23 bases de una relación

Ciel aguardaba con mucha pereza en su cama esperando que su demonio apareciera en cualquier momento, se revolvía entre las sábanas algo aburrido, tomaba un libro lo leía por ratos pero casi de inmediato lo dejaba a un lado. Que aburrido era todo sin Sebastian, pensaba para si mismo mientras miraba el techo, con solo pronunciar su nombre bien podía tenerlo ahí en un segundo pero así no funcionaría su plan de atraerlo sin llamarle.

¿Cómo podía llamarlo sin que sus labios pronuncien su nombre? La respuesta era obvia pero tan perversa, y no entendía si era más patético hacerlo así pero la carnada era perfecta el llamarlo con gemidos era buena idea. La vergüenza le invadía un poco sin embargo lo extrañaba tanto que decidió hacerlo pero no ahora porque no quería parecer desesperado.

-Creo que leeré un rato, comeré algo y me duermo así para cuando caiga la noche lo haré...- Planeaba en un murmullo hablando para sí mismo mientras se acariciaba el vientre con sutileza.

Había tanto que pensar, empezando con ese bebé que crecía dentro suyo, no era momento de andar con jueguitos como seducir a su demonio idiota y resentido. Se imaginaba como sería unas semanas más adelante cuando se le empezara a notar el embarazo, no era algo que pudiera enfrentar solo; necesitaba a Sebastian después de todo ayudó a concebirlo, no podía quitarle responsabilidad.

-¿Tanto te cuesta llamarme?- Con un bufido de molestia musitaba el demonio a lo lejos, aburrido también de estar solo observando toda la rutina de su amante en ese día. La tarde ya estaba por caer y esperaba ansioso que algo sucediera, talvez las sombras de la noche le beneficiarían pero sospechaba ligeramente que el terminaría cediendo.

El jovencito al terminar la cena, algo más temprano de lo usual se prestaba a dar rienda a su plan, asegurando la puerta ya que no quería ser interrumpido en su hazaña, no quería ser interrumpido en su hazaña por alguno de sus sirvientes. Dejó las luces encendidas, parándose cerca de la ventana empezó a desnudarse sabiendo que era observado por su demonio sonreía coqueto para llamar su atención.

Sebastian a lo lejos miraba atento como sensualmente su pequeño se despojaba de sus ropas, aunque le fascinaba la coqueteria con que lo hacía no se dejaría atraer por algo así, le dejaría seguir. Ciel chasqueó su lengua porque creyó a su demonio más débil y que solo bastaría con eso para seducirlo pero al parecer se equivocó, ahora debía pasar al siguiente nivel.

-¿No sería más fácil solo llamarlo?-Cuestionaba de nuevo para si, pensando si no era más humillante lo que hacía que el llamarlo de una vez, pero ya estaba allí y no podía retractarse, con sus manos empezó a tocar su cuerpo, algo apenado al principio pero después imaginando que era su mayordomo quien lo tocaba, afirmaba ese tacto con lascivia.

Rozando su entrepierna jadeaba sutil frente a la ventana, sonrojado y acalorado comenzó a estimularse con fuerza en esa parte sensible de su adolescente anatomía. Este acto ya comenzaba a hacer sucumbir al demonio en sus más perversos deseos, relamiéndose los labios ya que solo con verlo se excitaba en gran manera mientras también colaba su mano en el interior de su pantalón, se masturbaba.

-Ngh...- Era el sutil jadeo del joven de pie se retorcía por el placer que sentía, era excitante estar de esta forma pero algo incómodo para lo que pensaba hacer, con una mano se masturbaba en la otra lamía dos dedos.

Pasaron un par de minutos cuando caminó hasta la cama y recostándose en ella se saciaba en sus deseos y soledad, se remordía los labios para no llamarlo; a ese quién podría saciarlo por completo con solo pronunciar su nombre ¿Cuánto más estaría mirando? Se cuestionaba dirigiendo su mirada a la ventana, con los dedos humedecidos se prestaba a embestirse.

-Ngh... Estos dedos no son suficiente-

Decía el joven con una sonrisa perversa cuando los introdujo en su interior, abriendo sus piernas un poco simulaba que era su amante quien lo embestía mientras en esa cama se retorcía. Sebastian sentía como su miembro se erguía y ya no pudiendo contenerse se acercaba a la ventana.

-¿Qué esperas?- Era la pregunta de Ciel al verlo, ambos a pesar de estar ansiosos se miraban con cierto resentimiento por unos segundos.

-¿No te disculparás...?- Le cuestionaba el demonio abriendo la ventana lo miraba fijamente, el joven lo ignoró y siguió haciendo lo que le interrumpió segundos atrás en medio de jadeos lo provocaba para no disculparse.

-Eres un niño terco y malo...- Le susurraba cerca al ver como lo ignoraba y provocaba de esa forma pero no lo tocaba tampoco aunque moría por hacerlo.

-Así me amas- Le replicó el otro con jactancia y seguía en su propósito.

-Y te aprovechas de eso...- Le musitaba tentador al oído, no podía simplemente enojarse con él, era su terco y casi horrible mal carácter lo que le había enamorado no podía quitarle ese encanto pues quedaría como cualquier humano común.

-¿Quieres unas disculpas?- Le cuestionaba Ciel con una sonrisa perversa sacando los dedos de su interior le mostraba su palpitante y flamante entrada.

-Eres cruel y tramposo- Hablaba el demonio relamiéndose los labios ante la invitación que le ofrecía a manera de disculpas, bajándose el pantalón dejaba ver su prominente erección.

-Sabes que no puedo resistirme a eso-Murmuró acercándose rozaba su erección con sus manos

-Eres asqueroso por lamer la ventana sucia- Le reprochaba el joven por las palabras casi halagadoras de antes y abría más sus delgadas piernas para hacer notar que estaba listo para ser embestido.

-Más asqueroso eres tú... por ensuciarla- Le respondía el sonriente demonio con coquetería, tomando su miembro solo la punta rozaba su entrada que palpitaba deliciosamente.

-No debería darte esto por jugar con mis sentimientos- Con algo de resentimiento hablaba mientras seguía rozándolo.

-Sebastian...- Le llamó en un susurro y halando su corbata lo obligaba a que sus rostros se acercaran, ambos se quedaron viendo. Ciel parecía querer decir algo pero no se atrevía aunque era obvio lo que quería decir por su mirada arrepentida.

-Si te exigiera el disculparte no serías el Ciel que amo... Supongo...- Le hablaba Sebastian sobre los labios y acariciaba su rostro sonrojado, sabía que estaba arrepentido por lo sucedido aunque no lo expresara precisamente en palabras, rozando dulcemente sus labios parecían reconciliarse.

-Demonio resentido, debo decirte algo- Se le burlaba con una sonrisa enredando sus brazos a su cuello muy cariñoso, acercaba sus labios a uno de sus oídos.

Sebastian se dejaba consentir muy emocionado a la vez excitado, aunque si le diera unas disculpas tampoco se resentiría esperaba oírlas al tenerlo así pero lo único que escuchó "Hazmelo ya..."

Al oír esa petición no pudo resistirse más mientras lo embestía con fuerza, de nuevo se repetía en su mente aquel pensamiento de antes, sino fuera por su forma de ser no se hubiera enamorado de este humano. Al pasar de los minutos ambos vibraban de placer en esa cama, se pertenecían de tantas formas posibles que no cualquiera entendería, con cada estocada tocaba firme en su interior sentía hacerlo tan suyo no había más mundo alrededor de ellos, solo se tenían los dos.

Amantes, amigos y cómplices era su relación, no había vínculo más sagrado y especial que este, pensaban al estar unidos de esa forma. Agotados entre jadeos terminaban su acto lleno de placer y amor, entre las sábanas desarregladas se abrazaban y miraban cariñosos.

-La próxima vez que te vayas sin permiso, te amarro como un perro.- Le regañaba Ciel aún sintiendo arder su interior que había sido bañado por la esencia de su amante que cariñoso no dejaba de acariciar su cuerpo con sus manos y labios.

-Ciel... Casémonos...- Irrumpió de repente el demonio con una sonrisa le miraba al rostro esperando una respuesta afirmativa pero ya estaba resignado a recibir una mala cara y un regaño por su sincera petición repentina.

-No...- Era la respuesta de Ciel pero con una sonrisa coqueta y besaba su frente con devoción, una actitud que sorprendió al demonio, a la vez que lo confundía. Tal vez aunque no lo parecía su pequeño amante si había aprendido algo en esa corta pero significativa ausencia.

Quizas lo trataría mejor a partir de ahora y no sabía si eso era bueno o malo porque siendo algo masoquista no le agradaba mucho la idea. En un dulce beso sus labios se unían dando por sellada esa reconciliación, parecía que la dulce base de su relación era el pelearse y reconciliarse después, algo a lo que ellos estaban gratamente resignados.

A la mañana siguiente los sirvientes miraban extrañados a Sebastian andar en la cocina como si nada, entendieron que ya se habían reconciliado no era necesario preguntarlo porque era obvio y se alegraron por ambos.

-Ciel...- le llamaba animado el enamorado mayordomo a su amo que en su despacho se ponía al día con el trabajo atrasado, esto obviamente lo tenía malhumorado. -Oh querido, te traje un postre...

Le susurró cerca dándole el postre, ambos se quedaron mirando de forma romántica y embelesada.

-Quiero tus labios de postre...- coqueto Ciel le decía acercándose a sus labios lo besaba apasionado y firme por unos segundos, siendo correspondido. Entonces su atrevido beso fue interrumpido por el llamado emocionado de su prima que entraba sin avisar.

Muchas gracias por leer esta historia, (')