Capítulo 22: El arma

Brook se sintió ligeramente decepcionado por la relativa falta de hallazgos de su interrogatorio con el joven brasileño. Si bien había vivido en el mismo sitió donde aconteció el caso Newgate el joven no sabía nada al respecto a ese suceso y los datos proporcionados por el sobre Teach no eran nada interesantes o relevantes al caso.

- Brook san ¿Crees que sería conveniente interrogar a los demás sospechosos de East Blue? -preguntó Zoro.

- ¿Hay otros sospechosos de ese lugar?

- El francés con el que me pelé en el vagón restaurante mencionó vivir en East Blue en una conversación que escuché de lejos y aparentemente tanto el como su esposa han vivido un buen tiempo allí. – dijo el tuerto.

- Umm… bueno, originalmente planeaba interrogar al abuelo del chico brasileño. Pero con lo que me dices creo que es mejor idea pasar al matrimonio Vinesmoke. Tal vez debido a su tiempo vivido en East Blue puedan aportar nuevos datos al caso. –concluyó el austriaco.

Brook le pidió a Smoker que pasara primero la señora Vinesmoke y después a su esposo, sin embargo, ambos llegaron al mismo tiempo.

- No puedo dejar que seas interrogada a solas por ese par de detectives, en especial por ese tuerto japonés horroroso. ¿Qué tal si tratan de acosarte? ¿O acusarte de un crimen que no cometiste? ¡No lo superaría, mi adorada Nami! ¡Por favor déjame pasar contigo! -rogaba el esposo de Nami.

- Lo siento ricitos de oro, primero pasaremos a su esposa y después vendrá usted. -contestó Zoro fríamente.

- ¡Como te atreves a fáltanos al respeto después de todo lo que hemos pasado! ¡Y más frente a una dama! ¡Debería darle vergüenza! – gritó el señor Vinesmoke enfadado.

- No se preocupe señor Sanji, nosotros respetaremos a su esposa y haremos todo lo posible para que su interrogatorio no le sea incómodo. Además, teniendo en cuenta que usted es un caballero, creo que lo más conveniente sería escuchar las normas de caballería y dejar que las damas pasaran primero. -dijo Brook en un tono amable.

- De acuerdo. Pero si me entero que ustedes le tocaron un cabello…

- ¡No te preocupes por mi! ¡Yo estaré bien amorcito! -dijo Nami a su intranquilo marido.

- ¡Por supuesto que estarás bien, mi adorada mellorine! ¡Tu eres una mujer maravillosamente bella y si esos mequetrefes osaran a lastimare iría por ti al rescate! -contesto el rubio sonriéndole a su esposa, tras lo cual se marchó del vagón comedor en compañía de Smoker y Tashigi.

Brook observo con detenimiento a Nami. Cabello color mandarina, ojos redondos y un elegante vestido con demasiado escote para aquel duro invierno. "Lo que algunas hacen por estar a la moda." Pensó el austríaco al ver la vestimenta de la señorita Nami.

- Bien, antes que nada, me gustaría saber su año y ciudad de nacimiento. -dijo Brook en su habitual voz calmada.

- Nací aproximadamente en la ciudad sueca de Kiruna en el año de 1914.

- ¿Aproximadamente? -inquirió Brook algo desconcertado.

- Mis padres me abandonaron cuando era una bebé, por lo que mi fecha y lugar oficial de nacimiento me es un misterio. Mi madre adoptiva estaba trabajando como misionera en Kiruna cuando paso eso, por lo que trató de hacer lo posible por buscar documentación que probara la fecha de nacimiento de mi hermana mayor y la mía de manera exacta, pero le fue imposible. Todo lo que sabe es que ella tiene tres años más que yo y que probablemente nosotras dos tengamos ascendencia sami*. Estuvimos viviendo un par de años más en Kiruna y después nos trasladamos a Malmö donde mi madre trató de servir como institutriz de un colegio privado, sin embargo, la paga nunca fue buena, por lo que emigramos a la ciudad de East Blue en América cuando cumplí los ocho años.

- Bueno, supongo que fue una sabia decisión de tu madre. – dijo Brook.

- Lo fue, pero no todo es color de rosas señor Brook. ¡América esta plagada de crimen e inmoralidad por todos lados! No pasan diez minutos y ya hay alguna pobre alma asesinada, violada o asaltada en la ciudad.

- Lo sé señorita Nami, el crimen nunca duerme. -contestó Brook.

Nami se quedo en completo silencio por un par de minutos, analizando la cara de sus interrogadores y sus alrededores con sus penetrantes ojos cafés. Después de aquel incomodo silencio Nami se acercó a el detective y al policía y les mostró el interior de su bolsa de mano, haciendo que el japonés y el austriaco se horrorizaran ante el descubrimiento que habían hecho: dentro de el bolso de Nami había un Revolver cargado.

- Compréndame un segundo señor Brook, mi miedo al crimen y a la violencia es tan grande que siempre voy a todos lados armada por temor a que alguien me asalte. Usualmente escondo una pistola en mi bolso de mano, pues se que en caso de que algún malhechor se me aproximara y tratara de robarme el tendría que vérsela primero con mis habilidades de tiro. -dijo la pelirroja seriamente- Jamás la he usado, pero no dudaría en usarla en caso de que mi vida o la de cualquier ser inocente se encuentre en peligro.

Tanto Brook como Zoro sentían ganas de decirle algo respecto a esa arma, sin embargo, detuvieron sus comentarios. Nami tenía la finta de ser una mujer lo suficientemente cuerda para no malograr un arma o cometer un asesinato repentino sin causa que lo ameritara.

- Por lo visto East Blue es una ciudad muy insegura. – afirmó Zoro.

- No es de extrañarse que el caso Newgate hubiera ocurrido en dicha ciudad. – dijo Brook.

Nami tembló por la sola mención del caso Newgate. Brook pareció notar la actitud nerviosa de Nami, algo estaba mal en la actitud de aquella dama.

- ¿Cuándo compro su arma señorita Nami? – preguntó Brook.

- Es una historia muy larga. Cuando recién llegue a East Blue mi madre alquiló un apartamento en la avenida Cocoyasi. El dueño de aquel apartamento era un hombre muy avaro y de carácter explosivo, cualquier cosa que le molestara era escusa suficiente para recurrir a la más salvaje violencia. Mi madre a menudo le debía parte de la renta, pues tras emigrar a América no pudo encontrar ningún empleo bien remunerado. El solía amenazar con corrernos a la calle o hacer que nos deportaran, sin embargo, tratábamos de ignorar sus amenazas y seguir tratando de sobrevivir, ante todo, pues confiábamos que en el fondo era un hombre bueno y que nos iba a perdonar nuestras deudas. ¡Que equivocadas estábamos! Fue en la noche de año nuevo que el dueño de aquel apartamento, harto de que mi madre le mal pagara la renta, nos emboscó mientras estábamos junto a nuestra madre haciendo monos de nieve y ese loco llegó de la nada y la estranguló ante nuestros ojos. ¡Imagínense! Un par de niñitas que apenas sabían del mundo viendo a su madre morir de aquella forma tan violenta. ¡Fue horrible! Fuimos afortunadas de que nos acogieran en adopción unos vecinos nuestros, sin embargo, el trauma de haber perdido a mi propia madre me acompaña siempre. También hace un par de años sufrí un asalto horrible mientras estaba en el trabajo. Aquel asalto fue tan brutal y horrible y cuando traté de defenderme del asaltante, este solo me noqueó de un par de golpes.

Nami recordaba aún el horror de aquel asalto. Ella trabajaba como niñera e institutriz del hijo de Ace y Vivi Newgate, recibiendo una buena paga por ello. Nami llevaba una relación estrecha con los Newgate, quienes pese a ser sus jefes y tener una fortuna eran humildes y mantenían un trato respetuoso con ella. A Nami le alegraba que aquella familia no estuviera llena de fantoches millonarios como el resto de las familias a las que atendía y en lo personal le agradaba bastante la actitud de la señora Vivi y sus refinadas costumbres.

Un día Nami y su jefa habían salido junto al pequeño Thatch a dar un paseo por el parque, aprovechando el buen clima y buscando que el pequeñín sintiera el aire libre. Fue entonces que ellas pudieron ver como el señor Marshall D. Teach salía de su coche y se dirigía hacia ellas y Thatch.

- Buenos días señor Marshall. ¿Cómo le va? – dijo Vivi sonriente.

Sin embargo, el señor Marshall no le contestó. En vez de eso Marshall se cubrió su rostro con una media agujerada a manera de máscara. Thatch se rio al verlo así, sin embargo, ambas mujeres tuvieron un mal presentimiento.

- Hay que irnos ahora, señora Vivi, ese hombre no me da confianza…- dijo Nami tomando al pequeño Thatch de la mano y caminando a la dirección contraria de aquel hombre, pero antes que el pudiera ser detenido, señor Marshall golpeo fuertemente a Nami, haciéndola caer al suelo.

Thatch, asustado corrió a su madre, quien también fue rápidamente golpeada por el horrible agresor de Nami, el cual, no conforme con tumbarla al piso comenzó a patearle la cabeza repetidamente hasta dejarla inconsciente. Teach agarró a Thatch del brazo y se lo llevó rápidamente a su coche. Nami, asustada y desesperada se paró y corrió hacia Marshall D. Teach tratando de evitar aquel fatal secuestro. Sin embargo, aquel hombre le golpeó a la cara rompiéndole la nariz al instante, tras lo cual la pateó y comenzó a pisotearla brutalmente, haciéndole perder la conciencia.

Al levantarse y recuperar la conciencia, Nami se percató que ella se encontraba en la camilla de un hospital. Su mente estaba muy confundida, toda la agresión que había sufrido se sentía casi como una pesadilla brutal o un sueño enfermo. Pudo ver cerca de ella a su novio Sanji Vinesmoke discutiendo con un médico y quien parecía ser un oficial de policia.

- ¡Gracias al cielo estas bien mi mellorine! – exclamó Sanji, sujetando su mano fuertemente, tras lo cual procedió a besarla apasionadamente.

- ¡Señor, por favor sea prudente! Recuerde que su novia esta en un estado delicado tras lo ocurrido. – dijo el médico enfadado con la actitud de Sanji.

- ¿Qué ha pasado? ¿Dónde están Thatch y la señora Newgate? -preguntó la pelirroja sintiéndose adolorida y confundida por los sucesos.

- Ha ocurrido una tragedia. Ni siquiera puedo articular el horror que ha pasado…- dijo Sanji claramente nervioso.

- ¿Se encuentran bien? – volvió a preguntar Nami bastante preocupada.

- Tu y la señora Newgate fueron víctimas de un asalto, mientras que por su parte el pequeño Thatch fue secuestrado. Justamente esta noche les llegó a los Newgate una carta donde se les exigía pagar un rescate. -dijo el policía, haciendo que Nami recordara el horror que había sufrido a manos del señor Marshall D. Teach.

- ¡Fue el señor Marshall! ¡El se llevó al niño! – gritó Nami agitadamente.

- Señorita Nami, por favor, le pido que se calme, aún no hay pruebas contundentes de la identidad del secuestrador. -dijo el policía tratando de tranquilizarla.

- ¡Claro que las hay! ¡Yo lo vi! ¡Por favor créame! -gritó Nami horrorizada.

- Creo que mi novia tiene razón. La señorita Vivi también mencionó que Teach era el culpable. Además, nadie ha visto a Teach estos últimos dos días, con excepción de mi novia y la señora Newgate. – argumentó Sanji.

El policía simplemente sonrió y vio a Nami directamente a los ojos. Nami se sintió intimidada por aquella expresión facial, la cual por lo visto estaba tratando todo ese embrollo más como una clase de juego de detectives que como un asunto serio que involucraba la vida de un niño.

- Sigue siendo pronto para hacer declaraciones. Pero, quizá sería buena idea comenzar con un interrogatorio, para recabar pistas, claro. – dijo el policía sin dejar de sonreír.

El médico y Sanji fruncieron el ceño.

- Lo siento, pero mi paciente esta algo delicada, no es buen momento para interrogarle oficial Laffitte. – dijo el médico notoriamente preocupado.

- Ho, ho, ho… no se preocupe, esto es solo un procedimiento rutinario. Sin interrogarla no podemos establecer una línea de investigación fija e hipótesis. Solo déjenme a solas con ella y todo estará bien. – dijo el policía con una sonrisa sospechosa, pero al ver la desconfianza de todos los presentes añadió- Por favor, señorita Nami, hágalo por el joven Thatch, este interrogatorio podría salvarle la vida. ¿O acaso no le importa la vida de el pequeño niño? – recalcó el policía.

Nami, sintiéndose vulnerable y culpable por no haber detenido al secuestrador, accedió a aquel horripilante interrogatorio, en el cual fue dejada a solas con el nefasto policía Laffitte, quien trataba de injustamente culparla de lo ocurrido con Thatch.

- ¿Por qué usted estaba paseando sola esa tarde con el niño? – preguntó.

- No estaba sola, la señora Newgate me acompañaba.

- Sigue siendo algo descuidado, casi pareciera que ustedes expusieron a el pequeño a propósito.

- Era un paseo de rutina, siempre paseamos tras almorzar.

- ¡Es un milagro que no les haya pasado nada antes, pues por lo visto su irresponsabilidad es tremenda! – exclamó el oficial sonriendo.

Y así siguió aquel humillante y absurdo interrogatorio, hasta que Nami no pudo más y colapsó del pánico llorando desconsolada tras relatarle a Laffitte cada detalle de aquel horroroso asalto.

Nami no olvidaría nunca el horror de aquel asalto, ni la impotencia de que ninguna de las autoridades la tomase en serio cuando ella y su jefa explicaban la identidad del secuestrador, ni mucho menos la sensación de horror absoluto cuando supo que el pequeño niño de los Newgate había sido tan cruelmente asesinado. Nunca podría olvidar como ella testificó a favor de los Newgate y dio múltiples veces su testimonio con tal de que se probara la culpabilidad de Marshall D. Teach y como, tras el veredicto final de aquel malogrado juicio, le dispararon al padre de Thatch.

- ¿Todo bien señorita Nami? -interrogó el austriaco al ver la expresión sombría que la pelirroja había puesto.

- Todo en orden detective. – dijo Nami recuperando rápidamente la compostura- Simplemente recordé el asalto. En fin, varios meses después de aquel asalto pensé, que de haber tenido un arma conmigo durante esos horribles siniestros, todo se hubiera solucionado. Piense señor Brook, el puño de una mujer es naturalmente más débil que el de un hombre. Pero un disparo de arma, independientemente del sexo de quien lo dispare es brutalmente efectivo. Así que fui con mi esposo a comprar este revolver y junto a el aprendí a tirar. No seré quizá una francotiradora de primer nivel, pero tenga por seguro que, si algún malandro tratara de lastimarme a mi o a cualquier inocente, dicho bribón acabaría con un hueco en su pecho.

- Parece usted ser portadora de armas responsable. – comentó Brook.

- En efecto lo soy. – dijo Nami orgullosamente.

- Bueno, creo que lo mejor es seguir con el interrogatorio. ¿Cuál fue su razón para abordar el Orient Express?

- Mi esposo y yo decidimos casarnos en mi pueblo natal y dar un tipo de tour por Europa como regalo de nuestra luna de miel. Mi esposo es dueño de el salón de belleza más importante de nuestra ciudad natal, así como de otros establecimientos más pequeños dedicados al cuidado del cabello, por lo que en cada ciudad que íbamos tratábamos de ver los tratamientos de belleza que se usaban localmente e incluso en Estambul tuvimos la oportunidad de ir a una sauna muy agradable.

- Por lo visto tuvieron unas vacaciones de ensueño.

- Obviamente. Aunque eso si, fueron bastante caras, de no ser porque la peluquería de mi esposo es una de las más famosas y exclusivas de East Blue y porque recientemente habíamos recibido algo de dinero de una herencia yo jamás hubiera podido emprender este viaje.

- Me gustaría que me describiera que fue lo que hizo el día de ayer a partir de que usted abordó el tren, así como sus interacciones con el señor Marshall D. Teach si es que las tuvo.

- A decir verdad, ni siquiera vi a Teach, o quizá si lo vi pero no presté atención. ¡Bah! ¡Eso no importa! Bueno, yo y mi esposo nos quedamos en nuestros compartimientos hasta la hora de la comida, cuando fuimos al vagón restaurante. ¡Y allí el muy bruto de mi marido comenzó a pelearse contra otro comensal que comía allí mismo! En fin, al acabar de comer regresamos a nuestros compartimientos y me dispuse a leer una revista, aunque por accidente su asistente irrumpió en mi cuarto y trató de dormirse en la cama de mi compañera. Pero yo lo mandé a volar, ja. Y tras leer un rato llegó por fin mi compañera de compartimiento, quien abordó en la estación de Spidermiles. Nosotras nos dormimos a las diez menos un cuarto y no nos despertó la avalancha. Desperté temprano y acompañé a mi esposo al vagón comedor al cuarto a las nueve, donde ordenamos un poco de fruta y un omelet de queso.

- ¿Usted y su compañera de compartimiento se conocían previo a este suceso? -preguntó Brook a Nami. Esta no respondió inmediatamente, mostrándose pensativa ante la pregunta.

- No tenemos una relación estrecha, pero recuerdo haberla conocido antes.

- ¿Dónde?

- No se, creo que en el salón de belleza de mi… digo en los baños termales…

- ¿Cuáles baños termales?

- Los que conocí en mi tour a Italia.

- Bien, bien, señorita Nami. Creo que podemos dar por concluido su interrogatorio. Ojalá tenga un lindo día. – dijo Brook tranquilamente.

- Lo mismo le deseo a usted y su asistente. – concluyó la pelirroja dejando el vagón elegantemente.

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Estoy pasando por un momento muy bajo de mi vida personal y familiar, así que, si bien no puedo escribir tanto como quisiera, cuando lo hago lo hago con toda la pasión del mundo para poder desahogarme.

Rosslie: Pues si, en efecto esta historia esta ligada a mi historia de "Y no quedó ninguno" y transcurren en el mismo universo fanfictográfico. Ahora ya sabemos cual fue el crímen por el que Akainu esta siendo condenado por M. Prince. ¡Muahahaha! Y de hecho en mi cuenta de AO3 las puse agrupadas en una misma "colección".

Agradezco como siempre sus reviews, ustedes son lo máximo y les deseo lo mejor.

¡Saludos, besos y abrazos para mis fieles lectores!