PARECIDO A LA AMISTAD
Habían pasado pocos días desde su encuentro en la biblioteca, la Universidad y el Palacio se habían vuelto, repentinamente, zonas abarrotadas de gente, Folken seguía moviéndose por todas partes acompañado por una escolta de dos guardias, cosa que estaba a punto de cambiar, Dryden estaba considerando seriamente cambiar a aquel hombre a una habitación especial mucho más amplia y quitarle la escolta de encima, después de todo, Folken Lacour Fanel había resultado ser más valioso y dispuesto a acabar con el Imperio de Zaibach de lo que se esperaba.
Eries se sentía extrañamente orgullosa, aprovechaba cada espacio y momento libre para asistir a algunas de sus conferencias, nadie se atrevía a decirle nada, siendo una de las consejeras del futuro Rey e hija del actual monarca, resultaban una maravillosa forma de callar a cualquiera que intentara disuadirla de no entrometerse en "asuntos de hombres".
Aquella tarde había vuelto al castillo en el mismo carruaje en que volvía Folken, no podía evitarlo, la discusión había empezado por tocar lo complejo de los diseños de los artefactos que podían proveer de invisibilidad a melefs y fortalezas, el tiempo que les tomaría diseñarlos y el uso que podría aplicársele una vez acabara la guerra, de ahí habían saltado a la posibilidad de estar todavía sitiados por Zaibach (misma que Folken había descartado como si se tratara de una mosca molesta zumbando en su oído), pasando finalmente a como rescatar los restos de la fortaleza flotante que había estado bajo el mando de Folken algunos días atrás.
-… entonces, ¿de esa manera sería posible sacarla del agua? -Preguntó la segunda princesa del reino.
-Si, con esa cantidad de naves debería ser suficiente, el problema sigue siendo en que lugar colocarla para poder desmontarla.
-Revisaré algunos mapas, si eso te ayuda en algo, con las dimensiones que me has mencionado antes, estoy segura de que podré encontrar una zona lo suficientemente amplia para colocarla, y lo suficientemente cercana para transportar los materiales.
-Te lo agradecería mucho, Eries.
-¿Puedo saber qué interés oculto tienes en desmontar la fortaleza?
Él la miraba divertido ahora, estaba segura de que disfrutaba estas conversaciones tanto como ella, posiblemente más de lo que habían disfrutado charlar diez años atrás.
-¿Por qué debería tener un interés oculto?
Sonrió, demasiado pagada de sí misma- ¿Y por qué no habrías de tenerlo? Tu ayuda y conocimientos están resultando vastos e invaluables, estoy completamente segura de que habrás pagado tu deuda incluso antes de que esta… guerra, haya terminado, incluso podrías estar menos interesado en desmontar la fortaleza y extraer materiales de ahí, así que, ¿Cuál es?
Lo escuchó riendo por lo bajo, haciéndola sentir confiada al notar cuan divertido y complacido parecía aquel hombre con ella en aquel momento.
-Eries, ¡Eries! ¡nada se te escapa! ¿cierto?
-Yo no diría que nada se me escape -Corrigió ella- solo tiendo a observar a las personas más de cerca, y preguntarme, que podría pasar a futuro, cuáles son sus verdaderos intereses en cada empresa que llevan a cabo, que implicaciones podría tener esto con el reino en sí, técnicamente, solo hago mi trabajo.
Folken se rio un poco más, estaba disfrutando increíblemente con aquella conversación, según parecía.
-Podría decirte la verdad, o podría decir una mentira.
-Me daría cuenta si me dices una mentira.
-¡Entonces una verdad a medias! La omisión de la verdad es difícil de detectar de forma normal, una omisión siempre puede deformar lo que uno comunica, moldeando la verdad al gusto y necesidad de quien la comparte.
-¿Manipularías la verdad conmigo?
-No lo sé, podría hacerlo, o podría no hacerlo.
Reconocía un reto cuando lo escuchaba, apenas comenzó a declinar matrimonios, empezó a recibir más de un reto intelectual como un intento de someterla y entregarla a algún hombre que la tendría relegada a un segundo plano, pariendo herederos de sangre noble en algún reino extranjero.
No pudo evitar inclinar su cuerpo hacia adelante, notando la sonrisa de Folken ensanchándose un poco en su rostro, el cuerpo frente a ella imitando levemente sus movimientos, ojos granate contemplándola abiertamente, divertidos y maquiavélicos a la vez.
-¿Eras tú quien me buscaba a mí para leer hace diez años?
-Tú me buscabas a mí para que te prestara algunos libros.
-Puedo ver tu omisión a kilómetros, Folken.
Ambos rieron un poco, la sonrisa de él aún más clara y radiante que antes.
-Muy bien, ¡muy bien! En ocasiones te buscaba a ti en específico para descansar un rato y sentarme a leer, en ocasiones, simplemente me topaba contigo y decidía darme un descanso de perseguir a Van por el castillo o entrenar con Valgus.
-¿Por qué me regalaste un libro de leyendas fanelianas?
-Te gustaban las historias, estaba seguro de que no tendrías ese ejemplar en tu colección.
-¿Estás seguro que esa es toda tu respuesta?
-¡Completamente seguro!
-Folken, quiero la verdad entera -Dijo ella en un tono juguetón.
Él miró al suelo sin dejar de sonreír, luego hacia la ventana, al cielo por encima de las casas y de sus cabezas.
-Pensé que nadie apreciaría más mi libro favorito, que la ávida lectora que había ido a parar a mi casa por un mes sin tener ningún tipo de escapatoria.
-¿Habrías tomado por esposa a Marlene, si te hubieran permitido escoger?
Ahora la miraba completamente serio.
-Tal vez sí.
Ella estaba repentinamente seria también, había notado algo distinto en su rostro, algo minúsculo que no había visto momentos atrás.
-¿Folken?
-Eso no es lo que querías preguntar, si vamos a jugar a encontrar verdades a medias, puedo asegurar que no era eso lo que TÚ querías preguntar.
Se hizo hacia atrás, topando su espalda contra el respaldo del carruaje sin poder evitarlo, completamente seria y ligeramente sonrojada, con los brazos cruzados sobre su pecho como un escudo y sin poder quitar los ojos del hombre que, a diferencia de ella, había inclinado su cuerpo un poco más al frente.
-¿Y qué era lo que YO quería preguntar entonces?
Folken se hizo para atrás en ese momento, completamente erguido y derecho en su sitio, mirando primero al suelo y luego a la ventana, negándose a devolverle la mirada por completo, podía notar como la miraba furtivamente por el rabillo del ojo cada pocos segundos.
-¿Estás segura de querer afrontar esa respuesta, Eries?
Lo pensó un momento, el corazón le latía rapidísimo, sentía mariposas volando dentro de su estómago, y ansiedad suficiente para que sus brazos se escurrieran a ambos lados de sí misma, donde comenzó a arrugar un poco la falda de su vestido, apretando sus puños de tal forma que dolía, quería la respuesta, pero no hacer la pregunta.
-Eso pensé -Contestó Folken, depositando su entera atención en la ventana- hemos llegado, te escoltaría a la biblioteca o a donde tengas que ir ahora, pero tengo asuntos pendientes en otra zona.
La puerta del carruaje se abrió, ella no se había movido aún, esperando a que él volteara a mirarla una vez más.
-No es la respuesta lo que temo enfrentar Folken, es la pregunta en sí, gracias por traerme.
Él hizo una leve reverencia con su cabeza, ella la devolvió y salió del carruaje, estaba segura de que sus mejillas se habían puesto tan rojas, como las de la señorita Hitomi después de correr por los jardines de Palas.
.
Despertó a pocas horas de que amaneciera, podía notarlo en el frío del ambiente, las tenues luces intentando hacerse notar en el firmamento completamente oscuro y la posición de las estrellas.
Sudaba tanto, que cualquiera pensaría que acababa de darse un baño, la zona en medio de sus piernas dolía con añoranza de caricias desconocidas y un fuego abrazador le carcomía el vientre y la cabeza.
Se levantó, ingresó a su cuarto de aseo y comenzó a llenar algunos baldes con agua fría, no sabía que otra cosa hacer luego de lo que acababa de soñar, estaba segura, por el calor que sentía, que había sonrojado incluso sus orejas y la base de su cuello, ¿de dónde demonios estaban saliendo todas esas escenas pecaminosas y vulgares?
Su mente la traicionó luego del primer baldazo de agua helada, podía ver claramente una zarpa metálica recorriendo cuidadosamente un camino recto por entre sus senos y hasta su ombligo, unos labios dejando en el olvido una sonrisa torcida para besarla en zonas a las que, estaba segura, no llegaba ni la luz del sol, sus dedos picaban de manera incómoda ante la idea de comprobar la textura de aquellos cabellos grises y peinados en punta hacia arriba.
Se echó otro balde de agua helada, mordiendo su labio ante el contacto con aquel líquido que le ponía la carne de gallina y que no parecía suficiente para sofocar la angustia que había estado sintiendo.
-¡Por Jichia! ¿Casi prefiero despertar vomitando?
Estaba mintiendo, aquella era una verdad a medias, en realidad preferiría no tener sueños tan embriagadores y placenteros que no hacían más que llenarle la cabeza de escenas obscenas y palabras que, estaba segura, jamás iba a escuchar de la boca que quería que las dijera.
Se tiró un último balde de agua helada encima, alcanzando una toalla para secarse e ir a su habitación a buscar algo que ponerse, ya no podría volver a dormir… entonces lo escuchó.
El silbido que la había guiado a él en los jardines.
Tal parecía que no era la única con problemas para dormir aquella noche.
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No había rastro de la tela blanca que se enredaba para esconder su brazo, no había rastro tampoco de la pesada túnica de cuero negro llena de cinturones en que se enfundaba todo el tiempo, solo una túnica verde de una sola manga, un poco suelta y de tela más suave que el resto de su atuendo.
Estaba silbando de nuevo esa melodía nostálgica y triste, estaba segura de que lo había escuchado silbándola o tarareándola en Fanelia… no pudo evitar caminar hasta él sin hacer casi ruido, así como no pudo evitar dar voz a sus pensamientos.
-¿Qué silbas?
El sonido se cortó, Folken no parecía muy dispuesto a moverse ni un poco.
Largos segundos pasaron con ella mirando directamente a la espalda del antiguo heredero al trono faneliano, ella se acercó más, lo suficiente para poder posar una mano en el hombro humano del hombre sentado en su jardín, él no se movió por algunos segundos, casi parecía que se le había cortado la respiración, ella no pudo evitar apretujar un poco la piel bajo su palma, cálida y suave sin las hombreras de cuero negro. Cuando Folken recuperó la movilidad, fue Eries quien se sobresaltó un poco, perdiendo la respiración al sentir una mano fría y metálica, con dedos terminados en garras sobre su mano, el dueño de aquella prótesis había volteado el rostro, mirándola con calma y algo que no podía terminar de descifrar.
-No podía dormir -Confesó ella- te escuché silbando y decidí bajar.
-No es que no pudiera dormir -Continuó Folken con la inesperada conversación- hace tiempo que no duermo más de 3 o 4 horas al día, creo que, desde que me pusieron este brazo, mi cuerpo y mi mente no me permiten descansar.
La soltó suavemente, ella también lo soltó, notando como él se recorría un poco en aquella banca para hacerle lugar.
-Tenía tiempo que no venías por los jardines, estoy segura de que te habría escuchado.
-Es verdad, había estado tan ocupado con los preparativos… de pronto me quedé sin nada más que hacer… y sin tinta, por supuesto.
Eries no pudo evitar sonreír divertida, sintiéndose feliz solo de notar como él intentaba, por todos los medios, ocultar la sonrisa que había florecido en su rostro por la pequeña broma.
-¿Me dirás entonces?
-¿Qué cosa?
-¿El nombre de la melodía? Estoy segura de que la repetías incluso hace diez años.
No podía dejar de mirar aquellas facciones de su perfil, tan masculinas, tan pálidas al ser iluminadas por las dos lunas, disfrutaba demasiado ver los sutiles cambios en sus gestos, incluso si él estaba ahora mirando al suelo, con la respiración ligeramente pesada.
-Es una canción de cuna de mi patria, mi padre solía cantársela a Van cuando lo tenía en brazos… de entre todas las cosas que recuerdo de mi padre, eso es lo que más grabado tengo… mi padre, cargando a Van y arrullándolo con esa canción… no recuerdo del todo las palabras, solo la melodía.
-La mente es algo extraña, en ocasiones puedo jurar que escucho a mi madre tarareando un vals para dormir a Millerna, cuando intento buscar de dónde viene, se desvanece en el aire.
-La mente es, en verdad, algo extraño.
Podía sentir calor emanando del cuerpo junto al suyo, algunas imágenes de su sueño se le habían vuelto a aparecer sin reparo ni pudor, haciéndola sonrojar y poniéndola repentinamente incómoda, como si esperara que su acompañante pudiera visualizar exactamente lo mismo que ella para luego señalarle lo vulgar que se había vuelto. Sin embargo, aquel reclamo nunca llegó, aun así, las palabras de Folken no hicieron más que sorprenderá.
-Lamento mucho si soné… brusco cuando nos separamos en el carruaje… no era mi intención.
-Está bien, yo no debí presionar tanto.
-… ¿quieres terminar con ese juego? ¿o prefieres ir y tratar de dormir un poco?
-No creo que pueda volver a conciliar el sueño… en realidad, hace años que padezco de problemas para dormir, estoy acostumbrada.
-Entonces…
Suspiró, mirando sus rodillas y las de la única otra persona en el jardín como si fueran lo único para ver en su mundo.
-Aún no sé si quiero hacer esa pregunta.
-Si te soy sincero, sabía que tendría que casarme pronto cuando mi padre no volvió… el matrimonio era, solo una responsabilidad más… matar un dragón, escuchar a mi madre en la sala de audiencias, entrenar con Valgus, todas eran responsabilidades que tenía por el bien de mi país… yo no elegí nada de todo eso.
-¿Qué habrías elegido entonces?
Sintió un par de ojos carmesíes sobre sí misma y volteó, encontrándose, efectivamente, con aquellos ojos de rubí mirándola con nostalgia.
-¡Libros! La quietud del bosque, el rasgueo de mi pluma contra el papel… no habría escogido el matrimonio definitivamente, no a esa edad.
-Puedo comprenderlo -Convino ella- saciar la curiosidad y dejar constancia de las cosas que se han experimentado pueden ser más atrayentes que una corona.
-¿Fue por eso que decidiste abdicar?
No quería responder, no ahora que sabía que él se daría cuenta si omitía algo o mentía.
Miró aquellos labios finos y largos, se sonrojó un momento al darse cuenta de a dónde la estaban llevando sus pensamientos. Desvió la mirada, no quería que él notara lo que estaba pensando.
-Soy una mujer, Folken, el matrimonio, especialmente en casos de gente noble, puede significar el encierro completo, tantas reinas resignadas a ser nada más que un adorno del trono cuando no están gestando y pariendo herederos… no habría soportado algo así.
-Especialmente con un marido menos inteligente que tú, me supongo.
Ella asintió.
-No hay gente más necia que la que se niega a adquirir más conocimientos… o las que creen que saben todo lo que deben de saber y se niegan a ver más allá… todos los pretendientes que me encontraron en su momento eran de uno o de otro tipo.
-Dryden habría sido un buen candidato entonces.
Se apretó la falda con una de sus manos, su pequeña y tímida sonrisa desvaneciéndose ante aquel comentario.
-Quizás si… no parece del tipo de persona que utiliza a otras personas por su belleza o que busca engendrar varones cuanto antes…
-¿Pero?
-No creo que pudiera soportar estar casada con alguien que solo tiene ojos para mi hermana.
Lo había dicho, la enorme verdad detrás de sus silencios, sin importar lo que sintiera, ahora que lo había dicho estaba completamente segura de que no podría retractarse, porque era verdad, jamás habría soportado estar con un hombre que prefiriera a Marlene o a Millerna, sin importar cuanto pudiera amarlo.
-Así que era eso -Murmuró él como si hubiera logrado desenmarañar un misterio que no paraba de darle vueltas en la cabeza.
Lo miró de soslayo, él estaba erguido, con los brazos cruzados, su mano humana doblada para poder soportar su barbilla y el serio semblante que tenía en ese momento.
La miró apenas un segundo, y la pequeña sonrisa, casi imperceptible que había visto, apareció de nuevo en él.
-De haberme casado con Marlene, estoy seguro de que habría podido amarla, con el tiempo… de haber tenido la edad suficiente, habría podido amarte a ti, con más facilidad incluso que a ella.
Estaba en shock, ¿qué era lo que…?
-¡Folken!
-Me di cuenta de lo que sentías el día que partieron, eras la única a la que parecía dolerle la partida, pero, ¿por qué?, evitaste toda esa luna relacionarte con Van o con Merle, no recuerdo haberte visto hablando con mi madre más allá de lo que la cordialidad estipula… tus cartas me lo confirmaron, llegaban antes que las de Marlene, con toda clase de detalles y una atención especial sobre la pluma… esperaba que con el tiempo, pudiéramos ser solo amigos, solo hermanos, no quería herirte a ti o a Marlene en aquel entonces…
-Y luego pasó lo del dragón.
-Mhm -Fue su afirmativa respuesta- no pensé que volvería a verte, cuando comencé mi formación en Zaibach… hice todo lo que pude por enterarme de la menor cantidad posible de noticias de los otros reinos, el único interés que me permitía mostrar era por mi hermano, y aún ese, intentaba disimularlo tanto como me fuera posible.
-Entiendo.
Lo sintió moverse y regresó su atención a él, había bajado ambos brazos, tomando aire profundamente y mirando al cielo, directamente a las dos lunas brillando entre las estrellas. Estuvieron así por casi un minuto entero, al menos, hasta que él dejo de mirar las lunas, llevando su mano derecha a algún bolsillo oculto a un lado de su túnica y extrayendo lo que parecía un montón de papeles.
-Dudaba si sería… prudente, entregarte esto, pero… no creo poder conservarlas conmigo más tiempo, no luego de todo lo que ha pasado y de lo que está por venir.
La estaba mirando con tal intensidad, que estaba segura de que podría ahogarse en aquellas pozas rojo vino, tal vez se habría aventurado a acercarse más y besarlo si no hubiera sentido como una de sus manos era tomada por él para depositar algo de tacto arrugado y suave en ella.
El hechizo se rompió, miró lo que le había entregado, repasando con el pulgar el listón de seda con que estaban amarradas todas las hojas que le había entregado, las suficientes para rivalizar con una enciclopedia en realidad.
-Gracias -Dijo ella, sintiendo que rompería en llanto de un momento a otro- lamento mucho todo lo que te pasó.
-Es algo que ya no tiene más remedio, al menos, puedo asegurarte qué no esperaba recuperar una vieja amistad… odio, resentimiento y desconfianza, eso era lo que esperaba de ti y de tu hermana, nunca esperé comprensión.
Lo miró incrédula, realmente quería besar a este idiota hasta quedarse sin aire y despojarlo de sus ropas para poder estudiar más de cerca la unión entre carne y metal… se levantó, no podía dejarse controlar por su cuerpo, ¡era ella quien debía tener el control!
Hizo una leve reverencia, acunó aquellas cartas viejas en su pecho con ambas manos, como evitando que el viento le robara alguna, y se fue a su habitación, siendo seguida demasiado pronto por una canción de cuna faneliana, silbada demasiadas veces.
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Notas de la Autora:Y con cada capítulo los amo más, ñqué puedo decir? sus interacciones fluyen como el agua.
SARABA
