Cuando Squall recobró el conocimiento, no lo hizo ni en el lugar ni en la forma que esperaba.

Una airada discusión que se desarrollaba en algún lugar cercano eclipsaba el intermitente y familiar pitido de las máquinas de monitorización de constantes a las que estaba conectado. El alivio que sintió al comprender que finalmente habían recibido ayuda, se esfumó de golpe cuando las voces aumentaron su volumen y se acercaron hasta casi estar sobre él. Squall sintió un fuerte pinchazo en su brazo derecho cuando la aguja insertada en su vena fue arrancada sin delicadeza alguna y reconoció la voz de Seifer exclamando con impostado alborozo:

-¡Abre los ojos, bello durmiente!

Sintió como Seifer enganchaba su brazo y apoyaba la mano en su espalda para incorporarle, y trató de seguir su indicación temiéndose que la siguiente acción de su compañero no sería tan suave. Como había anticipado, una bofetada castigó su mejilla a continuación, floja, teniendo en cuenta la fuerza que Seifer era capaz de poner en un golpe, pero agraviante, como no podía ser de otra forma.

-¿Qué mierda le habéis puesto? -el muy idiota estaba tan centrado en su furia, como siempre, que no se percató de los intentos que Squall realizaba para darle a entender que estaba recuperando poco a poco la funcionalidad.

-¡Está sedado! –contestó otra voz, grave y tensa, y Squall alcanzó a distinguir una bata blanca cuando el doctor se acercó e intentó que Seifer soltara a su paciente. El comandante sonrió internamente, previendo la futilidad del intento. Incluso sin enlaces, Seifer era inamovible- ¡Suéltale, gilipollas, antes de que causes más daños! –Oh, sí, Seifer era capaz de hacer perder la profesionalidad incluso de la curtida doctora Kadowaki. Este doctor, fuera quien fuera, no tenía ninguna oportunidad contra él.

Su visión se había aclarado lo suficiente como para tomar plena conciencia de su entorno. Estaba en una camilla, en un centro médico que le resultaba familiar. Aplicando algo de fuerza y utilizando a Seifer como punto de apoyo, se incorporó, encontrándose con la cara de su compañero tan cercana a la suya, que apenas fue capaz de distinguir sus facciones.

-¡Ya era hora, joder! –exclamó Seifer con una vehemencia que no alcanzaba a disimular su alivio- Espabila de una vez Squall, ¡esto se va a la mierda!

Ilustrativo, pero poco esclarecedor. Seifer le soltó tras comprobar que se mantenía incorporado por sí mismo y Squall volvió a escuchar la voz airada del doctor.

-¿Qué estás haciendo? ¡Ni se te ocurra utilizar mag…!

El resplandor azulado de un conjuro antídoto le envolvió y Squall apretó los dientes y aferró con fuerza las sábanas bajo su mano cuando todas sus terminaciones nerviosas protestaron a la vez. Buscó con la mirada los pies de Seifer con la intención de vomitar sobre ellos, pero, lamentablemente, su estómago estaba vacío y hubo de conformarse con aguardar, controlando su respiración, hasta que los calambres remitieron.

Todavía se estaba lamentando por esa oportunidad perdida cuando algo blando golpeó su pecho a continuación y Squall bajó la mirada a su regazo para encontrarse con varias piezas de ropa de color gris oscuro. Con el telón de fondo de las protestas del médico y las insolentes respuestas de Seifer, el comandante comenzó a vestirse lentamente, sintiendo como gradualmente recuperaba la claridad mental y la movilidad. La camiseta interior de manga corta que Seifer le había dado tenía el logo del Jardín de Galbadia en el frontal. Cuando se puso en pie para subirse los pantalones, Seifer lanzó una mirada sobre su hombro y asintió satisfecho, aunque el aire de impaciencia que le rodeaba seguía presente como un recordatorio constante de que, desde su punto de vista, Squall no se estaba moviendo con la suficiente premura.

Sentándose para ajustarse las botas, comprobó que eran de caña alta y terminó por confirmar que se estaba poniendo encima uno de los uniformes del Jardín de Galbadia. El diseño de la enfermería, que tan familiar le había resultado, se ajustaba a los estándares comunes de los Jardines. Por lo tanto y en consecuencia, se encontraba en el Jardín de Galbadia, concluyó, sintiéndose fascinado por la lentitud con la que funcionaba su cerebro.

Dada su situación antes de perder el conocimiento solo había una explicación posible. Los SeeDs de Galbadia habían acudido a ayudar a sus rivales, que no compañeros, de Balamb. Squall se preguntó con sorna si se encontraría con un cielo de nubes algodonosas salpicadas de flores gigantescas, arco iris y pajarillos cantores volando por doquier si se asomaba por la ventana.

Pero ahí estaba la sensación de urgencia que Seifer no dejaba de transmitir para devolver las cosas a su correcta perspectiva. Estaba en el Jardín de Galbadia, y algo iba rematadamente mal, lo cual ya encajaba mejor en su visión habitual del mundo.

Poniéndose en pie se pasó los dedos por el pelo y se ajustó la chaqueta, pero, al dar un paso en dirección a Seifer, se vio obligado a sujetarse a su brazo cuando la sala entera comenzó a dar vueltas a su alrededor. Con su habitual falta de delicadeza, su compañero le enderezó bruscamente con un tirón en el collar de sus ropas y comenzó a tirar de él hacia la puerta de salida. Siguiéndole a trompicones, Squall lanzó una mirada atrás, al médico, y lo sorprendió pulsando botones en un teléfono.

-El doctor está dando aviso de nuestra salida –advirtió.

Seifer soltó un resoplido despectivo.

-Pues que no se preocupen tanto, que no nos vamos a ir muy lejos –haciendo un alto ante el ascensor, aporreó el botón de llamada tres veces y le dio un puntapié a un embellecedor metálico que recubría una esquina, abollándolo.

Soltándose de su agarre, divertido a su pesar, Squall se ajustó nuevamente la chaqueta mientras lanzaba una mirada evaluativa a su compañero. Seifer tenía buen aspecto, pese al corte longitudinal en proceso de cicatrización que cruzaba su sien derecha. Su ropa y su persona estaban impecablemente limpios, pero no así su sable pistola, que mostraba los signos delatores de un uso intensivo.

¿Seifer había tenido ocasión de lucirse durante la Lágrima Lunar? Hyne, le hubiera gustado verlo.

-No tengo ni idea de lo que está pasando, pero te agradezco que me sacaras de la enfermería –su aversión a cualquier tipo de enfermería o centro médico era comparable a su alergia a socializar. Entrando en la cabina cuando las puertas se abrieron, Squall planteó la pregunta que le estaba corroyendo por dentro- ¿Ryon y Rifft?

-A salvo y en buen estado. No te preocupes por ellos.

El comandante entrecerró levemente los ojos, molesto. ¿Cómo que no se preocupara por ellos? Conocía a Seifer lo suficiente como para saber que no le mentiría en un asunto tan delicado, pero también le conocía lo suficiente como para darse cuenta de que Seifer, en esos momentos, era un hombre con una misión.

A saber de lo que era capaz Seifer para no desviarse de su objetivo.

-¿Rinoa? –preguntó a continuación, decidiendo confiar en su compañero pese a sus dudas.

-La heroína del día –ante la mirada fija de Squall, Seifer sintió la necesidad de rascarse, y eso mismo hizo- Lo digo en serio. Tenías que haberla visto aniquilando monstruos con su magia. Todo un espectáculo. Para cuando lo peor estuvo bajo control, tenía a todos los SeeDs, incluidos los que siempre la han odiado, haciéndole la ola y coreando su nombre como si fuera una maldita estrella de la canción.

-Y, sin embargo, "esto se va a la mierda" –apuntó Squall.

-Caraway –explicó Seifer y el comandante sintió una sensación de anticipación similar a la que experimentaba justo antes de que comenzara un combate, que tuvo la virtud de terminar de espabilarle. Oh, cómo deseaba llegar a las manos con su suegro- Tu viejo está tratando de frenarle, pero te necesitamos a ti.

Acordándose de que Squall tenía siempre sus dificultades para mantener una conversación, Seifer se giró para mirarle mientras abandonaba el ascensor y se encontró con una mirada interrogativa, el equivalente Leonhartil de una pregunta bien formulada.

-El Jardín de Balamb sufrió graves destrozos. Por desgracia, perdimos a muchos estudiantes y SeeDs y el…

-¿Cuántos? –le interrumpió Squall.

-Todavía es pronto para dar una cifra cierta, pero las primeras estimaciones apuntan a que hemos perdido al 65% de nuestros estudiantes, al 42% del personal incluyendo a los instructores, y al 75% de nuestros SeeDs.

Mucho peor de lo que Squall se había temido.

-¿Locke?

-¿El Incapaz? –Seifer rió- Ni lo sé, ni me importa. Un problema menos si está entre las bajas –dando un largo tropezón hacia adelante, y evitando caerse a costa de realizar grandes aspavientos con los brazos, Seifer se dio la vuelta como una centella, sintiendo su pierna arder de dolor- ¿Acabas de darme una patada, cabronazo? –bramó.

-Tenemos prisa –le recordó Squall con impasividad- Si quieres que lleguemos a tiempo a donde quiera que vamos, procura no volver a soltar estupideces cuando menciones a Locke.

-¿Desde cuándo te importa? –bufó Seifer, retomando la marcha y anotando la ofensa recibida en su larga lista de asuntos pendientes con Squall, el insoportable, Leonhart- El problema es que después de hacer una estimación económica de los daños con ceros suficientes como para marear a un catedrático de matemáticas, Caraway ha decidido unilateralmente… uh –el SeeD se interrumpió a sí mismo tras echar otra ojeada atrás- Squall… estás sangrando por la nariz, ¿estás bien?

El comandante se llevó la mano a la cara y la retiró con los dedos manchados de sangre. Se encontraba mucho mejor que cuando Seifer le había despertado con su toque delicado y sutil, y se le ocurrió que esa sangre podría ser una consecuencia tardía del sopapo que el otro le había propinado. Encogiéndose de hombros, se limpió en la manga y optó por apretar un lado de su nariz al ver que el flujo de sangre no se detenía.

-Eso deberías contestarlo tú. Supongo que no me habrías sacado a rastras de la enfermería si mi vida pudiera peligrar con ello, ¿verdad?

Seifer se lo pensó un momento, tratando de decidir si Squall estaba siendo sarcástico o si estaba peligrosamente irritado. Incapaz de decidirse, se encogió de hombros y reanudó la marcha.

-Si ves una luz al final de un túnel, mantente lejos y todo irá bien. –dando la cuestión por zanjada tras su sabio consejo, continuó- Como te iba diciendo, Caraway decidió, por sus santos cojones, que el Jardín de Balamb en el estado en el que está actualmente es irrecuperable estructuralmente e inviable económicamente, y va a firmar un acuerdo con el General Martine para unir lo que queda de él con el Jardín de Galbadia. Loire está ahora mismo intentando ganar algo de tiempo, pero él es un miembro honorario del Consejo, ya sabes, con voz pero sin voto, y todas esas sandeces. Eres el único con autoridad suficiente como para imponerte a Caraway en este asunto, así que espero que estés lo bastante despierto. Loire me envió a buscarte y me dijo que te trajera en un suspiro. Y eso mismo estoy haciendo. Salvo por lo del suspiro. Eres muy lento poniéndote la ropa, joder.

La puerta del despacho del director, flanqueada por la escolta esthariana del Presidente, estaba ya a la vista y Squall tomó la delantera. Las tres mujeres que componían la escolta de turno de Laguna eran tan altas como Seifer y se hicieron a un lado y le saludaron con un gesto deferente de la cabeza cuando puso su mano en el pomo de la puerta. Deteniéndose entre ellas, mientras su subconsciente tomaba nota de las armas que portaban por pura deformación profesional, Squall devolvió el saludo y se giró levemente hacia Seifer.

-Mantente cerca y haz eso que haces tan bien de parecer insultante solo con respirar.

-O sea, que sea natural –interpretó Seifer con una sonrisa torcida, ignorando las miradas de entendimiento que intercambiaron las mujeres - Hecho.

A punto de compartir una sonrisa con su antiguo rival, Squall retomó el control de sus facciones y abrió la puerta.

El general Martine, sentado en el lugar preferente de una larga y maciza mesa volvió hacia él la mirada y, si le sorprendió o irritó su presencia allí, su expresión imperturbable no se vio alterada por ello. Caraway, sin embargo, no ocultó su disgusto y clavó en él una mirada de odio indisimulado. Por lo visto el bueno del general estaba demasiado cansado por su reciente ordalía como para disimular sus antipatías con su habitual gesto diplomático. Laguna, de espaldas a la puerta, se giró hacia él y su rostro, siempre expresivo, se iluminó de alivio y afecto al verle, aunque la tensión de la reunión que estaba teniendo lugar se dejó notar en la forma tirante en la que sus labios esbozaron una rígida media sonrisa, atípica en él.

La secretaria presente a la derecha del general Martine, una SeeD a juzgar por su uniforme, se levantó de un salto de su asiento y, acercándose rápidamente, puso su mano sobre el brazo de Squall tratando de hacerle retroceder.

-No pueden pasar. Su presencia en esta reunión no ha sido autor…

Seifer se adelantó y aferró el brazo de la mujer, que dejó su frase inacabada con una inhalación de sorpresa.

-No le pongas las manos encima –advirtió y chasqueó la lengua fastidiado cuando Squall le hizo un gesto para que contuviera su agresividad.

-Vuelva a sentarse –ordenó Squall secamente cuando Seifer la soltó. La mujer desvió la mirada hacia Martine, que le dirigió un asentimiento, y, dando evidentes muestras de nerviosismo, regresó a su asiento.

Acercándose él mismo a la mesa, rechazando tomar asiento, Squall desvió la mirada hacia Laguna, sin molestarse en perder el tiempo con introducciones o saludos hacia los mandamases presentes. El general Martine acusó la ausencia de protocolos con un ligero fruncimiento de ceño, pero se abstuvo de realizar ningún comentario al respecto y se limitó a inclinarse hacia su secretaria para susurrarle unas palabras al oído.

-Llegas justo a tiempo, Squall –inclinándose sobre la mesa, Laguna cogió uno de los documentos que estaba delante de Caraway. El padre de Rinoa frunció el ceño, pero no realizó movimiento alguno para detenerlo- Este es el despropósito que el director Caraway se disponía a firmar en nombre del Jardín de Balamb. –le tendió el papel a Squall, pero viendo que los ojos del comandante no se apartaban de él, ignorando el folio que le mostraba, Laguna se lanzó a resumir su contenido- El Jardín de Galbadia exige un pago por su intervención en… -los ojos de Laguna buscaron la línea en el texto- "Ítem número 1: el salvamento de 16 estudiantes del Jardín de Balamb, 3 de sus SeeDs y 7 civiles; Ítem número 2: el perímetro de seguridad establecido en el sureste de Balamb; Ítem número 3: el perímetro de seguridad establecido en la franja costera; Ítem número 4: el rescate del Jardín del Balamb; Ítem número 5: la prestación de servicios de socorro y ayuda inmediata, incluyendo el uso de magias y objetos mágicos; Ítem número 6: el rastreo y rescate de las embarcaciones que se adentraron en el mar… y así hasta 16 puntos, incluyendo tu tratamiento médico. Quieren cobrar hasta por permitirme la entrada en su Jardín –la mirada de Laguna se cruzó con la de Martine, que parecía más satisfecho con la enumeración que un gato tumbado sobre una estufa- A cambio de todo eso, quieren como pago quedarse con lo que queda del Jardín, y con los estudiantes y SeeDs supervivientes.

Squall tomó el papel y, todavía sin mirarlo, se lo tendió a la secretaria.

-Hay que hacer algunas modificaciones –comenzó con voz pausada-. En primer lugar elimine cualquier referencia de entre los medios de pago a los recursos humanos del Jardín. El director Caraway parece haber olvidado que quien toma todas las decisiones concernientes a los estudiantes y al personal, soy yo. Y en modo alguno estoy dispuesto a aceptar semejantes términos.

-Comandante Leonhart –la voz de Caraway sonaba igual de medida que la de Squall y Laguna miró por encima de su hombro para intercambiar una mirada de extrañeza con Seifer. Lo habitual era que Fury Caraway perdiera la calma rápidamente cuando antagonizaba al comandante-, creo que no terminas de comprender la magnitud del desastre que nos ha golpeado.

-Y yo creo, director, que nos está vendiendo demasiado baratos. Acepto que exijan un pago por una ayuda que bien podrían haber prestado desinteresadamente. Lo recordaré por si en un futuro se invierten los papeles y el Jardín de Galbadia sufre algún "desastre" –Squall volvió a mirar a la secretaria, que se sobresaltó y continuó tachando líneas y haciendo correcciones en el documento- Cualquier estudiante o SeeD de Balamb que quiera unirse al Jardín de Galbadia por propia voluntad, podrá hacerlo. Y eso será todo por ahora. No se tomará ninguna otra decisión hasta que no hayan concluido las labores de rescate y hasta que no hayamos hecho nuestra propia valoración tanto de los daños como de su inestimable "ayuda".

Martine realizó un asentimiento, dirigido a la secretaria.

-Me parece razonable –admitió con ecuanimidad.

-Director Caraway, -continuó Squall- si no abandona inmediatamente el Jardín de Galbadia, si no ceja en su empeño de negociar al margen del resto del Consejo y de la Comisión Operativa, y si no suma sus esfuerzos de inmediato a los trabajos de recuperación, le acusaré formalmente de traición –el director abrió la boca y Squall le cortó con un seco gesto de la mano-. Recuerde que en estados excepcionales de emergencia como la presente, los SeeDs también aplicamos la ley marcial, así que no espere un juicio justo.

Martine se levantó de su silla realizando amplios gestos apaciguadores. Verle tan tranquilo y satisfecho, aceptando los términos de Squall como si hacerlo no significara renunciar al provechoso acuerdo que había estado a punto de firmar con Caraway, cuadraba con la imagen que Seifer tenía de él como experto, y artero, negociador. El general Martine siempre obtenía algún beneficio. Siempre.

-No hará falta llegar a semejantes extremos, caballeros –rodeando la mesa, Martine se plantó frente a Squall exudando un paternalismo que casi provocó arcadas en Seifer- Los SeeDs somos aliados ante todo. Unir ambos jardines parecía la solución más sencilla y apropiada dadas las circunstancias, pero escucharemos con sumo gusto cualquier propuesta que Balamb tenga a bien presentar. ¿Serán suficientes 15 días?

-Me alegra verle cambiar su postura con tanta rapidez, Martine –apuntó Laguna, cruzándose de brazos y situándose junto a Squall- Hace unos minutos no estaba dispuesto a considerar cifra alguna de dinero, por desorbitada que fuera, como pago por sus servicios.

-Presidente Loire, usted no tenía la autoridad suficiente para negociar… ni para amenazar en nombre del Jardín de Balamb.

-¡Ja! –la repentina exclamación de Seifer supuso un marcado contraste con el tono contenido en el que se había desarrollado la conversación hasta el momento. Sintiéndose satisfecho al detectar la primera muestra de irritación en el rostro de Martine, Seifer añadió- Algo me dice que no estaban intentando curarte en la enfermería, Squall, sino mantenerte allí fuera de juego. Si yo fuera tú me iría pitando a buscar a la doctora Kadowaki a ver si todavía te queda algo dentro de toda esa mierda que te estaban metiendo.

-Esa es una acusación demasiado grave como para formularla sin pruebas, SeeD Almasy –dándole la espalda a Seifer, dando a entender que no le interesaba en absoluto escuchar su réplica, Martine se volvió a su secretaria- ¿Puede alcanzarme el pago preliminar, Leanna? Muchas gracias.

Tomando el papel que la mujer le tendía se lo alcanzó a Squall, que no hizo ademán alguno para cogerlo y se mantuvo con la mirada clavada en Martine como si fuera un enemigo que pudiera realizar en cualquier momento un letal ataque por sorpresa con una hoja de papel. Laguna terminó por coger el folio y el general lo soltó algo a destiempo, descolocado por la actitud de Squall.

-Considere este pago anulado, como muestra de nuestra buena voluntad negociadora, comandante.

-Es una lista de cinco SeeDs que ya han sido transferidos al Jardín de Galbadia, Squall –informó Laguna mientras sus ojos volaban por el papel- Alistair Guthrie, Felicia Dijon, Locke, Kenan Gantt y Seifer Almasy. Los dos últimos nombres están tachados.

Cinco SeeDs que mantenían o habían mantenido graves enfrentamientos con el director Caraway. Squall le lanzó una mirada amenazadora, deseando poder saltar sobre la mesa y estamparle la cara a su suegro contra la madera, pero hubo de conformarse, por el momento, con disfrutar de su expresión fastidiada e iracunda.

-Seifer Almasy no es bienvenido en este Jardín –apuntó Martine a modo de explicación, ignorando la presencia del susodicho Almasy a pocos pasos de él- Y Gantt está entre las bajas.

¿Kenan entre las bajas? Recordando que había pendientes cuestiones más importantes, a un nivel personal para él, que solventar sus diferencias con el director Caraway, Squall indicó a Seifer la puerta de salida y abandonó la sala sin pronunciar una sola palabra más hasta que ambos, junto a Laguna, se encontraron en el pasillo.

-Gracias por tu intervención, Laguna. ¿Están aquí los niños? –le preguntó en cuanto la escolta presidencial cerró filas en torno a ellos.

-Oh –la expresión del Presidente se iluminó al momento mientras asentía-, no han dejado de preguntar por ti ni un momento, ¡están deseando verte!

Siguiendo a su padre por los pasillos, Squall se volvió hacia Seifer y le preguntó en voz baja.

-¿Quién ha caído?

Comprendiendo que Squall no le estaba pidiendo el largo recuento oficial, sino noticias acerca de aquellos más cercanos a él, Seifer comenzó.

-Hasta donde yo sé, Zell se encuentra todavía en el Archipiélago de Lem con su equipo. Selphie estaba en Trabia y hace poco consiguió ponerse en contacto con el Jardín, así que seguramente esté de vuelta pronto. Quistis fue quien puso en marcha los motores del Jardín. Está bien, acababan de reconstruirle la rodilla cuando la dejé, pero creo que nadie le había dicho todavía lo de Kenan. Irvine está de una pieza, ayudando donde puede y sin quejarse, lo cual no está mal para ser él. Me parece que todo lo que ha pasado le ha afectado en la mollera –añadió, dándose unos toquecitos en la sien- Estaba muy callado, sí, pero preguntaba todo el rato por Rinoa. Rinoa… la llaman el Ángel de Balamb… que ya es ser cursi, pero teniendo en cuenta que acaba de salvarnos de una total aniquilación y que los SeeDs no destacan por su habilidades poéticas, podemos perdonar que no se les haya ocurrido nada más original y grandioso, ¿no crees?

Haciendo una pausa mientras su cerebro recapitulaba, Seifer hizo sitio para Laguna, que se había acercado a escuchar, y continuó:

-Los SeeDs Blancos sufrieron un descalabro total. Fueron los primeros en acudir a prestar su ayuda y lo pagaron muy caro. El Jardín del Mar es pura chatarra quemada y solo quedaban dos SeeDs Blancos en pie cuando dejé el Jardín: Kiki y Lem. El capitán Wolff está en la enfermería. La misma gente a la que estaba protegiendo le rescató cuando cayó, pero su estado es crítico… la enfermería está colapsada con los heridos, ¿sabes? Cuando me fui estaban buscando como locos a nuestro estimado amigo GF, la Dominación, y había un par de idiotas presentándose voluntarios para invocarlo e intentar una sanación colectiva. –cuando habían llevado al GF al Jardín, el precio que se cobraba con cada invocación había sido estimado como inaceptable por el Departamento de Estudio de GFs, y la entidad había sido sellada y puesta a buen recaudo en un lugar "seguro"- ¿Tú sabes dónde diablos lo metieron?

-Shu se encargó del asunto –contestó Squall negando con la cabeza.

-Pues Shu está entre las bajas. –Seifer sacudió la cabeza con pesimismo- Nida ha salvado el pellejo, igual que ese tipo que trabaja contigo… el calvorota, ¿Derek? Ese mismo. Ohashi, también está entero. Te apuesto lo que quieras a que en el futuro solo quedarán en el mundo las cucarachas y él. Y hablando de cucarachas… el Consejo al completo ha salvado el pellejo. Lo triste es que varios SeeDs han muerto defendiéndoles… ¿en qué diablos estarían pensando?

-¿Lía? –preguntó Squall.

-Ni idea. Solo le di una ojeada a la lista de bajas entre los SeeDs. Es una putada lo de Kenan. No es que me cayera bien, pero le debía una, ¿sabes? Odio dejar mis deudas sin pagar.

-Busca a su hermana –sugirió Squall- Averigua si está bien y asegúrate de que no le pase nada. Muchos se volverán contra ella, no es la primera vez que la acusan de provocar una desgracia.

-¿En serio? Jodidos supersticiosos…

Seifer frunció los labios y se detuvo junto a la puerta mientras Squall y Laguna entraban en uno de los dormitorios que jalonaban el pasillo de la zona residencial del Jardín. Apoyando la espalda en la pared, manteniendo la distancia con la escolta de Laguna, comenzó a mordisquearse los labios con nerviosismo.

Él era uno de esos jodidos supersticiosos, maldita fuera su suerte podrida, pero no pensaba admitirlo ante nadie y mucho menos ante Squall. Todo el mundo sabía que Lía Gantt echaba mal de ojo. La chica estaba maldita y punto. No había más vueltas que darle. Se decía que si tocaba la piel a un tío un día que estuviera menstruando, al tipo en cuestión no se le volvía a levantar el cipote nunca más. No es que él se lo creyera, claro, al menos, no del todo. Pero sí era verdad que la pájara en cuestión era agorera, funesta y desagradable.

O eso se decía.

Lía formaba parte del personal civil del Jardín, concretamente trabajaba en el departamento de armamentística. Dada su impopularidad, no atendía las demandas de los SeeDs personalmente, sino que dedicaba su jornada al mantenimiento, clasificación y compra de armas, componentes y accesorios. Seifer la había visto pocas veces, y siempre junto a su hermano. De alguna forma, ver uno al lado del otro a dos especímenes de la misma especie, les hacía parecer menos raros. Lía casi parecía normal al lado de Kenan. Y, aunque Seifer había llegado a acostumbrarse al centrano, de alguna forma retorcida su cerebro se negaba a aceptar a su melliza.

Pero Kenan había muerto sin que él hubiera tenido la ocasión de devolverle el favor que le había hecho, un favor por el que el centrano se había colocado a sí mismo en el epicentro del odio del director Caraway durante meses. Su sentido del honor aguijoneaba su conciencia con punzadas continuas, instándole a pagar la deuda contraída de alguna manera.

Soltando una ristra de palabrotas que provocaron que la escolta de Laguna volviera hacia él una terna de miradas reprobatorias, Seifer se apartó de la pared y se alejó dando largas, irritadas zancadas. Squall estaba con Laguna y con sus hijos. Ni Caraway ni no-te-quiero-en-mi-Jardín Martine se atreverían a ponerle la mano encima en un ataque directo ahora que estaba despierto y alerta. Seguramente el siguiente paso de Squall sería reunirse con su adorada bruji-esposa para luego dedicarse a chanchullear con Quistis o con quien estuviera disponible para poner en marcha nuevamente el Jardín. Ya no necesitaba una niñera.

Y él tenía una misión que cumplir.

Mientras aporreaba los controles en el garaje usando el ID de Squall para obtener un vehículo blindado, decidió empezar su búsqueda de la centrana por la enfermería del Jardín de Balamb.

Mientras aceleraba por la planicie, atento al surgir de cualquier monstruo, cruzó los dedos mentalmente, deseando que estuviera muerta.