Volar

La brillante sonrisa era lo más notoria en la cita de amigos, ir a los bolos después de muchos años había sido una gran idea. Arnold tomaba la bola con tanta determinación como si su vida dependiera de ello; miro fijamente hasta donde estaban los pinos y envió un tiro certero haciendo una chusa. Gerald negó al ver el semblante tan mejorado de su amigo, y si, todo parecía haber mejorado.

Habían pasado casi dos semanas desde que Alex despertó, la felicidad de Helga era palpable para todos que la veían, tener a su mejor amigo de vuelta había completado esa parte autentica de ella y si bien, ella se empeñaba estar las 24 horas con su amigo, eso no podía ser posible por sus padres quienes se empeñaban en mantenerla a distancia. Arnold no podía estar más feliz por la chica que amaba, verla sonreír de manera autentica, ver esa energía que solo ella podía desprender, ese carácter corajudo y ese sarcasmo; había sido como tocar el cielo después de haber estado sumido en el infierno de su silencio y sus rechazos.

-¿pasa algo Gerald?- pregunto su sonriente amigo

Gerald solo atino a negar, sacando todos sus pensamientos.

-nada Arnie.. Que te parece si vamos a comer algo- propuso

-me parece bien..-

Ambos amigos salieron del establecimiento con un rumbo conocido para ellos, un lugar donde se comían las mejores hamburguesas de todo Hillwood. Cuando llegaron tomaron asiento en un lugar cerca a la ventana, Arnold saco su celular para revisar si tenía mensaje de su querida enamorada, deslizaba sus dedos en la gran pantalla de su moderno de celular, abriendo y cerrando diferentes aplicaciones que tenía con ella.

-¡ya Arnie!.. déjala respirar- dijo con sarcasmo e ironía de verlo de esa forma tan particular

-perdón..- se disculpó con un leve sonrojo en el rostro

-veo que todo esta bien con Pataki..-arqueo la ceja-.. no preguntare que paso pero esa marca en el cuello te delata..- dijo con una sonrisa burlona

Arnold rápidamente trato de alzar el cuello de su camisa para ocultar lo que había pasado la noche anterior con su amada Helga, ladeo el rostro tratando de ocultar su vergüenza.

-no.. no sé de que hablas..- trato de negarlo

-como tú digas viejo..- dio un sorbo a la bebida que la mesera le había servido

-ehm.. bueno iré al baño..-

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El agua fría era la única solución que encontraba para aplacar su sonrojo pudoroso, lavo sus manos para luego empapar su cara con abundante agua fría, se miró al espejo y sonrió de lado, estiro su cuello y toco la marca que le había dejado su amada Helga la noche anterior.

No había sido nada fácil para ellos, el empeño de Helga por estar con su amigo más que con su novio había sido bastante difícil y complicado. Las constantes negativas de parte de ella para salir, por ir a las rehabilitaciones de Alex o las veces que conversaban y no le prestaba atención habían sido el detonante de más de una pelea. Al principio fue fácil pasar por alto muchas cosas, el buen corazón de Arnold estaba preparado para dejar que ella estuviera con él el tiempo que sea necesario pero su orgullo no, su maldito orgullo no estaba preparado para ver que solo su bello rostro se iluminaba solo cuando hablaba de Alex, de que estuviera pendiente de su celular conversando con el, sí necesitaba algo.

-si te estaba prestando atención Arnold..¡Que demonios te pasa!- dijo en voz alta sin temor a las personas que las observaban en medio de la calle.

Arnold estaba furioso, verla solo asentir con lo que decía, verla fingir que le interesaba lo que estaba hablando había colmado su paciencia. Helga detuvo su andar tomándolo fuerte del brazo.

-¡vamos Arnoldo!- dijo tratando de minimizar la situación

-¡no Helga!.. no me estabas escuchando.. solo estabas siendo complaciente conmigo… ha sido suficiente para mí, te quiero aquí, conmigo.. a ti- la tomo de los hombros-.. no quiero tener solo una parte de ti.. y la otra con.. él..- sentencio

-Arnold..-musito

Verlo así de esa forma, tan desesperada; una vez más acongojaron su corazón y todo era su culpa.

-lo siento.. no volverá a pasar-

«Helga»

Casi sonó como una pronunciación mental, ese era el nombre de la razón de sus desvelos y dolores de pecho; mirándose al espejo y tocándose la marca roja del cuello recordó brevemente la entrega que habían tenido la noche anterior. Los jadeos, los sonrojos y los gemidos eran la prueba implícita que ambos se habían entregado con tanto amor como la primera vez, si bien Gerald era su mejor amigo, no podía compartir ese momento tan privado con él; la razón era porque Helga era una chica tan romántica y pura en la intimidad que su fuerte carácter no lo reflejaban.

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La escuela estaba por terminar, estaban a una escasa semana. Helga no descuido sus estudios, ella era un joven tan inteligente, no le fue difícil ponerse al día en las clases que faltaba. Alex había vuelto, ella solo quería estar con él en su lenta recuperación. Desde la noche que el despertó, no pudo pronunciar mucha palabras y mucho menos mover sus piernas con facilidad, así, que llegaron los días de terapia de lenguaje y motriz. Si bien los padres de Alex se mostraron renuentes a la presencia de la impetuosa joven, permitieron cierta cercanía por la manera en como era recibida por su hijo; ella era su luz, parte de su alma, su todo.

Internamente sabía que había descuidado mucho su relación con Arnold, cuando volvió a verlo tan desesperado se sintió terrible porque sabía que no se merecía eso de su parte. Las citas y salidas se reanudaron, volvió a ver esa hermosa sonrisa de su querido cabeza de balón y ella fue feliz, sus sentimientos estaban claros; ella amaba a Arnold shortman y amaba a Alex Jordan como lo más cercano a un hermano.

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La mirada azul se fijó en la cristal de la ventana, la vista era hermosa desde ese Angulo, el césped azul muy bien cuidado propio de la lujosa clínica, el monolito en medio de aquella área para descansar le daban un toque de distinción al lugar. Alex contemplo una vez mas su habitación: triste, vacía y sola; le hacía falta algo, le hacía falta ella, su amiga, su Geraldine.

Aun recordaba aquel día, el día que despertó del vacío encontrándose con la silueta acongojada de su impetuosa amiga. Durante todo el estado en coma solo sintió que corría en un interminable pasillo a oscuras, seguido por ese atroz recuerdo de su infancia, ocultar uno de sus más grandes miedo fue muy duro, todo esto paso cuando tenía alrededor de los 7 años en uno de sus tantos retiros de su iglesia, aun podía sentir cada poro de ese hijo de puta acariciándole el brazo, sin embargo a pesar de eso, creyó en Dios; si, a pesar del doloroso recuerdo creyó en él pero de una forma muy diferente. Alguna vez recordó que el párroco le decía que dios estaba en todas partes y así paso; sus gritos donde decían «que dejara de tocarlo» llamaron la atención de un humilde jardinero el cual llego a tiempo para impedir atroz crimen. El aroma a flores y a tierra que desprendía el abrazo del humilde octogenario fueron más intensos y agradables ese día, ese terrible día conoció a dios, lo conoció reflejado en una persona buena que llego a salvarlo.

La puerta de manera se abrió, su rostro indescifrable formo una enorme sonrisa al ver que se asomaba una hermosa cabellera rubia; cuando ambas miradas azules se encontraron las mas sinceras sonrisas se dibujaron enfatizando implícitamente la gran amistad que ambos sentían.

-¡rayos!..¡Que mal te ves!- dijo con su peculiar acento, jodidamente agudo mientras tomaba asiento en la cama

Él sonrió con ironía

-¡Buenos días a ti también!- dijo con sarcasmo

Una peculiar mancha roja, hizo que se riera de una peculiar forma.

-veo que la pasaste muy bien..- señalo su cuello

Helga se ruboriza y desvió la mirada tratando de ocultar su vergüenza.

-¡hahahahaha!- se rio a carcajadas- eres una zorra Geraldine- le dio un pequeño codazo en la espalda

- ha-ha-ha.. muy gracioso zopenco..-

Ambos se miraron y esa sonrisa nunca desapareció en sus rostros, ambos habían entendido una cosa, que se puede amar de más de una forma.

-Bueno zopenco.. tengo una sorpresa para ti..-

-¿sorpresa?..mmmm.. ¿Acaso me dirás que te casaras conmigo y tendremos muchos hijos?-

Ella nego ante el evidente tono de broma de su amigo.

-¡no!.. es mejor que eso..ya lo veras-

La incertidumbre se vio reflejado en el muchacho, frunció el ceño al ver como su amiga se alejaba rumbo a la salida.

«¡pasen!»

La voz de ella ordeno y dos figuras muy conocidas para Alex entraron. Ni siquiera él se dio cuenta que sus hermosos ojos azules se cristalizaron y se llenaron de lágrimas poco a poco, su corazón acongojado pero feliz le hizo que perdiera un poco la respiración.

«mommy»

«hermano»

Esas fueron las únicas palabras, fue lo único que su débil ser pudo pronunciar. Aquellas personas no desearon escuchar más se acercaron a Alex de manera inmediata y ambos lo abrazaron con tanta añoranza, tanto amor; no había palabras que pudieran describir aquel triste momento.

-pero.. pero como- pregunto al alejarse

-Ella nos contacto.. Mi muchacho.. mi Alex- dijo la humilde mujer mientras lo seguía abrazando con más fuerza

Alex aun no salía de su asombro, miro a Helga dándole las gracias.

-Geraldine.. tu..-

-De nada zopenco- lo interrumpió- y si.. Soy una persona sensacional- dijo esto mientras tomaba la perilla de la puerta para salir, mientras lo hacia una sonrisa de satisfacción se dibujo en su rostro dejando a tras a un Alex feliz y risueño, dejando al auténtico chico del cual una vez se enamoró.

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Una hermosa sonrisa se dibujó en su rostro, respiro hondo y se sumergió en sus cavilaciones; ella estaba feliz; por él, por su alma gemela. El sonido de unos zapatos de tacón la atrajeron a la realidad, su mirada se dirigió a dos siluetas altas que aparecían delante de ella; la hermosa dama y el caballero llegaban abrazados en señal de unión paternal, su mirada azul se desconcertó al ver el semblante acongojado de ambos.

Helga se irguió, se dispuso a irse pero un «espera» la hizo detenerse. Ella volteo y sin decir nada vio como la hermosa mujer se dirigía algo temerosa a la impetuosa joven.

La madre de Alex se acercó algo temerosa, vio los ojos dudosos de Helga, se tentó a tomarle de la mano pero no lo hizo, estando a pocos centímetros de ella le dijo:

-Señorita Helga.. Quería agradecerle todo lo que ha hecho por nuestro hijo- su voz lenta y centrada la hizo estremecer-.. las explicaciones sobran y decir que errar es humano no basta.. solo puedo asegurarle que mi esposo y yo.. Viviremos por nuestra familia y por él.. por Alex..- sentencio

Las pupilas celestes palpitantes eran la señal clara de que hablaba desde lo más profundo de su frívolo corazón, ver como su esposo se acercaba para abrazarla y tomarla de la mano por su posible colapso hizo que las fibras más sensibles de Helga vibraran, tomo aire y aparto la mirada; quizá ellos tenían razón, quizá estaban arrepentidos pero tuvieron que estar a ese punto del abismo para darse cuenta de lo que era realmente su familia.

-No lo hice por ustedes..- su voz cortante e insensible sonó-.. lo hice por él.. Las personas que están allí dentro no son: su nana y el hijo de esta.. ellos en realidad son su madre y su hermano.. son las únicas personas que lo vieron crecer y convertirse en el maravilloso chico que conocí.. solo deseo una cosa..

-pídanos que lo usted desea señorita..- propuso el hombre mayor

-para mí.. nada.. para el.. todo- su mirada azul se centro en ellos- ….deseo que le den el verdadero lugar a esas humildes personas.. el lugar que merecen por ser unas de las pocas personas que conocieron a Alex… las únicas que vieron en él lo que ustedes no vieron… solo pido eso..-

El silencio reino por unos breves segundo, sin embargo para ellos fueron eternos. La mirada azul se encontró con la mirada azul cielo del padre de Alex, ella trataba de encontrar sinceridad y compromiso de su parte y cuando lo tuvo dio media vuelta para retirarse sin despedirse.

No fue difícil hallar a la nana y el hermano de Alex, su amigo ya le había hablado de ellos, basto en buscar en las redes sociales para hallarse con el joven, Helga sonrió satisfecha al encontrarlo; cuando revisaba las fotos de su red sonrió al ver una peculiar, una donde estaba su querido Alex y su hermano abrazados cuando eran unos niños. Lo difícil del proceso fue tranquilizar a la mujer mayor por todo lo que había pasado, ella quería volar inmediatamente hasta Hillwood pero no contaba con los recursos por su economía, sin embargo los ahorros de Helga y una petición hacia el gran Bob Pataki fue suficiente para traerlos y reunirlos junto a él, en ese pequeño momento, en se instante donde su amigo abrazo y mostro ese sonrisa de esperanza fue el regalo implícito más satisfactorio para ella, ver como sus ojos se cristalizaron al verlos fue algo que no tenía precio para ella.

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Las charolas del almuerzo se veían más apetitosas de lo común o eso pensaban. Phoebe y Helga estaban conversando de manera amena. Faltaba dos días para que todo termine, su escuela y que empiece un nuevo rumbo para ellas, la vida universitaria.

-entonces Phoebe ¿iras a Harvard o a Yale?-pregunto su rubia amiga

-habla más bajo Helga..-dijo ruborizada lo último que quería eran que otros se enteraran de sus propuestas-.. creo que iré a Harvard, mis padres están de acuerdo y Gerald también..

-ah si, me olvidaba del cabeza de cepillo..- dijo mientras tomaba su soda

-Helga ¿y tú?- pregunto- ya le dijiste a Arnold que te ofrecieron una beca para estudiar en Londres..- dijo muy despacio

Escuchar esto último hizo que Helga se atorara con su soda, Phoebe se rio al acto inconsciente de su amiga pero cuando ella se calmó, un halo de preocupación se posó en su pecho.

-Helga..- miro a su amiga muy pensativas- acaso.. tu..

-¡Hey!-gritaron a la distancia

La mirada preocupada cayó sobre Helga, a pesar de que las dos ya conocidas figuras masculinas se acercaban Helga y Phoebe no dejaban de verse y ellas sabían el porqué.

-¡Hey Pataki!-dijo el moreno

Ella parpadeo varias y regreso a la realidad al sentir el brazo de Arnold rodeándola desde atrás.

-¿ah?- respondió

-Helga, ¿estas bien?- pregunto viéndola a las ojos

-si.. estoy bien cabezón.

-¿Qué pasa Chicas?-dijo en tono despreocupado sin tener la más mínima idea de lo que amabas sabían-¿Por qué esas caras?.

-Nada Gerald..- minimizo Phoebe- solo nos conmovimos porque ya se acaba el año escolar y bueno….

-¡ah!, era eso… tranquila Phoebe, todo saldrá bien.

Ella le sonrió

-Helga, que te parece si vamos esta noche al cine yo invito- propuso Arnold con una gran sonrisa en el rostro

-Hoy no puedo.. estaré ocupada-

-¿ocupada?- pregunto Arnold

-¡vamos anímate Pataki!, nos divertiremos- animo Gerald

-Bueno yo….no puedo me siento enferma y me quedare en casa-

-¿estas enferma?, Quieres que vay..

-¡no!- interrumpió- solo estoy muy cansada, si quieres puedes ir necesito descansar- le sonrió disimuladamente

Arnold la atrajo sutilmente mientras le tomaba de la mano por debajo de la mesa. Sentir el aire cálido del aliento de Arnold en su frente para luego depositar un tierno beso la hizo sentir tan segura de lo que sentía por él. Gerald y Phoebe contemplaban a la bella pareja, se aman y el amor estaba a la vista.

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Abrió la puerta como todos los días, vio a su madre con un semblante cansado y su padre le sostenía la mano.

«¿algo no estaba bien?», pensó.

Sus pasos se enrumbaron a la sala, su ceño fruncido y su mirada fija se hicieron evidentes.

-¿pasa algo?-

-no Helga, todo está bien..- puntualizo Miriam

-¿Por qué tiene esas caras?- dijo viéndolo a ambos

-nada nada Helga, solo tu madre se acongojo por una película-explico

Su mirada sagaz observo la televisión apagada, sin embargo tenia otras cosas en la cabeza.

-Bob, hoy me quedare en la casa de Phoebe a dormir- dijo mientras tomaba asiento en el sofá individual

-¿uhm?, es extraño hace mucho que no me pides permiso para dormir afuera… dile que llame- dijo bob

-¡Criminal bob!... ya no soy una niña, no me hagas pasar vergüenza pidiéndole que te llame si..-

-pero jovencita, solo quiero asegurarme que estarás bien-

-tranquilo bob, solo iré a dormir..- dijo esto mientras subía las escaleras a su habitación

-¡me llamas cuando llegues jovencita!..- grito Bob

«¡siiiii Bob!»

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Era la última noche que él iba a estar en Hillwood, después de esa noche se iría de su vida. Con la mochila en la espalda sus raudos pasos se dirigieron hasta la casa de Alex, aun un poco dudosa de lo que iba hacer, tiro una pequeña piedrita hasta la ventana de su amigo, no paso mucho tiempo para que él se asomara por la ventana con una gran sonrisa.

-Geraldine…-

-¿Qué pasa zopenco?..- pregunto mientras le acomodaba las pocas vendas que tenía su antebrazo izquierdo

-¡Quédate conmigo mañana!-

-¡¿que?!, ¿Qué demonios estas diciendo?-

-solo quiero pasar una noche contigo-

-pero.. yo no…- dijo tratando de alejarse pero él se lo impidió

-Geraldine tonta..No quiero acostarme contigo, solo quiero dormir-

-pero…-

-Te juro que no pasara nada… me iré dentro de dos días.. solo quiero llevarme lo mejor de este lugar..- tomo su mano- por favor… solo quiero tener un último recuerdo de ti… de los dos… después no volveré a molestarte..

La mirada azul suplicante acongojo su corazón

«Ahora, ¿Qué demonios iba hacer?»

Trepo el gran y frondoso árbol hasta llegar a su ventana, Alex la tomo de la mano para ayudarla a bajar. Helga observo a su alrededor, se llevó la mano en el pecho al ver las maletas hechas a un lado de su puerta.

-¿A qué hora te vas?-pregunto

-a las 6.. tendré que madrugar-

-Alex yo..-

Un dedo varonil la silencio, aun dudoso la atrajo para abrazarla.

-solo… solo esta noche… solo esta noche no pienses en él-dijo mientras olía el cabello rubio de su amiga

Los delgados brazos rodearon el torso de su amigo, el silencio reino junto la sensación de soledad y vacío. El aroma que desprendía, la calidez de su ser era una sensación tan extraña. A pesar de tenerlo allí junto a ella, podía sentirlo que estaba a kilómetros de allí; mientras que Alex, volvió a tener entre sus brazos al delgado cuerpo de su amiga, sonrió al poder sentir una vez más la sedosidad de su cabello rubio y el aroma a flores de ella.

Ambos no se habían dado cuenta que la habitación que parecía más grande, estaban dando vueltas tan despacio como si de una danza se tratara, ambos abrazados giraban de forma casi imperceptible para ellos. De pronto los sonidos se alejaron solo dejando a dos sonidos latentes y audibles para ambos, se apartaron tomados de las manos y pudieron escuchar el sonido de sus corazones bajo la mirada palpitante de cada uno.

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-¿crees que debería llamarla?- pregunto Arnold a Gerald quien esperaba a su novia que terminara de pagar las palomitas para entrar a ver la película.

-¡vamos viejo!, déjala respirar.. Seguro está cansada por todo lo que ha tenido que pasar-

-igual la llamare-

El rubio de ojos verdes saco su celular y digito el número de su novia.

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El celular brilló, pero ella no contesto; aun vestida con la ropa con la que llego pero sin sus tenis, Helga estaba entre los brazos de Alex encima de su cómoda cama.

-¿Aun recuerdas cuando nos conocimos?- pregunto ella

-cada maldito día-

Con muchas dudas en el corazón, reunió la poca valentía que tenía para preguntar:

-¿Qué nos paso?...¿porque no pudimos quedarnos juntos?-

Era incomodo; si, pero tenía que preguntar. Un incómodo silencio entre ambos se rompió ante un suspiro de ella.

-no lo sé… supongo que me enamore y te olvide….-

Él la apego más a su cuerpo sintiendo tantas cosas.

Quería besarla, sí.

Quería hacerle el amor, no.

Lo último ya no podría ser, él había perdido su amor como mujer, pero había ganado una amiga para toda la vida.

-¿lo amas?-

-si-

-¿él te ama?-

-si-

-¿estas segura?-

-lo he conocido gran parte de mi vida, es una de las pocas cosas que me siento segura- dijo mientras se acurrucaba a su lado

Un profundo silencio reino entre ambos, el calor de sus cuerpos era bastante acogedora; Helga subió la mirada buscando la mirada azulada de su amigo, sin embargo, encontró más que eso, se encontró con esa hermosa sonrisa, esa sonrisa que tanto había extrañado; en un impulso su mano izquierda se posó tan suave en la mejilla de él, sintió que no se había afeitado ya que le picaba su contacto pero no se apartó.

-¿me vas a extrañar?- dijo mientras colocaba su mano encima de la de ella

-no tienes idea…¿y tú?-

-Geraldine- acomodo uno de sus mechones rubios-… no habrá día en que detenga un momento para pensar en ti.. en ti.. y lo que estás haciendo…-

-eres un estúpido..- dijo con la voz quebrada por conteniendo todo lo que estaba dentro de ella

-lo sé…recuerdas la canción del campamento…-

-no..-mintió y oculto su mirada en el pecho de su amigo

Alex sonrió, podía sentir la tristeza de su amiga, se iban a separar y quizá nunca se iban a volver a ver. Su camisa fue empapada poco a poco por el silencioso llanto de su amiga, la sintió estremecer y removerse.

-¿Por qué lloras?-

-no sé de qué hablas- dijo la orgullosa joven

I want to follow where she gioes

I think about her and she knows it

I want to let her take control

Because everytime that she gets close

-por favor..- rogo, cada palabra entonada de esa canción era un dolor inconmensurable en su pecho

-esa canción narraba lo que sentía.. lo que siento por ti- se corrigió- y a pesar que ya no estaré a tu lado… sé que siempre estaré en tu mente cuando la escuches.. Querida.. Amiga Helga…-

Las últimas palabras de su amigo, fueron suficiente para ella; estar con él de esa forma iba a durar toda la vida. Las relaciones van y vienen pero una sincera amistad dura una eternidad; mientras él seguía cantante, ella se acurruco más a su cuerpo hasta que se quedó dormida

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La mañana arribo; pero sin el despertar del sol, ya que estaba todo nublado o quizá por el hecho que aún era de madrugada. Ya habían terminado de desayunar, los padres de Alex recibieron de buena manera a Helga desconociendo el hecho que había pasado la noche con su hijo. Las maletas estaban hechas y con muchas cosas aun para empacar, los empleados subieron cada maleta en el auto. Alex miro a su amiga que se acomodaba la ropa.

-luces muy linda…-

-¡cállate idiota!... debí cambiarme la ropa- dijo tratando de ocultar su sonrojo

-¡vamos!- dijo mientras le abría la puerta

Unos ojos marrones miraban la escena con desaprobación, no habría que ser muy inteligente para darse cuenta por el semblante y como estaba que Helga G. Pataki había pasado la noche con Alex.

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Eran 5:50, las maletas ya estaban a bordo; el llamado se oyó para que pasen a la zona de embarque. Los padres de Alex se adelantaron, despidieron cordialmente de Helga resaltando lo mucho que les había cambiado la vida.

-espero que seas feliz- dijo mientras se tomaban de la manos

-yo también deseo tu felicidad, zopenco- brinco y se colgó de su cuello

-lo seré.. es hora..- dijo mientras miraba el tablero de embarque- tengo que irme..- dijo esto y la aparto

-¿Nos volveremos a ver?..

-de eso no puedes dudarlo..- dijo esto y le beso la frente

No quería hacer la despedida más triste, tomo su maleta y sus pasos se enrumbaron lejos de ella. Helga observaba el caminar erguido y lleno de orgullo de su amigo, se llevó sus manos a su pecho.

«¿y el adiós?» se pregunto

La silueta de su amigo se alejaba pero sus agiles pasos se detuvieron, los ojos de Helga se abrieron de sorpresa.

«¿Acaso se había olvidado algo?» fue lo primero que vino a su mente

-¡Geraldine!- grito a los lejos

Ella no respondió solo vio que un objeto era lanzado y ella lo atrapo con habilidad.

-¡Adiós Geraldine…te quiero!-

Ella solo atino a sonreírle, Alex apresuro sus pasos y desapareció entre la muchedumbre. Aun acongojada por todo lo que estaba pasando, presto atención al objeto que estaba entre sus manos, sonrió dolosamente al reconocer de que se trataba.

-yo.. yo también te quiero Alex- musito con una triste y larga lagrima

Su amado objeto, aquella señal de su amistad pura y sincera había vuelto a sus manos. Salió aun triste del aeropuerto y observando un avión que recién despegaba se prometió a si misma nunca volver a perderlo.

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Era el último día de la escuela secundaria, muchos estaban muy felices; ya se habían entregado las notas de sus exámenes, así que todo no podría trascurrir de lo más normal posible. Helga se encontraba sentada en su asiento correspondiente en el salón de clases, esperaba que su amado novio entrara por la puerta para contarle todo lo sucedido.

Una cabeza muy particular se asomó por la puerta, una gran sonrisa se posó en el rostro de ella, pero, la sensación de felicidad le duro poco a la impetuosa joven. Arnold, su Arnold Shortman no era el mismo, su ceño fruncido era la clara evidencia que estaba molesto, no, estaba furioso; cuando la mirada verde y azul se encontraron, en ese instante ella dio fe que algo malo estaba pasando. Sus esperanzas de que ella no tenía nada que ver con el mal humor de su cabeza de balón, se fueron a abajo cuando Arnold fríamente la ignoro y se sentó lejos de ella, ni siquiera se tomó la delicadeza de saludarla.

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Las horas pasaban, cada profesor que entraba al salón hacia su típico discurso de despedida, sin embargo, Él no volteo a verla. La tristeza de Helga se trasformó en cólera y frustración al no saber la maldita razón por la cual el estúpido cabeza de balón la ignoraba.

«¿Qué demonios le pasa?» se pregunto

«¿Por qué me ignora?»

«¿Qué hice?»

Fueron las preguntas que retumbaron en su mente.

Cuando la campana sonó, Arnold seguía en la misma hostil actitud pero no se iba a quedar así, Helga se apresuró en alistar sus cosas para pedirle una explicación a su novio, grande fue su sorpresa al ver la mirada verde puesta en ella y un doloroso agarre en su antebrazo izquierdo.

-¿tenemos que hablar?- su voz lenta y ronca la hizo estremecer

-un momento… espera Arnoldo- soltó mientras Arnold se la llevaba ante la atenta mirada de todos.

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Casi trastabilla ante el empuje que Arnold le proporcionaba.

-¡Suéltame Arnold!- soltó y se apartó-¡¿Qué demonios te pasa?!- grito

Arnold aun jadeante la observaba, pero no estaba pensando; todo lo que le había dicho cierta joven habían sacado lo peor de él.

El brazo de ella dolía, no se lo toco por orgullo, lo último que quería era que Arnold la viera frágil.

-¿Dónde demonios estabas anoche?- pregunto lentamente sin dejar su tono hostil

-¡¿Qué?!-

-¡Responde Maldita sea!-

-¡No me grites Arnoldo!..¿Qué demonios te pasa?.. Alguien podía escucharte-

-Responde- insistió

-Arnold, no se rayos te pasa y tampoco estoy de humor para escucharte- trato de irse pero Arnold la volvió a tomar del brazo

-¿Es cierto que ayer pasaste la noche con Alex?- musito

Una electricidad recorrió el esbelto cuerpo de Helga, dirigió su mirada azul hacia Arnold y se encontró con una mirada que la desnudaba.

-Q-Que... Arnold.. ¿Quién te lo dijo?-

-entonces.. ¿es verdad?-

-Arnold no es lo que estas pensando.. yo.. solo..-

Él la soltó y se rio.

-Crees que soy tan imbécil para creerte..¿porque Helga?...¡¿porque?!- grito

-¿Quién te lo dijo?-

-fue Lila, ella te vio saliendo de la casa de Alex.. fue muy enfática al decirme que estabas trasnochada y que tu ropa estaba arrugada..-

-No te voy lo voy anegarte… pero no es lo que piensas.. él se fue.. y bueno..yo..-

- le quisiste darle su despedida…-soltó dolido

-él jamás me faltaría al respeto..- dijo con indignación

Arnold se rio con sarcasmo

-cuida tus palabras.. no es lo que parece.. solo dormimos.. El me lo pidió y yo.. bueno-

-¿y crees que te voy a creer?.. en serio Helga.. tan estúpido me crees-

-Arnold no pasó nada.. Que un hombre y una mujer se queden a dormir en la misma cama no significa que hayan tenido sexo..-

-primero.. no es cualquier hombre, es el imbécil de Alex y él ha estado enamorado de ti desde siempre y segundo.. en serio crees que un hombre se resista a no tocar a una mujer como tu..-

-Disculpa, ¿Qué demonios estas tratando de insinuar?-

La respiración de ella se aceleró producto de la indignación que sentía, por la filudas palabras de Arnold

-Lila tenía razón….. eres una problema y muy complicada.. No te comportas como una chica decente.. y vas a calentarle la cama como una cual…-

Sus palabras se ahogaron, su cara se ladeo y la mano de Helga comenzó a escocer producto de la fuerte cachetada que le propino.

-Eres un bastardo..¡cómo te atreves!...¡después de que te di todo!..¡después que abrí mi corazón y me entregue a ti..!- grito llorando sin importarle que alguien la escuchara

-duele verdad… te duele saber la verdad, ¿Qué pretendías?... que no me enterara..- dijo mientras posaba su mano en su mejilla

-Si quieres creerle a la señorita perfección es tu problema.. no me cabe duda que eres un maldito imbécil que se deja llevar por las apariencias..-

-y como no creerle… Lila siempre ha sido muy bondadosa y decente, en cambio tu.. Pareces ir en contra de todo lo que esta moralmente bien..-

Ella lo miro desconociéndolo, Arnold estaba cegado por los celos y la frustración, recordar que el día anterior ella le había mentido para irse a dormir con él.

-Que te queda claro Arnold, no me coste con Alex.. y que una mujer y un hombre duerman juntos no significa que van a terminar teniendo sexo.. Eres un maldito moralista.. le crees a una persona que siempre te rechazaba de la peor forma que a mi.. a tu novia.. a la chica de decías amar hace unos días… solo porque soy impetuosa y rebelde.. Me dices toda esta mierda.. Pero sabes.. Esta chica que la consideras indecente, ya dejo de ser tu novia.. así que quédate con tu moral y tus principios… Quédate con tu perdedora amiga.. y no vuelvas buscarme.. Imbécil- soltó de manera lenta y lo empujo fuertemente apartándolo del camino

-¡mierda!- grito de frustración.

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Los raudos pasos de Helga la llevaron hasta la estancia donde se cambiaban las alumnas luego de hacer deportes, su mirada fría y llena de rencor buscaban a esa persona que alguna vez llamo su amiga.

-Helga ¿Qué haces aqui?- pregunto Phoebe quien salía con una toalla en la cabeza

En ese momento la perfecta Lila hacia su aparición; esa estúpida sonrisa como si nada hubiera pasado hizo la sangre de Helga bullir, ignoro olímpicamente a su amiga y se fue en contra de Lila ante las miradas de asombro y asustadizas de los presentes.

-¡Eres una…!- trato de completar pero lo más estruendoso fue el cuerpo de Lila chocar abruptamente con los casilleros-¡¿Cómo te atreves a decirle esas mentiras a Arnold?!- dijo mientras la tenia de ambos hombros contra el casillero

La mirada marrón de Lila era el pavor puro, no se esperaba encontrarse a Helga y mucho menos que reaccionara de esa manera.

-no sé.. me lastimas- se quejo

-Crees que me importa.. Ahora me vas ha decir ¡¿Qué demonios le dijiste a Arnold?!- esta vez la soltó y se aparto

-solo le dije la verdad-refuto- Arnold no se merece que le hagas eso.. además esta mal que..-

-A ti no debe importarte lo que pase entre nosotros….-

-Claro que me importa… Arnold es un buen chico, no merece que tú..-

Sus palabras fueron silenciadas cuando Helga dio un fuerte golpe al gabinete que estaba detrás de ella, a escasos centímetros de su rostro; Lila había cerrado los ojos creyendo genuinamente que la golpearía pero no fue así. Ambas fueron rodeadas por una multitud de jovencitas que estaban dispuestas a intervenir.

Sus ojos comenzaron a picar; vio a una lila sumamente asustada, temblorosa, se rio con ironía y comenzó a negar, sentía piedad por ese chica que le había hecho tanto daño.

-no vales la pena… ni siquiera para que te golpee..-tomo distancia de ella- sabes Lila antes me agradabas pero ahora tengo la certeza que eres egoísta, superficial y una maldita perra..-

-No te permito que..

-¡Que no me permites!..¡Que lila!.. Que te molesto tanto, que Arnold ya no estuviera detrás de ti como siempre ha estado,.. o descubrir ese maldito lado ególatra que tienes tu…¿ehm?. Sabes.. Ahora sé que tus innumerables desplantes hacia el estúpido de Arnold fueron porque él te rechazo una vez…-Ella negó-.. veo que tengo razón… Hagas lo que hagas.. así trates de ser agradable con todo el maldito mundo.. ¡tú sabes!.. Tú eres la única que sabe la clase de persona que eres..

-Yo no soy como tú..Yo jamás engañaría a mi novio..

-tienes razón, No eres como yo… yo se como soy.. se que tipo de persona soy.. en cambio tu-hubo una pequeña pausa seguida con una sensación de incomodidad-..bueno.. no vale la pena ni decirlo..

Todas escuchaban pasmadas la discusión, Lila tenía la cara roja de vergüenza y Helga tenía una mirada de repulsión hacia ella. La dolida joven salió de los vestidores conteniendo todas las lágrimas producto de todo esa jodida situación en que Lila la perfecta la metió.

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Las últimas fotos fueron tomadas, todos se despedían con gran nostalgia. Unos ojos oscuros buscaba a su querida amiga de rubios cabellos pero, era inútil; ella no estaba, ni tampoco él: Arnold Shortman, la desesperación de su impetuosa amiga.

-anímate Phoebe-dijo su galante novio, sonriéndole para darle animo

Ella le sonrió, sin embargo en esa gran sonrisa de blanquecinos dientes se encontraba escondida una gran preocupación, ver a Arnold en un estado para él desconocido, negándose a escucharlo, negándose a ver las cosas de una tercera perspectiva. No lo reconoció, esa era la verdadera razón, ver a Arnold en ese estado tan eufórico y estresado fue algo que nunca esperó ver.

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El viento helado acariciaba el rostro de Helga, su mirada azul se perdía en el reflejo de aquel riachuelo que desde hace mucho se había vuelto en el único ser que la escuchaba, La primera idea fue ir a casa pero no podía, para explicarlo de otra forma, no quería que la vieran en ese estado tan deprimente.

Sonrió con irónia y negó, siguió negando con la cabeza todo lo que había pasado en la escuela: su reacción con Lila, su discusión con Arnold y por último en Alex: su único amigo, su alma gemela.

«Él sabría qué hacer»

«Él sabría que decir»

Pensó tristemente entre sus tristes pensamientos, tenía el corazón roto y el orgullo hecho pedazos, con el poco ánimo que tenía dirigió su triste silueta hasta su casa, giro la perilla y tratando de sonreír abrió la puerta. Lo único que quería encontrar era la sonrisa de su madre o el gesto fruncido de Bob, aunque parecía tonto le agradaba ver la única ceja fruncida de su enérgico padre.; grande fue su sorpresa que al entrar se hallara a una Miriam evidentemente triste y un bob tratando de consolarla mientras sostenía su mano.

Helga frunció el ceño, algo andaba mal –negó- No algo realmente estaba mal.

Al aparecer ambos sintieron la mirada azul clavada en ellos pues voltearon hacia donde estaba ella.

-¿Qué está pasando?- se atrevió a preguntar

Ambos se miraron con una triste complicidad, sabían que había llegado la hora, era el momento para decirle la verdad a su hija. Bob se puso de pie asegurándose que la silueta de su esposa quedara detrás de el, era hora de enfrentar a su hija, había llegado la hora de decirle la verdad, una verdad que estuvieron ocultándole desde apenas unas semanas.

-Helga.. tenemos que hablar-

Hubo un silencio incómodo y una extraña sensación recorrió el delgado ser de Helga, la mano que había estado sostenida en la perilla de la puerta termino de deslizarse y se formó un puño, uno lleno de un mal presentimiento.

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Aun en su cama se encontraba la alta y atlética silueta de Arnold, quien había mandado al diablo al señor kokoshka -cuando le pidio dinero- ante la mirada sorprendida de los habitantes del susent Arms, subió hacia su cuarto sin mucho que decir, cerró la puerta con fuerza haciéndola tronar y tratando de olvidar todo lo sucedido. Abrió los ojos, miro el reloj de la pared ya eran casi las 6 de la tarde, el sol caía; una de sus manos se posó en su pecho, aún tenía esa sensación de vacío en pecho, aun podía ver los ojos vidriosos de Helga, aun podía escuchar su voz diciéndole que no había hecho nada. En ese momento, miro su celular tenía 20 llamadas perdidas y estaba seguro que todas eran de ellas y se había encargado olímpicamente de ignorarlas todas, no quería oírla y mucho menos verla. Volvió a cerrar los ojos asegurándose de dejar su móvil en la pequeña cómoda que estaba al costado de su cama. Solo quería olvidar todo.

Para su mala suerte su móvil volvió a sonar, hacia casi una hora que no lo hacía, pero esta vez era un mensaje:

Te espero en 15 minutos en el parque

Era de ella, de Helga.

«¿Qué querrá?» pensó molesto

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No había pasado ni 5 minutos para que Arnold estuviera afuera de su casa rumbo al parque que lo vio crecer. Con las manos en los bolsillos llego donde creyó que ella estaría, la conocía tan bien. Mientras más se acercaba la silueta de Helga se hacía visible, no hacía falta ser adivino para deducir que ella había enviado el mensaje desde el parque. Cuando la triste mirada de Helga visualizo a Arnold, una triste sonrisa se dibujó en su rostro, necesitaba a su cabeza de balón, lo necesitaba más que nunca, lo necesitaba ahora, lo necesitaba a su lado.

-¿viniste?- dijo tratando de sonreír cuando él se puso delante de ella

Arnold sintió que su corazón se estrujo cuando la vio, Helga lucia peor de lo que recordaba, lucia ojerosa, pequeña y con la nariz roja, tenía una herida en la parte del costado de la mano, un corte supuso.

-¿para que me llamaste?- su voz seca y ronca la hizo sentir mal

Ella no resistió las ganas se acercó lentamente y lo abrazo, hundió su rostro en su pecho y lo froto.

-Estas aquí-

Fue lo único que le dijo

Arnold estaba furioso, estaba celoso, verla de esa forma solo formo una idea estúpida en su cabeza.

-vas a decirme para que me llamaste- volvió a decirle

No ser correspondida en el abrazo, escuchar su voz cortante y fría solo empeoraba la situación.

-perdóname- termino de decir con la voz quebrada

Cuando la camisa de Arnold se empezó a humedecerse entonces él se apartó, no quería sentir lastima, no por ella. Verla de esa forma solo confirmaba sus miedos:

«ella lo había engañado»

Eso pensó

«Ella había faltado a lo que tenía, a su amor, a sus sentimientos»

Termino por concluir

La vio desconociéndola, negó y se sentido un imbécil.

-Arnold.. hay tanto que tengo que necesito decirte- dijo viéndolo a los ojos.

No podía resistir más tiempo, ver sus ojos llorosos y más azules solo lo iban hacerlo flaquear, sino que estaba seguro que iba terminar besándola pero ya no podía permitirse ser débil delante de ella, ya no.

Cuando él se dio media vuelta, sintió que un suave agarre lo detuvo, volteo de medio lado; se encontró a Helga Pataki que no podía mirarlo, una sombra se posó en su rostro producto de su cabello.

-no te vayas.. por favor- volvió a insistir, sono como una suplica

Arnold no pudo, se zafo y se alejó raudamente de ella. Helga aun destrozada vio cómo su querido Arnold desaparecía. Una traicionera lágrima se deslizo por su rostro al recordar todo lo que perdió y se enteró esa tarde.

Bob la atrajo hasta el tupido sofá, todo estaba mal.

-Bob…Miriam.. ¿Qué está pasando?

-Bob..- dijo Miriam mientras sostenía la mano de su esposo

-yo se lo digo..

La mirada de Helga busco a la de Miriam, esta última no podía verla: quizá por la vergüenza, por la falta de respeto a su hija.

-Helga tu madre tiene cáncer..

Ella no pudo darse cuenta pero comenzó a negar con la cabeza.

«Cáncer»

La voz de su papa comenzó a resonar en su cabeza

-no te lo dijimos porque pensamos que tu madre se recuperaría.. perdónanos.. debimos decírtelo antes.- termino de decir Bob muy avergonzado

-¡perdóname Helga!- dijo entre sollozos Miriam, quien se escondió entre los brazos de su esposo.

Helga procesaba todo los dicho por Bob.

«ya lo sabían» pensó

Por todo lo dicho era más que evidente que habían estado manteniendo el tratamiento de Miriam en secreto, Helga arrastro su cabello con sus dos manos sintiéndose la más idiota de las hijas ahora entendía:

Miriam tan preocupada, Miriam cansada y las tantas veces que le reclamo a su madre los tantos cabellos que había en la ducha y por toda la casa.

«Se le estaban cayendo»

Bob quien esperaba una gran sermón de su hija se sorprendió cuando la vio arrodillada sosteniéndole la mano a su esposa atrayendo su atención.

-miriam.. Escúchame..

-Hija..- vio una triste sonrisa en su rostro

-Saldremos de esto…- vio como una lagrima resbalaba por el rostro de su madre- ehm.. Tranquila- se la limpio- ya verás te recuperaras y todo volverá ser como antes…

-Helga..- dijo con asombro

Bob nunca en su vida había envidiado el temple y fuerza de hija, allí estaba la más joven de sus hijas dándole la fuerza que él ya no tenía.

-Les parece si hablamos mañana.. estoy algo cansada,.. si- su voz ocultaba evidentemente sus sentimientos

Ambos vieron como su hija se alejaba, cuando la puerta trono, Bob quiso ir hablar con ella pero Miriam se lo impidió.

Tantos años ocultando su infelicidad de su matrimonio, tantos años ahogando sus penas en litro y litros de alcohol, habían tenido consecuencias. Todo empezó con una pequeña molestia a un lado de su cuerpo; pero persistió tanto que cuando fue al doctor, todo se nublo al escuchar que tenía cáncer al hígado y uno bastante avanzado. Todo su mundo se fue abajo, agradeció a la vida haber ido con Bob ese día, porque ni ella misma sabía que hubiera hecho después de enterarse. Su mundo ahora se estaba desmoronando, un mundo del que ahora quería ser parte, del mundo que había construido un mundo donde estaba ella, Bob, Olga y Helga.

Todo ese día había sido el peor que había tenido, sonrió con ironía al darse cuenta que era el peor hasta ahora «¿Acaso iban haber mas?». Su espalda resbalo por la puerta y se abrazó a sí misma, recordó su despedida con Alex, su pelea con Lila y lo peor del como, había terminado con Arnold; ahora tenía una Miriam enferma y de cáncer.

Se paró intempestivamente vio su mesa, la impotencia y la rabia se hizo presente: ¿Qué podía hacer?.

«nada» se termino por responder

Tiro todo lo que estaba encima de esta, fue a su tocador también lanzando al piso sus perfumes, sus libros y otros más; desacomodo su cama, lanzo su almohada y se tumbó a llorar en su alfombra. Su mundo estaba hecho pedazos, su amigo, su novio y ahora su madre parecían empeñarse en dejarla sola.

Cuando Bob entro a la habitación pensó lo peor al ver todo tirado, su mirada busco a Helga quien estaba llorando y temblando en el piso. Se acercó a ella:

-Helga.. hija..- dijo

Ella no se contuvo y se aferró al cuello su papa necesitaba un abrazo, ahora se sentía más sola que nunca. Bob la abrazo enseguida, ver a su hija sufriendo como hace mucho no lo hacia lo hizo sentir el peor padre del mundo, se preocupó mas cuando se apartó y vio que su querida hija tenía una lesión en su mano que la hacía sangrar, la curo con devoción.

Bob contemplaba a su hija dormir, tuvo que consolarla cerca de una hora hasta que se quedó dormida sin hablar más del tema, se propuso irse hasta que pudo recoger todo, cerró la puerta asegurándose no despertarla.

«escucha sé que quisiste decírmelo antes.. y no estaba listo para oírlo.. pero ahora.. todo esto,, todo este viaje hasta san Lorenzo, escapar de la sombra.. Encontrar a mis padre fue gracias a ti.. y tu medallón»

«tu medallón despertó a mis padres.. lo hiciste todo solo por ayudarme.. y…»

Sus ojos azules se abrieron, había estado soñando con Arnold y su primer beso consentido de su parte y ahora lo necesitaba, necesitaba a ese tonto cabeza. Se puso de pie, se tragaría su orgullo una vez, lo haría porque lo amaba y solo quería su consuelo.

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Dos largas semanas pasaron, Arnold quien se había propuesto alejarse de todo el mundo -y vaya que si lo había conseguido- estaba tan insoportable que se ni siquiera Gerald lo había tolerado, sentado en una banca se encontraba mirando al cielo, se había alejado incluso de sus padres.

-¿Arnold?..

Su mirada verde se dirigió donde provenía la dueña de esa voz, la silueta delgada de Lila se hizo visible para él.

-Hola Lila- fue lo único que dijo

Delante de él estaba la razón de sus problemas, habían pasado tantos días que solo quería buscar un culpable para todo lo que había pasado; se había arrepentido una y otra vez por todo lo que habia pasado, de no haberla escuchado y sobre todo de no haberle creído.

-¿puedo sentarme?-

-es un país libre..- dijo cortante pero a la vez sonrió al darse cuenta que había dicho esa peculiar frase

Lila se sentido tan tonta, era evidente que Arnold estaba más que incomoda con su presencia. No era un secreto que el buen Arnold había estado de un terrible humor, no era un secreto que había terminado mal con Helga.

Desde su última discusión con Helga no se había podido quitar de su mente que ella era la única culpable de todo lo que había pasado, tuvo que pasar varios días para aceptar su error. Si bien había visto salir a Helga de la casa de Alex, no tenía la certeza que ella se hubiera acostado con él y si ella lo hubiera hecho «¿quién era ella para juzgarla?» O quizá era otra la razón, termino por aceptar que quería la atención de Arnold, pero ni ella pensó en las consecuencias de sus palabras, se armó de valor para lo que tenía que decir, ya no podía con la culpa.

-Arnold yo quería pedirte una disculpa- dijo con voz suave

-¿disculpa?

La miro con ironía y ella no pudo sostenerle la mirada, él no quería una disculpa, el deseaba no habérsela cruzado ese día.

-bueno yo.. creo que exagere las cosas.. no debí afirmar algo que no tuve la certeza de que paso.. yo no creo que Helga haya pasado la noche con ese chico.. Bueno de esa forma.. Arnold yo..

-No crees que es tarde..-se puso de pie- ya lo dijiste así te disculpes ahora nada cambiara.. Pero aquí el único culpable soy yo

-¿tu?.. no Arnold.. tu no..

- si, yo..- afirmo- no debí haber dudado del amor de Helga.. no debí darle crédito a una persona como tú.. a una persona que no conozco..

-pero..

-esa es la verdad..- la interrumpió- no te conozco.. me gustabas.. y mucho.. pero nunca te he conocido de verdad.. Solo he visto lo superficial de ti.. no sé nada de ti.. en cambio a ella- apretó los puños- .. de ella se hasta lo que no le gusta… tengo que irme..

Arnold se alejó de Lila dejándola con tantas cosas que decir y una sensación horrible.

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Tenía que buscarla, tenía que hacer lo que sea necesario para recuperarla, ni siquiera él se dio cuenta, que comenzaba a correr, sus pasos se detuvieron al verla. Era el destino que la ponía de nuevo en su camino, sintió una opresión al verla sonreír a la distancia

«acaso lo había olvidado tan pronto» se pregunto

Helga lucia más bella que nunca, un pantalón jean con un suéter plomo y una pequeña mochila en su espalda digno ella; al parecer había salido con Phoebe y Gerald.

-Dios estaba película estaba más que aburrida.. gran desperdicio de dinero- dijo la rubia

-No seas aburrida Pataki.. me gusto la actuación del protagonista..- dijo Gerald

- si como no, pero..

-Helga

Aquel llamado ahogo sus palabras y la hizo respingar, reconocía esa voz. Tanto Gerald como Phoebe también detuvieron su andar, reconociendo a Arnold quien llegaba agitado y sudoroso.

-iba hacia tu casa..- termino por decir

-Nosotros ya nos vámonos… Adiós- dijo Phoebe quien llevaba lejos del lugar a su curioso novio

Un silencio incomodo los rodeo.

-¿puedo acompañarte?

Ella lo ignoro y siguió su camino, Arnold entendió que ella le estaba permitiendo acompañarla y eso le dio esperanza. Cuando tomaron distancia de su punto de encuentro, Helga desvió su camino hacia un parque cercano, era momento de hablar.

Helga detuvo su andar y lo miro.

-¿Qué quieres?- dijo con incomodidad

Arnold respiro profundo.

-Helga yo quería pedirte perdón por todo lo que paso, no debí haber dudado de ti.. solo.. bueno.. yo soy tan conservador.. yo sé que tú eres incapaz.. Perdóname Helga.. yo lo siento tanto

El trato de tomar su mano, pero ella lo evadió con destreza y tomo distancia. Helga no quería su contacto y eso le dolió

-¿terminaste?- el no dijo nada

-Helga yo..

-Arnold yo te perdono..

El la miro sin poder creerlo, Helga desvió su mirada la cual se tornó triste.

-Durante todo este tiempo me culpe por todo lo que paso.. Diciéndome que era yo del problema.. que no debí ir esa noche a consolar a mi amigo.. a una persona que era como mi hermano… porque se miraba mal.. sin embargo ahora sé.. que me importa una mierda lo que piensen de mi.. no hice nada malo esa noche.. y no tengo nada de que avergonzarme… Tú dudaste de mi porque no soy como Lila.. no soy como Ariana.. no soy tierna.. no soy dulce… jamás podre comprarte chocolates sin que me coma uno.. no podré hacerte una cena romántica.. no puedo dejar de burlarme de tu cabeza balón..

-Helga me gusta como eres.. no quiero que cambies… solo quiero estar a tu lado- dijo con premura

-¿De verdad?...no lo creo, tu no necesitas alguien como yo.. ni siquiera tengo la certeza de que tu sepas de lo que es lo que en verdad necesitas.. somos jóvenes Arnold.. Ahora más que nunca es el momento para equivocarnos y aprender de todo esto..

-Helga sé que me comporte mal.. yo te necesito.. tu me necesit…

-necesitaba- interrumpió- ya es tarde.. ya no te necesito y creo que tú tampoco.. esto pasara, te recuperaras y todo estará bien.. lo que refiere a mi.. yo ya no estaré allí para ti..

-¡no!- dijo con firmeza

Él se acercó a ella y la abrazo con fuerza, quería tenerla cerca; sentir su aroma una vez más solo le confirmo que la quería a su lado. Sin embargo con un mal sabor de boca se apartó de ella al no sentirse correspondido.

-Eres un gran chico.. Aunque a veces te comportes como un idiota- dijo mirándolo a los ojos- yo no soy para ti.. lo siento.. quizá algún día nos volveremos a ver y nos reiremos de todo esto..- dijo mientras hacía distancia con sus manos

-sabes que no rendiré..

Ella negó- mi tonto cabeza de balón..- poso una de sus manos en su mejilla- creo que es tarde..

-No te entiendo

-lo sé..-afirmo- me tengo ir.. Adiós Arnold..

-Helga..

Un mal presentimiento se posó en el corazón del ojiverde, desechó la idea porque no se rendiría en recuperar el amor de amada.

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A la mañana siguiente Arnold se encontraba vestido de manera deportiva, iba a recuperar a su amada, sabia lo mucho que le gustaba correr y empezaría por invitarla a correr. El timbre sonó pero nadie contesto, toco con el puño pero nadie le dio respuesta.

-¡Helga!- llamo

Insistió pero nadie respondió.

«¿habrán salido?» se pregunto

Trato de asomarse por la ventana, todo parecía en orden sin embargo algo no andaba bien.

-seguro han salido..- se respondió miro su reloj eran la 6 de la mañana- que raro es muy temprano

Solo había una persona que podría saber dónde estaba Helga. Se dirigió rumbo a la casa de la mejor amiga de su amada.

Un fuerte presentimiento invadió su corazón por cada paso quedaba, grande fue su sorpresa al encontrarse en el pórtico de la casa de Phoebe a Gerald y a esta misma, Phoebe estaba llorando consolada por su guapo novio, algo estaba mal.

-Phoebe.. Gerald.. ¿Qué paso?.. le paso algo a Helga- dijo pensando lo peor

-Arnie.. cálmate..- pidió Gerald

La espera por la respuesta solo hizo que su desesperación aumentara

-¡como quieres que me calme!... ¡¿Qué le paso a Helga?!..- volvió a insistir

-Helga esta bien..- respondió Gerald

-entonces..¿Qué paso?

-Arnold..- hablo suave Phoebe- Helga se fue…

-¿Cómo ?.. ¿Cómo que ella se fue?..pero ayer..

-Helga se fue a Inglaterra.. le ofrecieron una beca.. Acabamos de llegar del aeropuerto..

El corazón de Arnold se estrujo

«se fue» pensó

Inconscientemente comenzó a negar, en ese preciso momento llegó las palabras de ella.

«quizá… algún día nos volvamos a ver»

«adiós Arnold»

Su voz resonó en su cabeza, ahora entendía porque ella había accedido a su compañía, Helga quería despedirse pero ¿Por qué no se lo dijo?.

-¿tu lo sabias?..- increpo a Gerald, se sintió traicionado por él.

El termino por asentir y Arnold arrastro su cabello sintiéndose un imbécil.

-eso no es lo peor..- dijo Phoebe

Él la miro «acaso había más»

-ella no se fue por la beca, se fue porque su madre tiene cáncer.. esa fue la principal razón, Miriam esta con un cáncer muy avanzado.. sé que no debería decírtelo pero lo último que quiero es que pienses que ella se fue por tu culpa- dijo con dureza

-¿Por qué no me lo dijo?.. yo hubi..

-¿no te lo dijo?..- dijo con ironía- trato de decírtelo.. Aquel día en parque .. ella solo necesitaba tu consuelo y tú la mandaste al diablo.. ¿Que?.. Acaso ya no lo recuerdas..- dijo con indignación

Phoebe recordó con gran pesar que esa noche Helga había ido a buscar su consuelo después que Arnold la dejara en el parque.

La culpa cayo en sus hombros, nunca en su vida se había sentido como el ser más despreciable en la tierra, ella lo necesitaba y el solo la alejo. En ese momento un avión se podía divisar en el cielo, la mirada verde siguió su rumbo pensando en que quizá:

«Te perdí… Acaso iras allí… Helga»

Desde la ventana del avión Helga se encontraba mirando quizá por última vez a la cuidad que la vio crecer, su exótico Hillwood ahora ya no sería parte de su vida, si bien allí había vivido su infancia, había amado y perdido; era el momento de volar a otro lugar, un lugar donde tenía la esperanza y certeza que iba a cumplir su sueño. Observo a sus padres: Miriam lucia cansada y Bob también se había quedado dormido, en Londres ya lo esperaría Olga en su nuevo hogar. Volvió a observar a la cuidad que se volvía cada vez más pequeña, lleno sus pulmones de aires para decir quizá lo que sería un ultima vez

Adiós Hillwood…

Fin

PERDÓNEME POR LA DEMORA Y POR TODO

ESTOY MUY AGRADECIDA CON TODAS LAS PERSONAS QUE ME HAN SEGUIDO EN ESTA AVENTURA, NUNCA EN MI VIDA PENSÉ PODER HACER UNA HISTORIA DE UNO DE LOS DIBUJOS ANIMADOS DE MI INFANCIA. GRACIAS UNA VEZ MÁS POR LA PACIENCIA, LAS FALTAS ORTOGRÁFICAS Y TODO LO DEMÁS QUE SE PUDO HABER PRESENTADO EN EL CAMINO.

QUERÍA DECIRLE QUE ME SIENTO MUY SATISFECHA POR LA HISTORIA FUERA DE LOS BUENOS Y MALOS COMENTARIOS, AMO LAS CRÍTICAS CONSTRUCTIVAS Y LA SINCERIDAD PERO JAMÁS ESTARÉ DE ACUERDO CON EL INSULTO, ES LAMENTABLE PERO BUENO SUPONGO QUE ESTAR EN PLATAFORMAS COMO ESTA ME DEJA MUY EXPUESTA.

SI PREGUNTAN PORQUE ME DEMORE LES RESUMIRÉ QUE TERMINE MI CARRERA, ME MUDE, CONSEGUÍ TRABAJO Y ESTABA SIN INSPIRACIÓN. :3

GRACIAS POR DARME UN ESPACIO EN SUS VIDA Y DARME SU TIEMPO, ESPERO QUE ESTÉN BIEN, SIEMPRE ME TOMO EL TIEMPO DE LEER SUS COMENTARIOS AUNQUE A VECES NO PUEDA RESPONDERLES SIEMPRE LOS TENGO EN CUENTA.

Y SI, SI HABRÁ EPILOGO Y UNA FINAL ALTERNATIVO COMO UN ONESHOT.

GRACIAS POR TODO NOS VEMOS EN EL EPILOGO..

SKYBLUEPETUNIA