La visita de la tarde

—¡Qué aburrimiento! —protestó Sora.

Estaba echada en el sofá de su piso. El que compartía con Mimi. Su compañera se había pasado un rato yendo y viniendo del baño a su dormitorio, ignorando un poco el hecho de que Sora no tuviera nada que hacer esa tarde. Cuando la chica alzó la cabeza vio a su compañera ataviada con una provocativa minifalda, y una camiseta holgada por la cual se le veía el sujetador.

—¿No vas un poco atrevida? —preguntó la pelirroja—. ¿Es que has quedado?

—Voy como me da la gana. Y he quedado con quien me da la gana —respondió Mimi mientras se recogía la melena en una coleta.

—Perdona —dijo Sora, recordando la promesa de no interferencia con el modo de vestir de su amiga. Ella era más conservadora con su atuendo—. ¿Con quién has quedado?

—Con un amigo. Vamos a ir al cine. Así que tienes toda la casa para ti esta tarde —le dijo Mimi—. Perdona que no te invite, pero creo que… se nos cortaría el rollo.

—No te preocupes —respondió la otra, aunque por dentro pensaba "Muchos amigos así tienes tú… no deberías dejarles montar en las atracciones sin pagar la entrada"—. ¿Supongo que no te espero para cenar?

—En teoría, no —dijo Mimi que terminaba de echarse un poco de perfume—. Deberías quedar con alguien si tanto te aburres. Sé buena en mi ausencia.

—Vale, mamá —respondió Sora.

Mimi se marchó de casa. Sora no sabía qué hacer. Estaba muy aburrida. Hasta que en ese momento se acordó. ¡Taichi estaba de vuelta en la ciudad! Se había pasado unos días fuera, pero la mañana anterior había enviado un mensaje al grupo para decir que había vuelto. Y si todo iba bien…

Se pudo en pie en el acto. Se cambió de ropa. La verdad, había pasado demasiado tiempo desde la última vez que se vieron. Suspiró mientras se quitaba la ropa, imaginándose que se encontraba entre sus brazos… "Sólo es un amigo con una relación abierta", se engañó por vigésima vez. No le apetecían ataduras que pudieran complicarlo todo. Pero sí podían verse y dar rienda suelta a la lujuria. Se aseguró de ponerse un tanga de esos que tanto le gustaban, y lo cubrió con un pantalón corto de deporte. Ahora una camiseta blanca, y ya estaba lista para ir a verle. Pero al llegar a la puerta se dio media vuelta. Volvió a su habitación. Casi se le olvidaba… la llave del piso de Taichi. Podía entrar cuando quisiera.

«Puedes venir a verme cuando te apetezca», le había dicho Taichi, en un acuerdo en que sería ella quien le avisara a él de que quería "pasar un buen rato". Él no diría nada, dejando los encuentros siempre en mano de ella. Y así habían sido aquellos seis meses de encuentros pasionales.

Con la llave en su bolsillo, caminó a buen paso en dirección a casa de Taichi. Por suerte no se cruzó con mucha gente. Llegó por fin al sitio. La zona no era la mejor de la ciudad, pero Taichi se pagaba él solo el alquiler. Obviamente debía ser un sitio austero. Subió las escaleras, y con cuidado de no hacer ruido, entró en la casa. Cerró dejando la llave en la cerradura. Solo por si acaso alguien pretendía entrar.

Lo primero que pensó fue que, por la hora, Taichi podría estar echado la siesta. Pero no, la habitación estaba vacía, y en ese momento detectó con el oído que alguien estaba en la ducha. Sonrió maliciosa. Una ducha a media tarde con él… seguida de una sesión de ardiente sexo. Decidió darle una sorpresa.

Se empezó a desnudar ahí mismo, ante la puerta de la ducha. Su cuerpo se lo pedía. Dejó sus senos al aire, y luego dejó caer el pantalón. No se quitó el tanga. Para el chico aquello era más provocativo que el desnudo íntegro. Y el piso no estaba muy frío, por lo que aguantaría bien. Aunque no iba a estar mucho tiempo ahí. Abrió la puerta del baño.

—¡Sorpresa! —dijo entrando con los brazos extendidos.

Y no fue la única sorprendida en aquel momento. La ducha estaba justo frente a la puerta, y pudo ver dentro a Taichi… abrazado a Mimi, desnudos bajo el agua, dándose un lujurioso beso. Se interrumpieron al entrar Sora. Los tres se quedaron en absoluto silencio.

—Qué… ¿Qué está pasando? —preguntó Sora. Se podía esperar cualquier situación salvo aquella.

—¡Sora! —dijo Taichi, que claramente pensaba que estaría mejor en ese momento si se le tragara la tierra—. No… no pensaba que fueras a venir…

—¡Vete a la mierda!

Estuvo a punto de salir de allí. El hecho de estar prácticamente desnuda fue lo que la retrasó, ya que no podía salir a la calle en tanga. Se puso el pantalón y empezaba a ponerse la camiseta cuando Taichi apareció para retenerla. Le puso las manos sobre los hombros pero ella se zafó, retrocediendo. Con tal mala suerte de que dejó al chico entre ella y la puerta.

—"Puedes venir a verme cuando te apetezca" —citó Sora—. ¿A quién más le has dicho eso? ¿A Miyako? ¿O a lo mejor si vengo dentro de un rato estará también tu hermana? —preguntó con indignación.

—¡No! Es solo… —Taichi miró a Mimi, que se estaba secando con una toalla. No parecía alterada. "Ayúdame", le pidió con la mirada.

—Sora… yo tampoco sabía que Taichi se veía contigo —dijo la castaña tranquilamente—. Bueno, sabía que se veía con alguien, pero no que fueras tú… Pensaba que no querías complicarte con él…

—¡No lo hago! —protestó Sora—. Simplemente, no me esperaba esto…

—¿Complicarse? —Taichi no lo entendía.

—Ella no me puede engañar, pero…

—¡Cállate! —interrumpió Sora—. Y poneos algo de ropa, por favor… —dijo, sin ser consciente de que no se había llegado a poner la camiseta, estando en top-less ante ellos.

—Aquí nuestra amiga siente algo muy fuerte por ti —continuó Mimi, como si no la hubieran interrumpido—. Pero le daba miedo que las cosas no salieran bien. Lo que no entiendo es que, decidiendo mantener la distancia, hayas decidido acostarte con él. ¿Cuántas veces os habéis visto?

—Pues… todas las semanas, menos cuando está en esos días que… —empezó Taichi.

—¡Que te calles tú también! —protestó la pelirroja y le dio una colleja—. Bocachanclas… En fin, yo no debería haber venido… os dejo a vuestro aire…

—¡Espera!

Taichi la retuvo. Envolvió a Sora con los brazos. Ella se contuvo. Su puñetera debilidad… Por eso sus encuentros solían ser pasionales, desatados, provocando que la cómoda del chico se hubiera roto una pata en alguna ocasión. Sentir su respiración agitada sobre el cuello, esas manos firmes sujetándola… mierda.

Díselo —escuchó Sora. Mimi le susurraba algo a Taichi—, tiene que saberlo…

—¿Qué tengo que saber?

—Yo también siento cosas, Sora. Desde que éramos niños. Pero… nunca vi claro pedírtelo. Y cuando hablamos de vernos… pensé que no podríamos pasar de ahí.

—Qué tierno… —comentó Mimi—. Vamos, amiga. Este es vuestro momento…

—No… no podría… Lo siento, Mimi, pero si estás tú… no podría.

—¿Y por qué no? —preguntó ella. No sonaba enfadada. Más bien, parecía confusa—. Creo que hoy me necesitáis… no podréis volver a veros cómodos sin una mediadora —dijo a su amiga, mientras le acariciaba una mejilla—. Os puedo ayudar a ser felices. Si me dejáis jugar, claro.

—Pero, ¿a tí te parece bien? Es decir… con un chico y... una chica…

—¿Quién mejor que vosotros dos? Taichi, ¿qué opinas?

—Me… me parece bien. Si a Sora también —añadió. Y sin poder evitarlo, besó el cuello de la pelirroja—. ¿Quieres hacerlo?

—Si dijera que no, yo sería la mala —murmuró ella. El rostro de Taichi y Mimi se ensombreció un poco—. Menos mal… que no voy a negarme…

Giró sobre si misma y le plantó un beso en los labios a Taichi. Sus lenguas acudieron raudas al encuentro mientras Mimi aprovechaba para despojar del pantalón a su amiga. Y también del tanga. Al volverse a incorporar, besó a Taichi, y a continuación hizo lo mismo con Sora. Esta se vio alzada en el aire y en unos segundos aterrizaba suavemente en el colchón de Taichi.

Este empezó a besar todo su cuerpo mientras la castaña a su espalda hacía lo propio. El cuerpo del chico estaba tan bien formado que le encantaba pasarse ahí las horas perdidas. Subió por su columna hasta alcanzar el cuello y asomó la cabeza por encima del hombro. Sonrió al ver a Sora expuesta, completamente colorada debajo del chico. Sonrió, la imagen le causaba ternura.

El chico dejó caer su cuerpo hacia abajo, alcanzando el sexo de su ahora novia. Normalmente su lengua se movía rápida, fugaz. Pero en aquella ocasión fue más despacio. Saboreó cada poro, relajó su respiración para tomarse su tiempo. El grito de placer de Sora deleitó sus oídos. Mimi se descolgó del cuerpo de Taichi y se encaramó al de Sora, sonriendo. Su amiga era feliz. Qué bonito.

—¿Qué tal, cielo? —preguntó con ternura—. ¿Es mejor hacerlo así con él?

—S-Sí… mucho… —admitió Sora—. ¡Qué haces! —se escandalizó al sentir una de las manos de Mimi estimulándole un pecho.

—Hacer que te sientas aún mejor —susurró la chica—. Déjate llevar.

Y volvió a juntar sus labios con los de la pelirroja. No quería presionarla, pero en aquel momento le hubiera encantado que la chica le devolviera el favor. Seguro que las manos de Sora eran estupendas. Pero… no se dirigían a sus senos. Bajaban tanteando el terreno. Diablos… Separó las piernas lo suficiente para permitir a Sora que explorase a gusto.

—¡Aaaaah! —gimió cuando la chica alcanzó el punto exacto de placer—. ¡Soraaaaa!

—Te dije… que quería… hacerlo —murmuró Sora y sonrió tímidamente—. Me parece… bien… geniaaaaal… —suspiró. A ese paso, Taichi iba a hacerla acabar—, que te quedes… con nosotros…

Desde aquella posición, con la mano de Mimi acariciándole un pecho mientras ella la masturbaba suavemente Sora tuvo el primer orgasmo de la tarde gracias a la lengua de Taichi. Cuando lo alcanzó este moderó el uso de su lengua, sin detenerse en el acto, bajando el ritmo poco a poco hasta que la chica estuvo en un estado de reposo.

—Ha sido… estupendo… —murmuró Sora—. Taichi… te quiero…

—Y yo a ti.

—Sora… me ha encantado —gimió Mimi. La pelirroja la miró. Estaba tan concentrada en su clímax que no se había dado cuenta… su amiga también había llegado al orgasmo gracias a su mano—. Gracias… ¿qué haces?

Sora miraba intrigada su mano húmeda por los jugos de Mimi, y tras pensárselo un momento, probó el sabor de uno de sus dedos. Taichi se quedó hipnotizado por la imagen de la chica lamiendo su propio dedo. No era un sabor desagradable… pero decidió compartir el sabor con el chico. Al fin y al cabo, seguro que en sus tardes ya había probado aquel néctar más de una vez.

—¿Seguro que quieres que sea así? —preguntó Sora. Mimi se había situado detrás de ella, separando sus piernas y estimulando su sexo dejándolo bien lubricado.

—Vosotros sois novios ahora… sería muy egoísta hacerlo con él antes que tú —respondió la otra, sin preocuparse—. Además, era lo que querías hacer cuando has venido, ¿no? —bromeó.

Miraron a Taichi, que había recuperado su poderosa erección. La mano de Mimi se alejó de la zona privada de Sora para permitirle el paso. El chico se miró a los ojos con la pelirroja. Ella asintió. No era la primera vez que tenían sexo. Bueno… esa tarde hacían el amor. Con mucho cuidado él deslizó su miembro dentro de ella. Sora gimió. Maldición… ¿era mayor que las veces anteriores? ¿O tal vez haber dejado de engañarse mejoraba la sensación? Sonrió hacia su novio.

Se besaron mientras empezaban a moverse sus cuerpos. Mimi miraba desde la espalda de Sora. Qué tiernos. Se sentía bien por haberles empujado a hacer aquello, aunque no podía negarse que su cuerpo empezaba a protestar. Le hubiera gustado en ese momento sentir la hombría de Taichi dentro de ella. "Paciencia", pensó, aunque la imagen de aquellos dos haciéndolo la excitaba demasiado.

—Te amo… Sora… te amo… —gimió Taichi mientras seguía deslizándose dentro y fuera de su novia.

—Y yo a ti… —respondió ella—, pero… necesito un momento…

Casi de inmediato el chico se echó hacia atrás. ¿Cuál era el problema? Parecía que ninguno. Sora se limitó a darse la vuelta, levandando su trasero hacia él, y agachando la cabeza sobre el sexo de Mimi. Sin que la castaña pudiera impedirlo, sintió por primera vez la lengua de sora estimulando su clítoris. No pudo evitar gemir mientras Taichi volvía a penetrar el sexo de Sora. No solían hacerlo en aquella posición, a Sora le gustaba que se miraran a los ojos al hacerlo, pero en aquella ocasión hacía otra jugadora en la cama.

Sora sentía las acometidas de Taichi muy intensas. Y tal vez por eso le estaba volviendo loca el sabor de los fluídos de Mimi. Ella se había quedado inmóvil, no esperaba semejante movimiento… y menos aún que Sora empezara a manosearle los pechos. "Tengo la mejor amiga del mundo", pensó mientras disfrutaba de aquel maravilloso trato. "Hazme acabar, Sora…", deseó, pero no se atrevía a expresarlo en voz alta.

Por su parte, Taichi no solía protestar por su duración media… pero en aquella ocasión estaba contemplando una escena de sexo lésbico mientras lo hacía con Sora, y aquello era mucho para su cerebro. Demasiado erótico, y no era capaz de bajar el ritmo de sus embestidas. Se dejó llevar por el momento, y advirtió a Sora de su inminente orgasmo unos segundos antes de derramar su semilla dentro de ella. Eso dinamitó el orgasmo de la pelirroja mientras con su lengua y un dedo experto ayudaban a Mimi a llegar al cielo. Acabaron los tres con la respiración agitada, tendidos sobre la cama intentando recuperarse.

—Sois los mejores —dijo Mimi—. Esto ha sido maravilloso…

—Aún no hemos acabado —le recordó Sora—. Creo que Taichi y tú os habéis quedado con una deuda pendiente…

—Si te parece bien… —recordó Mimi.

—Me parece estupendo. Taichi, tú también quieres, ¿verdad?

Probablemente, expresar su deseo de hacerlo con otra chica no entraba dentro de un noviazgo convencional en la mente de Taichi. Pero aquello era de todo menos normal. Y si Sora lo estaba consintiendo no había nada de malo en ello. Primero debía recuperarse, pero eso no le tomaría más de unos minutos. Sora aprovechó para acercarse a él y volvieron a besarse, envuelta entre los brazos del chico.

—Me voy a poner un poco celosa —bromeó Mimi.

Y ante esa frase la pelirroja se escurrió entre los brazos de Taichi y gateó hasta ponerse detrás de Mimi. Asomó la cabeza y volvieron a juntar sus labios, para luego apartarse y dejar a Taichi que también la besara.

—Vamos, mi amor —dijo Sora, y levantó las piernas de Mimi con cuidado—. Es hora de que nuestra amiga lo pase bien. Házselo como os gusta.

—¿Se-Seguro? —preguntó Taichi. Con Mimi el sexo solía ser más intenso, más rápido, sin dejar apenas tiempo para caricias o similares.

—Seguro, quiero que lo paséis bien —aseguró Sora.

Pero no se había dado cuenta de la peligrosa posición en la que estaba. De rodillas en el colchón, con las piernas abiertas sobre el rostro de Mimi. Esta sonrió. Y en el momento en que el pene de Taichi penetró en su sexo, sujetó las caderas de Sora para hacerla caer sobre ella. Su lengua empezó a estimular el sexo de Sora mientras recibía las rápidas acometidas de Taichi.

Sora no se esperaba un ataque como aquel pero lo agradeció profundamente. Disfrutó de la lengua de Mimi dándole placer mientras podía ver a su novio penetrando a su amiga. Vaya ritmo… pero no lo envidiaba. Valoraba mucho más poder hacerlo lentamente y sentirlo con ganas. Se echó suavemente para adelante y volvió a besarse con él, unidos en aquel extraño juego erótico que les había liberado por fin.

En aquella ocasión Sora fue la primera en culminar, y se apartó rápidamente de encima del cuerpo de Mimi antes de aplastarla por el cansancio de su cuerpo. Se puso a su lado y besó sus labios, topándose con el sabor de sus propios jugos mientras Taichi y la castaña alcanzaban el orgasmo.

Taichi estaba un poco agotado de aquella intensa sesión de sexo. Pero no era un problema. Las dos podían hacer algo por él, al fin y al cabo. Echadas sobre el colchón empezaron a besar y lamer la erección del chico, sin descuidarse mutuamente. Mientras sus labios se encontraban alrededor de aquel pene, sus manos tocaban y estimulaban el cuerpo de la otra.

—Sora… gracias… —gimió Mimi.

—¿Por… qué? —preguntó ella, que no aguantaba la intensidad de los dedos de Mimi en su sexo.

—Por regalarme… esta tarde…

—Chicas… lo siento… no aguanto más… —protestó Taichi.

Sintió la mano de Sora enredándose con la suya y no pudo evitarlo. Descargó hacia el colchón, mientras las manos de las dos chicas le ayudaban a acabar por completo. Ellas seguían compitiendo por hacer sentir bien a la otra, y Mimi se vio derrotada por su amiga. Sonrió, antes de caer dormida en el colchón por el agotamiento.

—Creo que por fin podemos ser felices —dijo Taichi a su novia.

—Atraéla y envuélvela con los brazos. No queremos que se quede fría —le indicó Sora.

—Vale, pero… yo pretendía abrazarte a ti… —dijo el castaño, que obedeció lo que dijo la chica. Al abrazarse a Mimi, se vio él apresado por los brazos de la pelirroja.

—Así podemos estar juntitos —dijo la chica—. No pensaba que la tarde fuera a ser así. Pero me alegro mucho.

—Quiero saberlo. Mimi. ¿Qué nos va a pasar con ella?

—Que va a seguir siendo nuestra amiga. Y, si nos parece bien a los dos, podemos pedirle que venga a jugar con nosotros de vez en cuando, ¿no? Yo me lo he pasado muy bien.

—No me malinterpretes, pero… ¿eso te parece bien? ¿No te molesta meter siempre a otra chica en la cama?

—Esta chica me ha hecho maravillas hoy, y creo que se lo merece. Ya hablaremos de meter a otro chico si nos apetece —se despreocupó la chica—. Solo hay una consa en lo que pienso hoy.

—¿En qué?

—En que te quiero.


Hola a todos. Espero que os vaya bien. Yo por mi parte estoy un poco jodido, así que voy directamente a responder las reviews.

DIGI-FANTASMA-TAIKARI: Bueno, puede que ellos dos tuvieran más posibilidades de ser follamigos que pareja, pero esas relaciones dejan los sentimientos a flor de piel, alguno al final siente más cosas por el otro ;) Saludos

honter11: Me alegro que te gustara. Me anoto la idea de Hikari descubriéndolos, aunque no doy fecha de publicación.

MAZINGER-TAIORA: Espero que la salud haya mejorado estos días... Como ves en esta ocasión sí que ha entrado Sora ;) Y lo de Mimi... es aburrido que siempre se desclaren el amor al final xD Había que cambiarlo. Saludos.

Bueno, pronto espero tener más fics que ofreceros. Lemmon rules.