Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Martina Bennet, NADA de lo que hay aquí es, algo que NO me pertenece

CAPÍTULO 24

El arribo a la mansión de Alex Uchiha, se dio justo para la hora del almuerzo. Se trataba de una edificación magnífica, con un aspecto muy parecido al de Gillemot Hall, solo que mucho más pequeña, sin dejar así, de ser demasiado grande para una casa de una familia promedio. La piedra caliza que cubría toda la fachada, era blanca, con un leve tono rosado, y parecía brillar como pequeños diamantes a la luz del sol de mediodía; el tejado se atisbaba en la parte superior de los altos muros, siendo este de teja roja, que acentuaba aún más el delicado tono rosáceo; la madera de las ventanas, y la gran puerta de doble ala, era de madera de cerezo en su color natural, tallada con figuras de hojas y flores silvestres.

Daba la impresión de ser el pequeño castillo de un cuento de hadas, y el hombre que esperaba bajo el enorme marco de la puerta, el brujo del cuento. Sin embargo, a Sakura no le infundía temor, sino por el contrario, gran ternura y cariño.

―Jamás me imaginé la casa del tío Alex de esta forma ―comentó Sakura, mientras aceptaba la mano de Sasuke, para bajar de la limusina

―. Se ve tan delicada, tan femenina.

―La Mansión Rosa fue mandada a construir por el viejo, especialmente para su esposa. Ella así la soñó y así la tuvo, lástima que no pudo disfrutarla mucho tiempo. No lo comentes. Es un recuerdo muy sagrado para él. Sakura asintió, y se entristeció al pensar en la mujer que no conoció, y que su querido tío Alex amó con locura.

Si bien le habría agradado conocer a la mujer, que pudo hacer que Alex Stone, se postrara a sus pies, sabía que muchas veces, el «para siempre» del altar, podía no durar todo el tiempo que las personas querían. La congoja se transformó en alegría, cuando vio al hombre extender el brazo que no sostenía el bastón, y sonreírle cariñosamente, indicándole que se acercara. La chica rio y corrió hacia él, para abrazarlo por la cintura, y pegar el rostro a su pecho.

―¡Mi niña!, qué alegría me da tenerte aquí, conmigo.

―El anciano la rodeó con el brazo, y la besó en el cabello de la coronilla. ―Gracias por recibirnos, tío Alex. Estaba ansiosa por verte.

―Siempre serás bienvenida en mi casa. Ven, entra. La mesa está lista para ser servida. Julia ―llamó, dirigiéndose a una empleada a su derecha―, que lleven el equipaje de la señora a su habitación, y nos sirvan de inmediato. La joven asintió, y desapareció por la puerta principal. A Sakura le fue imposible no notar, que Sasuke había pasado desapercibido para el anciano. Actuaba como si ella hubiese llegado sola, y cuando miró hacia atrás, para buscarlo, lo encontró mirándola enfurruñado. Parecía estar a punto de tomarla en brazos y huir de ahí.

No se hallaba a gusto, y tampoco pretendía disimularlo. «Es como un niño pequeño», pensó Sakura. Un niño en unas ocasiones, y un hombre viril y apasionado en otras. Toda una contradicción. Al entrar a la mansión, observó que, en definitiva, esta había sido decorada con un gusto muy refinado, y lo que se llamaría, anticuado. Al parecer ningún objeto decorativo fue movido de su lugar, en todos los años que llevaba de fallecida, la señora Rebecca Stone, excepto para desempolvarlos, y volverlos a colocar, porque la limpieza y pulcritud de la casa, no podían ser cuestionadas. Algo llamó su atención ―mucho más que la gran araña de cristales, que colgaba del alto techo de madera, y los adornos de porcelana china, que juzgaban ser tan delicados como hermosos―, una enorme pintura, colgaba majestuosamente de una pared flotante, en todo el centro de la gran estancia.

La mujer que en ella se encontraba, poseía una belleza glamurosa, como la de Elizabeth Taylor en sus mejores años, y más. Sus cabellos ondulados hasta los hombros, eran de un hermoso color miel, como la savia que brota de los árboles. Sus ojos de un azul profundo, como el cielo de primavera, mostraban orgullo y altivez, al tiempo que un contrastante de ternura y alegría. Sus labios eran finos, sus pómulos altos, y la piel lozana con un saludable tono rosado.

Era como estar mirando el cartel de alguna película de Hollywood, de los años treinta. Miró entonces al hombre a su lado, que todavía la mantenía abrazada, y trató de imaginárselo siendo un hombre joven y fuerte, perdidamente enamorado de una chica, con una docena de pretendientes, que rogaban por una sola de sus sonrisas. Volvió a mirar la pintura, y por un momento, en el que su imaginación romántica elevó el vuelo, le pareció que la mujer sonreía suavemente, al tiempo que miraba con un amor infinito al anciano.

Tenía claro que eso no había sucedido, pero no pudo evitar que las palabras brotaran de sus labios: ―Ella te amaba. Aún lo hace ―afirmó, sin duda alguna. El anciano la miró por un momento, desconcertado, y al seguir su mirada, sonrió también. Sus ojos brillaron, como los de un ciego que ve por primera vez el sol, demostrando un sentimiento enterrado, en lo más profundo de su corazón.

―Yo también lo hago. Es imposible para alguien, no amar el aire que llena sus pulmones, o el agua que le calma la sed. Sakura giró la cabeza, y vio a Sasuke detrás de ellos, con los brazos cruzados en el pecho, el ceño fruncido, y refunfuñando para él mismo.

―Imposible ―concordó, sintiendo que esa sola palabra, era la única verdad que necesitaba. Para ella, él era todo eso y mucho más. Luego de almorzar, el tío Alex le mostró a Sakura el resto de la mansión, así como el espléndido jardín, que se extendía en la parte posterior de la propiedad. En el centro de la rueda de flores de todos los colores, había una fuente de piedra, que el anciano hizo encender para que ella la apreciara, y se sentaron en una banca de madera, a observar el hermoso espectáculo del agua, cayendo por los diferentes niveles, de lo que parecían ser, rosas desojándose.

Durante todo ese tiempo, Sasuke había permanecido en silencio. De su boca solo escapaban gruñidos y murmullos. Alexander Uchiha lo ignoró, y Sakura, para no indisponer al anciano, se limitaba a sonreírle de vez en cuando, y guiñarle un ojo cuando la miraba con más intensidad de la normal. En el jardín no fue diferente: se sentó en una banca frente a ellos, y miraba a todas partes menos a donde se encontraban; luego de unos minutos, sin previo aviso, se levantó, entró a la mansión, refunfuñando, y por un atisbo de madurez, no pataleando.

Horas después, el sol comenzó a ocultarse, y por fin Sasuke pudo tener unos momentos a solas con su esposa, antes de despedirse del tío para ir a la cama, ya que el viejo se encontraba impartiendo algunas órdenes a sus empleados. Con una mirada que prometía lujuria infinita, y una sonrisa húmeda, luego de lamerse cadenciosamente los labios, se acercó a ella, caminando lentamente. Sakura sintió cómo su vientre se tensaba, y un ardor delicioso la recorría, pero giró la cabeza, y simuló no haberse dado cuenta de sus intenciones.

―Nena… ―dijo Sasuke con voz ronca, sensual, al tiempo que la abrazaba desde la espalda por la cintura, y le dejaba un beso húmedo bajo la oreja―, no veo la hora de entrar en ti, y no salir hasta que estés despertando esta casa a gritos. Sakura tuvo que tragarse un gemido, para no demostrarle cuánto la afectaban sus palabras. Se giró entre sus brazos para quedar frente a él, aunque no le permitió besarla.

―Estamos en la casa del tío Alex, Sasuke ―le recordó la chica, en un susurro reprobatorio―. Lo mejor es que te comportes.

―¡Que se joda el viejo! ―El que te voy a joder soy yo, si no apartas tus sucias manos de la niña.
El extremo de goma del bastón tocó su mejilla, y presionó contra ella, haciéndole girar levemente la cabeza.

―¡Ella es mi esposa! ―gruñó Sasuke, y sacudió la cabeza para apartar el bastón. El anciano volvió a colocárselo en la mejilla, esta vez con más fuerza.

―Esta es mi casa ―afirmó Alex Uchiha con voz tranquila, pero claramente amenazante, mientras se apoyaba en una mesa, para poder guardar el equilibrio, y el peso de su pierna débil―, y yo decido la relación que tienen sus ocupantes entre sí.

―¿Qué carajo? ―Tú eres un papanatas que se hospeda aquí, por un favor que le hago a un amigo ―continuó el anciano, ignorándolo, y bajando por fin su arma―, y ella es mi nieta; hermosa, inteligente, soltera; y le caes tan mal, que no soporta siquiera dirigirte la palabra. Sasuke miraba al hombre sin dar crédito a lo que había escuchado. Giró la cabeza para mirar a Beth, y la vio encogerse de hombros y zafarse de su agarre, para ir a abrazar al que le estaba arruinando la noche. Sakura trataba de no sonreír. Quería consentir en todo lo que pudiera a su tío, y estaba dispuesta a seguirle el juego, con tal de tenerlo contento. Al llegar a él lo abrazó, se giró hacia Sasuke y lo miró.

―Esto tiene que ser una broma ―dijo Sakura, sacudiendo la cabeza―. Ven, Sakura. Vamos a nuestra habitación… Sakura… ¡Que vengas, te digo!

―No voy a dormir con un desconocido, que aparte de todo me cae muy mal ―declaró la chica, y levantó la cabeza para mirar al rostro sonriente del viejo―. ¿No es así, abuelo Alex?

―Así es, mi niña. Vamos, te voy a mostrar tu habitación al lado de la mía, y haré que te lleven un vaso de leche caliente, para que duermas toda la noche.

―¿Y si…? ―Sakura miró a Sasuke de reojo, y tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad, para no reír a carcajadas, al verle la expresión de incredulidad y furia, plasmada en su rostro. Todo mezclado. «Le va a dar una apoplejía»―. ¿Y si tu invitado quiere entrar en mi habitación a medianoche, abuelito?

―No te preocupes, mi princesita. Yo mismo vigilaré tu puerta, e impediré que cualquier mañoso pervertido te moleste. Los dos se alejaron, sonrientes. Sakura no fue capaz de mirar hacia atrás de nuevo, por temor a no poder aguantar la carcajada, que danzaba en su garganta. Sabía que Sasuke estaba sufriendo; no obstante, también creía que se lo tenía bien merecido, por querer usarla para perturbar la paz de un anciano tan cariñoso y tierno, como lo era el tío Alex. Al salir de la estancia donde se encontraban, escucharon el fuerte y largo grito, de furiosa desesperación

. ―¡Sakura! En la noche, Sakura se despertó con una discusión, que provenía de afuera de la habitación. Se levantó de la cama, y se acercó a la puerta, teniendo cuidado de no hacer ruido. Escuchó la voz airada de Sasuke, y la reprobatoria del viejo, luego un golpe, un quejido, una maldición, y otro golpe, seguido de un gruñido, y pasos fuertes que se alejaban por el pasillo. Recordó la vez que se había encontrado en una situación similar en la mansión Stone; solo que aquella vez, rogaba porque Sasuke no pudiera entrar en su habitación. Se abrazó a sí misma, e imaginó que era él el que lo hacía, y le transmitía su calor.

―Lo deseo aquí, conmigo ―admitió, y luego soltó una leve risita―, pero bien merecido se lo tiene, por comportarse como un niño chiquito.

A la mañana siguiente, Sasuke se encontraba de un humor de perros. No desayunó, gritó a todo
el que se cruzó en su camino, amenazó a Alex con arrancarle su bastón para volverlo aserrín, y se ubicó en la puerta de la mansión, con las maletas cargadas en la limusina, y la Comitiva Real esperando en su respectivo auto.

―Despídete rápido. Tenemos un vuelo que tomar ―informó a Sakura, cuando ella estaba por terminar el desayuno.

―Sasuke…

―¡Sasuke nada! ¡Nos vamos ya mismo de…! ―

¡Silencio! ―gritó el tío Alex, golpeando la mesa, y haciendo tambalear la vajilla―. Lárgate tú si quieres, pero a la niña la dejas desayunar en paz, que en su estado no debe saltar ninguna comida.

―Esa niña es mi esposa, lleva a mi hijo en su vientre, ¡y me la follo todas las malditas…! Las palabras de Sasuke terminaron en un jadeo doloroso, al sentir cómo el bastón de madera, golpeaba su estómago.

―¡Tío! ―exclamó Sakura. ―Eso le pasa por atrevido. ―Se acomodó de nuevo en su silla, y tomó los cubiertos, dispuesto a continuar con su comida―. Ahora, sal de mi vista, antes de que te parta la cabeza, a ver si con eso se te quita lo malcriado. Sakura trató de extender una mano para tocarlo. Se encontraba un poco preocupada por su esposo, aunque sabía que más había sido el susto que el golpe. El anciano negó con la cabeza, y ella retrocedió.

―Te espero afuera ―avisó Sasuke, con voz aguda por la falta de aire, y salió del saloncito, sin poder enderezarse aún.

―Tiene treinta años, y sigue siendo el mismo culicagado de siempre ―comentó Alex, una vez se hubo cerrado la puerta.

―Pobrecito, tío Alex ―se quejó Sakura―. Le pegaste muy fuerte.

―¡Bah! No es la primera vez, y bien merecido se lo tiene. Ahora come, niña. Debes alimentarte bien.
―Regresa cuando lo desees, mi niña.

―Alex levantó la cabeza, y miró a Sasuke con el ceño fruncido―. Sola.

―Gracias, tío Alex. Prometo regresar, aunque tienes que ir a Gillemot Hall, a conocer a mi bebé.

―Claro que iré. Espero que sea niña, para que se parezca a su madre. Dios no lo permita que salga un niño igual al padre. Sakura sonrió y lo abrazó con fuerza. Quería a ese viejo cascarrabias, y aunque hubiese deseado permanecer más tiempo en su compañía, también ansiaba iniciar su luna de miel. La verdadera. Al subir al auto y alejarse de la propiedad, Sakura decidió que era el momento de arreglar la situación.

―Sasuke… ―susurró, y estiró la mano para tocarle la suya, solo que él la retiró al instante, haciéndola fruncir el ceño, y sentir un leve dolor en el pecho―. Mi amor, lo siento. No pensé que el tío Alex te pudiera golpear tan fuerte. Sasuke se giró, y antes de que pudiera reaccionar, se abalanzó sobre ella, haciéndola quedar casi acostada sobre el asiento, mientras él soportaba su peso sobre los brazos, para no dañarla.

―El viejo me ha dado golpes mucho más fuertes que ese. No me importa. ―Su mirada era oscura, intensa. Parecía una bestia que quisiera devorarla de un solo bocado―. Lo que me tiene al borde de la locura, es que padezco una dolorosa erección desde ayer, y duré la noche pensando, en que mientras mi polla palpitaba furiosamente, mi esposa, ¡mi mujer!, se encontraba bajo el mismo techo, durmiendo plácidamente, en una cama en la que yo no estaba. Eso, Elizabeth, es lo que me tiene con ganas de acabar con el mundo entero

. ―Entonces, ¿por qué no me dejas tocarte?

―Porque si llego a sentir tu piel contra la mía, terminaré follándote salvajemente en esta limusina, y estoy seguro que no deseas eso. Sakura frunció el ceño sin entender.

―Te importa que no quiera hacerlo ahora, pero anoche pretendías no dejar dormir al tío Alex.

―Te dije que pensaba que nos daría la habitación más alejada. No imaginé que el condenado viejo nos haría algo así. ―La miró con la rabia aumentando en su interior

―. ¡Y tú se lo permitiste! Se alejó de ella bruscamente, y se ubicó lo más apartado posible.

―Te amo, Sasuke. ―Todos te quieren alejar de mí ―aseguró, mirándola a los ojos. No podrán hacerlo. Nunca nadie podrá.

―Tú se los permites. Sakura negó con la cabeza.

―Solo es un juego. De esa forma los tengo contentos, y nos dejan en paz por largo tiempo. Sasuke frunció el ceño, y guardó silencio por unos segundos.

―En unos días te tendré solo para mí.

―¿Unos días? Pero si ya estamos solos. Sasueke sonrió pícaramente, y giró la cabeza para mirar por la ventana, sin volver a pronunciar palabra alguna.

―¿Me vas a decir a dónde vamos? ―preguntó Sakura, sentada aún lejos de él. Sasuke sonrió y negó con la cabeza. ―Sasuke, ni siquiera sé si voy vestida para el clima. Me puedo enfermar ―insinuó, tratando de tocar un punto débil.

―Te dije que te vistieras para clima frío y lo hiciste, así estás bien.

―Pero muchas ciudades en el mundo en esta época tienen bajas temperaturas ―protestó, agitando las manos, y finalmente, haciendo un puchero. Sasuke soltó una fuerte carcajada, y extendió el brazo para pellizcarle la mejilla, lo que provocó que ella le asestara un manotazo, y se enfurruñara aún más.

Era cierto que iba lista para una ventisca, pues el clima en Carlisle ya era bastante frío de por sí, por lo que se vistió con unos jeans de maternidad, que usaba debido a que su abdomen, aunque no muy abultado aún, no le permitía cerrar los suyos; una blusa de algodón de cuello alto, una chaqueta de cuero, y en el asiento frente a ella, una gruesa chaqueta, perfecta para mantenerla caliente en cualquier lugar; sin embargo, ella deseaba saber cuál era el gran secreto.

―Nena, ten paciencia. Pronto lo sabrás. Llegaremos hoy mismo.

―Entonces, es en el continente ―adivinó y guardó silencio, esperando alguna otra pista que pudiera servirle, para adivinar hacia dónde se dirigían.

―Eres terrible ―acusó Sasuke divertido, y siguió observando por la ventana. Sakura bufó. Sabía que solo se enteraría en el momento de despegar, cuando el piloto del avión diera el saludo inicial. Hora y media después de salir de la ciudad de Carlisle, tomando la carretera Bramptom, hacia la salida A69, llegaron al Aeropuerto de Newcastle. Sakura notó que la limusina giraba a una zona diferente, entrando a la pista de aterrizaje.

―¿No vamos a registrarnos?

―No, el vuelo es privado ―respondió Sakura, y bajó de la limusina, luego de que Alec le abriera la puerta. Sakura frunció el ceño, y esperó a que él le abriera la puerta, y la ayudara a salir.

―Pensé que no te gustaban los vuelos privados, ni siquiera en la aerolínea de tu familia.

―Y es cierto, solo que no quiero a mi esposa en primera clase. La quiero en privado. El tono de voz con el que pronunció esas palabras, y la mirada que le lanzó, le indicaron que sus intenciones no eran buenas. El avión que los esperaba, tenía la mitad del tamaño del de la aerolínea, en la que había llegado a Londres; de color blanco, con líneas doradas y plateadas, terminando en las palabras BELLE LIZZY en la cola. Skaura lo miró con desconfianza. «Al menos no es un helicóptero», pensó con algo de alivio.

―¿Esa cosa puede llegar hacia dónde sea que vamos? ―Esa cosa puede llevarnos a donde queramos, preciosa. ―Se acercó a ella, y le besó la curva de la oreja―. Y cuando estemos dentro, te llevaré hasta el cielo. Sakura enrojeció. Nunca imaginó hacerlo en el aire. Al entrar, pudo observar el lujo y la elegancia, que caracterizaba a todo lo que se refería a la familia Stone. Un largo sofá del lado izquierdo, tapizado en una hermosa tela dorada sedosa, con flores bordadas en color champagne. A la derecha, una mesa de comedor en madera oscura, con cuatro sillones del mismo diseño del sofá. En el área siguiente, se divisaba un espacio idéntico, y al fondo, luego de lo que parecía un minibar, un pasillo estrecho, al que se accedía por una puerta que se encontraba abierta, que Beth imaginó, eran las habitaciones.

Los recibió una joven, que una vez posó sus ojos en Sasuek, no pudo volver a apartarlos. Aunque no era una mirada descarada, sino hipnotizada, Sakura sintió celos, por lo que ni siquiera se preocupó por saber su nombre, pues no tenía pensado dirigirle la palabra durante el viaje. Después de todo, Sasuke solo la saludó con la cabeza, y se dirigió al copiloto que se encontraba junto a ella.

―Buenos días, señor Uchiha, señora ―saludó el hombre de estatura mediana, y cabello de un color rojo intenso. Se presentó ante ellos, y los invitó a tener un excelente vuelo. Sasuke condujo a Sakura hacia una de las mesas, y se sentó a su lado.

―Te quiero cerca todo el tiempo ―informó, besándola en la mejilla, y ajustándole el cinturón de seguridad. Cuando el piloto habló por el altavoz, anunció que el vuelo duraría cinco horas y diez minutos, aproximadamente, omitiendo el destino de manera deliberada. Sakura miró a Sasuke con el ceño fruncido, y este se limitó a robarle un fugaz beso en los labios.

―¿Te he dicho, últimamente, cuánto te amo? ―preguntó, con claro sentido de provocarla, pues la expresión que tenía en el rostro, era de puro cinismo. La chica no le respondió, sino que giró la cabeza con brusquedad, y cruzó los brazos sobre su abdomen. Si él podía guardar silencio, ella también.

Las siguientes dos horas, luego de almorzar, y apenas pudieron quitarse los cinturones, Sasuke no paró de molestar a la chica, por lo que ella, en castigo por no dejarle saber el destino, no le permitió mayores avances. Él estiraba la mano, y le tocaba la pierna sobre la tela del jean de maternidad, a lo que ella reaccionaba con una palmada en la mano.

―Llevas mucha ropa, deberías quitártela. Toda.

―Quédate quieto, Sasuke. No estamos solos, y no voy a desvestirme ―advirtió, mirando hacia la sala contigua, donde se encontraban Lissa, Katy, Becca y Dacre, quienes no les prestaban atención alguna. La chica hipnotizada no se encontraba a la vista.

―Tenemos una habitación, solo es que cerremos la puerta, y te haré volar de verdad ―propuso con voz sugerente, mientras le lamía la oreja. Sakura se estremeció. El deseo corría por su cuerpo desde la noche anterior, cuando refugiada en su alcoba, en la mansión del tío Alex, deseaba a su esposo en sus brazos; sin embargo, estaba decidida a no dejar que la tocara, hasta que llegaran a su destino.

Las manos de Sasuke acariciaron sobre la ropa, todo lo que pudieron del cuerpo de la chica, y lo que ella le permitió. La escena vista desde afuera, parecía un extremo acoso sexual. Él estaba casi sobre ella, y la tocaba en lugares que solo para él estaban permitidos.

―Sasuke, ¡basta!

―El regaño fue seguido por una risita, y esa fue la perdición para Sakura.

―Es cierto ―concordó Sakura, poniéndose serio―. Basta de juegos, pasemos a la acción. Se puso de pie, la tomó en sus brazos, mientras ella gritaba y forcejeaba, y la llevó a la habitación del final del pasillo, pasando por la sala donde se encontraba la Comitiva Real.

―A la otra sala, todos. Ahora. Ninguno dudó en levantarse y alejarse lo más posible del pasillo, que daba a la habitación principal, pues en un lateral, se encontraban otras dos más pequeñas, para el personal extra. Katy fue la única en atreverse a reír. Al llegar a la alcoba, Sasuke cerró la puerta con un pie, se acercó a la cama, y la colocó sobre ella. La miró desde su altura, y comenzó a quitarse la camisa.

―Ahora sí, preciosa. Sin el viejo para perturbarlo, te voy a hacer gritar. Sakura solo alcanzó a exhalar una exclamación, cuando ya lo tenía sobre su cuerpo.

Un par de horas después, llegaron por fin a su destino. Cuando el avión aterrizó, Sakura tenía el rostro colorado, y Sasuke, una sonrisa tan grande como su ego. La joven azafata los miró cuando bajaron; su rostro se encontraba tan rojo como el de ella, y no fue capaz de mirarlos a la cara. «¡Dios!

Nos escuchó… o mejor dicho, me escuchó». Se mordió el labio, pensando en que si ella lo había hecho, seguramente la Comitiva Real también, y eso la mortificaba, aunque Katy tuvo la prudencia de pedir que colocaran música a alto volumen, lo que indicaba que la chica hipnotizada, también era chismosa. Una limusina y un auto personal, los esperaban en la pista, por lo que Sakura seguía sin saber dónde se encontraban; hasta que al salir del aeropuerto, miró hacia atrás, y vio un gran aviso con letras blancas, en el que se leía: Budapest Ferihegy 2A. Giró rápidamente la cabeza para mirar a Christopher, sorprendida.

―¡Estamos en Hungría! Él volvió a sonreír, y asintió. ―En Budapest para ser exactos. ―Se acercó a ella, y susurró muy cerca de sus labios―: Te tengo una sorpresa. Sakura no lo podía creer. Estaba en el territorio en que todo comenzó. Los antepasados de todas esas personas a su alrededor, habían vivido con ellos en aquella época, los habían conocido, y compartido hechos importantes, hasta el día de sus muertes. Era la tierra en la que todo cobraba sentido.

―Sasuke―pronunció su nombre en un hilo de voz, pero las siguientes palabras, fueron dichas con toda seguridad y fuerza―: te amo. Él sonrió más abiertamente, y la besó en los labios.

―Yo también te amo, Sakura. Sabía que te gustaría la sorpresa, aunque para ella también lo será. «¿Ella?». De pronto, recordó a su amiga, y la conexión que tenía con el lugar en el que se encontraban.

―¡Sussana! ¡Oh, por Dios! ―exclamó emocionada, colocando las manos en su boca. ―Hablé con unos contactos, y el tutor la envió a realizar unos encargos aquí en la ciudad. Son las seis de la tarde, así que ahora mismo debe estar en el hotel. Hacia allá vamos. Mientras la limusina se dirigía hacia el norte, Sakura miraba por la ventana del auto, sin observar nada en concreto. La emoción de volver a ver a su gran amiga, y el sentirse tan cerca de lo que podía considerar su tierra, la hacían desear llorar, para expresar los miles de sentimientos que la embargaban; aun así, se limitó a mirar por la ventanilla del automóvil, siendo consumida por la ansiedad, al percibir que algo mágico podría suceder, en esa esplendorosa y atrayente cultura.