XX
Tal como Hermione había previsto, la semana pasó lenta y agotadora, los días se hacían eternos y tanto ella como Malfoy llegaban acabados a la cama al anochecer. Habían dormido juntos todas las noches sin tener ningún tipo de acercamiento, solamente se tocaban las manos para dormir y una mañana él amaneció abrazado a su espalda, momento que ella había atesorado muy profundamente en su corazón cuando despertó antes que él y lo encontró en esa posición.
La morena tuvo clases de oclumancia con el profesor Snape los primeros dos días, si le parecían difíciles y exigentes era porque aún no había conocido los métodos de Bellatrix. El jueves por la tarde luego de haber estado practicando todo el día, le sangró la nariz. La mujer le hizo un hechizo coagulante y ni siquiera la dejó cambiarse la ropa manchada.
La bruja era dura, era estricta y no tenía piedad. Hermione podía imaginarla perfectamente torturando muggles sin pestañear. Curiosamente, ella había esperado sentir alguna especie de molestia hacia la mortífago luego de cada clase, pero nada de eso aparecía en sus sentimientos. Además, cuando terminaban, el lado salvaje de la bruja desaparecia y volvía a ser la madre ansiosa de conocer a su hija. No hablaban mucho porque la gryffindor terminaba muy agotada luego de cada clase, así que no le había quitado tanta información aún sobre la venganza a Frank Longbottom ni cómo había terminado su historia con él.
Bellatrix le había enseñado a hacer unas defensas irrompibles en su mente, le había dicho cómo armarlas y de qué manera mantenerlas activas permanentemente, aunque no era muy buena en eso aún. También le enseñó a explorar más la afinidad que compartía con Malfoy. Le enseñó a sentir y reconocer su magia corriendo por sus venas y a diferenciarla de la magia del slytherin.
"Una vez que estén casados podrás sentirlo a él en tus venas corriendo al lado de tu propia magia, y podrás saber cuando esté cerca tuyo solo por el palpitar de su magia en la tuya".
Le habían comentado a Bellatrix acerca de poder comunicarse sólo con la mente. Ella había puesto cara de sorpresa los primeros segundos y luego decidió que sería muy útil en los momentos difíciles, los cuales todos estaban seguros que existirían. Los hizo practicar desde que amanecía hasta que la luna estaba en lo más alto del cielo para que llegaran a tener al menos una conversación escueta mediante la mente. A mitad de la semana aún no eran capaces de mantener la unión con el otro durante mucho tiempo si no se tocaban y hacía que la cabeza les doliera bastante, aún más con Bella insistiendo en que debían mantener sus barreras altas todo el tiempo.
Snape y Bellatrix tenían métodos distintos en cuanto a oclumancia. El profesor de pociones elegía la imagen visual de congelar todos sus sentimientos, ideas y memorias, meterlos bajo el agua helada de un lago que tenía la superficie completamente congelada. La bruja en cambio prefería levantar muros inmensamente altos de acero y esconder las cerraduras para que nadie pudiera encontrar una entrada. Ambos habían discutido un par de veces decidiendo cuál era la mejor manera de hacerlo y cuál la menos arriesgada. Finalmente Hermione decidió que congelaría lo que pensara en el fondo del lago helado que estaba completamente bordeado por muros de acero impenetrables. Ellos se habían mostrado satisfechos porque ella había decidido combinar ambos métodos.
Hermione no había vuelto a ver interacciones importantes entre Snape y Bellatrix en los días que habían estado ahí. Lo máximo que sucedía a veces era que se miraban desde lejos como si pudieran entenderse sin hablar pero no duraba más de unos segundos.
Dumbledore había estado yendo y viniendo, especialmente por las mañanas, donde desayunaba con ellos y les comentaba novedades acerca del mundo mágico, aunque de cualquier manera accedían a la edición diaria de El Profeta. El anciano no había vuelto a hacer ninguna de las suyas intentando acercarlos y Hermione creía que tal vez, como ninguno había dicho nada, él estaba convencido de que su poción escondida en el té había dado resultado.
A medida que pasaban los días y la realidad de lo que se venía se hacía más palpante, Hermione pensaba en la locura en la que se estaba metiendo y el corazón se le aceleraba hasta el punto en que podía sentirlo latir tras sus orejas. ¿Realmente iba a casarse con Malfoy? Sí, por el bien del mundo mágico. ¿Estaba preparada para eso? No, definitivamente no lo estaba. Podía verse parada frente al Señor Tenebroso cerrando su mente y dejando al borde solo los pensamientos que él podía ver, pero no se veía a sí misma parada frente a Malfoy consumando su matrimonio. Había hablado un poco sobre eso con Bellatrix.
"Pensé que él te gustaba" Había dicho la bruja con el ceño fruncido. "Nadie dice que debes amarlo con todo tu corazón para acostarte con él, solo es sexo".
Pero para Hermione no era solo sexo. Tal vez eso era lo que no había heredado en absoluto de su madre biológica. No tenía un gramo de la libertad de la que ella parecía ser militante.
"¿Nunca estuviste con nadie?" Preguntó Bellatrix luego de su silencio. La castaña miró al piso y negó lentamente con la cabeza. "Oh, vaya".
Sí, oh vaya. No era la mejor situación cuando estaba con el cuchillo en el cuello obligada a casarse con alguien de quien sí estaba enamorada pero no se sentía preparada para dar semejante paso. No veía a la virginidad como un tesoro ni pensaba que necesitaba una gran ceremonia para estar con alguien. Simplemente no quería hacerlo por obligación, quería desearlo voluntariamente, confiar lo suficiente en alguien para entregarse en cuerpo y alma.
Bellatrix le había dado una serie de tips, hechizos para calmar el dolor, para lubricación, para dilatación. Todos aquellos hechizos y movimientos de varita que ella nunca aprendería por sí sola. Agradeció bastante que la bruja se ocupara de tranquilizarla al menos en la parte más técnica del asunto. Su madre le había explicado que, lamentablemente, los matrimonios mágicos que eran preacordados y firmados con sangre, debían ser consumados la noche de bodas sin excepción. La mayoría de familias sangrepura concretaban matrimonios de esa forma por lo que las pociones afrodisíacas eran altamente comunes en las noches luego de la ceremonia. La mujer le había dicho que ella misma había consumido pociones de ese tipo al casarse con Rodolphus ya que, al igual que Hermione, llegaba virgen y pura al altar y no sentía nada hacia su marido. Prometió que le conseguiría las pociones y luego de mucho pensarlo la morena finalmente aceptó.
Cuando por fin llegó el viernes, Hermione ya era capaz de mantener al menos durante ocho horas un escudo oclumántico bastante difícil de romper. Luego de las ocho horas sentía un fuerte dolor de cabeza, pero Snape había dicho que no creía posible que estuviera frente al Señor Tenebroso por tanto tiempo, por lo que no sería necesario superar ese límite ni llegar al dolor extremo. Con mucho esfuerzo había aprendido también a seleccionar sus memorias para que fueran fácilmente vistas por el mago oscuro y a esconder completamente las que eran importantes.
Si se concentraba lo suficiente, podía comunicarse con un par de palabras con Malfoy sin tener que tocarlo, aunque a él le era más sencillo entrar en su mente desde lejos. También era especialista en enviarle ondas positivas cuando se encontraba muy cansada. No sabía cómo él había logrado dominar esa habilidad pero era realmente reconfortante que él intentara hacerla sentir mejor. Y su afinidad cuando se tocaban había avanzado muchísimo más, ahora no necesitaban tocarse las manos, con un simple toque en el brazo o apoyar la mano en la espalda del otro, podían sentir su magia fluir entre ellos. Dumbledore había estado encantado con eso cuando se enteró.
Finalmente el sábado había llegado, el día que Dumbledore había anunciado que serían milagrosamente hallados en un hotel muggle de mala muerte por los mortífagos. Un par de trasladores, pistas falsas repartidas por Bellatrix, memorias insertadas por Snape en una recepcionista muggle y para el mediodía una horda de mortífagos derribaba la puerta de la habitación 27 del Caduceus, que cobraba 25 libras por noche, por lo que Hermione había visto en el cartel escrito con tiza en la entrada.
Todo había pasado tan rápido que si le pedían que lo relatara ella no sabría cómo hacerlo. Supieron que habían llegado cuando la recepcionista pegó un grito que se oyó hasta el tercer piso donde ellos estaban «alojados». Hermione rogó que solamente la hubieran lastimado y no asesinado como Dumbledore había dicho que probablemente harían. «En la guerra hay bajas y sacrificios» había repetido un par de ocasiones esa mañana. La chica se había quejado y hasta había pensado en oponerse al plan para que ningún inocente saliera herido pero el anciano no le había dejado mucho margen.
Cuando el sonido de pisadas se acercó al segundo piso, Malfoy hizo como Dumbledore había ordenado, realizó un hechizo sencillo que reveló en qué habitación estaban escondidos, como si quisiera escapar, como si estuvieran intentando huir de quienes los buscaban y no estaban siendo presas condimentadas sobre el asador listas para devorar.
Hermione había esperado un bombarda o algún hechizo que reventara la puerta en cientos de astillas, pero lo que el mortífago que encabezaba el grupo había hecho fue patear tan fuerte la puerta que la sacó de sus goznes.
"¡No!" Gritó Malfoy cubriéndola con su cuerpo cuando uno de los encapuchados se acercó violentamente hacia ellos, tiró al muchacho contra una de las paredes y desarmó tan rápido a Hermione como si ella se hubiera dejado.
"¡Vaya!" Murmuró el mortífago mientras la tomaba de los hombros y la empujaba contra la ventana de vidrio. "Miren a quien tenemos aquí".
"¡Suéltala!" Escuchó que gritó Malfoy. Y de inmediato se oyó el sonido de un puñetazo. El rubio gruñó de dolor y Hermione chilló.
"¡No! ¡Déjenlo! ¡Déjenlo!".
"A tu novio le va a pasar algo mucho peor cuando llegue a manos del Señor Tenebroso". Le advirtió el mortífago con voz ronca. "Vaya muchacha tan deliciosa. Qué maravilla. Me encanta la piel tan suave".
Hermione sintió náuseas cuando el aliento nauseabundo del hombre golpeó su rostro incluso a través de la máscara. Tenía las manos peludas y garras en vez de uñas, que paseaba lentamente por una de sus mejillas. La chica estaba realmente aterrada. Ellos no le harían nada sin que antes la viera el señor Oscuro. ¿No?
La chica cerró los ojos rogando que pronto acabara, pero sabía que ni siquiera habían comenzado. Oyó otro gruñido de dolor por parte de Malfoy y sintió que sus fuerzas cada vez iban siendo más pequeñas.
"¿Pensaste que podrías escapar como el idiota de tu padre, pequeño bastardo?" Escuchó Hermione que otro mortífago decía mientras le daba lo que se oía como un puntapié al rubio, del cual solo podía ver su cabello en el piso a unos cuantos pasos de ella, boca abajo.
"Deja a ese imbécil" Gruñó el que tenía sujeta a Hermione. "Mejor encarguemonos de nuestra preciosa cautiva".
"Tranquilo, Greyback" Advirtió una voz gruesa que provenía de uno que custodiaba la puerta.
"No te preocupes, no voy a hincarle el diente si es propiedad del Señor Oscuro, pero si no lo es creo que me divertiré un poco este día".
Hermione sintió cómo se le ponían los pelos de punta. Habían mandado a buscarla a Fenrir Greyback, el hombre lobo al que permitían llevar la túnica de los mortífagos a cambio de sus feroces servicios.
"Deja de perder el tiempo, Greyback" Volvió a decir la voz. "Llevémoslos al Señor Oscuro de una vez, es obvio que es a ella a quien busca".
El hombre lobo gruñó y asintió. "Agarren fuerte a Malfoy y no lo suelten, esa pequeña sabandija podría ser tan ágil como el idiota de su padre. Yo me encargo de la preciosura". Ordenó Greyback agarrando a Hermione por el pelo. La chica notó cómo las largas y amarillentas uñas del mago le arañaban el cuero cabelludo. "¡Voy a contar hasta tres! Uno… dos… ¡tres!".
Se aparecieron en un sendero rural. Hermione cayó toscamente al suelo y pudo ver cómo a Malfoy le había pasado lo mismo, pero los mortífagos no perdieron ni un segundo y nuevamente los tenían fuertemente sujetos por los brazos y no los dejaban moverse mucho. Frente a ella, una enorme verja de hierro se alzaba imponente.
Uno de los mortífagos se aproximó a la reja y la sacudió.
"¿Cómo entramos ahora? La verja está cerrada, Greyback, no puedo… ¡Maldita sea!".
Apartó las manos con rapidez, asustado, pues el hierro empezó a contorsionarse y retorcerse, y sus intrincadas curvas y espirales compusieron un rostro horrendo que habló con una voz resonante y metálica. "¡Manifiesta tus intenciones!".
"Tenemos a la chica del Señor Oscuro!" Gritó el que tenía al rubio. La reja no reaccionó ante las palabras.
"¡Solo pon las manos del chico en la maldita cerradura!" Ordenó el de la voz gruesa. El mortífago que tenía a Malfoy lo empujó hasta hacerlo chocar contra la verja, hizo que estirara una mano y las rejas se abrieron con un fuerte clic.
Los mortífagos los empujaron por la senda flanqueado por altos setos que amortiguaban el ruido de sus pasos. Hermione pudo ver un pavo real albino caminando delante de ellos, quien no se salvó del puntapié de uno de los hombres para apartarlo del camino.
A fuerza de empujones los obligaron a subir los anchos escalones de la entrada, que daban acceso a un vestíbulo guarnecido de retratos en las paredes. La luz del salón resultaba deslumbrante comparada con la oscuridad del exterior. Hermione apreció las grandes dimensiones de la estancia, la araña de luces que colgaba del techo y los retratos que había en las paredes, de color morado oscuro.
"¿Qué rayos significa esto?" Preguntó de repente la sedosa voz de Severus Snape desde una esquina. La chica pensó que podría vomitar de lo violentamente que le había vuelto el alma al cuerpo.
"¡Capturamos a la chica!" Gritó Greyback quien aún tenía las zarpas en el cabello de Hermione.
La chica pudo ver al hombre con el que había convivido en los últimos seis días revelarse lentamente tras una armadura de hierro reluciente. "¿Y crees que esa es forma de tratar a la hija del Señor Oscuro?" Murmuró con desprecio.
Automáticamente el hombre lobo soltó a la chica que tropezó sobre sus pies y cayó de bruces sobre la alfombra persa del gran salón, debía ser persa, los Malfoy no tendrían algo de menor calidad.
"¿Hija?" Preguntó el hombre.
Snape ni siquiera le contestó. Miró de refilón a Malfoy quien todavía estaba sujeto por el otro mortífago. "Suéltalo" Ordenó el pocionista. El mago lo soltó con violencia y el chico casi cayó al suelo pero fue capaz de detener la caída con las manos antes de estrellarse.
"Síganme" Volvió a ordenar Snape, mientras Hermione y Malfoy se ponían de pie. Los tres mortífagos también los siguieron. El mago detuvo sus pasos y sin voltear habló de nuevo. "No he dicho que vinieran ustedes también, solo la chica y el muchacho".
"¿De qué rayos hablas Snape?" Ladró Greyback. "Nosotros los hemos encontrado, el dinero de la recompensa es nuestro".
Snape giró en sus talones y los miró de pies a cabeza. Hermione reconoció la mirada de asco con la que solía mirar a sus estudiantes de primer año que acababan de hacer explotar un caldero. "Muy bien, el señor Tenebroso estará... Encantado de pagarles su... Recompensa".
Caminaron por largos pasillos bellamente adornados con retratos antiguos y la pared tapizada con dibujos de oro. Hermione jamás se había imaginado estar dentro de la mansión Malfoy, de hecho ni siquiera se la había recreado una sola vez en la mente a excepción de lo que había visto en los recuerdos del rubio donde todo parecía más escabroso de lo que en realidad era.
Se vió caminando los mismos pasos que había visto hacer a Malfoy cuando vió sus memorias de la noche en que Dumbledore había sido «asesinado». Intercambió miradas una vez con el rubio y lo vió tan pálido como ella misma debía estar. Una vez más, justo cuando los nudillos de Snape tocaban la enorme puerta de madera oscura, se preguntó si estaba lista para esto.
Lastimosamente, lista o no, la puerta se abrió en dos dando lugar a la estancia esta vez escasamente iluminada, las largas cortinas oscuras estaban cubriendo las ventanas y en el fondo del salón, sobre un trono elevado, estaba quien Hermione había estado esperando ver toda la semana.
Snape se detuvo en medio del salón, inclinó levemente la cabeza. "Mi Señor".
"¿Qué me traes, Severus?" Preguntó el mago tenebroso, con la voz silibante y sin levantar la mirada. Tenía una mano huesuda sosteniendo su frente y Hermione podía apostar que sufría un gran dolor de cabeza por la forma en la que estaba apoyado.
"Le traigo a su hija, a Hermione, y al joven Malfoy".
"¡Nosotros la hemos encontrado!". Exclamó Greyback tras ellos.
Ante la noticia, Voldemort levantó la vista y clavó sus ojos rojos en las pupilas de Hermione. La chica bajó la mirada automáticamente, demostrando, tal como Dumbledore había ordenado, sumisión y temor. Escuchó y sintió cuando el mago bajó de su trono y se acercó con el deslizar de sus túnicas hasta ella. Realmente sentía temor y no se trataba de ninguna orden de Dumbledore.
"Mi niña" Murmuró Voldemort. La chica pudo ver sus pies desnudos con las uñas largas y amarillentas por tan solo un segundo antes de que estuvieran ocultos por sus túnicas de nuevo. El mago levantó un dedo y lo posó en la mejilla de la bruja, quien sentía el corazón latiendole a kilometros por hora.
"¡Nosotros los hemos traído!" Volvió a exclamar Greyback.
Voldemort se apartó tan solo un segundo de Hermione para mirar a los tres mortífagos que se alzaban orgullosos tras ella. La chica vió cómo el mago movía la mano sin utilizar la varita y de su palma tres listones negros salieron despedidos a lo que, a juzgar por el sonido ahogado de los hombres, había sido a sus cuellos.
"¿Y me la entregaron en estas condiciones?" Siseó Voldemort. Los hombres intentaron responder pero no podían hablar. Hermione giró un poco la cabeza y por el rabillo del ojo violencia a Greyback colgado a unos centímetros del suelo intentando desprenderse de la soga que tenía atada al cuello.
Voldemort se apartó de ella y se dirigió al rubio quien estaba a unos cuantos pasos suyos. Hermione vió como el chico tragaba grueso y le temblaban ligeramente los hombros. El mago se acercó lo suficiente para observarlo.
"¿También lastimaron al joven Malfoy?". Los sonidos ahogados se hicieron más desesperantes y Hermione estaba segura de que no aguantarían mucho más. Finalmente luego de unos diez segundos más, el mago oscuro cortó el hechizo y los tres cayeron como pesos muertos al suelo. El mago volvió a mover la mano y los tres cuerpos, que Hermione no pudo dilucidar si seguían vivos o eran solo cadáveres, salieron despedidos de la habitación por la puerta de entrada que se cerró con un estruendo tras ellos.
"Llama a Bella" Murmuró Voldemort dirigiéndose a Snape. "Lleva al chico a adecentarse".
Hermione creyó que podría desmayarse allí mismo ante la posibilidad de quedarse a solas con el señor Oscuro, la cual ya no era ninguna posibilidad sino toda una certeza cuando tanto Malfoy como Snape salieron silenciosamente de la habitación. Ella ni siquiera se había atrevido a mirar a Malfoy para sentirse un poco más valiente.
El silencio pesado cayó sobre la habitación cuando la puerta se cerró una vez más dejándola a solas con el mago más peligroso de todo el mundo.
Voldemort extendió la mano hasta el cuello de Hermione y acarició suavemente el dije de serpiente que colgaba de su cuello.
"La joya de los Black" Susurró maravillado. "Solo una auténtica sangre limpia y heredera de la familia la puede portar. ¿Sabes, pequeña Hermione, que por tus venas corre la sangre más pura y poderosa del mundo mágico?".
La chica no contestó, fiel a las órdenes de Dumbledore, siguió mirando el piso sin hacer contacto visual con el mago.
El mago la tomó de la muñeca y sin tocarle la ropa hizo que su manga dejara al descubierto su brazo donde la marca tenebrosa estaba más viva que nunca, girando de un profundo color rojo, con la serpiente vuelta loca sobre su piel. La chica levantó la vista solo para mirar a los labios del mago quien sonreía como un maníaco ante la visión.
"Mi marca" Susurró. "Creada mágicamente por nuestra conexión, nuestros lazos sanguíneos". Apretó el dedo en la marca y Hermione pudo sentir la magia corriendo por sus venas, espesa y oscura, recorriendole las venas, llenando cada recoveco de su ser. "Mi sangre". Murmuró el mago.
Hermione jadeó ante la intensidad de las sensaciones. Pudo sentir el odio corriendo en su cuerpo, sintió la oscuridad envolviendola y arrastrándola hacia un pozo profundo del que no parecía que podría salir jamás. Sintió su corazón marchitarse y pudrirse ante la fuerza del poder de Voldemort. Pero tan rápido como comenzó terminó y el mago reía con una risa que podía ser facilmente utilizada en dibujos animados donde parodiaban a villanos que querían acabar con el mundo.
"¡Mi hija!" Exclamó Voldemort tomándola de las mejillas y presionando las uñas en su carne. Hermione no pudo evitar mirarlo a los ojos y automáticamente sintió la intrusión en su mente. Dejó que el mago viera cuando Malfoy descubrió que era una Black, cuando el collar se cerró en su cuello, cuando la marca apareció en su piel. Permitió que él sintiera el temor que le infundía pero también intentó mostrarse orgullosa de su estirpe. El mago profundizó más en su mente y ella se vió obligada a mostrarle cuando había saltado sobre Malfoy y se había quitado la remera. El mago salió de su mente con una mueca y ella pudo respirar.
La puerta de la entrada se abrió lentamente y los pasos apresurados de Bellatrix, que ella había aprendido a reconocer, retumbaron en el suelo de mármol.
"Mi Señor" Susurró con una inclinación más pronunciada que la que le había visto hacer a Snape.
"Prepara un gran banquete para todos esta noche, Bella" Ordenó Voldemort mientras se retiraba nuevamente a su trono. "Celebraremos que nuestra hija ha vuelto a nosotros y está destinada a cumplir una gran misión".
La bruja observó a la chica con una gran sonrisa que no parecía sincera ni se reflejaba en sus ojos. "¡La ha encontrado!".
Voldemort rió por lo bajo. "¿Dudaste alguna vez que lo haría, querida Bella? La pequeña se ha estado escondiendo por no comprender la importancia de su status, encantada por la pasión juvenil, arrastrada por los temores absurdos del joven Malfoy. Pero ha logrado comprender que su lugar es al lado de su padre. ¿No es así, bella Hermione?".
La chica quiso carraspear, sintió la boca seca y los labios sellados. Pero se obligó a asentir. "Sí, mi Señor".
Voldemort volvió a reir encantado y Bellatrix aplaudió a su lado mientras giraba un poco a su alrededor admirándola como si no lo hubiera hecho diariamente la última semana.
"Prepárala para esta noche, llamaré a Thicknesse" Ordenó el mago. "Cuéntale de sus orígenes, como el viejo la apartó de nosotros y la crió entre muggles, como si fuera una vulgar sangresucia".
"Sí, mi Señor" Contestó Bella con la misma sonrisa psicópata y tomó del brazo a Hermione quien apenas pudo despegar los pies del suelo cuando ella la estiró hacia la salida.
Una vez fuera, la mujer no se detuvo ni la soltó hasta estar alejada unos cuantos pasillos, la metió dentro de una sala, cerró la puerta y la envolvió en sus brazos. El gesto fue tan inesperado como reconfortante, que Hermione no pudo evitar soltar todo lo que había estado conteniendo y jadeó profundamente contra el pecho de la bruja quien colocó un hechizo silenciador a la habitación. La chica lloró de frustración y de temor mientras los brazos de su madre la envolvían.
El llanto duró unos pocos minutos hasta que ella se calmó. La bruja no la soltó hasta que la sintió nuevamente repuesta y la miró. Hermione podía leer el dolor en los ojos de Bellatrix. Había aprendido a conocerla un poco más debido a las largas horas que pasaron juntas y podía decir que sabía cuándo la bruja era sincera. La fachada de mortífago enloquecida se había desecho completamente una vez que habían estado lejos de Voldemort y volvía a ser la misma mujer preocupada y culpable con quien había estado compartiendo.
Hermione repasó mentalmente la conversación con Voldemort, que no había sido para nada lo que esperaba. Finalmente se enderezó y enfrentó a la mujer.
"¿Quién es Thicknesse?".
Bellatrix frunció los labios. "Es el jefe del Departamento de Ley Mágica, el señor Tenebroso lo controla. Tiene pensado convertirlo en Ministro".
"¿Por qué lo llamará?".
"Posiblemente quiera oficializar el compromiso frente a los mortífagos" Murmuró la bruja. "O quizás quiera oficiar la boda inmediatamente".
Hermione tosió. "¿Qué? ¿Esta noche?".
La expresión de la bruja se volvió oscura y asintió sin nada más que decir. La chica se apretó el estómago. Por Merlín. ¿Dónde se había metido?
No volvió a ver a Malfoy durante toda la tarde y tampoco había visto a Snape. Se sentía completamente insegura y miraba la ventana de la habitación donde la había llevado Bellatrix como si pudiera ser posible escapar de la prisión a la que ella misma se había metido. Un ejército de elfos pequeños y atemorizados le sirvieron durante toda la tarde, un par trabajó en sus manos, otro par en su cabello, uno le preparó un gran baño relajante de pétalos de rosa y jazmín, pero ella no había podido soltar ni un solo músculo durante todo el tiempo que estuvo allí. Cuando finalmente la vistieron con un vestido blanco de cuello alto y encaje en todo el pecho y las mangas largas, ceñido al cuerpo hasta la cintura donde bajaba en capas de tul y organza y se arrastraba por el suelo arrevolandose en las puntas, ella supo que no había vuelta atrás. Era un títere más, solo que no sabía si había caído en manos de Dumbledore o en manos de Voldemort, aunque sospechaba que se pasaban el hilo mutuamente y ganaba quien estiraba más fuerte.
Sobre las seis de la tarde la puerta de la habitación se abrió y Bellatrix ingresó con una mujer rubia de aspecto cansado que Hermione reconoció inmediatamente como Narcissa Malfoy. La mujer se llevó las manos a la boca y chilló como una niña cuando la vió.
"¡Por Salazar!" Exclamó. "Eres la viva imagen de tu madre el día de su boda".
Hermione parpadeó rápidamente, lo último que esperaba era un comentario de ese tipo y no sabía cómo responder. Pero Bellatrix acudió a su ayuda.
"Fue uno de los días más infelices de mi vida, Cissy" Murmuró con los labios apretados. "Y no creo que Hermione lo tenga más fácil".
La mujer rubia descartó el comentario de su hermana y se acercó a la chica mirándola con calidez. Le tomó las manos. "Hermione" Susurró. "Tu madre eligió ese nombre por la hija de Helena de Troya, quien fue prometida a su primo apenas nació, representa la belleza, la inteligencia y la magia más poderosa".
Hermione sonrió levemente mientras miraba a Bellatrix quien parecía querer achicarse tras su hermana.
"Yo fui la primera que te tuvo en brazos" Siguió diciendo Narcissa. "Y aunque las circunstancias no son las mejores, realmente me alegra que vayas a unirte a mi Draco".
La chica volvió a sentirse incómoda y asintió con dificultad. ¿Qué más bizarro tendría el día aparte de su tía felicitándola por casarse con su primo? No era la mejor manera de conocer a un familiar, de eso estaba segura. Pero la mujer parecía emitir tanta luz que realmente no le importaba, le gustaba haber sabido del origen de su nombre, aunque extrañamente sus padres muggles también le habían dicho que la habían nombrado así por la misma razón. Correspondió al abrazo de Narcissa cuando ella se lo ofreció y se dió cuenta que la mujer estaba excesivamente delgada y descuidada, podía sentir sus huesos traspasando la ropa y clavándose en ella cuando la abrazó.
"Debes ver a Draco" Le dijo la mujer una vez se separó. "Está tan apuesto vestido de negro..."
"Oh por favor Cissy" Se quejó Bellatrix. "Deja de atormentar a la niña".
La bruja se calló ante el regaño de su hermana y Hermione se abstuvo de comentar que Malfoy siempre estaba apuesto vestido de negro.
Salieron de la habitación cuando sonaron campanadas que anunciaban el comienzo del banquete. Bellatrix fue dándole indicaciones a Hermione de que mantuviera sus barreras mentales levantadas todo el tiempo, porque habrían mortífagos importantes que aspiraban mejores puestos junto al Señor Oscuro y no dudarían en buscar en su mente para encontrar el menor resquicio de traición para ponerla mal frente al mago y ascender de nivel. Caminaban a paso lento por los pasillos y la chica pensó por un momento que era porque su madre quería tomarse el tiempo para darle consejos pero luego se dió cuenta que quien las retrasaba era Narcissa, quien caminaba muy lentamente y cojeaba, sosteniéndose a un bastón.
Llegaron a destino, una nueva sala que Hermione no había visto antes, más que nada porque solo había visto tres dependencias de la mansión. Era obvio que por la ubicación, con escaleras a cada lado que daban a un pequeño descanso desde donde descendía otra escalera, se encontraban en la entrada del salón principal. Abajo, un grupo grandes de hombres y mujeres vestidos de gala miraban expectante a las tres mujeres detenidas en el descanso de la escalera, listas para una gran entrada.
Al final de las escaleras, el Señor Tenebroso sonreía con sus dientes afilados y subió un par de escalones para pasarle la mano. Hermione entendió, con un empujón disimulado de Narcissa, que debía tomar la mano del mago para que la ayudara a bajar por las escaleras..
Haciendo de tripas corazón, la chica se tragó el asco y posó la mano en la palma abierta del mago, quien cerró las garras alrededor de sus dedos y la ayudó a bajar gracilmente los escalones que faltaban mientras el público los miraba expectantes.
"Mis queridos amigos" Siseó Voldemort mientras aún la ayudaba a descender los escalones. "Hace 18 años perdí a mi propiedad más valiosa, mi heredera, quien hoy vuelve a mí tras haber estado alejada de su padre durante tantos años. Espero que sea recibida con los honores que se merece y reciba el mismo respeto que me darían a mí, será la encargada de perpetuar mi linaje y llevará el futuro del mundo mágico en sus entrañas. Con ustedes, Hermione Black".
Era casi un espectáculo digno de televisión ver cómo las caras iban mutando mientras el mago oscuro daba su discurso. Hermione llegó a ver rostros impresionados, otros enardecidos, algunos con profundo asco y otros más bastante decepcionados. Ella podía decir con seguridad que el 100% de los presentes envidiaba su posición y tal como había dicho Bellatrix, harían lo que sea para bajarla de donde el Señor Oscuro la había puesto, así lo comprobó cuando el primer pinchazo de obstrucción en su mente intentó penetrar.
Cuando terminó de bajar los escalones, la multitud se había congregado más cerca como si ella fuera un bicho raro en exposición. No estaban agobiandola tan cerca solamente porque la presencia siniestra de Voldemort permanecía a su lado.
"Como bien sabemos, la familia Malfoy me ha brindado su hogar y su lealtad para poder llevar adelante las hazañas que estamos obrando en el mundo mágico" Continuó Voldemort. "Pero hoy no tan solo me entregan su hogar, también me ofrecen su familia, para que pueda guiarlos por el camino de la nobleza. El joven Malfoy contraerá nupcias con mi hija, así el heredero de Lord Voldemort tendrá a las las líneas de sangre más puras corriendo por sus venas".
Una ronda de aplausos acalló algunas quejas que se escucharon hacia el fondo. Voldemort sonrió con todos sus dientes de tiburón y aplaudió en dirección a Malfoy, quien estaba parado al lado de su padrino vistiendo un elegante traje negro que parecía brillar bajo la luz de las arañas de cristal. A su otro costado, un maltratado y opacado Lucius Malfoy se apoyaba con dificultad sobre un bastón parecido al que su mujer tenía.
Voldemort hizo caso omiso de las protestas que resonaron por lo bajo diciendo que los Malfoy no eran la casta más elevada de la sociedad y que las faltas de Lucius eran demasiado graves como para premiarlo de esta forma. La chica vió a un hombre vestido de azul marino con un monóculo adornando su envejecido rostro dar un par de pasos hacia el mago oscuro anunciando que su nieto sería un mejor partido, pero unas manos venidas de quien sabe donde lo detuvieron sabiamente en su marcha y solo fue recompensado con una sonrisa irónica mezclada con una mueca de asco proveniente de Voldemort.
Sorprendiendo a la mayoría, Voldemort palmó las manos un par de veces y un trabajado altar nació de la nada casi al final del salón. La bruja casi frunció el ceño ante la delicada magia que el mago tenebroso era capaz de realizar. Frente a una extensa ventana por donde el sol aún entraba con brillos violetas del crepúsculo tiñendo la habitación, un arco de ramas entrelazadas se alzaban desde macetas de cristal, con flores blancas envolviendo los troncos. Era sutil y sencillo.
El mago extendió la mano señalando hacia Lucius, quien empujó a su hijo por el pasillo que la multitud había hecho reuniéndose en grupos de dos para presenciar el momento. El chico rubio llegó hasta el altar y se colocó en frente, juntando las manos y balanceándose un poco sobre sus pies por nerviosismo, gesto que Lucius trabó con un pequeño golpe de su bastón.
Hermione se encontró al final del pasillo mientras una suave música de orquesta sonaba en el fondo y el techo se iluminaba con pequeñas luces blancas que caían lentamente sobre los invitados. Sintió el brazo frío y huesudo de Voldemort juntarse con el suyo para dar paso a la caminata más larga de su vida por el pasillo hasta el altar. Quería vomitar. Quería salir corriendo de allí. Quería que se abriera un hoyo frente a sus pies y se la tragara. ¿Qué estaba haciendo con su vida? ¿Realmente estaba caminando del brazo de Lord Voldemort hacia el altar? Sintió como su ropa era estirada y giró la cabeza para ver a Bellatrix arreglar la cola del vestido. La bruja le brindó una sonrisa muy pequeña pero sincera.
Cuando volvió sus ojos al frente ya casi había llegado al final del altar donde Lucius la miraba con los ojos apagados, Pius Thicknesse esperaba envarado con la vista perdida en algun punto tras ella, y luego estaba Malfoy, quien tenía los ojos grises brillantes y tormentosos como siempre.
Voldemort depositó su mano en la de Malfoy y se retiró a un costado, donde tomó su lugar al lado de Bella y un muy ofuscado Rodolphus Lestrange.
Entonces Thicknesse comenzó con la ceremonia que ella nunca olvidaría, especialmente porque aún en la enorme tragedia griega que estaba viviendo, la calidez en la mirada de Malfoy la inundaba y muy profundo en su mente pudo escucharlo susurrarle.
"Está bien, estamos juntos, todo estará bien cariño".
Hola! Cómo están? Muchas gracias por haber llegado hasta aquí, espero que hayan disfrutado de la lectura. Les agradecería mucho si me dejaran un review comentandome qué les pareció y si quisieran una doble actualización por la semana que tardé en subir. Tengo que confesar que me dejo llevar mucho por sus rrs y a veces cuando no llegan me desespero un poquito y no sé si les sigue interesando la historia y quieren que la siga o mejor no!
Que tengan buen fin de semana :)
Anna.
