La guerra ha terminado y un nuevo gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatió un favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregan de manera pacífica, pueden integrarse normalmente a la nueva sociedad.

Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, qué guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla ...

Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Acto II: Adolescencia (Infierno)

Escena 8: Cuando se pone en práctica lo aprendido en un mundo de hombres, mujeres y pervertidos.

(NOTA: El siguiente capitulo tiene narraciones de distintos momentos en la vida de Ler y Ace, por lo que es importante prestar atención a los mismos pues hay un punto en el que sus cartas se mezclan en pequeños fragmentos y momentos, esto se nota en la forma en que ambos narran y a quien lo hacen)

- Sin embargo, los informes y correspondencia detallan una comunicación frecuente con Akagami meses antes de que iniciará la guerra. ¿Motivó esto a la marina para investigarla?

Medite un momento si decirles que joderme era el único motivo real pero llegué a la conclusión que no sería muy bien recibido como respuesta.

- No precisamente. La marina convivía tranquilamente con los Younko durante aquella época por cuestiones de equilibrio y conveniencia. No fue hasta Marineford que hubo un enfrentamiento directo entre ambas partes. Había un acuerdo por costumbre de que ninguno se metería con el otro mientras mantuviesen el orden.

- ¿Porque iniciaron las investigaciones y acciones punitivas contra usted entonces?

- Fui obligada a cometer acciones por las que hoy se me juzga, pero, bajo mi propio criterio, he de admitir que cometí muchos errores y actúe de forma egoísta, inmadura...-tome una respiración profunda antes de continuar- solo era una niña confiada en que no podía empeorar más su vida...Entonces me puse en jacque.


- ¿Es ella?- las miradas insistentes la persiguieron durante todo su recorrido hasta la barra. Se acomodó los lentes y la gorra, tratando de esconderse. No sirvió de mucho pues todos allí sabían quien era, todos la estaban esperando.

- No otra vez...- susurró.

- No es como pensaba pero...Deberíamos acercarnos- otro comentario flotó en el aire entre el mar de murmullos a su alredor. Ella frunció el ceño e irguió la espalda a la defensiva, apretando levemente el cuero de sus guantes ante cualquier movimiento.

Finalmente, unos valientes se acercaron por detrás mientras ella suspiraba y dejaba de apretar los puños para voltear con una sonrisa fingida.

- Vaya, vaya, ¿a quien tenemos aquí.?...Si es la dragoncita...- tres hombres de aspecto agresivo y desagradable, formaron un semi círculo a su alrededor. Ella se mantuvo serena. Alcanzó el vaso de alcohol que había dejado a un lado y lo levantó en un brindis silencioso para luego beber un trago prolongando sin dejar de seguir cada acción de los tipos con la mirada.- Parece que la presa ha decidido correr directamente a la trampa.

Ella no respondió, en cambio se mantuvo como si nada, atenta a que otros hombres habían imitado la acción de los que se encontraban frente a ella y comenzaban a acercarse con malicia y burla para intimidarla.

Estiró su cuello y echó un vistazo a la puerta, sobre la multitud.

- ¿Acaso tienes miedo, bonita? ¿Piensas escapar? Que corras solo lo hará más interesante- dijo alguien, ella no supo quien, pero la hizo devolver su mirada a los hombres más cercanos que dieron un paso más hacia ella. Otro trago largo le bastó para acabar con todo el contenido del vaso. Buscó al tipo tras de la barra y no encontró a nadie.

- Me están estorbando- dijo finalmente con indiferencia, acomodándose la gorra, cruzándose de piernas.

-¿Disculpa? - la incredulidad en el rostro de los hombros y el sonido de la multitud pareció irrirarla.

- No puedo ver la puerta y estoy esperando que alguien entre por ella. No son ustedes así que , están estorbando.- repitió con fastidio- ¿No hay nadie atendiendo la barra? Maldición, llevo tres días en esta Isla y todos desaparecen después del primer trago.

La furia en el ambiente era palpable. Ella se mantuvo estoica viendo como las mínimas posibilidades de no llamar la atención o crear un conflicto se desvanecían, aunque, no es que tuviese muchas desde el inicio. Los últimos días de su espera habían tenido finales similares y ahora solo le quedaba admitir que estaba cansada.

Y que le quedaban pocas esperanzas.

¿Acaso Ace no había recibido su carta?

Uno de los hombres dió un paso hasta quedar directamente frente a ella, sin embargo, cuando intento acercarse más, Ler extendió la pierna y le pateó el pecho. Se sacó la gorra y las gafas, mostrando toda su expresión.

- No te atrevas a tocarme.


"Te esperé todo el día, hasta que el día desapareció, entonces me pareció que la noche era muy fría, muy corta, que no sería suficiente para tenerte entre mis brazos si venías.

Temía que no lo hicieras. Pero lo hiciste.

Entraste en aquel bar vestida con un abrigo gris que escondía tu vestido, lo supe porque tus piernas se colaban tímidamente bajo el. Caminaste con seguridad hasta mí y pediste unas botellas. Aún así, no lucias muy segura.

Debí darme cuenta entonces."

Ler apretó los labios en una fina línea, preocupada. Ace detuvo los besos en su cuello al sentir como su cuerpo se tensaba bajo el.

-¿No estás segura? Puedo det...- el se alejó un poco de ella mientras la miraba detenidamente y colocaba un mechón de cabello rizado detrás de las orejas sonrojadas de la chica, como todo su rostro. Aunque las razones tras esto eran distintas para la mente de ambos.

"No tuve el valor suficiente para mirarle a los ojos y decirle todo lo que pensaba y sentía estando allí. Era una promesa que nos habíamos hecho los dos. Sabía que el no era virgen, que ni de cerca era inocente y aún así, no podía culparle.

No podía mirarlo de frente sintiéndome mejor que el. No podía decir ninguna palabra sin sentirme como una mentirosa."

"Pensé que me tenías miedo. Que no estabas segura de lo que íbamos a hacer. O lo que iba a hacerte."

- No es eso, solo...- tragándose el dolor y el miedo que sentía, se obligó a sonreír, envolviendo sus manos al rededor de las de el y acercándose a robarle un beso suave, sensual y tentador- solo quisiera relajarme un poco más, ya sabes...- una de sus manos se soltó para deslizarse a la botella que tenían al apar, igual a otras tantas que ella había pedido.

"Me daba asco recordar todas las palabras, manos y personas sobre o debajo de mi. Y pensar que Ace se sentía especial con alguien que había sido reducido a tan poco como yo.

Así es como mi tiempo en el Cipher Pol me hizo sentir. Con la cara y el cuerpo lleno de sangre y otras cosas desagradables que me hacían querer vomitar de solo pensarlas.

-Eres la mejor.

-No busques tu ropa, déjame verte un poco más así. Eres joven, pero increíble.

-Pensé que era mentira al verte. Pero eres lo mejor que he tenido en esta cama."

Ler se daba asco y mientras obligaba a Ace a beber entre coqueteos e incitaciones descaradas disfrazadas en inocencia y temor, se maldecía por dentro por no tener el valor de decirle al chico que ella no era lo que el creía, no era el paquete sorpresa que esperaba.

Temia que la repudiara, por eso empleó todos sus esfuerzos y conocimientos adquiridos en el Cipher Pol y como mascota personal al servicio de la marina, para beber tanto hasta doblegar a un hombre del tamaño de Ace a apenas la sombra del mismo, perdido, apenas consciente, balbuceante, amoroso y risueño. A ella no le sorprendió verse sobria, segura y viendo la situación desde fuera. Estaba acostumbrada.

Arrastró el cuerpo gigante con facilidad gracias a su fuerza, pero golpeó al mismo en todos lados hasta llegar a la habitación debido a su altura y a la dificultad de encontrar las llaves mientras el la besaba una y otra vez en cada oportunidad, en cada hueco, en cada pared. Ella se dejaba tímidamente, cerrando los ojos, obligándose a recordar que era el y no otra persona.

Solo Ace.

"Pensé en todas las veces en que recé por que se detuvieran y nunca se detenían. Entonces abría mis ojos y me daba cuenta que era el, solo el, y que esta vez, sintiendo el calor de su cuerpo y el cariño de sus labios, solo quería que el tiempo se detuviera y quedarnos para siempre así."

Entonces se dejaba llevar y le dejaba hacer hasta que se calmaba y podía seguir con su recorrido.

Cuando estuvieron dentro, ella lo empujó en la cama y el se echó a reír como niño mientras la miraba acercarse, encantado. Nunca espero que Ler se inclinase sobre el, le susurra se un te amo y apretando un nervio cerca de su pecho, lo hiciera dormir.

Ella lo miró con ganas de llorar antes de echarse a su lado en posición fetal, reducida al pequeño espacio que el cuerpo extendido de Ace le dejaba. No quería llorar, pero mentirle al único hombre que había querido en su vida y en su cama, le dolía hasta el alma que fingía no tener cuando otros hombres tomaban su lugar.

¿Le daría vergüenza saberlo? ¿La miraría de la misma forma? Ler no quería arriesgarse a saberlo.

Ace despertó a la mañana siguiente algo mareado, desorientado y extrañamente adolorido. No sentía sus piernas y tampoco ropa sobre su cuerpo, dándose cuenta que estaba desnudo, y acompañado.

"Jugué a ser Dios con su cuerpo y toqué las partes correctas para hacerle sentir orgulloso, cansado, para que el creyera que lo había hecho más que bien. Que lo había hecho"

Recordó a Ler y sus besos, el recorrido hasta la habitación, el cuerpo de ella sobre el y un montón de otros instantes borrosos y confusos que le hicieron reaccionar automáticamente como el hombre que era, mientras Ler, desnuda, de espaldas a él en una vista gloriosa para cualquiera que pudiese mirarla -y en aquel momento el pensó que era y sería el único en hacerlo- se encontraba durmiendo bajo su brazo.

Esperaba no haberle hecho daño anoche.

"Pensé en todo lo que pudiste haber pasado esa noche, y esperé profundamente que a pesar de recordar poco -o nada- tú lo hubieses disfrutado y te quedarás con un buen recuerdo de tu primera vez.

Solo que no lo era."

-Deja de mirarme- murmuró ella tan bajito que Ace tuvo que esforzarse por entenderla, pero la entendió, y sonrió un momento antes de inclinarse sobre su cuerpo y besarle el hombro desnudo y la piel suave y femenina que ahora se negaba a dejar.

-Estas despierta- afirmó aún sobre ella con una sonrisa que Ler pudo sentir pegada a su piel, por lo que se estremeció en un remolino de sentimientos.

"No dormí esa noche. No podía hacerlo. Me quedé llorando hasta que consideré que podía despertar, por lo que me quité la ropa y nos obligué a encontrarnos en una posición que fuese cómoda y confortable para el. Y para su ego."

- Nadie puede dormir si lo ven de esa forma- respondió ella dándose la vuelta y obligándose a sí misma a mirarle a los ojos y sonreír con cansancio producto de su sufrimiento.

Ace deslizó su mano por las mejillas de ella, deteniéndose hasta llegar a sus ojeras que parecían más profundas y aún así, no la hacían ver menos hermosa a sus ojos.

- ¿Te hice daño? - la duda se le coló en la voz y no pudo evitar que se le quebrara un poco. Ella sonrió.

"Estaba aterrado de pensar que aquel dolor en tus ojos y el cansancio en tu rostro era por mi. Me sentí como un monstruo que corrompió algo bueno y puro como la niña que eras tú.

O que creí que eras."

- Solo un poco, pero supiste arreglarlo...- dijo en un susurro evitando mirarle. Al pecoso se le iluminó el rostro y la miró enternecido, dejándole un rastro de besos por toda la frente y nariz, que luego juntó con la suya mientras se detenía un momento a sentirla cerca. A sentirla suya.

"Ensayé toda la noche aquel momento. Pensé toda la madrugada la respuesta a aquella pregunta. Me dije a mi misma que solo era una mentira. Otra mentira. Que no pasaba nada."

- Por supuesto que lo hice- aseguró unos segundos después con una nueva sonrisa surcandole el rostro, esas que hacían desmayar a hombres y mujeres que lo veían, sin distinción alguna. Ler no era la excepción y un sonrojo le cubrió el rostro, aunque no evitó que levantara las cejas al reflexionar su respuesta.

"Me arrepiento de no atreverme a decir que no recordaba nada. Que aquella "noche especial" era una mancha negra en mi memoria, y no sabía cómo había sido tenerte allí, conmigo. Tenernos.

No lo sabía porque no nos tuvimos, solo fuiste tú quien me engañó. Yo que me dejé engañar. Yo que también te mentí."

-Yo...Quisiera intentar lo de ayer- dijo Ler con una sonrisa brillante y tímida, pero que no lograba esconder su naturaleza engañosa y letal de dragón, sin embargo, Ace estaba más concentrado en tratar de recordar o entender a que se referían los movimientos de ella empujándolo de espaldas a la cama.

- ¿Estas bien para hacerlo?- al pecoso se le ocurrió preguntar, ignorando el calor que le producía en su interior el cuerpo de la chica sobre el suyo, inclinado levemente como una gata a punto de degustar su plato principal. Parecía un ser hambriento apunto de comérselo, y a el le encantaba la idea de ser devorado por ella.

Levantó con lentitud su mano y la deslizó por el cuerpo joven y moreno de la chica, por su cintura pequeña y sus caderas anchas, por sus muslos firmes y su trasero tallado por los mismos dioses, uno con el que soñó desde que empezó a entender los cambios en su joven cuerpo. Ler no tenía muchos pechos, aún no poseía la madurez femenina para presumir de una delantera tentadora como otras mujeres, pero cabían perfectamente en sus manos y quedaban tan endemoniadamente bien con su cuerpo y su rostro, que él no podía imaginarla de otra manera.

Allí, viéndola y sintiendola sentada sobre el, Ace reflexionó que no quería estar en ningún otro lado, con ninguna otra persona, solo en ese lugar, con ella entre sus piernas, con su cuerpo desnudo rozándole el suyo mientras desaparecía dejando un rastro de besos en su cuello, en su pecho y su abdomen, deteniéndose a acariciar el mismo con fervor, hasta llegar a su pelvis, donde el estremecimiento de su cuerpo y el calor se disparó cuando Ler le rodeó con la lengua el pene.

"No podía enmendar lo que hice esa noche. Jamás podría enmendar lo que significó en nuestras vidas, pero al menos la mañana siguiente quise ser lo mejor que el hubiese tenido, lo suficiente para que siempre recordara aquel momento en cualquier otra cama, con cualquier otra persona, sobrio o borracho, como su mejor experiencia.

Y no preguntarse por la que nunca existió."

"No sabía que había pasado contigo, y ni siquiera me pregunté el porqué. Desapareciste todo pensamiento de mi mente con tu iniciativa y supongo que no me moleste en darle valor a algo más que tú y yo finalmente juntos.

No lo que aprendiste.

No lo que ya sabías y pusiste en práctica en mi.

No sabía que tantos problemas nos iba a traer."

Portgas D Ace recordaría siempre aquel día como el que Ler le hizo el amor a su alma, a su pene y a todas las partes erógenas de su cuerpo habidas y por haber que ni siquiera conocía o encontraría después.

Contrario a lo que él pensaba, en amarla hasta hacerle olvidar su nombre, hasta no dejar lugar para nadie más en su cama en un futuro, hasta marcarle su esencia en el alma y en el corazon sin posibilidad de que pudiese quitárselo nunca, fue ella quién lo amó, quién lo marcó, quién se quedó con las partes de él que el guardaba en lo más profundo de su ser.

Fue ella quién le dijo a través de besos y caricias que sería suyo toda la vida.

"Y conocí otras camas.

Y conocí otros labios, otras piernas, otras vidas. Y me gustaron tanto como un día guste de ti.

Y nunca fue suficiente.

Y nunca deje de levantarme al día siguiente preguntándome por ti. Recordando aquella noche, sintiendo tu piel ardiendo junto a mi, sobre mi.

Y por eso hoy me pregunto tantas cosas, y me suenan en la cabeza todas las alarmas que no percibí, que desactivé sintiéndote mía...

Y no puedo evitar ahora pensar para quien de los dos fue más difícil."

- Eres... Increíble- Ace tomó una respiración profunda mientras caía sobre el cuerpo de Ler. La noche volvía a ser la reina del lugar, y ellos, cansados, llenos de sudor y marcas, caían rendidos por sus encantos.

"Tal vez, de haber mirado un poco más, de no concentrarme en tu pecho agitado rozando el mío, habría visto que llorabas. Habría notado que lo arruiné todo con aquellas palabras.

...Todo lo que te esforzaste en lograr".

A Ler el corazón se le hizo pequeño recordando elogios pasados, sintiéndose como una misión exitosa, como otro objetivo logrado.

No esperaba querer empujar al pecoso lejos de si, no cuando lo había amado y le había entregado tanto como aquel día, no cuando expuso ante el que era humana, todo lo que sentía y nunca se permitió sentir con alguien más.

El le hizo sentir como una virgen con sus caricias.

Y le hizo recordar que era una puta con sus palabras.

Y lo peor fue que ella sintió que las merecía.

" ¿Porqué, Ler? Pudimos haberlo hablado."

"Lo siento, Ace. Nunca quise hacerte daño."


- Supongo que en verdad no vendrá...- susurró mirando el lugar.

Los cristales rotos, las mesas y sillas quebradas, las botellas tiradas en suelo y un montón de cuerpos rodeándole.

El mismo escenario desde hace tres días.

Las botas rechinaron cuando se inclinó a recoger un papel entre los destrozos del lugar. Lo miró con detenimiento y luego lo rompió tirando los pedazos en el aire mientras se levantaba y se alejaba del lugar. Las manos dentro de los bolsillos, y el corazón en la boca.

Era estupido pensar que Ace no lo había visto antes, pero quizá le quedaba la esperanza de que como aquella noche, estuviese lo suficientemente borracho para no entenderlo.

Pensó que no se volverían a ver pero lastimosamente, lo hicieron.


- No te atrevas a tocarme.

¿Cuántas veces había dicho aquella frase en las últimas semanas? Ler no lo sabía ya.

El dolor palpitante en su mejilla izquierda le indicó que aquello en verdad había pasado. Su rostro inclinado levemente tembló con ligereza, y fue allí que tuvo la certeza de que un rato después aquella zona se hincharia y adquiriria una tonalidad oscura, extendiéndose hasta el borde de sus ojos, inyectados con sangre por las emociones del momento.

Reflexionó que el golpe físico no significaba nada comparado con el que su mente se llevó al enfrentarse a dicha situación. La rabia, el dolor y decepción se adueñaron de su cuerpo, reaccionando de una forma violenta hacia la persona que tenía frente a si.

El sabor metálico característico de la sangre invadió la boca del hombre, quién se tocó el área golpeada con ironía, como si aquel puño fuese una brisa suave y no un golpe cargado de odio y resentimiento que buscaba atravesarle la cara.

Él esperaba esa respuesta de ella.

-No vuelvas a tocarme. Nunca- repitió ella aprentando los dientes con la inmensidad de sentimientos acumulados.

Parecía que no le conocía.

Parecía que ambos se odiaban y nunca hubiese existido historia o cariño alguno entre los dos.

El hombre alzó la mano nuevamente y ella la atrapó en el aire. Al concentrarse en las habilidades especiales que comer aquella fruta le había dado, dejó de entrenar adecuadamente su fuerza física y velocidad, por lo que no le sorprendió a ninguno que el golpe y la respuesta de ella lo superase en magnitud y rapidez, pues, si se encontraba allí en aquel momento, si había logrado sobrevivir y llegar a ese punto era gracias a que nunca se rindió un solo día.

Aunque se le rompieran los huesos, aunque su cuerpo no fuese capaz de mantenerse más sobre sus pies, nunca se rindió.

La voluntad de ambos era envidiable a su modo.

Ahora que el era fuego, ella estaba preparada para ser aprueba de el.

-Hace poco rogabas porque lo hiciera, Ler- el calor que desprendía el cuerpo del sujeto le advirtió a la mujer que no era prudente empezar una pelea que no pudiesen terminar.

Él le prendería fuego a toda la Isla si así lo deseaba.

Ella la destruiría en pedazos si lo quisiera también.

-Eres un maldito- escupió molesta, dándose la vuelta y conteniendo aquel instinto asesino que amenazaba con salir.

-Y tu una...- se detuvp él riendo con suavidad, apagando las llamas que empezaron a encenderse espontáneamente a lo largo de su cuerpo por la rabia.

- A pesar de eso, no eres mejor que yo, Ace.

Ella tenía razón. Ambos lo sabían, pero ninguno estaba dispuesto a perder.

Ojalá fuesen niños de nuevo, ojalá su única preocupación fuese que su abuelo no los golpease otra vez.

¿Cómo se habían convertido en aquello que nunca imaginaron ser?.


-Contrario a lo que puedan pensar, ninguna mujer en la marina podía aprovecharse de su género sin que se aprovecharan de ella- la mirada de Hina, sentada junto a otros marines, apoyó mi declaración- influyó, si, pero no de la manera en la que la mayoría de personas lo consideran.

Ni siquiera se limitaba a las mujeres. A un mundo como éste poco le importaba.

Yo lo sabía bien.

- Y las asignaciones No Oficiales, ¿Eran todas de carácter sexual?- evité mirar algún rostro mientras la pregunta se mantenía en el aire, avergonzada por la narración previa y lo que considero, fue una violación al pacto de lealtad que le hice a Ace.

Aunque ninguno lo hubiese cumplido realmente.

- No lo eran , obligatoriamente- respondí luego de medir hasta que punto podía hablar sin sentirme como en aquellos años- pero como mencioné anteriormente, algunas personas cumplen ciertos requisitos que benefician a ciertas actividades en la marina.

- ¿Como su apariencia?

Frunci el ceño y apreté los puños sin disimular. No acababan de hacerme esa pregunta.

-¿Disculpe?- incluso la jueza, la mujer entre mis juzgadores, volteó a ver al hombre que realizó la pregunta con una indignación palpable en el rostro.

-¿Su apariencia influyó en la posición que obtuvo en la marina?

Una risa sarcástica brotó inevitablemente de mi garganta. - "Mi apariencia"- dije apretando los dientes, pues ni siquiera podía considerarme a mí misma como bonita, pero Plutón era un hijo de puta y se había divertido bastante conmigo maldiciendome- fue la raíz de todos mis males. De no haber sido por aquello que consideraban "especial", jamás habría sido enviada a Dressrosa.