Capítulo XXII


La tienda de Ollivander, se encontraba algo concurrida. Pero Sirius no se preocupó y llegó al mostrador.

—Buenos días. Vengo por un encargo. Está a nombre de Sirius Black.

Por su parte Severus revisaba el precio de las varitas más económicas. Deseaba armar un presupuesto para crear una beca para dos o tres estudiantes. Tuvo que ceder y dejar de lado su orgullo y aceptar la ayuda económica que su pareja le ofreció, pues si bien él poseía algunos ahorros, no serían suficientes para los arreglos que pensaba hacer en Hogwarts.

Severus notó la mirada de una pequeña sobre si y al imitarla y usar una de sus miradas –marca registrada–: Profesor de Pociones. Sonrió de lado, al constatar que la pequeña tembló un poco, más no se escondió ni retrocedió. Sería una buena... Slytherin en un futuro, bromeó en su mente el pocionista.

Sirius se unió a él.

—Ya las tengo. Vamos.

—Aun me pregunto cómo me convenciste de regalarles eso.

—No puedo recordártelo en público.

Severus vio feo al animago, pero éste ni se inmutó. Los dos hombres se dirigieron a la salida y Severus agitó la mano en dirección de la brujita, que sin soltarse de la mano del que parecía su padre, se despidió igualmente.

Sirius tan curioso cómo era, preguntó:

—¿Quién era?

—No lo sé.

—Es extraño que un niño te llame la atención.

—Supongo que fue la excepción.

—No, la excepción son nuestras rubitas.

Severus no respondió; por supuesto que las Potter no las consideraba niñas, no, ellas eran sus nenas.

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Que si los magos eran orgullosos y unos tontos prejuiciosos; nunca lo dudó. Por eso el Rey de hielo paseó tranquilamente por el lugar. Sólo. Era mejor de ese modo, porque su ejército no se sabía comportar en público.

Además sintió ese extraño llamado para estar ahí y si alguno de sus soldados les cuestionaba, no sabría qué responder.

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Los Weasley llegaron al Caldero Chorreante. Un mago al verlos, se incorporó de inmediato. Ginny corrió hasta él y se besaron. Ron rodó los ojos, pero Hermione lo reconvino.

—Vamos Ron, si ya va a la Madriguera.

—Costumbre, supongo. Zabini sigue siendo un Slytherin.

—Como nuestro profesor.

El pecoso tuvo que ceder.

—Si. No me lo recuerdes.

—No te quejes, Severus afirmó que con tus notas, puedes entrar fácilmente a cualquier carrera que elijas.

—Ya sería mucho que no. ¡Es un tirano como maestro!

El pelirrojo dejó de hacer drama, pues Ginny y Blaise, se les unieron.

El cuarteto recogería a los gemelos en su tienda e irían a Exquis.

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La guerrera dejó de esconderse al sentir ese Yoki. Era revelar su posición a la organización o dejar que ese ser, provocará una catástrofe.

Rafaela usó sus piernas a todo lo que daban. Los Inefables. Notarían a ese Abismal sólo si Galatea les avisaba.

Isley sabía bien ocultar su Yoki hasta casi desaparecerlo; más para ella aún estaba ahí como un faro. La guerrera no podía dejar que tantos magos y brujas murieran, si seguía escondiéndose de los Inefables y no se enfrentaba —o intentaba— a Isley el Rey del Norte.

Rafaela se quedó estática al percibir, otro Yoki yendo en la misma dirección que ella...

¡No podía ser! Tanto tiempo siguiendo a su hermana; sin embargo nunca fue tan desafortunado ese reencuentro. Si Luciela iba en la misma dirección de Isley, era porque habría un enfrentamiento entre ese par de Kakuseishas.

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Remus escuchó a su pareja. Lucius hacía fiesta con la noticia de la que se enteraron apenas hacia poco tiempo.

—... Y juraba que estaba enamorada de ti.

—Lucius...

—Ha de tener unos cinco meses ¿no?

Remus rió divertido.

—Lucius Malfoy eres un cotilla.

El platinado arqueó una ceja.

—Yo sólo comentó la situación de la parienta de Draco y ex admiradora tuya.

Remus optó por sonreír y disfrutar de cómo su pareja se congratulaba a su manera del embarazo de Nymphadora.

Lucius agarró a Remus de la cintura y los dos guiaban el cochecito de sus nietas.

—Hice las reservaciones para toda la parte exclusiva. Con la cantidad que somos para al Bruch. Era necesario.

—La verdad yo si tengo hambre.

—Te dije que tomarás por lo menos un desayuno ligero.

—También dijiste que la comida en ese lugar es deliciosa. Planeo probar de todo.

El patriarca sonrió y vio en dirección de sus nietas.

—No se preocupen princesas, que por lo menos uno de sus abuelos seguirá esbelto.

Remus codeó al rubio platino y le gruñó un poco. Pero la risa de éste evitó que se ofendiera.

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Dudle veía todo, si bien discretamente, si con mucha atención y consideró que ese mundo era muy bonito a su manera.

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Contrario a lo que los Malfoy creyeron. No fueron los primeros en llegar al restaurante. Un hiperactivo Sirius y Snape ya los esperaban. El animago corrió en dirección de ellos y fue a por las gemelas, quienes recibieron el saludo y besos de parte del Black de buen grado. Era el imán para los niños que Severus aseguraba poseía Sirius.

El grupo se reunió y entraron juntos al lugar. Les pareció mejor de ese modo; pues los curiosos ya se estaban juntando y con éstos llegarían los reporteros que ni los yōmas habían podido desaparecer.

Claro que lo importante era que Teresa y Clare no fueran conocidas por medio de algún tabloide malintencionado.

Por eso El Quisquilloso tuvo en su poder, fotos de las infantas solas y con su familia, junto con una nota de sociedad; revisada por los Malfoy. La nota salió ese mismo día y si alguien deseaba saber sobre las hijas de Harry Potter con Draco Malfoy, la exclusiva era de ese periódico. Incluso Draco ofreció una foto de su boda con el moreno, para que fuera incluida en el artículo.

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En el restaurante en una zona VIP. Los lugares se fueron ocupando de acuerdo a los conocidos que iban arribando y es que el trámite en el Ministerio fue veloz y sólo con los necesarios. Los otros fueron citados en el restaurante directamente.

Como en el interior; el animago seguía comiéndose a besos a una divertida Clare y una resignada Teresa, eso hasta que el abuelo tuvo que intervenir.

—Paddy, acabas de verlas.

—¿Y eso qué? Es su abrazo por el regalo.

—¡¿Otro regalo?! —exclamó Harry.

El Black se hizo el desentendido, Severus... Igualmente.

Las gemelas chillaron emocionadas ante las cajitas que sus padrinos les dieron. Clare rompió el papel colorido. Teresa vio el obsequio y frunció el ceño. Los adultos creyeron que ella no estaba contenta con el presente; no obstante al ver como en segundos el envoltorio pareció explotar en varios pedazos; todos exclamaron... La gemela mayor tuvo su primer brote de magia involuntario o voluntario, con la Sonriente Teresa no sé sabía.

Clare vio lo que hizo su hermana mayor y sus ojitos brillaron admirados. Luego quiso imitarla. Draco fue el que se dio cuenta y jaló la mano de Harry...

—Mira...

El moreno se hincó junto a su hija menor y le susurró.

—Vamos preciosa, tú puedes...

Clare hizo más esfuerzo y luego de unos segundos, la tapa de la caja de palo de rosa —que era el regalo— botó.

Clare gritó emocionada y vio a su gemela. Teresa sonrió.

Con las cajas abiertas los presentes vieron como las gemelas sacaban lo que parecían unas varitas, pero en forma de... Espadas.

Las miradas extrañadas y enojadas —Remus— se dirigió a Sirius.

–¡¿Sirius...?!

El mencionado, comenzó a explicar el motivo de su regalo.

—No son peligrosas no tienen filo y funcionan como varitas. Al recordar la última batalla y como las guerreras usaban sus Claymore. Todos coincidimos en que éstas eran como sus varitas y que la magia siempre está presente, lo creamos o no.

—Son para su próxima práctica. –agregó Severus– Ahora comprobamos que no carecen de magia y sabemos que tienen la fuerza de las Claymore. Poseen lo mejor de ambos lados. —agregó Severus.

Draco asintió y fue el que respondió:

—Gracias por tenerles esa confianza.

—Nunca dudamos que eran brujas... No con esas líneas familiares. —presumió Sirius.

—Ciertamente. —apoyó Lucius.

Severus bebió de su copa de agua y acotó:

—Claro, Lily y Cissy eran grandes brujas.

—Y James igualmente. —opinó Remus.

Harry rió divertido; nadie como las parejas de ese par de snobs, para ponerles los pies sobre la tierra.

Las risas se escucharon. Con los invitados llegando en ese instante.

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Como Rafaela vaticinó. Galatea se volteó ignorando al Inefable y Dae esperó la explicación a ello.

—Dos Kakuseishas se están reuniendo...

—¡¿Qué?!

—Si. En esa dirección.

Señaló la niña. Dae tragó saliva, pues a donde señalaba se encontraba el centro de Londres mágico. Dae no perdió tiempo y salió corriendo. La voz de alarma fue dada y las guerreras salieron raudas. Se unirían las que estaban más cerca. Necesitarían a las de primer rango; la cuestión era que si llegarían a tiempo.

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En Gringotts las guerreras que custodiaban el lugar sintieron a la Kakuseisha que aún no llegaba. Todas las dispusieron a luchar. Y los duendes fueron avisados para hacer el cierre de emergencia e irse a su refugio subterráneo.

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Algo le llamaba a que esa batalla por el territorio con Isley del Norte y si, debía ser en ese lugar. Estrategia, pues necesitaría toda su fuerza y que mejor que estar cerca de la comida para ese propósito. Luciela avanzó veloz. Serían unos cuantos minutos antes de que se vieran cara a cara.

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Hermione en cuanto saludó a todos, de inmediato tomó lugar junto a Theo. Éste sacó un pergamino y se lo mostró.

—¿Entonces si tiene que ver que el Abisal que atacó el tren y que hirió a Draco fuera uno de los más fuertes?

Cuestionó ella y Nott respondió:

—De modo deductivo. Debe ser, sin embargo no olvidemos que como magos nos regimos por los designios de la magia.

—De cierto modo fue esta quien amoldó lo malo de ese Yōma para beneficio de las nenas aún no nacidas.

—Usó ese Caballo de Troya que se internó en Draco, en su beneficio. —Dijo Theo usando una referencia muggle. Hermione asintió. —Lo que me hace preguntar... ¿Ya se lo dijiste?

Hermione se puso colorada y negó mirando a su alrededor para bajar la voz...

—No he podido. Me da vergüenza. ¡¿Cómo pudo suceder?! –Nott sonrió de lado y ella lo vio feo. —Sabes a lo que me refiero. Usaba pociones.

— A veces algunos de los ingredientes no están del todo frescos o fue... Magia.

—Estoy tan nerviosa. Imagínate que dirán sus padres. Los míos, que apenas retomamos nuestra relación.

Nott bufó y opinó:

—No eres la primera, ni serás la última. Hasta los genios tenemos nuestros momentos de...

—Idiotez, dilo. —gruñó la castaña.

—Descuido. –terminó él.

Ella suspiró, su amigo tenía razón; porque en ese tiempo trabajando con Theo se habían unido como amigos. Un embarazo inesperado no era tan raro. Incluso había una opción de no llevarlo a término; sin embargo a pesar del futuro incierto y lo jóvenes que eran. Amaba a Ron y viendo a Harry con su esposo e hijas, supo que podía ser una Gry como él, ser valiente y formar una familia, aun siendo joven.

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Luciela avanzó por entre la gente de las calles; su extraño vestido corto y volando al viento llamó un poco la atención. Llegó hasta una de las calles centrales.

Isley la esperaba en el lugar y ella sonrió:

–Es hora ¿no crees?

– ¿Aun deseas en quedarte con mi coto de caza?

–...

–Eres una bruja testaruda y ambiciosa.

–Ya no soy una bruja...

Isley no quiso preguntarle a Luciela si fue cautivada de igual modo como él, por ese poder o yõki tan atrayente y a la vez terrorífico, que se encontraba cerca.

Los tentáculos salieron de debajo del vestido de ella y el brazo de Isley se volvió un arco y saetas.

Sus cuerpos y poder yōma comenzaron a crecer y esa fue la voz de alarma para la gente.

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El almuerzo ya iba por el postre; al instante en que un temblor seguido de unos gritos, se escucharon. Los cristales del restaurante volaron hechos añicos.

Los dos pelinegros —Harry y Severus— lograron levantar un escudo y proteger a los demás de salir cortados.

El grupo se unió y Draco corrió a levantar a sus hijas. Nulo, se alistó para sacar de ahí al rubio menor y las niñas.

Harry con varita en mano vio en dirección de sus rubios y asintió. A decir verdad. Todo el grupo se dispuso a desaparecer. No obstante debían estar tranquilos, si no corrían peligro de escindirse.

Al parecer no hubo tiempo de pensar otra cosa, porque parte del restaurante voló en pedazos por una enorme flecha que destruyó la pared y parte del techo.

Lo que les dejó descubiertos y a la vista de lo que sucedía.

—¡Por Morgana! —exclamó alguien.

La escena era dantesca. Dos gigantes luchaban en medio del lugar o lo que quedaba de él; con magos y brujas huyendo como podían.

Theo susurró, lívido...

Kakuseishas...

Theo aferró la mano de Ron y sintió lágrimas de impotencia bajar por sus mejillas... ¿¡No podían hacer nada!? ¿¡No podían auxiliar a la gente!?

El sentido común les gritó que huyeran del mismo modo que los pocos que magos y brujas que podían lo estaban intentando hacer. Sin embargo los gritos y llantos de horror que salían de los escombros, les caló hasta los huesos.

De las Claymore de Gringotts sólo quedaban partes de cuerpos diseminados por los escombros.

No conformes con destruir el lugar. Los Kakuseishas agarraban algún mago o bruja y lo devoraban sin miramientos.

Hermione al ver esto, no pudo más y vomitó. Varios la quisieron imitar.

Entre lágrimas, Dudle rogó...

—Ayúdenlos... –recordando cómo su madre fue devorada por ese yōma con el cuerpo de su padre.

Fred se acercó y colocó un brazo sobre los hombros del chico muggle.

–No podemos hacer mucho...

Harry se movió; sin embargo Draco y sus hijas seguían ahí. Haría hasta lo imposible, pero debían auxiliar en lo que pudieran.

—Váyanse...

—Nos vamos. –dijo Draco leyendo el pensamiento de su valiente esposo– Pero no intentes nada... Por favor Harry. No podemos hacer nada contra ellos.

El de ojos verdes vio la súplica en las pupilas grises de su esposo y asintió.

Todos estaban del mismo modo; sintiéndose impotentes de no poder ayudar.

Hermione se aferró a Ron y este se asustó, pues ella estaba cayendo desmayada.

El pelirrojo se removió, y Charly le ordenó.

–Sácala de aquí.

Y si bien todos pensaban lo mismo; no estaba seguros de que una aparición en conjunto o solos, saliera bien. No con ellos tan nervioso. Solo Draco y las niñas podían ir con el elfo.

Lucius vio a su hijo y llamó a Nulo.

–Llévatelos a la mansión y regresa con ayuda.

El elfo asintió y se alistó para desaparecer, agarrando la túnica de Draco...

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Severus la vio. La niña de la tienda de varitas; yacía llorando, aferrada a una mano cercenada. El pocionista no perdió tiempo y corrió en su dirección. Debía sacarla de los escombros. No obstante no fue el único que puso su atención en la pequeña. Un extraño tentáculo lleno de fauces voló en la misma dirección.

—¡No! –prorrumpió Snape.

Enseguida, lanzó un reducto al tentáculo, más este ni siquiera se movió de su trayectoria. El pocionista vio con horror como la pequeña fue levantado y estaba siendo estrujada, tanto que ya no lloraba, no emitía sonido. Snape usó su varita levitando y lanzando escombros. El animago se unió a su pareja. Ambos magos desesperados por rescatar a la infanta.

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Isley no dejó de atacar a Luciela, más le pareció divertido como esos magos hacían intentos fútiles de quitarle la carne a esta.

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... Sintió el dolor y enojo de una de sus personas favoritas. Porque a pesar de su edad, las dos ya sabían muchas cosas y distinguían otras, igualmente querían a las personas cercanas, aunque en la cima estaba su papi y papá.

Teresa se alejó un poco del abrazo apretado de su papi y vio lo que sucedía. Lo pensó un poco, pero sus molestia detuvo al elfo que ya estaba por desparecer con ellos.

La nena decidió usar lo que ella en su mente infantil creyó lo mejor y movió su varita/espada de un lado a otro y lanzarla con fuerza en dirección a donde gritaba su panino.

La saeta surcó el aire y cortó limpiamente el miembro de Luciela. Derrumbándose inerte, dejando libre e igualmente cayendo a la pequeña niña. Severus la alcanzó en el vuelo y Sirius al ver que su pareja ya la tenía en brazos; lo instó:

—¡Vamos, corramos!

Los pelinegros avanzaron raudos, hasta llegar a donde los otros se escondían.

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Ante la acción. Los Kakuseisha se detuvieron por unos segundos. Isley concentró su mirada en ese pequeño ser que a pesar de ser un cachorro lo vio con altivez... Esos ojos plateados le devolvieron la mirada, prometiéndole destruirlo en un futuro, era como si la magia le estuviera hablando directamente. Y en esos segundo El Rey del Norte supo lo que era el miedo y admiración, al mismo tiempo...

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Draco aún veía con asombro a Teresa que tenía el ceño fruncido. Clare mordía su mano, pero se notaba igualmente tensa.

El rubio padre, suspiró:

—Lo siento nenas. Esta vez no las puedo dejar que intervengan. Es muy peligroso. Nulo... –llamó.

Y el rubio tenía razón, pues la mirada de Isley, así como su yõki estaba dirigido a donde las gemelas se encontraban.

El rey del norte colocó una pared de saetas heladas separando a Luciela y se giró para ver a quién llamaba poderosamente la atención.

Su gran brazo salió en pos de... Teresa. Más una espada detuvo en seco su avance.

—¡Ni la mirada tienes derecho a posar sobre ellas!

Rugió Rafaela. La Claymore entró directamente a la contienda y dio el tiempo de que el grupo de guerreras de primeros grados y las que enviaron los Inefables, arribarán a ayudar.

Draco y las nenas desaparecieron, llevando a Dudle con ellos, ya que este sin magia era el más indefenso.


...


Muchísimas gracias Ana Luisa.