Disclaimer:

La serie Naruto (tanto manga como anime) son propiedad de Masashi Kishimoto. Las letras y citas incluidas en el texto son propiedad de sus respectivos autores.

House of Crows pertenece a SilverShine, yo sólo me ocupo de la traducción.

La imagen de la portada lleva por nombre White Raveny es propiedad de Nat Jones.


Advertencias:

Clasificación M: Contenido adulto tal como lenguaje, sexo, etc.


La Casa de los Cuervos

Capítulo 24

Inventos, Verdades Retorcidas y Malas Indicaciones.


Cuando piensas que no se podría poner peor,

Aumentan los números en el conteo de los muertos

Y las campanadas de la libertad resplandecen y se desvanecen

Sólo para ser escuchadas lejos, muy lejos.


Kakashi echó un vistazo a la calle con algo de miedo. En la noche todas las luces parecían doblemente brillantes, palpitando en rojo y naranja, creando sombras que parecían hacer movimiento donde no había. Él había tenido dos años para ajustarse al uso de un solo ojo, pero incluso ahora él giraba con rapidez la cabeza cada vez que creía ver algo moverse de su lado izquierdo. En este lugarcillo cutre, sus sentidos extremadamente finos eran propensos a reaccionar de forma exagerada.

La séptima vez que él se movió con rapidez luego de que la puerta de un club se abriera a su izquierda, Jiraiya suspiró hacia él. —¿Podrías relajarte? Estás actuando como un novato, Kakashi-kun.

—Soy un novato, Jiraiya-sama. —Kakashi replicó, deteniéndose junto al sannin. Él siguió la mirada del hombre mayor a través de la concurrida calle hasta un lugar de aspecto animado cuyas ventanas estaban encendidas como una calabaza y a través de su amplia puerta salían ruidos de alegría. Había exactamente dos tipos de personas paseando en el exterior: borrachos con dinero que quemar y mujeres excesivamente maquilladas en kimonos exóticos que colgaban en sus hombros.

—Toma nota, Kakashi-kun. —Jiraiya dijo reverentemente. —El mejor burdel en todo el País del Fuego.

Probablemente era cierto, ya que la prostitución era ilegal en la mayoría de las provincias salvo por esta. Solo aquí se podía encontrar una aldea completa dedicada al erotismo, y el barrio del placer se extendía completamente a través de esta tierra. Kakashi sabía que después de cada día de paga, muchos de sus compañeros shinobi veían a desahogarse.

Kakashi hasta el momento no había sentido inclinación alguna de venir aquí. De cualquier forma, todavía seguía sin entender cómo había terminado en Otafuku Gai.

—Dijo que íbamos a entrenar en terrenos sagrados. —Kakashi apuntó, observando a una mujer inclinarse para hablarle a un hombre sentado en una banca afuera del burdel. Su escote era un universo.

—Aquí estamos, ¿No es así? —Jiraiya apuntó alegremente. —Y necesitas mucho entrenamiento por como luces ¡Vamos!

Kakashi permaneció fijo en su lugar. —No puedo ir ahí. —Dijo.

—¿Por qué no? —Jiraiya parpadeó hacia él.

Ese escote se lo tragaría. —No soy mayor para hacerlo. —Replicó estoicamente.

—Tienes quince, Kakashi-kun, ¡Ahora eres un hombre! —Jiraiya pasó un brazo alrededor de su hombro para comenzar a conducirlo a través de la calle sin importar si le gustara o no. —O al menos, lo serás una vez que una de esas adorables chicas arranque tu flor.

—No quiero que me arranquen nada. —Kakashi insistió, intentando clavar los talones en el piso.

—Tonterías, ¡Piensa en esto como entrenamiento! ¿Quieres hacerlo bien con tu primer amor, no? No quieres decepcionarla, ¿O sí?

Kakashi se preguntó a qué demonios se refería. —No. —Admitió.

—Como con todas las cosas que quieres dominar, necesitas practicar primero. —Estaban fuera del burdel ahora y Jiraiya abrió los brazos, como si estuviera revelando a las mujeres trabajando ahí. Las que estaban afuera atrayendo clientes comenzaron a mirarlo con curiosidad, sonriendo sus labios maquillados. Kakashi podía ver que habían captado el olor de sangre fresca.

—Creo que esperaré aquí. —Dijo Kakashi, su mano moviéndose automáticamente para aferrarse a uno de los pilares que sostenían el arco de la entrada. De esta forma nadie podría moverlo a menos que quisieran llevarse el edificio entero con él.

—No estás siendo muy divertido, Kakashi.

Pocas cosas conseguían perturbar a Kakashi. Encontrar a su padre muerto en la sala con sus intestinos extendidos sobre en el piso había dejado la barra bastante alta en cuanto a cosas que lo podían hacer sudar. Ser rodeado por diez hombres sumamente armados del doble de su tamaño ni siquiera hacía que su corazón latiera diferente.

Diez mujeres bien dotadas con sus hombros desnudos, por otro lado…

Kakashi no pudo evitar el tragar con fuerza. No era tímido, sólo que temía por su vida. Así debía sentirse un conejo de nieve cuando era rodeado por una jauría de lobos. Un mal movimiento y sería despedazado.

—Esperaré aquí. —Repitió con firmeza, aferrándose al pilar. —Diviértase, Jiraiya-sama.

—Te arrepentirás de esto después. —Jiraiya le advirtió, pero se encogió de hombros igualmente. No quería desperdiciar mucho tiempo intentando convencer al aguafiestas de divertirse cuando él mismo podía comenzar a hacerlo. —Ten algo de dinero. Gástalo inteligentemente y encuéntrame en la fuente de por ahí en… tres horas.

Kakashi miró a dicha fuente, tomando nota de las tres esculturas de mujeres desnudas que parecían estar paradas sobre sus manos mientras el agua borboteaba desde entre sus-

Kakashi rápidamente retiró la mirada. —Tres horas. Lo tengo. —Él tomó el dinero que Jiraiya le estaba tendiendo –aunque eran apenas algunas monedas- y permaneció agarrado al pilar hasta que el hombre envolvió sus brazos en una mujer muy arreglada y estuvo demasiado lejos como para arrastrar a Kakashi con ellos.

Él dio un recorrido por la calle principal, viendo con sombrío interés todas las atracciones que pasaba. Varios burdeles, muchos más hoteles temáticos, un cine en el que pensó entrar hasta que se dio cuenta que todas las películas anunciadas tenían nombres como "Viniendo esta Noche", o "Una Tarde de Perrito". Kakashi no quería sentarse en una habitación oscura por una hora con el tipo de personas que veía tales películas.

El primer lugar neutral que encontró fue un puesto de soba. Los fideos no eran grandiosos, pero él los comió de cualquier forma a falta de algo mejor que hacer. Hizo tiempo pateando distraídamente las piernas de su asiento y ordenando una segunda porción que hizo que su estómago se sintiera lleno y se quedó con una sola moneda. La apretó con firmeza en su mano y finalmente se movió, buscando una vez más otro establecimiento en este lugar que no robara su virginidad de cierta forma.

Fue ahí cuando encontró el salón de pachinko. Seguro, muchas de las máquinas y juegos tenían temáticas sexuales, pero muchas otras no. Y aunque algunas personas creyeran que entrar a un salón de juegos con solo una moneda era un poco inútil, Kakashi pensó en su situación. Podría gastarla en un juego de 'golpea a una rana', o podía intentar multiplicar sus ganancias en una de las máquinas de apuestas.

Kakashi caminó alrededor del salón, observando fila tras fila de hombres jugando al pachinko y a las máquinas tragamonedas. No sólo la prostitución era legal aquí, también lo eran las apuestas, y este salón estaba lleno y completo con el ruido de cientos de máquinas echando bolas de metal y tocando melodías llamativas.

Nunca había estado dentro de un lugar así, ya que muchas personas en Konoha sabían exactamente su edad (el infame Hatake Kakashi, el ninja más joven en graduarse con el rango de jounin dos años atrás, a la edad de trece), y la mitad de la población en Konoha parecía ser capaz de reconocerlo sólo con verlo. Probablemente también había una restricción de edad en este lugar, y aunque Kakashi dudaba que se viera de dieciocho –él siempre había sido más pequeño para su edad- siempre había muchas otras cosas que un chico sin la mayoría de edad podía hacer en este pueblo que serían mucho peores. De cualquier forma, los dependientes lo pasaron por alto.

Kakashi eligió su objetivo luego de pensarlo a consciencia. Todas las máquinas estaban manipuladas de una manera u otra, pero las máquinas tragamonedas parecían permitir menos control físico que las máquinas de pachinko, así que él escogió ésta, y se sentó al final de una de las filas ya que era uno de los asientos que estaban vacíos y que dejaban un enorme espacio entre él y el siguiente jugador. Él siempre era cauteloso sobre sentarse muy de cerca de extraños.

Los engranajes parecían bastante fáciles… incluso si los eufemismos sonaban forzados. Una vez que puso la última moneda en la ranura, sus bolas cayeron en la máquina, antes de pedirle que 'disparara su carga' usando el acelerador. Ignorando las imágenes provocativas de mujeres al fondo, Kakashi hizo lo indicado y escuchó el ruido de las diminutas bolas de metal mientras caían en cascada a través de las puertas del fondo. Las fotos en la pantalla frente a él comenzaron a girar a una velocidad que podría marearlo antes de alentarse gradualmente para detenerse para formar la imagen en tres partes de una mujer usando un bikini que no combinaba antes de que todo comenzara de nuevo. Kakashi supuso que el objetivo era hacer que la imagen combinara, pero igual que las máquinas tragamonedas era engañosamente aleatorio.

Nada que el sharingan no pudiera manejar.

Quitándose la banda para exponer su ojo, Kakashi rápidamente juzgo los mecanismos frente a él –el tamaño y peso de las bolas, los caminos de cada perno, la velocidad con que las bolas caían, y cuánta presión necesitaban para que el acelerador llevara la mayoría de las bolas a esa puerta para ganar. Las imágenes en la pantalla ya no parecían un incomprensible borrón. En el preciso milisegundo que Kakashi vio la cabeza roja con la lencería roja a punto de alinearse, él golpeó su dedo contra la carcasa metálica de la consola y soltó una pequeña carga eléctrica.

La pantalla se congeló, entonces parpadeó, y repentinamente cientos de diminutas bolas metálicas cayeron en la bandeja sobre sus rodillas.

Él ya sería capaz de pagarle el doble a Jiraiya de lo que le había prestado, y Kakashi se acomodó para volver a girar el acelerador y observar la pantalla intensamente para volver a emparejar la imagen. Aunque no podría ganar demasiadas veces. La gente comenzaría a sospechar.

Nadie pareció ponerle atención por largo rato, o al menos no hasta que acumuló casi diez bandejas de bolas junto a su silla las cuales pensaba cambiar por una de esas resplandecientes espadas en la pared. Algo comenzó a cosquillear a lo largo de su nuca, e instantáneamente supo que él estaba siendo observado.

Kakashi no reaccionó, pero ciertamente bajó su ritmo de juego, sospechando que uno de los encargados quizás había decidido notar finalmente su edad ya que había insistido en ganar casi todo el tiempo. Probablemente era momento de irse y encontrar a Jiraiya… sólo… ¡Necesitaba ganar una vez más!

Las bolas traquetearon y traquetearon, y un cuerpo se movió en el asiento vacío junto a él. Su primera reacción fue molestarse, ya que la burbuja de espacio personal de Kakashi se extendía más allá de la silla junto a él, pero cuando se dio cuenta que el nuevo jugador estaba mirándole de soslayo con más interés, sus pies comenzaron a picar. Era tiempo de irse.

—Estás haciendo trampa.

Kakashi miró por el rabillo del ojo a la persona junto a él, y fue casi como si estuviera viéndose en una pared de espejo. El rostro viéndole era tan parecido al suyo que por varios segundos se quedó como idiota. Los mismos ojos, la misma nariz, el mismo cabello. Él incluso parecía tener su misma edad juzgando por su altura. Incluso el mismo tipo vago de sonrisa estaba en sus labios, una que Kakashi reconocía en sí mismo de las viejas fotos en el álbum familiar de su padre, aunque eso era de antes de que comenzara a usar la máscara.

Eventualmente consiguió encontrar su voz. —No estoy haciendo trampa. —Negó, demasiado sorprendido por la apariencia del chico junto a él como para conseguir fingir un tono honesto.

—Aunque no puedo darme cuenta de cómo lo estás haciendo. —El chico continuó, inclinándose para ver las manos de Kakashi antes de ver su rostro. —¿Quizás ese raro ojo tuyo hace algo?

El extraño ojo de Kakashi se cerró con rapidez. —Métete en tus asuntos. —Gruñó, bajando la banda sobre el sharingan para esconderlo completamente.

—Este es mi asunto. —El chico le informó. —O, será mío algún día, supongo. Mi padre es dueño de la mayor parte de locales en esta provincia, y en otras provincias y en otros países también.

—¿Tu padre es un hombre de negocios? —Kakashi preguntó incrédulamente. De alguna forma dudaba que este fuera un negocio familiar, considerando que este chico era casi un ninja, y muy avanzado. Las dos armas atadas a su espalda lo delataban, y Kakashi sintió en que esa vaga sonrisa escondía algo mucho más filoso y letal.

—¿Hombre de negocios? No realmente. —Y fue todo en lo que profundizó, ya que el chico gesticuló hacia Kakashi. —Mira, te mostraré como hacer trampa propiamente.

—¿Propiamente?

—Nadie podrá atraparte de esta forma. —El chico tomó una varilla de su bolsillo y la insertó en el candado de la máquina frente a él. Después de un par de movimientos se separó y el frente se abrió algunos centímetros. Kakashi echó un vistazo a su alrededor, pero todo el mundo estaba demasiado ocupado con sus propios juegos como para notarlo y ningún encargado estaba a la vista. El chico metió la mano dentro del espacio y comenzó a hurgar. —Todas estás programadas con diferentes ajustes. —Le dijo a Kakashi mientras tentaba el interior. —La configuración diez es la más difícil, así no pagará nada. La configuración uno hace que le des al premio cada par de juegos.

—¿Puedes programarla?

—Es fácil. —El chico cerró la máquina de nuevo. —Dame algunas bolas, te lo mostraré.

Él no pidió permiso para meter la mano en el regazo de Kakashi, y quedó claro que no valdría la pena quejarse. Él estaba intrigado de cualquier forma, no de que la máquina pudiera ser reprogramada, sino porque este chico podía hacerlo y estaba inclinado a enseñarle a Kakashi cómo.

—¡Ves! —El chico dijo con un repentino grito. Su máquina estaba resplandeciendo y sonando, había ganado al primer intento. —¡Fácil!

—Eso es grandioso. —Kakashi dijo distraídamente. —Pero de cualquier forma no estaba haciendo trampa… y ya debería irme. Tengo que encontrarme con alguien.

El chico le dio una mirada confundida. —¿No me reconoces?

Kakashi se detuvo y miró al chico. Era difícil ignorar sus rasgos familiares, pero él había estado tentado a decir que sólo era una coincidencia. —¿Debería? —Preguntó con cuidado.

—Bueno, no nos hemos visto antes, pero creí que al menos te darías cuenta, Kakashi.

Probablemente esto era para impresionarlo, pero siendo el jounin más joven en cien años con un récord de guerra ejemplar bajo su cinturón significaba que su reputación llegaría a muchos lugares antes que él. Él ya era conocido como Kakashi del Sharingan en Iwa, y todo el que veía su ojo y se daba cuenta de que no era un Uchiha sabría exactamente quién era. —¿Darme cuenta de qué? —Preguntó secamente.

—De quién soy.

—No sé quién eres. —Dijo como si nada, apunto de girarse.

—¿Ni siquiera sospechas?

Kakashi no se atrevía a tener esperanzas.

El chico suspiró y se señaló a sí mismo como si Kakashi fuera algo tonto. —Soy Hatake Karasu. Hatake Sakumo era el hermano de mi padre… así que supongo que eso nos hace primos. Hola. No eres tan alto como creí que serías.


Desde esa noche diecinueve años atrás, Kakashi se había dado cuenta que él no estaba tan solo como había creído. Repentinamente tenía familia, y no sólo un primo, sino docenas de primos, y tías y tíos con los que ni siquiera había soñado. Había aprendido que tenía un abuelo del que su propio padre no le había hablado en ningún momento; conoció su nombre y el de su abuela, y aprendió los nombres de sus padres. Un genuino árbol familiar floreció frente a sus ojos. La tumba familiar en Konoha que sólo tenía dos nombres parecía absurdamente pequeña y falsa en comparación.

Pero la razón por la que su padre nunca había mencionado la existencia del resto de la familia Hatake rápidamente se hizo clara para Kakashi cuando Karasu, después de cobrar sus bolas, lo arrastró para que conociera a su padre. El hombre era tan parecido a Sakumo que dolía estar en la misma habitación que él, sin embargo fue obvio a primera vista que Kakashi no encontraría una figura paterna en su tío. Al líder del nómada clan Hatake no le gustaba. Los pecados del padre, dijo él, los tenía que cargar el hijo. Y Hatake Sakumo no era solamente un desertor y un traidor por abandonar su asiento como cabeza de la casa superior para sentar cabeza con una 'externa' en una aldea sedentaria, sino que también había muerto como un cobarde, y ningún hijo suyo sería recibido de vuelta.

Cuando Kakashi regresó con Jiraiya más tarde esa noche, él mantuvo en secreto su nuevo descubrimiento, inseguro de cómo lo tomaría. Tampoco sabría lo que Konoha haría respecto a su alianza familiar con un clan rebelde que veía a su aldea como el enemigo.

Sin embargo, incluso si la cabeza de su nuevo clan le había rechazado al instante, Karasu no. Le escribía frecuentemente, y Kakashi le escribía de vuelta cuando podía (incómodamente –no estaba acostumbrado a escribir cartas casuales, pero estaba determinado a mantener su único lazo con su 'verdadera familia'), incluso si era algo difícil hacerle llegar una carta a alguien que nunca se quedaba en un lugar por más de un mes. Siempre que el clan estaba cerca, él era invitado. Sus superiores le daban la oportunidad de irse felizmente porque los consejeros no habían hecho más que rogarle que se tomara algunos descansos entre las misiones desde que tenía seis, y fue a través de esas visitas que Kakashi pudo conocer a su clan.

Intentaba evitar a su tío –aunque el hombre nunca lo echaba al verlo, siempre lo hacía sentarse para que escuchara sus palabras sobre todos los crímenes y fallas de Konoha y de las otras Aldeas a través del mundo. Pero principalmente sólo de Konoha. Era un berrinche intenso que podía extenderse por horas y la mayoría de él era probablemente cierto, lo que no le daba a Kakashi ningún confort, y entre más tiempo pasara sentado ahí escuchando, su tío parecía pensar que él era redimible.

Karasu lo aceptó como él era, siempre listo para responder a las preguntas que Kakashi nunca creyó le responderían. Él le mostró movimientos característicos del clan y jutsus, y a cambio Kakashi le enseñó algunas de las técnicas más interesantes que había copiado con el paso de los años. Su destreza y reputación internacional impresionaron a la mayoría de las casas altas y bajas combinadas, y Kakashi siempre era la novedad cuando estaba con el clan. Sus tías siempre querían quitarle la máscara y alimentarlo, sus primos siempre querían que les mostrara su ojo. Varias primas iban detrás de él como las chicas en Konoha hacían.

Reika, una de las primas del lado materno de Karasu, tenía cinco años menos que él mismo, y siempre era la más atrevida. Ella fue quien le dijo por qué –la verdad- su tío odiaba a Kakashi, y quién era el verdadero heredero del clan. Incluso a tierna edad ella tenía planes para elevar su posición en el clan casándose con alguien como Kakashi –en su opinión, él regresaría algún día a tomar lo que le pertenecía.

Él no lo sabía en ese entonces, pero Karasu tenía planes también.

Fue durante una visita tiempo después de su cumpleaños número dieciocho que su tío finalmente intentó matarlo. Había estado borracho en esa ocasión, y estuvo llamándole 'Sakumo' repetidamente durante la tarde, pero todavía llegó más lejos e intentó atravesar con un golpe el cráneo de Kakashi. El resto de la casa principal había intervenido en el emergente caos, lo que probablemente fue la razón por la que Kakashi había sobrevivido a tal salvaje y repentino ataque, y luego que las cosas se calmaran Karasu había ido a hablar en privado con su padre.

Cuando él regresó tenía una sonrisa en su rostro y sangre a lo largo de sus brazos. —Vayamos a jugar al pachinko, ¿Sí? —Sugirió él.

Su padre fue encontrado muerto la siguiente mañana y Karasu rápidamente fue nombrado como la nueva cabeza. Kakashi estaba seguro de que él sabía quién lo había matado…

Y fue sólo con el paso de los años que Karasu reveló cuán lejos iba su ambición. Mientras que su padre estaba contento con beber sake y quejarse sobre la injusticia de las aldeas estáticas y sus clanes afiliados, Karasu no. Él puso las cosas en movimiento y Kakashi no se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde, y ahora todo había culminado en este preciso momento, cuando se encontró a sí mismo de pie alrededor de un mapa con Karasu y otros miembros de la casa superior Hatake, viendo a un emisario y a sus guardaespaldas de Iwa. No era lo que él llamaría una atmósfera relajada –estaba lejos de serlo. Casi todo el mundo en la habitación tenían las manos pegadas a las empuñaduras de sus armas. El resto tenía los ceños fruncidos.

—¿Estás seguro? —El emisario de Iwa le preguntó, frunciendo el ceño con fuerza.

—Absolutamente. —Kakashi replicó con calma, pasando un dedo a través del mapa. —Este paso en la cascada está cerrado. No hay nada más que una emboscada esperando por ti. Konoha ya ha anticipado esta estrategia así que toda la frontera hacia Suna está siendo cuidada.

—¿Cuántos hombres tiene Konoha? —El emisario preguntó. Naturalmente estaba incrédulo ante todo lo que Kakashi le estaba diciendo, lo que era de esperarse dado a su papel en la última guerra.

—Casi seiscientos. —Kakashi dijo. —Y eso sin incluir el respaldo de Suna.

Karasu caminó para ver el mapa. No estaba contento. —Mi otra fuente en Konoha nunca reportó tanta gente.

—La mayoría de ANBU está escondida. La mayoría de los jounin ni siquiera sabe cuánta gente está trabajando en esas secciones, y la información está resguardada para todos excepto para la Hokage y sus consejeros más cercanos. Hay una división entera reclutada de uno de los territorios foráneos del País del Fuego que está inflando los números.

—Imperialismo en toda su gloria. —Karasu suspiró. —¿Cómo sabes esto?

—Soy el siguiente en la línea de sucesión para ser Hokage. —Kakashi dijo, como si eso lo explicara.

Eso parecía. El emisario gruñó y apuntó a los espacios azules en el mapa. —Tendremos que organizar un ataque sorpresa por el mar.

—Buena suerte con eso. —Karasu dijo alegremente. —El único camino hacia el País del Fuego desde la costa es a través del Sonido, y pelearán contigo en todo el trayecto. Si entras por la costa este directamente a la costa del País del Fuego, estarás navegando por el territorio del País del Agua, y no son tus aliados. Tendrás una desventaja suprema en el mar. ¿Dónde está el Kyuubi, Kakashi?

Kakashi se encogió de hombros. Naruto estaba probablemente todavía estacionado en algún lugar de la frontera con el País de la Hierba, pero… —En Konoha, lo más probable.

—Idealmente él debería estar lejos de ahí a cualquier costo. No tenemos oportunidad de atacar Konoha si él está ahí. Mientras tanto… —Karasu suspiró y sacudió la cabeza. —¿Dónde sugieres que es el mejor lugar para lanzar una invasión?

Una vez más, Kakashi se vio obligado a mentir. —La gente de Konoha se extiende poco a lo largo de la frontera… si Iwa concentra una invasión que venga de un solo punto desde el País de la Hierba, deberías poder pasar. Esa es la única manera en que puedo pensar. —Lo cierto era que la mayoría de la gente de Konoha ya estaba a lo largo de la frontera con la Hierba. De todos los lugares que Iwa pudiera utilizar para atacar, sería este, el más fortificado, y con Naruto allí, cada ninja de la Roca enfrentaría a la muerte. A Kakashi no le importaba eso.

—¿Qué hay de nosotros? —Kakashi preguntó. —¿Cuál será el siguiente movimiento del Sindicato?

—Eso depende de si tu información nos es útil. —Karasu dijo evasivamente. —Tengo algo en mente pero quizás tome un rato ponerlo en acción.

—Sólo podemos comprarte cierto tiempo. —El emisario le advirtió. —Usa nuestro pago sabiamente.

Karasu cerró los ojos. —Sí, sí.

La referencia eludió a Kakashi. Karasu obviamente tenía algún plan que el emisario de Iwa conocía y aparentemente había aceptado, y tal vez tuviera algo que ver con el 'pago' que ellos le habían dado, pero esto era un secreto que no compartirían fácilmente. Kakashi se contuvo de presionar por respuestas. Estaba seguro de que no le gustaría saber algunas cosas. Estaba satisfecho con saber que Karasu no tenía planes inmediatos para comenzar con una confrontación entre el Sindicato y Konoha.

Todo lo que él sabía ahora tenía que ser suficiente. Mañana enviaría un mensaje a Konoha para que agregaran más fuerza humana en la frontera con el País de la Hierba con suerte el emisario haría caso a su consejo y actuaria de acuerdo a ello.

Cuando finalmente se liberó del encuentro, Kakashi caminó de vuelta a su habitación sintiéndose casi aliviado si no fuera por el conocimiento de que ahora tendría que enfrentar a otro oponente igual de difícil: Sakura. Ya pasaba de la media noche, y Sakura había estado esperando por más de una hora. Supo que estaba ahí desde antes que llegara a su puerta, la etiqueta de chakra se lo decía, aunque no le comunicaba nada sobre el tipo de humor con el que ella estaría.

Inhalando a profundidad, Kakashi abrió la puerta y entró. Casi inmediatamente sus ojos aterrizaron en el espléndido sofá contra la pared opuesta, y a la figura de una chica de cabello rosa estirada sobre él. Su cabeza estaba acomodada contra el reposabrazos y sus ojos estaban cerrados. Juzgando por el lento y controlado subir y bajar de su pecho, cualquiera habría asumido que estaba dormida profundamente.

Kakashi sabía que no.

Si Sakura creía por un segundo que se veía así de angelical cuando estaba dormida, estaba equivocada. Ni siquiera estaba roncando.

Bueno. Si ella iba a fingir que estaba durmiendo para evitar hablar con él, entonces le seguiría el juego. Kakashi se movió hacia el dormitorio y levantó la ligera manta de su cama y regresó para ponerla sobre Sakura, asegurándose de envolverla con cuidado para que no sufriera por ninguna corriente de aire. Ella dio un murmullo muy convincente pero no abrió los ojos. Su compromiso para su rol era admirable, y él se preguntó cuánto más planeaba seguir con ello…

Seguía siendo más fácil que lidiar su mirada acusadora y tensa, y sus silencios fríos, así que la dejó con su actuación digna de un Oscar y se movió de vuelta al dormitorio para sentarse en el escritorio bajo la ventana. Había papel y bolígrafos dentro de los cajones, limpios y nuevos, y mecánicamente sacó unas hojas para comenzar a escribir.

—¿Qué estás haciendo?

Evidentemente Sakura se rendía rápidamente cuando no tenía audiencia. Él echó un vistazo por encima de su hombro, notando que la manta que él le había dado ahora estaba envuelta en sus hombros como un chal. —Lo siento, ¿Te desperté? —Preguntó contento.

Sakura se encogió de hombros. —¿Qué estás escribiendo? —Preguntó de nuevo.

Él le dio la espalda a la nota que apenas había comenzado a escribir. —Una carta para Konoha.

—¿Por qué?

—Estoy advirtiéndoles que escuché un rumor de una fuente relativamente confiable que Iwa está planeando un ataque concentrado cerca de la frontera con el País de la Hierba dentro de pronto. —Dijo.

—¿Por qué?

—Esto probablemente necesita ser revisado-

—No… ¿Por qué estás haciendo eso? —Preguntó, acercándose hacia la esquina de la cama detrás de él. —No creo que Karasu esté contento contigo si supiera.

—Tal vez no. —Aceptó.

Los ojos de Sakura encontraron los de él, y vio cierta incertidumbre brillando ahí. —Podría decirle, sabes. —Dijo suavemente. —Podría decirle que estás jugando a los dos bandos, ayudando a Konoha con cosas como esta. Él quizá te encierre. ¿Te gustaría eso? Podría, sabes, porque no eres capaz de acabar conmigo.

Él sonrió ligeramente, inclinando su cabeza hacia atrás. —Karasu no se conforma con castigos mundanos. Él me mataría, Sakura. —Le dijo secamente. —Y tampoco creo que tú seas capaz de acabar conmigo.

Ella le dio una mirada reprobatoria. —Es tu primo. ¿Realmente te asesinaría?

—No subestimaría a un hombre que asesinó a su propio padre. —Replicó.

Una mirada de repulsión lentamente se extendió sobre el rostro de Sakura. —¿Y traicionaste a Konoha por una familia así?

—Supongo que no puedes elegir a tu familia. —Admitió. —Pero no son malas personas. No realmente. Siempre han sido buenos conmigo y no puedo pagarles con traición.

—Sólo son buenos contigo porque eres un perfecto espécimen de su 'casa principal'. —Dijo con burla. —¿Qué hay de Aki? Tu clan la trata como si fuera una extraña porque no tiene cabello claro y fue concebida con una externa. Y no tienes por qué darles la espalda- ¡Pero al menos no deberías ayudarlos!

—No los estoy ayudando. —Protestó.

—Entonces ¿Por qué estás aquí? —Demandó saber.

Kakashi bajó de golpe el bolígrafo. —Estoy aquí por ti, mujer desagradecida. —Le dijo cortante. —¡La única razón por la que estoy aquí es porque encontré a tu descerebrada gata con un mensaje para la Hokage y me di cuenta del tipo de desastre en el que te habías metido! ¡Vine porque estaba preocupado por ti- por el problema en que tu bocota iba a meternos! Y la razón por la que sigo aquí ahora es porque quiero mantenerte a salvo. Y a causa de eso tengo que seguirle el juego a Karasu y sus deseos o sospechará de nosotros, y no es lo que planeaba hacer y no es como si estuviera contento por mentirle a todo el mundo, así que al menos podrías ser un poco más compasiva.

—Aw. —Dijo con la voz plana. —Pobrecito.

—Ese es un comienzo. —Kakashi suspiró. Se frotó la nuca y se giró para regresar a su carta. —De cualquier forma tengo que entregarle a Tsunade reportes frecuentes sobre ti.

Sakura frunció el ceño. —¿Sobre mí? —Repitió insegura. —¿Por qué sobre mí?

—La única razón por la que me dieron libertad de estar aquí es porque se supone que estoy cuidándote. Estás embarazada.

—¡¿Tsunade sabe?! —Sakura grito, casi poniéndose de pie con terror.

Kakashi echó un vistazo hacia ella, vagamente sorprendido por su fuerte reacción. —Sí. Lo sabe.

—Qué… Bueno, ¿Qué dijo? —Susurró.

Él se encogió de hombros. —No dijo realmente algo sobre ello…

—Oh dios… probablemente piensa que soy estúpida e incompetente. —Sakura movió las manos ansiosa a través de su cabello. —¿Se veía decepcionada? ¿Estaba frunciendo el ceño? ¿Dijo algo sobre suspender mi entrenamiento?

Kakashi pensó en ello. —No, para nada. Creo que estaba preocupada porque estuvieras aquí, sola.

—¡El punto de estar aquí sola era que personas como ella nunca lo descubrieran! —Sakura resolló. —Dime que es la única que lo sabe, por favor.

Kakashi lo pensó de nuevo. —Bueno… Shizune sabe. Naturalmente. Ella sabe todo lo que Tsunade sabe. E Ino sabe porque-

—¡¿INO?! —Sakura literalmente gritó. Qué bueno que la habitación estaba en un piso completamente vacío. —Oh mierda- ¡Así que todo el mundo lo sabe!

—Ino está bajo órdenes de mantener la boca cerrada. Cuando me fui, ella parecía estar obedeciendo.

—¡Ohdios, ohdios, ohdios…! ¿Quién más sabe? —Lloriqueó.

—Bueno… —Pensó en Tenzou, quien se vio casi tan lleno de pánico como Sakura ahora cuando le había contado. —Nadie importante. —Finalizó.

Sakura se le quedó viendo enojada a través de ojos entrecerrados y húmedos. —¿les dijiste?

—Fue Ino. —Le explicó. —Tomó un ave para echar un vistazo y nos escuchó peleando.

Esos estresados ojos se abrieron considerablemente. —Esa… esa ave. La que mataste, ¿Esa era ella? —Se detuvo. —Por eso la mataste.

—Afortunadamente no escuchó demasiado. —Kakashi dijo.

—Afortunadamente para ti. Desafortunadamente para mí, ¡Ella no escuchó la parte donde te llamé cerdo traicionero!

—¿Sigues enojada por eso?

—¡¿Enojada?! ¡Lo que has hecho se sale por completo de las gráficas! —Resolló. Pero ya no parecía ser por ira. Ella estaba poniendo una mano sobre su vientre y doblándose hacia el frente ligeramente. Ese furioso ceño fruncido de ira estaba volviéndose un gesto de dolor.

Kakashi se giró en su silla. —¿Estás bien? —Preguntó cuidadosamente.

Un musculo en la mandíbula de Sakura se apretó. —Estoy bien.

No lo estaba. Kakashi se puso en pie, moviéndose hacia ella para asistirla pero ella alejó sus manos en el momento en que él se acercó. Su rostro se suavizó y ella se enderezó. —Te lo dije, estoy bien. Sólo tengo este raro dolor a veces.

—¿Eso es normal? —Preguntó preocupado.

—Eso creo. —Respondió tersamente.

—¿Quizás es la forma que tiene el bebé de decirte que dejes de enojarte?

—¿Cómo puedo hacerlo cuando tú todavía existes? —Gruñó. Se sentó frotándose su vientre con una expresión de descontento en su rostro que era de enojo y preocupación. Este embarazo no era sencillo para ella. Y ciertamente iba a rechazar toda su ayuda siempre que la ofreciera.

Sakura miró el reloj de pared. —Debería ir a la cama. —Dijo al fin, levantándose. —Creo que he pasado mucho tiempo aquí, ¿Tú no?

Kakashi pensó en ese futón duro y lleno de bultos esperando por ella al final de esa larga caminata de vuelta al ala donde el personal vivía. —Quédate conmigo.

—¿Qué? —Ella se le quedó viendo como si hubiera hablado en otro lenguaje.

—Tu cama es horrible. Deberías estar durmiendo en una cama apropiada como esta. —Dijo, apuntando a la lujosa cama tamaño emperador junto a ellos.

Sakura inhaló con rapidez. —No voy a dormir contigo. —Siseó.

—No te estoy pidiendo que lo hagas- sólo te estoy pidiendo que tomes la cama. Dormiré en la otra habitación esta noche… y me iré en la mañana antes de que te despiertes, así no tienes que verme si no quieres. Es normal que una amante se quede toda la noche para no levantar más cejas de lo que ya hacemos.

Ella miró la cama, y su comodidad era imposible ignorar. Había pasado semanas durmiendo en el futón de los sirvientes, y era suficiente como para hacer que la espalda de cualquiera estuviera adolorida incluso si no se estaba embarazada. Mientras tanto, Kakashi notó que se veía particularmente adorable cuando hacia eso.

—¿Dormirás en la otra habitación? —Preguntó. —¿Con la puerta cerrada?

—Seguro. —Dijo, asintiendo. Lo que fuera que ella quisiera.

Gradualmente sus hombros parecieron aflojarse y dio un titubeante asentimiento. —De acuerdo. Pero sólo porque insistes. —Aunque no había tomado demasiado convencerla. Debía estar extrañando muchísimo su cama si estaba de accediendo a compartir una habitación de invitados con él bajo esas circunstancias. —Supongo que necesitarás una manta.

Mientras lo decía, se quitó la manta que había puesto alrededor de sus hombros y se la tendió. Él la tomó, asegurándose de no tocar sus dedos. No le gustaría eso. Y por supuesto en el momento en que sus manos la tomaron ella se giró con rapidez y se sentó en su cama. —Deberías irte. —Le dijo formalmente.

Él estaba siendo expulsado. Kakashi suspiró y tomó su carta medio escrita de la mesa antes de caminar hacia las puertas que separaban las habitaciones. Él miró hacia atrás antes de cerrarlas. —¿Estarás bien?

Ella se encogió de hombros y asintió.

—Si necesitas algo, sólo pídelo.

Él estaba a punto de girarse de nuevo cuando ella abrió la boca, como si estuviera a punto de interrumpirlo. Él se paró y esperó. —¿Qué sucede? ¿Necesitas algo?

Ella lució ligeramente avergonzada mientras sus manos se retorcían sobre su regazo. —Um… ¿Tienes algo para comer?


Con los músculos todavía adoloridos por un largo día de viaje, Ino se obligó a sentarse sobre su taburete favorito en el bar. Prefería las casas de té pero ninguna que estuviera abierta a estas horas sería respetable, y ella sintió que necesitaba una dosis de algo más fuerte que té verde si quería tener la oportunidad de dormir algo esta noche.

No sabía cuánto más podría soportar esto- no las misiones, sino el voto de silencio que estaba haciendo que su mandíbula doliera y las paredes resonaran.

Su mejor amiga, esa a la que amaba, odiaba y envidió por la mayor parte de su vida, iba a tener un bebé. Ino todavía recordaba cuando ambas eran todavía bebés. Recordaba sus clases como kunoichi en los campos, levantando flores y aprendiendo sus nombres y sus significados. Recordaba cuando ambas habían peleado y jalado su cabello por el chico más bonito de sus clases. Sakura apenas había entregado su virginidad unos cuantos meses atrás con algún todavía-desconocido idiota. Ahora iba a convertirse en madre.

De todas las chicas de la clase, Ino nunca hubiera esperado esto. Sakura era una chica obviamente entregada a su carrera –el tipo que se esforzaría completamente hasta que repentinamente tenían casi cuarenta y su reloj biológico estaba gritando por atención. Sakura ni siquiera sabría qué hacer con un bebé; ¿En qué demonios estaba pensando?

Pero igual, no era su culpa. Algo había sucedido en esa misión e Ino pensaba que esto no estaba dentro de los planes de Sakura. Algún bruto le había hecho esto; ¿Habría sido forzada? Era difícil imaginar a cualquier hombre ser capaz de obligar a esa perra monstruosamente fuerte, pero las misiones encubiertas a veces necesitaban grandes sacrificios…

Cualquiera que le hubiera hecho eso pagaría. Ino estaba segura de eso. Su mente ahora estaba tranquila sabiendo que Kakashi estaba ahora con ella, cuidándola a su manera. Lo que era algo extraño. Honestamente, Ino no entendía para nada la razón por la que Sakura había pedido por él, en lugar de, digamos… una compañera con algo de conocimiento sobre el embarazo. Y hasta donde ella sabía, Kakashi era tan tonto como podría ser un soltero. Los dos debían ser más cercanos de lo que Ino había notado si ella había pedido por él de entre todas las personas.

Alguien chocó contra el taburete junto a ella, haciéndola mirar con molestia. Él se veía tan miserable como ella se sentía, aunque dudaba que estuviera cargando con un secreto tan terrible sobre sus hombros que tuviera absolutamente prohibido contarle a alguien. —Hola, Tenzou-Taichou. —Murmuró.

—Hola… tú…

—Ino.

—Eso, sí.

No era como si ellos hubieran combatido juntos o algo. Ino puso los ojos en blanco. Bueno, tampoco es que hubieran cruzado caminos mucho estos años, mucho menos con sus áreas tan ampliamente apartadas. Ella era una interrogadora y florista a tiempo parcial. Él era un antiguo capitán de ANBU que pasaba más tiempo construyendo casas que en operaciones secretas estos días. Aunque Ino lo recordaba bien, ya que nunca era capaz de olvidar a un hombre elegible. Ella, por otro lado, no había causado la misma impresión en él como una chica de quince años.

Aunque este ya no podría ser el caso, pensó ella, notando que su mirada se movió tomándose su tiempo a lo largo de su cuerpo. Ella sonrió. Ser vista siempre le alegraba.

—¿Alguna vez te he contado cómo me volví capitán en ANBU? —Comenzó él.

¿Por qué querría escuchar algo tan aburrido como eso? Así que ella respondió: —Sí, de hecho, sí.

—Oh. —Él retrocedió, luciendo confundido. Entonces miró la cerveza en su mano. —Probablemente debería dejar estas si estoy perdiendo la memoria.

—Habla por ti mismo—Ino movió los dedos en su aire. —Oh- ¿Señor? ¿Me puede dar otro Martini dulce, por favor?

El bartender le tendió otra copa y ella comenzó a beber con rapidez.

—No creo haberte visto antes aquí. —Tenzou le dijo con curiosidad. —¿Qué te trae aquí?

—La bebida, obviamente. —Replicó. —Estoy bebiendo para olvidar.

—¿Olvidar qué?

—A mi amiga, Sakura.

Tenzou tosió un poquito contra su botella y tuvo que secarse la nariz con su manga mientras su bebida salía por un lugar diferente. —¿S-Sakura? —Jadeó.

—¿La conoces, no? —Ino le miró con perspicacia. —Ella estuvo en tu equipo por un tiempo.

—Sí. —Dijo con pesadez. —La recuerdo. Yo… uh… escuché que está en una misión.

—Sí. —Ella suspiró. —Pobre Sakura.

—¿Hm?

Ella volvió a levantar su bebida. —Nada.

—No deberías preocuparte por ella. Está con Kakashi-senpai, después de todo.

—Ja. —Bufó burlonamente, causando que su nuevo compañero de bebida le echara un vistazo con sorpresa.

—¿Qué fue eso?

—Ese fue un bufido burlón. —Dijo ella.

—¿Porque mencioné a Kakashi-senpai?

—Repito: Ja.

—¿Tienes un problema con Kakashi? —Preguntó.

—No con él personalmente. —Dijo con un suspiro con cierto desdén. —Es sólo que no entiendo qué tiene que ver él con esto. No veo por qué él tenía que ir con Sakura, ¿Por qué ella no pidió por mí? Yo soy su amiga. Más o menos…

—Bueno… —Tenzou se rascó la nuca incómodamente, como si estuviera intentando pensar en la mejor manera de decir lo que iba a decir. —Son cercanos. No creo que sea una preferencia personal, pero ¿Quizá Kakashi era la única persona que podía ayudarla?

Ino sacudió la cabeza. Él no lo entendía. Esto no era sobre habilidades complementarias. Sakura estaba embarazada. No necesitaba hombres estúpidos alrededor de ella, necesitaba una mujer compasiva, o múltiples mujeres. Pero Tenzou no entendía eso. No sabía nada sobre lo que estaba sucediéndole a Sakura en esos momentos. —No creo que él sea la mejor opción. —Gruñó. —Pero al menos es un buen hombre. Muy honorable, ¿Sabes? Con mucha integridad. Supongo que si un hombre tenía que ir, Kakashi es en quien confiarías para que cuidara de ella.

Tenzou comenzó a beber apresuradamente como si estuviera intentando evitar el responder a eso. Finalizó con un jadeo. —Sí, bueno, no confiaría mucho en su supuesto 'honor'. —Murmuró.

—¿Perdón?

Él tenía la mirada culpable de alguien que sabía demasiado. —Nada. —Ella la reconoció porque ella la había estado luciendo desde el momento en que Tsunade le hizo salir de su oficina con la advertencia de que ninguna palabra sobre la condición de Sakura saldría de la habitación. Sin importar cuán desesperadamente quería vomitar su conocimiento, valoraba demasiado su vida como para permitirlo. Quería decirle a Tenzou que la razón por la que Kakashi era una mala elección era porque tenía toda la experiencia sobre partería de un bacalao, pero entonces tendría que matarlo.

Ella sabía muy poco pero Tenzou también quería contarle a Ino que la razón por la que Kakashi era una buena opción era porque era su maldita culpa en primer lugar y necesitaba enfrentar sus propias responsabilidades. Igualmente, él valoraba demasiado su vida. Si Kakashi regresaba para descubrir que él le había dicho a la amiga de Sakura sobre su asunto privado, él sería pateado tan duro en las bolas que nunca sería capaz de acompañar a Kakashi en la exquisita agonía que era la paternidad.

Los dos bebedores suspiraron para sí mismos, ordenaron otra bebida y cayeron en un profundo y terco silencio. Ambos pensaron en sus respectivos amigos, bien metidos en la mierda, bien metidos en el País de la Lluvia. Casi simultáneamente sus pensamientos se movieron naturalmente a alguien más.

—Naruto va a regresar pronto a casa. —Tenzou comentó, por la única razón que de todas las personas en Konoha, este era el único al que probablemente necesitaba evitar. Si por algún horrible desliz Naruto descubría que su mejor amiga había terminado embarazada (por su superior de todas las personas) Konoha terminaría convertida en un cráter. De nuevo.

—¿Ah, sí? —Ino dijo suavemente. Internamente ella maldijo. Ya era lo suficiente malo mantener su boca cerrada alrededor de los otros amigos de Sakura, pero ¿Cómo demonios ella iba a evitar contarle a Naruto? No era justo que hubiera nacido con la necesidad compulsiva de chismear, ¡Era un desorden neurológico severo! No había manera en que ella fuera capaz de sentarse en la misma habitación que uno de los amigos más cercanos de Sakura y llevar una conversación normal con él, sabiendo lo que ella sabía sobre su mutua amiga.

Sólo estar sentada aquí con Tenzou le hacía querer mecerse ansiosamente en su silla, como una niñita desesperada de alivio.

—Entonceeees… —Tenzou dijo con la voz barrida después de un rato. —¿Vienes seguido aquí?

Ino dio un suspiro exasperado. —Sólo paga mi bebida y vámonos.

—¿Huh?

—Pescaste algo.

¡Sí!


Las garras de Pakkun golpearon los pisos de piedra en el sótano. Estaba siguiendo la esencia de un ratón, aunque no lo estaba cazando. Rastrear animalitos para comerlos era algo que los gatos y los lobos hacían. Pakkun, por otro lado, era demasiado civilizado y prefería las salchichas o rebanadas de pollo cocido antes que animales crudos. Así que como era típicamente el caso, Pakkun estaba rastreando por pura diversión.

El rastro terminaba en las puertas de la despensa. Adentro su ratón probablemente estaba mordisqueando felizmente la esquina de un saco de arroz, y aquí era donde el juego terminaba. La puerta estaba cerrada y Pakkun se sentó en su peludo trasero, jadeando mientras se preguntaba qué hacer ahora para entretenerse. Normalmente daría por terminada la noche y se dormiría a los pies de la cama de Kakashi, pero mientras Sakura estuviera ahí el pug no tendría por qué aparecerse. No que quisiera estar ahí. El humor entre los dos podía hacer que cualquier casa se derrumbara.

El ruido de sartenes y cacerolas en el pasillo del sótano le hizo cerrar la boca e inclinar su cabeza. Sonaba como que alguien estaba en la cocina, pero ¿Quién estaría trabajando a esta hora? Quizás era un intruso. Con sus garritas chocando, Pakkun comenzó a trotar para investigar.

Cuando escuchó una más que familiar voz maldiciendo en las escaleras, Pakkun se detuvo. Ah, pensó. Mira quién también se había escapado.

Corriendo en los escalones de madera, Pakkun emergió en la larga cocina que se veía todavía más enorme ahora en la noche que en el día cuando estaba llenada de personas. Aunque no estaba completamente muerta. La estufa de gas ardía, proveyendo de calor que era casi sofocante comparado con la temperatura de los corredores del sótano. Alguien estaba de pie junto ella, viendo una cacerola con cierta mirada perpleja.

—¿Qué estás haciendo? —Pakkun preguntó con su voz ronca mientras se acercaba.

Kakashi no estaba sorprendido de escuchar su voz. Había escuchado esas garritas acercándose. —¿Qué parece que hago?

—Creo que estás cocinando. —Pakkun observó. —¿Qué estás cocinando?

—Huevos. Estoy hirviendo huevos. '¿Tienes algo para comer?' Creí que se refería a una barra de chocolate o algo así. Pero no. Ella quiere huevos duros. Tres. A la una de la mañana. Con sal.

—¿Puedo tener uno? —Pakkun preguntó.

Kakashi le miró con molestia. —Sólo estoy haciendo estos porque es mi culpa que ella quiera huevos para empezar. Tú sólo eres un consentido. Hierve tus propios huevos.

Pakkun le ignoró y saltó a la mesa detrás de su amo para olfatear la caja de huevos que él había dejado. Seleccionó uno, aplastó la punta y comenzó a lamer el delicioso y pegajoso contenido. —Era algo de esperarse. —Dijo mientras comía. —Las hembras siempre se comportan extraño cuando están esperando. Mi primera pareja tuvo antojo de caracoles antes de que tuviera nuestra camada.

—¿Caracoles, huh? ¿Crees que deberíamos agregarlos al menú?

—Mejor no. Se ponen realmente malhumoradas cuando no haces exactamente lo que dicen.

—Entonces serán huevos hervidos y sal. —Kakashi suspiró mientras comenzaba a sacar los huevos duros uno a la vez para dejarlos caer en el primer recipiente que encontró, el cuál era un colador. Y para la sal… bueno, no podría espolvorearla en el recipiente (por los hoyos, obviamente) y de cualquier manera no estaba seguro de cuánto querría. Así que levantó el contenedor y decidió llevárselo, incluso si era del mismo tamaño que un ladrillo.

Pakkun movió la cabeza de la caja de huevo, yema embarrada por toda su cara. —¿Nunca antes habías hecho esto, verdad?

—Cállate.

Pakkun regresó su cabeza a la caja para continuar comiéndose todo el contenido. Kakashi lo dejó, sintiendo que mientras el perro no dejara pegajosas huellas en la barra de la cocina en la mañana, nadie sería capaz de relacionar un cartón de huevos faltante con Kakashi.

Cuando regresó a sus aposentos, las luces del dormitorio ya habían sido apagadas salvo por la lámpara cerca de la cama. Sakura estaba sentada contra la cabecera viéndose excesivamente recatada con su yukata todavía puesta y las mantas subidas hasta sus axilas. Ella le observó cuidadosamente mientras entraba, pero él sabía que estaba demasiado hambrienta como para echarlo justo ahora.

Caminando hacia la cama, él estiró el colador lleno de huevos sin decir nada.

Ella le miró escépticamente. —No los pelaste. —Apuntó.

—No especificaste eso. —Le recordó con la voz plana.

—Porque es de sentido común. Si le estás preparando una comida a alguien, no esperas que ese alguien haga la mitad de los preparativos. —De cualquier manera tomó los huevos y le miró expectantemente. —¿Trajiste la sal, verdad?

Él dejó el pesado contenedor en la mesita de noche junto a ella.

Ella se le quedó viendo. —Estás intentando matarme. —Dijo.

—No estoy diciendo que te lo comas todo. Toma toda la que quieras. —Suspiró. —¿Hay algo más que necesites? —Y con gran maestría evitó agregar un sarcástico 'princesa' al final de la pregunta.

Sakura aplastó un huevo entre sus palmas y comenzó a rodarlo de adelante hacia atrás para sacarle el cascarón roto. Ella le miró a él mientras pensaba. —No… Estaré bien. —Dijo con cierto titubeo. —Gracias.

Era casi como si no estuviera segura de decirlo en serio, pero era la primera cosa agradable que le decía desde que él la había descubierto aquí. Mejor que nada, pensó, y se giró para irse.

—Tres huevos no compensan lo que hiciste, Kakashi. —Le advirtió, como si estuviera leyendo sus pensamientos. —Esto no cambia nada.

Él se detuvo cerca de la puerta, un ceño fruncido manchando su rostro. —De nada, Sakura. —Dijo con voz ronca, pretendiendo que no había escuchado lo último, antes de deslizar la puerta divisoria con un golpe.


Siguiente Capítulo: Ojo por Ojo


Ay, disculpen la tardanza, se suponía que ayer actualizaría pero hay problemas con mi conexión eléctrica y no pude subir el capítulo. Pero en fin...

Ahora ya tienen una idea de cómo es que Kakashi y Karasu se conocieron, ¿Verdad? Lástima que todo eso haya derivado en esto. Aunque como Kakashi dice, no todos ahí son malos y hay que entenderlo, como Pakkun dijo, esto es una zona con grises y usualmente Kakashi hace lo más inteligente. Aw, qué bonito que Kakashi haya ido a prepararle los huevos...

Bueno, creo que no tengo mucho por comentar sobre el capítulo. Agradezco mucho su paciencia y sus comentarios.

Por cierto, tengo dos notas. La primera es que ya no podré seguir respondiendo sus mensajes por cuestión de tiempo. Ustedes saben que disfruto de leer sus comentarios respecto a la historia, pero últimamente tengo mucho más trabajo y me he visto en la necesidad de optar por esa opción para no hacer más larga la espera para las actualizaciones. Espero que me comprendan y entiendan que no es porque ya no quiera hacerlo, sino porque ya no puedo.

Segunda nota (muy extensa):

Una de las razones por la que sentía ansiedad de subir la historia es por la romantización que existe en torno al embarazo y la maternidad. Creo que al menos todos hemos convivido con una mujer embarazada y nos habremos dado cuenta que, incluso si es algo planeado y/o deseado, conlleva un montón de desgaste en todos los sentidos. El embarazo duele (sí, porque cambia todo en el cuerpo de la mujer que espera), es incómodo e incluso sucio, pero de eso nunca nos hablan ni las historias, ni las novelas, ni los medios y mucho menos las mujeres ¿Por qué? Porque siendo mujer se pasa por un eterno juicio y si se habla de las cosas malas entonces se es una mala madre porque no aguanta nada y porque no tiene derecho a quejarse.

Les aseguro que hubo al menos un momento en que una embarazada no pensó o sintió su situación como la más maravillosa experiencia,oque hubo un momento en que no creyó que el bebé que esperaba fuera una bendición y no tiene nada de malo.

Desde un principio yo les mencioné dos cosas: La primera es que somos pro-elección tanto Silver como yo. Eso implica que: "Se apoya a quien desea ser madre, a quien decide abortar y a quien va a dar en adopción." Ninguna de esas opciones es fácil y las dos últimas no son ningún método de escape. Segundo: les mencioné que Silver es buena para escribir cosas que incomoden y aquí la tienen: No todas quieren ser madres ni todas pueden serlo por x o y.

Creo que si se metieron a mi traducción y leyeron que tiene clasificación M, sabían que tenía temas maduros y, como les he dejado en claro desde que traduzco, esa clasificación no aplica simplemente para el sexo. Si USTEDES decidieron que aún así con la advertencia querían seguir leyendo, no puedo creer que vengan con cosas como "¿Estamos locos?" cuando se hable de la posibilidad de que Sakura dé en adopción a su hijo (aunque, ese comentario también lo recibí cuando se plantea ella el abortar).

Lo único que les adelanto es que seguirá como tema recurrente y, si todo esto que acabo de escribir les incomoda, los invito a que dejen de leer la historia.

Comentarios como ese (y han venido de lectores fieles) solo me han desmotivado de responder y de continuar con mi traducción. Algo que ni siquiera las peticiones de suicidio hicieron en su momento. De mi parte, me he esforzado en dejar en claro mi postura e/o ignorar esas opiniones desde el principio, pero sigue siendo desgastante tener que leer ese tipo de opiniones. También se los dije: No planeo cambiar su postura, pero ¿Por qué se meten a leer este tipo de contenido si luego vienen con esas?

Una vez dicho eso, les dejo en claro que seguiré traduciendo la historia porque es una de mis favoritas y los que decidan seguirme apoyando merecen saber en qué finaliza.

Les mando un abrazo y disculpen haber robado tanto espacio. Cualquier cosa sobre la nota (es decir, no directamente sobre la historia) pueden dejarla en facebook para responderles de manera más directa. Y si deciden dejar algún comentario sobre el fic, háganlo con normalidad que igualmente les leeré.