Disclaimer: No soy Jotaká ni Warner. Inherentemente Harry Potter no me pertenece.

Este relato participa en la tabla Alergias de Primavera organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash.

Palabra: Comienzos.

Personaje: Andrómeda Black.

Palabras: 1.201


Agarras una toalla. Comienzas a secar el cabello de Bella; lo divides en partes, lo secas, lo estiras y le frotas con cariño el cuero cabelludo. Dejas la toalla empapada sobre la pequeña mesa que tienes al lado de la cama y tomas el cepillo. Dividir el cabello de tu hermana no es sencillo. El cabello de Bella siempre ha sido una expresión de ella misma; oscuro, enredado, salvaje, hermoso. Conplicadísimo de desenredar; casi imposible de domar.

Has aprendido que debes separar hebra por hebra y peinarla; dividir en cantidades más pequeñas el cabello y comenzar desde ahí a desenredar. Capa por capa, hebra por hebra. Solo vas a lograr un desastre más grande si pretendes cepillarlo todo al mismo tiempo.

A Bella hay que quererla así; por pequeñas partes que al final te conducirán a amarla toda. También se le entiende así; en pequeños fragmentos que vas desenredando hasta tener todo claro. Y tal vez, cuando creas que todo es liso, encuentres un nuevo enredo y deberás comenzar otra vez.

Sí, Bella es como su cabello. Y tú has aprendido a peinarla desde que era una bebé. La has amado desde antes de conocerla.

Mientras el cabello negro de tu hermana te llena las manos, recuerdas. Haces memoria de los múltiples momentos en los que Bella comenzó a confiar en ti; a quererte.

Haces memoria de todos sus comienzos.


Bella tiene cinco meses. Es una bebé preciosa, pero huraña y caprichosa. Llora si la cargas, llora si la dejas en la cuna, berrea con fuerza si no la alimentas rápido y te empuja el biberón las primeras veces que intentas dárselo.

Tu mamá ya no le tiene paciencia. En una parte muy profunda de ti sabes que tu mamá no le tiene paciencia a nada ni a nadie, excepto tal vez a tu padre.

Esa noche te escabulles de tu cuarto. Tu mamá le ha prohibido a los elfos domésticos que carguen a Bella después de las ocho de la noche.

«No voy a criar a una niña malcriada», dijo tu mamá después de darle la orden a los elfos.

Para ti es solo una bebé llorando; solo son los gritos de tu hermana atormentándote en el silencio de tu cama. Mientras caminas descalza sientiendo el frío de la madera, solo escuchas a tu pequeña hermanita llorar sola y asustada.

Entras en silencio al cuarto. El llanto es potente y estremecedor. Casi corres a la cuna. Bella te mira con la carita roja, los puños apretados y los ojos cristalinos. Sigue con la boca abierta gritando. Algo te duele en el pecho; una herida nueva y dolorosa se te abre y sabes que solo va a dejar de doler si la cargas.

Agarras a Bella. La acunas en tus brazos y la meces. Comienzas a tararear una canción que te parece bonita y apropiada para una bebé. Sorprendentemente, Bella deja de llorar. Tu hermanita comienza a respirar acompasadamente y te agarra un mechón de cabello.

Lo enreda en su manito y cierra los ojos.


Bella tiene nueve años. Sigue siendo una niña antipática. Y caprichosa, pero no tanto como Cissy.

En ese entonces comenzaste a conocer la fuerza del odio que puede albergar una pequeña niña; la crudeza del odio de Bella, tu hermanita.

Esa noche estaban solas. Con los elfos, pero ellos nunca terminaban de contar. Tus papás habían ido a una reunión social «de adultos, Andy, cariño». Hacia horas los elfos las habían acostado.

No podías dormirte. Había «algo», una sensación en el pecho, un estado de alerta nerviosa; había, sencillamente, algo que no te dejaba dormir. Esa misma presión sofocante en el pecho te invitó a ir al cuarto de tus hermanas. Te paraste, pusiste el albornoz y agarraste tu varita. Un «lumus» y saliste.

La habitación de Bella estaba vacía. La desagradable sensación de tener la garganta seca te atacó. Caminaste con prisa al cuarto de Cissy.

Ahí estaban ambas. Bella y Cissy.

Narcisa estaba dormida, totalmente ignorante que sobre ella, Bella estaba con una tijera en la mano.

Ahogaste una exclamación asustada. Bella te miró.

En una mano tenía la tijera, en la otra un mechón rubio de Narcisa.

Corriste hacia donde tus hermanas. Bella se apartó y en silencio observó cómo le arreglabas el cabello a Cissy. Una compañera en Hogwarts te había enseñado el hechizo para hacer crecer pequeñas cantidades de cabello en segundos.

Afortunadamente, Bella no había cortado mucho.

Ya en tu cuarto enfrentaste a tu hermanita. Antes de que pudieras hablar, Bella se agarró de tus piernas y hundió la cara en tus muslos.

«¿A ti sí te gusta mi pelo, verdad, Andy? Es muy bonito, ¿verdad? Como el tuyo».

No tuviste corazón para regañarla.


A los once años Bella parecía una pequeña mujer. Había aprendido a ser encantadora con quién le interesaba y convenía. Solías reírte pensando que ella iba a ser mejor Slytherin que tú. También era muy independiente; cuando no comprendía algo, se encerraba en la biblioteca de la casa y solo salía hasta entenderlo, se peinaba ella misma y elegía su ropa, aprendió un par de hechizos por su cuenta y tenía al menos un amigo en cada circulo social relevante.

Te enorgullecía verla conseguir tantas cosas por ella misma. Le aplaudidas cada logro y le recordabas, con voz confiada y amable, que todo lo que se propusiera lo iba a conseguir. Pero te dolía. Eras su hermana mayor; querías que fuese un poco más como aquella bebé que se dormía en tus brazos. Querías cuidarla, darle seguridad y confianza.

La noche antes de que fuesen a Hogwarts, Bella entró a tu cuarto. Tenía un cepillo en la mano, un gesto precavido, casi asustado.

«¿Me peinas?»

Casi se te saltan las lágrimas.


Ahora Bella tiene catorce años. Es una señorita en toda la expresión.

Es su último día en Hogwarts juntas. Mañana es el fin del curso. Te vas a graduar. Las cosas en tu familia no van muy bien. Tu mamá deambula por la casa con un aspecto enfermizo, tu papá llega todos los días después de las doce de la noche. Últimamente han habido demasiadas reuniones sociales, demasiados silencios cuando entras en un cuarto, demasiados susurros en los pasillos.

Divides el cabello de Bella en tres partes. Su peinado favorito es la trenza francesa; sencilla, delicada, totalmente distinta a todo lo que Bella representa.

Regresarás a casa. Deberás comenzar a buscar esposo o unirte al «deber de sangre». No sabes muy bien de qué deber habla tu padre, pero te asusta casi tanto como la perspectiva de un esposo.

Quitas la liga de tu muñeca y amarras la trenza. El cabello de tu hermana es frondoso y con un volumen estupendo, por lo tanto la trenza le queda hermosa. Un poco floja porque sabes que a Bella le gusta tener ciertos mechones sueltos. Le pones las manos en los hombros.

—Listo.

Bella coloca su mano sobre la tuya en su hombro derecho. Te aprieta.

—¿Ahora quién me peinará? Narcisa no sabe ni peinarse a ella misma y a mí no me quedan las trenzas como a ti.

Te voy a extrañar.

—Siempre que vuelvas a casa voy a peinarte, Bella.

También te voy a extrañar.


¡Hola, hola!

Sí, sé que canónicamente Bella es la mayor, después viene Andy y finalmente Cissy. También sé que las tres nacieron de 1951 a 1955, por lo que no se llevarían muchos años entre sí. No, no me importa.

Soy una ficker, amigas, estoy en mi derecho de pasarme por el culo el canon de Jotaká. ;)

Besitos,

Carly.