Tom se regresó para ir por el mismo camino que Candy, consideró que era más conveniente estar cerca de ella cuando encontrara los restos que dejaron en ese sendero. Tom se molestó cuando escuchó decir al pastor que el prometido de la señorita White fue a buscarla, determinó qué si lo encontraba solo, se desharía de él. Después de que se fue de la casa pastoral llegó George a preguntar lo mismo, el quería acompañar a Albert por si lo necesitaba. Albert inspeccionó los restos, se distrajo cuando escuchó los caballos en los cuales se acercaban Tom y sus hombres, su reacción lógica habría sido abrazar a Candy de manera posesiva delante de su rival, pero su deber era tomar nota de la evidencia. Tom fue a abrazarla y la ayudó a bajar de la carreta para que se acercara al cadáver.
—¡Que no venga para acá! —ordenó Albert.
—Ella tiene que ver con sus propios ojos lo que le aconteció a su padre.
—Y tú como sabes que es él? —le cuestionó Albert.
—Me lo imagino, pues ella no cesa de llorar.
Albert se dirigió hacia ellos, tomó a Candy y la jaló junto a él.
—Candy, tienes que volver a la casa pastoral, no podrás resistir si ves la escena. Ve con Pamela, yo me encargaré de trasladar los restos para darle cristiana sepultura.
—¡No puede ser mi papá! Dime que no es él.
—Nena, obedéceme por favor.
—Yo iré con ella —se ofreció Tom.
En ese momento llegó George, se bajó de su caballo y al estar frente a Albert, este con un movimiento de cabeza le indicó que examinara la escena. George de un solo vistazo se dio cuenta de aquello.
Tom aprovechó su momento, llevaría a Candy con él, fue tanto el sufrimiento de ella que perdió el conocimiento.
—Cuídala Pamela, no te alejes ningún momento de ella. Por ahora es prioritario que me quede aquí.
Tom de nuevo la llevó a la casa del ministro, iba molesto pues Pamela estaba presente.
—Señorita White, lo puede enterrar en el panteón local —le propuso el ministro cuando despertó.
—No, llevaré a mi papá donde pertenece: a Chicago.
Albert y George llegaron con la caja de madera, hubiese querido una mejor no tan rústica, pero fue improvisada.
Albert se sentía mal pues no estaba en condiciones de abrazar a Candy, estaba sucio, él quería darse un baño, pero esa tarde tenían que regresar a Chicago. Él dirigió la carreta, Candy se sentó a su lado, aún con el brincoteo por la terracería no se apartó de él, sería su consuelo ahora que su padre no estaba con ella.
Todos los miembros de la Iglesia esperaban a Candy en su finca para tratar de darle palabras de consuelo, Tom había mandado a algunos de sus hombres a avisarles a sus conocidos para que organizaran el velorio, llegaron a la media noche.
La tía Elroy estaba entre la membresía de la capilla. Albert fue a su casa para asearse, lo mismo que George, la señora Elroy se quedó con Candy, a las dos de la mañana le pidió a su sobrino quien ya estaba presentable de que la llevara a su habitación. Tom se moría de la rabia de que Candy solo quisiera estar cerca de Albert.
A la mañana siguiente al terminar el sepelio, llegó el momento de enterrar los restos. Candy junto con los Andrew se quedaron una hora más contemplando la tumba.
Todo le salió contraproducente a Tom, pues Albert se llevó a Candy a su finca, para que se quedara en compañía de la señora Elroy mientras él se ausentaba. Tenían que declarar las condiciones en que encontraron los restos.
Aunque Candy le suplicó que se quedara con ella, tuvo que explicarle que era necesario irse en ese momento, pero que a su regreso nunca volvería a apartarse de ella.
—Te diste cuenta, ¿verdad George? —Le preguntó Albert
—Por supuesto, esos huesos eran de un joven de mediana estatura, no pertenecían al padre de la señorita Candy, aparte, aunque el rostro estaba desfigurado, los pocos cabellos que se veían no eran del mismo tono que el señor Paul.
—Montaron la escena para que Candy creyera que era su padre, o quizá el muchacho le hizo algo a Paul.
—No creo, se ve muy claro que fue una escena montada.
—Eso me da la esperanza de encontrar con vida a mi suegro.
—Es necesario que nos personalicemos en la investigación.
—Por supuesto, nadie más podrá hacer un mejor trabajo de investigación que nosotros.
Hola chicas, aunque todavía me queda una semana de clases y dos exámenes (se pospusieron) quise actualizar esta historia, porque varias de ustedes votaron a favor.
En tiempo de coronavirus les recuerdo que lean los salmos, en particular el 91, 121, 23. les dejo esta porción del Salmo 91: 2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
3 El te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
4 Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
5 No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
7 Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.
8 Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.
9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
10 No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
Chicas ánimo, esto sirve para que nos demos cuenta de nuestra fragilidad y nos volvamos a Dios.
Filipenses 4:7 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Les mando un cariñoso abrazo. Les invito a que oremos por nuestros países, que Dios tenga misericordia de nosotros. Por este medio felicito a MadelRos por su cumpleaños.
Recuerden dejarme sus comentarios, tendré un mes de vacaciones y pues si me animan podré actualizar todas las historias.
