrecido unas horas antes. Pero estaba caliente y dispuesto para quien necesitara una taza, posiblemente el elfo que les había traído la cena y la ropa lo había dejado allí.
Se sirvió una taza y la olió. El aroma de la lavanda inundó sus sentidos y dió un sorbo, estaba bastante dulce para su gusto pero cualquier cosa que calmara sus nervios sería bienvenida. Su interior se calentó con la bebida y también sintió calor en el ambiente. Se abanicó con las manos y terminó la taza. Con valor renovado se puso en pie para hacerle frente a la situación Malfoy en la habitación.
A medida que avanzaba hacia el cuarto, sus miedos fueron disipándose. Ella podía hacer esto. Podía compartir un espacio pequeño y cerrado con el slytherin sin que la vencieran los nervios. Abrió la puerta y lo vió sentado en la esquina de la cama, con el cabello despeinado y los ojos grises brillantes mirándola de arriba a abajo. Juzgando por el calor que le atravesó el cuerpo, la habitación subió unos grados.
Caminó despacio hacia él. Malfoy levantó una ceja y abrió la boca para hablar. Merlín. ¿Desde cuándo él tenía la boca tan atractiva? ¿Y la voz tan seductora? De repente necesitaba sentir esa boca en la suya. Delineó sus brazos formados con los ojos y por Godric, quería tocarlo.
"No sabía si querrías compartir la cama. Puedo dormir en el sofá si..."
Ella no le dió tiempo a completar la frase. En un abrir y cerrar de ojos estaba sobre él sentada a horcajadas, comiéndole la boca como si fuera el único alimento sobre la faz de la tierra. No era suficiente, necesitaba más de él, necesitaba sentirlo contra su piel.
Lo empujó sobre la cama y se removió sobre sus piernas para hacerle notar la urgencia que sentía. Él pareció derretirse con ese gesto y ella aprovechó para meter las manos bajo su remera y tocarle el abdomen. Le mordió el labio y él siseó contra su boca. Hermione repartió más besos por su rostro, bajó por su cuello y clavó sin tanta suavidad los dientes en donde debía encontrarse la yugular.
Él realizó otro sonido de placer que era música para sus oídos. Ella comenzó a moverse sobre él en un vaivén rítmico que hacía que sus zonas íntimas se frotaran sobre la tela. Las manos de Malfoy estaban en sus caderas, presionando lo suficiente para dejar marca.
Hacía demasiado calor, la habitación era un horno y ella estaba ardiendo. Llevó las manos a su blusa y se la quitó lentamente dándole un pequeño espectáculo al chico bajo ella que la miraba con hambre. La recorrió con la mirada desde el ombligo hasta su rostro y ella se sentía en la gloria por la forma en que él parecía estar tan necesitado como ella misma. Pero entonces Malfoy se encontró con sus ojos y frunció el ceño.
"¿Granger, te sientes bien?".
¿Si se sentía bien? ¡No! Necesitaba sentirlo más y él estaba hablando demasiado.
Se agachó sobre él y le susurró al oído. "Me sentiré mejor si usas tu boca para cosas más placenteras que hablar".
El rubio realizó un sonido ahogado y casi como si le doliera, la empujó por los hombros y la miró nuevamente a los ojos.
"¿Tomaste algo antes de venir?".
Hermione rodó los ojos. ¡No tenía ganas de hablar! ¿Qué importancia tenía lo que había tomado o no? Volvió a atacar el cuello del chico y con una mano serpenteó por su abdomen hasta llegar a la cinturilla de su pantalón de pijama.
Malfoy gimió y le sostuvo la mano. "Granger, detente. Esto no está bien".
"Vamos a casarnos" Le recordó ella, besándole el pecho. "Está más que bien, es lo que se espera de nosotros".
Usó los labios y la lengua para marcar un camino desde el pecho hasta la cintura del chico, quien respiraba agitadamente. Metió los pulgares en la cintura del pantalón, el cual estaba muy ajustado en la zona de la entrepierna dejando ver que el muchacho estaba disfrutando mucho de sus atenciones, a juzgar por la erección que dejaba ver bajo la tela.
"Lo sé, pero no así" Jadeó el slytherin.
"¿Así?" Preguntó Hermione a consciencia, bajando lentamente la prenda y liberando de a poco la intimidad del chico.
De repente, antes de que ella pudiera ver al fin lo que tanto deseaba, él se apartó flexionando las piernas debajo de ella y girando a un lado para salir de allí. Se puso de pie fuera de la cama y se acomodó la ropa. Hermione lo miró como si le hubiera salido una segunda cabeza.
"Estás bajo los efectos de algún hechizo o una poción" Le dijo él sin mirarla. La chica bufó. "Tienes las pupilas increíblemente dilatadas, la boca muy dulce, y tu temperatura corporal no es normal, estás hirviendo".
Acto seguido, sin dejar que ella contestara, el chico salió de la habitación. Hermione estaba furiosa. ¿Bajo los efectos de alguna poción? ¿Es que no podía desearlo y acostarse con él por su propia voluntad? Salió tras el mago pisando fuerte para hacer notar su enojo.
El chico abría cajones buscando sabría Dios qué cosa. Hermione se plantó tras él con los brazos cruzados. Carraspeó fuertemente para que él le pusiera atención.
Malfoy giró a verla. "Oh, Merlín" Musitó viendo al pecho desnudo de la joven, quien sonrió internamente por provocar algo en él. El muchacho intentó ignorarla y volvió a revolver cajones mientras murmuraba algunas maldiciones que no llegó a entender.
Hermione decidió que afrontarlo así no era una buena decisión, por lo que concluyó que su mejor jugada sería la de los cobardes, atacar por la retaguardia. Se acercó al rubio y lo abrazó por atrás, juntando sus brazos en el pecho de él bajo su ropa. Sintió como la piel de Malfoy se erizaba bajo su toque.
"Granger..." Le advirtió él, pero tampoco se movió para que lo soltara así que ella aprovechó y recorrió su cuerpo con las manos mientras él aún buscaba algo que ella desconocía. "¡Sí!". Exclamó él y giró en sus brazos. "Abre la boca".
Hermione dudó por unos segundos. ¿Qué tenía en mente? Pero sin pensar mucho en el asunto, obedeció y abrió la boca, no sin antes pasarse la lengua por los labios de forma seductora, obviamente él no se perdió detalle. Contrario a cualquier cosa que estuviera esperando, él le introdujo en la boca una piedra pequeña que se vió obligada a tragar apenas tocó su lengua.
Tosió un poco y se apartó de él mientras sentía cómo la piedra bajaba por su esófago como si fuera un cubo de hielo que congelaba todo a su paso.
De repente se dió cuenta que aquello había sido un bezoar y ella estaba parada frente a Draco Malfoy vistiendo solo sus shorts de pijama y nada más que guardara su cuerpo. El pánico se apoderó de ella y se tapó los pechos con los brazos sintiéndose la persona más estúpida que habitaba el planeta. ¡Por Merlín! La realidad le cayó como un balde de agua fría. Se había lanzado sobre Malfoy y lo había... Oh Merlín.
Las lágrimas llegaron junto con la humillación y la impotencia. Había hecho el espectáculo más escabroso con el chico que le gustaba y probablemente lo había arruinado todo. Jadeó suavemente cuando sintió una tela cubriéndola y la reconoció como su propia remera que se había quitado en la cama. Los brazos de Malfoy la rodearon y ella lloró un poco en su hombro, solo lo suficiente para dejar correr la angustia.
Él le acarició la espalda y le dió un pequeño beso en el pelo. La llevó hasta el sofá donde hizo que se sentara en su regazo y ella acomodó su cabeza en su pecho, escondiendo el rostro.
"Ya pasó" Susurró él.
Hermione suspiró. "Creerás que soy una cualquiera" Se lamentó.
No lo veía, pero a juzgar por su tono de voz y lo poco que lo conocía, podía apostar que estaba frunciendo el ceño.
"Lo único que creo es que a Dumbledore no le interesa todo el daño que cause para alcanzar su objetivo".
"¿Crees que fue él?" Preguntó la chica.
"¿Quién más?" Contestó el muchacho mirando el juego de té que aún descansaba sobre la mesita.
Se quedaron en silencio durante mucho tiempo. Hermione pensó que debía estar muy ofendida con Dumbledore, que debería querer incendiarle la barba por haberse atrevido a darle una poción para aumentar su líbido de esa manera y obligarla a acosar al chico. Pero no sentía nada más que no fuera una gran decepción. El plan del mago hubiera funcionado de maravilla si Malfoy realmente quisiera acostarse con ella, pero no era algo que estuviera en su lista de deseos puesto que la había apartado con tanta facilidad cuando ella estaba literalmente encima de él ofreciéndose. Dumbledore solamente había querido acelerar las cosas entre ellos si irremediablemente debían contraer nupcias en una semana.
"Estás haciendo humo" Susurró él de repente. "¿Qué es lo que tanto piensas?".
Hermione se mordió el labio. Tal vez era la oscuridad de la sala lo que la animaba a ser sincera, quizás la cercanía, ella estaba en su regazo mientras él le acariciaba el pelo.
"No me deseas" Murmuró, y automáticamente se sintió tonta. Sus mejillas se calentaron aún más de lo que ya estaban y volvió a esconder el rostro en su pecho como si así pudiera borrar las dos palabras que acababa de pronunciar.
Él se quedó en silencio por un rato y ella quiso morir, era obvio que había arruinado todavía más las cosas, si es que aún podía seguir hundiéndose.
Malfoy la tomó suavemente del mentón con dos dedos e hizo que levantara el rostro. Hermione lo miró a los ojos que aún se veían tan grises y brillantes en la oscuridad.
Le acarició la mejilla con el pulgar. "Cariño, no hay nada que quiera más que a tí en mi cama" Susurró él con la voz ronca. "Pero te quiero consciente y realmente convencida de que eso es lo que quieres cuando suceda".
Hermione pensó que podía abrirse el cielo en ese mismo instante y aparecer siete ángeles con trompetas entonando un himno celestial. Se le revolvió el estómago aún más que todas las veces que él le había ocasionado lo mismo, incluso sintió como se le erizaba la piel con sus palabras.
Se sintió tentada de besarlo hasta que le dolieran los labios pero aún estaba afectada por el incidente reciente y no quería ningún acercamiento tan íntimo, al menos no todavía. Se limitó a sonreír contra su pecho y a compartir el silencio que los envolvía. Unos minutos después él sugirió que tal vez sería mejor que fueran a dormir a la cama ya que el sofá no era el lugar más cómodo para pasar la noche.
Ella aceptó y se escabulló a la cama antes que él, se metió bajo las sábanas como si así pudiera protegerse de algo que no existía. Él se acomodó a su lado sin tocarla y le deseó buenas noches. Hermione suspiró. ¿Qué estaba haciendo apartándose cuando él había demostrado ser el epítome de la caballerosidad? Giró en su lugar hacia él y colocó su cabeza en su hombro. Malfoy pasó su brazo bajo ella y la acercó más a su cuerpo.
La chica cerró los ojos y se concentró en escuchar el corazón del rubio que latía suavemente. Antes de caer dormida, pensó en que no estaba enamorándose de Malfoy, ya estaba irremediablemente enamorada de él.
La mañana la encontró sola en la cama, por un momento lamentó que él no se hubiera quedado a su lado hasta que despertara pero luego pensó que después del numerito de la noche anterior, nada quería menos que un nuevo momento incómodo, como podría ser amanecer juntos. Se levantó rápidamente y fue al baño, se aseó y fue a la sala donde Dumbledore y Malfoy compartían el desayuno.
"Que bueno que se nos una, señorita Granger" Saludó el anciano. "¿Ha pasado una buena noche?".
Los ojos azules del mago brillaban con picardía y una pequeña sonrisa asomaba a sus labios. Hermione frunció el ceño.
"Sí, he dormido perfectamente". Dijo con sequedad. Tal vez anoche aún estaba muy afectada por el hecho pero con las fuerzas renovadas podía volver a pensar en incendiar la barba del anciano.
"Bella estará aquí en un rato más" Informó. "Será mejor que desayune antes de sus lecciones de oclumancia".
Sobre la mesita, donde ya no quedaban rastros del té envenenado, se encontraba El Profeta doblado por la mitad, en la parte superior de la primera plana podía leerse con enormes letras en negrita «Harry Potter, asesinado por Quien no debe ser nombrado». Ver la marca tenebrosa sobre el puente donde todo había ocurrido y a una gran cantidad de aurores rodeando la escena hizo que sus ganas de desayunar acabaran completamente.
El desayuno continuó en silencio hasta que Bellatrix llegó. Hermione se encontró sonriendo a la bruja que le devolvió una sonrisa rota de ojos cansados y años de espera.
La mujer compartió algunas palabras con Dumbledore, le informó sobre la vuelta de Voldemort y que ella tenía la mañana libre con excusas de ayuda en la búsqueda de Draco y Hermione. Snape en cambio no lo había tenido tan fácil y debía quedarse a disposición del Lord.
Dumbledore los dejó a solas diciendo que debía ocuparse de unos asuntos con McGonagall. Cuando los tres quedaron en silencio en la sala, Malfoy carraspeó incómodo y se levantó excusándose con que iría a la habitación a descansar lo que restaba de la mañana, dejándolas solamente a ella y Bellatrix en la pequeña salita colorida.
La chica sintió que se le estrujaba el interior al quedarse a solas con la bruja. La mujer le sonrió un poco y se aclaró la garganta antes de comenzar a hablar.
"Sé que tienes muchas preguntas, y estoy dispuesta a contestar todas siempre que tenga una respuesta".
La chica asintió y juntó las manos en su regazo, jugó con sus dedos por unos segundos. No quería ser grosera y lanzar la pregunta que tenía atorada en la garganta desde que se había enterado de toda la situación. ¿Pero qué más podía hacer? Había leído un poco sobre la vida y las impresiones de su madre en los últimos días gracias a los textos del diario de los Black, pero ninguna entrada respondia lo que ella quería saber.
"¿Quién es mi padre?".
Bellatrix suspiró, estaba claro que ya se esperaba esa pregunta. Se pasó la mano por el pelo rizado en un vano intento de acomodarlo.
"Dije que contestaría siempre que tuviera la respuesta pero yo..."
"¿No lo sabes?" Preguntó la chica.
La bruja negó con la cabeza. "Fue el año donde no perdí mi tiempo" Bromeó. La chica sonrió un poco ante la respuesta. "Mantuve relaciones con algunos hombres en simultáneo y realmente no sé quién..."
"¿El señor Tenebroso, Rodolphus y Frank?". Bellatrix frunció los labios. "¿Quién es Frank?".
La bruja suspiró. "Frank fue..." Sus labios se curvaron en una débil sonrisa. "Uno de los mejores magos que conocí".
"¿Era un mortífago?".
"No, odiaba todo lo relacionado a las artes oscuras, jamás podría haber sido un mortífago".
"¿Cómo lo conociste?" Preguntó ella quien no había leído sobre su primer encuentro en el libro de los Black.
La mujer sonrió al recordar. "Fue en agosto de 1977, yo fui al callejón Diagon a encargar unas túnicas nuevas, él estaba con su madre eligiendo el uniforme de Hogwarts. Cumplía 18 ese año, yo tenía 26. Él halagó las túnicas que había elegido, su madre lo regañó por eso pero él no dejaba de mirarme. Realmente no le había puesto mucha atención, era un niño y yo había terminado el colegio casi diez años atrás. Sabía que su nombre era Frank porque su madre se lo había repetido cien veces en los diez minutos que compartimos la tienda. Unos días después recibí un paquete de la tienda de Madame Malkin, eran unos guantes negros de encaje, tenían una nota «Tienes las manos más bonitas que vi jamás, ojalá te gusten los guantes, creo que se verán fantásticos con tu nueva túnica. Frank Longbottom»".
Hermione abrió mucho los ojos y casi se le descarriló la mandíbula. ¡¿Longbottom?!
"¡Él ni siquiera había visto mis manos!" Siguió contando Bellatrix. Rió suavemente, ajena al escepticismo de su hija. "Yo le envié una carta diciéndole que era un jovencito bastante desubicado. Él contestó de nuevo, comenzamos a hablar y así empezó todo".
La chica carraspeó. "¿Hablas del mismo Frank Longbottom que fue..." Se aclaró la garganta una vez más. "¿El que está internado en San Mungo?".
La expresión de la mujer cambió completamente y Hermione se arrepintió por haber preguntado.
"Sí" Murmuró, cuadrando los hombros. "El mismo".
"¿Podrías contarme la historia?" Se arriesgó la morena, alargando la mano y tocando ligeramente la rodilla de la bruja para demostrarle que sea lo que sea que hubiera ocurrido, ella aún tenía su apoyo.
Bellatrix frunció el ceño y miró a un punto fijo en la pared.
"El primer año nos veíamos en Hogsmeade los sábados, rentábamos un cuarto en una pequeña posada en los límites del pueblo. No podíamos salir a dar paseos o siquiera tomar un té en algún local, él era menor de edad y yo era una mujer casada. Cuando él salió de Hogwarts quiso que me divorciara, que dejara a Rodolphus para casarme con él". La bruja rió y negó con la cabeza. "Cuando supo de mi asociación con el Señor Oscuro intentó meterme ideas en la cabeza sobre la inclusión y cómo la pureza de la sangre no era realmente importante, se metió a aquel estúpido grupo que Dumbledore fundó, la Orden del Fénix".
"¿Logró convencerte de alguna idea?" Preguntó la chica recordando que había leído los cuestionamientos de la bruja acerca de la lealtad a Voldemort.
Bellatrix volvió a fruncir el ceño antes de contestar. "No lo logró en ese momento, pero sentó una base para que años después me planteara algunas cosas".
Hermione asintió ante el relato y dejó que continuara.
"Cuando salió de Hogwarts vernos se volvió mucho más difícil. Él era demandante e insistía en que nos viéramos varias veces a la semana. Yo servía al Lord en distintas misiones de reclutamiento, también al final del día debía volver a casa con mi marido. No era fácil encontrar tantas excusas para verlo. Él había terminado la escuela en junio de 1988, un par de meses después el Señor Oscuro me dijo que quería que le diera un hijo. Así que tenía a tres personas que me exigían atención y era demasiado para mí".
El suspiro que acompañó a sus palabras fue tan angustiante que Hermione pudo imaginarse a una joven Bellatrix administrando su tiempo para complacer a tres hombres distintos, a uno por amor, a otro por obligación y al último por voluntad.
"Cortamos la relación en septiembre porque no iba a ningún lado. Él pretendía que nos fugaramos y viviéramos un idilio lejos del Señor Oscuro y de su madre que lo presionaba con llevar los negocios que su padre había dejado al morir y también quería que formara una familia con alguien que ella escogiera. Él creía que alejándome de Inglaterra conseguiría que viviéramos tranquilos, o mejor dicho, pensaba en su propia tranquilidad, era incapaz de entender que yo era leal al Lord Tenebroso y no podría apartarme de la causa, aún más luego de que me hubiera pedido ser la madre de su hijo, pero claro que Frank no sabía nada de eso aún. Era un chico inmaduro, no sabía mucho de la vida. Decía luchar para la Orden del Fénix pero se acostaba con una mortífaga que llegaba a los encuentros con la ropa manchada de sangre. Cuando cortamos, él se enojó tanto que fue a decirle a su madre que aceptaba comprometerse con quien ella quisiera, así fue como terminó casado con Alice Potter".
"¿Con quién?" Preguntó la chica con la boca abierta.
"Una chiquilla que también había terminado Hogwarts ese año y se había metido para auror. Era prima del imbécil de James Potter, el padre de Harry Potter".
Hermione asintió mientras pensaba que realmente todos los magos estaban emparentados de alguna manera y eso era bastante perturbador.
"Cuando volvimos a vernos en diciembre, él ya estaba casado con esa niña. Yo me enojé tanto" La bruja apretó los puños y Hermione vió como su magia se arremolinaba en ondas azules alrededor de sus manos apretadas. "Pero realmente no tenía razones, él era libre al fin y al cabo, yo era quien estaba casada. Pero en ese momento la rabia se apoderó de mí y luego de haber estado con él..."
La chica la miró expectante. La culpa llenó el rostro de Bellatrix y Hermione supo que lo que se venía no era nada bueno.
"Yo busqué a alguien incluso más joven que él para vengarme. Era su compañero en Hogwarts y a Frank no le caía muy bien, de hecho eran enemigos silenciosos. Yo lo inicié como mortífago y aproveché la cercanía para seducirlo".
La castaña abrió mucho los ojos. Realmente Bellatrix no había perdido el tiempo.
"¿Te acostaste con alguien más?" Preguntó en un hilo de voz aunque la respuesta fuera obvia. La bruja asintió. "¿En diciembre de 1978?". Eso serían justo nueve meses antes de su nacimiento.
Bellatrix volvió a asentir. "El señor Oscuro insistía en que debía quedar embarazada, me había aplicado un hechizo de fertilidad que yo contrarrestaba con hechizos de anticoncepción cuando estaba con alguien más pero no sé si realmente funcionó".
"¿Quién fue el otro? La venganza hacia Frank".
La puerta de la entrada se abrió golpeando la pared al otro lado, el viento hizo que volviera a azotarse una vez más y desordenó la pila de papeles que Dumbledore tenía en todos lados.
"Severus" Dijo Bellatrix, mirando al hombre que acababa de entrar. "Pensé que estarías con el Lord hoy".
El pocionista pasó sus ojos de la mortífago a la joven sentada frente a ella. Cerró la puerta con magia y caminó hasta uno de los sillones donde se sentó y cerró los ojos frotándose el puente de la nariz.
"Está fuera de control" Murmuró. "Me mandó a cubrir Escocia para buscar a los niños".
Hermione quiso sonreír ante la manera de llamarlos a Draco y a ella. Estaban lejos de seguir siendo niños pero el profesor aún los veía como si lo fueran.
"Rodolphus te está buscando" Declaró luego de eso.
"¿Sabes qué quiere?" Preguntó.
El mago negó con la cabeza. "Ha ido a buscarte a Bristol, si no te encuentra tendrás que dar varias explicaciones y no es el mejor momento. Será mejor que vayas a ver qué se le antoja".
"Aún no hemos comenzado las clases de oclumancia" Contestó ella.
"Yo puedo ocuparme de la señorita Black".
Hermione sonrió cuando escuchó ese nombre. Le sonaba extraño pero a la vez era acogedor. Siempre había sido Granger, sentía que espiritualmente siempre sería Hermione Granger, pero al oir el apellido Black era como si algo en sus venas se despertara y reclamara su identidad.
"¿Estás bien con eso, cariño?" Preguntó la bruja dirigiéndose a ella. La joven asintió rápidamente. "Muy bien, entonces iré a ver qué quiere Rodolphus".
Bellatrix se puso de pie, acompañada por Snape quien caminó hasta la puerta nuevamente. La bruja se despidió con un abrazo de su hija y se dirigió a la puerta que el profesor estaba sosteniendo. Hermione no fue capaz de entender qué estaban murmurando pero sí pudo comprender que él le pidió que tuviera cuidado. Finalmente al despedirse él depositó un rápido beso en los labios de la bruja y la chica que los observaba sufrió un cortocircuito.
¿Snape? ¿Bellatrix y Snape? Parpadeó un par de veces. El mago cerró la puerta cuando la mujer desapareció y se giró a mirar con el ceño fruncido a Hermione.
"Usted no sabe nada" Le dijo en el mismo tono que usaba en clases cuando hablaba a algún estudiante especialmente estúpido. "Lo que vió no le incumbe y lo que su madre haga con su vida no es problema suyo".
Hermione abrió la boca pero nada salió. Estaba completamente confundida. ¿En serio? ¿Snape? Asintió con la cabeza a falta de algo inteligente para decir. De cualquier manera ella no se metería ni opinaría de la vida de una mujer que por más que fuera su madre biológica, acababa de conocer.
"Muy bien, señorita Black" Dijo el hombre haciendo hincapié en el apellido. "Dado que ya la conozco y sé que puede ser una enciclopedia andante, debo suponer que sabe qué es la oclumancia".
"Es la rama de la magia impide que las intrusiones y las influencias mágicas penetren en la mente". Contestó ella de corrido.
Snape levantó una ceja. "El Señor Tenebroso es sumamente hábil en legeremancia, posee la capacidad de extraer sentimientos y recuerdos de la mente de otra persona con suma facilidad. Casi siempre sabe cuándo alguien le está mintiendo. Sólo los que dominan la oclumancia saben bloquear los sentimientos y los recuerdos que delatarían su mentira, y de ese modo pueden decir falsedades en su presencia sin que él las detecte".
"Como usted y mi madre".
"Efectivamente, niña". Contestó él. "El papel que usted va a jugar de ahora en más es sumamente peligroso, personalmente creo que no tiene idea de en dónde se está metiendo, poniendo su vida en peligro y subestimando toda la situación".
"No estoy subestimando nada" Se defendió ella con los brazos cruzados. "Sé que Voldemort podría matarme si encuentra algo en mi mente que no le guste".
"¿Matarla a usted? ¿Y eso qué tiene de importante?" Dijo el mago apoyando ambas manos en el respaldero del sillón. "Lo verdaderamente importante es a cuántas personas pondrá en peligro si el Señor Oscuro llega a penetrar su mente y tiene acceso a todo su conocimiento sobre la Orden del Fénix, Dumbledore, Bellatrix, Potter y demás. No es poco lo que sabe, estaría arriesgando la vida de decenas que trabajan para que esta estúpida guerra no acabe con todos".
No la dejó responder y en cambio ladró una orden. "Levántese y saque su varita. Puede utilizarla para intentar desarmarme, o defenderse de cualquier otra forma que se le ocurra".
Hermione se puso de pie e hizo como él le dijo. Automáticamente el mago levantó la suya y la apuntó directamente sin darle a tiempo a procesar qué sucedía. "¡Legeremens!".
La sala dió vueltas ante los ojos de la chica y desapareció, por su mente pasaban a toda velocidad imágenes y más imágenes, como una película parpadeante, tan intensa que le impedía ver su entorno. De repente tenía tres años de edad y acababa de romper un fluorescente de la habitación de sus padres sin siquiera haberlo tocado. Todo el escenario cambió a su madre curándole una herida, abrazos de su padre, una salida familiar al parque, el expreso de Hogwarts, el troll en las mazmorras, el mismo profesor Snape en su primera clase de pociones de primer año, la cámara de los secretos, Harry hablando en parsel, su madre en Navidad preguntándole por el colegio. «Mi materia favorita es Transformaciones, la profesora McGonagall es genial, pero creo que si hay alguien mejor que ella era es el profesor Snape, él realmente...» ¡Maldición, no! Él no podía hurgar en sus recuerdos de esa manera.
Notó una punzada de dolor en las rodillas. La sala había vuelto a aparecer, y Hermione se dió cuenta de que se había caído al suelo con un gran golpe y sus rodillas se habían llevado la peor parte chocando contra el suelo de piedra, y eso era lo que le producía aquel dolor. Levantó la cabeza y miró al profesor, que le devolvía la mirada con los ojos entrecerrados. Merlín, que no hiciera preguntas.
"Ha sido un intento vergonzoso" Dijo él con la ceja levantada y la voz fría. "Creí que podía hacerlo mejor. Ahora levántese, vacíe su mente y liberese de las emociones".
Hermione frunció el ceño. ¿Cómo podría liberarse de sus emociones si todo lo que quería era matar a Snape? Maldito arrogante. Siempre le había gustado que él presionara sus límites pero meterse en su cabeza era otra cosa.
"Concéntrese" Ordenó. "¡Legeremens!".
El dolor le atravesó el cerebro como si alguien estuviera usando un taladro contra su cráneo. La habitación volvió a desaparecer ante sus ojos y se vió llorando a Dumbledore en el funeral improvisado que habían hecho en Hogwarts. Sus padres en la sala de su casa preparándose para ver una película cuando ella les borró los recuerdos, su madre mirando a la pared con los ojos vacíos... ¡No!
Volvió a caer de rodillas con la cara entre las manos, había soltado su varita y estaba agachada completamente. El dolor era demasiado. Por el rabillo del ojo pudo ver que Malfoy había salido de la habitación y la miraba desde una esquina con cara de lástima.
"¡Será una presa fácil para el Señor Tenebroso!" Exclamó Snape "Los imbéciles que demuestran con orgullo sus sentimientos, que no saben controlar sus emociones o que se regodean con tristes recuerdos y se dejan provocar fácilmente, los débiles, en una palabra, lo tienen muy difícil frente a sus poderes! ¡Penetrará en su mente con absurda facilidad, Granger! ¡Incluso enseñarle oclumancia al retrasado de Potter fue menos vergonzoso que esto!"
"Yo no soy débil ni soy como Harry" Dijo ella con los dientes apretados. Maldita sea, conocía la estrategia de Snape, sabía que la haría rabiar hasta el final.
"¡Pues demuéstrelo! ¡Domínese! ¡Controle sus emociones, imponga disciplina a su mente! ¡Lo intentaremos otra vez! ¡Prepárese! ¡Legeremens!"
Una vez más la habitación desapareció y Hermione se vió caminando por los pasillos de Hogwarts intentando llegar a tiempo a una de sus clases, cruzándose con Marietta Edgecombe que no era capaz de mirarla a la cara luego de haber violado el contrato del ejército de Dumbledore. Se vió a sí misma en clase de pociones desde un ángulo extraño. Caminando a las mazmorras rumbo a la sala común de Slytherin. Recibiendo la marca tenebrosa del Señor Oscuro mientras Narcissa la esperaba con paños húmedos para calmar la fiebre y Lucius la miraba con una mezcla de terror y vergüenza en los ojos.
De repente todo desapareció y ella miró al profesor con los ojos muy abiertos. Aquellos no eran sus recuerdos.
"¿Qué fue eso?" Preguntó Snape con la voz baja y el rostro serio. Hermione negó con la cabeza y miró a Malfoy quien aún estaba en una esquina de la habitación. El profesor siguió la línea de su mirada y giró para encontrarse con el rubio detrás suyo. "¿Qué fue lo que hiciste Draco? ¿Cómo penetraste su mente de esa forma?".
El slytherin carraspeó incómodo. "Yo solo intenté crear una barrera para que ella pudiera aferrarse a ella y..."
"Esa estúpida afinidad" Murmuró Snape. "Muy bien, quisiste meterte en esto así que ven aquí y ayuda a la futura señora Malfoy a cerrar su mente como corresponde".
El rubio caminó perezosamente hasta su lado. Ella no sabía cómo él había podido implantar recuerdos suyos en su mente y estaba muriendo de ganas de preguntarle qué había hecho exactamente. ¿Sería igual a cuando escuchó su voz en su cabeza el día anterior?
Pero Snape no les dió tiempo de siquiera compartir una mirada. Los apuntó a ambos con la varita y exclamó "¡Legeremens!".
Cuando la habitación volvió a desvanecerse ante sus ojos, Hermione pensó por un fugaz momento en lo larga y agotadora que sería esa semana.
