Sus llamadas nunca fueron atendidas, al volver a la escuela, esta se sentía como si hubiera sido intercambiada por otro lugar. Sus compañeros y maestros seguían ahí pero la única persona que esperaba ver, ya se había ido.

Seguía sin entender, aún cuando sabía que las cosas debían de ser así.

Era lo mejor para ambos.

Esa frase se había convertido en su mantra. Conforme los días pasaron lo único que hacía era centrarse en los estudios, muy en el fondo esperaba, que si Yuuri regresaba al menos viera que su promesa no había sido rota. Se sentía tan estúpido por seguir esperando en vano, pero simplemente no podía dejarlo ir tan fácilmente.

Los días se transformaron en meses y sin darse cuenta, un año entero ya había pasado. Después de algunos meses, se detuvo en intentar contactar con él. Prácticamente ya tenía un pie fuera de la escuela. Al ser su último año había comenzado a ver en qué universidades se iba a postular, con su promedio, sabía que podía acceder a las mejores, pero no quería tampoco darle muchos gastos a su familia, por otra parte, Víctor estaba más interesado en seguir su carrera de patinaje artístico, en la cual cabe decir, le iba de maravilla.

Yura miro hacia Mila, la cual tenía la cara hundida en su escritorio, hacia una semana que estaba así; sabía perfectamente a que se debía pero había estado evitando preguntar, pero eso en su opinión ya era mucho.

—¿Estas bien?

—Define bien —respondió con voz apagada.

Yura torció los labios. Fue como verse así mismo un año atrás.

—Lamento mucho lo que ocurrió —dijo después de un momento.

Un suave suspiro escapó de Mila antes de levantarse y verle, en su rostro pudo ver la tristeza y el cansancio.

—Era casi obvio que iba a pasar, ¿sabes? —musito después de un momento—, lo único que no habría previsto era que sus padres se la llevarán a otro país.

Yura casi rió por eso último, casi. De haber sido la misma persona inmadura que era cuando entró a la escuela, las cosas como estaban por desarrollarse no se hubieran dado.

—¿Qué harás ahora? ¿Dejarás que las cosas se queden así?

—¿Qué más puedo hacer? —dijo con la voz rota—, no puedo llamarle, ni escribirle, ni verle, ¿qué carajos puedo hacer?

Yura se paro y abrazó a Mila. Acarició su cabeza levemente y solo atinó a quedarse en silencio hasta que su amiga se tranquilizó.

—Esperar —soltó sin más—, sabes que ella te ama, nunca tuvieron problemas, siempre lo hablaban todo, aún si está a miles de kilómetros de aquí, lo que sienten una por la otra no desaparecerá de la noche a la mañana. Lo único que puedes hacer ahora... es esperar.

Mila solo asintió con la cabeza mientras suaves lágrimas caían de su rostro.

Yura por su parte, se quedó pensando en sus propias palabras lo que sienten una por la otra, ¿nuestro cariño era recíproco? Es pregunta descanso lentamente en su cabeza.

Muchas de las cosas que había vivido con él, habían comenzado a desaparecer, lo más vivido de aquel tiempo, fueron las discusiones, los llantos, ya ni siquiera conservaba la emoción de poder verlo, de tocarlo; todo eso se fue y solo dio paso a que se quedarán las malas memorias.

Torció los labios al darse cuenta de ello.

A veces cuando lo recordaba, la nostalgia se hacía presente, unas inmensas ganas por abrazarlo y verle venían con ella; pero siempre era imposible cumplir ese deseo. No sabía dónde estaba después de todo. Ya ni siquiera estaba seguro de lo que sentía por él.

¿Alguna vez de verdad lo amo? ¿ o todo fue un simple capricho suyo?

El resto del día Yura se la pasó en las nubes y para cuando fue hora de irse, Víctor lo trajo al mundo real cuando le avisaba que esa noche llegaría tarde porque saldría con Beka.

Al verlos irse, Yura se alegró. Al menos uno de los dos, había logrado avanzar, había olvidado su primer amor, aunque si se comparaba con Víctor, sabía que de alguna manera, él había actuado mucho más maduro.

En el camino de regreso a casa, pensó en todas las cosa que hizo y de alguna manera, deseo que las cosas se hubieran desarrollado diferente, sentía que había empujado a Yuuri hacia un punto de no retorno. Era su culpa; no toda pero si mayormente. Ahora lo comprendía.

Deseaba que su anterior yo no hubiera sido tan inmaduro, pero el pasado no podía cambiarse, ahora lo único que le quedaba era seguir avanzando. Y si por alguna extraña razón, el destino decidiera volver reunirlos en el futuro... solo con verlo sería suficiente.

Ese era el precio a pagar por sus acciones.