Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 26 – La misión de Bellatrix.
En los meses posteriores, Harry demostró ser un bebe alegre y con unos carrillos sonrosados que hacían querer a todos estrujarlos. Sus padres estaban encantados, al igual que sus tíos postizos, y aunque a Bellatrix le costase admitirlo se había encariñado con el crio. Además, ese pequeño clon de James, le había ayudado a demostrarle a Sirius lo mala idea que era tener un hijo. Todo se resolvió en un día que James y Lily tuvieron que dejarles a Harry durante toda una noche. Sirius se tuvo que hacer cargo del bebe ya que Bellatrix necesitaba descansar porque al día siguiente tenía una reunión muy importante. Tras ese día, le dijo que ya tenían suficiente con aguantarse el uno al otro.
Aún así, la llegada de Harry fue un respiro de felicidad para la situación que se estaba viviendo. Voldemort había conseguido ganar más aliados y la guerra se acercaba peligrosamente. Así que debían arriesgarse a poner al ministerio entre las cuerdas consiguiendo de esa manera que realizarán una declaración contra el mago oscuro. Necesitaban encontrar alguna evidencia con la que el ministerio admitiera que algunos de los políticos habían estado apoyando la causa de Voldemort. Sirius y James habían sido los primeros en mente de la Orden para lograr encontrar la conexión, pero desde que se habían reincorporado al trabajo estaban más vigilados que nunca. Por eso fue Bellatrix la que se propuso para obtener tal información. Desde su puesto de trabajo podría acceder a toda clase de documentos con contenido comprometido.
Así que ese era el día, debía encontrar la información. Como de costumbre se dirigió a su puesto de trabajo y antes de entrar en su oficina se tomó un té con Sirius y James. Debía de seguir su rutina normal si no quería levantar sospechas.
–Aquí un té para la bruja más elocuente de todo el ministerio. –James le puso una taza delante.
Bellatrix le miró extrañada.
–¿Por qué tanta amabilidad? –Tomó la taza e inspeccionó su contenido. –No contendrá veneno ¿no?
James y Sirius rieron.
–Estáis muy raros… –Sorbió el té. –¿Qué habéis hecho esta vez? –Tenía una ligera sospecha de que algo no andaba bien.
Ambos se miraron ofendidos.
–¿Nosotros? – Dijo Sirius llevándose las manos al pecho. –Está bien, está bien.
–Es que teníamos pensado, que ya que vas a tomar prestada cierta información…
Bellatrix dio un codazo para que James hablase más bajo, ya estaba ella suficiente nerviosa como para encima tener que andar con las tonterías de esos dos. A veces se comportaban como niños.
–Mi amor, mi media mitad, la razón de mi existencia… –Sirius la tomaba de la mano dramáticamente.
Bellatrix puso los ojos en blanco.
–Haber decirme… –Se rindió.
Ya que Bellatrix tenía que entrar en los archivos del ministerio. Sirius y James querían que sus nombres desaparecieran de un altercado ocurrido hacia unos años donde los habían acusado de exponer el mundo mágico a los muggles cuando iban volando en la moto de Sirius y no se habían dado cuenta de activar la invisibilidad. Cualquiera diría que un hecho así no supondría un gran problema, pero para los dos hombres estaba trayéndoles más de un problema cuando querían acceder a determinados trámites.
–Lo intentaré. –Bellatrix no tuvo más remedio que decirles que sí. –Pero no prometo nada. Ahora debo de irme, las hay que trabajamos, al contrario que otros…
Se sentó detrás de su escritorio y comenzó a mirar los papeles que tenía que tramitar ese día. Sabía que tenía que andarse con cuidado e hilar bien para solicitar los documentos que quería obtener. Así era como funcionaba su trabajo, analizaba las denuncias realizadas por otros compañeros y justificaba si la conducta era sancionable o no, para ello debía acceder a información clasificada que se encontraba en los archivos del ministerio. Allí podría encontrar los documentos que evidenciarían que algunos políticos habían sido sobornados para obviar las maniobras de Voldemort.
Unas dos horas más tarde, consiguió encontrar un caso que le permitiría acceder a la información deseada sin levantar sospechas. Se levantó de su asiento y se dirigió a su superior.
–Señor Pilliwickle, necesito acceder a información confidencial para poder avanzar con este caso. –Le mostró los papeles. –Hay una serie de transacciones que han sido bloqueadas para mi rango señor y creo que me indicarían el grado de sanción, ya que como observa es más que evidente que hay una violación de la ley.
El hombre, un tipo alto pero muy escuálido, observó los papeles y tras hacer algunas florituras con su varita, le dio acceso a la información que necesitaba. El primer paso estaba hecho, pero ahora venia la parte complicada. Metió los papeles en una carpeta, debía de dar a entender que estaba preparando su trabajo.
Salió de su oficina y tomó uno de los ascensores. El archivo se encontraba en los sótanos del ministerio. Aquel día no era muy concurrido por lo que mucha gente no subió al ascensor, cosa que ella agradeció, menos testigos. Pero dos paradas antes de la suya, un alto y corpulento mago se subió al ascensor.
–Que de sorpresas me estoy llevando hoy. –El hombre la miró con malicia.
Bellatrix puso los ojos en blanco y trató de ignorarle.
Rodolphus Lestrange sonreía con satisfacción. Hacía años que no se veían y salvo en contadas ocasiones no había vuelto a pensar en él. Tras su amenaza en el último curso, este había pasado a ignorarles por completo. Esperaba que ese comportamiento continuara pero era obvio que se había equivocado.
–Bellita, hacía mucho que no disfrutaba de tu presencia… –Se acercó peligrosamente a ella.
Bellatrix no podía evitar mostrar el asco que sentía, ese era el apodo cariñoso con la que Sirius la llamaba. Cuando vio las intenciones de tocarla, sacó ágilmente la varita y la apretó contra su garganta.
–Ni se te ocurra acercarte más a mí.
Rodolphus rió.
–Ya se me había olvidado lo agresiva que eras… Me encanta. –Este estaba a punto de agarrarla por un brazo.
Pero el ascensor se detuvo y la gente que entró, empujó a Rodolphus al fondo. Aprovechó esa distracción y se escabulló antes de que el ascensor continuara bajando. Se detuvo unos segundo para apoyarse en la pared y recomponerse. Aunque no tenía mucho tiempo para ello, debia de ir a por la información que necesitaba.
Llegó al mostrador donde una mujer mayor atendía.
–Buenos días, ¿en qué puedo ayudarla? –La mujer le regaló una gran sonrisa.
Eso la relajó. Bellatrix le entregó el documento firmado por su superior. Esperaba que su plan funcionase.
–¡Ay querida! Creo que hay un pequeño problema.
Bellatrix se hizo la sorprendida como si no supiera de qué se trataba.
–No indica la numeración de los archivos a los que te han autorizado.
Bellatrix miró el pergamino. En realidad ella misma había borrado la numeración con el fin de llegar a esa situación.
–Debería de haber comprobado la numeración antes de que me la firmasen… ¡Soy una inútil! Me despedirán… Y… –Hizo que lloraba. –Tengo tres hijos a los que mantener, y encima mi marido me ha dejado por la niñera…
La mujer del mostrador también había comenzado a lloriquear mientras la escuchaba. Volvió a coger el documento y tras varios movimientos de varita escribió unos números.
–¡Por favor no llores! –Suplicó. –En unos días me jubilo… Así que considéralo mi buena obra antes de irme. –Le devolvió el documento. –Te he puesto una numeración que te da acceso a todos los documentos de la categoría que indica tu investigación. Así que siéntete libre de buscar lo que necesites. No seré yo la causante que impida dar de comer a tus hijos.
Su plan había funcionado. Tendría acceso a los documentos donde estaba segura que se encontraba la información que buscaba. Aunque no podía evitar sentirse mal por engañar a la mujer, peroaquella simple mentira podría acabar con Voldemort.
Bellatrix recorrió el escritorio y entró en una de las puertas del fondo. Aquello era enorme, no era la primera vez que estaba allí, pero no dejaba de sorprenderse. Tras varias vueltas por el lugar, encontró la sección que buscaba. Allí debajo de toneladas de documentos se hallaba una serie de pergaminos que evidenciaban las transacciones. Estas habían sido realizadas a altos cargos por parte de Tom Riddle. "Qué poco inteligente utilizar su nombre real".
Antes de irse, llevaba allí varias horas, encontró el documento en el que salían los nombres de Sirius y James. Por un instante estuvo tentada a dejarlo tal como estaba, si es que eran unos gamberros, pero finalmente se apiadó de ellos e hizo desaparecer sus nombres.
Cuando Bellatrix volvió a su escritorio se dejo caer pesadamente en su silla. Aunque su misión no hubiera supuesto un gran esfuerzo físico, estaba agotada. Toda la situación le había producido mucha tensión.
Ahora esperaba que Dumbledore pudiera utilizar la información.
Cuando Bellatrix llegó a casa, lo primero que hizo fue quitarse los altos tacones negros que llevaba desde la mañana. Entró descalza a la cocina y allí se encontró con su tío Alphard.
–¿Sirius aún no ha llegado? –Preguntó al no verlo.
–No, es más pensaba que volveríais juntos. –Alphard se sentó a la mesa con un plato de comida. – Siéntate y come. Te estás quedando en los huesos, además no creo que Sirius tarde. Es la hora de la cena… La huele a distancia. – Bromeó.
Hizo lo que le decía y se sentó a él. La relación entre ambos había mejorado a pasos agigantados. A veces le gustaba molestar a Sirius diciéndole que ya no era el sobrino favorito.
–Sí que debes de estar agotada… Porque no hablas nada.
–Hoy ha sido el día.
Alphard también se había unido a la Orden.
–¿Has roto varias reglas y te sientes culpable? En eso los Slytherin y los miembros de nuestra familia somos expertos en ello. –Volvió a bromear.
Eso pareció animarla. Ese humor era ta Black… No es porque fuera hermano de su padre, pero Alphard le recordaba mucho a él. Se preguntaba que habría sido de él, Narcisa nunca había hablado de su padre o su madre en sus cartas, y tampoco ella osaría a preguntar. Era demasiado orgullosa.
Una hora más tarde Sirius y James se aparecían en la casa. Lily, Remus, Peter y hasta el pequeño Harry acudieron también. Lanzaron varios hechizos de protección y silenciadores alrededor de la casa y se reunieron en el salón. Bellatrix les entregó los documentos.
–¡Excelente! –Bramó James. –Con esto no les quedará otra opción que admitir que estaban ocultando a Voldemort. –Dijo releyendo los documentos y pasándoselo a los demás.
–Se los daremos a Dumbledore, él deberá ser el que confronte al Ministro. –Determinó Sirius.
–También me he deshecho de vuestro problema. –Bellatrix les recordó su pequeña travesura.
Sirius sonrió con satisfacción y la abrazó. No solo Bellatrix había conseguido obtener una prueba imprescindible para acabar con Voldemort si no que les había borrado a su amigo y a él, sus antecedentes criminales de juventud. Para que después alguien ponga en duda donde residen las lealtades de Bellatrix Black.
–Espero que esto funcione y el Ministro entre en razón. Los mortifagos ya campan a sus anchas por el ministerio. –No podía olvidarse de comentar su pequeño encontronazo. –Cuando me dirigía a por los documentos, me encontré con Rodolphus Lestrange… –Espero a ver cómo reaccionaba Sirius.
Y este reaccionó como esperaba.
–¿Qué te dijo? ¿Te hizo algo? Ahora mismo voy y me lo cargo. –Se levantó de un salto del sillón pero James le retuvo.
–¿Crees que dejaría que me hiciera algo? Mi varita estuvo durante unos minutos clavada en su cuello.
Eso respuesta hizo que Sirius se calmase, sabía que Bellatrix era completamente capaz de defenderse, pero todo lo que involucrase a Lestrange cerca de ella, le hacía brotar sus instintos más primitivos.
Cuando todos leyeron los documentos, Peter se ofreció para llevárselos a Dumbledore.
Cuando el ministro vio los documentos se sorprendió tanto que ni siquiera le preguntó a Dumbledore de donde los había sacado. Tras eso, permitió que la Orden del Fénix trabajase mano a mano con el ministerio y que tuvieran acceso a toda la información necesaria.
Finalmente el ministro dio una rueda de prensa en el ministerio donde anunciaba lo que llevaban esperando desde hacía meses.
–Magos y brujas oscuros se pasean con toda impunidad entre nuestra sociedad. Su objetivo no es otro que causar daño e infundir terror, no solo a los nacidos de muggles sino a todo aquel que ose llevarles la contraria. Todos actúan bajo las directrices de Lord Voldemort. Por eso y a partir de ahora se instaura un toque de queda, todo aquel que se encuentre en la noche será detenido inmediatamente y a su vez todos tienen la obligación de informar sobre todo comportamiento sospechoso. Se acercan tiempos oscuros y debemos de estar preparados.
James, Sirius y Bellatrix se miraron con satisfacción, aquello no suponía el fin de la partida pero sin duda habían adelantado varios pasos a Voldemort. Con el ministerio y la población en su contra, esperaban que esa presión hiciera que el mago oscuro se retirase.
Tras aquello, los interrogatorios comenzaron. En los documentos que Bellatrix había sustraído, no lo solo aparecían los políticos sobornados, sino los posibles mortifagos. La casa slytherin desfiló durante días por el ministerio, desde Malfoy hasta Lestrange. ¡Lo que había disfrutado Sirius! Pero no había conseguido sacar nunca información más de la que sabían. Su última esperanza era los políticos sobornados, pero nunca consiguieron interrogarles ya que desparecieron misteriosamente.
Nunca llegarían a saber que fueron asesinados el mismo día que Bellatrix consiguió los documentos, solo unas horas después de que Peter llevará la información a Dumbledore.
