Pista 16.
King of My Heart (3:30)
H I N A T A
Me paré frente al espejo y me cambié de ropa por enésima vez. Nunca me había importado lo que usaba con Naruto , pero como él insistió en que quería "finalmente" llevarme a mi primera cita real, me estaba cuestionando todo.
Es solo Naruto , Hinata ... Solo Naruto .
Volviendo a maquillarme, me decidí por un par de vaqueros blancos y una blusa sin mangas de color púrpura brillante. Luego me puse mis sandalias plateadas de cuña y me dirigí a la sala de estar.
—¿Adónde diablos vas? — Kiba se sentó en el sofá, mirándome de arriba a abajo—. Es martes por la noche.
—Tengo una cita.
—¿Con tu enemigo? —Sonrió—. ¿O tu novio? ¿Cómo se llaman ustedes dos hoy?
Me reí, evitando la pregunta.
—Le informé a Naruto las nuevas reglas de la casa que he establecido para ustedes dos —dijo—. Siéntete libre de invitarme un trago esta semana, y te contaré todo sobre ellas.
—Todavía me debes un trago de mi primera semana aquí, Kiba.
—Los amigos no guardan rencor, Hinata. —Se recostó sobre los cojines—. Ya es hora de dejar pasar ese trago. Además, dile a Naruto que me debe 50 dólares por nuestra apuesta.
—Lo haré. —Caminé hacia la puerta principal—. ¿Cuál era exactamente la apuesta?
—Que los dos estaban llenos de mierda —dijo, riendo—. Ahora, vete para que pueda descansar antes de que llegue mi visita.
Riendo, salí y vi a Naruto apoyando contra su auto. Me sonrió, sus hoyuelos se profundizaron mientras me miraba de arriba a abajo.
—¿Ya estás lista? ¿O necesitas otra hora para cambiarte los vaqueros otra vez?
—Necesito otra hora. —Me dirigí al otro lado del auto, pero me bloqueó.
—No vamos a entrar en el auto —dijo, sacando dos cascos del asiento delantero. Señaló las dos bicicletas de montaña que había cerca del buzón.
—Pensé que habías dicho que me ibas a llevar a una cita.
—Lo haré.
Lo miré fijamente, esperando que dijera "solo bromeaba", pero esas palabras nunca llegaron.
—Tal vez quieras ponerte otros zapatos para el viaje —dijo, abriendo su maletero—. Dejaste un par de zapatillas allí.
Confundida, los saqué y metí las cuñas en mi bolso. Me puse el casco y lo abroché, siguiéndolo hasta las bicicletas.
—Trata de seguirme el ritmo —dijo—. Y si te caes, trata de no culparme por ello como cuando teníamos nueve años.
—Te culpé porque literalmente me pateaste y me tiraste de la bicicleta, Naruto. —Le mostré mis codos —. Todavía tengo las cicatrices para probarlo.
Sonrió y me miró por última vez antes de pedalear por la calle.
El viento golpeó mi espalda cuando lo seguí y, al llegar a la señal de alto, estábamos uno al lado del otro como cuando éramos niños y nos obligaban a andar juntos.
Mientras el sol se ponía delante de nosotros, pedaleamos por los callejones traseros del campus, pasando por las tiendas y restaurantes de Main Street y, cuando la luz del sol se estaba desvaneciendo, él bajó la velocidad y me condujo a una parte de la playa que nunca antes había visto.
Despejado de turistas y residentes, había una larga fila de bancos de parque de color pastel, una pequeña cafetería y una máquina expendedora solitaria llena de barras de chocolate.
—Esto es todo. —Paró su bicicleta delante de la máquina—. ¿Te gusta?
Me detuve y me quité el casco, mirando a mi alrededor. Como si supiera lo confundida que estaba, se acercó e hizo un gesto para que me bajara de la bicicleta. Luego la aseguró contra la máquina por mí.
Agarrando mi mano, me llevó a un banco de parque amarillo. Envolvió su brazo alrededor de mis hombros y miramos las olas del océano durante varios minutos.
—¿Cómo me estoy comparando con tu lista de primeras citas hasta ahora? —preguntó.
—Te dije que ya no tengo ninguna lista.
Parpadeó.
—Está bien, de acuerdo. Si yo soy sincera, estás fallando.
—No veo cómo —dijo, inclinando la cabeza hacia un lado—. ¿No me vas a dar ningún punto extra?
—¿Por qué recibirías puntos extra por hacerme ir en bicicleta a una banca de un parque, Naruto?
Una lenta y sexy sonrisa se extendió por su rostro, y presionó sus dedos bajo mi barbilla. Inclinó mi cabeza hacia arriba, obligándome a ver el manto de estrellas contra el oscuro cielo.
Las miré con incredulidad, sintiendo que mi corazón se saltaba un latido.
—De acuerdo —dije, mirándolo de nuevo—. Definitivamente obtienes puntos extra por eso, pero no creo que un banco del parque cuente como una…
Presionó su boca contra la mía, y mi frase terminó en sus labios. Me besó hasta que me quedé sin aliento, haciendo que las mariposas revolotearan salvajemente dentro de mi pecho.
—Esta parte de la playa no permite autos —dijo suavemente, metiendo un mechón de cabello detrás de mí oreja—. Y la razón por la que no permiten autos es porque el restaurante de cinco estrellas que está más allá de los bancos de parque es propiedad de otra romántica sin esperanza como tú. Ella no quiere que sus comensales se distraigan por otra cosa que no sean sus conversaciones y el sonido del océano.
Mi mandíbula cayó y me besó intensamente otra vez.
—Ahora... —Sonrió y se puso de pie, levantándome con él—. Tienes las estrellas, una playa privada, un restaurante de cinco estrellas y un beso.
—No era uno que abrasara el alma.
—Siento no estar de acuerdo. —Presionó su mano contra la parte baja de mi espalda—. ¿Había mariposas?
—Para nada. —Me sonrojé—. Creo que tendrías que besarme de nuevo para que pueda comprobarlo.
—¿Estás segura? —Sonrió con suficiencia—. ¿O deberíamos esperar hasta después de nuestra conversación fundamental sobre libros, arte y las cosas que nos gusta hacer?
—¿Guardaste una copia de mi lista?
—No tuve que hacerlo —dijo—. Siempre la he recordado.
—Bueno, ¿por qué me dijiste que todas las cosas que quería no eran realistas?
—Porque lo son. —Se rio, cubriendo mi boca con la suya—. Con cualquiera que no sea yo.
Continuará...
