CAPÍTULO 7

Los dos días siguientes, Sasuke parecía un tigre enjaulado. Los dos nuevos pasantes de presidencia ―un chico pelirrojo con cuerpo de gimnasio, y una chica de cabellos negros, demasiado coqueta para el gusto de Eva―, que habían llegado hacía solo un par de días, se encontraban horrorizados al ver a ese hombre gritar órdenes y gruñir como una fiera. Incluso Eva estaba a punto de perder la paciencia, y ya lo había halado por el cabello y estremecido dentro de la oficina, fuera de la vista de los demás.

―Me quieres explicar qué te sucede.

―No es asunto tuyo. Déjame tranquilo.

―No me hables de esa forma, Sasuke. Me dices ya mismo por qué estás como si… ―Los ojos de Eva se abrieron de par en par, y su rostro reflejó un cinismo burlón―. ¡No! ¡Sakura te cortó los servicios! El gruñido de Sasuke fue opacado por la fuerte carcajada de su prima.

―Bien merecido te lo tienes, imbécil ―dijo Eva, apuntándolo con un dedo, sin dejar de reír―. Te queda de experiencia no volver a gritarle a tu mujer.

―Sal de aquí… ―Ah, cómo quisiera poder estar en tu habitación y ver esa escena. Tú rogando y ella negándose. Debe ser de infarto…

―Fuera… ―Con esa cara de idiota que pones cuando estás desesperado…

―¡Largo! Eva se retiró, sin dejar de reír. Sasuke había intentado seducir a su esposa. Aprovechando que dormía, metió la cabeza entre sus piernas y comenzó a saborear su sexo, pasando la lengua de arriba abajo, llegando hasta su punto más sensible, y succionándolo con fuerza.

Sakura se había despertado con un gemido saliendo de sus labios, y al mirar hacia abajo, se acomodó y disfrutó del placer que él le brindaba. Cuando el orgasmo llegó a ella en deliciosas oleadas, y Sasuke intentó acomodarse entre sus piernas, Sakura se giró en un hábil movimiento, le dio la espalda, y se cubrió hasta el cuello con la sábana.

―Sakura, por favor. ―Mañana.

―¡Ayer me dijiste lo mismo! ―gritó Sasuke, desesperado.

―Era más de medianoche, Sasuke―explicó Sakura con voz calmada, y falsamente soñolienta―. Así que será mañana.

―Nena, me estoy muriendo.

―Sobrevivirás, te lo aseguro.

―Perdóname, te he pedido mil veces perdón. Te juro que no volveré a hacerlo. Por favor…

―Duerme, querido. Mañana debes trabajar. Sakura cerró los ojos y se terminó de acomodar, dando el tema por zanjado. Ella también estaba loca de deseo, y más después de esa sección de sexo oral que Sasuke le había brindado, pero no podía dar su brazo a torcer. Él tenía que aprender que no podía tratarla de esa forma; y una noche más, no le haría daño a ninguno de los dos. Además, le demostraría a él que no podía dominarla por medio del sexo.

La noche siguiente, cuando Sasuke entró en la habitación, esta se encontraba vacía. Escuchó el sonido del agua de la ducha, y notó que la puerta del baño se hallaba abierta. Su cuerpo se tensó y su miembro, retenido en sus pantalones, vibró. Dio un paso al frente, impulsado por el deseo de ir por ella, y tomarla en la ducha sin miramientos; pero se detuvo al recordar, que también lo había rechazado en la mañana, prometiéndole que lo harían en la noche.

No sabía si ya había llegado la hora, o si debía esperar más, lo único que tenía claro era que con su mujer debía ir con cuidado, porque aunque sabía que lo deseaba, no era tan débil como para dejarse convencer solo por un orgasmo, no; Sakura era decidida y fuerte, y a pesar de que él era el que más sufría por la abstinencia a la que ella lo sometía, era esa misma forma de ser la que lo enamoraba cada día más. Convencido de que podía mirar de forma casual, se encaminó hacia el baño con paso dubitativo, cuando la voz de su esposa lo hizo detenerse.

―¿Sasuke? ¿Eres tú?

―¿Quién más se atrevería a entrar en nuestra habitación, estando tú en ella? ―dijo Sasuke, ubicándose en la puerta y recostándose en el marco. Sakura se encontraba en la ducha, cuyas mamparas abiertas le permitían ver su cuerpo desnudo. Sasuke se relamió sin poder evitarlo, y Sakura soltó una risita, dándole la espalda.

―¿Podrías pasar la esponja por mi espalda? ―preguntó con voz inocente. Sasuke sabía que eso solo podía significar dos cosas: o quería torturarlo más, o le estaba dando el permiso para tomarla como deseaba. Rogó porque se tratara de la segunda. Sin desear esperar más tiempo, se acercó a ella y tendió la mano para recibir la esponja enjabonada. Sakura lo miró y arqueó una ceja.

―¿Lo harás con la ropa puesta? ―Se retiró el cabello mojado de la espalda, y apretó la esponja entre sus manos, a la altura de su hombro izquierdo, para que la espuma corriera por su espalda de forma sensual―. Deberías quitártela, no sea que la estropees. Esa era la señal que él necesitaba. Comenzó a quitarse la ropa lentamente. Estaba desesperado, sí, pero quería disfrutar el momento y que ella también lo hiciera, mientras continuaba cubriendo de espuma su cuerpo, solo para que él la viera. Una vez estuvo desnudo, le quitó la esponja de la mano y aplicó más jabón líquido en ella.

Empezó a frotar suavemente la espalda de su esposa, y ella, como si deseara provocarlo aún más, empezó a emitir sensuales sonidos de placer. Sasuke tenía la mandíbula apretada, y su miembro erecto y palpitante. Se contenía para estimularla y que no se pudiera negar, solo que no sabía cuánto tiempo más podría aguantar, sin estar dentro de ella. En un momento en que un gemido de su amada, hizo que un corrientazo de placer lo recorriera, apretó la esponja en su mano, y un delicado río de espuma bajó por la espalda de Sakura, y emprendió el camino que formaban sus nalgas.

―¡Sakura, por Dios! ―rogó en un gruñido que terminó en jadeo. Sakura lanzó un suspiro de placer, giró la cabeza para mirarlo y se mordió el labio, mientras sonreía con picardía.

―¿Me deseas, Sasuke? ―preguntó con voz de niña buena, girándose un poco para que él pudiera ver su vientre abultado. Desde que su embarazo comenzó a notarse, la pasión que Sasuke sentía por ella aumentó. Esa era su percepción, y no se equivocaba. La curva de su vientre lo volvía loco, a medida que crecía le gustaba más y más el cuerpo de su mujer. El saber que esa redondez se debía a que ella llevaba a su hijo dentro, lo llenaba de orgullo, amor, y sobre todo de lujuria; una que lo excitaba con solo ver sus caderas más anchas, y sus senos un poco más grandes.

―Como un maldito loco ―respondió entre dientes. La sonrisa de Sakura se ensanchó, moderó la ducha para que callera en un suave rocío, se inclinó un poco y apoyó las manos en la pared, dejando su trasero expuesto y ofrecido hacia él.

―¿Lo quieres? ―preguntó, sacudiendo las caderas―. Entonces tómalo. Sakura nunca podría imaginar lo que Sasuke sintió en ese momento. Su corazón se saltó un latido, para enseguida, comenzar a bombear con fuerza; todo su cuerpo se estremeció, y un tirón en su miembro lo hizo casi rugir. Acortó la distancia entre los dos, y la abrazó por debajo del busto, para no presionarle la barriga.

―Algún día tomaré este culito delicioso ―dijo, acariciándole una nalga, e introduciendo un par de dedos entre ellas―, pero no será hoy, preciosa. Hoy te tomaré desde atrás, para ver cómo tus caderas se estrellan con las mías, y tus nalgas vibran por mis embestidas. Sakura enrojeció hasta sentir que ardía en fiebre. Había decidido seducir a Sasuke , para hacer más interesante su reconciliación, y valiéndose del hecho de ser mujer y poseer una sensualidad nata, logró su cometido sin mucho esfuerzo; nunca imaginó que él le dijera que tenía intenciones de hacerle sexo anal.

Eso la atemorizó y excitó al mismo tiempo; más lo segundo que lo primero. Sasuke notó su sonrojo, y lamió su mejilla como si deseara beber su pudor. Colocó entonces las manos entre las piernas de ella, y palpó su sexo.

―¿Es agua, o es lo que te provoco? ―preguntó contra su oído. Sakura se mordió el labio, y volvió a ser la mujer provocadora de hacía unos momentos.

―Entra y averígualo por ti mismo. Sasuke se aferró a los pechos de su esposa y los apretó entre sus manos, sin perder la delicadeza. Apartó las manos de ellos, y las posó sobre el vientre abultado de ella. Si bien estaba loco de placer y lujuria, la amaba, y no deseaba causarle daño alguno.

―¿Estás cómoda, Sakura? ―preguntó, haciendo referencia al peso extra que llevaba.

―Lo estaré cuando te tenga dentro de mí ―gimió Sakura, y frotó su trasero contra él para estimularlo más. Él tampoco deseaba seguir esperando. Tomó su miembro con una mano, lo posicionó en la ansiada entrada, y empujó hasta que sus caderas chocaron. En definitiva no se trataba del agua, sino de las ansias que ella sentía por él, y que se vieron reflejadas en el grito de placer que emitió, cuando la invadió por completo.

Sasuke le agarró las caderas, y sin más demora, comenzó a embestirla, cumpliendo su promesa. Sakura abrió más las piernas, para poder guardar el equilibrio, a pesar de que sabía que él no la dejaría caer, y se aferró con una mano a la barra que Sasuke había mandado a instalar, para que ella se sujetara mientras se bañaba. No podía verle la cara, pero por los ruidos que escuchaba a su espalda, podía imaginar que él estaba disfrutando tanto como ella… No era suficiente.

―Más fuerte, Sasuke. Enloquece…

―El bebé…

―Él estará bien… Por favor, mi amor, más fuerte. Tan desesperado estaba, que accedió a hacer lo que ella le pedía, y que él también deseaba. Aceleró sus movimientos logrando que las nalgas de ella vibraran, tal como le había dicho que sucedería. Los golpes retumbaban en las paredes, y formaban eco en el fino enchapado, produciendo un sonido armónico y erótico, que combinado con los gemidos de Sakura, creaban la melodía más hermosa y placentera, que Sasuke hubiese escuchado alguna vez.

―Estoy en el cielo ―gruñó Sasuke, cerrando los ojos.

―No blasfemes ―logró decir Sakura en medio de su estado. Sasuke la rodeó con los brazos, y pegó el pecho a su espalda, para hablarle al oído.

―Por ti me voy al infierno ―declaró, y empujó más fuerte. Los gemidos de Sakura se convirtieron en gritos. Sus brazos cedieron, y tuvo que apoyar una mejilla en la helada pared. Estaba segura que las manos de Sasuke, quedarían marcadas en la blanca piel de sus caderas y su trasero, enrojecido y dolorido, luego de que él la volviera a sostener por ahí. «No me importa ―pensó―. Quiero que me marque como suya. Quiero que todos sepan que le pertenezco. Quiero…».

―¡Kopján! ―gritó cuando el orgasmo la azotó con tanta fuerza, que en lugar de decir el nombre de su actual esposo, sus labios llamaron a su alma. Sasuke y Kopján. Cuerpo y alma. Presente y pasado. Los dos hombres respondieron a ese llamado con un sonido tan salvaje, que pareció que todo en el baño se estremecía; y los dos se corrieron dentro de ella, reclamándola una vez más.

Cuando las piernas de Sakura fallaron, Sasuke la sujetó y cayó con ella suavemente. Los dos se abrazaron en la ducha, con el pequeño rocío cayendo sobre ellos, mientras sus respiraciones se normalizaban, y los jadeos disminuían. Luego de unos minutos, Sasuke la aseó, la tomó en brazos y la llevó a la cama. A la mañana siguiente, Sakura se miró desnuda en el espejo, y descubrió marcas rosadas, con la forma de las manos de Sasuke a cada lado de sus caderas.

Una sonrisa adornó su rostro, y deseó que las horas pasaran rápido, para que él volviera a posar sus manos en esa misma zona. La semana pasó sin grandes sucesos desde la perspectiva de Sakura.

Lissa, por alguna razón, se mantenía mucho más cerca de ella, y miraba a Hannah con molestia y precaución. Katy, por momentos se sentaba a su lado a hacerle compañía, y en otros, se dedicaba a ayudar a Nani, el ama de llaves de la mansión. Emma la visitaba y conversaba con ella, pero curiosamente se negaba a hablar de Kendal, y desviaba el tema apenas Sakura lo tocaba. Liam iba una tarde por medio, y le llevaba frutas y florecillas que encontraba en el camino.

Por su lado, Hannah se empeñaba en ganarse su confianza. Trataba de atenderla cuando Lissa se distraía, pues ella le dejaba bien en claro que la enfermera no era la que debía ocuparse de las necesidades de la señora, sino su empleada más cercana, su doncella, ella misma. Sakura agradecía no verse obligada a entablar conversación con Hannah. En el tiempo que llevaba siendo la señora Stone, se había acostumbrado a tener servidumbre, y a que estos no eran sus amigos, por lo que no tenía que tratarlos como tal.

Aunque eso no implicaba que no los tratara con respeto, y sobre todo, la buena educación recibida de sus padres, por lo que era muy querida por todos ellos. Un día, en que el veterinario había ido a revisar a Naomi, y dictaminado que le quedaba aproximadamente una semana más de gestación, Hannah se acercó a Sakura para entregarle un vaso de jugo de naranja, cuando estaba en la pequeña biblioteca privada.

―El secreto está en la forma de exprimir las naranjas, señora ―dijo la mujer, colocando el vaso en la mesa junto a ella. Sakura la miró extrañada, pues no había pedido que le llevaran algo―. Creí que le gustaría tomarlo mientras leía ―explicó.

―No exactamente, pero gracias ―sonrió y continuó leyendo. La mujer no dio indicios de dejarla, por lo que levantó la cabeza y la miró―. ¿Necesitas algo, Hannah?

―Su aprobación ―respondió señalando el vaso. Sakura frunció el ceño. No tenía sed, y mucho menos ganas de tomar jugo, mas no quería desairar a la mujer que amablemente deseaba atenderla. Estiró la mano para tomar el vaso, cuando de repente, Lissa, que acababa de llegar, se tropezó y cayó sobre la mesa, derribando todo lo que había en ella, incluido el vaso de jugo.

―¡Lissa! ―gritó Sakura, levantándose para ayudarla a ponerse en pie―. ¡Por Dios!

―¡Ay!… Que caída tan boba… ¡Ay! ―se quejó la chica, mientras se levantaba y se frotaba el brazo.

―Estúpida diría yo ―increpó Hannah con clara molestia reflejada en el rostro, y apartándose para no ayudarla.

―¿Te encuentras bien, Lissa? ―preguntó Beth, revisándole el brazo. La chica asintió―. Pero ¿qué te pasó? Tú nunca has sido torpe.

―Siempre hay una primera vez para todo, señora. Ya sabe que soy algo nerviosa. Hannah emitió un sonido de fastidio, y sacudió la mano en dirección a la pequeña rubia.

―Deja de quejarte y limpia eso. Yo voy a traerle más jugo a la señora.

―No es necesario ―dijo Lissa acomodándose el uniforme

―. Enviaré a alguien para que arregle esto, y yo misma le prepararé el jugo. ―Miró a Hannah con firmeza y un toque de amenaza

―. Usted no tiene porqué meter mano en la comida de la señora, para eso estamos los demás empleados y yo. ―Se giró para mirar a Sakura, y su expresión cambió a una de amabilidad y admiración―. Discúlpeme, señora, enseguida le reemplazo su bebida.

―Solo tráeme agua ―ordenó Sakura, sonriéndole―. ¿Seguro estás bien?

Lissa asintió y se retiró de la estancia. Sakura miró hacia Hannah para darle las gracias por el jugo, y de alguna forma, lamentar lo sucedido, solo que esta ya caminaba hacia la puerta sin despedirse, y la cerró con más fuerza de la debida.

―Vaya que es sensible ―comentó Sakura para sí misma, y se dirigió a otro sillón a continuar leyendo. El fin de semana, Sakura le comentó a Sasuke sus intenciones de brindar clases extra de Matemáticas a los chicos de la escuela, en la biblioteca principal de la mansión.

―No.

―No, ¿qué?

―No lo harás. Sakura suspiró.

―No te estoy preguntando, te estoy informando. No tengo que pedirte permiso. Sasuke se levantó de la tumbona, y comenzó a caminar de un lado a otro, frente a ella.

―Piensa, Sakura. Tendrás que estar de pie, porque no estamos hablando de solo uno, sino de varios. Tendrás que preparar clases, revisar tareas… ¡Son demasiadas cosas!

―Eso no es nada en comparación con lo que tendría que hacer si estuviera estudiando ―alegó Sakura, tratando de no perder la calma.

―En tu estado es peligroso ―declaró Sasuke con firmeza, dando el tema por zanjado, según él. Sakura se puso en pie y se acercó a él, para tomarle el rostro entre las manos, y hacer que la mirara a los ojos.

―Mi amor, me estoy volviendo loca sin hacer nada. Lo único que hago en todo el día es leer, consentir a Naomi, y conversar con Emma cuando puede venir, o con Katy. Yo no soy así. Necesito estar ocupada en algo.

―Pero no quiero que te agites. Sakura se estiró y lo besó en los labios.

―No me voy a agitar, te lo prometo. Sabes que quería estudiar Licenciatura en Matemáticas y dar clases. Con esto me voy a ocupar en algo, ayudo a esos niños, y de paso hago lo que más me gusta.

―Después de tenerme dentro de ti ―completó Sasuke, convencido. Sakura sonrió y lo volvió a besar.

―Dentro, fuera, no importa, siempre que estés a mi lado ―declaró, y lo llevó de nuevo a la tumbona, para continuar abrazados, recibiendo los agradables rayos de sol.

El parto de Naomi llegó un día antes de lo esperado, y Sakura levantó la casa a gritos y órdenes, como nunca antes lo había hecho. El veterinario llegó en el menor tiempo posible, y hasta Sasuke tuvo que abandonar su trabajo, para ir a darle apoyo a la desesperada abuela.

―Cálmate, nena. Ella estará bien. Aquí está el veterinario, y tiene todo lo necesario por si algo sale mal.

―Tengo miedo ―sollozó Sakura, abrazándolo con fuerza, mientras trataba de normalizar su respiración. Sasuke supo que se estaba controlando para no tener un ataque.

―Te prometo que nada malo le pasará. Está en su naturaleza. Estará bien. Tú eres la que tienes que calmarte, o llamaré a Hannah para que te revise. Sakura negó con la cabeza.

―No es necesario, solo quédate conmigo y con ella.

―Así será. Y ¿dónde está Hannah? No la he visto desde que llegué ―preguntó Sasuke, mirando a su alrededor.

―Está un poco indispuesta y le dije que se recostara. No es nada de lo que preocuparse, me aseguró. Sasuke asintió y se dedicó a acariciarle la espalda, mientras Naomi maullaba y se removía inquieta. Un par de horas después, tres diminutas «ratas»

―dos grises como su madre, y otra que parecía que tomaría el color del padre― pasaron a formar parte de la familia.

―¡Son hermosos! ―exclamó Sakura, llorando de la emoción. Sasuke pensó que eran los gatos bebés más horribles que había visto en toda su vida, porque a su parecer, se veían más como abortos de rata que como gatitos. No obstante, por complacerla, se limitó a asentir. El problema para él se agravó, cuando Sakura tomó a dos de ellos, y se los depositó en las manos, aún húmedos y babosos, con rastros de sangre y placenta. El pobre sintió que el contenido de su estómago, iniciaba el ascenso hacia su boca, por lo que miró a Katy con ojos suplicantes, temiendo abrir la boca para hablar.

―Señora, es mejor que se los quite de las manos ―dijo Katy, tratando de no reír―. Los hombres son torpes con las cosas pequeñas, y los puede dejar caer. Elizabeth estuvo de acuerdo, por lo que se apresuró a quitárselos, y volver con la nueva mamá; justo a tiempo para no ver a Christopher dar la vuelta, y correr hacia el baño más cercano para vomitar.

El cumpleaños de Lara y Eva llegó. Tenían solo unos días de diferencia, por lo que siempre hacían una misma reunión, esta vez en Gillemot Hall, aprovechando que caía un sábado. Sakura llevaba ya una semana con las clases a los niños que más las necesitaban, y aunque Liam era muy inteligente, asistía solo para verla.

Sasuke no se encontraba contento con ese hecho, y se lo hizo saber varias veces a su esposa, e incluso al mismo chico, las pocas veces que lo vio. Sin embargo, este no se dejaba intimidar, y se mantenía firme en asistir a las clases de la Maestra Bonita, como la llamaban todos sus alumnos. Sakura se hallaba feliz y complacida, por lo que no se opuso a que la fiesta se realizara ahí. Por fin estaba retomando su anhelo de ser

maestra. Los preparativos tuvieron a todos los empleados bastante ajetreados por varios días, y cuando por fin el momento llegó, se concentraron en la atención de los detalles de última hora. Los invitados empezaron a llegar cuando ya la noche comenzaba a caer, y Sakura, luego de dejar a Naomi en su habitación, con sus crías y una empleada pendiente solo de ella, se unió a la familia para recibirlos. ―Le advertí a Eva que no invitara a sus amigos. No me gusta que estén cerca de ti.

―Mantente a mi lado y no habrá peligro alguno ―dijo Beth riendo, y

besándolo en el pecho, por sobre la camisa. Kendal también se mostraba posesivo con Emma, por lo que la mantenía aferrada por la cintura, cuando conversaba con unos amigos. Marcus asistió más por la orden de Sakura, que por los ruegos de su hermana, aunque prefirió quedarse por fuera de todo el bullicio y las relaciones sociales, manteniéndose a un costado de la zona de la piscina. Sakura notó que Lara y Naruto procuraban estar cerca el mayor tiempo posible; incluso, hubo un momento en que él le tomó la mano y se la apretó con suavidad. Sakura miró a Sasuke para

ver si se había percatado de ese hecho, pero él conversaba con alguien más. Sabía que Lara quería esperar para darle la noticia a su hermano, cosa con la que Daniel no estaba de acuerdo. Él deseaba decirle a todos que la chica era su novia, que la quería, y que no permitiría que nadie la apartara de su lado, aunque para complacerla, le tocaba tragarse sus palabras. Eva por su parte, y para confusión de Sakura, le prestaba más atención a un hombre que se encontraba a su lado, que a Marcus. Jugaba con su cabello de forma coqueta, se apoyaba en su brazo y lo acariciaba, y le brindaba sonrisas seductoras que no buscaban ocultar sus intenciones.

El hombre se hallaba muy complacido y dichoso, y Sakura pensó que quizás, Eva había encontrado un hombre que le interesara más que Marcus, y por eso se había olvidado de su capricho por él. Giró para mirar en dirección a Marcus, dándose cuenta de que había desaparecido. Lo buscó con la mirada por toda la estancia, incluso le preguntó a Sasuke si lo había visto, sin conseguir mayor información. Indagó con Emma, y esta le dijo que quizás se había ido; y por último a Eva, solo para confirmar sus sospechas.

―No lo sé, Sakura. No me he fijado ―respondió Eva con voz indiferente, encogiéndose de hombros. Sakura regresó junto a Sasuke.

―Ya puedes estar tranquilo con respecto a Eva y Marcus.

―¿Por qué lo dices? ―Porque Eva ya perdió todo interés en él. Tal parece que solo era un capricho. Sasuke miró en todas direcciones y frunció el ceño.

―No la conoces como yo, Sakura. Algo trama, ella no es una mujer que abandone una idea tan fácilmente. ―Guardó silencio por unos segundos, y volvió a pasar la vista sobre los asistentes

―. Desapareció ―dijo, y miró a su esposa con algo de preocupación―. De esta noche no pasa que ella consiga lo que quiere.