CAPÍTULO 23
Sasuke acompañó a Sakura a una casa modesta en una calle de un barrio obrero bastante alejado del zoológico. Había una escultura de escayola de la Virgen María en el diminuto patio delantero, al lado de unos girasoles que rodeaban un parterre de petunias rosadas.
Sakura había alquilado una habitación en la parte trasera con vistas a la vía del tren. Mientras ella recogía sus escasas pertenencias, él fue a pagar a la casera sólo para descubrir que Sakura ya había pagado el alquiler por adelantado.
Gracias a la charlatana mujer se enteró de que Sakura trabajaba como recepcionista en unsalón de belleza durante el día y de camarera en una cafetería del barrio por la noche. Noera de extrañar que pareciera tan cansada. No tenía coche y tenía que ir andando o enautobús a todas partes; ahorraba todo lo que ganaba para cuando naciera el bebé. Elhecho de que su esposa hubiera vivido en la miseria mientras él tenía dos automóviles de lujo y una casa llena de obras de arte de incalculable valor sólo contribuyó a hacerlo sentir más culpable.
Antes de ponerse en camino, Sasuke consideró por un momento llevarla a su casa en Connecticut, pero al instante rechazó la idea. Ella necesitaba más que una curación física, necesitaba una curación emocional y tal vez los anímales que amaba la ayudarían aconseguirla.
Aquello le resultaba tan familiar que Sakura sintió una momentánea felicidad cuando la
camioneta se detuvo. Sasuke y ella estaban en la carretera, camino de la siguiente ubicacióndel circo. Estaba enamorada y embarazada y... Se despertó de golpe cuando la realidad seabatió sobre ella. Sasuke sacó la llave del contacto y abrió la puerta.
—Tengo que dormir un poco o acabaremos empotrándonos contra un árbol. Pasaremosaquí la noche. —Bajó de la camioneta y cerró la puerta.
Sakura se reclinó en el asiento y cerró los ojos ante el brillante crepúsculo; también cerró elcorazón a la dulzura que escuchaba en la voz de Sasuke. Él se sentía culpable, cualquierapodía verlo, pero no dejaría que eso la ablandara. Seguro que él se sentía mejor después de haberle dicho todas aquellas mentiras, pero si ella las creía acabaría atrapada. Tenía que proteger a su bebé; ya no podía permitirse el lujo de ser optimista.
Sasuke le había dicho que Amelia y su padre habían sustituido las píldoras anticonceptivas yse había disculpado por no haber confiado en ella. Otra cosa que lo hacía sentirse culpable.
Ella lo ignoró.
¿Por qué Sasuke no podía dejarla sola? ¿Por qué la había obligado a regresar con él? Porprimera vez en semanas, todas las emociones que mantenía bajo control irrumpieron en suinterior. Apretó los nudillos contra los labios y luchó por contener todos aquellos sentimientos
hasta que volvió a erigir el muro que la había mantenido en pie el último mes.
Ella siempre se había dejado llevar por las emociones, pero si quería sobrevivir no podíaseguir así. El orgullo lo es todo, le había dicho Sasuke, y era cierto. Fue el orgullo lo que lasostuvo. Lo que consiguió que contestara al teléfono en la peluquería un día tras otro y quepasara las noches cargando las pesadas bandejas con aquella comida grasienta que leproducía náuseas. El orgullo fue lo que puso un techo sobre su cabeza y lo que le hizo ganar dinero para el futuro. El orgullo la mantuvo en pie cuando el amor la traicionó.
¿Y ahora qué? Por primera vez en semanas, experimentaba temor por algo que no tenía
nada que ver con poder pagar el alquiler. Le daba miedo Sasuke. ¿Qué quería de ella?
«La peor amenaza para los tigres jóvenes es un tigre adulto. Los tigres no mantienen
fuertes vínculos familiares como los leones o los elefantes. No es inusual que un tigre mate a su cachorro.»
Forcejeó con el tirador de la puerta sólo para ver que su marido se dirigía hacia ella.
Sasuke apartó la silla de la mesa donde el camarero del servicio de habitaciones habíapuesto la comida que había pedido.
—Siéntate y come, Sakura.
Sasuke no había escogido un motelucho de carretera, de eso nada; los había instalado enuna suite de lujo en un reluciente y novísimo hotel Marriott a orillas del río Ohio, en lafrontera entre Indiana y Kentucky. Sakura recordó cómo acostumbraba a contar los peniques cuando iba a hacer la compra y el sermón que le soltaba a Sasuke cuando adquiría una botella de vino de buena cosecha. Cómo debía de haberse reído de ella.
—Te he dicho que no tengo hambre.
—Entonces siéntate y acompáñame.
A Sakura le costó menos sentarse en la silla que discutir con él. Sasuke se ajustó el nudo del cinturón del albornoz blanco que se había puesto tras la ducha y se sentó frente a ella. Tenía el pelo húmedo y se le rizaba en las sienes. Necesitaba un buen corte.
Sasuke bajó la vista a la ingente cantidad de comida que había pedido para Sakura: unaenorme ensalada, pechugas de pollo con salsa de champiñones, patatas al horno, pasta,lasaña, dos panecillos, un gran vaso de leche y una ración de tarta de queso.
—No puedo comerme todo esto.
—Estoy hambriento. Comeré parte de lo tuyo.
Aunque a él le gustaba comer, no comía tanto como para dar cuenta de todo aquello.
Sakura sintió el estómago revuelto. Había tenido problemas para retener la comida cuando abandonó a Sasuke y durante todo el primer trimestre de embarazo.
—Prueba esto —Sasuke tomó un poco de lasaña de su plato y la acercó a sus labios. Cuando ella abrió la boca para negarse, él se la metió dentro con rapidez, obligándola a tragársela.
—He dicho que no tengo hambre.
—Pruébala. Está buena, ¿verdad?
Para sorpresa de Sakura, en cuanto pasó la impresión inicial, la lasaña sabía bien, aunqueno pensaba decírselo. Tomó un sorbo de agua.
—De verdad, no quiero nada más.
—No me sorprende —Sasuke señaló el pollo. —Tiene pinta de estar seco.
—Está flotando en salsa. No está seco.
—Créeme, Sakura, este pollo está tan seco como la suela de un zapato.
—No sabes lo que dices.
—Déjame probar.
Ella pinchó el pollo con el tenedor y cuando comió un trozo, vio que era jugoso.
—Aquí tienes. —Sakura le acercó el tenedor.
Él abrió obedientemente la boca, lo masticó e hizo una mueca.
—Seco.
Sakura agarró el cuchillo con rapidez, cortó un pedazo para ella y se lo comió. Estaba tandelicioso como parecía.
—El pollo está riquísimo.
—Supongo que no me sabe a nada por culpa de la lasaña. Déjame probar la pasta.
Irritada, Sakura lo observó girar el tenedor en la pasta y metérselo en la boca. Un momentodespués, él dio su veredicto.
—Lleva demasiado condimento.
—Ahora prefiero la comida muy especiada.
—Luego no me digas que no te lo dije.
Ella cogió un poco de pasta que goteó en el mantel cuando se la llevó a la boca. Estaba
suave y sabrosa.
—No está demasiado condimentada.
Se dispuso a coger otro bocado pero detuvo el tenedor en el aire. Se dio cuenta de que laestaba engañando. Lo miró y dejó el tenedor en el plato.
—Otro juego de poder.
Los dedos largos y delgados de Sasuke se cerraron en torno a su muñeca mientras la miraba con una preocupación que Sakura no se creyó ni por un momento.
—Por favor, Sakura, me asusta lo delgada que estás. Tienes que comer por el bien delbebé.
—¡No me digas lo que tengo que hacer! —La atravesó una sensación dolorosa. Contuvo
las palabras que había estado a punto de decir y se escudó detrás de la gélida barrera quela mantenía a salvo. Las emociones eran sus enemigas, aunque debía hacer lo másconveniente para su hijo.
Sin decir nada más, se concentró en la comida y tragó hasta que no pudo más. Ignoró losintentos de Sasuke por entablar conversación y que él no comiera casi nada. Sakura se había escapado mentalmente a un bello prado donde su bebé y ella eran libres, donde les
protegía un poderoso tigre llamado Sinjun, que los amaba y que no se pasaba el día
encerrado en una jaula.
—Estás agotada —dijo Sasuke cuando ella dejó el tenedor sobre el plato. —Los dos
necesitamos dormir. Nos acostaremos temprano.
Sakura se levantó de la mesa, cogió sus cosas y entró en el baño; se permitió el placer dedarse una larga ducha. Cuando salió, la suite estaba a oscuras, alumbrada sólo por la tenueluz que se filtraba por la abertura en las cortinas. Sasuke estaba acostado boca arriba en uno de los lados de la enorme cama.
Ella estaba tan cansada que casi no se mantenía en pie, pero el pecho desnudo de Sasuke impidió que se acercara a la cama.
—Está bien —susurró él en la oscuridad. —No te tocaré, cariño.
Sakura permaneció donde estaba hasta que se dio cuenta que le daba lo mismo si latocaba o no. No le importaba lo que él hiciera porque no sentía nada.
Sasuke metió las manos en los bolsillos del impermeable y se apoyó en la cerca contra
huracanes que marcaba el borde del recinto donde pasarían los dos días siguientes. Estaban en Monroe County, Georgia; la fresca brisa de esa mañana del mes de octubre traía la esencia del invierno.
Hiroshi se acercó a él.
—Tienes un aspecto horrible.
—Bueno, tú no pareces estar mucho mejor.
—Mujeres —bufó Hiroshi. —No se puede vivir con ellas, pero tampoco sin ellas.
Sasuke ni siquiera logró esbozar una sonrisa. Puede que Hiroshi tuviera problemas conKazumi, pero al menos su relación con Karin iba viento en popa. Pasaban mucho tiempojuntos, y era un entrenador más paciente que nunca. Algo que daba frutos, porque lasactuaciones de Karin habían mejorado sustancialmente.
Sakura y él habían regresado diez días antes y todos se habían dado cuenta de que aSakura le pasaba algo malo. Su esposa ya no se reía ni rondaba por el recinto con su coletarebotando al viento. Era educada con todos —incluso ayudaba a Karin con los deberes, —pero todas las cualidades especiales que la hacían ser como era parecían haberdesaparecido. Y todos esperaban que él tomara cartas en el asunto.
Hiroshi cogió un palillo del bolsillo de su camisa y se lo puso en la boca.
—Sakura no parece la misma.
—Son los primeros meses de embarazo, nada más.
Hiroshi no pareció convencido.
—Echo de menos cómo era. Bueno, no echo de menos que meta la nariz en mis asuntoscomo solía hacerlo, eso te lo aseguro, pero sí que añoro la manera en que se preocupabapor todos. Parece que ahora sólo le interesan Manda y los elefantes.
—Lo superará.
—Supongo.
Observaron en silencio cómo un camión descargaba heno. Sasuke miró cómo Sakura lavaba a Puddin. Le había dicho que no quería que siguiera trabajando, pero ella le respondió que se había acostumbrado a hacerlo. Luego había intentado que se mantuviera alejada de los elefantes a excepción de Tater, temiendo que alguno le hiciera daño. Sakura lo había mirado sin responder y había hecho lo que le vino en gana.
Hiroshi se cruzó de brazos.
—Creo que deberías saber que anoche volví a verla dentro de la jaula de Manda.
—¡Maldita sea! Te juro que la esposaré para que se mantenga alejada de la jaula de ese
tigre.
—Me asusta cómo está. Odio verla así.
—Bueno, pues no eres el único.
—¿Por qué no haces algo?
—¿Qué me sugieres? He hecho traer uno de mis coches desde Connecticut para que no
tuviera que desplazarse en la camioneta, pero me dijo que le gustaba la camioneta. Le hecomprado flores, pero las ignora. Intenté que nos trasladáramos a una caravana RV nueva,pero casi le dio un ataque cuando se enteró, así que lo dejé pasar. Ya no sé qué hacer. —Sasuke se pasó una mano por el pelo. —Pero ¿por qué te cuento todo esto? Si supieras algo de mujeres no andarías detrás de Kazumi.
—No pienso discutir contigo.
—Sakura se pondrá bien. Es sólo cuestión de tiempo.
—Puede que tengas razón.
—Te aseguro que la tengo.
Si se lo repetía lo suficiente, tal vez se convertiría en realidad. La echaba de menos. Ahora Sakura ya no lloraba. Aquellas lágrimas repentinas que habían sido parte de ella como el aire que respiraba, habían desaparecido; era como si se hubiese anestesiado para no sentir nada. Recordaba cómo solía lanzarse a sus brazos desde la rampa del camión, su risa,
cómo le acariciaba el pelo. La necesitaba como nunca había necesitado a nadie... Y paracolmo, la noche anterior había tocado fondo.
Hizo una mueca sólo de recordarlo.
Estaba soñando que Sakura le sonreía como antes, con su cara iluminada por completo yofreciéndose a él. Se había despertado acurrucado contra ella. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que habían hecho el amor y la deseaba demasiado para alejarse.
Le deslizó la mano por la cadera y por el vientre redondeado. Ella se despertó al
momento y se tensó bajo sus caricias, pero no se apartó. Ni siquiera se resistió cuando leseparó los muslos y se colocó encima. Sakura se mantuvo inmóvil mientras él añadía unpecado más a la lista de los que ya había cometido contra ella. Se había sentido como un violador y esa mañana ni siquiera se había afeitado para no verse en el espejo.
—Sigue hablando con Karin —dijo Hiroshi. —Pero no como solía hacerlo. Karin está
tan preocupada como todos nosotros.
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Karin terminó los tacos que Kazumi había preparado y se limpió los dedos en la
servilleta de papel.
—¿Quieres saber lo que me dijo mi padre ayer por la noche?
Kazumi la miró desde el fregadero.
—Claro.
Karin sonrió ampliamente, luego resopló.
—Me dijo: «Bueno, Karin, saca tus cosas del sofá. Que te quiera tanto no significa que
quiera mancharme el trasero de maquillaje.»
Kazumi se rio.
—Tu padre sabe cómo engatusar a la gente.
—Kazumi, aquel día en el aeropuerto...—Karin parpadeó. —Mi padre tenía los ojos
llenos de lágrimas.
—Te quiere mucho.
—Supongo que sí. —Su sonrisa se desvaneció. —Me siento culpable de ser tan feliz cuando Sakura está tan jodida. Ayer dije «joder» delante de ella y ni siquiera se inmutó.
Kazumi pasó un paño por la encimera de la cocina.
—No haces más que hablar de ella. Me pone enferma.
—Eso es porque no la soportas. No entiendo por qué. Quiero decir que sé que Sasuke y túestuvieron saliendo y todo eso, pero a ti ya no te interesa él y Sakura está muy deprimida.¿Qué es lo que tienes contra ella?
—Lo que pasa es que Kazumi no puede aguantar que haya alguien que no la considere el ombligo del mundo. —Hiroshi estaba al lado de la puerta, aunque ninguna de las dos lohabía oído entrar.
Kazumi se volvió hacia él hecha una furia.
—¿No sabes llamar a la puerta?
Karin suspiró.
—¿Van a empezar a discutir otra vez?
—Yo no discuto —dijo Hiroshi. —Es ella.
—¡Ja! Se cree que puede decirme lo que tengo que hacer y no pienso consentirlo.
—Eso es lo que él dice de ti —señaló Karin con paciencia. Y luego, aunque pensaba
que gastaba saliva inútilmente añadió: —Si se casarán de una vez por todas estarían tan ocupados dándo órdenes mutuamente que nos dejarian en paz a todos los demás.
—¡No me casaría con él por nada del mundo!
—¡No me casaría con ella aunque fuera la última mujer de la tierra!
—Entonces no deberian acostarse. —Karin imitó lo mejor que supo a Sakura Uchiha. —Papá, sé que sales a hurtadillas todas las noches para dormir con ella, pero
mantener relaciones sexuales con otra persona sin estar enamorado de ella es inmoral.
Kazumi se puso roja. Su padre abrió y cerró la boca un par de veces como si fuera una
carpa dorada, luego comenzó a farfullar.
—No sabes lo que dices, señorita. Kazumi y yo sólo somos amigos, eso es todo. Tuvo
problemas con el depósito de agua y yo...
Karin puso los ojos en blanco.
—No soy imbécil, papá.
—Escúchame...
—¿Qué clase de ejemplo crees que me estás dando? Ayer mismo leí algo sobre madurezpsicológica en mis deberes, y parece que tengo dos cosas en mi contra.
—¿Cuáles?
—Perdí a mi madre y soy producto de una familia desestructurada. Eso y lo que veo quehacen los dos adultos más influyentes de mi vida hace que tenga muchas posibilidades deacabar embarazada antes de cumplir los veinte años.
Hiroshi arqueó las cejas hasta que prácticamente se perdieron en el nacimiento del pelo, y Karin llegó a pensar que perdería c! control. Aunque Hiroshi ya no le daba el mismo miedo que antes, no era estúpida.
—Me voy. Nos vemos, chicos.
Cerró de un portazo al salir de la caravana.
—¡Qué cabrona!
—Siéntate —dijo Kazumi. —Sólo intenta decirnos algo.
—¿Qué?
—Que deberíamos casarnos. —Kazumi se llevó un trozo de carne a la boca. —Lo que
demuestra lo poco que sabe de la vida.
—No la has entendido bien.
—Aún no se ha dado cuenta de lo incompatibles que somos.
—Excepto ahí dentro. —Hiroshi señaló con la cabeza el dormitorio de la parte de atrás.
—Bueno, lo cierto es... —Una astuta sonrisa se extendió por la cara de Kazumi— que
parece que los chicos de las clases bajas tienen utilidad.
—Pues claro que la tenemos. —La tomó entre sus brazos y ella se apretó contra él.
Comenzó a besarla, pero se apartó porque los dos tenían cosas que hacer y una vez queempezaban no habría nada que los detuviera.
Hiroshi notó la preocupación en los ojos de Kazumi.
—La temporada termina —dijo ella. —En un par de semanas estaremos en Tampa.
—Nos veremos en invierno.
—¿Quién ha dicho que quiera verte?
Kazumi mentía y los dos lo sabían. Estaban muy a gusto juntos, pero Hiroshi tenía el
presentimiento de que ella quería algo que él no podía darle.
Enterró los labios en el pelo de Kazumi.
—Kazumi, tengo que protegerme de ti. Creo que te amo, pero no puedo casarme contigo.
Soy un hombre orgulloso y tú siempre estás pisoteando mi orgullo.
Ella se tensó y se alejó de él, lanzándole una mirada tan desdeñosa que Hiroshi se sintiócomo una cucaracha.
—Creo que nadie ha hablado de matrimonio.
Hiroshi no sabía expresarse bien, pero había algo importante que quería decirle desdehacía tiempo.
—Me gustaría casarme contigo, pero me resultaría imposible estar casado con alguienque disfruta humillándome todo el tiempo.
—¿Qué dices? Tú también me humillas.
—Sí, pero yo lo hago sin querer y tú no. Hay una gran diferencia. Lo cierto es que te creesmejor que los demás. Piensas que eres perfecta.
—Nunca he dicho eso.
—Entonces cuéntame algo malo de ti.
—Ya no soy tan buena trapecista como antes.
—No hablo de eso. Hablo de algo que tengas dentro, algo que no sea como debería ser.A todos nos pasa.
—No me pasa nada malo, no sé de qué me hablas.
Hiroshi negó tristemente con la cabeza.
—Te conozco, nena. Y hasta que no resuelvas eso, no hay esperanza para nosotros.
La soltó y se dio la vuelta para marcharse, pero antes de que él llegara a la puerta, Kazumi comenzó a gritar:
—¡No sabes nada de mí! Que sea dura no quiere decir que sea una mala persona. ¡No losoy, maldita sea! ¡Soy buena!
—Además, eres una esnob —repuso él, mirándola. —Sólo te importa lo que tú sientes.
Hieres a los demás. Estás obsesionada con el pasado y eres la persona más engreída que heconocido nunca.
Por un momento Kazumi se quedó atontada, pero luego volvió a gritar:
—¡Mentiroso! ¡Soy buena! ¡Lo soy!
El grito furioso de Kazumi hizo que Hiroshi se estremeciera. Supo que ella le atacaría y logrósalir antes de que estrellara el plato de tacos contra la puerta.
Mientras daba vueltas esa noche por el recinto, Sakura se dio cuenta de que hubierapreferido seguir actuando con Sasuke. Al menos hubiera estado ocupada. Cuando le había dicho que no iba a volver a la pista con él, no sintió ni alegría ni decepción. Le dio igual. En las últimas semanas había descubierto un dolor mucho más profundo que cualquiera que pudiera provocarle con el látigo.
Observó el bullicio de la multitud al otro lado del recinto. Los niños cansados se aferrabana sus madres y los padres llevaban en brazos a los más pequeños con manchas de manzanade caramelo en las bocas. Antes, ver a esos padres hubiera hecho que los ojos se le llenasen de lágrimas de emoción, pues imaginaba a Sasuke llevando en brazos a su hijo. Pero ahora tenía los ojos secos. Junto con todo lo demás, había perdido la capacidad de llorar.
Como el circo permanecería allí esa noche, los empleados tenían la urde libre y se habíandirigido al pueblo en busca de comida y alcohol. El recinto se fue quedando en silencio.
Mientras Sasuke se ocupaba de Misha, ella se puso una de las viejas sudaderas de su marido y se movió entre los elefantes dormidos hasta llegar a Tater. Se arrodilló y se acurrucó entre las patas delanteras del animal y dejó que le apoyase la trompa en las rodillas.
Se arrebujó dentro de la sudadera de Sasuke. La suave prenda olía a él, a esa particularcombinación de jabón, sol y cuero que ella habría reconocido en cualquier parte. ¿Llegaría a perder todo lo que amaba?
Oyó unos pasos. Tater se incorporó sobre los cuartos traseros y Sakura vio un par de
piernas enfundadas en vaqueros que no tuvo ninguna dificultad en reconocer.
Sasuke se puso en cuclillas a su lado y apoyó los codos en las rodillas, dejando colgar lasmanos entre ellas. Parecía tan triste que por una fracción de segundo quiso consolarlo.
—Por favor, sal de ahí —susurró él. —Te necesito tanto.
Sakura apoyó la mejilla contra la arrugada piel del pecho de Tater.
—Creo que me quedaré aquí un rato más.
Sasuke hundió los hombros y pasó un dedo por el suelo.
—Mi casa... es grande. Hay una habitación de invitados con una buena vista del bosqueque hay al sur.
Sakura soltó el aliento con un suave suspiro.
—Hace frío esta noche. Va a nevar.
—He pensado que podríamos convertirla en una habitación infantil. Es una estancia
agradable, soleada, con un gran ventanal. Tal vez podríamos tener allí una mecedora.
—Siempre me ha gustado la nieve.
Los animales se movieron y uno de ellos bufó en sueños. Tater levantó la trompa de larodilla de Sakura y la pasó por los hombros de Sasuke. El tono suave de Sasuke no disimuló su amargura.
—¿No vas a perdonarme nunca? —Ella no dijo nada. —Te amo, Sakura. Te amo tanto.
Ella oyó el sufrimiento en su voz, vio la vulnerabilidad en su cara y, si bien sabía que era debido a lo culpable que se sentía, Sakura había sufrido demasiado dolor para encontrarplacer en infligírselo a otro, en especial a alguien que era tan importante para ella.
—Tú no sabes cómo amar, Sasuke.
—Puede que eso fuera cierto antes, pero ya no lo es.
Tal vez fuera por lo cómoda que se sentía bajo el corazón de Tater, o tal vez fuera el
dolor de Sasuke, pero Sakura sintió que la gélida barrera que rodeaba su corazón comenzaba a agrietarse. A pesar de todo, todavía 1c amaba. Se había mentido a sí misma cuando se dijo que no lo hacía. Él era su alma gemela y su corazón siempre le pertenecería. Con esa certeza llegó un conocimiento más profundo y amargo. Si volvía a caer víctima del amor que sentía por él, podría acabar destruida y, por el bien del bebé, no podía permitir que eso ocurriera.
—¿Es que no lo ves? Sólo te sientes culpable.
—Eso no es cierto.
—Eres un hombre orgulloso. Has violado tu código del honor e intentas arreglarlo. Lo
entiendo, pero no voy a dejar que mi vida se base en unas palabras que no sientes de
verdad. Este bebé es demasiado importante para mí.
—El bebé también es importante para mí.
Ella hizo una mueca de dolor.
—No digas eso, por favor.
—Te probaría mi amor si pudiera, pero no sé cómo hacerlo.
—Tienes que dejarme ir. Sé que eso heriría tu orgullo y lo siento, pero vivir contigo así esdemasiado duro para mí.
Él no dijo nada. Ella cerró los ojos e intentó ocultarse tras la helada barrera que la habíamantenido en pie hasta entonces, pero Sasuke había provocado demasiadas grietas.
—Por favor, Sasuke —susurró entrecortadamente. —Por favor, deja que me vaya.
La voz de Sasuke apenas era un susurro.
—¿Es eso lo que quieres de verdad?
Sakura asintió con la cabeza.
Jamás había pensado que lo vería tan derrotado, pero en ese momento la chispa queardía en el interior de Sasuke pareció apagarse.
—Vale —dijo con voz ronca. —Que sea como tú quieras.
Si eso era lo que quería, ¿por qué le dolía tanto?
A su lado se movió una sombra, pero los dos estaban demasiado absortos en su
sufrimiento para darse cuenta de que alguien más había escuchado la conversación.
