Casa de Edward — Forks — Miércoles 22 de Octubre de 2009 — 03:58 PM

— Bella cuidado… —repitió Edward.

— Estoy bien —gruñó ella.

— Solo quiero que no te hagas daño —se disculpó Edward.

Bella solo rodó los ojos y bajó del coche en un ágil movimiento, la herida de su tripa estaba cicatrizando sin problemas y apenas tenía molestias. Abrió la puerta trasera y cogió en brazos a una de las mellizas sacándola de su sillita para el auto, antes de que pudiese dar un paso Edward estaba tras ella extendiéndole los brazos para que él cargase a la pequeña.

— La quieres más a ella —dijo Bella con una sonrisa— Emma se va a poner celosa.

Edward iba a protestar, pero Bella se puso de puntillas y selló sus labios con un dulce beso. Edward sonrió y sujetó a Bella por la cintura alargando un poco más ese dulce gesto. Un quejido proveniente del interior del coche los hizo separarse y Bella corrió hacia la otra puerta para coger a Emma que comenzaba a pedir atención.

Avanzaron los dos solos hacia la puerta principal de la casa, ya que Bella se había empeñado en compartir esos pequeños momentos a solas con Edward, había comenzado con el nacimiento de sus pequeñas y ahora continuaba con la vuelta a casa, esperaba que fuese así también para su primer baño y todas sus primeras veces… aunque bien sabía que muchas cosas no podía controlarse y se saldrían de sus manos.

Antes de entrar Edward la miró con una disculpa dibujada en sus ojos y ella frunció su ceño.

— ¿Qué pasa? —preguntó.

— He hecho lo que he podido, pero ya conoces a Alice… no hay quien la pare… —se defendió Edward.

Abrieron la puerta y en el salón de la casa de Edward estaba toda su familia al completo, incluso Renée y Phil habían viajado desde Jacksonville para la ocasión. Bella se enfurruñó un poco, ya que ella quería un momento intimo con Edward y las pequeñas, pero en el fondo estaba feliz porque tenía con ella a las personas que más quería y que eran importantes en su vida… ¿qué más podía pedir?

Las bebés fueron arrebatadas en seguida de los brazos de sus papás cada una con una de sus abuelas, que juntas "comenzaron la sarta de "¡aw!" "que mona…" "se parece a…" más larga que habían podido escuchar, acompañadas por Sue, la mujer que se había casado con Charlie, que tampoco dejaba de admirar la perfección de sus medio—nietas. Alice daba botes sentada en uno de los sofás rodeada de regalos, que sin lugar a dudas eran para sus nuevas sobrinas. Charlie observaba todo desde un rincón, sostenía una cerveza en sus manos, a su lado Carlisle miraba sonriendo a su mujer, hacía mucho que no la veía tan feliz. Emmett y Jasper parecían estar en otro mundo, ambos estaban jugando a la wii de Edward sin preocuparse de lo que pasaba a su alrededor. Rosalie se preocupaba de que la comida que había en una mesa estuviese perfectamente colocada. Para terminar Jake y Nessie solo miraban a todos divertidos, las familias Cullen y Swan, eran realmente extrañas.

Edward y Bella se quedaron paralizados en el umbral de la puerta, en su casa habían montado toda una fiesta de bienvenida adornando todo con globos y lazos rosados… todo eran tan rosa que a Bella le comenzó a doler la cabeza. Edward pasó un brazo por sus hombros y la atrajo hacia sí…

— Recuérdame que nunca más vuelva a confiar en Alice —susurró en el oído de Bella.

— ¿Por qué? ¿Esto es obra suya? —preguntó ella.

— ¿De quién sino? —preguntó Edward irónicamente.

Tres horas después consiguieron que la casa estuviese más o menos vacía, solo Esme y Renée se quedaron para ayudarles a organizar todo para la primera noche de las pequeñas fuera del hospital.

A las diez de la noche Edward y Bella por fin estaban en su cama con la puerta entreabierta y el intercomunicador de os bebés funcionando. Edward estrechó a Bella entre sus brazos y la besó lentamente… había pasado tantos días sin dormir con ella a su lado, que le parecía imposible que hubiese podido sobrevivir sin que su perfume de fresas inundase la almohada.

Pero por fin la tenía con él de nuevo, y no dejaría que se le escapase, menos ahora que estaban formando una familia. Bella se dejó abrazar y besar por Edward, ella también lo había echado de menos esos días que había pasado en el hospital, además… le gustaba sentirse querida y amada por él. Nadie le había hecho sentirse tan bien. Gracias a Edward el episodio de su vida con Mike se había borrado casi por completo de su memoria.

— ¿Has pensado alguna vez en lo que quieres que suceda ahora? —preguntó Edward en un murmullo.

Bella se enderezó un poco y lo miró entre la penumbra que creaba la luz de luna llena entrando por la ventana.

— ¿Qué quieres decir con eso? —preguntó confundida.

Edward sonrió y besó su frente, era justamente lo que esperaba que preguntase para dejarle caer lo que llevaba días rondando por su cabeza.

— Ahora eres madre, estás… enamorada, la librería va bien y tienes tu nuevo libro casi acabado… ¿te falta algo por conseguir? —preguntó sin apartar sus ojos de los suyos.

— Tú lo has dicho… te tengo a ti y tengo a las bebés… a mi familia cerca y mi negocio va bien... creo que no puedo pedir más para sentirme más feliz… sería egoísta —contestó Bella con una sonrisa— ¿A ti te falta algo?

Edward volvió a sonreír, Bella nunca era predecible, pero la conversación estaba surgiendo tal y como él planeaba.

— Bueno… tengo tu amor, a nuestras hijas, a mi familia, mi trabajo… pero… —dejó la frase inconclusa.

Bella enarcó una ceja y lo miró inquisitivamente.

— ¿Pero qué? —preguntó con cautela.

— Me falta tenerte a ti —susurró Edward mirándola a los ojos intensamente.

Bella sonrió y negó con la cabeza.

— Ya me tienes… te amo Edward —dijo ella totalmente convencida.

— Lo sé… pero no te tengo del todo —explicó él comenzando a ponerse nervioso— ¿sabes qué? mañana si hace sol los dos saldremos felizmente a pasear a nuestras hijas por el parque como una familia, tú, las bebés y yo… el cuadro perfecto, pero no seremos realmente una familia, yo iré de la mano de Bella Swan.

— ¿Qué problema hay con eso? —preguntó Bella confundida.

— Amo que las niñas sean unas Cullen, amo tenerlas bajo mi custodia y poder cuidarlas… pero también quiero hacer eso contigo.

— Me estás cuidando Edward —lo cortó Bella.

— Lo hago… —enfatizó asintiendo con la cabeza— pero quiero más…

— ¿Más?

— Sí… quiero que seas mi mujer, quiero pasear orgulloso de la mano de Bella Cullen, quiero que tengas el mismo apellido de nuestras hijas y que te traten con el mismo respeto que tratan a mi madre —dijo Edward sin apartar sus ojos de Bella.

— Edward yo… —comenzó a hablar Bella, pero él la silencio besando sus labios.

— No quiero que me contestes ahora… solo es algo que he estado pensando desde hace unos días. Esperaré a que estés preparada.

— Yo… yo te amo Edward, pero… —balbuceó ella.

— Lo sé… necesitas tiempo, necesitas poder confiar más en ti misma para poder confiar en ti. Emily me lo dijo esta mañana cuando hablé con ella —explicó Edward—, también me dijo que esperase y no te dijese nada hasta que estuvieses preparada, pero pensé que sería mejor tenerte sobre aviso.

— ¿qué quieres decir con eso de "sobre aviso"? —preguntó Bella con el ceño fruncido.

Edward sonrió y tomó su mano izquierda entre las suyas.

— Que algún día, cuando sienta que ya hayas superado todo y estés preparada, pondré un anillo en este dedo, tú me dirás que me amas tanto como yo a ti y seremos felices y comeremos perdices…

— La vida no es un cuento de hadas —dijo Bella con un hilo de voz quitando sus mano de entre las de Edward.

— Para mí lo es… he acabado con la princesa —sin darle tiempo a mediar palabra y mucho menos a pensar si quiera en lo que estaba sucediendo, Edward se abalanzó sobre ella y comenzó a besarla sin contemplaciones, como siempre había querido besarla, y no con el miedo a que ella escapase corriendo asustada.

Sentía que Bella ahora era más fuerte, además… le acaba de poner su corazón en bandeja desnudando por completo sus sentimientos ante ella. Bella debía de entender que eso solo quería decir una cosa: que estaba dispuesto a todo con ella, a hacerla feliz día a día hasta el momento en que su corazón dejase de latir.

Edward cortó el beso y recargó su frente contra la de ella mientras su aliento, golpeaba contra los labios húmedos y enrojecidos de Bella. Ella se sentía volar… durante años había soñado con una declaración de amor como esa de parte de Edward, pero ahora no se sentía capaz de poder aceptar sus planes de matrimonio.

Sabía que Edward no era ni de lejos como Mike, pero no podía evitar sentir miedo. Caminaría poco a poco por la senda que se estaba marcando y afianzaría un paso antes de dar el siguiente. No quería volver a equivocarse. Ahora dos pequeñas e inocentes niñas podrían sufrir las consecuencias de sus actos y se sentía excesivamente preocupada ante eso.

Aunque pensándolo bien, que ella y Edward se casasen era lo más normal, ya que tenían a sus hijas, lo más obvio y esperado es que se uniesen en matrimonio para darles más seguridad y estabilidad a las pequeñas… ¿y por qué no admitirlo? También le encantaba la idea de vestirse de blanco y prometer ante un sacerdote que amaría a Edward hasta el fin de sus días… porque eso era exactamente lo que sentía.

— Lo haré… —susurró con convicción.

Edward parpadeó sorprendido y la miró con la boca abierta y los ojos desorbitados.

— Me casaré contigo Edward —dijo Bella en un tono de voz más firme. cuando quieras puedes darme ese anillo.

Cuando Edward iba a hablar un sollozo cruzó el pasillo y llegó hasta oídos de ambos. Bella sonriendo besó fugazmente los besos de él y saltó de la cama para atender lo que sus pequeños rayitos de sol necesitasen. Dejando a Edward sorprendido y mucho más satisfecho de lo que había esperado cuando comenzó aquella conversación.