Creyó que cuando llegara el momento le faltaría el valor y el aliento necesarios para lograrlo, pero sorpresivamente ese no fue el caso. Encargarse de aquello sólo le tomó un parpadeo, tan sólo una fracción de segundo, un único instante en el que el disparo con silenciador empujó el arma hacia atrás.
Después…
No ocurrió nada digno de mención; únicamente había asesinado a su jefa, a la detective más joven en ser ascendida al rango de teniente, la mujer que se había entrometido y arruinado sus planes durante un año completo, y no le ocurrió nada como castigo, ni siquiera hubo gritos de pánico, puesto que ninguno de los presentes, todos ellos involucrados en el homicidio, experimentaban siquiera algo remotamente semejante al remordimiento por presenciar lo que habían hecho; Ronalda Santiago estaba tendida e inmóvil boca arriba, con aquel viejo pastillero abierto contra el piso de la habitación de hotel, rodeando su cuerpo con las pequeñas capsulas blancas que la habían vuelto adicta. La mujer latina había salido disparada hacia atrás y con los brazos extendidos desde la única silla del comedor hasta el extremo contrario de la cocina. Su sangre escurría por el refrigerador, manchando la puerta blanca de un color rojo metálico. Tenía la cara pálida, los ojos negros y opacos estaban todavía semiabiertos, apuntando aún hacia el rostro de su asesino.
—Apuesto que nunca creíste posible que esto te ocurriera —embriagado por el sentimiento de inmunidad que lo embargaba al verla muerta, Eliot Stabler se propuso saborear su triunfo un poco más de lo debido—, te parecía imposible morir como morían aquellos a quienes utilizabas…
—Eliot debemos irnos ¿recuerda? habíamos acordado desaparecer antes de que llegue el personal de la limpieza.
El rostro barbado y de piel negra del detective Tutuola se asomó por el marco de la puerta, su expresión apenas y cambió al notar la mancha de sangre esparciéndose lentamente por la alfombra, Stabler, su nuevo jefe, no respondió a sus palabras, había pasado por demasiado como para no disfrutar plenamente de aquel momento.
—… te parecía imposible que tu muerte fuera de forma tan inesperada… que te pudiera ocurrir en este lugar… por mi propia mano… —finalmente, Eliot reaccionó a los llamados de sus dos únicos cómplices, a su lado vio que la novata rubia agitaba frenéticamente sus brazos para llamar la atención—, lo siento Rollins, quería saborear nuestra victoria… supongo que debemos partir en este instante para atender cuánto antes aquel otro problemita…
Después de escupir en la amplia frente de la occisa, Eliot Stabler salió en silencio por la escalera de incendios, seguido por sus secuaces.
Amanda Rollins no dijo nada durante todo el viaje al restaurante, pero casi podía jurar que Ronalda tenía los ojos completamente abiertos y el rostro encendido cuando el trio abandonó la escena del crimen.
-o-
Con pasó rápido y violento, los tres agentes corruptos irrumpieron en la sala con el mesero y Lily a cuestas. La niña lucía muy asustada e incluso parecía estar a punto de desmayarse.
Justo cuando Eliot iba a hacer ademán de sentarse a la mesa, Leni se paró y con el rostro encendido los confrontó a él y sus hombres.
— ¿¡Que significa esto!? ¿¡Dónde está Ronalda!? —Por el tono de voz llena de furia que soltó la mujer que hasta hace unos momentos parecía sólo sentir amor y compasión y por la intromisión de los que parecían ser sus cazadores incansables, Lincoln se alejó sutilmente de la rubia con el cuerpo tenso y la mano derecha dentro del bolsillo de su pantalón, sujetando firmemente la única arma que llevaba consigo; el señalador láser que le había dado Lisa. Había sido un tonto al confiarse y no traer escondida alguna de sus pistolas a su "no cita" con Leni y las demás.
Como si un resorte los hubiera impulsado, los agentes de la DEA se escudaron detrás del hombre asiático y de la pequeña rubia tan pronto vieron a Lincoln moverse. Sintiéndose ignorada, Leni volvió a hablar, dándole un mayor énfasis lleno de odio a sus palabras—. Te pregunté ¿Dónde. Está. Tú. Jefa? Stabler.
El ambiente dentro del salón privado perdió en un instante todo su ambiente privado y sensual y fue reemplazado por uno tan cargado de tensión que casi se podía desgajar directamente del aire con los dedos.
Haciendo un gran esfuerzo, mismo que quedaba reflejado por su rostro sudoroso y colorado, Eliot se volvió a acercar a la mesa aunque esta vez no intentó sentarse, metió una de sus manos en su abrigo gris y sacó un arma niquelada de seis tiros que Lincoln reconoció al instante.
—Yo… te tengo mucho respeto, Leni. Te respeto a ti y tu negocio… cada uno de los cargamentos que nos entregas mantiene la misma calidad y eso… pues estamos muy satisfechos con eso… ¿verdad muchachos? por eso decirte esto será difícil —después de dudarlo un poco, Eliot recargó ambas manos sobre la mesa, quedando en la misma pose semijorobada que había mantenido Leni, sus rostros quedaron a escasos centímetros uno del otro—. Verás todos nuestros problemas iniciaron mientras nos encargábamos de aquella tareíta que nos encomendaste y… resulta que estabas en lo cierto, esa mujer nos estaba robando polvo, y una buena cantidad… nos encargamos del asunto como querías, aunque nunca mencionaste que tu hermanita estaba viviendo con la drogadicta que nos robaba, y tampoco nos dijiste que esa vieja miserable era tú tía —el cuerpo de Lily se tensó visiblemente al oír aquellas palabras—, de hecho fue Ronalda la que en uno de sus momentos de ansiedad adicta nos confió que tenías una gran familia de la que no sabíamos nada… como sea, fue justo en ese mugroso edificio que las cosas se pusieron chistosas… por decirlo así. Sameer ¿Te acuerdas de Sameer cierto? ¡Bah! da igual, era uno de nuestros hombres, el punto es que lo asesinaron, así es, mataron al bastardo a medio pasillo, en lo que se supone era un edificio seguro… así que tuvimos que volver al siguiente día a investigar a conciencia todo ese asunto… no había testigos ni nada que señalara a un asesino…
Eliot siguió hablando con el mismo tono tenso y nervioso, mientras que Leni no movía un sólo músculo. Al ver que la situación empezaba a estancarse en un nuevo monólogo de triunfo por parte de Stabler, el dúo de detectives detrás del corpulento hombre fueron recuperando la confianza en sí mismos y lentamente empezaron a relajar la postura, Lincoln apretó más fuerte el cilindro metálico, atento a cualquier oportunidad.
—… las recepcionistas de la estación de camiones nos contaron que un hombre del tipo… un albino con cara de idiota, acompañado por una niña, compró boletos sólo de ida para Michigan… sí, lo más lógico hubiera sido llamarte desde un inicio para preguntar si sabías algo… pero ni siquiera estábamos seguros de que se estuvieran escondiendo aquí y en ese entonces aún no sabíamos que aquella niña fuese tu hermanita menor —mintió, intentando ocultar por un poco más de tiempo su fallido intento de traicionar tanto a Ronalda como a Leni, sólo le revelaría la verdad a la rubia en el momento justo para ver la sorpresa en su bello rostro un instante antes de matarla, igual que había hecho con Santiago—. Unos días después de llegar aquí, justo cuando nos preparábamos para buscar al vecino metiche en otro Estado, una pequeña niña prodigio de quince años, que seguramente conoces, fue testigo de la muerte "accidental" de otro de nuestros hombres. Todo parecía indicar que se trataba de un desafortunado accidente, todo… excepto un arma que no tenía nada que ver con nuestro hombre muerto —casi desdeñosamente, Eliot tomo el revolver con una mano enguantada—. Un amigo en el departamento de balística local nos dijo que era la misma que había disparado a Sameer en New York… la misma arma que acaba de asesinar a nuestra querida Ronnie, espero que entiendas quién es el nuevo jefe aquí y te acostumbres a obedecerme o sí no…
—Señor Eliot, ¿qué no se ha dado cuenta?… le faltan al menos otros cinco hombres para amenazar a alguien como la señorita —después de que Kotaro interrumpiera el "discurso de triunfo" de Eliot, Leni se enderezó por fin cuan alta era, con su incredulidad reflejada en el rostro—, ¿entiendes? te faltan manos… quizá si aún tuvieras contigo a los inútiles que perdiste ayer… y según tengo entendido eso fue gracias a otro accidente… oh sí, no eres el único con contactos, Leni ya sabía todo esto sobre tu patético intento por destronarnos, aun así insistió en dejarte una última oportunidad; verás que…—sus ojos rasgados empezaron a lagrimear, y su rostro pálido-amarillento a colorarse por un rubor salvaje, sin embargo ni su postura ni su voz se alteraron. Cada palabra salió cargada de desdén, despacio y clara para que ninguna se perdiera bajo el caos de voces y chiflidos de los fanáticos reunidos afuera, que con cada segundo, parecían acercarse más y más a la sala privada— no le llegas ni a los talones a mi jefa, y es que nunca tuviste autoridad ni liderazgo. Contigo a cargo sólo hay un resultado posible para todo esto, y no será agradable. Los muchachos apenas y te escuchan, estoy seguro que ahora entiendes que tan pronto bajes la guardia ellos acabaran contigo cualquier día de la semana. Todo lo que has hecho. Todo lo que has intentado. Todos a los que has amenazado pensando que eras el más jodidamente inteligente… todo eso no servirá de nada. Tendríamos que haberte matado cuando Leni empezó a organizar esta pequeña operación hace nueve años. Pero tu miseria resultaba muy entretenida. En ese entonces habías fracasado en la vida, Eliot, incluso tu esposa llegó a decirme que me prefería a mí en su vida antes que a ti. Ahora has vuelto a fracasar. Esta es la última amnistía, metete tu "soy el líder" por el culo y suicídate, antes de que tú y tu esposa tengan un accidente. Decidirte es muy sencillo si te detienes a pensarlo.
Los ojos del detective, todavía fijos en el rostro de Leni, centellearon como si fuesen pozos de lava ardiendo. Después se volvió apenas lo suficiente para mirar fijamente a sus cómplices detrás de él, aunque realmente estaba observando únicamente a Kotaro. Ante la mirada iracunda del detective, el hombre asiático ya entrado en años mantuvo su expresión de superioridad.
—Lo... lo siento, señorita… pero le prometí a Lynn que no dejaría… —alcanzó a decir Kotaro, un momento antes de que su cabeza explotara y las paredes y el techo se pintaran con su sangre.
-o-
Un silencio inmenso llenó todo el restaurante, y no sólo la pequeña sala privada, cuando el eco del disparo resonó como lo hacen los disparos de todos los revólveres: estruendosamente.
Instantes después, el ruido provocado por el pánico colectivo de los comensales y los fanáticos reunidos en el área publica del "Lynn's table" inundó el pequeño comedor, que Leni había adornado para el "cierre de negociaciones", con gritos y alaridos.
Lily no movió ni un músculo en el instante en el que la explosión del revolver bañó su rostro con aire hirviendo. Por un segundo creyó que era ella quien había recibido el disparo, esa sensación desapareció al ver que Eliot Stabler seguía de pie, completamente erguido y con el pecho inflado, el revolver niquelado de seis tiros seguía apuntando hacia donde hace apenas unos instantes, estaba de pie el copropietario del restaurante. Lily tuvo que recorrer todo el lugar con la mirada para poder asimilar lo que el putrefacto detective había hecho. Kotaro Fujioka estaba desplomado a un lado suyo. Su sangre y parte de su cerebro empezaban a escurrir sobre la duela encerada del piso, pero la mayor parte estaba desperdigado por todas partes; pintando las paredes, el techo y el rostro de Amanda Rollins de un color rojo vivo y de cosa gris y viscosa. El mesero, su padrino, tenía la cara destrozada, salvo por los ojos rasgados que más que reflejar sorpresa o miedo, seguían dando ese aire de tristeza, el mismo que mantuvo durante los últimos nueve años, mismos en los que Leni tomó la gerencia del restaurante.
Cuando el eco del disparo desapareció, los pensamientos coherentes que circulaban dentro de la mentecita de Lily volvieron a fluir con normalidad, haciéndole ver que estaba atrapada por el pánico. El olor a cobre quemado de la sangre chamuscada, la visión de un hombre muerto con la cabeza desecha y saber que estaba cubierta por sus sesos provocaron que sintiera como si su cabeza empezara a dar vueltas, provocándole unas incontrolables ganas de vomitar.
—"Tendría que haber muerto desde antes, desde el principio debí saber que toda esta aventura terminaría así —por su mente al borde del colapso pasaron las últimas escenas de una película que habían visto ella y Lincoln en el autobús que los había traído hasta Michigan; una película en la que un solo hombre les plantaba la cara a toda la policía de la ciudad.
Mientras la mujer rubia que tenía a Lily agarrada por detrás reaccionaba finalmente a la sustancia que le manchaba el rostro, su arma de cargo rosó varias veces el dorso de la mano de la niña. Lily trató de imaginarse a sí misma como el protagonista de aquel filme, de imaginarse a sí misma arrebatándole el arma a la detective, dándose la vuelta y disparando.
Lucía en extremo sencillo.
En extremo imposible.
Perdió la voluntad de golpe al darse cuenta que toda oposición que pudiera ejercer sería inútil. Aquel detective inmenso exudaba prepotencia y era obvio que su plan desde un inicio era humillar a las hermanas antes de matarlos a todos.
Sintiéndose desamparada y mientras un líquido tibio bajaba por sus muslos e inundaba sus zapatillas, la pequeña rubia se dio por vencida completamente.
Apenas un par de segundos después del primer disparo, Eliot Stabler cayó fulminado por un extraño resplandor.
-o-
Lincoln sólo necesitaba una ventana de unos cuantos segundos, apenas una distracción para poder hacer que el detective y sus asquerosos lame botas salieran del restaurante cada uno envuelto por una bolsa para cadáveres. Deseaba qué esa oportunidad llegara pronto puesto que gracias a sus años de experiencia sabía que hombres inseguros, prepotentes e inestables como ese tal Eliot Stabler siempre eran malas noticias. Tan tenso estaba esperando una oportunidad que no pudo reaccionar apropiadamente cuando el hombre que explotó en burlas y retos fue el mesero de rostro apagado y no el psicópata con el arma.
Con toda la incredulidad que le quedaba después de años acabando con las vidas de desconocidos, Lincoln vio boquiabierto como en apenas un parpadeo medio rostro de aquel hombre pálido desaparecía en una nube de sangre, cubriendo así todo el lugar con sesos y huesos molidos, cegando a la rubia con la sangre de su rehén, provocando que incluso el policía negro y con restas trastabillará hacia atrás un par de pasos. Lo que sorprendió más a Lincoln fue cuando se dio cuenta que Eliot estaba tan satisfecho con acabar con la vida de aquel hombre que se había burlado de él, que no se había percatado que ahora les daba la espalda tanto a Leni como a él.
Fue entonces cuando se dio cuenta que esa era la oportunidad que tanto había buscado. Pero no esperaba que una ocasión tan conveniente se presentara tan pronto, por lo que después de dudar un momento se decidió por fin ponerse de pie y enfrentar al trio de corruptos, su mano empuñó por pura inercia el objeto que estaba en el bolsillo trasero de su pantalón sólo que esta vez lo que extrajo de él no fue una de sus acostumbradas pistolas sino un pequeño cilindro cromado; el señalador laser que le había dado Lisa la noche anterior. La joven genio no le había explicado lo que esa cosa hacía al momento de dárselo, pero ella le había confiado la seguridad de sus hermanas y basándose en que la castaña era una prodigio en la ciencia, Lincoln esperó que aquel objeto diminuto por lo menos se transformara en una especie de arma láser futurista y mortal.
Cerrando los ojos y confiando completamente en la invención de Lisa Loud, Lincoln Doe cerró los ojos y apuntó el extremo del cilindro al detective que tenía más cerca: Eliot Stabler.
Dos delgados cables salieron disparados del extremo más alejado a su cuerpo, un brillo tenue y azul los recorrió un instante y al siguiente Eliot, y sus ciento noventa centímetros y poco más de cien kilogramos, caían al suelo paralizados.
— ¡¿Esto es una simple pistola paralizante?!
Su segundo error de la tarde fue el de quedarse quieto después de disparar el "arma secreta Loud" como lo había llamado la misma Lisa, puesto que Tutuola empezaba a reaccionar después de presenciar la extraña escena con el mesero y se disponía a sacar el arma de cargo de su pistolera de hombro.
Basado en su propia experiencia, Lincoln calculó que disponía de meros instantes despreciables para acabar con toda esa tontería, tenía que actuar a toda velocidad si quería tener una chance de salir vivo del encuentro con los dos pseudotraficantes armados que quedaban. Con el corazón latiendo a tope y la mente fría, se impulsó con una sola mano sobre la mesa de mantel blanco y aterrizó ágilmente con ambos pies del otro lado, tenía tanta adrenalina corriendo por su cuerpo que burlar aquel obstáculo le pareció más sencillo de lo que esperaba, sólo tuvo que hacer una pequeña voltereta cerca del cuerpo caído de Eliot para tomar el arma niquelada y para acercarse a la mujer rubia que aún luchaba con la sangre en su rostro para mantener los ojos abiertos, un simple gancho conectado directamente contra su barbilla fue suficiente para derribarla. Después bastó con lanzarse sobre ella, empujar con todo su cuerpo el rostro rubio manchado de rojo contra el piso y jalar uno de sus brazos en dirección opuesta, no se detuvo hasta que escuchó como las articulaciones y tendones del brazo crujían bajo su peso.
Cuando Tutuola consiguió sacar por fin su arma de cargo de la pistolera ya era demasiado tarde, Lincoln, sentado aún sobre la detective Rollins estaba a escasos treinta centímetros de distancia y casi medio metro por debajo de su rango de visión. Antes de que el detective negro lograra siquiera apuntar contra su antigua patrona o contra Lily, quien seguía congelada a media habitación, Lincoln disparó dos de las últimas cinco balas dentro del tambor del revolver; una se alojó en el tórax y la última fue a dar directamente entre los ojos.
Toda aquella espectacular escena ocurrió en menos de un minuto, toda una hazaña digna de ser considerada como la escena de acción culminante en una de las malas películas dirigidas por Luc Besson.
Sólo un minuto desde que la cabeza del camarero volara por los aires y ya se oían varias sirenas de policía acompañando de forma creciente al griterío lleno de pánico de la gente reunida afuera. Aquel ruido electrónico logró sacar a la pequeña de su estupor.
— Lincoln, los mataste, lo logramos pero… ¿Có… cómo vamos a salir de aquí…? —Las lágrimas empezaban a correr finalmente por las mejillas de la pequeña—. Te llevaran preso, Lincoln… todo esto es mi culpa yo…
Sabiendo que la peor parte ya había pasado, la mente cargada de adrenalina de Lincoln consiguió dilucidar claramente su siguiente acción: tranquilizaría a la pequeña y la sacaría de aquella pesadilla lo más rápido posible.
—No te preocupes por eso Lily… vamos a salir y todo estará bien…
Tan pronto oyó a las patrullas acercarse, Amanda Rollins logró juntar suficiente fuerza de voluntad para moverse lo más sigilosamente que le permitía su brazo roto. Sin hacer ruido deslizó su brazo sano por detrás de su cuerpo hasta tocar su espalda a la altura del cinturón.
Cuando sacó la mano, sujetaba en ella la H&K USP compact 357 que le dieron al entrar en servicio.
Sin dudar, disparó.
-o-
Lincoln sintió un par de aguijonazos hirviendo clavarse desde atrás en su carne, cayó de bruces contra el suelo cual costal de cemento, dejando confundida y sola en medio de la habitación a Lily. Mientras rodaba por el piso empapado en sangre, Lincoln logró dirigir el cañón del revolver niquelado hacia la mujer rubia recargada contra la pared y disparó las últimas tres balas que le quedaban.
Por la boca de la mujer rubia salió un ligero silbido mientras el cuerpo ensangrentado se doblaba sobre sí mismo liberando el aire atrapado en los pulmones inertes; una bala había dado contra la pared a varios centímetros de donde estaba originalmente su cabeza, la otra había impactado contra las vértebras y la última reventó su columna, provocando que su barbilla tocara limpiamente sus rodillas.
Sintiendo las heridas en su costado arder y sabiendo que no soportaría por mucho tiempo, Lincoln se puso de pie lentamente. Su resolución no había cambiado en lo absoluto, sólo se había alterado el método que planeaba usar para lograrlo.
— ¡Tenemos que irnos ya! —Inhalando por la nariz y exhalando con la boca para intentar mantener su respiración regulada, Lincoln agarró y arrastró del brazo a Leni y con un poco más de tacto llamó a Lily—. ¿Entienden? tenemos que salir de aquí lo antes posible y aparentar que sólo somos víctimas buscando ayuda.
—No podemos salir Lincoln —valiéndose en sus cuarenta kilos, Lily jaló a su amigo de una de las mangas de la chamarra y aunque su simple peso no representaba un verdadero obstáculo para la fuerza de Lincoln sí logró que el albino soltara el brazo de Leni y volteara a verla.
—No voy a discutir contigo ahorita, niña ¡hay que largarnos!
— ¡No! Escúchame Lincoln, no puedes salir… ¡acabas de matar a tres policías y nadie nos creerá que eran corruptos! ¿Acaso crees que ella revelará información o evidencias que respalden esa historia? ¡Nunca se delatará!
Ante las palabras incriminatorias, Leni se limitó a encender un cigarrillo extraño, y tranquilamente se recargó al lado de la puerta mientras llenaba el ambiente con un humo que apestaba a plástico quemado.
—Bueno… técnicamente sólo maté a dos —todo lo que Lincoln quería era asegurarse que Lily estuviera a salvo, nada más le importaba; ni complacer a la deseable cabecilla de la mafia local ni conservar su propio futuro—, y todo esto lo hice para protegerte de gente mala, así que estoy casi seguro que no serán tan duros conmigo…
Sus palabras salieron apresuradas y entrecortadas entre cada resoplido, podría engañar con su tono tranquilo a cualquiera pero no podía hacer mucho por ocultar que estaba sangrando.
—Quizá tengas razón Lily… ustedes saldrán por la puerta principal, yo usaré otro camino.
— ¡NO! ¡No puedo dejarte, Lincoln, estas herido!
— ¡Ahora, tú escúchame! —Al perder el ritmo que controlaba su respiración y gritar, su pecho se contrajo involuntariamente, provocando que Lincoln sintiera como un poco de aquel dolor en su costado inmovilizaba temporalmente sus pulmones— ¡Escucha, por favor!
Lily empezó a romper en llanto mientras se aferraba a los brazos de Lincoln, provocándole más dolor y negándose a escuchar.
—Tú ya lo dijiste; juntos no saldremos bien parados de esta situación, pero si me dejas ir solo, podremos superar esto. Créeme —tomando el hermoso y pequeño rostro de la niña entre sus manos, Lincoln continuó hablando—. Tengo mucho dinero, guardé casi todo de mis trabajos previos. ¿Sí? es mucho dinero, suficiente para desaparecer del mapa por un tiempo. Estaremos juntos… no dejaré que vuelvas a estar sola.
— ¡Sólo me dices todo eso para que no me preocupe y me valla! —Aunque ya no lloraba tan estridentemente como en un principio, de los ojos de Lily seguían cayendo gruesos goterones—. Pero mientes, aquí sólo hay una salida. ¡Lincoln, no te entregues!
—No, de hecho hay una pequeña trampilla que lleva a un pasadizo debajo de la mesa —Manteniendo su expresión apática Leni se había acabado su cigarrillo. A pasos lentos se acercó a su hermana menor y con una de sus delicadas manos logró que la pequeña soltara el costado sangrante de Lincoln—. Lincoln, si sigues el estrecho pasillo saldrás unas calles lejos de aquí, justo en el callejón de la tienda de muñecas de porcelana…
— ¿Escuchaste? Estaremos bien, Lily… quiero verte crecer, tener un verdadero hogar y amigos como tú… ¡Pero primero necesito que te vayas! Por favor nena, ya vete… nos veremos en tu casa, en una hora ¿de acuerdo?
Leni empezó a andar hacía la puerta que conectaba con el comedor principal y como si le hubieran dado alguna especie de señal u orden secreta, Lily caminó llorando en silencio detrás de su hermana.
Cuando ambas rubias salieron finalmente de la sala privada y avanzaron algunos pasos por el caótico restaurante, fueron recibidas tanto por el ruido de las sirenas de las numerosas patrullas estacionadas fuera como por las fuertes manos de Lynn.
—Chicas ¿Están bien? ¿Dónde está Lincoln? —la voz de la deportista se oía extrañamente aguda, como si estuviera a punto de llorar.
— ¡Yo… yo… no lo sé! ¡Lynn tengo mucho miedo! —sorprendida, Lily descubrió que ahora Leni también estaba llorando. Su rostro se veía aterrorizado y confundido, era el rostro de una mujer hermosa, inocente e ingenua que fue encerrada injustamente en el infierno.
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Al voltear la mesa, apareció la trampilla que Leni había mencionado momentos antes; una delgada barrera rectangular de madera. Intentando no hacer demasiado esfuerzo y empeorar así su herida, Lincoln la empujó hacia abajo con su pie. Nada sucedió.
Volvió a intentar, esta vez ejerciendo un poco más de fuerza, y obtuvo el mismo resultado.
Conforme los segundos pasaban, Lincoln creyó notar como la sensibilidad de su brazo derecho, el mismo que estaba del lado herido, disminuía y era reemplazada por un hormigueo frio. Salir de la escena del crimen era apremiante.
Ya empezando a experimentar los casi olvidados efectos del pánico y el aturdimiento a causa de la pérdida de sangre fue que intentó algo diferente; jalar en lugar de empujar. La trampilla se abrió fácilmente sin soltar siquiera un solitario rechinido, revelando unas escaleras metálicas que llevaban a un angosto pasaje bajo tierra. Lincoln descendió por el pasadizo y cerró la trampilla tras él, antes que el pequeño escuadrón de policía lograra entrar a la sala privada.
Cuando los uniformados revisaron finalmente aquel salón casi escondido al fondo del restaurante sólo encontraron un trio de cadáveres; dos de los cuales eran los agentes corruptos sobre los que les habían advertido.
Lincoln no tuvo que caminar mucho tiempo a oscuras por el pasadizo subterráneo, después de los primeros minutos encontró una escalera vertical y subió por ella, saliendo a una calleja formada por las paredes de dos edificios, estaba justo en la acera contraria al restaurante. Desembarazarse de toda esa situación sería muy sencillo, pero primero tendría que salir del oscuro callejón.
Volviendo a controlar su respiración para aparentar normalidad y no llamar la atención ni de los paramédicos ni oficiales, Lincoln ya estaba por salir del angosto pasaje cuando escuchó un disparó sordo detrás de él… un disparo que arruinaba sus planes de vivir una vida feliz junto a las Loud.
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Después de la primer explosión ocasionada por el disparo que acabó con la vida del mejor amigo del difunto Lynn Sr., el restaurante simplemente se había llenado de un silencio nervioso, no fue sino hasta que pasaron los primeros seis segundos que el pánico se apoderó de todos los presentes. Lynn no se movió, pues estaba paralizada en el lugar, presa de un extraño presentimiento que le decía que su familia estaba en peligro. Después se oyeron dos nuevos disparos que contribuyeron a aumentar aún más el caos entre los comensales de la tarde, no fue sino hasta que se oyeron los últimos tres disparos que logró reaccionar y volverse consciente de su entorno. A su alrededor, los comensales y la horda de fanáticos se echaban al suelo. Algunas personas adultas cubrían con todo su cuerpo a sus hijos. Pero ella, rodeada de gente llorando y tan cerca de la puerta, se sentía como si se le hubieran congelado las piernas, presa de la incredulidad y el miedo. Igual como en su primer campeonato escolar.
Tan pronto empezaron a llegar las patrullas, llenando todo el lugar con sus ensordecedoras sirenas, una persona anónima entre la multitud empezó a gritar, provocando una verdadera estampida humana que se dirigía entre llantos y alaridos a la entrada, justo donde ella estaba parada.
Lynn apenas y alcanzó a moverse a un lado justo a tiempo para no ser envestida por la marabunta aterrada, el hombre gordo de la voz aguda no tuvo la misma suerte y fue pisoteado por al menos un centenar de personas antes de ser arrastrado junto con ellos. Recuperándose poco a poco de su sorpresa inicial, recorrió con la mirada todo el local vaciándose, fue entonces que vio a sus hermanas salir del pequeño salón que Leni reservaba para las escasas cenas familiares, e inconscientemente corrió al encuentro de las rubias.
—Chicas ¿Están bien? ¿Dónde está Lincoln? — se empezaron a humedecer sus ojos al pensar que aquel extraño había sacrificado su vida desinteresadamente para salvar a las de sus hermanas.
— ¡Yo… yo… no lo sé! ¡Lynn tengo mucho miedo! —Leni se desplomó en llanto entre los brazos de su hermana menor, se veía tan aterrada y perdida que incluso Lynn se contagió de su desesperación.
No se le hizo raro que Lily no llorara tanto como Leni, por el estado ensangrentado se sus ropas Lynn supuso que ella se había llevado la peor parte y se hallaba en shock.
Fue hasta de comprobar que sus hermanas estaban bien que escuchó la voz de dos detectives que conocía muy bien "¡Todo el mundo al suelo! ¡FBI!" y el clásico "¡Policía! ¡Quietos!". Vio que Pamela Foster, la oficial que hace tantos años encerró a su madre por un exceso de multas, corría a toda velocidad hacia ellas, tenía una mano bajo su axila para sacar fácilmente el arma de su pistolera de hombro. Leni empezó a chillar más fuerte mientras agitaba el brazo que no abrazaba a Lynn, como si quisiera llamar la atención y con ello la lastima y piedad de los inspectores y policías.
— ¡No disparen! ¡No disparen!
Cuando la rechoncha mujer se acercó al trio de hermanas extendió una de sus manos y tomó a Leni del brazo que agitaba, le dio la vuelta y la esposó con ambos brazos pegados a su espalda.
—Bueno —su voz salió despacio y llena de tensión—. Supongo que se acabó su juego… maldita rata.
Leni fue incapaz de responder, al igual que Lynn que no entendía porque estaban arrestando a su hermana.
— ¿Qué están haciendo? ¡Los que dispararon siguen en el lugar! ¡Deberían hacer algo contra ellos, no contra mi hermana!
—Creo que será mejor que se siente, Loud —añadió Foster mientras ella y Highsmith, su compañero, empezaban a llevarse a rastras a una aturdida Leni.
—Me temo que su hermana no era tan dulce ni inocente como nos hizo pensar —Intervino el hombre, con un tono más suave.
La deportista quiso volver a intervenir en favor de su inocente hermana mayor, pero mientras pensaba que decir, los uniformados empezaron a avanzar con la hermosa mujer a cuestas. Asustada por lo que le haría un despiadado interrogatorio policial a alguien tan sensible como a Leni, Lynn se apresuró a alcanzar a los que habían arrestado a su hermana. Cuando ya estaba por alcanzarlos, un nuevo grupo de policías se acercó para auxiliar a los detectives. Cuando Pamela se quedó atrás para intentar razonar con la estrella del deporte local se oyó un último disparo desde el exterior del edificio volviendo a poner a todos en estado de alerta.
— ¡¿Qué fue eso?! —Gritó Pamela a través de su radio—. Alguien responda ¡¿Qué mierda fue eso?!
—Sospechoso abatido —le respondió la entrecortada voz de una mujer—. Tenemos al maldito hijo de puta bajo control.
A pesar que las últimas palabras habían sido dichas en español, tanto Lynn como Lily las entendieron perfectamente. Sin que nadie le pusiera especial atención, la más pequeña del clan Loud empezó a llorar sintiéndose más sola que nunca.
