Un pequeño problema con la computadora en dónde escribo y hago todo ocasionará que la publicación de la nueva historia se atrase algún tiempo, espero que el retraso no sobrepase del mes (Estoy escribiendo en celular).

Este es el antepenúltimo capitulo de la historia (tomando en cuenta el epílogo, por supuesto) los quero.

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Cuando las ganas de vomitar y el aturdimiento cedieron lo suficiente como para permitirle abrir los ojos, Lynn se dio cuenta que seguía tumbada en uno de los asientos traseros de Vanzilla. El sol, ya en su cénit, la deslumbraba y hacia que la cabeza le doliera. Muy torpemente se incorporó por fin.

Leni iba al volante, conducía mientras tarareaba la tonada de las caricaturas que veía a escondidas Lucy cuando creía que ninguna de sus hermanas estaban en casa o despiertas, el asiento del copiloto era ocupado por Lily y en la hilera de asientos frente a ella estaba sentado Lincoln. Los cuatro circulaban desesperantemente lento por una de las siempre sobrecargadas avenidas rumbo al centro del pueblo.

— ¿Cómo te sientes, Lynn? —dijo Leni sin voltear—. ¿No crees que este día se va haciendo más bonito conforme atardece?

— ¿A dónde dijiste que íbamos? ¿De vuelta a New York? —bromeó Lynn a su vez con la boca seca—. No es posible que aún no lleguemos al bendito distrito comercial, tenía cosas importantes que hacer el día de hoy ¿sabes?

—Lo siento Lynn, es que ayer hubo un accidente y cerraron toda la avenida central, hay más tráfico del que anticipé, pero seguimos camino a la pequeña reunión en el viejo restaurante de papá —contestó Leni con una amplia sonrisa—. Y aún tienes que acompañarme ¿Recuerdas? Es parte fundamental de aquel trato que habíamos hecho.

— ¿Trato? ¿Cuándo hicieron un trato secreto? No quiero parecerme a Lola pero... —la vocecita de Lily sonó levemente dolida— ¿Por qué nunca que involucran en sus secretos?

—Tranquila Lily bebé, pronto te pondrás al corriente... eso te lo puedo prometer —rio Leni segundos antes de volver a cambiar su foco de atención hacia su otra hermana— ¡Vamos Lynn! ¿Qué pasó con esa cara? No me saldrás con que quieres que acuda a la reunión yo sola ¿en serio ya no te acuerdas de nuestro acuerdo?

—Pues no, si te soy sincera no —respondió Lynn. De pronto su rostro se ensombreció—. La cabeza me está matando ¿No tienen un poco de café por ahí? Necesitaré de un milagro para que la cabeza deje de darme vueltas.

Apresurada, Lily rebuscó en el pequeño morral que descansaba sobre sus piernas y se estiró todo lo que pudo para pasarle ella misma una botella de agua y un pequeño paquete hermético sin abrir con una tableta blanca dentro.

—Luna me dijo que si estas deshidratada esto te caerá mejor, hermanita.

—Vamos Lynn, anímate un poco. Llegaremos en cualquier momento al restaurante —por primera vez habló Lincoln, por su sonrisa y las mejillas sonrojadas parecía estar de buen humor—, supongo que ahí podrás desayunar algo... y asearte un poco, parece que te enfrentaste tu sola y a mano limpia contra una jauría de monos.

—Esperen... ¿había monos en la tienda de emparedados a la que fueron ayer? ¡Yo quiero ir! —la voz de Leni dejaba sentir asombro autentico.

—El encuentro fue con un conejo blanco —replicó Lily, sin molestarse en aparentar su mal humor—. Una horda completa de grandes y apestosos conejos... con enormes y amarillos dientes frontales.

Presintiendo el problema que se le aproximaba y deseando evitarlo a toda costa, la castaña se quedó callada, arrellanándose nuevamente en el asiento trasero.

Desenroscó el tapón de la botella, le dio un gran trago y sumergió la pastilla en el agua restante. Esperó a que el brebaje terminara de efervescer en la botella plástica y sin que nadie la viera, buscó con la mano su bate de baseball; cuando sintió el frio objeto de aluminio descansar inmóvil en el piso frente a ella pudo relajarse por fin. Volviendo a enderezarse en su asiento, descansó la cabeza contra el cristal y empezó a darle traguitos a su bebida en silencio.

En el asiento frente a ella, Lincoln se revisaba los dientes de forma frenética en su reflejo en la ventana mientras que Lily les dirigía una mirada cáustica tanto a su amigo como a su hermana pecosa.

— ¿Me volví a perder de algo importante durante la plática? Creí que por fin lo estaba haciendo bien.

Mientras hacía pucheros, Leni apretó el volante de madera de forma casi imperceptible entre sus delgadas manos.

-o-

Aquella misteriosa llamada que recibió Eliot fue en la tarde, casi tres horas después del accidente con el autobús en el que había perdido a sus cómplices, para entonces ya había arreglado todo lo necesario en la morgue para que manejaran la identidad de los fallecidos con la mayor discreción posible. Ronalda no podía enterarse de lo ocurrido por nada del mundo.

Lo que hacía a la llamada algo tan misterioso es que había entrado a su número personal, el cual no sé lo había dicho a ninguno de sus compañeros de trabajo.

—Hola Stabler ¿Sabes quién habla? —le preguntó una voz que apenas y se alcanzaba a oír por encima del llanto de una niña.

—Claro que sé quién es usted —Respondió el hombre corpulento con un hilo de voz

— ¿En serio? Porque creí que se habían olvidado de mí cuando entraron a mi ciudad y ni siquiera tuvieron la decencia de pasar a saludarme —aquella persona parecía disfrutar del sonido aterciopelado de su propia voz—. Sentir que me ignoran es algo que siempre me ha dolido bastante y quería que lo supieran.

Eliot no respondió nada. Sabía que era mejor así.

—Corre a avisarle a tu jefa que la llamaré —ordenó—. Te daré media hora para llegar con ella y sus perros. Quiero que me oigan todos... al menos los que quedan vivos. —No esperó respuesta alguna y colgó.

A falta del auto que acababa de perder, Eliot tuvo que pedir un taxi y pagarle un extra al chofer para que se apresurara de verdad.

Al llegar al hotel donde se hospedaba Ronalda, el detective revisó una última vez su reloj de pulsera antes de entrar a la habitación; no habían pasado ni veinte minutos desde la llamada.

Lo que se acostumbraba en estos casos era llamar cinco minutos antes de lo acordado. Eso siempre sorprendía a los vendedores de droga comunes. Esta vez, todos tuvieron que esperar la media hora prometida... y esperar cinco minutos más. Y luego diez...

—Sólo quiere ponernos nerviosos —auguró en voz alta Ronalda—, le encanta jugar con la gente.

Finalmente el retraso alcanzó una nueva media hora completa, la nerviosidad iba cediendo a pasos agigantados al mal humor.

Cuando finalmente creyeron que se había equivocado de número, cosa que ya había ocurrido en otras ocasiones, el teléfono de la residencia sonó.

—Yo nunca le dije en que hotel nos quedábamos —murmuró Eliot.

—Todos estamos aquí —dijo Ronalda tan pronto levantó el teléfono y puso el altavoz—. ¿Qué pasó jefe?

Cuando la jefa contestó ya no se oían los llantos de fondo, en su lugar sonaban levemente los cantos de los grillos, esta vez la voz sonó inexpresiva y fría. Ocultaba con una gran maestría sus emociones.

— ¿Qué están haciendo tan lejos de la jungla de concreto? Dudo mucho que estén disfrutando de unas vacaciones extemporáneas en nuestro hermoso Estado.

—Con todo respeto, lo que hagamos en nuestro tiempo libre no es asunto suyo.

—En realidad, Ronnie, sí que es mi asunto —la voz en lugar de sonar molesta por el exabrupto pareció divertirse con él—. Saben muy bien lo que nos podría pasar si alguien llegara a descubrir el relleno de cierto juguete así que seré clara; deben solucionar todo este problema que ustedes mismos provocaron. Sí alguna de esas perras logra relacionar de algún modo el contenido del peluche con alguno de ustedes y por ende conmigo, no recibirán una amigable llamada telefónica como esta, la próxima vez... en el mejor de los casos los que llamen a sus puertas serán simples policías, oficiales de la ley del estado de Michigan que les harán preguntas muy difíciles. ¿Acaso creen que todos los policías son corruptos o estúpidos como ustedes? Pues no lo son. Y también estoy completamente segura que ni la esposa de usted, Eliot, ni su familia, Ronalda, les estarán muy agradecidos por hacerme su enemiga —se detuvo un momento para recuperar la calma, con una pequeña carcajada continuó— y por si pensaban traicionarme... díganme ¿Creen que yo pudiera salir airosa con alguna de mis "actuaciones"?

No hubo respuesta, los cuatro detectives en la habitación de hotel sabían que la respuesta era un "sí".

—Ahora, quiero pensar que ustedes saben dónde está actualmente todo lo que pudiera incriminarnos fácilmente ¿verdad que sí saben?

"Poco más de quince onzas robadas de producto completamente puro" pensó Santiago.

"Una sangrienta escena del crimen con dos testigos vivos" pasó por la mente de Stabler.

Cuando Ronalda se inició en todo este asunto, aquella mujer le había dicho que la mataría a ella y a todos a los que quería si descubría que le había robado una sola moneda. Pensó que ya había hecho mucho más que eso.

La voz esperó que alguien le respondiera.

—Está... ¿con usted? —se aventuró a responder Ronalda, sabía que de no ser ese el caso todos ya estarían muertos.

—Correcto Ronnie —ambas palabras estaban bañadas por frialdad—. Y esta vez se les acabaron las segundas oportunidades ¿Me entienden?

—Sí —contestó Eliot, esa única palabra estaba cargada de tensión

—La hermosa persona que les enviaba regalos cada navidad, a quién normalmente recurrían para que les resolviera sus pequeños dilemas... bueno, ella ya no está aquí ¿captan?

Sin duda, ser cruel le era muy satisfactorio.

—Están en una situación dificilísima —siseó la voz—. Supongo que todos queremos conservar nuestros deditos y también supongo que deseamos que todo esto quede en secreto.

—Claro —susurró Eliot demasiado deprisa.

—Ronalda, ¿tú qué opinas?

—Por supuesto —la mujer latina escupió cada palabra.

—Entonces nos veremos mañana, en el lugar de siempre —un perro ladró de fondo y la voz soltó otra carcajada—. Después de arreglar su metida de pata, dejaremos de hacer negocios.

No hubo respuesta por casi treinta segundos

—Adiós —dijo por fin Ronalda—. Después de esto espero no volver a verla nunca.

—"nunca" esa palabra resulta muy extraña, al menos tomando en cuenta nuestra relación... cuñada.

Y con una carcajada estridente terminó la llamada.

Por un breve momento, Ronalda se quedó quieta junto al teléfono; después de dejar pasar un par de minutos, empujó una nueva pastilla de nitrito bajo su lengua y salió de la habitación dando un portazo de impotencia.

En cuanto a Eliot, el hombre sabía que se había metido por cuenta propia en una situación sumamente peligrosa ¿Pero cuando se le presentaría otra oportunidad para deshacerse de ambas mujeres, las mismas que hacían su vida un verdadero infierno?

—Eliot... ¿qué hacemos? ¡No podemos seguir sin hacer nada!

—Tranquilo Tutuola, seguiremos con el plan. Mañana seremos ricos y también héroes nacionales —Por primera vez en mucho tiempo, Eliot se sentía libre.

-o-

Un grito agudo y femenino quebró la relativa paz en el recibidor de aquel viejo restaurante. Lincoln, tomado por sorpresa, intentó a través de todos los medios posibles salvar a Lynn de ese embrollo. No la había dejado sola ni dos minutos en lo que ella se arreglaba sola dentro del baño y ya se las había arreglado para llamar la atención... eso era malo.

Cuando estaba a punto de interponer su cuerpo entre ella y aquel ejército de extraños, una mano delgada con uñas finamente decoradas lo tomó del antebrazo y lo obligó a detenerse.

Aún le sorprendía la rapidez con la que los fanáticos locales la habían localizado, Lynn también lucia incomoda con toda esa atención no pedida. Mientras el rostro de la pecosa se iluminaba cada vez más con color rojo, más gente y más alaridos y cumplidos se oían.

— ¡Oh por dios, es Lynnsanity! —Un hombre obeso, el mismo que dio aquel grito femenino, exclamó igualmente con voz chillona y con toda la potencia que le daban sus pulmones—. ¡Cásate conmigo!

— ¡La mejor atleta que haya dado este pueblo! —Dijo un viejecito que aparentaba estar más atento a los shorts rojos que al resto de la atleta—. ¡Sí señor... la mejor!

— ¡Firma mi faja! —grito una adolescente gorda escurriendo sudor.

Mientras el gentío se concentraba alrededor de Lynn, sus hermanas y acompañante se quedaron parados a un lado y quietamente empezaron a disfrutar del espectáculo. Era obvio que la castaña no tenía idea de cómo reaccionar o que decir, así que sólo se quedó congelada en el lugar. Empezó a tensar su cuerpo y a levantar sobre su cabeza el bate de baseball, un intento inocente por intimidar y alejar a sus fanáticos. Pero nadie entendió las indirectas.

— ¡Eres genial! ¡Luces como si fuera a iniciar la temporada justo aquí!

— ¡Cásate conmigo! —Insistió el gordo, controlando el tono de voz un poco mejor esta vez—. ¡Demostremos nuestro amor libre de tabús!

—Ya te lo digo, cada vez que ella se pasea por aquí tenemos cupo lleno. Por eso siempre le pido que me acompañe cada vez que tengo que venir.

Extasiada, Leni empezó a dar saltitos mientras aplaudía tiernamente sobre su mismo lugar.

—Entonces supongo que estará ocupada —en el rostro de Lily empezó a formarse una sonrisa sombría—. Espero que esté bien... Link ¿me llevas a nuestra mesa?

—Se reunió tanta gente que están bloqueando la salida... ¿eso está bien? —con esfuerzo, Lincoln despegó los brazos de Lily de su cuello—, digo, ¿qué pasará si ocurre algo y tenemos que salir de emergencia?

—Te preocupas demasiado Linky, no va a pasar nada el día de hoy que no esté fríamente calculado.

— ¡Leni, ayúdame! ¡Por favor! —se oyó el grito, sin embargo las personas y su corta estatura no dejaron que la castaña fuera vista, Leni y Lily tuvieron que hacer un esfuerzo titánico para no reírse.

— ¡Aguanta! ¡Lo estás haciendo bien! —Con una de esas sonrisas de un millón de dólares, Leni volteó a ver a Lincoln—, ha vivido escenas similares desde pequeña, imagino que si hubiera tenido alguna clase de compañero permanente de entrenamiento la situación con su autoestima hubiera mejorado bastante —la sonrisa se ensanchó y juguetonamente volvió a dirigirse a su hermana sepultada en fanáticos— ¡Intenta no tener miedo! ¡Ellos pueden oler el miedo!

— ¡Cielos! No tenía idea que fuera tan popular.

Sintiéndose ignorada, Lily resopló por sus fosas nasales.

—Y yo no tenía idea que fuera tan estúpida como para no saber cómo decirles que se alejen —el párpado derecho de Lincoln tembló.

—Lily... ¿Qué te dije sobre las malas palabras? —La cara de Lincoln giró completamente hacia un lado para confrontar a la pequeña rubia— Te había pedido que ya no las dijeras.

— ¡No es cierto!, solamente me regañaste por la palabra "Maldición"... maldición...

Ignorando la tensión entre sus dos acompañantes, Leni continuó sonriendo dulcemente. Cruzando su brazo derecho con el de Lincoln, empezó a llevarlo a una sala privada en la parte trasera del restaurante, esta vez el albino no hizo ni el intento de zafarse.

—Me imaginó que ustedes dos estarán hambrientos pero primero debo atender unas cosas con Lincoln ¿sí, Lily?

Soltando el brazo de Lincoln por un momento, la hermosa mujer se dirigió a un mesero asiático.

—Señor Kotaro, ¿me podría hacer el favor de llevar a mi hermanita a la cocina por un momento? No tardaré nada.

— ¡Oh, no! De eso nada ¡Tuve suerte en deshacerme de Lynn y no dejaré que tú te deshagas de mí tan fácilmente!

—Pero Lily, iba a pedirte que nos trajeras un poco de helado —No tuvo que decir una palabra más pues Lily, por incitativa propia, empezó a apresurar al camarero para que la llevara a la cocina por su golosina favorita—. Eso nos dará tiempo suficiente para que podamos hablar nosotros... solos...

La entonación con la que dijo las últimas palabras puso nervioso a Lincoln. Con el escalofrío negándose a abandonar su espalda, él le abrió la puerta doble a Leni, dentro de aquella sala privada sólo había una mesa elegantemente adornada con un mantel blanco y un discreto centro de mesa.

— ¿Hablar a solas? No es que me moleste estar con usted Leni... pero... ¿de qué quiere hablar conmigo? No creo ser tan buen conversador.

—Tonterías Linky —relamiéndose los labios de color carmín, Leni tomo asiento en un extremo de la mesa y palpó el asiento a su lado invitando a Lincoln a sentarse junto a ella—. Eres todo un profesional en tu área, de hecho, quiero ofrecerte un trabajo conmigo. Podremos discutir los detalles tan pronto acabe con un pequeño mal entendido con antiguos socios.

Inconscientemente, Lincoln se dio cuenta que la mesa estaba puesta para recibir a cinco personas. Antes de conocer a las Loud nunca se le habría pasado inadvertido un detalle así.

—Ahora que lo menciona, nunca entendí bien en qué trabaja; Lily me contó hace tiempo que usted empezó como dependienta en una tienda de ropa y por lo que sé ahora es que es dueña de todo el centro comercial.

—Aparte del Gran Central y este restaurante tengo otras modestas inversiones. Yo sabía que tienes buen ojo para los detalles, Linky... todo esto —con un rápido movimiento de su brazo, Leni señaló toda la estancia—, se lo debo al mercado de bienes importados, con las prohibiciones de los últimos años varios de ellos se han vuelto en exceso cotizados.

Contagiado por la risa deslumbrante de su anfitriona, Lincoln no le puso demasiada atención a sus palabras, en su lugar empezó igualmente a sonreír. Liberado por fin de aquella pena que lo acompañaba cada vez que estaba junto a ella, empezó a acercar lentamente su rostro al de la mujer de sus sueños. Cuando sus labios ya estaban a escasos centímetros, la puerta del salón privado se abrió de par en par; dejando pasar el ruido de los fanáticos aún embelesados con su ídolo local, también entraron una niña rubia llorando y temblando, el mesero asiático y tres pares de zapatos lustrados.

— ¿¡Que significa esto!? —ladró Leni con un tono muy distinto al que siempre le había oído Lincoln.

—Lo... siento, señora —alcanzó a decir Kotaro, un momento antes de que su cabeza explotara y las paredes y el techo se pintaran con su sangre.

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Les ruego,es pido (así como dice la canción) que compartan conmigo sus comentarios y críticas... Háganlo por Magginer.