7. ¡ES UNA TRAMPA!
Cuando Mauricio les avisó a los huéspedes que era la hora de la cena, ya todos se habían cambiado de ropa. Las Sailor Guardians habían vuelto a sus formas normales, con ropas normales. Garfield y Serena Tsukino fueron los primeros en sentarse en la mesa. Luego llegaron todos los demás a sentarse; era una larguísima mesa con suficiente espacio para todos; estaba adornado con unos candeleros dorados que hacían muy llamativa la presentación de mesa.
Los pececillos gigantes llevaron unas carretillas con varios platos. Comenzaron a servir los platillos a cada uno. Primero sirvieron ensalada de pollo, el cual se veía presentable y muy apetitoso. Los primeros en empezar fueron Garfield y Serena quienes, por lo hambrientos que estaban, se la devoraron en un santiamén, a pesar de Garfield odia la ensalada. Odie, Nermal, Binky y Floyd fueron los siguientes en devorar la ensalada.
- ¡Oigan! –exclamó exasperada Rei -¡Coman más despacio! ¡Parecen un montón de mandriles!
- Olvídalo –dijo Jon con resignación –Creo que no te van a escuchar.
- Y bueno –intervino Ami tratando de amenizar el ambiente -¿Y usted a qué se dedica, señor Bonachón?
- Soy caricaturista –respondió él mientras comía su ensalada –Trabajo en una editorial donde me pagan lo suficiente como para alimentar a estos dos –dijo señalando a Garfield y a Odie.
- ¿Y qué es lo que dibuja en sus caricaturas? –preguntó curiosa Mina.
- Uff, de cualquier cosa –respondió Jon con cierto tono de orgullo –Una vez dibujé una historieta en donde Odie, disfrazado de superhéroe, me inspiró para hacerla de un perro que combate el crimen. Lástima que no tenga mis viñetas originales.
- ¿Y usted, señorita…? –preguntó Lita a Liz.
- Liz Wilson –respondió ella –Soy veterinaria y ando saliendo con Jon. Al principio sólo éramos amigos, pero ya nos convertimos en novios –Jon y Liz se miraron de reojo ruborizándose.
- ¿Y ustedes dos? –preguntó Serena mientras masticaba su comida, dirigiéndose a Herman y a Binky.
- Yo era una de las estrellas más populares en la televisión –dijo Binky –Tenía una gran audiencia y mucha gente miraba mi programa. Hacía reír a todo el mundo con mis rutinas.
- Solamente hace reír a aquellos que tenían tapones en los oídos –dijo en voz baja Herman a modo de burla, pero Binky lo escuchó y le lanzó una tarta de crema en la cara del cartero. Serena y sus amigas comenzaron a reír.
- ¿Y qué me dice usted? –preguntó Artemis a Herman, mientras éste se limpiaba la crema del pastelazo que le proporcionó Binky.
- ¿Yo? –preguntó el cartero de forma despistada –Pues, toda mi vida quise ser cartero, para que la gente me viera y me dijera: "¡Oh, señor cartero! ¡Estamos contentos de verlo!". Pero eso fue hasta que conocí a ése gato –señaló a Garfield –Y desde entonces, cada vez que voy a su casa a entregar el correo, siempre me recibe con alguna desagradable sorpresa –Herman sacó de su bolsilla una pequeña libreta y se las mostró a las chicas –En ella aparecen todas las cosas que ese gato me ha hecho en el cumplimiento de mi deber.
Las chicas se acercaron para leer los apuntes y quedaron con cara de "What?", pues muchas de ellas no tenían ningún sentido. ¿Cómo es que un pequeño gato naranja pudiera hacerle eso al pobre cartero?
- ¿Hay alguien que confirme lo que dice esta libreta? –preguntó Rei con suspicacia.
- Sólo hay una persona –señaló a Jon, quien estaba sentado hacia su lado izquierdo.
- ¿Y por qué no le ha puesto límites a su gato, señor Bonachón? –preguntó Ami.
- ¿Creen que no lo he hecho? –respondió Jon de forma socarrona –De todos modos, cualquier castigo que le imponga, parece ser que no surte efecto en él. Es un gato bastante astuto y listo, eso tengo que reconocerlo.
Las chicas se le quedaron viendo al felino naranja, cómo sorbía la sopa que sirvieron los pececillos después de la ensalada. A simple vista parecía un felino normal, con algo de sobrepeso; nada fuera de lo común e incapaz de hacer todas esas maldades que le hacía a Herman.
- ¿Y ustedes? –preguntó Mina a Orson y a sus amigos.
- ¿Nosotros qué? –preguntó Lanolin de forma brusca. Las chicas se incomodaron ante el tono de la oveja hembra.
- ¿A qué nos dedicamos? –preguntó Orson –Pues vivimos en una granja. Ahí siempre pasan cualquier tipo de cosas. Mis hermanos –señaló a los tres grandes cerdos –siempre tratan de robar lo que se cultiva en la granja; mientras que el lobo, el zorro y la comadreja –señaló a los tres –siempre tratan de robarse las gallinas.
- Y por eso aquí estoy para protegerlas –dijo Roy con tono arrogante.
- Tengo una pregunta para ti –dijo Lita a Wade -¿Por qué siempre te portas como un cobarde?
- ¿Yo? –respondió el pato con los nervios a flor de piel y un ligero rubor en su cara –Yo no me comporto como un cobarde; YO SIEMPRE HE SIDO UN COBARDE. Mi padre también ha sido un cobarde.
- ¿Y por qué no has logrado superar esa cobardía? –siguió preguntando Lita al pato.
- Ehhh… -Wade no supo qué responder –Yooo…
- En algunas ocasiones ha tenido momentos en los que ha demostrado ser un valiente –intervino Sheldon.
- Pero son ocasiones que puedes contar con los dedos de tu mano –dijo Roy.
- ¿Has tratado de buscar ayuda para tu cobardía? –preguntó Ami.
- ¡Ufff! –respondió el pato –Mis amigos han tratado de quitarme lo cobarde de diversas maneras: hipnosis, psiquiatras… pero todo ha sido un fracaso tras otro –dejó caer su cabeza en la mesa.
- Pero ya nos acostumbramos a eso –confirmó Bo -¿No es verdad, hermana? –se dirigió a su hermana Lanolin, pero ella solamente le lanzó un ¡Ja!
- ¿Acaso ustedes nunca se llevan bien? –preguntó curiosa Mina.
- Son como el agua y el aceite –dijo Orson –En muy raras ocasiones se ponen de acuerdo en algo.
- ¿Y tú qué rol tienes en la granja? –preguntó Rei al gallo.
- Soy el jefe de la granja –dijo Roy de forma petulante.
- En realidad es el bromista de la granja –confirmó Bucker –Nos hace bromas pesadas a todos.
- No me digas –dijo Serena mirando fijamente al gallo, quien se puso nervioso al ver las miradas inquisitivas de parte de las chicas.
La conversación se interrumpió cuando Mauricio anunció la llegada del plato principal: Hamburguesas a la plancha con papas fritas, pizza y hot dogs. Ahí los pececillos gigantes los pusieron en la mesa para que cada quien eligiera lo que gustara.
- Por cierto –intervino Luna dirigiéndose a los tres cerdos –veo que ustedes y Orson tienen un gran parecido. ¿Acaso son parientes?
- Por desgracia, sí –intervino Orson apesadumbrado –ellos son mis hermanos mayores y, cada vez que aparecen en la granja, si no es para robarse los cultivos, me bulean usándome como balón para un juego que ellos llaman Chanchibol –el cerdo se llevó las manos a la nuca negando con la cabeza.
- ¡Eso es terrible! –intervino Artemis estupefacto.
- Pero es muy divertido –dijo bruscamente Mort, el más bajo de los tres -¿No es así hermanos? –Los tres comenzaron a reírse a carcajada saliente, causando indignación al resto del grupo.
De repente, cuando ellos dejaron de reír, vieron que todo el mundo los miraba de manera inquisitiva, como si hubieran cometido el crimen del siglo. Entonces los tres se encogieron asustados al ver cómo las miradas se clavaban sobre ellos, excepto el zorro, el lobo y la comadreja, que permanecieron ajenos a la situación.
- De veras que ustedes no tienen vergüenza –soltó Rei enfadada -¿Les gusta aprovecharse de los más débiles sólo porque son más grandes?
- Es lo que se llama la Ley del Más Fuerte –intervino Gort, el cerdo mediano, desafiante -¿Y quién eres tú para decirnos cómo comportarnos? ¿Eh? No creo que tengas los tamaños para enfrentarte a los tres juntos.
Craso error. Rei se levantó de la mesa con un aura encendida y, de inmediato, les propinó a los tres cerdos una paliza, dejándoles enormes chichones en la cabeza.
- ¡¿Decían?! –preguntó Rei mirándolos fijamente con intensa ira.
- Se lo buscaron –dijo la comadreja y el lobo y el zorro sólo asintieron con la cabeza, para luego, de la nada, sacar unos cartelones blancos con números, calificando lo que había hecho Rei: el lobo le puso 10, el zorro 10 y la comadreja 9.5. Orson y sus amigos aplaudieron a Rei por darles su merecido a los tres cerdos, mientras ésta regresaba a su lugar en la mesa.
- ¿Y ustedes? –preguntó Liz -¿A qué se dedican, chicas?
- Somos estudiantes de secundaria –respondió Ami –Pero… bueno, creo que ya saben quiénes somos en realidad.
- Pero, ¿Cómo es que adquirieron esas identidades? –preguntó interesado Nermal.
- Pues todo comenzó cuando conocí a Mina –explicó Artemis –Ella y yo combatíamos el crimen en Londres.
- Antes de ser Sailor Venus –continuó Mina –peleaba bajo la identidad de Sailor V. Pero un incidente en uno de esos casos obligó a tener que retirarme de combatir el crimen.
- Después –continuó Luna –En Tokio, Serena se topó conmigo en una de esos días en que iba tarde a la escuela.
- Lo cual es casi siempre –dijo burlonamente Rei, lo cual provocó que la de odangos le lanzara una mirada dura.
- Me encontré con Luna y vi que tenía unas banditas sobre su frente –continuó Serena con la historia –Se las quité y vi que tenía una cicatriz en forma de luna en la cabeza, así que pude adivinar de inmediato su nombre.
- ¡Dah! –respondió burlonamente Binky. Jon le hizo una señal para que se callara.
- Luego esa misma noche –continuó la rubia –se presentó Luna en mi habitación y me explicó que yo era la reencarnación de una princesa que gobernaba lo que se conoce como El Milenio de Plata. Me dio este broche –les mostró el broche que tenía sobre su pecho –con el cual puedo transformarme en Sailor Moon cada vez que hay peligro.
Algunos se mostraron interesados con la historia, pero otros se mostraban escépticos, especialmente Garfield, Bucker, Roy, los hermanos de Orson, la comadreja, el lobo y el zorro.
- Luego, poco a poco, fueron apareciendo las demás Sailor Guradians –explicó Luna –primero fue Ami, quien es Sailor Mercury, Rei Sailor Mars y Lita Sailor Jupiter.
- ¿Ustedes saben quién es esta tal Reina Beryl que anda causando el caos? –preguntó el pequeño Rosco.
Luna y Artemis comenzaron a relatar toda la historia del Milenio de Plata, Tokio de Cristal, la reina Serenity y el rey Endymion, el ataque del Negaverso, el sacrificio de la Reina y la caída inevitable de Tokio de Cristal.
Todos se quedaron sin habla, anonadados ante tanta información. No obstante, la mayoría de los presentes se mostraron bastante escépticos, pues no había pruebas que respaldaran su historia.
- La verdad yo prefiero las historias de terror –terció Bucker con cinismo.
- ¿Y tienen alguna prueba factible de lo que dicen? –preguntó Rosco con suspicacia.
Las chicas estaban nerviosas ante las miradas del resto del grupo, como si estuvieran en una especie de juicio; no supieron qué decir en su defensa, pues todos se les quedaban mirando, esperando una prueba que respaldara el relato de los dos felinos. Incluso a Ami, la más inteligente del grupo, no se le ocurrió nada para defender ese relato.
- Eso pensé –dijo Garfield decepcionado –No tienen pruebas. ¿Cómo esperan que les creamos si no poseen pruebas? Porque entonces su relato no tiene ninguna validez. Tal vez, después de todo, ustedes quieren engañarnos con todo este cuento y sólo quieren aprovecharse de nosotros –todos comenzaron a discutir entre sí lo que dijo el felino naranja, pues el punto era válido.
- Luna ¿Qué hacemos? –preguntó Lita nerviosa ante, lo que al principio era una cena amena, de repente se transformó en una especie de interrogatorio policial pero sin policía.
- ¡A ver! ¡Escuchen! –intervino Nermal –Creo que es mejor que dejemos esta conversación que no nos está llevando para ninguna parte; mejor que nos vayamos a la cama y así resolveremos mejor este asunto ¿Ok?
Nadie dijo nada al respecto y todos se fueron retirando antes de que los pececillos sirvieran el postre.
- ¿Ya se van a retirar? –preguntó Mauricio -¿No van a esperar al postre? Tenemos cheese cake con zarzamora.
- ¿Nos lo podrían llevar a nuestros cuartos, por favor? –preguntó Jon –Es que ya tenemos mucho sueño.
- Con gusto –dijo Mauricio y ordenó a los pececillos que les llevaran el postre a los cuartos.
Mientras tanto, las chicas, que se aprestaban para ir a dormir, y con el postre servido, sintieron que aquella cena pasó de algo agradable a un momento bastante incómodo, pues quedaron completamente en ridículo ante las preguntas del felino naranja, los cuales no pudieron responder ni defender el relato de Luna y Artemis.
- Eso fue realmente brutal –terció Rei.
- A mí me dio escalofríos la forma en que nos miraban –dijo Serena a punto de llorar –Creyeron que estábamos locas o que los estábamos engañando.
- Parecíamos un grupo de idiotas por no decir nada –dijo Lita enfadada.
- ¿Y tú por qué no saliste a defendernos, Ami? –reclamó Mina desconcertada.
- ¡¿Yo?! –respondió la peliazul ante tal pregunta -¡Del que sea inteligente no significa que tenga las respuestas para todo, Mina! ¡Si me pidieran que creyera un relato que parece sacado de un cuento de hadas, yo también lo pondría en tela de juicio! Sin pruebas, el relato no se sostiene por sí mismo.
- ¡Ah! –replicó Mina comenzando a perder los estribos -¡Entonces te estás poniendo de parte de ellos!
- ¡YO ESTOY DE PARTE DE USTEDES, MINA! –exclamó Ami exasperada -¡PERO DEBES ENTENDER QUE LO QUE ESTABA PREGUNTANDO EL GATO NARANJA TENÍA PUNTOS BASTANTE VÁLIDOS!
- ¡AL MENOS PUDISTE DECIR ALGO, CUALQUIER COSA PARA SACARNOS DE ESE APURO! –exclamó Mina con la cara poniéndose cada vez más colorada.
- ¡¿Y YO POR QUÉ TENGO QUE SER LA QUE DÉ LA CARA POR TODOS?! ¡¿EH?! –exclamó Ami, cuyo rostro también estaba adquiriendo un tono rojo de ira -¡USTEDES TAMBIÉN PUDIERON DECIR ALGO AL RESPECTO, PERO SE QUEDARON COMO TONTAS SIN DECIR UNA SOLA PALABRA! –Los demás se asustaron por el tono de voz entre las dos. Ami se quedó jadeando el esfuerzo por haber levantado la voz de esa forma, pues nunca antes había discutido así con nadie, ni siquiera con sus amigas.
Mina y Ami se quedaron mirándose una a la otra fijamente durante un momento, para luego darse la media vuelta y no dirigirse la palabra en toda la noche. El ambiente reinante en la habitación pasó de incómodo a tenso en sólo unos minutos. Nadie quiso hablar con alguna de ellas para evitar otra pelea innecesaria, por lo que se fueron a dormir. Tuvieron que compartir camas: Mina se acostó con Lita, Rei con Ami y Serena con Luna y Artemis.
Desafortunadamente, las paredes del hotel no tenían algo que amortiguara el ruido de las demás habitaciones, por lo que todos los demás oyeron la discusión entre Mina y Ami.
- Bueno, Garfield –dijo Jon con tono de reproche –Espero que estés satisfecho. Ahora ellas posiblemente no nos vayan a ayudar a recuperar la ciudad.
- Cálmate, Jon –le dijo Liz mientras se ponía la pijama –Tanto Garfield como Cactus Jake tenían puntos bastante válidos. ¿Cómo saber que todo ese relato no era nada más que una historia de fantasía? Deberían tener pruebas que validaran toda esa… charada que, la verdad, no tenía mucho sentido. Sólo piénsalo un poco. Aunque tengan buenas intenciones, de todos modos hay que dudar hasta que sepamos realmente qué es lo que se traen. De todos modos hay que darles el beneficio de la duda.
- Tal vez tengas razón, Liz –se resignó el de pelo castaño ante los argumentos de su novia.
- Bueno –dijo Garfiel –parece ser que vamos a tener que cuidarnos antes de confiar en ellas. Díganme –les preguntó a Odie, Nermal y Floyd -¿Acaso ustedes creyeron en esa absurda historia? –Odie se encogió de hombros en señal de no saber, Nermal dijo que sí, mientras que Floyd tampoco supo qué responder –¿Y tú? –preguntó el felino naranja al de color gris -¿Por qué crees en esa historia?
- Bueno, yo… -Nermal trató de contestar la pregunta, pero lo único que dijo fue –No sé.
- Eso pensé –dijo resignado Garfield, pero Nermal volvió a hablar.
- Pero eso no quiere decir que no confíe en ellas –continuó el gato gris –Me ayudaron cuando nadie más me ayudó, así que es como si estuviera en deuda con ellas.
- Nermal, despierta –dijo Garfield tomando a Nermal de los hombros –Hace apenas unos meses que las conociste y crees que ya te hiciste amigo de ellas. ¿Alguna vez te preguntaste si solamente te estaban tomando el pelo?
La cabeza de Nermal comenzó a darle vueltas. Sabía que Garfield tenía razón en lo que decía, pero a la vez se negaba a aceptarlo, pues había hecho amistad con Luna y Artemis y no los creería capaces de engañarlo. Se agarró la cabeza con ambas patas y se fue hacia un rincón del cuarto, apartado de todos.
Decidieron no hablar más del asunto y cada quien se fue a dormir.
En otro cuarto, Orson y sus amigos también escucharon el griterío en el cuarto de las chicas, por lo que también se pusieron a platicar del asunto.
- Ese relato que contaron resulta más falso que las historias que nos cuenta Orson –dijo Bucker -¿Tú les creíste algo, Sheldon?
- La verdad no sé qué pensar, Bucker –dijo el huevo con patas -¿Y si es verdad?
- Yo les creo a ellas –dijo Bo.
- Pues yo no –dijo Lanolin.
- Yo también les creo –dijo Wade.
- Pues yo tampoco creo en ese loco cuento de hadas –afirmó Roy.
- ¿Orson? –preguntó Sheldon al cerdo.
- La verdad –dijo el cerdo cuidando las palabras –Yo no sé qué creer al respecto. Perdonen, chicos, pero la verdad es que quiero creerles a esas chicas, pero a la vez no puedo evitar sentir dudas al respecto.
- Y por cierto –dijo Bucker –no pude evitar notar que esa chica alta de pelo castaño se te quedaba mirando de forma muy… interesada, Wade.
- ¡¿Qué?! –exclamó Wade sobresaltado ante tal pregunta -¡¿De-de-de qué estás hablando, Bucker?! Cuac.
- ¡Oh! ¡Vamos, Wade! –dijo Lanolin –Cuando tú la mirabas sudabas a chorros y tus mejillas se pusieron coloradas.
- ¿Acaso no será que alguien estará… enamorado? –preguntó en tono burlón el gallo.
- ¡¿Qué tonterías dices, Roy?! –respondió aterrado el pato, aunque después admitió –Bueno, s-s-s-sí, la verdad es que me atrae esa chica –Todos comenzaron a sonreír de forma pícara mirando a Wade.
- ¡Vamos, chicos! –intervino Orson –Cualquiera tiene derecho a sentir atracción hacia una persona, incluyendo Wade. Yo creo que él se siente atraído hacia ella porque es exactamente lo opuesto a él: valiente, fuerte y alta.
- ¿Y tú cómo sabes todo eso, Orson? –preguntó Wade, admirado por el argumento de su amigo.
- Leí un poco de psicología –respondió el cerdo -¿Alguno de ustedes, chicos, sintieron atracción hacia alguna de las otras chicas? Yo, en lo personal, me atrae la peliazul, principalmente porque también le encanta leer –admitió Orson.
- ¡¿Tú, atraído?! –preguntó burlón Roy para después echarse al suelo, riendo a carcajada saliente. Los demás decidieron ignorarlo.
- Bueno, creo que es mejor que nos vayamos a dormir –dijo Bo –mañana tenemos mucho qué hacer.
- Sí –dijo Sheldon -¿Nos podrías contar una historia, Orson?
- Lo lamento, chicos –se lamentó el cerdo –Ahorita no se me ocurre ninguna historia qué contarles.
Todos fueron a la cama después de todo lo que pasó.
En otro cuarto, Rosco, Herman y Binki se preparaban para dormir. Pero antes de hacerlo, Rosco recibió un mensaje en su laptop.
- Si no es molestia que pregunte –dijo Herman -¿Con quién estás hablando?
- Con un contacto con el que he estado charlando un poco antes de que todo este desastre ocurriera –respondió el niño –Es un científico que muchos califican de loco, pero yo creo que él es una de las mentes más brillantes que hayan existido.
- ¿Y sabes su nombre? –preguntó el payaso.
- Sí, su nombre es… -pero antes de que dijera el nombre, notó un olor muy extraño en el cuarto -¿Oigan, no notan un aroma extraño?
- Tal parece que a alguien no le cayó bien la cena –inquirió Binky burlonamente –Je je je.
- ¡Oye! –replicó el cartero.
- No –dijo Rosco mientras olfateaba –este no es el típico olor de una flatulencia. Esto es –luego su rostro se descompuso al reconocer el olor -¡Oh, no! –salió corriendo del cuarto para alertar al resto.
- ¡Amigos! –exclamó el niño -¡Salgan de los cuartos! ¡Están impregnando los cuartos con gas! –luego empezó a toser.
Entró al cuarto donde se hallaban Jon, Liz, Garfield, Floyd, Odie y Nermal y los halló dormidos. Luego, notando que sus fuerzas estaban abandonándolo, se dirigió al cuarto de las chicas, donde también ellas estaban desmayadas, incluyendo a los felinos. Luego trató de regresar al cuarto para pedir ayuda por internet, pero finalmente sucumbió ante el gas y cayó al suelo profundamente inconsciente.
Luego aparecieron, en medio de la espesa niebla, el gerente del hotel, su ayudante Mauricio y los pececillos mutantes, todos cubiertos con máscaras de gas.
- Bueno, chicos –dijo el gerente –parece que todo salió a la perfección ¿No creen? –Mauricio y los pececillos respondieron levantando los pulgares –Bueno, es hora de llevarlos a la ciudad y a los animales de vuelta a la granja. Me comunicaré con ellos.
El gerente fue a la recepción y, del techo, apareció una pantalla gigante, la encendió y en ella aparecieron tres figuras conocidas: Neflyte, Zoycite y Kunzite.
- Señores, ya los tenemos – dijo el gerente –en unas pocas horas estarán en sus manos.
- Perfecto –dijo Neflyte –ahora sí la reina Beryl estará más que satisfecha por tener a las Sailor Guardians en sus manos.
- Mauricio y yo llevaremos a las chicas y a algunos de sus acompañantes a la estación de televisión –explicó el gerente –Mientras que los pececillos llevarán a los animales de granja de vuelta a su hogar –dijo dirigiéndose a Zoycite y Kunzite.
- Bien –dijo Kunzite –Esperemos que aún tengan esa información antes de que la divulguen o todo estará perdido.
- Empezaremos ya –dijo el gerente –nos comunicaremos con ustedes cuando ya estemos con el cargamento cerca.
- Recuerda –le advirtió Neflyte –si nos engañas, tú y tus amigos sufrirán las consecuencias –luego se cortó la señal.
De inmediato todos comenzaron a cargar a sus presas, aún dormidas y las llevaron a un par de camiones de carga, colocándolas en la parte trasera de los vehículos. Los pececillos llevarían a Orson y a sus amigos, así como a Ami, Rei y Lita a la granja para ponerlos en las manos de Kunzite y Zoycite. Mientras que el gerente y Mauricio llevarían al resto hacia la ciudad para ponerlos en manos de Neflyte.
Seguía lloviendo bastante fuerte y el camino era muy oscuro, por lo que siempre se mantuvieron en alerta mientras iban por caminos separados.
De repente, cuando Mauricio y el gerente, quien iba al volante, iban a mitad de camino, en medio de la carretera apareció una señal de camino bloqueado y un sujeto con un abrigo para la lluvia, cuyo rostro estaba cubierto, hizo una señal de alto, obligando al gerente a detener el camión y a bajarse para hablar con el sujeto.
- Por favor –dijo el gerente –Necesito llevar esta carga a la ciudad antes de que se estropee.
- ¿Qué es lo que lleva atrás? –preguntó el encapuchado con tono serio.
- Pescado y mariscos directo de los muelles –mintió el gerente.
- Muéstreme –ordenó el sujeto y el gerente lo condujo a la parte trasera del camión. De manera sigilosa, le hizo señas a Mauricio para que atacara al sujeto encapuchado.
Mauricio se aproximó por detrás del sujeto con la intención de agarrarlo del cuello y estrangularlo; el gerente abrió la puerta trasera del vehículo y mostró lo que de verdad tenía: eran Serena, Mina, Luna, Artemis, Jon, Liz, Herman, Binky, Garfield, Nermal, Rosco, Odie y Floyd, profundamente inconscientes.
- Amigo –dijo el sujeto encapuchado con tono serio –está usted en serios problemas.
- ¡Ahora, Mauricio! –ordenó el gerente.
Pero antes de que Mauricio hiciera lo suyo, el enorme monstruo de barro fue derribado por varias criaturas que no se podían distinguir por la oscuridad y por la lluvia. Se escucharon lo que parecían ser unos gruñidos, los cuales mantuvieron en el suelo al gigantesco monstruo.
- ¡Mauricio! –exclamó el gerente asustado -¡¿Pero qué…?!
Luego éste sintió una descarga eléctrica que lo dejó temblando en el suelo. El sujeto encapuchado se volteó a ver al monstruo de barro tirado en el suelo, rodeado de las criaturas; le lanzó un gas para ponerlo a dormir. Mientras tanto, el sujeto se aproximó al grupito y, uno por uno, les acercó a sus narices un pequeño frasco con un olor muy fuerte, el cual hizo que todos se levantaran, aún atontados.
- ¿Qué…? –preguntó Serena recuperando el conocimiento -¿Pero qué…?
- ¿Qué pasó? –preguntó el felino naranja -¿Dónde estamos? –luego todos miraron directo al sujeto encapuchado, llevándose un gran susto.
- No teman –dijo el sujeto –Los llevaré a un lugar seguro. Síganme y no hagan preguntas –No sabían qué pensar, pero no tenían otra opción, por lo que lo siguieron, aunque aún siguiera lloviendo.
- ¿A dónde nos lleva? –preguntó Serena a pesar de que el sujeto dijo específicamente "nada de preguntas".
- Pronto lo sabrán –dijo el sujeto –guiándolos hacia la ladera de una montaña cercana.
El sujeto sacó un control remoto que hizo que, lo que parecían ser unas rocas escarpadas, se abrieran de par en par, lo que asombró y asustó a todos. Una vez que entraron, se dieron cuenta de que estaban en un laboratorio secreto.
- ¿Qué es todo esto? –preguntó Garfield asombrado por la cantidad de máquinas y computadoras que había en el lugar.
- Bienvenidos a mi laboratorio –dijo el sujeto –Aquí es donde espío y veo los movimientos de los miembros del Negaverso y todo gracias a ti, pequeño Rosco.
- ¿Eh? –preguntó el niño genio -¿Cómo sabe mi nombre?
- Porque te conozco bastante bien, pues hemos estado en contacto últimamente –luego el sujeto se quitó la capucha para dejar al descubierto su rostro, dejando a todos asombrados.
- Es… es… -dijo Jon con incredulidad.
- No puede ser –dijo Garfield.
- ¡Es imposible! –dijo Rosco.
Bueno, aquí está el nuevo capítulo de este fic. ¿Qué es lo que le deparará a nuestros héroes a partir de ahora? ¿Qué pasará con Orson, sus amigos y el resto de las Sailor Guardians? ¿Y quién es este extraño sujeto que está ayudando a nuestros héroes? No dejen de seguir esta historia y nos vemos en el siguiente capítulo, no sin antes agradecer nuevamente a MontanaHatsune92 y a Tarma Jones por seguir esta historia y por sus comentarios. Nos vemos. Chau.
