XIX

El Destino De Una Sỹdixx


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Eros y Athena arquearon las cejas al mismo tiempo cuando Agasha, en vez de irse una buena vez de ese asqueroso sitio, teniendo el alma de Albafica de Piscis con ella, decidió seguir a Perséfone hasta la puerta gruesa de metal negro y grabados antiguos.

―Espero que sepas en dónde te estás metiendo ―musitó Eros con cierto deje de diversión.

Los Santos por su lado no comprendieron qué significaba esa expresión.

―Esa puerta ―masculló Kardia―, ¿a dónde lleva?

―Si mapa metal a escala no me falla, esa la entrada a los Calabozos Profundos —dijo Eros sabiendo que no se equivocaba—. Ahí donde Hades tiene prisioneros a muchos héroes caídos y otro tipo de criaturas que le ayudan a mantener el Inframundo, usando sus cosmos como el combustible principal. Entre ellos está… —inhaló profundo—, Érebo.

―¿Érebo? ―Manigoldo arqueó una ceja—, ¿y ese es…?

―La oscuridad y la neblina ―susurró Asmita.

—Efectivamente. Érebo es tenido como la presencia de la oscuridad y la neblina, su poder atrapado en el Inframundo es necesario para ejercer más presión negativa sobre los condenados impidiendo que cualquiera guarde siquiera la más mínima esperanza de poder salir. De hecho, podría ser un dios primario lo suficientemente fuerte para llevarse entre los pies a Hades, Poseidón y Zeus. Sin embargo, se dice que él (a diferencia de muchos otros bastardos) es pacífico y no le gusta de llevarse a nadie entre los pies. Una verdadera lástima dado su grandioso poder.

―¿Cómo fue que Hades pudo capturar a alguien así? ―se preguntó Regulus impactado.

―Ya lo dije, Érebo es pacífico. En un acto estúpido, él quiso ser intermediario en una tregua entre él y Athena, pero Hades no es alguien con quien puedas hablar sin antes blindar tu espalda.

Dohko hizo una mueca previendo lo que estaba a punto de oír.

―Hades lo capturó cuando Érebo le dio la espalda.

―Así es. Pero el problema no es Érebo, sino el hecho de que él es el esposo de Nyx.

Kardia, Manigoldo y Regulus abrieron las bocas, completamente impresionados.

―El motivo por el que Nyx no ha matado a Hades es porque Érebo se lo ha pedido y porque en el fondo ella siempre ha temido hacerle daño a su esposo en un intento propio por sacarlo de ahí. ¿Se imaginan lo que Nyx hará una vez que Érebo sea libre?

Shion miró preocupado la imagen de Agasha.

Después de absorber el alma de Albafica, no sólo el semblante de Agasha había cambiado sino también la armadura. Donde antes su trasero estaba descubierto ahora se hallaba perfectamente protegido por la armadura que pareció haber comido desde las piernas y su torso hasta cubrir por completo su piel. Los guantes se habían extendido hasta los hombros también.

Su cuello y cara eran lo único que veía afuera pues el casco aun lo llevaba puesto.

En las botas que usaba, se asomaban tacones de 12cm. Su cabello estaba amarrado en una trenza que caía por su espalda… y podían llamarlo loco, pero Shion podría jurar que la melena de Agasha no era tan oscura.

―¿Por qué la apariencia de Agasha acaba de cambiar?

Sin un pelo de estúpido o ciego, Eros suspiró maldiciendo que los humanos se hallan dado cuenta de eso también.

―Esa armadura no es normal, cállense y miren.

Luego de llegar a la puerta negra, Agasha como Shion se había percatado de sus cambios, sin embargo, ella no hizo caso alguno. Su misión estaba primero que sus dudas.

―Recuerda bien, por nada del mundo debes pronunciar el nombre de tu amado hasta llegar a los límites de este mundo con el mundo humano ―le dijo Perséfone con seriedad―. Y ese collar que tienes, dáselo a Érebo y él sabrá qué hacer después.

Agasha asintió.

―Entiendo.

―Entonces entra. ―La chica se metió en el espacio pequeño, justo para una persona―. ¿Preparada?

―Sí.

―Suerte ―de golpe, Perséfone se hizo para atrás y las puertas se cerraron con fuerza.

Ella no sintió nada, sólo supo que su mano empujó la puerta por sí misma y al fondo no pudo ver más allá de su propia nariz. En vez de la diosa y su palacio, Agasha se encontró cara a cara con el pozo más profundo de los dominios de Hades. El más oscuro y por todos los cielos, el más frío.

Cerró sus ojos sin alterarse. Sabiendo que Albafica estaba seguro con ella, Agasha confió en sus habilidades para cruzar el páramo negruzco.

Tú puedes… tú puedes hacerlo.

Apretó las manos ejerciendo presión en sus ojos y al abrirlos, las cosas fueron claras.

Reacomodándose en su asiento, Eros silbó.

―Oh rayos.

―¿Qué demon…? ―se alarmó Shion mientras sus colegas trataban de comprender por qué Agasha…

―¿Qué fue lo que le ocurrió a sus ojos? ―señaló El Cid.

A diferencia de ella, ellos pudieron captar bien el momento en el que los ojos verdes cambiaron drásticamente a unos oscuros con brillos adentro de ellos, como si las estrellas viviesen ahí.

―Esto no es bueno —masculló Eros como si estuviese a punto de sufrir un fuerte dolor de cabeza—. No puedo creerme que esta chica esté a punto de convertirse en una Sdixx.

―¿Y eso qué se supone que significa? ―preguntó Dégel, dándole a entender al dios que nadie en la sala tenía idea de qué significaba esa palabra.

―Las Sdixx fueron en una época para Nyx, la equivalencia de lo que ustedes… ―los señaló a ellos con los ojos―, son para Athena.

―¿Santos?

―No ―espetó inquieto, pero no asustado―. Ni Santos, ni Espectros, ni Marinos. ―Eros suspiró―. Las Sdixx son aún más antiguas que Athena y que yo. En la Era Mitológica, ellas eran… el mayor dolor de culo de Zeus.

―¿En qué sentido? ―preguntó Asmita.

En la imagen, Agasha caminaba sin miedo entre la oscuridad, guiándose por quién sabe qué y sin embargo por sus movimientos gráciles uno podría pensar que sabía el camino de memoria o podía ver sin ningún problema en esa densa oscuridad.

―Las Sdixx eran las aniquiladoras de Nyx. Nacidas de las almas de mujeres humanas que en vida guardaron una gran pasión por la justicia. Aquellas elegidas, por su alto poder espiritual fueron llamadas Brdixx, su contraparte en la batalla eran las Sdixx.

Más de uno arqueó la ceja ante eso, ¿usar el poder espiritual de unas para qué? Y como si Eros leyese esa duda, la respondió:

—Nyx usaba a las Brdixx para alimentar su propia fuerza y la de sus Sdixx cuando se le daba la gana propagar el caos o combatir contra los ejércitos de la luz. Fuesen del Panteón que fuesen —Eros estrechó su mirada sobre Agasha—. Lo que apenas sé, es que sus mayores rivales eran los Hijos de Ra. Tenían un nombre más antiguo, pero ya no lo recuerdo.

—¿Ra? ¿El dios egipcio? —Regulus preguntó anonadado.

—Todos tenemos un pasado —masculló Eros—, y el hecho de que tengamos a Nyx, más aparte al Gran Fornicador como nuestro líder, y abuelo querido… más de una vez haya invadido los desiertos para buscarse amantes. Pregúntense por qué esos amantes del calor no han venido a exterminarnos a todos.

Analizando todo lo que acaban de oír, cada uno de los presentes tuvo sus propias dudas con respecto al tema.

―¿Cómo sabes que Agasha se está convirtiendo en una de esas "guerreras"? ―cuestionó Hasgard de Tauro.

―Por sus ojos, esos son los mismos de Nyx. Se decía que sólo las Sdixx y Brdixx los poseen por ser básicamente de su propiedad. Esa es su marca. ―Miró a Shion por encima de su hombro―. E ahí el porqué de la armadura.

―¿Qué quieres decir?

―Las armaduras de Nyx no son como las de ustedes… o cualquier otra que conozcan en la actualidad. Hablamos de un par de millones de años atrás —resopló irritado—. ¿Sabrán los Destinos de qué material están hechas? Lo que apenas he podido descubrir, es que estas se apropian de su portadora por completo cuando se le considera una verdadera Sdixx. Antes de que eso pase, más vale que ella suelte el alma de Albafica de Piscis donde debe hacerlo.

En la imagen Agasha magistralmente peleaba con su alabarda contra criaturas que parecían ser perros enormes que se confundían en la oscuridad y criaturas que parecían niños de aproximadamente 10 años con 1.22cm de alto, pero estos eran huesudos a lo grotesco, con cuchillos largos en vez de brazos y gritaban como gárgolas al intentar hacerle daño a la chica.

Cuando recién empezó y apenas iban saliendo del Mar de Sangre, todos se dieron cuenta de que Agasha luchaba como una novata con suerte. Ahora no hacía movimientos al azar o con miedo.

Algo estaba pasándole y no presagiaba ser bueno.

―¿A qué te refieres con que ella debe liberar el alma de Albafica antes dé? ―preguntó Shion, todavía no perdiendo su fe en Agasha.

―Porque las Sdixx se caracterizan principalmente por no poseer sentimientos humanos. Según la leyenda, ellas sólo sienten lealtad a Nyx y sus mandatos. Y quién sabe lo que pueda ordenarle Nyx una vez que el procedimiento se haya completado.

―Yo no entiendo ―Regulus hizo una mueca pensativa―, si esas Sdixx son tan fuertes y las Brdixx alimentan el poder de Nyx, ¿por qué ella no ha ido por Érebo?

―Porque Érebo se lo pidió.

―¿Y por qué?

―No lo sé ―chasqueó la lengua―, es una historia tan antigua que mi madre me la contaba antes de mandarme a dormir. Sólo sé que desde que Érebo fue aprisionado, las Sdixx y Brdixx han desaparecido. La teoría reza que Érebo y Nyx necesitan estar juntos para mantener siquiera a una con existencia. Y dado a que esa chica se está acercando hasta la prisión de Érebo en el hades con una armadura dada por Nyx, supongo que la teoría bien podría ser cierta.

Shion miró a Agasha acabar con el último de los perros-demonio sin siquiera inmutarse por la sangre que salpicó su vestuario. ¿Qué quedaba de la chica que entró temerosa al Inframundo y luego con valor se había enfrentado a los guardianes del círculo superior?

¿Y qué pasaba con el alma de Albafica? ¿Seguiría latiendo en el interior de Agasha recordándole quién era ella? ¿O había callado? Era difícil decirlo desde esta posición.

―A eso le agregamos que el arma que Nyx extrajo de ella, está mutando.

―¿Acaso no eran habilidades del arma? ¿Y cómo que Nyx la extrajo de ella? ―preguntó Shion un poco preocupado.

―Esa arma no viene con la armadura. Mis ojos me dicen que Nyx hizo esa alabarda con el espíritu de Agasha… ¿saben por qué ella debe confiar en su arma para que no se rompa? ―preguntó sonriendo.

Nadie respondió, pero lo sabían. Si esa arma había salido del alma de Agasha eso quería decir que si ella desconfiaba de sí misma su espíritu se quebraría por completo. Su voluntad se perdería y posiblemente lo que predecía Eros se cumpliría.

―¿Saben qué es lo peor?

―¿Hay algo peor? ―musitó Dohko viendo a su amigo de Aries cerrar los ojos con fastidio e impotencia.

―En el pasado, las Sdixx usualmente se arrancaban la lengua cuando eran puestas en este plano del universo. Todo porque tienen un gran defecto de fábrica y es que no pueden mentir ni tampoco guardarse verdades.

―¿Y eso qué tiene de malo? ―desligó Manigoldo.

―Oh nada, pero sería terrible que aun estando en el Inframundo, no sé, alguien malintencionado o un demonio con hambre le preguntase a una Sdixx que lleva consigo un alma humana por el nombre de esta. ―Alzó los hombros―. Es sólo una suposición.

Agasha estaba descendiendo por unas escaleras a los pisos inferiores. Ya había arrasado con una gran cantidad de enemigos y no lucía agotada, a pesar de no usar el poder del cosmos, los cambios en su estilo de lucha y su ya nula duda, eran preocupantes.

―En definitiva, es una Sdixx a punto de nacer, comienzo a pensar que los movimientos estúpidos de mi esposa… quizás fueron planeados ―susurró Eros viendo junto a los Santos cómo Agasha de pronto caía de rodillas sosteniendo su alabarda con fuerza.

En la imagen, la chica (elevando un cada vez más fuerte cosmos) gritaba agónicamente mientras la armadura iba apoderándose más y más de su portadora, deteniéndose hasta el mentón. El rostro de ella fue lo único que permaneció sin cubrir pues sus piernas y brazos fueron tapados por completo.

El casco se transformó en una esfera de luz que se elevó a un metro de la cabeza de la chica y soltó un resplandor rojo mientras el cabello de Agasha se teñía de negro azulado empezando por las raíces hasta las puntas. La trenza se desanudó y en vez de eso, un peinado elaborado digno de una reina, acomodó cada mechón de forma elegante e hipnótica, incluso se le había agregado un inocente fleco bien cortado a diferencia de cómo había llevado el cabello antes.

A su cabeza, se agregó una corona roja con forma torcida que simulaba una corona de espinas sin las mismas. Sól vueltas de un material desconocido que no parecía ser madera o metal.

De pronto, sobre aquella extraña armadura que ya más bien parecía ser una segunda piel oscura y gruesa, se hizo presente una larga toga transparente roja clara con adornos de oro sobre los hombros y por debajo de los pechos para ajustar la prenda sobre el cuerpo de Agasha.

Al final, la esfera de luz que había sido el casco, se dirigió al brazo derecho de Agasha transformándose en un brazalete rojo carmesí, más oscuro que el de la toga y la corona.

Hasta entonces, Agasha dejó de gritar. Ahora respiraba agitada y adolorida. Para cuando abrió los párpados, los ojos de la muchacha se mantenían con el mismo brillo místico que el de Nyx.

―He leído sobre esa porquería ―con asco, Eros señaló el brazalete con la mirada―. Nyx… ¿qué estás haciendo?

Eros quiso golpear su cabeza contra un muro, esa chica no sólo se estaba convirtiendo en una Sdixx, sino en una de las líderes.

Cuando buscó información, leyó que, en antaño y durante la Era de las Guerras entre Dioses, la orden de Nyx la conformaban 7 líderes Sdixx, cada una con un brazalete en su brazo de diferente color que muy por lo general dictaba el don en el que destacaban y por el cual eran seleccionadas para dirigir a otros cientos de guerreras. La única característica que se les dejaba portar al arrebatarles sus emociones, según había encontrado.

No sabía que tan cierta era esa información dado a que Nyx no hablaba al respecto. Zeus y los otros ancianos tampoco ayudaban en nada, quizás porque temían que volviese a levantarse un ejército parecido a aquel.

Eros había leído que los colores de los brazaletes eran importantes para saber cómo combatirlas. Verde (sabiduría), blanco (paciencia), azul (inteligencia), amarillo (piedad), plateado (lealtad), negro (templanza), rojo (destreza).

El rojo le preocupaba, porque se decía que la Sỹdixx que llevase ese color en particular, mientras más pelease y ganase, más y más de su humanidad perdería hasta el punto de ya no saber su propio nombre o sus valores iniciales. Terminaría convirtiéndose en una máquina que sólo viviría para cumplir las órdenes de su diosa, combatiendo por toda la eternidad, guiando el ejército de la oscuridad sobre el mundo.

Con Nyx y Érebo libres para arrasar con todos los que los lastimaron, toda amenaza creada por Hades o cualquiera de sus hermanos quedaría reducido a un simple juego de niños que ni Athena misma podría detener, aunque la vida se le fuese en ello.

Luego de esa pequeña caída, la muchacha prosiguió en su camino a donde el collar le dictaba que fuese. Esta vez se sentía más fuerte, ágil y confiada en que nada podría detenerla. Lo comprobaba con cada insecto que quitaba de su camino.

¿Agasha? ¿Puedes oírme?

Agasha terminó con un movimiento de alabarda a su último enemigo. Este sería el quinto piso que bajaba y aunque cada bestia que se le aparecía era fuerte, no lo sentía tal cual.

Su filo era capaz de cortar lo que sea.

Aunque físicamente… se sentía un poco extraña. Tocándose la cabeza, más precisamente la corona que se había puesto sobre ella, Agasha pensó en que quizás debería pararse a pensar en lo que le había ocurrido.

Pero su mente ya estaba lo suficientemente nublada para obedecer a su propio sentido común.

Agasha ―oyó a un hombre susurrar adentro de su cabeza otra vez. No hubo necesidad de que voltease.

Mientras bajaba las escaleras ella supo quién era.

―¿Se-señor… Al…?

¡No lo digas!

Dándose cuenta de que pudo haber cometido un gravísimo error, Agasha se cubrió la boca con sus manos aún si para ello tuvo que soltar su arma. Parpadeando rápido. Tan pronto como su corazón dio un vuelco, la oscuridad volvió a tapar su camino.

Se talló los ojos.

―¿Estoy volviéndome loca?

Te aseguro que no ―le susurró Albafica adentro de su cuerpo, o alma o lo que fuese―. Agasha, escúchame. Tienes que salir de aquí.

―No puedo ―susurró tomando su arma del suelo, suspiró convocando lo que sea que le haya dado la oportunidad de ver en la oscuridad y aunque le costó trabajo pudo conseguirlo―. Hice un juramento con la diosa Nyx. Salvaré a Érebo.

Es peligroso.

―Lo sé ―susurró pensando en que esto no lo hacía por ella, sino por él.

Y como agradecimiento a la diosa Nyx por haberle permitido ir por Albafica, Agasha salvaría a Érebo por ella.

Pronto llegó a un gran pasillo largo al horizonte lleno de neblina densa, con varias puertas de lado a lado.

Albafica no volvió a hablar y para su sorpresa, Agasha descubrió que así estaba mejor. No necesitaba a nadie diciéndole lo que ya sabía; sólo entorpeciéndola en su segunda misión. Convencida de que faltaba poco para terminar con su tarea, Agasha tomó el collar que le dio Nyx (ignorando los cambios en su guardarropa) y le musitó:

―Dime dónde.

Como si hubiese sido algo telepático, Agasha descubrió que la habitación que buscaba era la última.

Corrió sin parar hasta que, de una de las puertas, salió una enorme monstruosidad que la tecleó sobre una pared.

La roca no se deshizo ni tampoco pareció haberse aruñado, eso daba a entender qué tan fuerte era ese sitio y lo dificultoso que podría ser intentar salir de ahí.

Al alejar a la criatura de sí misma, Agasha descubrió que se trataba de una araña gigante. Debía tener un nombre que le identificaba aún dentro de su especie, pero eso no le importó. Igual caería bajo su alabarda.

―No tengo tiempo para lidiar contigo, abominación. Hazte a un lado o prueba tu derrota.

Agasha convocó su arma, casi al mismo tiempo esquivó el ataque de la araña la cual era una asquerosa telaraña negra que al ser expulsada con fuerza, se afianzó al piso como una flecha, luego claudicó y cayó al suelo como si fuesen cabellos.

Sin decirle nada, la araña comenzó a atacarla, hacerla retroceder y esquivar. Agasha descubrió que podía cortar la telaraña con su alabarda, pero la criatura no iba a dejarla acercarse tanto como para cortarla así que probó algo más. Hizo que la cuchilla fuese reemplazada por unos guantes color vino, extendió sus palmas y de ellas salieron bolas de fuego.

Esta vez fue el turno de la araña de esquivar.

Viendo su victoria cerca y una criatura horrible achicharrada, la extraña araña la detuvo ipso facto con su voz grasosa:

¿Cuál es el nombre del alma que cuidas?

Agasha se cubrió los labios cuando sintió su boca abrirse y su lengua moverse para contestar. Al hacerlo, la araña la volvió a teclear. Lanzándola hacia atrás de forma violenta, Agasha cayó de espaldas con su boca presionada fuertemente por sus manos.

¿Cómo es que estuvo a punto de decirlo?

Usando la mano izquierda para taparse la boca y la derecha para lanzar fuego del guante, Agasha trató de centrarse en su batalla y no en la preocupación que la asaltó.

¡Dime su nombre!

―¡Alb…! ―Agasha volvió a cubrirse con ambas manos su boca cuando esta vez su cabeza la traicionó, inclinándose hacia atrás.

La araña se rio con Agasha sobre ella.

Es por eso que las Sdixx, por mucho poder que tengan, son inútiles si mantienen la lengua siseó maliciosamente―, sus bocas siempre dicen la verdad, y tú no serás diferente. ¡Ahora dime su nombre!

Haciendo ruidos entre los dedos, Agasha gritó cuando sus propios dientes se encajaron en su mano izquierda para hacerla apartarse. Era como si su cuerpo estuviese traicionándola o moviéndose a voluntad de la araña. Sin embargo, sus instintos le decían que esa perfecta aberración no tenía nada que ver con esto.

―Alba…

Una ráfaga de viento helado se llevó a Agasha y a la araña a otra pared.

Al incorporarse rápido, la araña soltó un grito amenazante antes de desaparecer en humo gris.

―Su no… nomb… ―quedando de rodillas, de espalda arqueada y cabeza hacia abajo; hasta casi tocar el piso con la frente, Agasha prefería meter sus cinco dedos adentro de su boca antes de seguir esa oración.

Ignorante de que a pesar de que la araña se haya ido, no estaba sola, seguía intentando tener el control sobre sus labios y lengua.

«No» pensaba constantemente. «¡No lo digas!», estaba comenzando a llorar por creer que diría el nombre del señor Albafica en ese hueco, cuando de pronto sintió una mano masculina sobre su coronilla.

Libera.

La lengua de Agasha se dejó de mover, sus labios también y sus manos temblorosas finalmente pudieron apartarse de su boca. Respiraba con agitación, su corazón apenas estaba recuperándose del susto que se había llevado al creer que iba a joderlo todo porque por alguna razón que desconocía a su lengua se le daba bien moverse sola ante las preguntas de criaturas feas y asquerosas.

Al enderezar su espalda hacia arriba y mirar todavía de rodillas a quién la había auxiliado, la quijada de Agasha cayó al suelo por ver a un hombre sumamente apuesto, sensualmente exquisito, parado frente a ella.

Alto, posiblemente de dos metros completos y un poco más, fornido de los hombros y espalda, con ojos plateados con un brillo dorado y brillante piel oscura como la de la señora Nyx. El cabello de este caballero era negro azabache, ondulado con las puntas rozándole pecaminosamente sus finos pectorales, perfectamente acomodado sobre su estoico rostro para dar una pinta perfecta de tipo malo-patea-traseros.

Aunque el hombre era sumamente apuesto no fue eso lo que hizo que Agasha chillara tapándose los ojos, sino el hecho de que el tipo estaba completamente desnudo. Y ella lo primero que vio de él siendo que la chica estaba arrodillada, fue… bueno, mejor no hablemos de eso.

Sólo podía decir "wow".

Cuando Agasha lo oyó reír pensó que él la mataría. Si su sola presencia bastaba para espantar a la araña de hace unos instantes, mejor no indagar en lo que podría hacerle si es que lo había insultado.

Algo en sí misma le ordenó mantener respeto hacia ese magnífico ser.

―Disculpa si te incomodo ―su voz varonil como madura la hizo hiperventilar. Definitivamente, ningún hombre entrado en mediana edad sonaría como él―. No suelo recibir visitas y la ropa me estorba.

—Se nota —dijo bastante nerviosa sin poder detenerse. Esta vez cerró fuerte los párpados y se tapó la boca tan bruscamente que se hizo daño. El hombre se volvió a reír.

Escuchó cómo él se alejaba, y con el sonido de sus pies descalzos hubo también el siseante susurro de una tela. Pero ya no estaba segura de nada. Realmente no estaba acostumbrada a ver hombres desnudos tan… wow… justo enfrente de ella. ¡Genial! Ahora ya se estaba maldiciendo por haber perdido la virginidad en medio de la maldita noche.

«¿Qué diablos me pasa?» enrojeció hasta casi llegar al tono de su toga, temiendo inmensamente que Albafica hubiese podido oír esos impuros pensamientos que le involucraban.

―Levántate, niña ―ordenó el hombre, interrumpiendo su tortura psicológica.

―¿Y-y-ya e-e-está ve-ve-vestido? ―preguntó sintiéndose sumamente patética.

―Ya estoy vestido ―lo sintió tomar el collar de Nyx para hacerla levantarse cuando él lo sujetó. ¿En qué momento se había vuelto a acercar tanto?

―¡Auch!

Sin explicarle nada, el extraño arrancó el collar de su cuello. Al abrir los ojos, Agasha lo descubrió con una toga grande color gris cubriendo su desnudez. Él sostenía de forma casi poética la piedra bajo su nariz, aspirando con fuerza como si pudiese oler algo que nadie más podía.

―Nyx ―suspiró él, sonriendo soñador―. Hermanita tonta.

―¿Hermana?

―Nyx es mi esposa ―la miró con picardía―, y mi hermana también.

Aunque le incomodaba enterarse eso, Agasha sabía que no era nada anormal entre dioses emparejarse con sus familiares. Zeus y Hera también eran hermanos, Hades y Perséfone eran tío y sobrina, y esos eran sólo unos ejemplos, los más notables de hecho. No tenía por qué replicar ni juzgar, aunque para los seres humanos, el incesto sea algo espantoso y muy mal visto. Algo aberrante y asqueroso. Pero para los dioses, aquello era algo tan común que hasta parecían enorgullecerse de ello.

―¿Nyx te pidió que me lo dieses cómo para qué? —la miró fijamente, manteniendo en su mano derecha el.

―N-no lo sé ―respondió rápido y sin tantos tapujos―. Sólo me dijo que se lo entregase. Usted es Érebo ―musitó sorprendida por lo poco que había pensado en su respuesta.

―Así es ―suspiró decepcionado―. Le dije que no intentase nada para sacarme de aquí.

―¿Pero por qué? ―quiso saber Agasha, herida por la soledad que la diosa emanaba―. Ella lo ama y lo extraña.

―Si regreso, es posible que quiera crear a un ejército de Sỹdixx. ―Refunfuñando puso el collar sobre su cuello y miró a Agasha―. Ya empezó contigo.

―¿De qué está usted hablándome?

―¿No lo sabes? Oficialmente ya eres una de las Sỹdixx de mi esposa. La primera en siglos.

Eso no significó nada para Agasha.

―Disculpe si no lo comprendo.

Antes de que el dios pudiese decir nada, Agasha sintió un fuerte cosmos atrás de ella. Uno que le provocó terror como admiración, tanto así que su cuerpo reaccionó por sí mismo, bajando una rodilla, poniendo el brazo sobre la pierna flexionada y bajando la cabeza con respeto.

«Auch» articuló dolorosamente en su cabeza ya que su boca… se selló a sí misma, «qué sabía eres» le dijo a su boca con ironía. Cerrarse con aquellos que podrían ser sus aliados y moverse sola frente a enemigos.

―¡Ni se te ocurra! ¡Érebo!

Boquiabierta, Agasha levantó la vista para admirar a la diosa Nyx caminando galantemente hacia ellos. Aunque también se veía muy consternada al ver a su esposo. Él no se inmutó ante su presencia, aunque en sus ojos hubiese una chispa de anhelo.

―¿Qué haces aquí, Nyx? ―preguntó él fríamente, encarando a la mujer.

Ahora que Agasha los veía, ellos dos se parecían mucho. Ambos eran de piel oscura, altos, exquisitos, sumamente poderosos y no se tenía que ser un genio para saber que aún separados eran temidos por sus congéneres con mucha razón.

Sin embargo, lo que había en la cara de la diosa, era estupefacción. Luego vino un segundo en el que pareció estarse quitando una venda de los ojos.

―¿Qué hago yo? ―Nyx se pasó una mano por la cara―. ¡¿Qué hago aquí?! ―lo miró resentida, casi histérica―. ¡¿Tú qué haces?! ¡¿Has tenido libertad todo este tiempo?! ¡¿No estabas encerrado acaso?! ¡¿No sufrías?!

El enfado no era equivalente al dolor en la voz de la diosa. Ya viéndolo así, era cierto, ¿cómo es que el dios podía vagar libremente por los Calabozos Profundos y no estar amarrado con cadenas en una de las celdas? De hecho, se veía saludable, en forma, perfectamente bien o lo que le siguiese.

En dichas condiciones no debería ser difícil para él irse si así lo quería.

Ante su reproche, Érebo desvió la mirada.

―No debo salir de aquí, mi presencia es indispensable.

―¡A la mierda con eso! ―luego de inhalar y calmar su tono, dio dos pasos atrás completamente confundida como ofendida, entristecida―. ¿Por qué? Después de todo lo que yo he sufrido por tu ausencia.

Agasha recordó que Perséfone había dicho que ella no podía liberar a Érebo. ¿Acaso ella sabía que el dios, para empezar, no estaba ahí en contra de su voluntad?

―Nyx… ―él acercó una mano para tocar su rostro, pero ella dio otro paso atrás.

Incómoda, la chica quiso irse y darles privacidad, pero ella misma se vio imposibilitada para mover un solo dedo como si con eso pudiese romper la atmósfera pesada que se había formado. De pronto, Agasha sintió sus propias lágrimas silenciosas cuando vio a Nyx derramar las suyas con dolor. Mucho dolor.

―¿Me temes? ―le preguntó Nyx con una voz susurrante, incomprendida, destrozada por dentro―. Como todos los otros… ¿te alejas de mí porque me temes?

―Tú sabes que me importas más que cualquier otra cosa en este mundo y en otros.

―¡¿Entonces qué es esto?! ―dio un fuerte pisotón―. ¿Por qué me has estado engañando durante tantos años? ―gimió por el dolor que sufría su corazón, ese que ella le había entregado a Érebo hace eones.

Érebo suspiró, luego miró a Agasha y volvió su mirada a Nyx.

―Porque no planeo ser usado por ti otra vez.

Nyx se sorprendió tanto como Agasha. ¿A qué se refería?

―¿Usado? ―sin dejar de llorar Nyx sonrió anonadada, consternada, desubicada―. ¿Yo… te he usado?

―Dime que la última cosa que siempre has tenido en la cabeza adherida al deseo de sacarme de aquí es crear nuevamente a tu ejército de Sỹdixx y volveré contigo.

La joven florista no tenía idea de qué significaba eso de Sdixx, pero por el modo en el que Érebo se expresaba de esa palabra y los gestos agrios de Nyx al oírla, ella tuvo que prepararse mentalmente para lo peor. Incluso creyó que, en un arranque de ira, la diosa expulsaría su potente cosmos mandándola a ella y a Érebo a besar la pared.

Eso y contando que ya había despertado al conocimiento de que su armadura había cambiado de apariencia y ni siquiera le había importado. ¿Y desde cuándo tenía visión nocturna? Agasha temía que Érebo se estuviese refiriendo a esos cambios en ella, como si la palabra Sdixx fuese para referirse a un fenómeno mutado.

¿Y acaso él dijo "ejército"?

―¿Crees que sólo por eso quería volver a estar contigo? ―gruñó Nyx enfadada―. Claro ―ironizó chasqueando la lengua―, que fueses mi esposo y mi hermano no tiene nada que ver; qué haya querido descuartizar a Hades por "aprisionarte" me hace muy mala persona, ¡una tirana! También que haya dejado a la humanidad en paz para que sean Hades y Athena sean quienes hagan guerras sin sentido mientras yo me pudro en soledad… pues ni mis hijos se acuerdan de mí.

La diosa sonrió, sus lágrimas no habían parado de salir.

―No te mentiré, porque sí, sí lo pensé. Pensé en que regresarías conmigo para formar el ejército que Zeus en colaboración con Hades, destruyó. Pensé en que, como yo, deseabas tomar venganza contra Hades; y que después volveríamos a alzar nuestras espadas en contra de nuestros enemigos. Y lo peor, pensé que querías volver a estar conmigo ―gruñó cerca de la cara de su esposo―. Fui demasiado ilusa. Me equivoqué ―se separó de él―, ¡no soy una ramera a la que puedas llenas de ilusiones y luego marcharte! ¡Soy Nyx, una divinidad más antigua que el tiempo! ¡Una diosa mucho más fuerte que tú! No voy a rogarte. Y si te acomoda mejor, pensaré que ya estás muerto. ―Alzó la cara orgullosa―. Lamento haber perturbado tu… ―echó una mirada asqueada por el pasillo lleno de puertas―. hogar.

Entonces desapareció en humo negro.

Agobiada aún por las emociones que Nyx le trasmitió, Agasha miró entonces como Érebo cerraba los ojos, lentamente.

―Siempre ha sido temperamental y dramática ―dijo él sin más―. ¿Sabes? Me dolería todo lo que ha dicho, de no ser porque eso mismo me dijo hace dos mil años cuando me dejé aprisionar.

―¿U-usted se…? ¿Pero por qué?

―¿Acaso no la oíste? Por sí sola, Nyx es mucho más fuerte que yo, que Zeus, que Hades y que Poseidón. Tenerme a su lado sólo alimenta nuestras fuerzas, lo que ella aprovecha bien para crear seres como tú.

―¿Disculpe?

―¿No te has dado cuenta, verdad? A medida de que combates, la Armadura de Elecea te va aceptando como su ama. Serás el renacer de sus Sdixx.

―Y es ahí donde me confundo. ¿Qué es Sdixx?

―Guerreas inmortales al servicio de Nyx.

―¿Inmortales?

―Al ser almas separadas de sus cuerpos, acabar con una de ustedes no es fácil. Ni siquiera los Santos Dorados, Espectros o Marinas podrían hacerles frente. Por si acaso, sólo dioses como Athena, Ares, Artemisa y cualquiera que haya sido concebido para la guerra, usando un arma para inmortales fabricada por Hefestos… y sólo con suerte, así podrían vencer.

―¿Está diciéndome que yo me convierto en una…? ¿Por qué?

―Usas la armadura consagrada a Elecea. Una bestia oscura cuya piel es impenetrable, cuando ésta te haya hecho olvidar tu humanidad; tu voluntad pertenecerá sólo a Nyx. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo?

Pensativa, Agasha no pudo oír bien la alerta impuesta por Érebo tal cual lo planteaba, como una maldición, sino como algo más bien benéfico.

En su cabeza sólo se hallaba la posibilidad de ser útil cuando los Santos Dorados se encontrasen en problemas; dejar de ser la indefensa aldeana estorbosa para pasar a ejercer como una verdadera guerrera. ¿Y cómo no serlo? Había acabado con un sinfín de monstruos del Inframundo en poco tiempo. Es más, ¿qué era el tiempo aquí? Posiblemente haya estado peleando por años en el mundo humano y ni siquiera lo haya percibido.

Pocas veces en su miserable existencia Agasha se sentía alguien importante. Pensar en ser una guerrera de alto rango le daba aires de superioridad que nunca pensó que tendría. Dirigir un ejército completo… se oía muy bien.

―¡Oye, despierta! ―Érebo chasqueó los dedos frente a su cara―. Escúchame. Tienes que salir de aquí, libera el alma de Albafica de Piscis y la tuya. No te aconsejo que tomes el trabajo que Nyx te ha dado sin decirte antes los riesgos.

―¿Cuáles riesgos? Soy más rápida, ágil y fuerte. Inmortal. ¿Qué hay de malo en ello?

―¿Qué tal ser una marioneta a órdenes de Nyx por toda la eternidad?

De acuerdo… eso sí era para preocuparse. Pues sin su voluntad cómo podría ayudar a los Santos y todo Rodorio si no iba a… pero, por otro lado, ¿quién iba a necesitarla a ella?

¿Y qué tal si hablaba con Nyx? Cabía la posibilidad de que la diosa le permita conservar su esencia humana si Agasha insistía.

Por otro lado, ¿qué caso tenía regresar al mundo humano como una insignificante florista cuya vida no quitaba ni daba nada a la causa de los atenienses?

Su mente entonces le jugó sucio.

Albafica no la amaba. No tenía padres ni hermanos. Su única amiga casi nunca la visitaba por estar trabajando y con sus hijos. Y hablando de trabajo… el suyo…

¿Cómo podríamos comparar ser una simple florista en Rodorio a ser una guerrera a las órdenes de una diosa como Nyx? Y no una guerrera cualquiera sino una realmente importante. Indispensable para los objetivos de su diosa.

¿Y qué hay de la señorita Sasha?

Agasha hizo una mueca.

¿Y qué hay con ella? La diosa de la guerra sólo le pedía flores, le agradecía y la despachaba de regreso a su casa. Luego la apartaba de sus pensamientos.

Al menos la señora Nyx la había dejado hablar sobre sí misma. Estar al lado de la diosa de la noche era tentador, pues ella le daba confort. La llamaba con cariño. Le dejaba hacer coronas de flores, ¡e incluso le dejó mirar el infinito! Le mostró su hogar.

Agasha estaba seducida por su generosidad.

―Yo… no encuentro mala la idea.

Érebo se descolocó.

―¿Qué dices?

Agasha desvió la mirada.

―La señora Nyx ha sido muy buena conmigo ―se llevó una mano al corazón, justo donde sabía que guardaba la cálida alma de Albafica―. Me dejó regresar por él.

―¿Y a qué costo?

―Mi vida no vale nada ―dijo sin saber que su condición como Sỹdixx no la dejaría mentir―. Además, nadie me espera de regreso. Estoy sola. Sólo la señora Nyx me comprende… al menos como su Sdixx, podría ayudar…

―¿De qué hablas? No ayudarás en nada a nadie, y es más, si Nyx te exige que destruyas toda Grecia créeme que lo harás sin rechistar.

Lo pensó por un momento, pero luego Agasha arqueó una ceja.

¿Y qué había hecho Grecia o el mundo por ella? Cuando murió su madre sólo tuvo el apoyo de la señora Tábata, cuando murió su padre la gente sólo la miraba con lástima más no se acercaban para tenderle ayuda o siquiera consejos para salir adelante.

Sus padres estaban muertos, no tenía amigos verdaderos. Sin una meta que perseguir. Siempre despertando con una sonrisa falsa y un deseo vacío por vivir.

Ahora ella estaba muerta.

El único ser que quería salvar… no la amaba. Tampoco la toleraba. Posiblemente sólo haya querido usarla como un pasatiempo para después irse de su lado.

De su cabeza se esfumó todo lo que había visto al tomar el alma del señor Albafica.

Agasha estaba harta de que todos le dijesen lo que era "mejor".

Ella era capaz de tomar sus propias decisiones. ¿Y qué tal si hablamos de lo bonito que pintaba ser su futuro como humana? Una vieja arrugada, enferma, solitaria y cansada.

Ese no era el destino que Agasha esperaba. Ni tampoco planeaba morir sin un propósito honorable.

Érebo miró con pena cómo los ojos de Agasha se ennegrecían por completo recordándole a su querida esposa.

Ya no había nada qué hacer.

Cuando Nyx le entregó la armadura a la humana Agasha, las cartas estuvieron echadas, y lo peor fue cuando le dio el collar que él mismo arrancó demasiado tarde, pues era suyo.

Érebo había cometido un error al dejarle ese artículo a Nyx, pues con él, la diosa había podido hacer la mezcla perfecta de sus fuerzas y dado el tiempo que había pasado la humana peleando con la Armadura y el collar a la par, el proceso se había acelerado exponencialmente.

―Niña, sal de aquí. Y libera el alma del Santo antes de volver con Nyx.

Agasha se arrodilló frente a él. La postura que usó le recordó a la antigua Sỹdixx que usó esa armadura y ese brazalete. Pero a diferencia de Agasha, aquella guerrera sufría por su falta de libertad cosa que no parecía ser la gran cosa para esta humana.

―Sí, mi señor.

—CONTINUARÁ—


Volvemos a aclarar, para este punto, Agasha ya es una Sỹdixx completa. El atuendo de su armadura es muy simple pero a la vez también es muy diferente al resto de armaduras que conocemos.

El por qué el cambio de forma de la armadura de Agasha; a medida de que ella iba avanzando en su misión, se explicará más a detalle en el segundo y tercer fic. Por favor, ténganme paciencia.

Lo que por ahora puedo explicarles (sin dar spoilers) es que mientras que las armaduras de Athena y el resto de los dioses es una VESTIMENTA, la de las Sỹdixx es (literalmente) PIEL. Piel que se aferra al alma de las humanas para darles una forma física, un nuevo cuerpo cuya resistencia es bastante mayor al de una persona ordinaria. Cabe aclarar que por "persona ordinaria" me refiero a un santo o una marina. ¿Se oye tétrico? Su motivo de ser, va más allá de lo que Eros apenas cree conocer. Ojo con esto último. Lo que Eros explica, no todo es cierto, así que va a haber algunas irregularidades con respecto a lo que él dice a lo que es realmente lo que define a las Sỹdixx.

Ahora, Agasha en este estado de oscuridad absoluta, su lealtad se inclina por completo hacia Érebo y Nyx (en gran parte) porque ambos son sus dioses creadores.

La diferencia entre las Sỹdixx y otros caballeros que pelean por Poseidón, Hades y Athena, es que principalmente se componen únicamente por almas (de mujeres) humanas que son privadas de su libertad. En el caso de Agasha, ella decide mantenerse así porque de esa forma se considera fuerte.

Nuestra florista ha probado lo que se siente tener el poder de proteger a los que quiere y no quiere volver a ser "una simple florista". Para entonces, seguro ya se darán cuenta de que no escucha a Albafica y eso se debe a que ella no quiere oírlo. Su voz podría hacerla dudar y volver a una vida que no le era muy amena. Sin su padre, sin amigos... también su día a día ha sido muy solitaria como para regresar luego de sentir su fuerza como Sỹdixx.

Hablando del tema, sé que dije (en mi página de Facebook como aquí) que iba a publicar toda la información sobre las Sỹdixx en Wattpad, sin embargo, debido a mi descontento con ese sitio con respecto a la protección de las novelas que ahí se suben, decidí subir parte de ese libro ahí y todo completo acá. En Wattpad y Facebook se subirá principalmente para publicar también un poco de arte conceptual. Aquí para describir todo lo que se tenga que aclarar.

Muy pronto se revelerán más cosas con respecto a las Sỹdixx.

Espero que les haya gustado el capítulo.

¡Saludos y hasta el próximo!


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