Alquimista viajero II.

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No era nada sencillo avanzar por el denso bosque en completa oscuridad, la luz que llevaba consigo era insignificante, su brillo era insuficiente, débil, con suerte le permitía ver una distancia considerablemente favorable, pero, aun así, la mayor parte de su brillo no alcanzaba las sombras del bosque, siendo como una profunda oscuridad consumiendo todo a su paso.

La luz de la luna estaba oculta detrás de las espesas nubes de tormenta, añadiéndole a la nieve dificultando su paso y su visión, la tarea de buscar a cierta persona se hizo más complicada, sus pies se enterraban en la profunda nieve, había tenido la necesidad de colocarse una bufanda para cubrir parte de su cara, el aire gélido era irrespirable, lastimando sus pulmones al intentarlo; se escondió dentro de la bufanda y la capucha, clavando un paso adelante sobre la nieve con fuerza para estabilizar su avance.

Sus pasos se hicieron lentos, cayendo sobre la helada nieve, apoyando débilmente sus manos sobre esta, e incluso aun con sus guantes puestos, la nieve gélida transmitía su frío a través de sus manos, su visión apenas era clara, pero quizá no estaba delirando al ver una figura borrosa a la distancia, tenía que averiguar quién era.

Se levanto con cuidado, tratando de no volver a caer, sus temblorosas piernas apenas manteniéndolo en pie pudieron hacerle avanzar hasta el lugar donde antes había estado la figura.

No había nada ni nadie, tal vez si imaginaba cosas y tal síntoma era preocupante, mostrando lo terrible que era su explosión al clima actual; pero se atrevió a preguntarle al aire por si acaso, "¿Adira?", murmuro débilmente, su voz apenas audible llego a ciertos oídos, que hicieron a la persona oculta entre la frondosa vegetación estremecerse con anticipación.

Ciertamente no esperaba estrellarse contra el suelo y perder el poco aire de sus pulmones, por instinto intentó recuperarlo al inhalar, pero hacerlo era más complicado con el peso de una persona sobre su cuerpo, no lo había visto venir, salió prácticamente de la nada aparente, y aunque tuviese la oportunidad de haberlo visto, seguro evitarlo era algo imposible; su velocidad, su fuerza, su camuflaje y su ataque sorpresa fueron los instrumentos utilizados para atacarle e impedirle escapar.

Alguien estaba diciendo algo, el sonido sonaba como una bruma espesa, sin importar cuanto enfocara su mente en descifrar sus palabras, el resultado era negativo; quizá no escuchaba bien porque el golpe de su cuerpo contra el suelo fue demasiado, aunque un ligero toque de molestia podía ser detectado, poco a poco su mente fue aclarándose junto con su visión, finalmente comprendiendo y viendo quien se lo decía.

"¿Quién eres tú?", interrogó una voz femenina, con fuerza y evidente molestia de no haber obtenido una respuesta anteriormente.

"No puedo…", Varian logró apenas responder.

"No puedes, ¿Qué?", gritó, presionándole más con su peso, evitando que escapara, "¡No puedes decirme!", exclamó molesta de tener un espía posiblemente peligroso delante de ella.

"Respirar…", dijo débilmente, sintiéndose de alguna forma morado.

Con esa simple palabra, el peso sobre el desapareció, permitiéndole respirar correctamente de nuevo, el aire seguía estando helado, doloroso de inhalar, sin embargo, sigue siendo oxígeno, no iba a quejarse de su temperatura; tosiendo y torciendo la cara en una expresión de dolor, le palpitaban las costillas, pero imagina que nada debe estar roto, la nieve había entumecido un poco el daño y su cuerpo, complicando un poco hacer un análisis final.

Sorprendentemente, sin ningún esfuerzo, fue levantado de su cómoda, fría y blanquecina área de descanso, viendo un poco mejor que antes a la persona que le capturo, era una mujer alta, de cabello blanco, con un lado de su cara pintado con un tinte rojizo y vestimenta extraña, adornado por un símbolo familiar, la alarma sonaba en su mente, pero el recuerdo no llegaba a su cabeza, lo dejo pasar por el momento, centrando su atención en el captor.

"No lo repetiré de nuevo", su voz era amenazante, indicando a la perfección que lamentaría hacer que lo repitiera más tarde, "¿Quién eres?", preguntó, mirándole de forma en que le desafiaba no contestar, para probar que ella no mentía con su amenaza; con eso le dejo caer sobre la nieve, no le hizo daño, era demasiada para conseguirlo y con miedo, Varian se dio cuenta de que está acostumbrándose a caer sobre la nieve.

"¿Eres Adira?", cuestionó, preguntándose qué clase de personas conoce su padre, era demasiado tranquilo en carácter y apariencia como para asimilar algo similar a una amistad con esta persona tan impredecible.

"Es demasiado grosero responder una pregunta con otra", reprendió ella, quien intento volverle a levantar, pero una bola de pelo llena de nieve saltó sobre el niño, erizándose como un gato y gruñendo por atacar a su amigo.

El mapache se mantuvo sobre él, al menos no pesaba tanto como para hacerle daño, más del que siente y tiene en ese momento; ella decidió dejarle allí, sabiendo que no obtendrá respuestas si decide atacarles de nuevo.

"Pero para responder a tu pregunta, si soy yo", el peso de la afirmación cayó sobre él, siendo más frío que la nieve misma, "Sígueme, perece que tienes preguntas que responder", ordenó, encaminándose a la tenue luz en la distancia, dejando que el niño le siguiera cuando estuviera listo.

Si esta mujer no mentía, su padre si algún día llega a ser liberado tendrá que darle muchas explicaciones, la imagen de su padre, el hombre tranquilo que es, a un lado de ella, es un tanto, difícil de asimilar, no coincide y lo hace sentir fuera de lugar, que se esta perdiendo algo importante, de lo cual, aparentemente nunca le comentaron.

Varian sintió que era ella quien debía responderle primero, pero se había entrometido y casi siendo aplastado de muerte por ello, tantas interrogantes acaparando su mente le mareaban, o tal vez era el frío, quizá eran ambas; intento levantarse, sin embargo, era incapaz de levantarse, su cuerpo se entumeció ante la explosión constante del clima, el aire era aún más helado para respirarlo y lastimaba sus pulmones, abrazó al mapache con la poca fuerza en sus brazos.

Adira volteó al no escuchar los pasos del niño detrás de ella, y no oír sus reclamos y preguntas, el niño seguía allí, sentado y encorvado sobre sí mismo, abrazando a la bola de pelo gris; el agarre sobre el mapache se hizo más débil y con el simple soplo de viento, el niño volvió a estrellarse contra la nieve, como si esta estuviera llamándole a estrellarse sobre ella; encendiendo la alarma en Adira quien corrió a él, deteniéndose rápidamente ante la bola de pelo protectora.

"No voy a hacerle daño", dijo alzando ambas manos en señal de rendición, dejando de lado la idea sobre intentar atacar al niño.

El mapache permaneció impasible, era increíble la mirada analítica y juzgadora que sentía provenir de él, este pasó a mirar a su dueño, mostrando una clara preocupación por la condición en la que estaba; necesitaba la ayuda de ella, emitió un simple sonido interrogativo en la dirección de la mujer desconocida, en la cual, el padre de su dueño confiaba y Varian buscaba, si lo hizo, también intentaría creer en ella.

'¿Lo ayudaras?', era un ruido simple, característico de su especie, ella no sabría que dijo, pero esperaba que pueda comprender, optó su pose defensiva, transmitiendo el mismo mensaje, en caso de obtener una respuesta negativa, atacará.

Adira conocía esa pose, lo vio antes de los binturongs de Héctor, indicando el 'te atacaré si atacas, si no lo haces, te dejare en relativa paz'; "Debo ayudarlo, se congelará allí", y con esa simple respuesta, una afirmación de apoyo era mejor que cualquier promesa, Ruddiger se bajó, dejando a Adira aproximarse.

Adira levantó al niño, aun respiraba, lentamente, pero lo hace, era suficientemente bueno, tu tez era pálida, cual fue el motivo, muchos factores jugaban su papel en hacer que el niño pareciera un fantasma.

"Niño tonto, ¿Qué estás haciendo solo en esta tormenta?", preguntó a la nada en particular, pero el mapache ha escuchado, sintiéndose y mostrándose ofendido, pues le estaba acompañando, y luego desinflándose en apariencia, teniendo una triste expresión en sus facciones, como si conociera la respuesta a la pregunta.

Recogió al niño y sus cosas, levantándole y mirando mejor, lo que la oscuridad le ocultaba, era un simple niño, un niño tal cual el termino, pensó haber estado imaginando cuando lo alzo, era tan delgado y pequeño, se burló internamente por temerle, no había manera en que, si se enfrentaran, ella terminara perdiendo.

Aunque los enemigos pequeños no deben ser juzgados, hay esos que son inteligentes, una potencial amenaza a su misión, quizá él lo era, sin embargo, su joven edad volvía absurdo que supiera quien era, y aun así sabe su nombre; Adira suspiro, ella también tenía muchas preguntas que hacerle, no permitirá algún daño sobre él, al menos hasta aclarar sus propias dudas.

El mapache aun le miraba sin confianza, como era posible la dura mirada juzgadora era un misterio interesante, "Tranquilo, no me atrevería a hacerle daño", y mucho menos en el estado que se encuentra, era un posible enemigo débil, no valía la pena enfrentarse a alguien así.

"Además tiene muchas preguntas que responder", dijo llevando al niño en sus brazos y Ruddiger siguiéndole de cerca.

Si era o no su enemigo era algo que descubrirá cuando el niño se levante y mejore, y en caso de no serlo, será bueno tener un aliado, pero si era un enemigo, ya verá más tarde que hacer si se llega a dar ese resultado.