24 una revelación

La pareja muy emocionada se besaba en el despacho tanto así que no se percataron que la joven rubia estuviera cerca, solo lo notaron cuando ella asombrada los veía desde la puerta.

-¡Lizzy!- Asustado y nervioso Ciel se separaba abruptamente de su amante, quien incómodo buscaba como justificar aquello aunque era imposible explicar lo obvio, ella no sería tan ingenua de creer que no se estaban besando. La joven dama empezó a llorar agachando la cabeza y parecía contener el enojo al apretar los puños, la pareja no sabía que hacer o decir.

-¿Por qué Ciel?- Cuestionaba con la voz entrecortada muy bajo sin dirigirle la mirada.

-Yo... Lo siento mucho- Le respondía el joven con tristeza.

-Señorita Elizabeth...- El mayordomo le llamaba para disculparse pero fue interrumpido antes de terminar.

-Tú no me digas nada Sebastian- Con enojo le interrumpía la joven mientras le dirigía la mirada, se sentía celosa de que él fuera quien tuviera los besos y caricias de su prometido. -Vete... quiero hablar con Ciel.

Le ordenaba con seriedad, el mayordomo dudaba en obedecer aquella orden quién sabe si por su enojo lastimara a su amado conde.

-Estaré bien...- Fue la respuesta del joven mirándole de reojo, era incómodo aún mirarle ahora teniendo a la rubia en frente, el mayordomo aunque dudoso le hizo caso, pasando junto a ella salía del despacho.

-No sé por donde empezar... Creo que mentirte tampoco sea lo correcto.- Le hablaba Ciel tratando de justificarse aunque no sabía como afrontar el tema debía decirle sin lastimarla más, aunque eso era difícil pero tampoco iba a negar su relación ahora. -Perdoname... Sé muy bien el afecto que me tienes desde que éramos pequeños y aún perdura hasta ahora pero...

Seguía hablándole mientras se le acercaba, sacaba un pañuelo de su bolsillo para dárselo, se sentía mal al verla llorar, ella que siempre sonriente trataba de animarlo.

-¿Estás enamorado de Sebastian?- Le preguntó al tenerlo cerca con una mirada firme con reproche.

-Yo...- Musitó en respuesta era la primera vez que alguien le preguntaba algo así, él tenía claro sus sentimientos pero era vergonzoso admitirlos y mucho más a su prometida, para acabar con ello asintió muy sonrojado, no lo pudo evitar.

-¿Eres feliz con él?- Siguió cuestionando aumentando la incomodidad del joven este asintió todavía sonrojado.

-¿Y él te corresponde?- Al escuchar esa pregunta se quedó pensativo.

-Supongo que si...- Murmuró apenado confiando en que su tonto demonio le correspondía.

-Sería un idiota si no lo hiciera- Dijo su prima con el ceño fruncido a la vez se secaba las lágrimas. -Pero... ¿Por qué él?

Cuestionaba ella con enojo y aún negándose a creer la situación amorosa de su prometido.

-No sé... Solo pasó- Ciel respondió desviando la mirada, cómo decirle la forma en que se dio cuenta de sus sentimientos hacía su demonio, no valía la pena decirle toda la verdad. No podía decirle que se dio cuenta cuando empezaron a intimar, que el placer fue que los unió, sonrojado prefirió callarse.

-Debo irme...- Se le escuchaba decir a la joven al no oír respuestas más claras, pero conocía a su tímido y reservado primo no podría obligarlo a hablar.

-Perdón... Sabes que para mi no es fácil pedirlo pero sé que te he lastimado y no me cansaré de repetirlo hasta que lo hagas...- Le decía con sinceridad tomando su mano, Lizzy se echó a llorar de nuevo y lo abrazaba.

-Ni siquiera sé que pensar... siempre pregonaba que quería tu felicidad y volver a ver tu sonrisa pero quería ser yo quien la causara y...- Murmuraba entre lágrimas estaba tan confundida, notaba la mirada de Ciel tan diferente al afrontar sus sentimientos, ese sonrojo que parecía ser signo de un enamoramiento sincero, aunque solo vio de forma efímera como se besaban minutos atrás notó como los delicados brazos de su prometido eran los que se aferraban a su mayordomo eso significaba que no era una relación forzada y él la consentía.

-No te preocupes no diré a nadie de esto, solo debo pensarlo y volveremos a hablar después- Murmuraba ya tratando de calmarse, Ciel no podía evitar sentirse mal por lo que causaba, era obvio que tendría que ella debía enterarse un día pero no de esa forma.

Con seriedad la joven se separaba del abrazo ahora le resultaba incómodo tenerlo así, no sabía si era idea suya pero percibía el aroma de Sebastian en él. Se acercaba a la puerta y recogía del suelo una cajita decorada que hizo caer de la impresión, entregándoselas en las manos.

-Toma te había traído unos dulces de Francia del viaje que hice con mi madre hace poco...- Hablaba con una pequeña sonrisa y sin más se disponía a marcharse.

-Gracias...- Murmuró el joven sin saber que más decir, debería decirle algo para animarla pero quien sabe y solo la haría sentir peor. -De verdad lo lamento tanto, yo no te merezco.

Terminó de decirle sinceramente al verla como se iba.

-No lo digas así tampoco, tu has sufrido tanto que mereces ser feliz, solo debo asimilar esto- Mascullaba ella ya resignada, no es que le gustara rendirse tan fácil pero sus fuerzas de luchar por lo que amaba eran debilitadas por la carita enamorada de su primo.

-Ustedes... no pudieron avisar que la señorita Elizabeth estaba aquí.

Les regañaba Sebastian a los sirvientes, quienes nerviosos los encontró en el pasillo.

-¿Los atraparon?- Con una sonrisa nerviosa le cuestionaba Bard al notar el malhumor del mayordomo.

-Ella apareció de repente, dijo que su carruaje la dejó a unos metros de la entrada porque quería sorprender al joven amo.- Respondía igual nerviosa y temblorosa la joven sirvienta mientras se trababa al hablar.

-No pensamos que los encontraría haciendo cosas- Volvía a hablar el cocinero pero ahora con algo de picardía en su tono de voz, Sebastian se prestaba a regañarlo cuando vio a la joven pasaba junto a ellos, todos quedándose en silencio. Lizzy levantó la mirada para ver al demonio y siguió su camino.

-¿Estás bien?- Era la pregunta del demonio yendo de inmediato donde su pequeño amante lo veía asomado al pie de la ventana.

-Bueno no muy bien, me siento culpable...Voy a mi habitación- Le respondió con cierta frialdad y se retiraba.

-¿Estás enojado conmigo?- Confuso el demonio le cuestionaba al notar su actitud.

-Solo no me siento bien- Con un suspiro le hablaba y se acercaba a abrazarlo, eso conmovió al demonio que cariñoso correspondía su abrazo.

Si el mismo se sentía mal por lo sucedido, no podía imaginar como se sentía su pequeño y con lo del embarazo estaba aún más susceptible.

-Bueno... ¿Qué te parece si yo termino tu trabajo y te tomas el día libre?- Sugería comprensivo el demonio mientras tomaba su afligido rostro, su pequeño le sonrió y asintió un poco más animado al menos no trabajaría por ahora. Siendo cargado por Sebastian llegaban a la habitación.

-Ella no dirá nada ¿Verdad?- Comentaba el joven siendo dejado en la cama suavemente.

-No lo creo... La señorita Elizabeth lo aprecia mucho para causarle algún mal... pero a veces las mujeres pueden ser impredecibles.- Le respondía su amante con una sonrisa para animarle.

-¿Qué sucederá si lo divulga?- Dudoso seguía cuestionándolo le preocupaba que esto se tornara en un escándalo, todavía no estaba preparado para afrontarlo.

-Nos iremos lejos tú y yo... No te preocupes por ello- Cariñoso le respondía mientras acariciaba su cabello y rostro.

-Solo espero que esto no la haga sufrir mucho- Con aire nostálgico murmuraba ante las caricias, en su mente no se podía apartar el semblante triste de Lizzy.

-¿Qué tal si le cuentas lo del bebé? Ella es tan entusiasta que seguro eso le emocionara- Animado el demonio le decía sin apartar su mirada de él.

-O la mata de una vez... ¿Quieres asesinarla?- También animado le seguía la conversación.

-No... claro que no será nuestra niñera después, no quiero matarla- Sebastian le decía divertido y lo recostaba sobre la cama empezaba a besar su cuello sensualmente.

-No estoy de humor...- Le detenía el joven apartándolo con sutileza, no quería iniciar una discusión pero tampoco se sentía bien para intimar de esa forma. Sebastian suspiró y lo comprendió.

-Luego lo hacemos...- Le animaba algo coqueto el joven abrazándolo- ¿Sabes que me animaría ahora? Un delicioso postre...

Seguía diciendo relamiendose los labios y se acariciaba el vientre.

-¿Postre? ¿Un dulce o yo?- Entre coqueto y dudoso le cuestionaba el demonio.

-Un dulce de chocolate ahora y tú para más tarde- Igual de coqueto le respondía, el mayordomo se dispuso a obedecerlo e iba a preparar ese postre para animar a su amado.

-Sebastian... No me arrepiento de estar contigo- Dijo el joven al verlo marcharse provocando una dulce sonrisa en su demonio que se acercaba a darle un beso en los labios.

-Yo tampoco...- Le decía devotamente entre el beso y cariñosos se abrazaban.

Pasaron unos días el conde no podía evitar sentir la incertidumbre de que su prima divulgara su secreto amoroso, eso le preocupaba, cuando parecía que la había llamado con el pensamiento porque su carruaje aparecía en la entrada de la mansión.

-Lizzy...- le llamaba animado al recibirla en la entrada, ella no parecía tan triste como la última vez que la vio.

-Vine a hablar contigo- Le decía con una pequeña sonrisa, claro que no lo saludó como usualmente lo hacía, cuando era su prometida y lo abrazaba cariñosa y entusiasta. Los dos se dirigieron al jardín a conversar y la joven sirvienta se aparecía para ofrecer sus servicios. Ciel le pidió té y unos postres para servirse.

-¿Y Sebastian?- Cuestionaba la joven al darse cuenta que el mayordomo no se le había aparecido como era su deber hacerlo junto a su amo, al parecer se le escondía.

-Creimos que sería mejor que no se aparezca cuando tu estés aquí- Le respondía ante su duda, sabía que le preguntaría.

-Quisiera hablar con él después... Dile que no debe esconderse- Le decía más tranquila y miraba como su primo se sonrojaba al ser descubierto.

-He pensado mucho esta semana sobre lo nuestro, y bueno sobre lo tuyo con Sebastian, creo que no te lo perdonaré- Le hablaba con seriedad mirándolo de reojo, esas palabras sorprendieron al conde pues pensó que diría algo más alentador -Te lo perdonaré con una condición...

Terminaba de decir al ver como se desanimó.

-¿Cuál?- Curioso le cuestionó su primo al escucharle, ¿Lo iba a chantajear? Dudaba internamente

-Quiero que me cuentes toda tu historia con Sebastian- Ella dijo con una sonrisa algo pícara y un extraño destello en su mirada. Ciel no sabía como reaccionar ante esa condición solo se ruborizó más y no sabía como responder a aquello; pero si quería su perdón no tenía más opción que hacerlo.

(*3)/

Muchas gracias a quienes siguen esta historia (з)-