Cárcel de Port Ángeles — Port Ángeles, Seattle — Jueves 29 de Octubre de 2009 — 05:24 PM
Mike era llevado nuevamente a uno da las salas privadas de visitas, llevaba las manos y los pies esposados y su mono naranja resaltaba contra el gris de las paredes de los pasillos.
Había bajado notablemente de peso, apenas parecía huesos y piel, su cabello estaba rapado y sus ojos parecían opacos. Todo lo que el respetable Michael Newton era, estaba ahora reducido a cenizas. Ya no quedaba nada de aquel chico engreído que creía tener el mundo a sus pies. Mike había conocido la cara dura de la vida, ahora estaba viviendo su propio infierno.
Pero era tan terco que se negaba a admitir que él mismo era el único culpable de su situación. Para él, la culpable de todas y cada una de las desgracias que sucedían en su vida tenían nombre y apellido: Isabella Swan, y ahora también esos pequeños bastardos que llevaba en su vientre.
Entró en la sala donde una muy afligida Jessica estaba sentada en una de esas incómodas sillas de plástico. Se removió intranquila al otro lado del cristal blindado. Todavía recordaba una de las últimas visitas que le había hecho cuando se puso hecho una furia.
Mike no dijo nada, solo se sentó frente a ella y la miró con desprecio, como hacía con cada mujer que se cruzaba en su camino. Eran inferiores a él, el sexo débil que debía estar bajo sus órdenes, alguien que no podía si quiera respirar sin pedir permiso.
— ¿Qué quieres? —habló después de unos minutos de silencio — ¿por qué no has venido antes? ¿has hecho lo que te he pedido?
Jessica suspiró y lo miró asustada.
— Sí que lo he hecho… pero los Cullen me denunciaron —susurró bajando la mirada.
— Espero que la idiota de Isabella haya visto nuestro regalito —sonrió Mike mostrando un diente partido por una de sus innumerables peleas.
— Sí… —mintió Jessica—, he estado en arresto domiciliario y haciendo servicios sociales… por eso no he podido venir antes.
— No importa —dijo Mike con superioridad— ¿qué noticias tienes?
— Ya ha dado a luz, tiene dos niñas
— ¡Bastardas! —masculló entre dientes— Vas a darles un recadito de mi parte —sonrió y sus ojos brillaron— quiero que vayas a casa de Cullen y…
— No puedo ir a esa casa —lo cortó Jessica— tengo una orden de alejamiento, si la incumplo podría ir a la cárcel.
— ¡No me importa! —gritó él— irás a esa casa y harás lo que yo te diga.
— ¿Y qué si voy a la cárcel? —preguntó ella en tono tajante.
— Es tu problema —contestó él con indiferencia.
Jessica bufó.
No podía entender como Mike tenía tan poca consideración con ella. Además, tampoco entendía porque tenía esa obsesión con Bella, él le había asegura que no la quería, que solo estaba con ella porque era sumisa y maleable, podía hacer de ella la puta que siempre había deseado, que de quien de verdad estaba enamorado era de ella. Ahora veía que era mentira… Mike nunca podría querer a nadie… ni si quiera a sí mismo.
Jessica bajó la mirada a las manos de Mike crispadas en puños, no pudo evitar fijarse en las picadas que tenía en sus brazos, sus venas estaban agujereadas en diferentes zonas, en algunas incluso tenía algunos derrames por haberse inyectado mal a causa de su inexperiencia… eso solo significaba una cosa. Mike se estaba inyectando estupefacientes.
En ese momento Jessica sintió como si una brecha se abriese a sus pies y ella cayese al vacío sin detenerse en ningún momento.
Mike no la quería… estaba loco… obsesionado con Bella… la había golpeado, había abusado de ella y cuando se enteró de que estaba embarazada quiso acabar con la vida de sus propias hijas… ella nunca lo creyó. Creía lo que Mike le contaba para tenerla contenta, para ella Bella era una arpía que quería hacerle la vida imposible a Mike, hasta dudaba de que las niñas fuesen realmente de Mike sino de Edward Cullen.
Que equivocada estaba… el único culpable era Mike, y la víctima era Bella, y no al contrario como siempre había creído.
Miró a Mike una última vez mientras la decisión que había tomado comenzaba a tomar peso en su conciencia. Era lo más lógico, lo que tenía que hacer para sentirse bien consigo misma.
Se puso en pie y miró a Mike con tristeza.
— Adiós… —susurró mientras dos lágrimas surcaban sus mejillas.
Mike la miró atónito mientras se marchaba, ¿qué quería decir con ese adiós? El tiempo de visita no había terminado… ¿por qué se marchaba? ¿Lo estaba abandonado acaso? ¡Era una perra! Era una zorra igual que Isabella.
Se puso en pie de un salto y golpeó el cristal que los separaba, mientras Jessica abandonaba la sala sin volver la vista atrás. ¿Cobarde? no… estaba siendo más valiente que nunca, tenía a Bella como ejemplo, no quería que Mike hiciese con ella lo que había hecho con la pobre chica.
Mike estaba que se subía por las paredes, cuando lo recluyeron de nuevo en su celda no era capaz de sosegar su enojo. La estúpida de Jessica lo había abandonado, todas las mujeres eran iguales, no sabían soportar un poco de presión, pero es que él era así, necesitaba ser así para sentirse bien, para poder superar aquellas palabras hirientes que su padre le repetía de niño una y otra vez.
El veía que las mujeres no eran más que basura, objetos que solo se necesitaban para limpiar la casa y follar… era lo único que sabía hacer bien. Después de eso eran mandonas, protestonas, y sobre todo… putas, si les daba un poco de confianza eran capaces de apuñalarte por la espalda cuando dormías.
Mike no oyó cuando la puerta se abrió, tampoco oyó los pasos que se acercaban a él… pero lo que sí oyó fue la voz susurrante que tanto había llegado a odiar.
— ¿Me esperabas princesa?
Su cuerpo entero se estremeció… no era el mejor momento, no cuando la ira bullía por sus venas haciendo que todo lo viese rojo. Así fue que no midió sus actos, solo se dio la vuelta y miró a Skip a los ojos. Y sin mediar ni una sola palabra levantó su mano cerrada en un puño y asestó el primer golpe que sentenciaría su condena.
