CAPITULO 24

—¡Sasuke!

Él alzó la cabeza del motor de la grúa con rapidez en cuanto oyó la voz de Sakura

gritando su nombre y sonando exactamente igual que solía hacerlo. Se sintió esperanzado.

Quizás aún no se había acabado todo. Tal vez Sakura no quiso decir lo que dijo dos nochesatrás y no tendría que llevarla al aeropuerto esa misma tarde.

Arrojó al suelo la llave inglesa que estaba usando y se volvió para mirarla. Sus

esperanzas se desvanecieron en cuanto vio la expresión de su esposa.

—¡Manda no está! Han descargado a todos los animales y el no estaba entre ellos. También falta Trey.

Hiroshi salió desde detrás de la grúa donde estaba intentando ayudar a Sasuke.

—Seguro que es cosa de Kazumi. Me apuesto lo que sea.

La cara de Sakura palideció de ansiedad.

—¿Te ha comentado algo?

—No, pero se ha comportado como una verdadera arpía estos dos últimos días.

Sakura miró a Sasuke y, por primera vez desde que la había ido a buscar al zoológico de Chicago, él sintió que lo miraba de verdad.

—¿Sabías algo de esto?

—No, no me ha dicho nada.

—Sabe lo que sientes por ese tigre —dijo Hiroshi. —Supongo que lo ha vendido a tus

espaldas.

—Pero no puede hacer eso. ¡Es mío! —Sakura se mordió el labio como si se diera cuenta deque lo que había dicho no era cierto.

—Antes fui a ver a Kazumi —dijo Hiroshi, —pero había desaparecido. Fue Shorty quien trajo su RV, pero el Cadillac no estaba por ningún lado.

Sakura cerró los puños.

—Le ha hecho algo terrible a Manda. Lo sé.

Sasuke quiso consolarla, pero sospechaba que Sakura tenía razón.

—Haré algunas llamadas a ver si averiguo algo. ¿Por qué no habláis con los empleadospor si alguien sabe algo?

Pero nadie sabía nada. Durante las dos horas siguientes hablaron con todos y sólo

descubrieron que nadie había visto a Kazumi desde la tarde anterior.

Sakura estaba cada vez más histérica. ¿Dónde estaba Manda} ¿Qué había hecho Kazumi con él? Había descubierto bastantes cosas sobre el tráfico ilegal de animales viejos del circo, sabía que era improbable que el tigre acabara en un zoo. ¿Qué le ocurriría a su tigre?

Se hizo tarde para llevar a Sakura al aeropuerto. Sasuke había insistido en que ella se quedara con su padre hasta decidir lo que quería hacer, pero ahora eso no tenía importancia. Pasó junto al Lexus gris con matrícula de Connecticut —otra muestra más de lo culpable que se sentía Sasuke— y se sentó en la parte trasera de la camioneta que la había trasladado durante todo el verano hasta llegar a esa desolada noche de octubre. Desde allí, observó el recinto.

Pasó la primera función y luego la segunda. La gente llegó y se fue. Aquel lugar era la

última parada antes de poner rumbo a Tampa. De nuevo los empleados del circo habían idoal pueblo junto con algunas de las showgirls y el recinto estaba desierto. Tenía frío, peroesperó a que Sasuke se hubiera cambiado de ropa y se marchara a atender a Misha pararegresar a la caravana.

Desde la puerta vio su maleta, que yacía olvidada encima de la cama. Se acercó a ellamientras se quitaba la vieja sudadera gris. Tras terminar de desnudarse en silencio, comenzó a recolocar la ropa vacilando ante el desordenado cajón donde Sasuke guardaba la suya. Se arrodilló, deprimida, y abrió el último cajón. Apartó a un lado los vaqueros de Sasuke para ver lo que sabía que estaba oculto debajo: un sonajero barato de plástico, un patito amarillo, una caja de galletas con forma de animales, un babero con la imagen de un conejo y un ejemplar de un libro del doctor Spock.

Había descubierto todo esos objetos unos días antes cuando estaba buscando otra cosa;Sasuke nunca los había mencionado. En ese momento tocó el sonajero con la punta de un dedo e intentó imaginar por qué razón había comprado todo eso. Si pudiera permitirse creerque...

No. No podía pensar eso, tenía demasiado que perder. Cerró el cajón y, cuando regresaba a la camioneta, vio el Cadillac de Kazumi aparcado al lado de la RV y oyó gritos en el interior del circo. Sasuke también los había oído y se acercó a la vez que ella. Se encontraron en la puerta trasera.

—Quizá sería mejor que esperaras aquí —dijo él.

Sakura lo ignoró y entró.

El circo estaba iluminado por un solo foco, que arrojaba una luz difusa sobre la pista,

dejando el resto en penumbra. Sakura se vio envuelta por los familiares olores a serrín,animales y palomitas de maíz. Iba a echarlo mucho de menos.

Hiroshi y Kazumi estaban discutiendo al lado de la pista. Hiroshi la asía del brazo

claramente furioso.

—Sakura no te ha hecho absolutamente nada. ¿Por qué la has tomado con ella?

Kazumi se zafó de él.

—Hago lo que me da la real gana, y ningún carnicero como tú va a mangonearme.

—¿No te cansas de ser una arpía?

Lo que fuera que Kazumi iba a decir murió en sus labios.

—Vaya, vaya, mira a quién tenemos aquí.

Sakura dio un paso adelante para enfrentarse a ella.

—¿Qué has hecho con Manda?

Kazumi se tomó su tiempo para contestar, jugando con ella al gato y al ratón para

demostrar su poder.

—Manda ha salido rumbo a su nuevo hogar. Los tigres siberianos son animales muy

valiosos, ¿lo sabías? Incluso los más viejos. —Se sentó en la primera fila de asientos y cruzó las piernas en una postura que parecía demasiado estudiada. —Ni siquiera yo sabía lo que ciertas personas pueden llegar a pagar por ellos.

—¿De qué personas hablas? —inquirió Sasuke, deteniéndose junto a Sakura. —¿Quién lo ha comprado?

—Por ahora nadie. El caballero en cuestión no lo recogerá hasta mañana por la mañana.

—Entonces, ¿dónde está?

—Está a salvo. Trey está con él.

A Sasuke se le acabó la paciencia.

—¡Déjate de rodeos! ¿A quién vas a vendérselo?

—Había varias personas interesadas, pero Rex Webley ofreció el mejor precio.

—Jesús. —La expresión de la cara de Sasuke hizo que Sakura se estremeciera de inquietud.

—¿Quién es Rex Webley? —preguntó.

—No digas ni una sola palabra Kazumi, esto es algo entre tú y yo —intervino Sasuke, antes de que ella pudiera contestar.

Kazumi le dirigió una mirada condescendiente antes de volverse hacia Sakura.

—Webley tiene un coto de caza ilegal en Texas.

Sakura no lo entendió.

—¿Un coto de caza ilegal?

—Hay gente que le paga a Webley para ir a cazar ciertos animales allí —dijo Hiroshi condisgusto.

Sakura pasó la mirada de Kazumi a Hiroshi.

—¿Para cazarlos? Pero nadie puede cazar tigres. Son una especie en peligro de extinción.

Kazumi se levantó y entró en la pista con decisión.

—Eso hace que sean más valorados por los hombres ricos que ya están aburridos de cazarpiezas comunes y a los que les importa un comino la ley.

—¿Has vendido a Manda para que lo cacen y lo maten? —dijo Sakura con voz horrorizadacuando por fin comprendió lo que Kazumi le estaba diciendo. Un montón de imágeneshorribles cruzó por su cabeza.

Manda no tenía el temor que un tigre normal siente hacia la gente. No se daría cuenta deque esos hombres querían lastimarle. En su mente vio su cuerpo abatido por las balas. Lo vio sobre la tierra con su pelaje negro y naranja manchado de sangre. Se acercó rápidamente a Kazumi.

—¡No te lo permitiré! Te denunciaré a las autoridades. Te detendrán.

—No, no lo harán —repuso Kazumi. —No es ilegal vender un tigre. Webley me ha dicho

que su intención es exhibir a Manda en su rancho de caza. Eso no va contra la ley.

—Sólo que no va a exhibirlo, ¿verdad? Lo va a matar. —Sakura se sintió mareada. —Iré a

las autoridades. Lo haré. Detendrán todo esto.

—Lo dudo —dijo Kazumi. —Webley lleva años sorteando la ley. Tendrías que tener untestigo que jurara que vio cómo lo mataban, lo que no ocurrirá ni en sueños. Y en cualquiercaso, sería demasiado tarde para hacer nada, ¿no?

Sakura nunca había odiado tanto a otro ser humano.

—¿Cómo puedes hacer esto? Si tanto me odias, ¿por qué no me haces daño a mí? ¿Porqué tienes que tomarla con Manda?

Sasuke entró en la pista y se enfrentó a Kazumi.

—Te pagaré el doble que Webley —ofreció.

—Esta vez no conseguirás nada con tu dinero, Sasuke. No comprarás a Manda como hicistecon Glenna. Puse una condición cuando apalabré la venta.

Sakura lo miró con rapidez. Sasuke no le había dicho que había sido él quien había

comprado a Glenna. Sabía que había hecho los arreglos necesarios para que fuera

instalada en el zoo Brookfield, pero no que había sido su dinero el que lo había hecho

posible. La gorila tenía un nuevo y precioso hogar gracias a él.

—¿Por qué haces esto? —preguntó él. —La gente de Webley no recogerá a Manda hasta el amanecer. —La expresión de Kazumi se volvió astuta. —Será entonces cuando firme los papeles, pero siempre puedo cambiar de idea.

—Ah, así que llegamos al meollo del asunto, ¿verdad, Kazumi? —susurró Sasuke con vozapenas audible.

Kazumi miró a Sakura, que todavía estaba fuera de la pista al lado de Hiroshi.

—Eso te gustaría, ¿verdad, Sakura? Que detuviera todo esto. Puedo hacerlo, ya lo sabes.

Con una simple llamada telefónica.

—Claro que puedes —siseó Sasuke. —¿Qué tengo que hacer para que hagas esa llamada?

Kazumi se volvió hacia él y fue como si Hiroshi y Sakura hubieran dejado de existir, quedando sólo ellos dos frente a frente en medio de la pista; algo para lo que ambos habían nacido. Kazumi acortó la distancia que había entre ellos moviéndose sinuosamente, casi como una amante, pero no existía ni pizca de amor entre ellos.

—Ya sabes lo que tienes que hacer.

—Dímelo de todas maneras.

Kazumi se giró hacia Sakura y Hiroshi.

—Dejadnos solos. Esto es entre Sasuke y yo.

—¡Esto es una locura! Eso es lo que es. ¡Si hubiera sabido lo que estabas maquinando,juro por Dios que te hubiera sacudido hasta que olvidaras tal estupidez! —explotó Hiroshi.

Kazumi ni siquiera se inmutó ante aquel arrebato de ira.

—Si Sakura y tú no os vais de aquí, será el final del tigre.

—Vayanse —dijo Sasuke. —Hagan lo que dice. Hiroshi se volvió hacia él.

—No dejes que te corte las pelotas. Lo intentará, pero no dejes que llegue a ese extremo —dijo con amargura. Parecía como si hubiese perdido la fe en todo lo que creía.

—Lo intentaré —repuso Sasuke suavemente.

Sakura le dirigió una mirada suplicante, pero él estaba concentrado en Kazumi y no se diocuenta.

—Venga, Sakura. Vámonos de aquí. —Hiroshi le pasó el brazo por los hombros y la llevóhacia la puerta trasera. Tras tantos meses aprendiendo a luchar, Sakura intentó resistirse, pero sabía que Sasuke era la única esperanza de Manda.

Una vez fuera, respiró hondo. Era una noche fría y comenzaron a castañetearle losdientes.

—Lo siento, Sakura. No pensé que llegaría tan lejos —susurró Hiroshi, abrazándola.

Dentro se oyó la desdeñosa voz de Sasuke sólo un poco amortiguada por la lona de la

carpa.

—Eres una mujer de negocios, Kazumi. Si me vendes a Manda te compensaré generosamente. Todo lo que tienes que hacer es poner el precio.

Fue como si Hiroshi y Sakura hubieran echado raíces en ese lugar; sabían que debían irsepero eran incapaces de hacerlo. Luego Hiroshi cogió a Sakura de la mano y la hizo atravesarlas sombras hasta la puerta trasera, donde no podían ser vistos pero tenían una vista parcial

de la pista central.

Sakura vio cómo Kazumi acariciaba el brazo de Sasuke.

—No es tu dinero lo que quiero. Ya deberías saberlo. Lo que quiero es doblegar tu

orgullo.

Sasuke se apartó, como si no pudiera soportar su contacto.

—¿Qué rayos quieres decir?

—Si quieres al tigre, tendrás que suplicar por él.

—Vete al infierno.

—El gran Sasuke Uchiha tendrá que ponerse de rodillas y rogar.

—Antes prefiero morir.

—¿No lo harás?

—Ni en un millón de años. —Sasuke apoyó las manos en las caderas. —Puedes hacer lo quete dé la gana con ese puto tigre, pero no me pondré de rodillas delante de ti ni de nadie.

—Me sorprendes. Estaba segura de que lo harías por esa pequeña boba. Debería haberimaginado que no la amas de verdad. —Por un momento Kazumi levantó la mirada a lassombras de la cubierta, luego volvió a mirarlo. —Lo sospechaba. Debería haberme fiado demi instinto. ¿Cómo podrías amarla? Eres demasiado despiadado para amar a nadie.

—Tú no sabes lo que siento por Sakura.

—Sé que no la amas lo suficiente como para ponerte de rodillas y suplicar por ella. —Lomiró con aire satisfecho. —Así que yo gano. Gano de todas maneras.

—Estás loca.

—Haces bien en negarte. Una vez me arrodillé por amor y no se lo recomiendo a nadie.

—Jesús, Kazumi. No hagas esto.

—Tengo que hacerlo —la voz de la dueña del circo había perdido todo rastro de burla. —Nadie humilla a Kazumi Hozuki sin pagarlo. Lo mires como lo mires, serás tú quien pierda hoy.¿Estás seguro de que no quieres reconsiderarlo?

—Estoy seguro.

Sakura supo en ese momento que había perdido a Manda. Sasuke no era como otros hombres.

Se sostenía a base de acero, valor y orgullo. Si se rebajase, el hombre que era se destruiría.

Inclinó la cabeza e intentó darse la vuelta para marcharse, pero Hiroshi le bloqueaba elpaso.

—Sabes la ironía de todo esto, Sakura lo haría —dijo Sasuke con voz tensa y dura. —Nisiquiera se lo pensaría dos veces. —Soltó una carcajada que no contenía ni pizca de humor.

—Se pondría de rodillas en menos de un segundo porque tiene un corazón tan grande que es capaz de responder por todos. No le importan ni el honor ni el orgullo ni nada por el estilo si el bienestar de las criaturas que ama está en peligro.

—¿Y qué? —se burló Kazumi. —No veo aquí a Sakura. Sólo te veo a ti. ¿Qué será, Sasuke, tu orgullo o el tigre? ¿Vas a renunciar a todo por amor o te aferrarás a ese orgullo que tanto te importa?

Hubo un largo silencio. Cuando las lágrimas comenzaron a deslizarse por la cara deSakura, ésta supo que tenía que escapar. Pasó junto a Hiroshi, pero se detuvo cuando oyó el fiero comentario de éste.

—Qué hijo de puta.

Se giró con rapidez y vio que Sasuke seguía de pie frente a Kazumi, en silencio, con la

cabeza alta, pero sus rodillas comenzaban a doblarse. Esas poderosas rodillas Otsutsuki.Esas orgullosas rodillas Uchija. Poco a poco, su marido se dejó caer en el serrín, pero Sakura supo que jamás había parecido más arrogante, ni más inquebrantable.

—Suplícamelo —susurró Kazumi.

—¡No! —la palabra surgió de lo más profundo del pecho de Sakura. ¡No dejaría que Kazumile hiciera eso, ni siquiera por Manda! ¿De qué serviría salvar a un magnífico tigre si con ellodestruía a otro? Atravesó la puerta a toda velocidad y entró en la pista, haciendo volar elserrín mientras corría hacia Sasuke. Cuando llegó hasta su marido lo cogió del brazo y tiró de él para que se pusiera en pie.

—¡Levántate, Sasuke! ¡No lo hagas! No se lo permitas.

Él no apartaba la mirada de Kazumi Hozuki. Sus ojos parecían llamas ardientes.

—Tú me lo dijiste una vez, Sakura. Nadie puede humillarme. Sólo yo puedo rebajarme.

Sasuke levantó la cabeza, con la boca fruncida en un gesto de desprecio. Aunque estaba derodillas, jamás había parecido tan regio. Era el zar en persona. El rey de la pista central.

—Te lo ruego, Kazumi —dijo con firmeza. —No permitas que le ocurra nada a ese tigre.

Sakura se aferró al brazo de Sasuke y se dejó caer de rodillas a su lado.

Hiroshi soltó una exclamación.

Y Kazumi Hozuki curvó los labios en una media sonrisa. La expresión que tenía en la cara era una irritante combinación de admiración y satisfacción.

—Qué hijo de perra eres. Al final será verdad que la amas después de todo.

Miró a Sakura, arrodillada al lado de Sasuke.

—Por si aún no te has dado cuenta, Sasuke te ama. Tu tigre estará de vuelta mañana por lamañana. Ya me lo agradecerás en otro momento. Ahora, ¿tengo que seguir haciendo yo el trabajo sucio o piensas que puedes encargarte tú sola de esto sin volver a joderlo todo?

Sakura clavó la mirada en ella, tragó saliva, y asintió con la cabeza.

—Bien, porque ya estoy harta de que todos estén preocupados por ti.

Hiroshi comenzó a maldecir por lo bajo.

Sasuke entrecerró los ojos.

Y Kazumi Hozuki, la orgullosa reina de la pista central, pasó majestuosamente junto a elloscon la cabeza en alto y su brillante pelo rojizo ondeando como un estandarte del circo.

Hiroshi la alcanzó antes de que llegara a la puerta trasera, pero antes de que él pudiera

decir algo, ella se volvió y le clavó el dedo índice en el pecho con tanta fuerza como pudo.

—¡Y que nunca vuelva a oírte decir que no soy buena persona!

Lentamente, una pícara sonrisa reemplazó la mirada atontada en la cara de Hiroshi. Sindecir palabra, se inclinó y se la cargó al hombro.

Arrodillados todavía en el serrín de la pista, Sakura sacudió la cabeza con desconcierto ymiró a Sasuke.

—Kazumi lo tenía planeado todo. Sabía que Hiroshi y yo no podríamos resistirnos a

escuchar a escondidas. De alguna manera sabía cómo me sentía y ha preparado toda esta charada para que vea que es verdad que me amas.

Los ojos que cayeron sobre ella eran tan duros y fríos como el ámbar, y además estabanfuriosos.

—Ni una palabra. —Ella abrió la boca. —¡Ni una palabra!

El orgullo de Sasuke había quedado maltrecho y no se lo estaba tomando demasiado bien.

Sakura supo que tenía que actuar con rapidez. Después de haber llegado hasta ahí, no iba aperderlo ahora.

Le empujó en el pecho con todas sus fuerzas y, pillado por sorpresa, Sasuke cayó en elserrín. Antes de que pudiera incorporarse, ella se sentó a horcajadas sobre él.

—No seas tonto, Sasuke. Te entiendo. —Le metió los dedos entre los oscuros cabellos. —Te lo ruego. Hemos llegado demasiado lejos para que hagas el tonto ahora; ya lo he hecho yo por los dos. Aunque en parte fue por tu culpa, que lo sepas. Me has repetido tantas veces que no sabías amar que, cuando realmente lo hiciste, pensé que sólo te sentías culpable. Debería haberlo sabido. Debería…

—Deja que me levante, Sakura.

Ella sabía que podía quitársela de encima con facilidad,pero también sabía que no lo hacía por el bebé. Y porque la amaba.

Se inclinó hacia él. Le rodeó el cuello con los brazos y apretó la mejilla contra la suya.

Extendió las piernas sobre las de él y apoyó los dedos de los pies encima de sus tobillos.

—Creo que no. Ahora estás un poco furioso, pero se te pasará en un par de minutos, encuanto lo reconsideres todo. Hasta entonces, no pienso dejarte hacer nada que puedaslamentar más tarde.

Sakura creyó sentir que él se relajaba, pero no se movió, porque Sasuke era un tramposoredomado y esa podía ser una de sus tácticas para pillarla con la guardia baja.

—Levántate ya, Sakura.

—No.

—Acabarás lamentándolo.

—Tú no me harías daño.

—¿Quién ha dicho nada sobre hacer daño?

—Estás furioso.

—Soy muy feliz.

—Estás muy furioso por lo que Kazumi te ha obligado a hacer.

—Ella no me obligó a hacer nada.

—Te aseguro que sí. —Sakura alzó la cabeza para dirigir una amplia sonrisa a aquella caraceñuda. —Lo ha hecho muy bien. De veras. Si tenemos una niña podemos llamarla comoella.

—Sobre mi cadáver.

Sakura inclinó de nuevo la cabeza y esperó, acostada sobre él como si fuera el mejor

colchón anatómico del mundo.

Sasuke le rozó la oreja con los labios.

—Quiero casarme antes de que nazca el bebé —susurró Sakura acurrucándose más contraél. Sintió la mano de Sasuke en su pelo.

—Ya estamos casados.

—Quiero hacerlo de nuevo.

—Dejémoslo sólo en hacerlo.

—¿Te vas a poner vulgar?

—¿Te levantarás si lo hago?

—¿Me amas?

—Te amo.

—No suena como si me amases. Suena como si estuvieras rechinando los dientes.

—Estoy rechinando los dientes, pero eso no quiere decir que no te quiera con todo mi

corazón.

—¿De veras? —Sakura alzó de nuevo la cabeza y le brindó una sonrisa radiante. —

Entonces, ¿por qué tienes tantas ganas de que me levante?

Sasuke esbozó una sonrisa picara.

—Para poder probarte mi amor.

—Empiezas a ponerme nerviosa.

—¿Temes no ser lo bastante mujer para mí?

—Oh, no. Definitivamente eso no me pone nerviosa. —Sakura inclinó la cabeza y le

mordisqueó el labio inferior. En menos de un segundo, él lo convirtió en un beso profundo ysensual. A Sakura se le saltaron las lágrimas porque todo era maravilloso.

Sasuke comenzó a besarle las lágrimas y ella le acarició la mejilla.

—Me amas de verdad, ¿no?

—Te amo de verdad —dijo él con voz ronca. —Y esta vez quiero que me creas. Te lo

ruego.

Ella sonrió a través de las lágrimas.

—Te creo. Vámonos a casa.