Momento especial
—¡Mamá, me voy a ver a Ikuto!
Sayuri jamás controlaba a Chika cuando salía de casa. Siempre había mostrado ser lo bastante madura como para apañarse sola. "Mamá, salgo" y "Mamá, he llegado" era lo máximo que se comunicaban para esas salidas. Aunque el regreso fuera pasada la hora de cenar. Si Chika había necesitado algo, se lo había pedido sin mentiras ni ocultamientos. Y por supuesto, Suguru se entrometía aún menos. Confianza plena. Casi había salido de forma natural ante la ausencia de Masaru.
"Espero que esté bien", pensó como cada vez que se acordaba de su hermano, pero en esa ocasión no pensaba tanto en él. Caminó por las calles de la ciudad buscando la sombra, hasta que por fin llegó a la casa de su amigo.
Llamó a la puerta y esperó a que la abriese.
—¡Hola, Chika! —saludó el chico de pelo azul. Y antes de poder decir otra palabra, ella se abalanzó a por él y probó el sabor de sus labios. De un tirón él cerró la puerta y terminaron de besarse en el recibidor—. Qué… efusiva…
—Sé que no te gusta que nos demos besos en público —comentó ella—, por eso tenía que hacerlo dentro de casa, ¿verdad?
Era el único problema que le encontraba a su novio. A pesar de haberse criado con los Digimon, había adoptado varias costumbres conservadoras japonesas en lo referente a expresar su amor en público. Y muchas veces le notaba incómodo cuando le daba de la mano mientras paseaban. Pero poco a poco le iba quitando esos miedos.
—Hace calor —comentó Ikuto mientras entraban en el salón. Programó el aire acondicionado—. Podrías haber venido más tarde…
—No quería venir más tarde. Te echaba de menos —dijo ella, acomodándose en el sofá.
Ikuto sonrió.
—Nos vimos ayer, y estuvimos hasta las dos hablando por videollamada… y debería ser más cariñoso, ¿verdad? —dijo al darse cuenta.
—Un poco. Pero te conozco, sé que no lo haces adrede —respondió Chika.
Ikuto se sentó al lado de su novia y le pasó un brazo por encima de los hombros. Ella se acurrucó con él. Se sentía muy cómoda en esa situación. Y sabía que él, lejos de miradas indiscretas, también estaba cómodo. Enredaron sus manos. Eso estaba bien para ellos.
—Creo que estar así es un poco ñoño —comentó Chika, manteniendo un tono de voz calmado. No queŕia romper la magia del ambiente.
—¿Te apetece que nos demos el lote?
—Claro que me apetece.
Él fue a besarla, pero antes de poder hacerlo, Chika se sentó a horcajadas encima de él.
—Así es más cómodo —comentó y se echó hacia adelante.
Sus labios volvieron a jugar. Se hicieron rápido a los ritmos del otro, y disfrutaron de aquel beso. Ella le envolvió el cuello con los brazos y este puso las manos en la espalda de ella. Aquello estaba muy bien. De pronto algo extraño. Algo más… la lengua de Chika empezaba a deslizarse en la de él. Suave, no invasiva. Probó a juntar la suya, se acariciaron mutuamente.
—Mmmmm, me gusta —comentó tras acariciar la lengua de Chika con los labios.
—A mi también —respondió ella—. ¿Sabes? No quería meterte prisa, pero lo he conseguido.
—¿El qué? —preguntó Ikuto.
—Tócame el culo —pidió ella.
Con cierto miedo, este le tocó. Había algo extraño bajo el pantalón vaquero. Algo como de plástico. Con cuidado, deslizó la mano dentro de su bolsillo trasero. Y sacó algo que había dentro. Eran dos preservativos en sus envoltorios. Abrió mucho los ojos.
—¿Cómo los has conseguido? —preguntó.
—Prométeme que no te enfadas.
—… Lo prometo —respondió sin entender.
—Se los pedí a mis padres.
—¡Chika! ¿Y qué les dijiste?
—Que me había quedado sin globos —bromeó ella—. Les dije que conocía a un chico, que me gustaba mucho, y que no sabía qué iba a pasar. Y para evitar sustos, me los dieron.
—¿Tal cual?
—Bueno, una caja. Y que si se me gastan se lo diga y me dan más —comentó—. Sabía que no iba a haber problemas con ellos —le dijo—. Pero tranquilo, no saben que eres tú. Quiero que eso se lo digamos juntos.
No sabía si el chico la había escuchado. Parecía fascinado viendo los condones. Se le veía pensativo. Acariciaba el envoltorio como si se comunicara con ellos a través del tacto. Miró a Chika. Solo se habían visto una vez desnudos. Hacía una semana, cuando los besos se les habían ido de las manos.
Pero en el momento preciso se habían contenido. Sin ropa habían al menos aprendido a tratar sus cuerpos. Chika había jugado un rato con su pene, y luego él había jugado con la vagina de ella. Pero no habían ido muy lejos, y aquella noche, Ikuto había tenido que ir al baño a masturbarse y quitarse la tensión.
Ahí habían acordado no dejarse llevar hasta que tuvieran protección. Y por ello Chika se había sincerado con sus padres. Ahora era el momento de decidir.
—Ikuto. Te quiero muchísimo, y sé que eres con quien quiero hacerlo —dijo ella, dándole la mano—. Pero si no estás preparado…
—Lo estoy —interrumpió él—. Bueno, creo. Pero sé que quiero que sea contigo. Si me dejas.
—Claro que sí —dijo Chika—. Te quiero mucho.
—Y yo a ti, mi niña —respondió este.
Volvieron a besarse. Ikuto disfrutó de los labios de su novia y empezó a acariciar su cuerpo. Por encima de la ropa. Nada de darse prisa. Probó a meter los pulgares por debajo de la camiseta de Chika. Rozó su piel. Le gustaba. Subió un poco las manos. Aquella delicada cintura. Dio un respiro a los labios de Chika y empezó a besarla por el cuello. Le gustaba aquel sabor. Ella echó la cabeza hacia atrás para dejarle hacer.
Poco a poco le fue quitando toda la prenda. Chika era una joven preciosa, y se quedó embelesado al verla así, descubierta. Se había puesto un sujetador muy sexy. Pero no se iba a dar prisa en quitárselo. Lo primero era deshacerse de aquel pantaló . Aunque eso implicaba ponerse encima. La sujetó con firmeza y la puso encima del sofá. Ella se dejaba mover, y levantó las piernas para dejar actuar a su novio. Este besó su cintura mientras tiraba hacia abajo suavemente de la prenda. Besó aquellas braguitas mientras le bajaba el pantalón.
Admiró aquel cuerpo que se ofrecía ante él. Empezó a tocarlo con cuidado, le gustaba mucho. Chika era estupenda. Empezó con suavidad por los tobillos para escalar aquellas piernas y llegó a la cintura y subió hasta sus montecitos que le aguardaban con ganas. Pero algo le impidió continuar.
—Ikuto, espera… yo también quiero verte. ¿Me dejas hacerlo? —pidió ella.
Aceptando el cambio de posiciones. Ikuto disfrutó de las manos de Chika despojándole de la ropa. Empezó por la camiseta, y sintió el contraste del frío del aire acondicionado con el calor de las manos de su novia. Le gustaba cómo se sentía. Sonrió, y siguió dejándose hacer por ella. No tardó en verla luchando por abrirse el pantalón y lamentó no haberse puesto uno más cómodo. Pero Chika no se daba por vencida y logró abrirlo. Tiró finalmente de aquella prenda y por fin estaban los dos en igualdad de condiciones.
Ikuto y Chika se abrazaron y empezaron a explorarse mutuamente. Chika le instó a que le quitase el sujetador, y este lo hizo con cuidado. Permitió que Ikuto masajeara sus senos mientras ella también sentía curiosidad por el torso de su novio. Se turnaron para besarse sus cuerpos descubiertos.
—¿Se siente bien? —preguntó ella.
—Mucho —respondió Ikuto, y decidió ir un poco más lejos—. ¿Se siente bien? —preguntó mientras empezaba a acariciar el sexo de su novia por encima de las bragas.
—S-Sí —tembló ella—. No pares… —pidió mientras empezaba a manosear el miembro de su novio sin apartar el boxer aún.
Se sentías muy bien, estaban aprendiendo mutuamente lo que al otro le gustaba. Y sus suspiros y los gemidos indicaban que lo estaban haciendo bien. Chika hizo ademán de bajarle el boxer, pero él se adelantó. No iba a permitir que ella se le adelantara. Le bajó suavemente la prenda, y probó a jugar con su dedo.
—Espera —pidió ella—. Estaría mejor si… lo haces con… el dedo mojado —pidió, muerta de la vergüenza—, por favor…
De modo que Ikuto se llevó el pulgar a la boca y tras dejarlo bien húmedo empezó a acariciarle el clítoris. Suavemente se sorprendió al darse cuenta lo mucho que podía empezar a lubricar de forma natural al tratarlo tan bien. Su dedo resbalaba cada vez mejor y Chika estaba muy colorada. No podía más.
—Ikuto… si sigues así…
El chico vio su oportunidad en ese momento. Giró para situarse entre las piernas de Chika. Sabía, o creía saber lo que debía hacer. Empleó su lengua con ganas en el sexo de su novia, arrancándole cada gemido y cada suspiro que pudo hasta que sintió el cuerpo de su novia derrotado por lo que había hecho. Sonrió. Siempre le había parecido perfecta y ahora, tendida y vencida por la sesión de sexo.
—Eres el mejor —suspiró ella.
Pero aún debía probar a hacer algo por él. Ikuto le indicó que no era necesario.
—En realidad… prefiero que lo hagamos —dijo, muerto de la vergüenza, aunque en realidad era porque le daba vergüenza que ella le hiciera lo mismo.
Pero Chika no iba a dejarse convencer. Le conocía, y sabía cuando mentía. Sonrió mientras le bajaba el boxer, y liberaba por fin su erección. Cerró la mano alrededor de aquel pene y empezó a estimularlo. Vaya, era la primera vez que lo veía gotear. Supuso que eso era buena señal. Lo estimuló con la mano y supo que le gustaba.
Y si ella se había sentado bien con la boca… Ikuto no le pudo impedir hacer lo mismo. Con cuidado lamió su erección y le dio placer. Era un sabor extraño. No podía decir que le gustara, pero tenía algo extraño por el morbo de la situación. No era tan malo. Sonrió porque él suspiraba todo el rato. "Chika… no hace falta… Chika, no hace falta… Chika… me gusta mucho" empezó a decir. Eso era más sincero. Y sonrió cuando consiguió hacerle acabar.
—Creo que ahora sí estamos preparados —le susurró Chika—. Si todavía te apetece.
A Ikuto le apetecía muchísimo. Tomó uno de los preservativos y abrió el envoltorio.
—¿Qué haces? —preguntó pues Chika había empezado a estimular su erección de nuevo.
—Ayudarte a que esto no sabe —respondió ella.
Sonrió y apartó las manos cuando este se puso el condón sobre el glande. Con cuidado empezó a desplegarlo hacia abajo, hasta que todo su pene estuvo cubierto por la protección. Chika sonrió y le aguardó con las piernas separadas. Ikuto le acarició de nuevo el sexo, y se puso en posición. Buf. Iba a ocurrir. Apoyó el pene en la húmeda cavidad, y lo empujó. Entró un poco más brusco de lo que hubiera querido, y Chika gimió.
—¡¿Estás bien?! —preguntó alarmado, y retiró su miembro.
—Sí… es un poco más… intenso —respondió ella—. Pero si sigues despacio estará bien…
—¿Seguro?
—Sí, Ikuto, hazlo, por favor —pidió.
Con cuidado volvió a introducirle el pene. Esa vez parecía un poco más fácil. Un poco más. Chika gemía. Era un poco doloroso. Pero finalmente lo supo. Ikuto había entrado por completo dentro de ella. Se miraron y sonrieron. Lo estaban haciendo. Ikuto sujetó las caderas de Chika y empezó a salir y entrar de ella. Suavemente. Seguía sin haber prisa. Era muy extraño. Le daba una sensación placentera de estrechez. Y ella gemía al sentir cómo su cuerpo se amoldaba al pene de su amante.
Poco a poco se movieron al mismo tiempo. Ella dejaba que su cuerpo se moviera libre, disfrutando de aquel encuentro con su novio. Le gustaba mucho, y haber esperado hasta ese momento había estado bien. Le sentía dentro, y fuera, y dentro y fuera y era genial. Probó a estimularse al tiempo que Ikuto la penetraba y las sensaciones se multiplicaron por mucho.
—Chika… creo que… estoy a punto… —le dijo—, voy a acabar…
—A mi me… queda poco… amor… —respondió ella—. Podemos… hacerlo… juntos…
Como pudo, Ikuto aguantó hasta que su cuerpo no daba más de si. Eyaculó dentro de aquel preservativo y siguió moviendo las caderas y Chika alcanzó también el clímax. Él cayó sobre su novia y se besaron. Lo habían hecho, y se sentían genial por ello.
—¿Todo bien? —preguntó Chika mientras Ikuto inspeccionaba la gomita.
—Todo bien. Ni una fisura —respondió.
—Ha sido genial hacerlo contigo —dijo apoyando la cabeza en su hombro—. Te quiero.
—Y yo a ti —respondió él.
—¿Quieres repetir?
—Me encantaría.
¡Hola gente! Sé que he tardado un poco de más en publicar (pero eso tampoco es una novedad en mi... de hecho la novedad sería tardar menos, pero bueno), pero aquí está una historia que lleva en el tintero un tiempo.
Primero, porque quería dar un descanso a Mimi o a Tai, que me pedís muchos escritos que les incluyen, y así dar rienda a otros protagonistas. Y luego por pensar en ellos dos, que no me les imagino teniendo relaciones a lo bruto como sí ocurre en otros fanfic. Espero que os haya gustado.
MAZINGER-TAIORA: Siempre doy vueltas a las ideas que me enviaís para darles el toque de originalidad ;) En cuanto a Sora, siempre es muy predecible que Mimi sea más lanzada, por eso el cambio. Y sí, "bocachanclas" es "bocazas" pero más de barrio :P Y la verdad tampoco me imagino a Tai con otro tío (aunque no sé si cedería con Sora y con Matt...) ¡Saludos!
honter11: Sí, al final le apetecía pasar una vuena tarde a la pelirroja ;) Y pronto seguiré con otros escritos ;)
Pues eso. Pronto más fanfic con los personajes de Digimon ;) Lemmon rules!
