Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.
Capítulo veinticuatro
Venganza
"Había un cadáver asesinado, en una tierra secreta y con una muerte violenta, expuesto en millones de pedazos." ~Geoffrey Chaucer
EDWARD
No pude evitar observarla mientras bebía mi brandy. La forma en que limpiaba su pistola una y otra vez tenía que ser una de las cosas más provocantes que la he visto hacer. Ella era hipnótica, desde su pequeña coleta, su top y pantalones camuflados, todo en ella era hipnotizante.
—Te siento observar mis pechos —dijo sin molestarse en levantar la vista hacia mí. Pero solo su voz fue suficiente para ponerme duro.
—Si te molesta, amor, levántate y déjame ver tu trasero. —Sonreí, terminando el resto de mi bebida antes de ponerme de pie.
—Edward, necesitamos concentrarnos —siseó mientras pasaba mis dedos por su cuello.
Besando la base de su cuello, agarré uno de sus pechos.
—Me estoy concentrando.
—Edward, detente —dijo seriamente, apartándome.
Haciendo un paso hacia atrás, pinché el puente de mi nariz, intentando calmarme. ¿Qué mierda me pasaba? Acababa de comenzar a hablar hace menos de doce horas y yo intentaba montarla.
—Bella…
—Edward…
Ambos dejamos de observarnos cuando hubo un llamado a la puerta. Suspirando, Bella se puso de pie y abrió la puerta de la cabaña, permitiendo que Emmett y Jasper entraran. Jasper inmediatamente me dio una mirada como si supiera lo que acababa de pasar. Sin embargo, con las paredes finas, no estaría sorprendido.
Aro hizo bien en venir a Tanzania. Ni Bella ni yo habíamos estado aquí antes, pero, por suerte, los dólares americanos eran tan buenos como el oro. Solo nos costó quinientos dólares comprar esta cabaña en el medio de la maldita jungla. No era un Ritz, pero por ahora serviría.
—¿Podemos entrar? —preguntó Emmett.
—Abrió la puerta, ¿no? —espeté, sirviéndome más brandy. Gracias a Dios que ese chico Mike mantenía el avión lleno de suministros.
Caminando hacia mí, Bella cerró la botella de brandy fulminándome con la mirada antes de volverse hacia ellos.
—¿Qué tienen?
Sacando un mapa, Jasper lo abrió sobre la mesa.
—Entonces, estamos en Seronera, aquí —Señaló—. Por lo que nuestros hombres pudieron encontrar cuando hablaron con los locales, un grupo de hombres con "V" en sus brazos llegaron aquí hace dos semanas.
—Por lo que hemos encontrado, se están escondiendo en Lobo, a setenta y dos kilómetros de aquí. Si salimos ahora, podemos llegar antes del amanecer. Ya he comprado un helicóptero a un hombre del pueblo, Jinx lo está arreglando lo mejor posible —añadió Emmett, tironeando de la correa de su rifle.
—Tú, Ben y Jinx junto con el resto de los francotiradores se quedarán a dieciséis kilómetros. Supongo que el helicóptero no soportará a doce de nosotros, así que busca a Angela y haz que lo vuele —anunció Bella, mirando el mapa—. Jasper, tú y Seth con el resto de los hombres estarán a cuarenta kilómetros.
Nos la quedamos mirando como si hubiera perdido la cabeza.
—¿Así que tú y yo entraremos a la casa solos? —le pregunté lentamente. Quizás no estaba lista para volver aún.
—Señora, Angela ni siquiera vino con nosotros. —Jasper la observó antes de darme una mirada. Era demasiado importante no arruinarlo y solo teníamos una oportunidad.
—Quizás deberías descansar… —comenzó Emmett, pero fue interrumpido con el sonido de la pistola de Bella siendo apuntada hacia él.
—Por favor, termina esa frase, hijo de puta. —Sonrió Bella—. Te ruego que la termines, así cuando Rose pregunte por qué su marido vuelve a casa con una bala, puedo decirle que él se olvidó de quién mierda soy… Ese es un error mortal, en especial porque no me gusta tu puto trasero desde el inicio. Así que, adelante, y dime que necesito descansar.
Emmett eligió bien y se mantuvo en silencio, Jasper, por el otro lado…
—Señora…
—Y tú —espetó Bella, volviendo su pistola hacia él—. Deberías mantener tu boca cerrada o me veré obligada a contarle a Edward las cosas sucias que has estado soñando con hacerme.
—¿Qué mierda? —grité y, antes de poder parpadear, tenía un arma contra su cabeza. Jamás pensé que podría disparar a mi hermano, pero me había equivocado antes.
—Suelta tu arma, Edward —demandó ella.
Pero solo miré con furia al maldito hijo de puta que se atrevía a llamarse mi hermano.
—No. Preferiría matarlo lentamente, quizás prenderlo fuego.
Apartándolo, se ubicó frente a mi pistola.
—No lo estaba pidiendo. Baja el arma ahora, Edward.
—Hablaremos luego, hermano. —Le dediqué una mirada furiosa antes de hacer lo que ella me ordenó. También hablaré con ella después.
—Ahora que toda su sangre bombea en el lugar correcto —siseó—, Angela, entra.
Y, efectivamente, una rubia de ojos verdes entró. Era sexy como una zorra, y definitivamente podría no ser la patito feo de Angela. Sin embargo, caminó hacia Bella con su cabeza bien en alto y sacó un teléfono de su sostén.
—¿Hay algo más que necesite, señora?
Santa mierda. Esa voz era la de Angela.
Asintiendo, Bella guardó el teléfono en su bolsillo.
—Gracias, Angela, siéntete libre para cambiarte. Espero que no haya sido mucho para ti.
—Jamás, señora —respondió Angela, quitándose su peluca rubia—. Coloqué bombas por todas las instalaciones como pidió. Ellos controlan toda el área todas las mañanas, por lo que esta noche es su única oportunidad.
—No te tocó, ¿o sí? —preguntó sin emoción. Cualquiera que la conociera estaba al tanto que una Bella sin emociones era tan despiadada como se podía imaginar.
—No, señora, era demasiado europea para él, quería probar la cultura nativa. —Frunció el ceño, parpadeando seguido por los lentes de contacto mientras se quitaba su nariz falsa.
—Gracias, Angela —fue todo lo que dijo Bella mientras Angela asentía antes de irse. Pude sentir mi sangre hervir.
¿Por qué mierda era yo el despistado? Pensé mientras apretaba la mandíbula. Caminando hacia ella, me incliné del otro lado de la mesa.
—Habla, ahora —fue todo lo que pude decir sin soltar mi enojo. En un momento quería cogerla y al siguiente quería romperle el cuello. ¿Por qué me torturaba tanto?
Se inclinó y sonrió.
—Creo que debería descansar…
—Bella…
—Después que Angela les informó que me encontraba en el avión, hice que viniera aquí en un vuelo comercial. Habíamos cortado el dinero de Aro con respecto a su droga, pero él hace mucho más traficando…
—¿Dejaste que Angela fuera secuestrada? —Era la cosa más imprudente que había escuchado de ella. El tráfico de personas no era un chiste; Angela seguramente fue drogada a los segundos de haber sido raptada. Le podrían haber hecho Dios sabe qué durante ese tiempo, y peor, Angela podría haber sido…
—Veo que estás analizándolo mucho, y necesitas tomar aire —me espetó—. Sí, hice que tomaran a Angela, pero ella sabía lo que debía hacer, después de todo no es la primera vez que los Volturi la habían raptado. Esta vez, no volvió como una víctima, sino como una maldita liberadora. Como decía antes que te creciera un corazón, Sr. Grinch, Angela fue raptada en el aeropuerto. Lo que hizo y cómo salió no lo sé, porque simplemente pasó. Todo lo que importa es que su escondite está lleno de bombas de cianuro.
—Quieres hacerlos salir de su escondite. —Sonrió Jasper dando un paso hacia adelante, y ni bien lo hizo, clavé un cuchillo al lado de su mano. Levantó la vista hacia mí en sorpresa antes de echarse hacia atrás.
—Lo hacemos salir como ratas y les disparamos uno por uno mientras estén cegados. —Emmett sonrió, haciendo un círculo alrededor de su escondite—. Saldrán corriendo demasiado rápido pero no podrán disparar.
—Planeaste todo esto en unas horas. —Ni siquiera intenté esconder mi asombro. Girándome hacia Emmett y Jasper, asiento con mi cabeza para que se vayan. Jasper salió por la puerta lo más rápido que lo he visto moverse jamás.
Ella se sirvió un vaso de brandy mientras ninguno de los dos hablaba. Ambos éramos muy cabeza dura como para hacerlo.
Terminando mi bebida, le lamí los labios.
—Te extrañé —susurré. Ella era la única que me podía sacar la pelea de adentro y al mismo tiempo, meterla allí—. Te extrañé a ti y a nosotros, y lo que fuimos por ese corto momento entre el odio y perder…
No creí ser capaz de alguna vez decirlo en voz alta. Dolía demasiado y no importa lo mucho que enterraba el dolor, volvía a mí otra vez.
Estaba tan perdido en mis pensamientos que ni siquiera me di cuenta que ella se había acercado a mi lado hasta que sentí su mano en la mía. Levantándola hacia sus labios, besó mis nudillos y no pude evitar gemir ante lo suaves que eran sus labios. Había pasado mucho tiempo desde que la besé. Como si pudiera leer mi mente, tomó de mi rostro antes de besar mis labios. Sabía a miel y casi me vine en los pantalones cuando mordió mis labios.
—También te extrañé —susurró—. Necesitaba… necesitaba tiempo. No sabía cuánto, solo sabía que necesitaba tiempo para estar…
—Estar triste —terminé por ella, queriendo nada más que cerrar la distancia entre nuestros labios.
—Sí. —Sonrió con tristeza y quería quitársela del rostro—. Nunca quise… Sabía que no iba a ser de ayuda en ese estado mental. Espero que no te hayas acostumbrado a gobernar sin mí.
—Jamás. —Tomé su mejilla, pasando mi dedo por su labio inferior—. Jamás podría gobernar sin ti. Te necesito, física, espiritual, y emocionalmente.
—También te necesito, pero necesito ocuparme de Victoria. No puedo…
—Shh… —le dije mientras desabrochaba sus pantalones.
—Edward, no tenemos tiempo… —gimió mientras tomaba de su trasero, colocándola sobre la mesa.
—Lo sé, —susurré—. Solo quiero una probada para calmarme.
Antes que pudiera hablar, quité sus pantalones y su ropa interior, besando su frente y sus labios antes de besar sobre sus pechos. Incluso mordí uno, haciéndola jadea mientras jugaba con su coño.
—Edward…
—Cállate, Bella —espeté antes de ponerme de rodillas. No pude evitar darle una lamida, permitiendo que mi lengua tuviera el placer de saborearla.
Ella gimió mientras mi lengua se metía en ella. Podía sentirla moverse contra mi rostro rogando por alivio. Su humedad caía por mis dedos mientras los embestía en ella.
—Cógeme, Edward… —gimió tomándose de sus pechos.
No pude evitar sonreír satisfecho.
—¿Qué pasó con no tener tiempo?
—Haz tiempo —siseó, tomando un puñado de mi cabello, llevándome hacia su rostro. Besarla hacía que mi polla rogara por alivio. Sabiendo que estaba saboreándose en mis labios era demasiado.
—Has tenido suficiente control por un día, amor —susurré tomando de los pechos. Quería hacerla mi perra… porque era mi perra. Tironeó de mis pantalones hasta que al fin cayeron, permitiéndome la libertad que deseaba.
Sacándola de la mesa y dándola vuelta, me puse de rodillas y besé su trasero antes de morderlo y ponerme de pie.
—Edward… oh —gritó mientras metía mi verga en su trasero.
—Me has hecho enojar —dije, tomando de su cabello mientras embestía en ella tan fuerte que su culo se sacuda, rogándole que le dé palmadas, lo cual no tuve otra opción que hacer.
—Has capturado mi corazón. —La puse de pie, quitándole la camiseta y su sostén, para poder apretar sus pechos con mi mano izquierda. Mi mano derecha se movió por su estómago y hacia su humedad.
—Mierda, Edward… —gritó, envolviendo un brazo por alrededor de mi cuello.
—Me has vuelto medio loco —siseé, mordiendo su oído antes de empujarla hacia la mesa.
»—Me has hecho enamorarme de ti. —Tomándola de su cintura, bajé el ritmo solo por un segundo antes de meterme de lleno, haciéndola gemir palabras sin sentido.
»—Me has convertido en un monstruo —grité, sosteniendo sus costados mientras la cogía tan fuerte que todo lo que había en la mesa cayó al suelo.
La follé sobre el mapa del jodido país y a ella le encantó tanto que no podía hablar. Le quité las palabras cogiéndola. Se vino no una, ni dos, ni tres, sino cuatro veces. Sus ojos nublándose con cada vez que llegaba a la cima. Y la mirada en su rostro, la de una mujer follada tan hermosamente era demasiado para mí.
Saliendo de ella, se dejó caer en la mesa mientras me corría sobre su espalda y trasero. Era lo más glorioso que había visto.
—Maldito imbécil… —dijo entre jadeos. Ella siempre fingía odiar cuando me venía sobre ella, pero secretamente lo amaba. La había marcado y a ella le encantaba cuando era mi turno de dominarla tanto como ella amaba hacerme su perra.
Apartándose de la mesa, intentó mantenerse de pie y sonreí, pasando una mano por mi cabello sudado.
—Diez minutos, podrías haberlo hecho mejor. —Sonrió, tomando su camiseta y usándola como toalla.
—Estamos ajustados de tiempo, lo más rápido matemos a estos hijos de puta, más rápido tendré tiempo de hacerte el amor después. Tenía que cogerte una vez más. —Sonreí, subiéndome los pantalones.
Caminando hacia el baño, negó con la cabeza hacia mí.
—Ya has tenido suficiente control por hoy. La próxima, tú eres mi perra…
No podía esperarlo… Solo tenía que sobrevivir a esta noche. Si el dinero, el territorio, y la venganza no eran razón suficiente para matar a Aro y su gente, el pensar en Bella controlándome era suficiente para matar a cualquiera. Esta guerra llegaría a su final, me aseguraría de ello, por el bien de ella, y nuestra futura familia.
BELLA
Había estado esperando por esto desde que salí del hospital. Mientras Edward repasaba los planos del safari africano, absorbí la noche. Jamás me había sentido tan viva en mi vida. Mi momento con Edward fue animalístico, lujurioso y puramente pornográfico y aun así fue lo que necesitaba para respirar de nuevo. Él me hacía sentir cosas que ningún otro hombre pudo. Sabía que no importa lo que pasara, estaba enamorada de él.
Él me entendía. Me amaba. Y era todo lo que necesitaba. No estaba segura si alguna vez pueda demostrarle cuánto… honestamente ni yo estaba segura si íbamos a vivir. Si, teníamos todo planeado, y las ideas que añadió Edward después de nuestro festín eran brillantes, pero siempre estaba la posibilidad que las cosas salieran mal. Era una verdad que todos entendíamos… a veces planeas las cosas y terminas muriendo. No había nada que podías hacer con las cosas que no sabes.
Edward nunca soltó mi mano mientras nos acercábamos; por fuera se veía como si estuviéramos locos. Pero para nosotros, esta era la única forma en que podía acabar. No podíamos esperar horas y horas para devolverles el golpe. Esta no era una misión de la CIA. Esto era una batalla, una guerra entre familias mafiosas, y esta vez Romeo y Julieta estaban del lado correcto.
Con cada momento que pasaba mientras conducía, se sintió como si hubieran pasado horas. Para cuando estacionó el coche debajo de un árbol y besó mis nudillos, estaba que saltaba dentro de mí. Necesitaba acabar con esto. Necesitaba ser yo misma otra vez y la única forma que sabía cómo hacerlo es haciéndolos pagar.
Él se dio vuelta para buscar algo en el asiento trasero, sacó dos ametralladoras con tres recargas y me tendió una.
—¿Estás lista? —preguntó y era una pregunta estúpida, porque él sabía la respuesta.
Abriendo el teléfono, disqué rápidamente antes de romperlo. Ninguno de los dos tuvo que esperar mucho tiempo antes de que la pequeña aldea se sacudiera tan violentamente que pudimos sentirlo en el coche. Los pájaros cayeron de todos lados junto con todo ser viviente. Incluso las nubes cubrieron a la luna llena como si Dios mismo intentara no mirar el infierno que estábamos desatando. Intenté no pensar en el día que nuestra casa se sacudió así. El humo blanco se dispersó alrededor del edificio como una enfermedad, moviéndose por cada rincón de la casa hasta que unos pocos hombres salieron armados. Las dosis estaban ubicadas abajo. No querían que se mueran, los quería confundidos y perdidos.
Edward ni siquiera dudó en salir del coche con su arma lista en sus manos. Saliendo también, esperamos hasta que más de ellos no tuvieran opción que salir antes de comenzar la balacera.
Con un flash en el aire, la tierra a nuestros pies comenzó a elevarse mientras Ben, Emmett, y Jinx se encontraban sobre nosotros. Acercándome la máscara de gas, caminamos con toda la tranquilidad del mundo ya que nos cubrían desde arriba. Podía escucharlos toser, intentando sacar el veneno de sus pulmones, así que les hice un favor al dispararles rápidamente.
No nos importaban quienes eran. Al momento que algo se movía, disparábamos. Aro y Victoria estarán en el búnker, así que no había necesidad de tener cuidado. Después de todo, queríamos que mueran lentamente. ¿Esas perras pensaban que nos íbamos a olvidar de ellos? Obvio que no. Una mujer desnuda gritó con todas sus fuerzas e intentaron escaparse, bueno al menos algunos de ellos lo hicieron, el resto solo estaban sentados y llorando. Mientras más nos adentrábamos, el agujero que solía ser mi corazón parecía latir contra mi pecho.
Fue solo cuando llegamos a unas puertas dobles que con Edward compartimos una mirada antes de derribarla de una patada. Allí, desnudo y encadenado a la cama había un hombre y una mujer, ambos entrando en pánico y respirando las toxinas lentamente. Aro me daba asco. Disparando a sus cadenas, el hombre me miró fijo a los ojos antes de volver a mirar a la pared.
—Idiota —espetó Edward y ellos corrieron tan rápido como sus piernas desnudas le permitieron. Caminando hacia la pared, Edward dio un golpe—. Aro, ¿estás vivo allí? —preguntó y cuando no obtuvo respuesta, colocó una C-4 contra la pared antes de poner una almohada contra ella. Ubicándonos detrás de un vestidor, ambos sonreímos ante el metal chocando contra metal. No nos podíamos mover mientras una lluvia de balas venían hacia nosotros como un enjambre de abejas.
—Sal, sal, donde quiera que estés… —canturreó ella y quería solo arrancarle la garganta del cuello. Pero Edward me sostuvo, aferrando mi pierna—. ¿Nos buscaban? —Rio—. ¿Es porque maté a tu pobre bebé? ¡No me arrepiento y lo haría de nuevo!
Todo lo que pude ver era rojo y, antes que Edward o incluso Dios pueda detenerme, me puse de pie. Ni siquiera dudó en disparar, una bala impactó en mi pecho y si no fuera por el chaleco antibalas, hubiera muerto.
Ignorando el dolor, corrí hacia adelante antes de saltar y patearle la cara. Su cuerpo voló hacia atrás y contra el espejo antes de caer al suelo. Tomando un pedazo del espejo, corrió hacia mí, pero Edward, la perra jodidamente controladora, le disparó en la muñeca.
—¡No! —grité. La pelirroja era mía.
Me observó rápidamente antes de correr hacia el búnker.
Victoria, en cambio, ni siquiera se tomó un segundo antes de aventarse hacia mí con un pedazo grande de vidrio. Soltando mi arma, le di un puñetazo directo en la nariz, un codazo en la garganta, y una patada rápida en las rodillas, haciendo que caiga. Fue cuando se encontraba de rodillas que hice hacia atrás la mía y le golpeé con fuerza en el rostro.
Cayó sobre sus espaldas y justo cuando estaba por tomarla del cabello, una soga apareció alrededor de mi cuello, ahorcándome.
—He esperado por esto desde el primer día que te vi —siseó Laurent en mi oído mientras jadeaba por aire. El imbécil tomó de mi pecho—. Creo que te dejaré inconsciente así puedes despertar conmigo adentro.
Justo cuando todo estaba volviéndose negro, su agarre en mí desapareció y su cuerpo cayó al suelo con una bala en la cabeza. Edward estaba de pie frente a mí, su nariz tensa como un toro. El infierno se reflejaba en sus ojos otra vez. Fue entonces que Victoria pensó que sería buena idea intentar otra vez apuñalarlo, pero antes que pudiera hacerlo la tomé del brazo y lo torcí hasta que escuché un asqueroso sonido y su brazo quedó flácido.
—Aro tenía una motocicleta, ya no está. —Edward sonrió, pero sabía que estaba furioso. Quería terminar con esto para ayer.
—Y jamás lo atraparás —dijo Victoria desde su lugar a nuestros pies… donde debería estar.
—Vas a morir pronto, así que te contaré una pequeña y divertida verdad. —Me incliné, mirándola a los ojos—. Esto va a doler, vas a llorar, y justo cuando tu alma abandone tu cuerpo, gritarás por Dios, e incluso él no tendrá lástima por ti. —Con eso, le di un puñetazo en la cara y sus ojos se hicieron hacia atrás.
Mirando hacia arriba a Edward, él sonrió lanzándome su teléfono.
Adivina quién conduce hacia nosotros. Decía el mensaje. Odiaba adivinar, pero por esta vez seguiría el juego.
EDWARD
—Aro, Aro, Aro. —Sonreí hacia el hombre atado y amordazado frente a mí; lucía tan débil, tan… para nada digno de mi tiempo. Se me escapaba cómo hubo un momento donde me atrevía a preocuparme de él. No era nada más que un viejo pervertido con amigos rusos—. He soñado con matarte desde que era un niño —le dije, sacándole la mordaza—, pensé en todas las formas en que te destruiría y tengo que decir que esta era una de ellas.
—¿Crees que esto se terminó? —preguntó Aro y Bella le dio un golpe en la mandíbula.
—Amor, él es mío para golpear. —Fruncí el ceño hacia ella. Poniendo los ojos en blanco, levantó sus manos en rendición antes de apoyarse contra el árbol, con Victoria arrodillada frente a ella.
Nuestros hombres se acomodaron alrededor nuestro, mirando con deleite, orgullo, y más que nada emoción. Habían comenzado a disfrutar de mi método de tortura o a odiarlo en silencio. Como sea, esto ya había cumplido su tiempo.
—¿Qué decías? —pregunté, sacando un cuchillo—. ¿Algo de que esto no terminó?
Aro rio.
—Estúpido irlandés, ¿pensabas que yo era algo de que preocuparse? No sabes lo que se viene. Yo era tu mediador, sin mí, ella vendrá por ti.
—No estás siendo claro, Aro. —Suspiré, pasando el filo contra su mejilla—. Y no tienes mucho tiempo para explicar.
Otra vez, Aro sonrió mirando hacia Bella.
—Despiadada, ¿no? Igual que su madre…
Con esto, Bella entrecerró sus ojos.
—Oh, ¿es eso furia? —le preguntó a ella y le di un puñetazo en el rostro, haciendo que caiga sobre su espalda, pero solo se rio—. Corrección, eso fue furia. —Sonrió antes de toser sangre junto con unos dientes—. Pobre y pequeña Isabella, la niña que perdió a su madre tan trágicamente por mi culpa. Pero, espera… —Se rio como un desquiciado—. ¡Ni siquiera está muerta!
—¿De qué hablas, Aro? —respondió Bella, disparándole en el tobillo.
Pero Aro estaba tan loco que ni siquiera se inmutó.
—Quiero decir, mi pequeña dulzura, que tu madre está viva. Tu madre y tu abuelo están vivos, de hecho, gobernando en secreto. Solo han estado esperando que nos matemos entre nosotros y recoger los pedazos. —Suspiró, sacudiendo su cabeza.
—Mientes —siseé, disparándole al otro tobillo.
—Quizás, —dijo cayéndose sobre su espalda—. O quizás, todos esos años casada con Charlie "Manos de Hierro" la cambiaron. La convirtieron en algo oscuro y despiadado, después de todo, la manzana no puede caer muy lejos del árbol. Pero ya lo verán pronto. No pueden tocarla. Es intocable, todos ellos son intocables…
Bella y yo descargamos nuestras armas en él, deteniéndonos solo cuando todas las balas se encontraban en su cuerpo.
Tomando a Victoria del cabello, Bella la obligó a ubicarse al lado del cuerpo de Aro. Quitándole la mordaza, Bella la miró con odio.
—¿Decía la verdad? —le preguntó.
Victoria, con todos sus moretones, solo sonrió.
—Vete a la mierda, tú, tu madre, y cada uno de tus hombres.
Tomando aire profundo, Bella dio un paso hacia atrás.
—Desnúdenla —ordenó y los ojos de Victoria se ensancharon mientras los hombres se acercaron a ella.
—¿Vas a dejar que me violen? —Intentó no parecer asustada. Los hombres se encogieron de solo pensarlo.
—Nadie te quiere, zorra —gritó Jacob detrás de ella, causando que todos los hombres se rieran mientras se acercaban. Sin pensarlo dos veces, le quitaron todas sus prendas, dejándola ensangrentada y sucia.
—Vas a dejar este mundo tal cual como llegaste —dijo Bella, extendiendo una mano mientras Angela le tendía unas tijeras—. Primero, pelada…
Pateando su rodilla, Bella la colocó sobre sus rodillas una vez más antes de tomar un manojo de cabello y cortarlo. Ella tiró y cortó hasta que todo lo que le quedaba a Victoria eran pequeñas mechas rojas. Cuando terminó, tomó de las esposas que tenía Victoria y las enganchó a la parte trasera del Jeep.
—Segundo, gritando… —siseó en su rostro y, tanto yo como Victoria nos quedamos impresionados cuando nos dimos cuenta de su plan.
La furia, el fuego, y el dolor en los ojos de Bella dejaba claro a todos que no debían detenerla hasta que Victoria sufra, y esta era la única forma. Iba a arrastrar el cuerpo por Dios sabe cuántos kilómetros hasta que muera del shock o por la pérdida de sangre. Los animales harían el resto.
—Por favor… Por favor… No hagas esto. Yo… —Bella solo le metió una media en la boca.
—Una vida por otra vida —susurró Bella—, te metiste con la familia equivocada.
Seth abrió el coche y ella me sonrió por el espejo.
—Esto va a dolerte mucho más de lo que nos va a doler a nosotros —le dije antes de subirme del lado del pasajero.
Encendiendo el motor, Bella presionó sobre el acelerador y los gritos llenaron la mañana, pero simplemente subí la música. Finalmente éramos los dueños del mundo.
—¿Cuándo quitaste mi maldito cd? —espetó Bella mientras conducía más rápido.
—Tu gusto musical es un asco, amor. —Reí, elevando mis pies en el salpicadero.
Ella sonrió.
—Solo porque no me guste esa mierda clásica y hip hop del viejo no quiere decir nada.
—Todos esos artistas son tuneados, de todas formas. Me gusta la música de verdad —dije, subiendo un poco más fuerte el sonido para ahogar los gritos.
—¿Qué mierda es esto? —Fulminó con la mirada hacia la radio.
—MC Ren —dije y ella solo me miró—. Ya sabes, Ruthless For Life… the saga continues right before your eyes. The saga continues cause it's do or die. The saga continues right before your eyes. You know why? Cause I'm ruthless for life.(*)
Sus ojos se ensancharon antes de estallar en risas.
—Eres un chico blanco como culo de monja proveniente de la elite de Chicago, no tienes permiso de intentar cantar esto.
—Siempre odiosa. —Sonreí y ella también. Por primera vez sentíamos que podíamos relajarnos como nunca.
Mirando por la ventana hacia los leones que se despertaban otro día, no pude evitar preguntarme si existía diferencia con nosotros. Después de todo, matábamos, comíamos, dormíamos, y cogíamos al igual que ellos. Yo era el rey de la selva, y la mujer a mi lado era mi reina.
(*) Ruthless For Life: Despiadados de por vida
Traducción de la letra:
La saga continúa frente a tus ojos
La saga continúa porque es eso o morir
La saga continúa frente a tus ojos
¿Sabes por qué?
Porque soy despiadado de por vida
