Los Amamiya
Capitulo 22: Inglaterra
Caminó dentro de la cabina del avión dejándose caer en el asiento que le correspondía mientras soltaba un enorme suspiro lleno de resignación. Para su desgracia pronto comenzaría aquel suplicio aéreo, así que lo mejor que podía hacer era intentar relajarse antes del despegue.
Miró por la ventanilla a su lado y contempló la pista de aterrizaje y los únicos edificios que se podían ver desde allí, que parecían simples casas de muñecas a esa distancia y sintió cierta incomodidad. La única vez que se había subido a un avión a parte de aquella ocasión fue cuando viajó junto a Sakura, Yukito y Tomoyo a Hong Kong por un premio que se habían ganado su hermana y esta última, así que aunque sonara algo extraño de boca de un hombre de su edad, era la primera vez que iba a un lugar tan distante solo.
Habían pasado unos nueve años desde entonces pero aún recordaba muy bien todo lo que ocurrió en aquella ocasión sobre todo el hecho de que si bien los cuatro estuvieron juntos casi todo el tiempo, podía contar con los dedos de las manos las veces en las que le dirigió la palabra a Tomoyo. Ella tampoco le decía más de lo estrictamente necesario en ninguna circunstancia, pero no por que tuviera algún problema con ello sino por que al parecer percibía su antipatía y procuraba no causarle incomodidad. La amatista siempre era amable con él y a pesar de su acidez no dejaba de sonreírle cuando sus miradas se encontraban, pero él había sido terriblemente infantil y le había adjudicado un rencor que ni siquiera era su responsabilidad, por un apellido que ella jamás eligió tener. ¿Cómo pudo tener una actitud tan estúpida con ella? ¿Cómo pudo mantener ese muro entre ellos durante tantos años?
-¿Puedo sentarme a su lado?- Escuchó preguntar de repente y retirando la mano que había posado en su rostro mientras se lamentaba, giró el cuello bruscamente para observar a la dueña de aquella voz que sin esperar respuesta de su parte, tomó asiento a su lado y se colocó el cinturón y una pequeña maleta sobre su regazo, regazo en el que había pasado dos agradables horas hacía apenas dos días, los mismos dos días en los que había tenido que hacer acopio de todo su autodominio para no besarle cada vez que recordaba aquellas palabras que Tomoyo había musitado junto al árbol.
Y es que aunque ella no recordara nada de lo que había ocurrido después de quedarse dormida aquella tarde, aunque la manera en como correspondió su beso fuera algo inconsciente, todo eso estaba grabado a fuego en su propia memoria y hacía un verdadero suplicio no poder decirle lo mucho que le afectaba el simple hecho de tener que dejar de verla hasta el lunes. No tenía idea de como lidiaría con aquellos dos días en Inglaterra lejos de su presencia.
Pero espera. Si ella estaba ahí a su lado, ¿significaba que en realidad…?
-¿¡Vas a viajar conmigo!?- Exclamó de repente haciendo que ella volviera a llevar su mirada a su rostro y riera divertida ante su reacción tan tardía. Podría preguntar como demonios sabía que iría a Inglaterra aquel fin de semana si no le había hablado de ello ni siquiera a su hermana o como supo el vuelo, la hora y el número de asiento que ocuparía, pero era obvio que el que su padre se hubiera ofrecido amablemente a hacer todo el papeleo y no le permitiera ver más que su boleto de avión no había sido simple casualidad.
Le fastidiaba un poco sentir a su progenitor con las narices metidas en su vida personal y obvio que le reclamaría por ello, pero sería hipócrita decir que estaba molesto por la idea de que se hubiera asegurado de que la tuviera a su lado en aquella engorrosa misión. A decir verdad el simple hecho de tenerla allí a unos centímetros suyos le recordaba que lo que iba a hacer valía la pena. Que en serio podía encontrar la manera de cumplir su promesa sin que ello la alejara de ella. Y eso era algo que sea por experiencia o intuición su padre sabía muy bien.
"A todos los pasajeros, le avisamos que el vuelo con destino a Londres/Inglaterra despegará en solo unos segundos. Favor abrochar sus cinturones correctamente y permanecer sentados."
-¿Le teme a volar?- La escuchó preguntar de repente mientras lo miraba llena de curiosidad y escepticismo al ver lo pálido que se puso con solo escuchar el anuncio, provocando que se sintiera terriblemente avergonzado de que quedara al descubierto su secreta aversión a los aviones.
-No le temo. Es solo que no me agrada la idea de estar encerrado aquí por horas.- Replicó frunciendo el ceño mientras procuraba mirar por la ventanilla intentando no pensar más en ello. Miles de personas viajaban todos los días en aviones, no podía tener tan mala suerte de que justo aquel día ocurriera algo. Todo estaría bien durante aquellas catorce horas. Solo debía tranquilizarse y disfrutar de las aburridas e invariables nubes y de las inquietantes turbulencias aéreas.
Volvió su mirada hacía ella al sentir una calidez inusual en el dorso de su mano y entonces pudo notar como le sonreía con cariño mientras acariciaba sus dedos y murmuraba que todo estaría bien. El dulce tono de su voz, la apacibilidad de sus ojos y la calidez y suavidad de su tacto hicieron desaparecer al instante sus temores e inseguridades. De hecho, tenerla allí tan cerca, mirándolo de esa forma, solo le hacía pensar en lo mucho que le alegraba que decidiera acompañarlo y lo insoportable que era contener ese enorme deseo de envolverla con sus brazos, expresarle lo maravillosa que era a sus ojos y si se lo permitía, besarla hasta que la falta de aliento de alguno de los dos los obligara a separarse, cosa que evidentemente ella podía percibir por la forma en que la vio sonrojarse al notar como sus dedos se entrelazaban con los de ella y sus ojos desviaban su trayectoria a su boca, haciéndola tragar en seco mientras entreabría sus labios, provocando así que lo atractivo se convirtiera en terriblemente irresistible. Comenzó a acercarse a su boca aprovechando la oportuna cercanía notando como ella en respuesta cerraba los párpados dándole su evidente permiso mientras podía sentir como sus manos sudaban y su respiración se agitaba ante la tentativa. Tal vez aun si el aire llegaba a faltarles solo la dejaría alejarse lo suficiente para que recuperara el aliento y entonces, repetiría el proceso una y otra vez hasta que alguno de los dos se sintiera satisfecho o alguien en el avión se quejara de su falta de pudor. Por que en realidad, de veras necesitaba embriagarse con el dulce sabor de su boca.
Sus labios casi estuvieron a punto de unirse, cuando el intenso sonido de las turbinas encendidas y el movimiento del avión en la inmensa pista los hicieron tambalearse rompiendo el idílico instante y haciendo que Touya se golpeara con el asiento de enfrente. Demonios. ¿Por qué siempre pasaba algo en momentos como esos?
-¿Está bien Touya? ¿Se hizo daño?- La escuchó preguntarle al ver como frotaba su mano contra su frente intentando disipar el dolor y algo incómodo aún por la anterior interrupción solo se limitó a murmurar un "Si, estoy bien" mientras entrecruzaba los brazos y volvía a mirar por la pequeña ventanilla. Ya el avión se había elevado y lo único que podían ver sus ojos eran nubes blancas y una expansión tan azul como el mar profundo y extenso que había bajo ellos y que sería su destino si algo salía mal. Rayos. Ya recordaba porque jamás se había decidido a visitar a Yukito antes. Cerró los ojos mientras intentaba repetir a su mente que aquella estructura de metal no se desplomaría y sintió como los dedos de ella se posaban brevemente en el lado izquierdo de su rostro y haciendo que el delgado cordón de un auricular colgara de su oído y se uniera al derecho de ella mientras sacaba una pc de la maleta que tenía sobre su regazo, usando solo una de sus manos, ya que después de todo, inconscientemente él aún no la había soltado.
-No tiene que retirarla si eso lo hace sentir más tranquilo.- La escuchó decir mientras él intentaba mover sus dedos para soltarla y al mirar el sonrojo que aun cubría su rostro entendió que para ella era igual de agradable seguir sintiendo aquel contacto, y que en lo posible deseaba seguirlo experimentando. Por que, aunque ninguno lo dijera de manera audible, todo estuviera en contra y el futuro pareciera ser incierto, ambos necesitaban sentirse mutuamente lo más que se lo permitieran sus circunstancias.
-¿Puedes creer que el insípido del doctor acaba de decirme que no me dará de alta hasta el lunes? ¡¿Acaso mi dinero no vale en este lugar?! - Replicó el anciano al teléfono mientras el hombres de ojos carmesíes abrochaba los botones de sus muñecas a la vez que el teléfono descansaba en su hombro y escuchaba las quejas de Masaki ante la posibilidad de permanecer durante tres días más en aquella habitación. Sabía lo mucho que le fastidiaba tener que estar postrado en aquella cama de hospital por días pero en realidad no había nada que hacer, aquel era el procedimiento lógico ante su situación y por mucho que le molestara y pataleara por ello debía seguir las instrucciones de su doctor.
-¡Esto es tu culpa Kurogane! Si hubieras querido quedarte en Tomoeda, estoy seguro de que me hubieran dejado guardar el resto de reposo en la casa.
-Masaki… ya te lo dije. Tengo trabajo. -Señaló con algo de indiferencia mientras entornaba los ojos y caminaba a la cocina al escuchar el sonido de la cafetera. A veces, en serio se preguntaba quien de los dos era el más joven, pues cuando Masaki se lo proponía podía llegar a ser como un molesto y caprichoso niño de cinco años.
-¿Tienes trabajo o no quieres enfrentar a Tomoyo después de haber intentado besarla?
Kurogane no pudo evitar detenerse en seco al escucharlo preguntar aquello.
-¡¿Cómo demonios…?!
-Deberías asegurarte de que el paciente esté verdaderamente dormido antes de hacer alguna locura muchacho.
El silencio que se extendió entre ellos era realmente atronador. No sólo era el hecho de no fijarse en que Masaki no estuviera dormido realmente, todo lo que había hecho dejaba en evidencia lo mucho que había perdido el control de si mismo en aquel instante. ¿Cómo rayos ella podía tener tanto poder en él? ¿Cómo era posible que sus sentimientos siguieran siendo tan intensos a pesar de los años que habían transcurrido?
-Eso fue un error anciano, es todo. Simplemente olvídalo ¿quieres?- Replicó mientras frotaba su frente y trataba de despedir aquel recuerdo que había estado atormentándolo desde entonces. Sabía bien lo que había hecho y claro que reconocía su responsabilidad por ello, pero lo último que necesitaba era pensar en lo ocurrido. Lo mejor era enterrar ese recuerdo y hacer como si nunca hubiera pasado.
-Eres muchas cosas Kurogane, pero nunca un cobarde, tú no eres del tipo de personas que huyen de las situaciones y estoy seguro de que jamás te hubieras ido sin aclarar las cosas con ella si no tuvieras una buena razón. ¿Qué es lo que en verdad está pasando? ¿Por qué te fuiste tan de repente de Tomoeda?
Kurogane apretó el teléfono con excesiva fuerza mientras un sentimiento indescriptible de desolación e ira llenaba su corazón. Era cierto. Jamás hubiera dejado a Masaki solo por algo como aquello, de hecho, después de pensarlo bastante había ido al encuentro de Tomoyo aquel día para aclarar lo ocurrido con ella antes de marcharse pero… entonces los vio.
En un rincón junto al estanque de la zona apoyados en un árbol la vio besarse con aquel sujeto, con la persona que el día anterior Masaki le había presentado como su bisnieto. Obviamente se marchó de allí antes de que se percataran de su presencia pero aquellas imágenes no salían de su cabeza y lo llevaron a decidir que tenía que irse antes de que su indignación lo dominara. ¿Cómo eran capaces de hacer eso? ¿De traicionar a su propia familia aún en la condición tan delicada en que estaba Masaki? ¿Acaso no les importaba lo que pudiera sentir al enterarse?
-¿Kurogane? ¿Aún estás ahí?- Escuchó preguntar del otro lado de la línea, y al sentir la preocupación en la voz de Masaki entendió que si bien sentía que la ira quemaba su cuerpo, debía calmarse. Era incapaz de revelarle algo así en sus condiciones. Jamás se perdonaría si el anciano sufría otro infarto por una noticia como esa.
-Ya te dije que no pasa nada. Se me hará tarde para el trabajo, hablamos luego. - Mintió mientras se tragaba sus palabras y se daba la vuelta a la vez que colgaba el teléfono y cerrando la hornilla de la estufa dejaba la cafetera en el mismo lugar sin siquiera tocarla. Necesitaba salir de aquel lugar y tomar aire fresco o de otro modo seguro que aquello lo asfixiaría.
Transitaron entre los caminos empedrados que separaban las secciones del hotel una de otras mientras observaban a las personas que se agolpaban en los diferentes comedores o se hallaban sentados observando el paisaje en las bancas de los alrededores. Habían llegado al hotel hacía unas dos horas y hace unos minutos que ambos habían terminado de cenar, pero siendo apenas las ocho de la noche, Tomoyo había insistido en que merodear un poco los alrededores era lo mejor hasta que tuvieran sueño, después de todo, no todos los días se estaba en un lujoso lugar vacacional extranjero como aquel y aunque no estaban de vacaciones en realidad sería un verdadero desperdicio al menos no examinar la zona.
Pronto los caminos adoquinados fueron sustituidos por arena y se hallaron frente a una costa tan hermosa como solitaria, llena de pasos que habían dejado las personas que durante el día habían llenado sus aguas. Casi podían sentir como la sal golpeaba sus caras y su respiración se llenaba de un aire más puro y fresco, contrastando poderosamente con el clima caluroso que en aquella época del año arropaba su lugar de origen.
-Adoro el mar. Es tan hermoso.- Comentó la amatista mientras observaba como las olas iban y venían en la orilla de aquel lugar borrando a su paso las huellas que segundos antes habían marcado su trayectoria. Touya llevó su mirada a ella y no pudo evitar sonreír al ver sus ojos llenos de ilusión mientras se hallaba embobada con aquel espectáculo, a la vez que, como con cada cosa que le había parecido interesante aquel día, sacaba su teléfono para tomar una foto. Tal vez ya no iba a todos lados con una cámara de vídeo, pero sin lugar a dudas jamás había abandonado su gusto por la fotografía. De hecho la manera en como brillaban sus ojos mientras estaba tras el lente era algo que sólo era igualado al fulgor de cuando hacía algún trazo para un vestido. Sin duda aquello era algo que amaba y que de verás disfrutaba hacer.
-Si quieres puedo tomarte una.- Ofreció convencido de que tal vez era algo que ella desearía, quedándose algo desconcertado al escucharla murmurar un "Gracias, pero por ahora no" mientras se acercaba más a la orilla de la playa y evitaba mirar en su dirección. Ahora que lo pensaba jamás la había visto tomarse fotos, de hecho hasta donde recordaba cuando ella y Sakura se graduaron fue un verdadero problema convencerla de tomarse alguna como recuerdo, es más, en los distintos álbumes de su hermana ella aparecía de manera casi nula a pesar de que eran prácticamente inseparables. Acaso sería que…
No pudo evitar lanzar un bufido mientras entrecruzaba los brazos y aquella expresión maliciosa se dibujaba en su rostro con solo pensarlo.
-Eso sí que es una verdadera ironía señorita Daudoji. Tienes el extraño hobbie de tener videos y fotos de todo a tu alrededor pero no te gusta que te fotografíen. ¿Temes romper la cámara o algo así?
Pudo notar como ella se tensó al escuchar su afirmación, intentando de inmediato recuperar la calma para no dejarse en evidencia. Ahora todos los cabos estaban unidos y estaba seguro de que aquello no era una equivocación. La fotógrafa tenía una severa aversión a las fotografías que había procurado mantener en secreto.
-Simplemente no soy de las que salen bien en fotos, así que prefiero no tomármelas.- Explicó ella sin mirarlo esta vez poniéndose de cuclillas para recoger algunas conchas marinas, mientras una inesperada ola subió de repente mojando sus sandalias y dedos haciéndola sonreír entre sorprendida y maravillada al sentir un escalofrío recorrerla entera. Era tan fresca y suave que le hacía cosquillas y casi la hacía olvidar su bochorno por verse descubierta por Touya en aquel discordante asunto.
A decir verdad se había acostumbrado tanto a estar tras el lente de una cámara que le incomodaba tomarse fotos, en parte porque jamás se había considerado tan bonita o interesante como para inmortalizarse de aquella manera que consideraba tan sublime. En vez de eso prefería ser la chica tras la cámara, la que captaba el mejor momento de las personas a su alrededor y que eternizar su felicidad. Con tener dos o tres fotos que le recordaran como había cambiado con el paso de los años le era más que suficiente.
-No se de que te quejas. A mi me parece que has quedado muy bien. – Lo escuchó comentar mientras pensaba aquello y al llevar su mirada hacía él pudo observar como la apuntaba con su teléfono mientras sonreía con aquella malicia que lo caracterizaba. No tardó en entender lo que ocurría. ¡Había estado fotografiándola todo ese tiempo!
-Bórrala por favor. Debo estar horrible.- Suplicó mientras poniéndose de pie con cierta dificultad, corría hacía él para intentar quitarle el aparato mientras él lo elevaba para que ya no estuviera a su alcance.
-Vamos, no es tan malo Tomoyo. Todos hemos quedado bizcos alguna vez.
-¡¿Qué?! ¿Cómo que bizca? ¡Es imposible que quedara así! Tienes que borrarla.
-No lo creo, la conservaré para extorsionarte algún día.- La satisfacción que sentía mientras decía todo aquello y la veía ponerse roja de la mezcla de vergüenza e impotencia realmente era indescriptible. Sabía que estaba mal que le gustara tanto picarla pero evitarlo era casi imposible. Verla apretando los puños de esa manera e inflando los cachetes inconscientemente era realmente adorable y su gusto por lo adorable era malicioso e incontenible.
-Bien. Creo que no puedo convencerlo. -La escuchó soltar en un suspiro lleno de resignación mientras bajaba la mirada y relajaba sus manos. Parecía realmente atormentada y triste, tanto que le hacía sentir algo de remordimiento. Lo normal era que después de que hiciera algo así recibiera un par de pisotones y entonces se viera obligado a borrar la foto, pero Tomoyo no era como Sakura, ella no tendría una reacción tan violenta y por ello tal vez si se le había pasado la mano con aquello después de todo. ¿Qué haría si se enojaba de verdad, si ya no quería hablarle? Tampoco era como si quisiera que en serio se enemistara con él por algo como eso.
-Oye, no te pongas así, en realidad estaba bromeando, tu no…
Intentó explicar, cuando la vio levantar la mirada y de un salto intentar alcanzar el teléfono provocando que él perdiera el equilibrio por la sorpresa y cayera sobre la arena mientras ella también caía junto a él, mientras él cerraba los ojos esperando el sonoro impacto.
-Lo… lo siento Touya. No quería derribarlo. En serio lo lamento. Déjeme… - Comenzó a balbucear avergonzada mientras se levantaba un poco de sobre él intentando quitarle su peso de encima, a lo que él la rodeó con sus brazos y la obligó a volver al lugar donde había estado acostada justo en su pecho. Podía sentir como su rostro ardía al sentir sus cuerpos tan cerca, al experimentar una proximidad que solo habían tenido fugazmente una vez, el día en que se reencontraron. Aquel día salvo la pena de haberlo derribado no había sentido nada en lo absoluto, pero ahora realmente su cuerpo se estaba agitando con solo sentir su pecho y abdomen bajo ella y recordar cuando se encontraron fuera de la ducha y pudo observar aquellos firmes y bien trabajados músculos que escondía tras una pieza de ropa cada día y que ahora se aplastaban contra su torso. No quería tener pensamientos impuros pero con semejante adonis próximo a ella y sus sentimientos a flor de piel no podía evitar pensar en que pasaría si él decidía girarse e invertir posiciones. Que haría si, al final él terminaba siendo quien estuviera sobre ella mientras la miraba a los ojos y le sonreía de aquella manera que paralizaba sus sentidos. Si se acercaba lentamente a su rostro y después de sonreír una vez más la embriagaba con el dulce sabor de su paladar, seguro… que caería rendida a sus pies.
"Cálmate Tomoyo, deja de pensar en ello." Se exigió así misma mientras cerraba los ojos e intentaba poner sus pensamientos a raya. Tantas conversaciones con la desquiciada de su amiga acerca de esas cosas le habían estado haciendo demasiado efecto y habían influenciado su manera de pensar, estimulando su curiosidad. Era cierto que Touya le gustaba mucho, más de lo que quisiera admitir, y había tenido una que otra fantasía que no era del todo casta, peor solo eso, nada pasaría entre ellos dos.
Se lo había jurado a Fujitaka y ni la cercanía, ni su calor, ni lo mucho que la derretía sentir cómo la rodeaba con sus brazos, ni el esfuerzo sobrehumano que estaba haciendo por no sucumbir ante su seductor aliento que golpeaba su frente sin compasión cambiaría eso. Ella era una chica con mucho autocontrol y ni siquiera Touya conseguiría derrumbar sus grandes defensas.
-Tomoyo… gracias por haber venido. – Lo escuchó murmurar de repente y levantando un poco su mirada pudo ver como sonreía con el rostro extrañamente sosegado mientras miraba al cielo. Se veía tan contento, tan en paz, que su corazón no podía evitar agitarse de una manera desmedida. Era como si ya no sintiera miedo a lo que pasaría en el futuro próximo, cómo si su preocupación, su angustia e inseguridad se hubieran ido para nunca volver y en él solo quedara serenidad y optimismo, la creencia fiel de que pasara lo que pasara conseguiría resolverlo.
Estaba feliz porque él se sintiera de esa manera pero… la verdad es que sus sentimientos al respecto eran totalmente distintos.
Lo sintió llevar su mirada hacía ella al sentirla volver a esconder su rostro en su pecho a la vez que levantaba su torso para quedar sentado sobre la arena con e intentaba invitarla a mirarla al rostro para entender que ocurría. Por qué, de repente había comenzado a sentir cierta humedad sobre su camiseta, quedándose desconcertado al ver como las lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
-¿Qué pasa? ¿Acaso he dicho algo malo?
-No. No es nada. No me prestes atención. – Aseguró mientras intentaba limpiar sus ojos y después de sonreír para restarle importancia procuraba incorporarse al notar que en serio se veía preocupado por ella. Si había hecho aquel viaje era porque quería ser un apoyo para él, porque quería confirmarle que no estaba solo en ello, que podía contar con ella si necesitaba algún tipo de desahogo. No estaba allí para que él la viera llorar, para lamentarse de su suerte, para que se sintiera culpable de que no pudiera controlar su tristeza, de que su terquedad no la dejara asimilar la realidad de todo ello. Sintió como él la detenía antes de que pudiera ponerse de pie aferrándola en un abrazo, haciendo que la distancia entre sus cuerpos fuera prácticamente nula.
-No importa si es nada. Quiero oírlo, pequeña. – Lo escuchó murmurar a su oído y escuchar su voz llamándola de aquella manera fue suficiente para que sus fuerzas se esfumaran y comenzara a llorar sin control mientras aferraba sus manos a su camiseta y la intensidad de sus gimoteos aumentaba, como si estuviera luchando consigo misma para decidir si debía o no hablarle de aquello que la atormentaba hasta las lágrimas, aquello que había estado rondando en su cabeza desde que se enteró de su verdadera situación, desde que adquirió consciencia de que el destino de Touya, en realidad no era tan libre como parecía. De que aquel podría ser el momento en que sus destinos se separaran de manera definitiva.
-Yo no quiero que vuelva a alejarse de mi. – Reconoció entre pequeños sollozos, sintiendo que aquello no era suficiente para definir la desolación que sentía en ese instante. Sabía que para Touya cumplir aquella promesa era muy importante y que lo menos que necesitaba era escucharla decirle que aquello le entristecía, pero no era capaz de fingir que la posibilidad de que todo se quedará solo como el dulce recuerdo de algo que no pudo ser, de algo que pudo haber sido perfecto pero que ni siquiera tuvo la oportunidad de desarrollarse le dolía inconmensurablemente. No mentía al decir que jamás había sentido algo como aquello por nadie más, que sus sentimientos por él la hacían dudar de la autenticidad de todo lo que había experimentado anteriormente. Pero ¿de que valía que aquello hubiera crecido tanto en su corazón si al fin y al cabo debía olvidarse de ello, si debía fingir que aquello jamás había ocurrido, si Touya tendría una nueva vida muy lejos de ella?
-Eso no va a pasar Tomoyo. Porque eres una persona muy especial para mi.- Lo escuchó garantizarle y sintió como la impotencia y el temor que sentía eran sustituida por una mezcla de sorpresa e incredulidad que calmó su llanto. Sabía que aquellas palabras no eran tan claras como un me gustas o tan grandes como un te amo, pero estando tan relacionada como lo estaba los Kinomoto era obvio que sabia bien lo que aquello buscaba transmitir. No pudo evitar que la comisura de sus labios se elevara en una sonrisa llena de alivio e incapaz de hablar para dar una respuesta se limitó a volver a esconder su cara en su pecho para intentar ocultar la sonrisa boba que se había dibujado en su boca mientras intentaba normalizar el latido de su corazón que palpitaba con tanta fuerza como lo hacía el de él.
-También me alegra haber venido. –Reconoció en voz baja mientras se dejaba embriagar por aquella paz que le brindaba su cercanía y cerraba los ojos lentamente presa de la fatiga mental. Aquellos habían sido unos días muy agitados pero lo que acababa de escuchar la llenaba de esperanza. Tal vez aquello implicaría el inicio de algo en verdad maravilloso.
Apoyó sus brazos en el barandal de aquel balcón mientras miraba la luna clara y llena que alumbraba el firmamento, y dejaba que su mente se llenara de recuerdos.
Hasta hace unos meses aquel satélite solo era para él un cuerpo celeste de extraordinaria belleza que podía contemplar cuando regresaba a su casa después del trabajo y que poseía una versatilidad estética fascinante.
Pero ahora, en aquel momento crucial de su existencia, era mucho más que eso. Era el contacto más cercano que tenía a su propia existencia, a la esencia de su propio ser, de su yo mágico, y desde hacía cinco noches cuando despertó a plena madrugada y recordó los sucesos que había vivido su contraparte y de las que lo había eximido sin razón aparente era la única con la que podía compartir su pena y hesitación.
Siempre, desde que tenía uso de razón, había abrigado la duda de porque Yue había aislado su existencia, porque no le permitía poseer sus recuerdos al completo, que tanto había escondido dentro del guardián que él no quería que su parte humana supiera, pero ahora lo entendía, entendía por que tanto pesar, por que tanta angustia en su corazón.
¿Cómo pudo hacer tal cosa? ¿Cómo pudo mantener aquel secreto durante todo ese tiempo? ¿Cómo pudo hacerle eso a Touya?
-La luna está muy hermosa está noche. ¿No es cierto?- Escuchó murmurar a su lado y al girar la cabeza pudo ver a Kaho apoyada en el barandal, cubierta con una larga bata azul cielo mientras su largo cabello caía sobre su cuerpo de manera desordenada, evidencia de que aunque lo había intentado no había podido conciliar el sueño hasta esa hora de la madrugada.
Sus profundos ojos rojizos lo miraban con una mezcla de compasión y melancolía como si pudieran leer su alma, como si, en toda aquella casa, ella fuera la única capaz de percibir que el imperturbable Yukito tenía algo atormentándolo y no era precisamente su inminente paternidad.
-Ya lo recordaste, ¿no es así? Ya recordaste la razón por la que Touya estuvo enamorado de ti todo este tiempo.- Murmuró y el joven de mirada avellana no pudo evitar mirarla con una expresión que iba entre la confusión y la duda. ¿En realidad ella sabía que…?
-Si lo sabía ¡¿Porque jamás dijo nada?! ¿Por qué jamás se lo advirtió? ¿Por qué lo dejó estar conmigo hasta ese momento? -Replicó con una mezcla de indignación e impotencia, sentimientos que, aunque así parecieran no estaban dirigidos hacía ella sino hacía él mismo, más concretamente hacía la parte de él que si conocía esos detalles. ¿Por qué? ¿Por qué Yue no puso fin a aquello cuando aún se podía? ¿Cuándo las cosas no habían tomado un rumbo tan turbio? Ahora, simplemente no tenía cara para decirle a Touya la verdad, para decirle que durante casi diez años vivió en una mentira. Una mentira que Yue conocía y que jamás decidió decirle.
Dejó caer su cabeza en el barandal y cubriéndola con sus manos intentó recuperar la calma. Ya no valía de nada agitarse por lo que no había pasado, lo hecho, hecho estaba y no podía hacer nada para remediarlo.
-Sabes Yukito… tu y yo no somos tan diferentes. Ambos no supimos corresponder al amor que él nos mostró y terminamos causándole mucho dolor. Así que… de alguna manera entiendo lo que sientes. -Escuchó murmurar a Kaho mientras elevaba su vista al cielo y sus ojos casi siempre claros y misteriosos se volvían sombríos y melancólicos, llenos de tanto pesar como mostraban los del mismo joven que ahora levantó la cabeza para mirarla. A decir verdad, en los más de seis meses que había convivido con ella bajo el mismo techo jamás habían conversado más de lo necesario, pero si algo la caracterizaba era su carácter apacible y amable que parecía inmutable y que había cambiado de repente cuando hace dos días había anunciado a los demás de la casa que Touya vendría de visita aquel fin de semana. Era obvio que estar en su presencia aún era doloroso para ella, que la posibilidad de encontrarse cara a cara con el moreno aún le afectaba mucho, algo que parecía realmente ilógico tomando en cuenta que no sólo no se habían visto en mucho tiempo sino que ella tenía una vida totalmente ajena a él, con un hijo y un esposo a quienes estaba de más decir que amaba con todo su corazón, entonces ¿por qué le afectaba tanto la idea de reencontrarse nueva vez con Touya?
-Kaho, ¿usted aún lo amaba cuando lo dejó?- Preguntó sin quitar la vista de ella sintiendo que era la única respuesta a sus dudas y, después de unos segundos en silencio, la vio asentir como respuesta dejándolo aún más desconcertado. - ¿Porque terminó con él si sus sentimientos por él no habían mermado?
-Porque sabía que era la única forma en que él podría encontrar su propio destino, que podría hallar la felicidad. Estar conmigo por injusto que pareciera solo sería retrasar lo inevitable.- Murmuró volviendo su mirada al cielo mientras pensaba en lo difícil que había sido asimilarlo en el proceso. ¿Cuantas veces se halló mirando al firmamento como en esos instantes intentando encontrar una señal que le dijera que aquello no era necesario, que valía la pena seguir luchando por ello? Hoy por hoy estaba más que convencida de que hizo lo correcto, que aquello debía ocurrir. Pero… el resultado no la había dejado satisfecha. Nunca se imaginó que aquello que parecía tan inevitable en ese entonces cambiaría de manera tan abrupta y repentina, que aquella persona que estaba parada a su lado con el mismo miedo que sintió aquella noche dibujado en el rostro, llegaría sin avisar y lo cambiaría todo. Por eso no le sorprendía que estuviera tan desorientado, que estuviera viviendo semejante infierno desde que lo descubrió. Debía estar muriendo de miedo ante la posibilidad de ganarse el rencor de alguien que implicó todo lo bueno en su vida y a quien, indirectamente había traicionado dos veces.
-Debes decírselo. Mientras más tiempo esperes, el resultado será peor, ¿no crees?- Señaló mientras colocaba su mano sobre el hombro de él y lo escuchaba soltar un enorme suspiro mientras asentía y apretaba sus puños hasta hacer blancos sus nudillos para detener el temblor que de repente llenaba su cuerpo. Era obvio que estaba aterrado, pero su lealtad era muchísimo mayor que su miedo y si había alguien a quien le debía toda la franqueza del mundo era a él, aún si eso implicaba perder su amistad para siempre.
"Ojalá y tengas mejor suerte que yo". Murmuró Kaho para sus adentros mientras volvía su mirada al cielo una vez más y veía el enorme lucero que se alzaba majestuosamente sobre el firmamento y que tenía un fulgor similar a aquella noche, a la noche en que se dio cuenta de que el perdón de Touya era un bien que jamás alcanzaría.
-¿Me concederías está pieza como regalo de bodas?
No pudo evitar ensanchar su sonrisa al ver la sorpresa dibujada en el rostro del moreno ante su proposición. Tal y como esperaba esté le dejó la mano con la que lo invitaba extendida mientras parecía preguntarle con la mirada si aquello acaso era una broma. Sonrió algo divertida. No sólo no era una broma si no que no que no aceptaría un no por respuesta.
-Vamos Touya no puedes rechazar una invitación de la novia. Te prestaré a mi esposa un rato.- Escuchó comentar a Eriol un poco más atrás de ella igual de sonriente, y intentando colaborar con su ahora esposa en lo que planeaba extendió la mano a Sakura para que bailara con él y le dio una sonrisa de medio lado a Shaoran que gruñía de pura costumbre, a pesar de que sabía que él no tenía ningún tipo de interés en su novia y los demás ocupantes de la mesa los miraban algo divertidos desviando su atención del moreno que aún miraba a la pelirroja con una expresión que iba de la incredulidad a la indignación. Lo vio dirigir su mirada a Yukito, como si le suplicara que lo salvara de aquello, pero, como era de esperarse de el gentil y calmado sujeto, este solo se limitó a regalarle una sonrisa mientras le recordaba que efectivamente rechazar a la novia en su propia boda sería poco amable.
Lo escuchó soltar un suspiro lleno de resignación y entonces lo vio ponerse de pie de mala gana y tomar su mano para prácticamente arrastrarla a la pista, juntando su mano derecha a la de ella mientras la posaba la otra en su cintura casi sin tocarla.
-Vamos Touya, no seas tímido. No tienes que estar tan lejos de mi. Esa no es la manera en que me tomabas cuando bailábamos. - Señaló mientras veía a Touya tratar de mantener la mayor distancia posible con ella, como si su simple cercanía lo quemara.
-Eso era porque en ese entonces éramos pareja. Ahora estás casada con un hombre con cara de pervertido. Así que no debería ni siquiera bailar contigo, es más ni siquiera debiste invitarme a esta boda.- Gruñó él como de costumbre dejando claro que no estaba allí por gusto, si había aceptado aquella invitación era solo porque su no asistencia podía malinterpretarse.
-El que esté casada no quiere decir que no podamos compartir un baile, de hecho ambos sabemos que te encanta bailar y que eres muy bueno en eso.
-Estás hablando del antiguo Touya. Ese mocoso murió hace más de 8 años.
-¿Estás seguro? Yo apostaría a que está por ahí escondido esperando que llegue el amor de su vida a sacarlo.- Aseguró sin borrar su sonrisa, notando como él se detenía bruscamente mientras la miraba indignado por sus palabras.
-El amor de mi vida estaba sentado en esa mesa junto a mí por si no lo habías notado.- Comentó irritado, sintiéndose ofendido de que aquellas palabras salieran de su boca. Era obvio que escucharla hablar del amor le causaba un gran malestar, que casi sentía como si se burlara de él, de el tiempo en que él la consideró a ella el amor de su vida. Cosa que no podía estar más lejos de la realidad.
-Lo siento Touya, no te enojes por favor. No estoy aquí para que discutamos. Sólo… quiero tener una conversación contigo. - Aclaró con rapidez a la vez que daba varios pasos hacía él y volvía a extenderle su mano a modo de tregua mientras él daba un paso hacía atrás con el ceño fruncido. Lo último que quería era que las puertas del diálogo se cerrarán entre ellos tan pronto, cuando ni siquiera había conseguido introducir el tema verdaderamente importante, aquel que la había motivado a acercarse a él y tener una conversación tan engorrosa en un día tan especial como el día de su casamiento. Cada segundo que tardara en decírselo empeoraría las cosas.
El moreno miró a su alrededor y sintió las miradas de todos sobre él ante aquel desplante que le hacia a la novia y sintiéndose avergonzado, aceptó la mano que le extendía la pelirroja y se dejó guiar por ella a un pequeño balcón situado lejos de la algarabía de la celebración, zafándose de su agarre tan pronto estuvieron a solas en aquel lugar caminando hacía el barandal de aquel balcón. La fría brisa nocturna golpeaba su rostro mientras descansaba sus manos allí y dirigía su mirada al horizonte contemplando el hermoso espectáculo que se desataba frente a sus ojos, la pugna entre la magnificencia del cielo repleto de estrellas, coronado con una hermosa luna llena y las luces de el enorme Tokio que se alzaban soberbias intentando igualar su fulgor. Era un espectáculo tan fascinante que uno pudiera quedarse toda la noche solo contemplándolo, pero la amargura e incomodidad de su corazón le impedían disfrutar de aquella hermosa escena seminatural.
-¿De que es lo que quieres hablar Kaho?- Indagó con acidez mientras se volvía hacía la pelirroja y sus ojos cafés se volvían fríos e indiferentes, haciendo un contraste amedrentador con las luces a su alrededor.
Kaho apretó sus labios intentando no sollozar de dolor. Era desconcertante que aquellos ojos que habían brillado con tanto amor hacia ella en el pasado ahora la miraran con tanta aversión. Había más oscuridad en sus cuencas que en la noche misma, pero no podía dejarse amedrentar por ello.
-¿Recuerdas la última profecía que te di?- Indagó intentando volver a su fachada calmada y gentil, notando al instante como el rostro de él se deformaba en una expresión llena de ironía.
-¿Cómo olvidarlo? Fue la "excusa" que usaste para dejarme.- Comentó él con sorna haciendo énfasis en la palabra que describía lo que él estaba convencido había sido aquellas palabras de despedida.
¿Cómo era posible que pensara aquello de ella? ¿Qué creyera que se había inventado aquello para salir airosa de su relación? Había pensado tantas veces en cual era la mejor forma de hacerlo, había puesto todo su empeño en no ceder a las lágrimas mientras intentaba explicarle y convencerse a sí misma de porque hacía aquello. ¿Acaso no vio la manera en evitaba su mirada? ¿En que su voz luchaba por no quebrarse en aquellos instantes? Pero debía mantener la calma no podía derrumbarse en aún.
-Se que te pareció sólo una excusa, pero era la verdad Touya. Sabes como funciona eso de las premoniciones, yo… intenté resistirme al principio pero luego no tuve otra opción que colaborar con aquel carril de sucesos.
-¿Ah si? ¿Y que soñaste Kaho? Mi cara de estúpido cuando me dijiste que te ibas tan repentinamente o mejor aún tu encuentro con tu actual esposo.
- Un poco de lo segundo, pero también soñé acerca de ti. De tu encuentro con el amor de tu vida.- Respondió calmadamente mientras procuraba no mostrar el dolor que le causaban los reproches de Touya, con el objetivo de redirigir la conversación hacía la parte que quería tocar originalmente.
-¿Con Yuki, querrás decir?
-No. Con el verdadero amor de tu vida.- Aclaró sintiendo al moreno intentando reprimir las ganas que tenia de marcharse y dejarla sola allí. - ¿Quién se supone que era entonces?
-No lo sé, no pude ver su rostro.
-¿Y porque afirmas que no era Yuki?
-Porque no conociste a Yuki hasta varios años más tarde y en mi profecía conocías esa persona esa misma noche en que terminamos. Tal y como te dije cuando volviéramos a vernos estarías enamorado de otra persona y yo también.
-Exacto. Y cuando nos vimos otra vez, después de tres años yo estaba enamorado de Yuki.
-Touya… nos vimos de nuevo muchísimo antes de eso. Justo el día después de que terminamos. Yo me marchaba al aeropuerto y cuando pasé frente a tu casa, tu estabas justo ahí.
El moreno no pudo evitar sentir que su corazón se agitaba al recordar aquello. Era cierto, la vio en aquel auto mirando por la ventana y por un segundo sus miradas se encontraron, pero él estaba tan disgustado que fingió haberla ignorado. Ahora que lo pensaba, había otra persona a su lado conduciendo, y esa persona… esa persona justo era…
-Eriol. Eriol estaba junto a mi en el auto. Después que te fuiste de el templo nos conocimos. Por eso se supone que esa persona… esa persona debió encontrarse contigo justo esa noche.
-¿Quieres convencerme de que mi destino está atado a una persona que conocí hace más de una década, en un día de feria en que medio mundo estaba aquí en Tomoeda y ni siquiera eres capaz de decirme quien o como era esa persona? Solo esperas que crea que mi pareja no lo era.
-Estaba de espaldas en mi premonición, por ello apenas pude ver que llevaba un kimono floral y un cordón atravesaba su cien presionando su pelo corto y oscuro por lo que debía tener una máscara sobre su rostro. Estoy segura de que si intentas hacer memoria vas a recordarlo, viste a esa persona aquella noche, ustedes…
-Lo lamento pero no recuerdo a nadie que me encontrara aquella noche.- Interrumpió Touya mientras su rostro que hasta ese momento estaba lleno de indiferencia dejaba ver un profundo dolor, uno que dejaba en evidencia lo mucho que aun le afectaba recordar lo ocurrido aquella fatídica noche en la que en lo posible trataba de no meditar. - ¿Sabes que si recuerdo? Que vagué durante horas por media Tomoeda porque estaba desconcertado y dolido, que estuve solo durante toda aquella noche hasta que me resigné y dejé de llorar de frustración. Todo por que la mujer a la que amaba con toda mi alma no le importó abandonarme escudándose en su estúpida premonición. – Era la primera vez que escuchaba la voz de Touya luchar por no quebrarse, que lo escuchaba pausar tan abruptamente para evitar que su fortaleza se fuera por el caño. ¿Cuantas veces había evitado los mismos lugares, los mismos escenarios? Lo hacía porque no podía con aquel recuerdo, no era capaz de tolerar pensar en la vulnerabilidad de si mismo en esa situación, de pensar en cómo sentía su corazón desquebrajándose con cada paso mientras corría bajo la lluvia. - ¿Sabes lo que habría hecho yo si me hubiera tocado estar en tus zapatos, si hubiera visto que nuestros destinos estaban separados? Hubiera luchado contra el mismísimo destino para quedarme contigo, me hubiera importado un comino lo que dijeran las estrellas, el hilo rojo o lo que sea que nos separara, lo hubiera hecho porque te amaba, porque te amaba con mi vida. Pero era obvio que tu no sentías lo mismo por mi. Que yo no era verdaderamente importante para ti. Así que tampoco tienes derecho a poner en duda la relación que tengo ahora con alguien que se ha quedado conmigo a pesar de todo. De hecho te agradecería que jamás volvieras a hacerlo.
La intensidad de su mirada mientras la veía aguantar los sollozos con sus manos sobre sus labios agujereaba su corazón, ni siquiera era capaz de defenderse ante sus reproches, había evitado pensar en todo lo que aquello le había dolido a él, en que había sido de él después de desearle lo mejor antes de partir del templo, pero ni siquiera sus peores conclusiones se comparaban con la desoladora imagen que le daba el relato de él, lo había destrozado, le había hecho demasiado daño, sus intenciones no eran malas, solo quería que él fuera feliz, pero aún así si tal y como él decía aquella persona jamás había aparecido tenía todo el derecho a guardarle rencor por abandonarlo, por romperle el corazón. Si tan sólo lo hubiera sabido, si tan sólo hubiera sido consciente de ello…
Lo vio darse media vuelta para marcharse, para dejarla sola y en un momento de lucidez recordó lo que originalmente había querido hacer. No tenía tiempo para lamentarse por lo que había ocurrido, por lo que no podía remediar. La salud emocional de Touya estaba en juego una vez más y esta vez… está vez si evitaría que lo tomara desapercibido. Extendió su mano y tomó el borde de su camisa provocando que él se detuviera y antes de que él siquiera pudiera darse la vuelta para exigirle que lo soltara tomó aire en sus pulmones y soltó de un solo golpe y sin más introducciones aquello que necesitaba advertirle.
-En un futuro no muy lejano, cuando las hojas de los árboles se vuelvan doradas y la fría brisa invernal comience a sentirse a tu alrededor, la persona que hoy consideras el amor de tu vida se unirá a alguien más de forma permanente. Cuando eso ocurra, quiero que intentes mantenerte en pie, que no dejes que eso te derrumbe, eso no tiene porque significar el final, tal vez sólo un nuevo inicio, el inicio que debiste tener desde el principio. En ese momento confío en que la encontrarás y… deseo que sientas tanta dicha que por fin seas capaz de perdonarme.
Se quedó observándolo mientras él permanecía de espaldas con los puños cerrados. Sabía que aquello era demasiado para asimilarlo así por así, para aceptar que lo que él conocía hasta ese momento pronto llegaría a su final pero era necesario decírselo, debía estar prevenido. Todo cambiaría muy pronto y jamás se perdonaría si se quedaba callada, aunque eso significara que él la odiara aún más.
- Felicidades por su boda, Señora Hiragizawa.- Lo escuchó soltar como única respuesta mientras comenzaba a caminar para irse y no pudo hacer otra cosa que soltarlo mientras recordaba aquella despedida y el dolor que sintió después, a partir de aquel día sabía que no podía siquiera esperar que la tratara de manera cordial como lo había hecho hasta entonces, acababa de romper por completo el delgado hilo que los unía y ya no había vuelta atrás. Dio varios pasos adelante deteniéndose cuando estuvo a punto de atravesar la puerta y apoyó su cabeza del umbral mientras lo observaba dejarse caer en la mesa en la que había estado y tomar de un solo sorbo el contenido de una copa mientras su rostro se veía realmente perturbado como si estuviera luchando entre la incredulidad hacía sus palabras y el miedo de que no se estuviera equivocando. Era la segunda vez que lo veía tan conmocionado y realmente le dolía ser la culpable de ello.
-Querida ¿estás bien? ¿Cómo fue todo? – Escuchó preguntar a su lado y al levantar la mirada pudo ver a su esposo quien se acercaba preocupado a ella, mientras la abrazaba al notar como sus ojos yacían enrojecidos por las lágrimas que había derramado. Estar entre sus brazos siempre conseguía tranquilizarla y hacerle sentir que sus problemas no eran tan grandes como creía. En verdad no tenía idea de que sería de ella si él no la hubiera consolado aquel día, si, con aquella amable sonrisa no le hubiera ofrecido un pañuelo mientras lloraba sentada en los escalones de la entrada del templo y como si se hubieran conocido de toda la vida hubiera musitado aquellas palabras que eran su norte en aquellos momentos.
"No existen las coincidencias, solo lo inevitable". – Era inevitable que encontrara a Eriol, que Touya la odiara y que Yukito terminaría de alguna extraña manera con Nakuru. También debía ser inevitable que Touya encontrara el amor que se había perdido en las lagunas del tiempo, así que confiaba en que pronto la hallaría. Todos tenían derecho a tener un nuevo comienzo y esperaba que el de Touya no tardara en llegar.
Y aquí está un capítulo más. Hay muchas cosas cocinandose en este que determinaran el desenlace de los próximos.
¿Qué será eso que oculta Yukito? ¿Qué tan importante es la profecía de Kaho en todo esto? ¿Acaso aquella simple declaración de Touya será suficiente para que este par de chicos tengan un futuro juntos? ¿La información que tiene Kurogane influirá de alguna forma en todo esto?
El próximo capítulo responderá estas y más preguntas, así que estén atentos. Saben que sus comentarios siempre son bien recibidos.
Att: Brie97
