Capítulo anterior…

La doctora volvió nuevamente su mirada a él, y dio un leve suspiro.

Necesito que me firmes una responsiva para intervenirla de inmediato, Hiccup. —respondió entregando los papeles que tenía en una tablilla.

¿Intervenirla? —repitió este tomando lo que le daba con cierto recelo.

Así es. —continuó la doctora dando otro suspiro. —Lo siento Hiccup, pero… Astrid perdió al bebé, por lo que debemos practicarle rápidamente un legrado para evitar complicaciones.

¿Cómo dijo?...

Capítulo 23.

.

Lo que olvidamos

Parte 1

.

.

Los papeles en el tablero cayeron ocasionando un eco en el silencioso pasillo de la sala de espera del área de urgencia. Hiccup sintió un bajón en la presión que lo hizo perder la fuerza en su pierna y la prótesis misma, que sintió que se desmayaría. Todo su cuerpo comenzó a temblar de la impresión.

—Hermano…—Dagur rápidamente lo sostuvo cuando vio que este palideció y casi se caía de la impresión y tal era el shock que tuvo que ayudarlo a sentarse de nuevo en uno de los asientos.

—¡Enfermera! ¡alcohol, rápido! —ordenó la doctora a una de sus subordinadas que, al ver lo que pasaba, rápidamente tomó de un frasco cercano, un algodón humedecido y se lo pasó a su superiora.

La doctora, sabiendo bien lo que hacía, pasó con sutileza el algodón cerca de la nariz de Hiccup; sin embargo, este apenas y podía reaccionar por la noticia que le acababan de dar.

¿Un bebé? ¿Su aliada había perdido un bebé?

No le cabía en la cabeza la magnitud y el peso de esas palabras, no le parecían ciertas, era algo casi imposible de creer, pero tristemente era así y nuevamente en su vida, después de que admitió ser padre, no supo qué hacer.

—Hiccup… reacciona, por favor. —insistía Atali pasándole el algodón humedecido cerca de la nariz.

Sin embargo, la única reacción de este fue retirarle con su mano el algodón, para poder llevar su mano a la boca, de la cual no le eran capaz de salir las palabras.

—¿No sabías que Astrid estaba embarazada? ¿No te lo dijo? —preguntó Atali con delicadeza para tratar de comprender el shock que tenía.

¿embarazada? Fue la única palabra que se le quedó a Hiccup en la cabeza, la cual aún trataba de procesar lo que pasaba.

¿Cómo había sucedido? Trataba de comprender, mientras los recuerdos de cuando despertaron se hicieron presentes en su mente.

Hechizados, ellos eran una pareja, reconsideró asustado, pues eso significaba que tenían relaciones como cualquier otra pareja de esposos, de eso no había duda por cómo despertaron. Recién despertó del hechizo recordó que se negó a esa posibilidad, pero ahora, viendo las consecuencias, todo parecía indicar que de esa noche antes del rompimiento del hechizo algo había salido.

—Lo siento, Hiccup. Hace unas semanas se lo confirmé a ella y me comentó que te lo diría, por eso… yo creí que… lo sabías.

Aquel comentario, descolocó nuevamente al hechicero que, confundido, levantó su mirada hacia la doctora.

—¿Q-qué? —musitó. —¿Cuándo?...

—Eh… hace unas semanas, apenas tenía cuatro semanas cuando le di el resultado.

—pero…¡¿cuándo fue eso?! —gritó comenzando a alterarse, pues no creía que su aliada le hubiera ocultado algo tan delicado.

—Hiccup… tranquilo, tranquilo…—le susurró Dagur para aplacarlo.

Sin embargo, para Haddock era algo imposible, y más al ver a la doctora que, con tranquilidad, sólo se agachaba a recoger el papeleo.

—Si la memoria no me falla, esta era su doceava semana, así que… se lo confirmé como a finales de noviembre… tendría que ver en su historial médico para darte la fecha exacta.

¿Doceava semana? ¿Finales de noviembre?

Hiccup cubrió con su mano otro grito ahogado y sus ojos pronto comenzaron a llenarse de agua al terminar de procesar todo, pues la fecha aproximada de la doctora concordaba con la del rompimiento del hechizo, lo que significaba que: había olvidado que tendría otro hijo con ella.

Si las cosas habían pasado como Atali le había dicho, había una posibilidad de que su aliada en algún momento del hechizo se lo hubiera dicho, pero después, tanto ella como él lo olvidaron.

"Al menos logré deshacerme de uno de ustedes"

Las ultimas palabras de Harald resonaron en su cabeza y eso hizo que su cuerpo comenzara a temblar involuntariamente.

Harald, lo sabía. Hiccup se perturbó al considerarlo y de su cabeza no pudo quitar los recuerdos de sus amenazas, en donde su aliada estuvo demasiada expuesta todo ese tiempo sin saber que tenía a alguien que aguardaba en su interior.

—Hiccup, por favor… tenemos que actuar rápido. —llamó Atali, sacándolo de sus pensamientos. —Necesito que me firmes la responsiva, así como un consentimiento para practicarle el legrado, y de una vez practicarle una ligadura tubárica.

—¿La vas a dejar estéril? —interrumpió Dagur con el entrecejo fruncido.

—¿Qué? —musitó Hiccup sin comprender.

—Los anteriores embarazos de Astrid no han sido fáciles, cuando le confirmé que estaba otra vez en cinta le advertí que podía ser riesgoso, y que una vez que tuviera al bebé lo mejor era practicarle la ligadura tubárica para que ya no se volviera a embarazar, pero dado los hechos, como recomendación médica es hacerlo de una vez, puesto que, si ya pasó esto, es probable que vuelva a suceder y podría ser fatal para ella. Hiccup, Astrid perdió el conocimiento, por eso te pido que firmes el consentimiento para poder realizar lo que se requiere. —explicó entregándole nuevamente el papeleo.

—P-pero… yo no tengo ningún derecho sobre ella. —balbuceó Hiccup lagrimeando. —N-no… me corresponde tomar esta decisión.

—Eres su esposo, Hiccup. Por lo que eres responsable si ella no está en su capacidad para decidir.

Hiccup siguió negando con su cabeza pues además de enterarse de que había perdido un hijo, recaía ahora en él tomar decisiones que no le correspondían para nada.

—Hiccup, por favor… Astrid te necesita.

Pero todo apuntaba a que no había otra alternativa.

Derramando lágrimas sobre los papeles, Hiccup puso su firma tanto en la responsiva como en el consentimiento, y los cuales sintió eran una sentencia para su enemiga que de seguro lo odiaría más de lo que ya lo hacía, y no sólo de ella, también de su hijo no nato, al escuchar de Atali lo que implicaba el procedimiento de un legrado y cómo terminaría.

Terminando, le entregó los papeles a la doctora para después echarse nuevamente en el asiento completamente destrozado.

—Gracias, Hiccup… de inmediato procederemos… mientras tanto…

—¡Este es el sujeto! —se escuchó de repente otra voz.

Tanto el detective, como la doctora y el hechicero se volvieron a la recién llegada, una señora regordeta de aspecto áspero y gruñón que a simple vista no se veía con buenas intenciones, y la cual iba a acompañada por Mala.

—Malabu, ¿qué pasa? —preguntó Dagur confundido, conociendo bien a la mujer que acompañaba a su esposa: la trabajadora social del hospital.

—El supuesto caso de violencia doméstica… —explicó Mala preocupada, bajando su mirada al desdichado Hiccup.

—¡¿Qué?! —exclamó este sintiendo otro golpe justo en el corazón.

—Así es, señor Haddock, personal médico me alertó sobre la llegada de una joven que presentaba una serie de marcas de violencia y perdió a su hijo, y que había sido traída por un hombre que también presentaba marcas de violencia.

—Srta. Grunion, me es difícil de creer eso. —intervino a Atali. —Conozco a Hiccup y a Astrid desde que se prepararon para tener a su primera hija y sé que es incapaz de hacerle eso. Él ama a su esposa.

—Con todo respeto Dra. Atali, pero sabe que todo caso de violencia y en especial si hay un aborto de por medio debe investigarse a fondo y dada las circunstancias él es el principal sospechoso, por lo que, ¡Detective Deranged!...

Dagur se irguió con su llamado.

—Le pido que haga las averiguaciones pertinentes de acuerdo con lo que marca la ley, por lo cual le pido que indique al Sr. Haddock sus derechos—insinuó demandante.

Dando un suspiro, Dagur se volvió a su amigo con pesar, el cual aún no podía siquiera recobrar el color normal de su piel después del shock que había recibido y que, ahora con esto, lucía demasiado perturbado, pero la ley era la ley y él se apegaba a esta, por lo que sacó unas esposas de entre su ropa y se aproximó a él.

—Lo siento Hiccup, pero… tienes derecho a guardar silencio… —dijo colocándole las manos por detrás de la espalda para luego colocarle las esposas. —Cualquier cosa que digas puede ser usada en tu contra en un tribunal de justicia…—recitó mientras lo alejaba de la sala, no sin darle una mirada a su esposa que, comprendiéndolo, se acercó con Atali para seguir atendiendo el caso de Astrid. —Tienes derecho de hablar con tu abogado, si no puedes pagar uno, se te asignará uno de oficio.

.

.

.

.

Horas antes…

"Si quieres enfrentarme, encuéntrame. Mi amo, el gran invocador, te espera"

¿El gran invocador? —repitió Astrid sintiendo un mal presentimiento.

Astrid… ¿qué es eso? ¡¿qué está sucediendo?! —preguntó la asustada Heather, quien se encontraba más alterada que los mismos niños que sólo se aferraban a ella.

No lo sé. — respondió esta, viendo como dentro del hoyo se podía apreciar el rostro de una persona de entre la humareda.

Aquel rostro hecho de humo, sólo le sonrió después de dar su mensaje y volvió a descomponerse para volverse en algo desfigurarle. Posteriormente, ya concentrado, salió del pozo y se quedó estática frente a la hechicera.

Astrid bufó presintiendo lo que quería, así que se volvió hacia su amiga y niños para decirles lo que pretendía.

Quiere que lo siga.

Tanto Heather como los niños soltaron un grito ahogado.

¡Astrid no!¡Es peligroso! —replicó de inmediato la segunda adulta.

Puede ser, pero si no lo hago corro el riesgo de que los sigan atacando a ustedes y eso es algo que no puedo permitir, además puedo sentir el egni de Haddock a lo lejos, lo que me hace suponer que él también está combatiendo.

¿Haddock? ¿Te refieres a Hiccup? ¿Él también es como tú? —cuestionó Heather confundida.

Así es, y creo que esa cosa me quiere llevar a donde está él y el enemigo.

La jardinera se confundió más.

¡Esto está de locos! —gritó. —Y por lo mismo creo que es mejor permanecer juntos.

Astrid negó con su cabeza.

No, lo siento. Ustedes sólo serían un blanco fácil para el enemigo, por eso tengo que ir sola, pelearé contra quien esté haciendo esto para defenderlos, prometo que no les pasará nada mientras yo siga viva.

Ay, que consuelo…—bramó Heather con sarcasmo, no dispuesta a dejar ir a Astrid.

Sin embargo, tan pronto pretendió impedirlo, la hechicera golpeó el suelo con el hacha, tal había sido el movimiento que Heather se quedó estática en su sitio, mientras que Astrid, con el hacha encajada en el concreto, comenzó a rayarlo para hacer un círculo alrededor de ellos.

—"Protege todo lo que hay dentro de ti, si hay peligro, no los dejes salir de aquí—recitó mientras formaba más garabatos con la misma hacha, símbolos que al ser terminados reaccionaron y envolvieron a los que estaban en su interior en una cúpula casi imperceptible a la vista.

Heather estaba impresionada por todo lo que estaba viendo y siendo la primera vez que experimentaba algo así, aventuró su mano hacia aquella energía que no parecía ser a simple vista muy poderosa, pero que, al sentirla, era como si estuviera tocando un cristal muy grueso.

Escuchen con atención, nadie sale ni nadie entra, cuando acabe con el enemigo es seguro que todo lo que ven alrededor volverá a la normalidad, en ese momento la barrera se romperá, así que, lo que quiero que hagan, es que vuelvan inmediatamente a la casa y se resguarden ahí, la barrera que construyó Haddock es aún más poderosa que esta.

La orden parecía dirigida tanto a los pequeños como a la adulta, pero es a Heather a quien particularmente se dirigió con una mirada insistente.

Está bien Astrid. —comprendió está nerviosamente. —Pero y si…

No pienses en eso. —la interrumpió esta antes de que continuara enfrente de los niños. —Pero… si se da el caso… igual hagan lo que les dije ¿está bien?

Heather asintió con angustia.

Astrid… si vas a volver ¿verdad? —interrumpió Zephyr con tristeza, aferrada a su pequeño hermano para protegerlo.

Por supuesto. —le sonrió esta poniéndose a su altura por fuera de la barrera. —Nuffink, cuando todo esto terminé, iremos por tu pan ¿sí?

El pequeño aun temeroso sólo asintió con timidez.

Vuelve pronto, Astrid. —le deseó con su carita entristecida.

Claro, así lo haré… no teman, estaré bien. —les prometió con una sonrisa, para luego volver a ponerse de pie.

Giró su mirada hacia la nube que aun aguardaba por ella y que, tan pronto se percató de ella, comenzó a alejarse poco a poco.

Bien, es hora… me voy.

Sin decir más, corrió hacia donde la nube de humo escapaba, dejando tanto a los niños como a Heather con una profunda angustia.

.

.

La adulta y los niños perdieron la noción del tiempo después de que se quedaron solos, tiempo que los niños aprovecharon para contarle a Heather lo sucedido con su familia en las últimas semanas.

Una historia un poco fantasiosa para Heather, en el aspecto en que en el relato contado por los niños había guías espirituales con forma de dragones que podían convertirse en humanos, seres escalofriantes, magia con formas de fuegos artificiales y hasta en forma de música; pero que no juzgó de ninguna forma, no después de haber presenciado ya algo de eso.

Sin embargo, lo que sí no había entendido, fue aquel embrollo de que su amiga y amigo no eran los padres de los niños, si no otras personas que se estaban haciendo pasar por ellos momentáneamente.

Aquello si la dejó con duda, puesto que lo poco que había hablado con Astrid en ese día, no parecía ser una persona que nunca había tenido hijos; pensar en esto último la enserió en un momento del relato, puesto que recordó el malestar de la "hechicera" y sus síntomas, lamentablemente debido a todo lo sucedido y al espantó que se había llevado lo olvidó por completo, hasta que de nuevo lo consideró cuando los niños le contaron aquello. Eso la preocupó demasiado.

—Tía Heather ¡mira!

La jardinera levantó la mirada hacia donde apuntaba la pequeña Zephyr, viendo con asombro como aquel tono amarilloso que cubría todo a su alrededor desaparecía, dejando ver los colores habituales tanto en las calles como en las casas y negocios, hasta el cielo nublado que hacía ver al día más oscurecido.

Después, la barrera donde se encontraban se rompió en un destello, dejando sólo pequeñas partículas blancas como residuos.

—¡Lo logró! ¡Lo logró! —festejó Zephyr alegremente dando brinquitos, sentimientos que le compartió a su hermano que, contento, se puso a brincar alrededor del pentagrama que quedó dibujado en el concreto.

—Eso parece. —suspiró la aliviada Heather viendo al cielo; sin embargo, tan pronto se dio cuenta de que estaban en medio de la calle y algunas cosas estaban un "poco" destrozadas, tomó de la mano a ambos niños para primero ponerlos a salvo sobre la acera. —Tenemos que buscar a Astrid, tengo que decirle algo.

—¡No, tía Heather! —la estiró de la mano Zephyr. —Recuerda lo que nos dijo… nos dijo que volviéramos a la casa.

—Ush… es cierto.

Heather se golpeó mentalmente la cabeza, de la cual tampoco podía quitar la angustia que tenía por sus sospechas, pero viendo que todo estaba bien a su alrededor, a excepción de lo destrozado, pensó que su amiga estaría bien, por lo que les hizo caso a los niños y juntos volvieron a la casa.

.

.

Después de una larga caminata, Heather y los niños llegaron, justo antes de que el cielo se oscureciera. Esperanzada de que la hechicera ya estuviera ahí, intentaron entrar por la puerta principal; sin embargo, esta aun se encontraba cerrada, por lo que tuvieron que entrar por la puerta del patio trasero, ya que la jardinera tenía llaves de ahí debido a su trabajo.

—Aún no llega, ni Hiccup tampoco…—musitó Zephyr preocupada al ver la cocina y en sí una parte de la casa oscurecida.

Heather inmediatamente encendió la luz para darle más vida a la propiedad de tal manera que no se viera tan sombría.

—No se preocupen, estoy segura de que pronto volverán. —dijo tratando de sonar optimista. —¿Qué tal si les preparo algo de comer en lo que llegan?

Los niños no respondieron, sólo se vieron entre sí, mostrando sus caritas angustiadas.

—Por favor niños, no se pongan así, mejor descansen un poco hoy a… sido un día de locos. —dijo en un suspiro. —Pero ya todo acabó, así que no hay de qué preocuparse ¿sí? Así que, vayan a la sala y traten de descansar un poco, yo mientras veo que puedo preparar para que coman.

No muy convencidos, los niños asintieron. Zephyr tomó a su hermanito de la mano y lo llevó consigo hasta la sala, como les había pedido Heather, en tanto esta, una vez que se quedó sola en la cocina, dio otro suspiro cansado para luego concentrarse en la comida.

Prepararía una sopa con vegetales, por lo que primero puso agua a hervir, buscó la pasta y luego salió al invernadero, donde no pudo evitar dar un grito ahogado al ver que todo estaba muerto.

Volvió a golpearse mentalmente al recordar que su amiga, o más bien la hechicera, le había dicho que todo se le había muerto porque no recordaba cómo atenderlo.

—¿Qué está pasando? —se preguntó así misma y volvió a la casa decepcionada.

Metió la pasta al agua hirviendo y mientras buscaba en el refrigerador con qué acompañarla, su celular de repente empezó a sonar ruidosamente y a vibrar por entre su ropa, debido a que tenía los nervios de punta la simple vibración la hizo dar un brinquito que la hizo golpearse con el techo del refrigerador.

—Ay Heather, hoy definitivamente no es tu día. —se dijo así misma, sacando el celular con una mano mientras que con la otra se sobaba la cabeza.

En la pantalla, vio que se trataba de su hermano y lo primero que pensó es que tal vez le iba a decir que se iba a retrasar en su trabajo y no volvería o, todo lo contrario.

—Hola Dagur…

Heather… ¿estás en la casa?...

—Eh… sí. —mintió.

¿Puedes ir a la casa de Hiccup y Astrid y ver que los niños se encuentren ahí y estén bien?

—Eh… claro, de hecho, acabo de ir a buscar a Astrid y ahí estaban… pero… ¿por qué?... ¿pasó algo?

El tono de voz de su hermano preocupó a la jardinera, tanto, que su corazón comenzó a latir con rapidez y su mente empezó a imaginar lo peor.

Y no estuvo del todo equivocada cuando su hermano le contó lo que estaba sucediendo, algo que confirmó sus sospechas y que terminó en tragedia. Se quedó sin aliento, le fue difícil reaccionar, no fue porque el agua con la pasta comenzó a desbordarse que recuperó tanto el aliento como el movimiento, mientras que del otro lado de la línea su hermano seguía explicándole lo sucedido.

En fin, si puedes por lo pronto cuidar a los niños y ver que estén bien, mientras hago las averiguaciones correspondientes ya que al parecer es un caso de violencia doméstica, y todo apunta a que fue Hiccup…

—¡¿Qué cosa?! —exclamó Heather sorprendida. —Dagur, ¡n-no! Eso ¡no es!

—Lo sé hermanita, igual me sorprende… pero luego te cuento, tú haz lo que te digo… ya me tengo que ir. ¡Adiós!

—¡Dagur, no! ¡Espera!

Pero fue demasiado tarde, Dagur colgó el teléfono sin darle oportunidad a Heather de decirle sobre la magia y todo lo que le había pasado, aunque, cuando lo consideró, probablemente la tacharía de "trastornada". Además, que ese secreto Astrid se lo había confiado a ella y no sabía si era bueno o no decirle a cualquier persona sobre eso.

—Ay dioses, ¿ahora qué hago?

.

.

La consternación, la baja energía y todavía el reciente shock hicieron que Hiccup ni siquiera pusiera resistencia al "arresto". Conforme Dagur lo llevaba esposado a través de los pasillos del hospital y hasta el estacionamiento de este, recapituló todo lo que recordaba que le había hecho a su enemiga.

Sus enfrentamientos y peleas de niños, la constante competencia por sobresalir en materias, luego las peleas subidas de tono en donde él le hacía comentarios misóginos e incluso se atrevía a pelear con magia, hasta ese momento, se dio cuenta de lo errado que siempre había estado. Se había comportado como un poco hombre, aquel del que su madre siempre había temido que se convirtiera, aquel del que Toothless y Alúmini trataban de evitar que se hiciera.

¿Cómo es que había sido tan ciego para no verlo?

Aquella pregunta podría responderse con el hecho de que nunca vio a su enemiga como una mujer y menos como un ser humano, las enseñanzas inculcadas por su abuelo lo habían hecho ver todo desde una diferente perspectiva, casi toda su vida se la había pasado viendo a esa mujer como un objeto con un apellido el cual debía ser destruido en todos los sentidos para complacer a su familia y a una gran unidad de negocios, pero ahora que estaba en ese mundo, solo con ella y con dos pequeños se pudo dar cuenta de lo errado que estaba.

Porque Astrid, no era para nada una mala persona, no, de lo poco que había llegado a conocerla en las ultimas semanas pudo ver en ella que era amable, paciente, gruñona en algunos aspectos, que se equivocaba como cualquiera, le daba hambre, le daba frio, tenía necesidades; para nada era una frívola sin sentimientos y eso lo dejó claro la víspera de Navidad, cuando defendió como una fiera a sus hijos.

Harald trató de ponerlo en contra de ella, diciendo que ella había tenido la culpa del hechizo, pero ahora, rememorando todo, él fue el culpable de todo. Su afán de molestar y desquitarse con ella, lo habían hecho provocarla ese día en el bar, tal vez si no lo hubiera hecho, el bar no hubiera sido destruido, su familia no hubiera tenido que pagar los daños y la familia de ella no hubiera tenido la necesidad de invitarlo a la reapertura, así que, todo era su culpa y lo que le pasaba en definitiva se lo merecía.

Pero lamentablemente otros también pagaron por sus errores y, ahora, a como diera lugar tenía que enmendarlo.

El pensante Hiccup no podía con la culpa que lo carcomía, mientras veía a través de la ventanilla del auto de Dagur, como este hacía unas llamadas a unos metros de donde se encontraba. Luego, al terminar este volvió dando unos bufidos y se adentró a la parte del conductor, dando un suspiro cansado.

—Ay hermano, ¿en qué lío te has metido?

Hiccup bajó la cabeza sintiéndose aún más culpable.

—Hablé con Mala y con Heather. Mala se quedará cuidando de Astrid y Heather de tus hijos, pero Hiccup, si quieres volver con ellos, necesito saber qué es lo que pasó, porque sinceramente me cuesta trabajo creer que tú hayas sido capaz de hacerle eso Astrid, porque sé lo mucho que la amas.

—No fui exactamente yo el que la golpeó hasta hacerla abortar, si a eso te refieres. —musitó este con voz tenue. —Pero sí la descuidé y la he lastimado de muchas maneras toda mi vida.

Dagur se giró en su asiento sin comprender a lo que se refería su aprehendido.

—Hiccup…la golpeaste ¿sí o no? ¡sólo dime eso!

—Yo no lo sabía…—respondió con arrepentimiento.

Aquella respuesta asustó a Dagur.

—Hiccup… ¿qué hiciste?

—Yo no sabía lo del bebé Dagur, y tampoco golpeé a Astrid, no al menos como tú crees, ¡fuimos atacados!

El estrés estaba haciendo estragos en Hiccup, quien no soportando más la situación necesitaba hablar con alguien de lo que sólo podía hablar con su aliada, necesitaba decirle lo que obligadamente en ese mundo tenía que guardar como secreto o si no creyó que no podría seguir adelante.

—¡Hiccup, sé más claro! Sí alguien los atacó, ¡debes decírmelo! Y si es alguien que conoces lo aprehenderé tan pronto me lo digas.

—¡Es que no tiene caso porque YO YA LO MATÉ A ÉL! —exclamó tan furioso que Dagur se asustó.

—¿Qué hiciste qué?

—Dagur…—musitó Hiccup para luego apretar su boca, aquella que no sabía si era correcto o no decirle al detective lo que acontecía con su familia.

—Hiccup, habla.

—Está bien. —dijo este sorbiéndose las mucosidades para después levantar la cabeza con firmeza. —Mi nombre completo es Hiccup Horrendus Haddock III, de la décima generación del clan Haddock del mundo oculto, hechicero de tipo siniestro, con la habilidad de manipular el fuego para quemar las almas. Hace 10 años aproximadamente yo, junto con Astrid Hofferson, hija prodigio de una familia enemiga, fuimos hechizados y lanzados a este mundo. El hechizo al que estuvimos expuesto nos hizo enamorarnos y a concebir a dos hijos, hace poco despertamos del hechizo y olvidamos todo lo que pasó en estos últimos años, nos olvidamos de nuestros hijos, nuestros amigos, nuestras actividades, todo estaba en blanco. Los acontecimientos extraños que estaban pasando por todo Berk, era debido a que había otro hechicero entre nosotros, Harald, aquel que se hacía pasar por mi jefe, resultó ser un invocador que, por ordenes de otra persona que no sé quién es, hizo que tanto Astrid como yo nos expusiéramos a peligros, peleamos con diferentes monstruos y lamentablemente en esta última batalla, Astrid fue la que salió más lastimada, entre los dos matamos a Harald, pero yo no sabía que estaba embarazada y… y… ella tampoco, ese maldito infeliz al parecer tenía bloqueada nuestras memorias, y murió llevándose muchas de ellas.

El que estaba en el asiento de enfrente, sólo quedó boquiabierto con el relato que acababa de escuchar, mientras que el aprehendido sólo rechinaba los dientes del coraje que sentía al recordar a su maldito enemigo, ese desgraciado que sí sabía lo de su hijo no nato, y que, aunque hubiera desaparecido, no le daba seguridad puesto que había alguien más detrás de él que de seguro lo seguiría acechando, así como a su familia.

De repente una risita incómoda se escuchó, Hiccup con toda una mezcla de emociones reflejadas en él, levantó el rostro con indiferencia viendo como aquel que lo llamaba "su hermano", sólo se mofaba de él.

—Ay Hiccup, deberías ser escritor. —dijo tratando de no sonar tan burlón. —Porque sólo con esa absurda historia podrías salvarte de los crímenes que supuestamente cometiste.

—Sabía que no me creerías. —respondió este con una seriedad tal, que Dagur dejó su risita para volverse nuevamente hacia él con el entrecejo fruncido. —Pero te comprendo, es difícil… si yo fuera tú, también creería que esto es de locos.

Dagur no comentó nada.

—Pero sabes… la magia es real, todo lo que te acabo de decir es real.

—Hiccup, necesito pruebas… no cuentos.

—Ay Dagur, te digo la verdad… la magia es tan real que me deshice de esto en cuanto me metiste en el auto y ni cuenta te disté. —levantó las manos mostrando las esposas destrozadas.

El detective se sobresaltó desde su asiento y aunque, no quería parecer asustado, comenzaba a inquietarse con la mirada de su hermano.

—No… eso cualquier payaso de fiesta infantil lo puede hacer…—dijo nerviosamente.

—Ah… ¿sí? y ¿esos payasos pueden hacer esto?

Lo siguiente que aconteció fue que todo lo que estaba alrededor del auto de Dagur comenzó a llenarse de fuego, este inquieto, se sobresaltó más en su asiento y más cuando las flamas envolvieron por completo el auto.

—Hiccup…—llamó asustado a aquel que, con una mirada perdida, parecía no importarle lo qué pasaba. —¡haz que pare! —gritó comenzando a sentir lo caliente y lo sofocante del fuego.

Hiccup, dando un parpadeo, extinguió las flamas y todo lo de su alrededor pareció volver a la normalidad.

—Lo que hice fue sólo una ilusión, de las más sencillas que puedo crear, porque el verdadero fuego te hubiera quemado de inmediato.

—¡Estás loco! —lo acusó el detective espantado.

—Mira Dagur, sé que eres buena persona, me lo has demostrado aparentemente todos estos años siendo mi amigo y lo sé por cómo te preocupas por mí y mi familia; fácilmente puedo manipularte para que creas lo que yo te diga, para que los demás crean lo que a mí me convenga… puedo hacerlo, así que no me preocupa.

—Ah… ¿sí? Entonces, ¿por qué estás aquí? ¿Porqué no sólo lo hiciste y ya? —reclamó este molesto.

Hiccup bajó la cabeza y apretó los dientes, e involuntariamente comenzó a derramar lágrimas otra vez.

—Porque… necesitaba hablar con alguien. —dijo con la voz entrecortada.

Dagur, en ese momento dejó la histeria, y suavizó nuevamente su mirada al ver que "su amigo" la estaba pasando realmente mal.

—Dagur… te juro que ni Astrid y yo sabíamos lo del bebé…—continuó este entre lágrimas. —Y te juro que, si lo hubiéramos sabido, ella no se hubiera expuesto a tanto peligro ni yo lo hubiera dejado…—bufó. —bueno, es al menos lo que creo que hubiera hecho, porque como te dije… en el pasado, ella y yo éramos enemigos, muy apenas en estás últimas semanas nos habíamos tolerado. La pareja que tú conoces, aquella que dices que se ama… no existe realmente. —dijo con tristeza. — Esos no éramos realmente nosotros, sólo éramos producto de un hechizo que nos hacía comportarnos así.

—¿Y los niños? ¿Qué hay de ellos? —preguntó el detective comenzando a empatizar por las palabras del hechicero.

—También los olvidamos, hasta hace unas semanas apenas los aceptamos como nuestros hijos, y eso dado a las circunstancias, no porque los recordáramos. No recuerdo nada de ellos, ni cuándo nacieron, ni cuándo eran bebés… me apena tener que preguntarles cuándo cumplen años porque no puedo recordarlo… y luego… este otro bebé…—soltó otro quejido doloroso. —Yo…

Sentía que perdía al aire, y sin pedir el permiso de Dagur salió del auto sólo para poder respirar un poco. Dagur de inmediato salió enseguida al pensar que escaparía, pero Hiccup sólo se quedó dando vueltas alrededor completamente confundido.

—¡Ya no puedo más… necesito ayuda!

Desesperado, metió la mano en su bolsillo trasero y de ahí extrajo las notas mágicas que siempre llevaba consigo, luego miró por todos lados algo con que escribir y al ver una pluma colgada del bolsillo del detective no dudó en arrebatársela para luego escribir eufóricamente sobre las notas.

Luego, arrancando al mismo tiempo varias de estas, las encendió con su egni y las lanzó al viento. El impresionado Dagur, quedó boquiabierto al ver que aquellos papelitos inesperadamente se convirtieron en pequeños dragones de fuego que se fueron volando lejos ellos. Luego, escuchó el roce de algo metálico, y cuando volvió su mirada a su "hermano", vio que este se había dejado caer de rodillas.

—Me siento tan ¡IDIOTA Y TAN DÉBIL! —gritó molesto, golpeando el pavimento. — ¿CÓMO PUEDO AYUDAR A ASTRID Y A LOS NIÑOS SI NO PUEDO CONMIGO MISMO?

Dagur se entristeció con sus palabras y de inmediato acudió con él para sostenerlo, una parte de él lo comprendió, generalmente cuando pasaban ese tipo de cosas uno como hombre debía mantenerse firme para ayudar a su familia, pero para ellos también era algo muy difícil.

—Ya Hiccup, ya basta… te creo, creo en todo lo que me acabas de decir y no es tú culpa, así que ¡ya basta!

—¡¿Y eso de que me sirve?! —siguió este chillando renuente a levantarse del piso.

—Te sirve para que tengas otra oportunidad, ¡otra oportunidad de enmendar tus errores! De ser de utilidad para tu familia.

—¿Cómo? Si todos van a creer lo que esa mujer dijo.

—No te preocupes por esa mujer, yo te voy a ayudar, pero necesito que también pongas de tu parte, sé que lo que está pasando es muy doloroso, que acabas de perder a un hijo, pero aun te quedan otros dos por los que debes ver.

Hiccup ahogó un grito de sólo acordarse de sus pequeños, aquellos que de seguro seguían esperando a que volviera a casa junto con Astrid.

—Además, creo recordar que dijiste que podías hacerlos olvidar, manipularlos o algo así ¿no?

Hiccup respiró hondo para tranquilizarse y poder recobrar la compostura.

—Podría…—dijo dando después unos gimoteos. —Pero el método que tengo para hacer olvidar a alguien no es muy efectivo a largo plazo, los cuestionamientos seguirían, y manipular a las personas… es magia prohibida.

—Pues será en tu mundo Hiccup, pero aquí no creo que nadie se muera por que les vayas a hacer creer otras cosas. No se moriría nadie ¿verdad? —preguntó sólo para confirmar.

Hiccup negó con su cabeza, y con la respiración más pausada comenzó a ponerse en pie. Dagur lo ayudó en todo momento por miedo a que se cayera, pero no pasó, su amigo sólo se quedó mirando al cielo como si pidiera una aprobación, y no estaba del todo errado, pues el hechicero pensaba que era lo que su guía le aconsejaría, de sólo pensar en él, hizo que los ojos se le llenaran nuevamente de lágrimas.

—Hiccup, te veo muy afligido, creo que lo mejor es que descanses en tu casa…

—¿Cómo? —se giró este sin comprender. —Pero… ¿y Astrid?

—Mala me comentó que le pusieron anestesia general, eso significa que estará inconsciente por algunas horas, y los procedimientos que le van a practicar durarán alrededor de una hora…

Hiccup se estremeció de sólo recordar uno de esos procedimientos.

—En este momento, lamentablemente no hay nada que puedas hacer…—continuó Dagur poniendo una mano sobre su hombro. —Ve a casa con tus hijos, descansa y espera… yo mientras veré que puedo hacer, que puedo inventar si no quieres usar nada que esté en contra de tus principios. ¿puedes confiar en mí?

Hiccup, aun con el corazón adolorido, sólo asintió a la recomendación de Dagur y sin decir más, aceptó que lo llevara de vuelta a la casa.

.

.

.

Heather seguía preocupada. El reloj de la casa marcaba un poco más de las 10 de la noche y de sus amigos y hermano aun no sabía nada. Los niños, a los que había tenido que ocultarles lo de Astrid, muy apenas habían comido y se rehusaron a ir a sus camas hasta que sus "falsos" padres llegaran; sin embargo, pasadas las horas el cansancio los venció y terminaron dormidos en el sofá donde dormía Hiccup.

De repente, unas luces azules y rojas se filtraron de la ventana y la sobresaltaron, y rápidamente se puso en pie.

Tratando de no hacer tanto ruido se dirigió a la ventana, viendo que era el auto que conducía su hermano de donde Hiccup como Dagur, salían para luego dirigirse hacia la entrada.

Sintió que recuperó una parte de sus esperanzas al ver a Hiccup sano y salvo, y abriendo cuidadosamente la puerta, recibió a ambos con una sonrisa nostálgica.

—Los niños están bien, están durmiendo… aunque no quisieron ir a la cama. —dijo de inmediato al notar la tristeza en su vecino.

—Te… lo agradezco Heather. —respondió Hiccup muy apenas, tratando de ocultar su tristeza.

—Hermana, es hora de ir a casa… Hiccup, te dejé mi teléfono personal, Mala ya sabe que lo tendrás por lo que te llamará cuando tenga noticias de Astrid.

Este asintió y le mostró el teléfono que recién le había dado, para que se cerciorara de que si lo tenía cerca.

—Te lo agradezco y… gracias… a los dos…—repitió para los hermanos.

—Un momento Hiccup, si quieres me puedo quedar para ayudarte con los niños, para cuando hable Mala puedas ir con Astrid sin preocuparte por dejarlos solos.

—Mmm… me parece buena idea. —consideró Dagur.

—Te lo agradecería mucho, Heather…—aceptó Hiccup sin muchos ánimos. —Puedes tomar la habitación de Astrid, si quieres…

—Eh… sí, claro… Dagur… entonces yo me quedo.

—Está bien, cualquier cosa me llaman, terminaré mi guardia y volveré a la casa.

Despidiéndose así, el detective subió nuevamente a su auto, dejando tanto al hechicero como a la jardinera en el umbral de la puerta. Hiccup, aun sin muchos ánimos se adentró e inmediato fue a la sala para ver a sus niños.

Heather lo siguió, no sin antes cerrar bien la puerta y sólo contempló en silencio como Hiccup parecía ido mientras observaba a sus hijos.

—No fue un día fácil…

Hiccup, sintió un nudo en la garganta al escuchar a la jardinera, a quien sólo alcanzó a responder con una negativa con su cabeza.

—Hiccup, Dagur me contó sobre lo que creen que hiciste, pero ¿sabes? Yo sé que no fuiste, puesto que vi con mis propios ojos a lo que Astrid y supongo tú se enfrentaron.

—Los atacó un monstruo ¿Verdad? —cuestionó este dándose una idea de lo que hablaba.

—Sí, era horrible, pero antes de que nos atacaran… Astrid me contó que… era una hechicera y… que tú también, y creo que deberías decirle la verdad al menos a Dagur, sé que, si le muestras, no sé, algo de tu magia, lo comprendería y te ayudaría.

—Y tienes razón. —suspiró. —No te preocupes Heather, ya lo sabe… por eso me dejó volver.

La jardinera ahogó un grito, pues eso no lo había esperado.

—Ahora… hay algo que yo quisiera preguntarte…—continuó Hiccup volviéndose a ella.

Heather asintió, insegura de lo que le diría; sin embargo, antes de hacer la pregunta, Hiccup la alejó de donde se encontraban, para que los niños no pudieran escuchar en caso de que no estuvieran completamente dormidos.

—¿Tú sabías que Astrid estaba embarazada? —soltó tan pronto estuvieron en otra zona protegida por los silenciadores.

Heather negó con su cabeza.

—No, no lo sabía… y de hecho fue apenas hoy que sospeché que lo estaba.

—¿Cómo?

—Antes de que ese monstruo saliera y todo esto ocurriera, la noté inquieta, estaba fuera de sí, luego me dijo que no podía comer bien, que se sentía muy cansada y bueno… esos síntomas que generalmente se tienen cuando una está embarazada.

Hiccup restregó una mano por su cara, pues esas cosas también las había visto, pero por su terquedad inicial de no aceptar nada, y luego pensar que era por sus batallas había pasado ese detalle por alto.

—¿cuánto…cuánto tenía? —preguntó la jardinera tratando de no ser tan insensible.

—Doce semanas…—respondió Hiccup con la voz quebrada mientras rascaba su cabello por la ansiedad que sentía, así como la culpa.

—No se le notaba nada. —sonrió Heather nostálgicamente. —Pero con Zephyr y Nuffink también fue así, ella siempre ha sido bastante delgada y nunca engordó tanto con sus embarazos, aunque, eso no le quitó que fueran difíciles…

Hiccup siguió frustrándose conforme más hablaba Heather puesto que todo lo que decía eran cosas que no podía recordar; la jardinera al notarlo incómodo optó por callar, hasta que estuviera en mejores condiciones o que le preguntara.

—Creo que debemos descansar, ¿qué tal si llevamos a los niños a la cama y mejor tú tomas la habitación de Astrid para que duermas mejor?

—No…—dijo este en un suspiro. —Me quedaré mejor con los niños, aunque sea en el suelo.

—Claro.

No poniendo objeciones a los deseos de su amigo, Heather vio como Hiccup por si mismo cargó a cada niño y lo subió hasta su habitación; primero llevando a Zephyr y luego a Nuffink, a quien especialmente contempló por unos segundos antes de llevárselo, probablemente por el rasgo tan llamativo que había heredado de Astrid, y que, por ende, le recordaba a ella.

Luego, una vez que se quedó sola, la jardinera, pese a lo que le ofreció Hiccup, se acomodó en el sofá para descansar de ese día de locos.

.

.

Mientras tanto, en la habitación de los niños, Hiccup acostó a Nuffink con cuidado en la cama e inmediatamente lo cubrió con las colchas. Aquella tarea no la había vuelto a hacer desde que Zephyr le había rogado que no se fuera, más que nada para guardar las apariencias frente a Astrid, cosa que lo hizo sentir como un idiota, puesto que si hubiera hablado con ella y hubieran hecho las paces probablemente no hubiera sucedido todo lo que estaba ocurriendo.

Pensar en eso, hizo que otra vez su corazón se acongojara más de lo que ya estaba; sin embargo, trató de mantenerse firme, más que nada porque su familia lo necesitaba cuerdo y al frente de los problemas que él mismo había ocasionado.

Antes de acostarse, contempló nuevamente a sus dos hijos y con Zephyr no pudo evitar sonreír y soltar una risita al ver que estaba echada sobre sobre un muñeco de felpa, el cual abrazaba con fuerza. Rápidamente lo relacionó con él, porque él solía dormir así, le gustaba tener algo entre brazos o dormir de otras formas muy incomodas.

Luego, al volverse hacia Nuffink, la sonrisa se le borró, no precisamente por el niño, sino porque este, aunque se pareciera mucho a él, el cabello rubio que tenía le recordó mucho a Astrid y aquel rasgo no creía que fuera lo único que el niño hubiera heredado de ella.

Nuffink dormía engarruñado con sus puñitos bien apretados a la altura de su pecho, y no supo porque, pero le dio la impresión de que Astrid dormía con esa misma postura, algo le decía que así era, probablemente recuerdos que tenía muy escondidos dentro de su mente.

Sí, eso debía ser, recuerdos de cuando dormían juntos y eran felices con sus hijos.

—¿Qué estás pensando Hiccup? —se sacudió confundido, tratando de no hacerse ideas equivocadas en la cabeza.

Sin embargo, pensar en lo que había pasado en esos 10 años vacíos, lo hizo hincarse en el suelo, donde nuevamente se quedó contemplando a Nuffink de cerca.

¿cómo es que lo habían hecho? Comenzó a cuestionarse mientras acariciaba delicadamente los puñitos de su hijo. ¿Cómo había sido su pequeño de bebé? ¿cómo se veía desde la pancita de su mami? ¿Habría sido muy pequeño o grande? ¿Habría nacido con cabello o calvito?

¿Y su niña? Se giró para contemplarla ahora ella, ¿habría hecho vomitar a su mami por las mañanas? ¿Habría sentido sus pataditas? ¿Le habría construido algún cunero? ¿su mamá le habría tejido algo?

Se sentó en el espacio que había entre las dos camas al considerar todo lo que no recordaba, y más cuando pensó en el tercero.

¿Se habría puesto contento con la noticia? ¿llegó a amar a su hijo? ¿habrían alcanzado a saber si hubiera sido una niña o un varoncito? ¿cómo iban a llamarlo?

Pensar en todas esas cosas hacían que quisiera romper en llanto, pero como el hombre de la familia no podía permitirse hacer aquello, así que se guardó a como pudo su dolor, y tomando sólo uno de los cojines que adornaban las camas, se acomodó en el suelo para descansar y a la vez estar al pendiente de sus pequeños.

.

.

.

Mientras tanto, en un lugar muy apartado de la ciudad de Berk, en un barrio muy pintoresco, llamativo por la cantidad de pescadores que salían día a día para pescar y vender su mercancía en un mercado cerca del puerto, un par de guías degustaban de su comida en un puesto callejero.

Toothless y Alúmini habían encontrado el paraíso perfecto cuando llegaron a ese pueblo pescadero; después de haber abandonado a Hiccup, tanto ellos como Stormfly volaron sin rumbo, hasta que encontraron un barco al cual subieron y los alejó de donde se encontraban sus desconsiderados amos.

Al principio, como todos unos dragones, pretendieron pescar por si solos su comida, pero al ver que los peces eran más grandes que ellos, optaron por hacerlo al estilo humano, puesto que para nada tenían el contemplar robar ya que no era parte de su personalidad.

Conforme fueron pasando los días, se hicieron hasta de una casita que una persona rentaba a muy bajo precio, "el nidito de amor", como lo llamaba Stormfly, la cual sentía que sobraba en ese triangulo tan peculiar y se cuestionaba a cada momento en sí habían hecho lo correcto y cuando lo hacía, Toothless comenzaba a hacer lo mismo.

Sin embargo, Alúmini, siendo la única que no tenía un lazo directo a un hechicero, les hacía ver que era todo lo contrario y que debían disfrutar de la libertad que no tendrían de haberse quedado con sus amos.

—Toothless… ya casi cumplimos un mes…

—¿Un mes? —cuestionó el que vestía de negro, viendo como su amada, aquella que resaltaba por su largo cabello blanco y ojos azules, le ofrecía una pequeña copita.

—Sí, un mes desde que llegamos aquí…—recordó Alúmini tomando otra copita para ella.

El vendedor del puesto le había ofrecido una bebida tradicional para que la degustara, así que aprovechando que no siempre les regalaban algo, decidió hacer un brindis con quien más amaba.

—¡Cierto! —recordó Toothless alzando su copita con gran entusiasmo, aunque luego toda la euforia se le fue a los suelos. —Un mes sin ver a Hiccup…

—Ay vamos, no te pongas así. —trató de animarlo Alúmini para que terminaran su brindis.

—Es que, no sé…—balbuceó Toothless inseguro. —¿Crees que se acuerde de nosotros?

—Toothless…—suspiró la albina comenzando a fastidiarse. —Acordamos que no nos preocuparíamos, en especial si él no se disculpaba, y hasta la fecha ¡nada! Si él quisiera nos podría enviar una de esas notas mágicas, pero hasta la fecha no lo ha hecho así que… ¿qué te da entender eso? ¡No le importamos!

—Pero… ¿y si es todo lo contrario? ¿Y si está en problemas?

—Ay Toothless, a veces eres tan inocente… —sonrió.

—No querida, soy más realista y conozco mejor a Hiccup. —recalcó el de cabello negro tomando de un sorbo su bebida sin siquiera esperarla.

Alúmini quedó boquiabierta con su acción y perdió todo interés en probar la suya cuando Toothless pagó y comenzó a retirarse del puesto. Fue entonces que se arrepintió de lo que había dicho, pensando que estaba juzgando muy duramente a su protegido adoptivo; sin embargo, ella era sí, sólo había estado unos años con Hiccup de los cuales una parte de ellos este se la pasó sin hacer caso a los consejos de sus guías, por eso pensaba que Toothless merecía algo mejor y trataba de protegerlo de la decepción.

—Toothless, ¡espera! ¡lo siento! —corrió hacia él y se aferró a su brazo.

—No estoy molesto contigo Alúmini. —aclaró este deteniendo su paso. —Es sólo que, me duele pensar que Hiccup puede llegar a hacer lo que tú dices, es decir, que optó por seguir sin nosotros porque no le importamos.

—No, no me hagas caso… tú lo conoces mejor y… tal vez es como dices… al tonto tal vez le está costando trabajo disculparse…

—O… ¿algo pasó?

—No, no pienses en eso… es lo único que no podemos permitir cuestionarnos, mira… si quieres, vamos a dejar que este mes se termine, si él no manda nada o no tenemos noticias entonces nosotros volveremos a ese pueblo a echar un vistazo.

—Eres la mejor. —sonrió Toothless complacido. —Muchas gracias por comprender. —dijo dándole un abrazo.

Hecha las paces entre ambos, volvieron a su casita, la cual apenas tenía un cuartillo, una cocinita y un baño, pero que una vez transformados en dragones era como una mansión de más de 100 pisos. En cada esquinita habían puesto unas "camitas"; Toothless y Alúmini unas rocas que sólo calentaban con fuego en la noche y Stormfly un nidito muy parecido a los que hacían los pajaritos. El espacio sobrante, era para guardar las apariencias ante los pueblerinos que ya los conocían.

—Vaya… Stormfly no ha llegado. —comentó Toothless cuando recién entraron a la casita.

—A ella no le gusta lo que comemos, tal vez fue a esa pollería que está en el centro o se pasó a la florería a traer de ese relajante dragón Nip. —dijo la albina ensoñada.

—Tal vez, aunque la he notado últimamente muy distraída… ¿no te parece?

—Supongo que también le preocupa Astrid.

—Sí, supongo… aunque me extraña que ella tampoco le hubiera mandado nada a Stormfly.

—Bueno, esa chica es bastante extraña… la verdad no sé qué pensar de ella, pero igual le decimos a Stormfly lo que planeamos ¿no?

—Claro… a ver si así…

De repente, un golpe en la puerta silenció al par de guías.

—¿quién será? —Toothless se apresuró a atender la puerta, cuando otro golpe inusual se escuchó y en seguida de este otro, todos en diferentes puntos de la puerta que hicieron sospechar a los dragones de que no era una persona lo que estaba afuera.

Cuando los golpes se dejaron de escuchar, Toothless cuidadosamente se acercó a la puerta y con el mismo cuidado la abrió; grande fue su sorpresa al ver que en la puerta estaban incrustados unos pequeños dragones similares a los guías de tipo gusano de fuego que habían en el mundo oculto y que, al verlo, se tornaron solo en llamas que se dirigieron frente a él para luego tornarse en varios papelitos.

—¡Es de Hiccup! —exclamó el feliz Toothless al reconocer el tipo de papel y rápidamente se puso a leer lo que su amo le había escrito.

Mientas que Alúmini, estaba sorprendida de que justamente que estaban hablando de su protegido habían llegado mensajes de él, y sintió por una parte alivio de que nada le hubiera pasado, como se imaginaba Toothless.

Sin embargo, aquel pensamiento se le esfumó, cuando su pareja se giró hacia ella con una expresión sumamente consternada, estaba en shock.

—¿Qué pasa Toothless? ¿Le pasó algo a Hiccup?

El guía, de la impresión, no pudo siquiera responder y sólo alcanzó a negar con su cabeza.

Desesperada con tanta intriga, Alúmini le arrebató los papelitos y los leyó por si misma, al final quedó igual que su pareja, pero a la vez rememoró un viejo sentimiento.

—Tenemos que volver…—dijo Toothless aún pasmado.

Alúmini, aún en shock, asintió rápidamente y luego sus pensamientos se volcaron hacia su amiga nadder.

—Ay dioses, Stormfly… ¿cómo se lo diremos?

En ese momento, la puerta de la casita se abrió para susto de ambos dragones humanos, puesto quien llegó era la guía a la que más le impactaría la noticia.

—¿Qué les pasa? —preguntó Stormfly con el entrecejo fruncido, pues apenas entrando con lo primero que se encontró fue con la cara de espanto de sus compañeros de cuarto.

Toothless tragó saliva y tomando nuevamente el mensaje de su amo en sus manos, dio un paso hacia adelante para mostrarle el mensaje que recién habían recibido.

—Stormfly… es Astrid…

Aquel tono, no le gustó para nada a la recién llegada y rápidamente comenzó a temer lo peor.

¿Qué le pasó a Astrid?...

Continuará.

Notas de autora: desde hacen mucho que tenía planeado este parte de la historia, por lo que leí mucho acerca que lo conlleva un aborto, una perdida de un hijo las consecuencias incluso de aquello, a fin de poder hacer un poco más realista, pero a la vez no olvidar que es ficticio por lo que algunas cosas puedan parecer exageradas. Hablé con varias personas también para poderle dar ese toque humano a las personas. (por cierto, me sorprendió el poco tiempo que de le dan a un persona que provoca un aborto por un acto de violencia, se pasan)

Nota 2: la trabajadora social, tomé prestado el personaje de la doña que quiere apartar a Sherman del Sr. Peabody, otra película de Dreamworks.

Nota 3: Los guías se encuentran en un lugar muy apartado, por eso ya era de día cuando recibieron apenas los mensajes.

Nota 4: el siguiente capítulo si no calculo mal, estará más enfocado ahora en Astrid y en lo que siente con respecto a lo sucedido.

Comentarios:

K FanNeurtex: Hola, con respecto a las redes sociales puedes encontrarme en Facebook en la página: DragonDreams -KatnissSakura, ahí es donde ando publicando spoilers o avisos sobre las historias. Espero que te haya gustado el capítulo, nos seguimos leyendo. Saludos.

2Sonic1808: Después de lo sucedido, digamos que si habrá un periodo de descanso, pero igual el mal seguirá acechando. Saludos.

Mayluliya: Ya, tranqui… ya le seguí, al menos no los dejó como las malvadas de Clamp XD. Saludos.

Vivi: sí, algo así pasara, pues sólo hay dos caminos para lo que sucedió. Saludos.

Harmony Abadejo: Pues por el momento ya vimos que a pesar de todo, Hiccup ya se echó la responsabilidad encima, en el siguiente veremos a Astrid. Y sí, como puse en mi primer nota, si investigué sobre el asunto antes de aventurarme a escribir esto, sé que no es fácil, conozco a personas que lo vivieron, incluso a otras que sus bebés se murieron a solo días de nacer, por lo que me lo tomó con la seriedad que corresponde. Saludos

Nina: Sí, así es, ya la empezará a llamar por su nombre y más por las resoluciones a las que llegó en este capítulo. Saludos.

Amai do: Ya tiene tiempo que las ideas te las dije y hasta apenas llego a esta parte, espero te haya gustado como lo abordé según todo lo que hablamos, y ya pronto uno de los tortolitos comenzará a sentir algo por el otro, así que paciencia. Saludos.

A los seguidores, anónimos y favoritos, como siempre espero que les haya gustado y cuídense, son tiempo de pandemia todavía, lamentablemente.

05 de abril de 2020