Kristoff Bjorgman pensaba en tener una mañana normal, disfrutando de un nutritivo desayuno mientras veía algún documental en compañía de Sven, su fiel ovejero alemán. Había comenzado a servir el zumo de naranja en un vaso cuando el timbre comenzó a sonar, causando que Sven comenzará a ladrar y que otro perro lo hiciera en respuesta. El rubio suspiró, sabiendo que su mañana no sería tranquila.
Dejó todo a un lado y se dispuso a colocarse una camiseta gris antes de poder abrir, sabiendo de quien se trataba y de que le esperaría si abría sin nada que cubriera su torso. Quitó el cerrojo y abrió, encontrándose a su mejor amiga y su pareja, ambas con tres animales. Olaf fue el primero en ingresar, jalando a Anna consigo. Sven se alegró en el instante que Olaf cruzó la puerta, Kristoff observó a la tímida albina que cargaba un pequeño felino y un reptil. Su ceja se levantó e hizo un gesto para que entrara.
– ¿Debo preguntar? – habló el rubio moviéndose hasta la cocina para continuar con la preparación de su desayuno. – Porque…
– Dos favores, Kriss. – interrumpió Anna quitándole la correa a su perro para que corriera libre con el otro animal. Elsa dejó con cuidado a Marsh en el suelo, el cual no tardó en unirse a los dos perros junto a Bruni. – Primero, ¿Podrías cuidarlos? Sería un desastre si los dejamos solos en casa y segundos… ¿Podrías prestarme tu motocicleta?
Kristoff entreabrió sus labios, moviendo sus ojos de Anna y su mirada de súplica, a una albina concentrada en lo que los cuatro animales estaban haciendo. Se suponía que seria una mañana tranquila y no que se volvería niñero de tres animales, pero el segundo pedido captó toda su atención. Anna era un peligro en una motocicleta, y más se si trataba de SU motocicleta, aquella que le costó gran parte de sus ganancias.
– Ni chistando, sabes perfectamente que jamás la prestaría y menos a ti… Dime algo Anna, ¿Sabes conducir una motocicleta? Porque estoy seguro de que no y créeme que preferiría que Elsa me la pidiera porque se ve mucho más responsable que tú.
Eso fue más que un golpe bajo para la historiadora, sobre todo porque su mejor amigo prefería a Elsa alegando que parecía ser más responsable que ella… lo cual era cierto en más de un sentido, pero la albina venia de 1820 y apenas había logrado enseñarle a usar su teléfono móvil y la tostadora.
– ¡Oh vamos! No seas aguafiestas, Kriss. Prometo devolvértela en una sola pieza, ¿Sí? Seré cuidadosa, además me has visto conducir una moto durante mis años en la universidad, ¿No? Confía en mí, soy tu mejor amiga.
Y por más que Kristoff quiso negarse, no pudo. Los ojos turquesas de Anna mostraban la sinceridad en ellos, como el puchero y sus manos pegadas en su pecho. La imagen de un perro mojado y abandonado era el arma perfecta para que la historiadora consiguiera lo que deseara, incluso lo implementó con Elsa y funcionó.
– ¡Esta bien, esta bien! Diablos, eres buena Summers. – suspiro dejando a un lado el vaso para buscar las llaves y colocarse unas pantuflas. – Síganme, le hice unos pequeños cambios y espero que logres aprenderlos porque serás tú la que pagará cualquier daño que llegué a sucederle, ¿De acuerdo?
Anna asintió mientras sonreía, tomó la mano de su pareja para sacarla del apartamento del chico rubio y siguiéndolo hasta el estacionamiento.
Kristoff las guio hasta donde se encontraba su motocicleta, una Triumph Tiger 900 GT 2020 color negro con plateado descansaba cerca de la salida. El rubio dio una palmada en el asiento de cuero y sonrió orgulloso por como se veía, estaba impecable. Le pidió a la pelirroja que tomará los dos cascos que había a un lado mientras él la sacaba de allí.
Elsa los observó hablar, Kristoff señalaba ciertas partes y Anna lo imitaba, la pelirroja yacía sobre la motocicleta sin casco puesto. El rubio quería enseñarle todo para evitar un accidente. Mientras el dúo de amigos seguía discutiendo, una voz lejana llamó la atención de la reina, Elsa frunció su ceño volteando a los lados para encontrarse con el vacío a su alrededor. "Debe ser broma." Pensó con cierta molestia la ojizarca.
Sacudiendo su cabeza para quitar ese pensamientos, Elsa decidió prestar atención a lo que Anna estaba haciendo, más otra vez la voz la interrumpió. Gruño girando el rostro, sintiendo una suave brisa que acompañaba aquel extraño y misterioso canto. Parecía estar llamándola, diciéndole que la siguiera, pero ¿A dónde? Y sintiéndose presionada, cruzó sus brazos alejándose un poco de allí, procurando que ninguno la haya visto.
– I can hear you but I won't. – gruño apenas volvió a escucharla. – Some look for trouble while others don't – observó por unos segundos a Anna antes de seguir avanzando sigilosamente por la calle. –There's a thousand reasons I should go about my day. And ignore your whispers which I wish would go away… –suspiro sabiendo que aquello no se iría.
Colocó un mechón detrás de su oreja mientras seguía caminando, su cabeza daba vueltas y su corazón latía más rápido que de costumbre, sintiendo la falta de aire debido a la frustración que estaba presenciando. ¿Qué quería?
– You're not a voice, you're just a ringing in my ear, and if I heard you, which I don't, I'm spoken for I fear – su mente pedía agritos que ignorara aquello, pero algo la empujaba a seguir adelante, dejandose llevar por la voz por más que no lo quisiera, intentando dejar de escucharla, pero era imposible. – Everyone I've ever loved is here within these walls. I'm sorry, secret siren, but I'm blocking out your calls. – la imagen de Anna se apareció en su mente, como si con eso pudiera detener aquel extraño llamado. – I've had my adventure, I don't need something new, I'm afraid of what I'm risking if I follow you…Into the unknown!
Avanzó más rápido, olvidándose por un segundo de Anna y Kristoff. Necesitaba saber la verdad, saber que era esa voz… ¿Y si era algo importante? ¿Y si le decía la verdad? Pero, estaba dirigiéndose a lo desconocido, Arendelle era diferente a lo que ella recordaba, era un lugar desconocido para ella, y por eso debía salir de allí.
Anna no tardó en notar la ausencia de su novia, alzando la cabeza para buscarla. Dudaba que se hubiera alejado mucho, Elsa no era ese tipo de persona que se iba sin avisar, por lo que el terror la invadió al ver un pequeño rastro de escarcha en la acera. Tragó pesado, empujando al rubio para tomar ambos cascos, colocándose uno de ellos y encendiendo la motocicleta. Sin escuchar los gritos del rubio, salió de allí a gran velocidad, guiándose por la nieve.
Por su parte, Elsa se había alejado bastante de donde se encontraba, sin prestar atención a nada más que no fuera esa voz. Esa maldita voz que comenzaba a irritarla.
– What do you want? 'Cause you've been keeping me awake. Are you here to distract me so I make a big mistake? – algo le hacia un ruido, como si de algún modo u otro, aquella voz quisiera distraerla… o era lo que estaba pensando en su momento, quizás no era más que una obra de magia para hacerla cometer un error del cual no había solución. Pero se detuvo y se abrazó a sí misma, al verse frente a la vitrina de una tienda. –Or are you someone out there who's a little bit like me? Who knows deep down I'm not where I'm meant to be?
Un pequeño suspiro escapo de sus labios, volviendo a sentirse extraña. Algo dentro de ella volvió a despertarse luego de años, estaba segura de que era feliz allí y más con Anna, pero el sentimiento de no pertenecer la invadió, como lo hizo en su coronación al ver la expresión de miedo en los invitados y en los ojos de su querida hermana.
–Every day's a little harder as I feel your power grow, don't you know there's part of me that longs to go into the unknown? Into the unknown!
La historiadora, de un momento al otro, perdió el rastro de su novia. La frustración se apoderó del cuerpo de Anna, molestándose por no poder encontrarla. Gruñó por lo bajo, haciendo más fuerza en el manillar para ir más rápido, doblando en cada esquina y revisando el suelo de cada manzana. No podía estar lejos… o eso pensaba ella.
Elsa se encontraba cada vez más cerca del bosque, con un movimiento de sus manos el hielo salió dejando ver hermosas figuras en el aire, las cuales parecían sentir el mismo llamado, pues tan pronto pido notarlo, aquella magia la empujó más allá. Una especie de niebla tenue yacía frente a sus ojos, y por más que quisiera negarse, acabó cruzándola para encontrarse a sí misma en un hermoso bosque, aquel que había visitado varias veces.
– Are you out there? Do you know me? Can you feel me? Can you show me?
Su magia salió a flote, Elsa creaba perfectos patrones en el suelo y cielo. Algunos que se desvanecían de inmediato mientras que otros se iluminaban para guiarla hasta algún lugar de ese inmenso bosque. Se sentía libre por primera vez luego de mucho tiempo.
Vio una especie de viento que la rodeo, la calidez del fuego haciéndola girar para seguirlo, un hermoso corcel que saltaba de un lado al otro antes de desaparecer dando paso a gigantes de roca, los cuatro elementos mostrándose ante ella en aquel momento, aunque no estuviera enterada de ello o si aquello tuviera algo que ver con lo que sucedió con ella siglos atrás.
El camino de hielo había regresado y con eso las esperanzas de Anna en encontrarla. Condujo sin importarle el limite de velocidad, su único pensamiento era la albina y en lo que podría estar sucediéndole, sabia que sus poderes estaban ligados a sus emociones y aún intentaba controlarlo. El hielo la llevó hasta el bosque, debiendo dejar la motocicleta en un sitio para correr dentro del mismo, podía escuchar a su novia, también ver sus creaciones.
Anna corrió sintiendo su corazón en su garganta, de solo imaginar que algo podría estar pasándole a Elsa la mataba, no permitirá que nada le sucediera, se hizo esa promesa. Movió algunas ramas que se interponían, hasta que se detuvo. La había encontrado, su novia estaba persiguiendo algo que la guiaba hasta una caverna y eso la incentivó a perseguirla también.
–Where are you going? Don't leave me alone. How do I follow you Into the unknown?!
Elsa extendió su mano, como si pudiera tomar aquella criatura entre sus manos e impedir que la dejará, sin percatarse como unos brazos rodeaban su cintura y la obligaban a caer de espaldas. Cerró sus ojos, sintiendo el impacto de su espalda contra algo suave, seguido de escuchar un quejido.
– ¿Anna? – susurró dándose la vuelta, aún estando sobre la pelirroja. Sujetó sus mejillas y sonrió de lado. – ¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste?
– Cariño, tu magia y emociones están ligados, ¿Lo olvidas? – se burló la historiadora sentándose, sus brazos seguían rodeando la cintura de la reina y besó su nariz. – Sólo seguí el rastro de nieve que dejaste… aunque por un momento lo había perdido, pero lo importante es que te encontré.
Elsa mordió su labio, escuchando y observando a su adorable novia. Sin darle tiempo de reaccionar a Anna, inclinó su torso para besar sus labios. Los dientes de la pelirroja atraparon el labio inferior de la ojizarca, el cual jalaron solo para escucharla gemir.
Pero, por mas que desearan seguir, algo las interrumpió. La voz volviendo a hacerse presente y captando la atención de la albina, quien se separo colocando sus manos sobre los hombros de su novia para empujarla. Se levantó observando todo el lugar, enfocándose en la caverna frente a ambas. Anna se levantó sacudiendo su ropa y acomodando su bolso, abrió los ojos al ver donde se encontraban. Sin esperar mucho, sacó el pergamino al igual que un mapa.
– Elsa, es aquí. – murmuró colocándose a un lado suyo. – Según esto, aquí debería estar Pabbie.
Pudo apreciar la sonrisa en Elsa, como la emoción parecía haber tomado posesión de la ex monarca de Arendelle. Tomando la mano de la pecosa, la ojizarca avanzó a paso firme para poder adentrase en la cueva, aunque algo la detuvo. Anna se había detenido provocando que ella también lo hiciera, se volteó y levantó una ceja pidiendo respuesta.
– Prefiero que solo entres tú, te esperaré aquí, ¿De acuerdo? – habló la pelirroja con una pequeña sonrisa mientras soltaba su mano para sujetarse de la correa de su bolso. – Anda Elsa, es hora de descubrir la verdad.
Elsa se quedó en silencio unos segundos, observó el interior de cueva y luego a su sonriente novia, quería que estuviera con ella cuando supiera la verdad, pero Anna podía ser verdaderamente terca y no declinaba tan fácil. Suspiró apenas vio a la historiadora hacer un gesto con su mano de que entrara y cuando estuvo por hacerlo, la voz de Anna la detuvo.
– Espera, espera. Toma esto, es una linterna, sirve para iluminar. – explicó entregándole el objeto mencionado. – Aprieta este botón y ¡Voilá! Luz para la oscuridad.
La albina dio una corta risa aferrándose a la linterna, beso la mejilla de Anna antes de darse la vuelta e ingresar en la oscura y misteriosa caverna, pensando que allí encontraría alguna respuesta a su situación o pasado. Ilumino cada extremo del lugar, encontrándose con extrañas escrituras en un lenguaje antiguo, Elsa levantó una ceja apenas lo vio.
– Anna, mira esto. ¿Crees qué…? – su voz se fue apagando apenas volteó, encontrándose sola y pérdida, la luz de la entrada no estaba. Como si la cueva se hubiera cerrado.
Pequeños cristales comenzaron a mostrarse, iluminaban un camino que Elsa debía de seguir y le tomó unos pocos segundos en hacerlo. Apagó la linterna y decidió seguir el camino que le estaban indicando. Sus pasos cada vez resonaban más en la oscuridad, después de un rato los cristales dejaron de emitir luz solo el que la estaba guiando emitía un leve rayo color dorado que seguía guiándola por el camino.
– Elsa… – escucho dentro de su cabeza. – Elsa… – esa voz, le era muy conocida. – Ven Elsa, ven a jugar… – donde todos los caminos se unían, pudo ver a Annelise, su amada hermana que usaba su habitual vestido. – Elsa, te he esperado por tanto tiempo…– sintió de nuevo la voz y los brazos de la Annelise que tenía en frente se extendieron. – Ven aquí, déjame abrazarte.
