Capítulo 25.
Eliza, no sabía que había pasado, ni porque su esposo estaba muy molesto, solo la subió, al carro para ir a donde pasarían su noche de bodas, Ernesto bajo sin ayudar a Eliza, a bajar del coche, solo entro y le dijo.
-Sube y quítate la ropa, yo subo en un rato.
Eliza, no emitía sonido, solo acento con la cabeza, subió aquellas escaleras y entro a la recamara que estaba en penumbras, sabía que no debía contradecir a su ahora esposo, su madre la había moldeado para que su altanería se modificara y se volviera un poco sumisa, le dijo que, si quería llevar un buen matrimonio, debería de ser obediente y más que por su edad no era fácil encontrar un buen esposo para ella.
Ernesto, solo se metió a su despacho y saco una botella de wiski, para contener su coraje y odio, cuando ya llevaba como la mitad de la botella se levantó y fue a la recamara, para tomar a su ahora esposa.
Eliza, ya su doncella que estaba para ayudarle a cambiarse estaba esperándolo, prendió las velas y pidió la cena, ya que no habían cenado nada, pero al ver que no subía solo se quedó ahí sentada, peinando su cabello.
Cuando lo escucho entrar…
Ernesto, solo la observo en aquella bata, semitransparente _bueno al menos no estas de mal ver, hasta eso eres bonita.
-Solo te pido que seas cortes, ya que es mi primera vez.
-En verdad, si las señoritas de tu clase a veces están más instruidas en esto que las mujerzuelas, vamos dime que sabes hacer.
-Ya te dije que nada, soy virgen.
Ernesto, se acercó como aquel lobo tras su presa. comenzó a besarla, a tocarla de una manera dominante, la aventó a la cama y solo se le puso encima, para besarla sin recato, solo comenzó a tocarla apretándola, mallugando, mordiendo sus partes íntimas.
-Eliza, gritaba, no así no, por favor, noooooo
-Así, ¿cómo? eres mi mujer y te debes a tu esposo, así que abre las malditas piernas.
-Eliza, se forcejeaba, noooooooo,
-Dije que las abrieras, en cuanto lo hizo, Ernesto la penetro de una estocada sin previo aviso, solo la penetro para comenzar hacerla suya, sin ningún recato, solo comenzó a poseerla, rápido y sin tener ningún cuidado de lastimarla.
No una, sino varias veces, hasta que sacio todos sus bajos instintos, solo se acostó a lado de Eliza, en lo que Eliza, solo sollozaba, de que su primera noche de bodas no fue como le habían contado, que sería cortes, cariñoso, que la iba a tratar como si fuera una rosa, cuando no fue así.
Solo, se acurruco para abrasarse a sí misma, todos la habían engañado, sus doncellas, su madre, sus pocas amigas, que le decían que hacer el amor era maravilloso, pero porque para ella no lo sintió así, solo sintió, odio a su marido, odio de no hacerla sentir lo que le dijeron, odio de no tratarla con delicadeza, sino como si fuera un animal, muchas veces había visto como los animales los obligaban aparearse.
Ahora así se sentía ella, como si la hubieran vendido, su esposo era un hombre de 45 años de edad y ella solo tenía 27, porque si era joven y bonita, la había tratado así, porque no la trato bien en su noche de bodas, esa y algunas preguntas rondaban en la cabeza de Eliza.
Al siguiente día, se levantaba Ernesto, volteo a mirar a Eliza y con un fuerte dolor de cabeza, solo fue al baño hacer sus necesidades, al regresar observo en la cama, la mancha de sangre de Eliza, que era la prueba que era doncella, aun así, ni se inmuto de como la había tratado la noche antes.
Solo se bañó, se cambió y bajo a desayunar.
En cuanto Eliza, escucho que salió de la habitación, la doncella de Eliza, iba a entrar ayudarle cuando la vio solo le dijo _ esta despedida.
-Pero señor, yo siempre he estado con la señorita.
-Dije que esta despedida, no te quiero dentro de mi casa, mi mujer ya no te necesita, así que te me largas en este mismo momento.
A la doncella, no le quedo de otra más que retirarse para la casa de su antigua patrona.
Ernesto, bajo para desayunar como todas las mañanas, en cuanto salió de la habitación Eliza, trato de levantarse, pero el dolor entre las piernas simplemente no se lo permitió, volvió a sentarse, solo se volvió a sentar observo su parte intima, aun llena de sangre, solo como pudo fue al baño a limpiar los restos de semen y tratando de limpiar los moretones que le dejo, solo lloraba, en la tina, que el agua estaba helada, aun así, no espero a que su doncella trajera el agua caliente, solo quería limpiarse.
Ernesto, solo veía el periódico, donde aparecía en primera plana el anuncio del bautizo del heredero, de la familia Andlay, hijo de William Albert Andlay y de su esposa Candice White Brown Andaly de Andlay, cosa que enfureció aún más, como era posible que algo que aun ni siquiera pasaba, ya era anunciado con página completa y su boda, solo fue relegado a un pequeño anuncio en la página de sociales.
Solo arrugo, el periódico, pero ya vería que paso, si pago grandes cantidades de dinero para que la noticia de su boda saliera en primera plana, ahora el bautizo estaba en todos los titulares, eso quería decir que Candy, había regresado, pero cuando se había recuperado, si los informes decían que estaba en una clínica muy enferma, peor aun con un bebe en brazos.
-Marcos, Marcos, Marcos.
-Dígame señor…
-Investígame donde esta Candy Andlay, donde la tiene William, donde está en estos momentos, en algún lado deben estar, así que deja todo y consigue lo que te pedí, esa mujer debe terminar en mi cama, a como dé lugar, no sabes cómo voy a disfrutar cuando eso pase.
Pero, ya, la información la quiero inmediatamente.
-Sí, señor.
Eliza, como pudo se salió de la tina y se puso la bata, cuando entro Ernesto_ vaya mi bella esposa, por fin despertó, dime querida, disfrutaste anoche, así como yo lo hice.
Eliza, solo sollozo, de lo mal que se sentía.
-Hay no llores, si solo hice lo que cualquier hombre, hace en su noche de bodas, disfrutar de su mujer, es más ven acá, te recuerdo que aún estamos de luna de miel.
-Eliza, solo se forcejeaba, nooooo, déjeme, no.
-Sí, querida, si solo arrancándole la bata y poniéndola de espaldas en la cama, solo sacando su miembro del pantalón, para penetrarla como si fuera un caballo, no le importaba que gritara, llorara, solo le interesaba el hecho, que con ella estaba dejando todo su odio hacia esa familia, esa familia que nunca había querido aceptarlo.
Sabes, que querida, tu padre y madre me engañaron, así que tú vas a pagar las consecuencias, ni modo, alguien tenía que pagar el hecho, de que ya no perteneces a la familia Anday y tu querida, pagaras los platos rotos de eso.
Al terminar, solo se levantó y abrocho los pantalones, _ya deja de llorar, si eso lo hacen todas las mujeres, no sé de qué te quejas, por cierto, olvídate de el viaje de luna de miel, no voy a gastar mi tiempo en eso, tengo asuntos más importantes que hacer.
Por cierto, despedía a tu doncella, de ahora en adelante tu sólita harás tus cosas, no necesitas a nadie para vestirte, así que de verdad solo aprende hacer una buena esposa, así como una buena amante, necesito que me des placer, no que cada vez que estoy contigo, solo lloras.
-Saliendo de aquella habitación, para comenzar sus labores en su oficina.
En Lakewood, Candy, miraba el periódico, amor, mira aquí está el anuncio del bautizo.
-No, sé de dónde sacaron eso, si ni siquiera lo había comentado, de hecho, aun no ponemos fecha para eso.
La tía Elroy, que estaba con ellos, bueno sobrino que te parece el mes que viene, el niño necesita ser bautizado, de hecho, ya los meses están pasando, no es bueno que lo dejemos para después.
-Sí, tía, pero eso implicaría que deben ir a Chicago, eso es lo que me preocupa.
-Sobrino, nada nos va a pasar, solo contrata más seguridad, además tanto Candy, como yo debemos hacer el pedido de nuestros vestidos para el evento y no solo eso, arreglar el ropón del niño, aparte de hacer todo lo necesario, desde aquí solo no voy a poder.
Albert, solo suspiro, _que voy hacer con ustedes, de verdad que dios las crea y ustedes sólitas se juntan, está bien, solo amor, no quiero que vayas sola a ningún lado, ni mucho menos salgas sin tu escolta para nada, estamos.
-Sí, amor, te haré caso.
-Está bien se irán conmigo, el lunes, para que pidan sus maletas.
-Sí, una muy sonriente Candy.
Tanto Candy, como la tía Elroy, estaban muy contentas de regresar a Chicago, sobre todo que tenían un evento muy importante que realizar, invitaciones que mandar de hecho, un mes era muy poco tiempo para todo eso, pero tiempo suficiente para que los familiares de fuera pudieran venir, solo los de Chicago, los de Escocia, ya habían presentado sus respetos así, que no era necesario asistir.
Sara, supo por su doncella que la habían despedido, cosa que no le gusto para nada, solo se arregló para ir a buscar a su hija, pero en cuanto llegó a casa de Ernesto, le dijeron que los señores no estaban, que habían salido, cosa que sabía que no era cierto.
Ernesto, muy molesto le dijo a Eliza…
-No quiero a tu madre, rondando mi casa, escuchaste porque de verdad que tu familia es una molestia, solo la miro sentada en el comedor con cara de terror, porque no eres como Helena, ella si era una mujer, muy apasionada, pero tu solo eres un tronco en la cama, más te vale que cambies de actitud, porque si no lo que va a pasar es que te voy a regresar a tu casa.
Si, algo le temía Eliza, era que supieran que había sido repudiada por su marido, que su matrimonio fuera un total fracaso, en verdad que ella quería ser la esposa perfecta, pero no sabía cómo hacerlo, no sabía cómo complacer a su esposo, ni como sobrellevarlo con su actitud tan negativa hacia ella.
En la oficina de Ernesto, llego Marcos.
-Señor la señora Andlay, está en Lakewood, con su tía y su hijo, el Sr. Andlay, solo va verlos los fines de semana desde el viernes después del mediodía, regresando el lunes muy temprano, solo que…
-Queeeee. Dime.
-Bueno creo que el señor, presiente que está planeando algo en su contra, ya que la villa está muy bien resguardada.
-Ha, ya veo, claro con el hijo, no se quiere arriesgar a que algo le pase, no es a su hijo a quien quiero, sino a su mujer, cuando la tenga en la cama, la voy hacer gritar mi nombre hasta el cansancio.
-Pero al parecer van a viajar a Chicago, para arreglar todo para la fiesta del bautismo.
-Sí, esa noticia, salió en todos los periódicos.
Eliza, estaba en su recamara, tratando de arreglar sus vestidos, ya que sin doncellas no podía solo dejar las cosas se las tenía que arreglar sola, así, se preguntaba porque su esposo, no quiso ni ir de luna de miel, si ya estaban comprados los boletos, que era eso tan importante como para que cancelara su viaje.
En la noche igual Eliza, estaba en la recamara, ya dormida, Ernesto, subió después de despachar a Marcos, llego se desnudó y metió a la cama, solo atrajo a Eliza, hacia a él, pero esta vez ella no quería, su propio yo, gritaba por dentro así que se defendería.
-No, déjame animal, no te atrevas a tocarme.
-Que dijiste…como me llamaste.
-Eliza, cuando lo miro, solo le dijo_ dije que no quiero que me toques, escuchaste mirándolo con ojos de rabia, levantándose de la cama y tomando un candelabro que estaba cerca.
-Jajajajjajajaj De verdad, te vas a poner así mi amor, hasta que salió la verdadera Eliza, esta me gusta más, hay fuego en tu mirada, eso me gusta, una mujer muy apasionada, una mujer que no me teme, esa es la mujer, que quiero en mi cama, no aquella que solo chilla, porque la monto.
Acercándose a ella, más y más, cada vez que lo hacía, Eliza, solo retrocedía hasta que quedo arrinconada en la puerta, cuando Ernesto, la acorralo y este con destreza, le apretó la mueca de la mano hasta que logro soltar el candelabro, y la abofeteo.
_Nunca, más me vuelvas a decir animal, escuchaste, ni me vuelvas amenazar, si lo haces tú linda familia pagara las consecuencias.
Aventándola, de nuevo a la cama para hacerla su mujer, sin darle tregua a que ella, solo saciaba sus intentos de una manera desenfrenada, la colocaba en posiciones que ella, ni siquiera consentía, pero se aguantaba, ya que no quería que la volviera a golpear, cuando estaba terminando, solo bufo, haaaaa, siiiii, dios eres tan estrecha, me encantas.
Eliza, no coincidía su desdicha, realmente en que momento sus padres, concertaron ese matrimonio, si él, no la quería, eso se notaba a leguas, porque quiso casarse con ella, pero por primera vez en días, la pelirroja, no lloro, solo acepto lo que estaba pasando, había decidido no llorar más, solo aceptar lo que le había tocado y aprender a vivir con ello.
Albert, llegaba a la mansión, en busca de su familia, era recibido por el mayordomo.
-Señor…
-La señora.
-En el cuarto de su hijo.
Albert, solo subió hasta el tercer piso de la mansión, para encontrar a Candy, muy dormida con su bebe a su lado, solo se acercó y los observo dormir, se le veía tan bella, su hijo tan hermoso, parecía un muñeco con su respiración pausada, se recostó a su lado.
Candy, sintió que el peso de la cama había cambiado y rápidamente despertó. _ Hola amor, tiene mucho que llegaste.
-No, apenas, no sabes la alegría que me da, llegar y encontrarlos aquí en la mansión, conmigo.
-Bueno amor, creo que lo podemos hacer permanente.
-No, se Candy, Ernesto, es muy impredecible, me da miedo que vaya atentar contra ti, contra mi hijo, si les pasara algo yo me moriría.
-Nada va a pasar, no te preocupes, cuando estamos aquí, estamos muy bien cuidados y cuando salgo lo hago como me dijiste, con la escolta, él bebe ya sea que se quede con la tía o conmigo.
Albert, solo suspiro, _si lo sé, pero me da muchísimo temor.
-Bueno amor, no pensemos en eso, quieres, mejor dime como te va en el trabajo.
-Mejor sabes, ya todo está mejorando, de hecho, desde que regrese las cosas se tornaron mejor, aparte de que Jeans, ya se está haciendo cargo de que las importaciones de los granos, eso me ha ayudado muchísimo.
-Supongo, que va llegar la próxima semana.
-Supones bien, él y Samantha llegaran a la villa de Jeans, le dije que podía llegar aquí, pero no quiso, me dijo que sus hijas son un torbellino y que preferiría mejor llegar a su villa.
-Hay sus niñas, son hermosas, me hubiera encantado que llegaran aquí, hay suficiente espacio para ellos.
-Si amor, pero no aceptaron, se sentirán mas cómodos en su villa.
-Ya casi, tenemos todo para el bautismo, ya solo nos queda esperar el día, las invitaciones fueron enviadas desde hace un par de semanas, bendita tía, de verdad que todo lo tiene muy bien planeado.
-Que te digo, ella a eso se dedica, sabes muy bien que es experta en estos menesteres, a lo que me recuerda que usted y yo tenemos algo muy importante que tratar.
-Así, que es…
-Albert, acerco su rostro dándole un beso, que crees que sea, mmm haber adivina.
-No, señor estoy muy agotada, arreglando lo de la fiesta, así que no, esta noche dormiremos como hermanos, escuchaste.
Albert, solo se levantó puso al bebe en la cuna y se abalanzó sobre de ella, como hermanos dijiste.
Candy, trago seco, si, como hermanos.
-mmm, creo que eso, no podre soportarlo, jamás me pidas que duerma contigo como hermanos, no me digas eso, mirándola a los ojos y besándola en el lóbulo de la oreja, comenzando a besar su cuello, abordando sus labios con muchísima pasión, casi sin dejar de respirar, apretando su cuerpo contra el de ella, para abrasarla, pasando a dejar un rastro de besos de su cuello, al escote de su vestido donde se observaban muy generosos senos.
Cuando de repente, unos toquidos se escucharon en la puerta.
-Quien…
-Señor, la cena está servida, la señora Elroy, ya está en el comedor.
-Sí, ya vamos.
-Candy, le daba muchísima risa, que habían sido interrumpidos, _Jajjajaajajajaj, ni modo, debiste decirle a la tía que no íbamos a bajar.
-Olvide ese detalle, pero de regreso, prepárate porque no te voy a dejar dormir, anda vamos con la tía.
Así, los días prosiguieron hasta el día del bautismo, que se celebró por todo lo alto, la fiesta más mencionada por todos los periódicos.
Anthony, llevaba un ropón que se había usado de generación en generación por todos los patriarcas de los Andlay, muy bien cuidado de hace muchos años, cada generación solo se sustituía algo nuevo para conservarlo, pero casi se conservaba intacto el bordado, solo era para la ceremonia, después se le cambiaba por su ropa para la fiesta y era guardado celosamente para el próximo bautismo de algún miembro de la familia.
La fiesta, fue programada en el mejor salón de Chicago, los padrinos de Anthony, fueron Samanta y Jeans Mackenzy, que aceptaron de inmediato, aunque Archie y Anny, estaban un poco sentidos, pero era de esperarse, ya que Jeans, no solo era amigo del matrimonio sino aparte de eso, hermano de Albert, sabía que el próximo bebe que tuvieran ellos serían nombrados con tan alto nombramiento ya que se tomaban muy enserio de ser padrinos de los niños.
En la fiesta, estuvieron todas las señoras, que años atrás solo se regocijaban de las desgracias ajenas, ahora estaban ahí como siempre comentando los últimos chismes de la época, anunciando que había llegado una nueva cortesana del momento, cosa que les molestaba.
La señora Smith, fue la primera en hablar _Querida, ¿cómo estás? veo que regresaste y muy sana, pensamos que no lo lograrías.
-Sí, lo sé, pero ya estoy muy bien, mi bebe y mi familia están muy bien.
-Sí, eso vemos estas preciosa y que te digo, tu bebe todo un caballerito muy guapo, muy parecido a su padre.
La tía Elroy, que estaba muy cerca comento_ por supuesto que se parece a mi sobrino, a quien más debería parecerse, digo ya sé que los hijos de tu hija, como se llama Sofía, sus hijos nacieron morenos, muy raro no creen, si su esposo es blanco como la leche.
La señora Smith, se puso roja de la pana, pero era cierto, nadie sabía la razón de que dichos niños nacieran, un poco diferentes a los genes del padre, echando abajo cualquier mala insinuación hacia él, bebe Andlay.
-Por cierto, querida, ya encontraron a tu hija, dirigiéndose a la señora Potter, digo porque se dijo mucho que se había escapado con el capataz, de tu hacienda que está en México.
-No sé, de que me hablas, yo no tengo ninguna hija.
-Hay entonces me equivoque, perdón, no sabía que la habías repudiado, así una a una la fue poniendo en su lugar, se la debían por ser tan chismosas y haber atentado en contra del matrimonio de su sobrino, ya que en su ausencia vieron la oportunidad de atacar a su familia, sin ningún reparo.
Cosa que no le iba a dejar pasar, solo tomando a su sobrina del brazo, _Vamos hija, debes tomarle las fotos al niño, para los periódicos, dejando a más de una señora callada e incómoda por sus comentarios, pero solo así aprenderían a no meterse con nadie de la familia Andlay, ni mucho menos tratar de poner en entredicho el nacimiento del hijo de su sobrino.
-Malditas urracas, que se pensaron que ya porque lo hicieron una vez, lo volverían hacer, se equivocan, mientras yo viva, jamás se atreverán a querer meterse con ustedes, de eso yo me encargo.
-Ya tía, no haga corajes sus comentarios no me hacen daño, digo creo que el tiempo ya paso, me he acostumbrado a este tipo de fiestas plagadas de chismes sin sentido, con gente que solo quiere hacer daño con su lengua, no se preocupe que con la comunicación que tengo con Albert, nunca más volveremos a tener malos entendidos.
Albert, se acercó a Candy, para tomarse las fotos para los periódicos y para los recuerdos, justo con la familia, los padrinos que estaban más que contentos de ser parte de tan gran alegría, terminando con una fiesta espectacular.
Al siguiente día, el evento fue sonado en todos los periódicos Ernesto, en el comedor desayunando, solo veía el periódico y lo abollaba para dejarlo en el suelo, maldita sea, todo lo que haga solo no surte efecto, mirando con rabia a Eliza.
-De que sirvió casarme contigo, sino pude integrarme a la sociedad como quería, ni siquiera fuimos invitados a este evento, quienes se creen para despreciarme.
-Eliza, tomando su desayuno, lo miro con orgullo, los Andlay, por si no lo sabias, a la familia que yo pertenecía antes de casarme contigo y de la cual me duele haber dejado.
Ernesto, la miro, con desdén vaya mi esposita hablo, ya era hora, que dejaras de llorar, por cierto, querida, es hora que vayamos a ver esa propiedad que tu padre me dio en dote, la que está en Lakewood.
-No llevaremos a nadie, solo un par de sirvientas, quiero ver como esta esa propiedad y sobre todo qué valor tiene, además se supone que tú y yo aún estamos de luna de miel.
-Jajajajajaj, se empezó a carcajear Eliza, solo tú te crees eso, que estemos de luna de miel.
Ernesto, le dio coraje, se paró y tomo el rostro de Eliza, la miro con rabia, le dio un beso que termino mordiéndole un labio, no sabes cómo voy a disfrutar teniéndote a mi servicio.
Eliza, solo volteo la cara después de eso, limpiándose la sangre que fluyo de la mordida, en su labio, solo susurro te odio, no sabes cuánto.
En el matrimonio Andlay, después de la fiesta decidieron que tomarían de nuevo el camino de regreso a Lakewood, ya que aún la mansión no había sido totalmente remodelada, hacía falta así que decidieron regresar un par de meses en lo que terminaban, lo que no sabían era que el peligro los acechaba.
En Lakewood, regresaba Candy, con su bebe en brazos, junto con Albert, su tía se había quedado en Chicago, ya que quería dejar las especificaciones de las remodelaciones y apurar a los trabajadores, ya que lo que menos quería es que sus sobrinos siguieran separados, así que, si quieres hacer las cosas, debes estar ahí para que fluyeran los trabajos.
Ernesto y Eliza, igual llegaban a su villa, la cual necesitaba reparaciones y sobre todo un arsenal de sirvientes para limpiar todo, ya que habían sido años sin que vivieran ahí, solo llegaron con dos sirvientas y una cocinera, Ernesto no quería que supieran que estuvieran ahí, así podría acercarse sin ser vistos.
-Eliza, cuando llego recordó todo lo que había vivido en esa casa, cuando era solo una niña y pre adolescente, cuando estaban sus padres, cuando llego Candy, a su hogar, lo mala que había sido con ella, recordó a Anthony, cuando iba de paseo con ella, sus rosas.
Solo comenzó a derramar lágrimas, pensando si Anthony, no hubiese muerto tal vez la hubieran casado con él y no estuviera sufriendo todo lo que le toco vivir, en los últimos meses, pero sabía muy bien, que tal vez eso tampoco hubiese sucedido, ya que Candy, era su favorita, pero lo que si sabía es que las cosas hubieran sido diferentes.
Comenzó a hurgar, quitando las sabanas polvosas de la sala, ayudando a la sirvienta, se sentía en casa, como hace mucho tiempo no se sentía, pensaba si hubiera actuado diferente con aquella niña, talvez ella también hubiera tenido un futuro diferente, pero solo era una niña, que era influenciada por su madre y por la sociedad imponiéndose en contra de los menos desfavorecidos.
Pero ahora ella, era la que estaba pagando todas esas atrocidades que antes cometieron, siendo niños en contra de aquella niña, que solo pedía ser parte de su familia, pensaba que el karma existe, pero si solo hubiera sido buena, si tan solo se hubiera convertido su amiga, si tan solo la hubiera defendido de los demás, tal vez ahora no estuviera sufriendo.
Sus pensamientos fueron cortados por Ernesto, _Sube a limpiar la recamara, piensas que solo nos vamos a quedar aquí en la sala, por cierto, mande a traer un par de caballos, sé que te gusta montar así que no tardan en llegar, tú te encargaras de ellos, son de raza pura, así que debes ser cuidadosa con ellos, si algo les pasa, tu serás la que pagaras las consecuencias.
Eliza, no hizo más que subir a la recamara que era de sus padres, sabiendo que ahora esa sería su recamara y la de su esposo, aunque le disgustaba de sobremanera, pero que hacía, si las cosas así eran, tendría que soportarlo y aprender a vivir con él, aunque fuera su desdicha.
Los días pasaron y una mañana Eliza, estaba cepillando los caballos, le puso la silla a uno y decidió ir por los alrededores, tenía ganas de salir a pasear, tenía mucho que no recorría la propiedad, tenían ya una semana de estar ahí y solo se habían dedicado a limpiar Ernesto, no estaba había regresado a Chicago, eso la tenia de muy buen humor, así que sin más salió en el caballo, acercándose mucho a la propiedad de los Andlay.
Ese día, Albert, estaba en Lakewood, decidió ir de picnic su familia, preparo todo desde temprano, poniendo una sesta con el almuerzo y cosas de Anthony atrás, en otro caballo iría Candy, el cargaría a su hijo en su caballo, dirigiéndose hacia la cascada, en donde buscaron un árbol para no asolearse, poniendo una manta para sentar a Anthony.
Jugando con Anthony, en la hierba, estuvieron un buen rato hasta que se cansó y se durmió, lo acomodaron en las mantas para que estuviera cómodo, quedando Albert y Candy, ahí sentados, platicando.
Albert, se acercó a Candy, para besarla…
-Que haces…
-Solo besando a mi esposa.
-No, Albert, nos pueden ver.
-Jajajajjaj, nadie nos va a ver, les dije a los guardias, que no vinieran a esta parte de la propiedad, ya que quería privacidad, acercándose en que estábamos.
-Albert, el niño está con nosotros.
-No, lo pongas de pretexto, ya que está profundamente dormido, así que ven acá, arrinconándola en la hierba, comenzando a besarla con desesperación, _Ándale amor, antes de que despierte.
-Albert, no, ya te dije que no, pero era silenciada con otro beso y otro, otro bajando la defensiva que se había impuesto, pero que no le funciono ya que Albert, comenzó a desabrochar aquel vestido que específicamente le pido, que no usara su traje de equitación, sino un vestido para montar, cosa que, a Candy, se le hizo raro, pero no se lo tomo a mal.
Sus manos viajaban en las piernas de Candy, ya que el vestido se lopermitia, _no sabes cómo me he tenido que aguantar para hacer esto, comenzando a depositar besos por el cuello, Candy, comenzó a jadear aceptando las caricias de su esposo, el cual le susurraba al oído, que la amaba y que la deseaba.
Ellos, estaban en su encuentro pasional, cuando a unos metros de ahí, entre los arbustos una mujer se iba acercando, al escuchar que alguien estaba cerca, se le hizo raro, se bajó del caballo, lo amarro y decidió ir despacio, para saber de quienes se trataban, solo se quedó en shock viendo aquella escena, en donde Albert, estaba con Candy, en esa forma disfrutando de un encuentro muy pasional.
Albert, ponía a Candy encima de él, quedando debajo en la hierba, solo bajo sus pantalones un poco, Candy, cubriendo con su vestido las partes íntimas de ella y su esposo, por si Anthony despertaba, que era lo que acaso les preocupaba, la llenaba de besos y fueron profundizando más y más el encuentro.
Eliza, decidió quedarse, ella pensaba que él, la obligaría hacer cosas que no quería, pero su sorpresa fue mayor al ver que ellos disfrutaban de un encuentro lejos de ser violento, era muy pasional y sobretodo que Albert, la besaba, aunque era un poco desesperado, el caso que lo hacía con ternura, con cuidado de no lastimar a Candy.
Solo observo, unos minutos, pero le basto para darse cuenta que su vida marital estaba muy lejos de tener aquello, que ellos tenían, solo lloro por eso, por ver esa escena que ella, sabia jamás su esposo le daría, pero porque las cosas eran así, ella que se esforzó tanto por educarse, ser una dama, para que, si, termino con un despiadado y corriente esposo.
Solo regreso por su caballo y decidió irse de nuevo a su villa, sin hacer ningún ruido, se subió al baño y decidió darse una ducha, en la cual sus manos viajaron imaginándose ser ella, la que tenía aquel encuentro y que su esposo, la trataba de la misma forma en que Albert, trataba a Candy, pero no era así, solo se concentró para sentir, suspirar y desear que las cosas cambiaran, que su vida cambiara, pidiéndolo como deseo y quizás sus ruegos serian escuchados.
La pareja de Rubios, termino su encuentro, con un clímax que tuvieron que ahogar ya que su hijo podría despertar, así que solo se arreglaron, para regresar y continuar más cómodos en su recamara, dejando a su hijo con la niñera, para no tener que preocuparse de él.
Los días, transcurrieron y Ernesto, aun no podía acercarse a Candy, cada vez que trataba de traspasar la propiedad veía que los guardias ahí estaban, pero eso no lo detendría.
Una tarde se emborracho y decidió tomar a Eliza, como siempre, con violencia, solo subió a la recamara a desahogar todas sus frustraciones, así, que, obligando a Eliza, a desnudarse, esta…
-No, ya no me vas a tocar de esa manera, te dije que me sueltes.
-Tú, vas hacer lo que yo diga, eres mi mujer y te debes a mí.
-No, ya te dije que así, no, forcejándose con él, atinado a tomar una lámpara del buro y darle en la cabeza, el cual cayó al suelo.
Eliza, solo salió despavorida de la casa, corriendo, sabía que, si se quedaba después de eso, Ernesto, era capaz de matarla, así que corrió sin voltear, sin fijarse a donde ir, solo corrió y corrió hasta llegar a la villa de los Andlay, pero los guardias la detectaron…
-Quien anda ahí…
Eliza, solo dijo, llévenme con mi familia por favor y se le oscureció todo, el guardia la llevo adentro de la casa, donde estaba Albert y Candy, en el comedor cenando.
Cuando escucharon que el guardia, entro con una mujer en brazos, señor la señorita estaba deambulando por la propiedad.
Candy, solo atino a mencionar_ Eliza.
-Rápido súbanla a una recamara para atenderla, amor por favor ayúdame.
-Sí, pidiendo una bandeja con agua para limpiarla y las sales ya que estaba inconsciente.
Cuando Eliza, despertó solo se acurruco y les dijo _ No dejes que me lleve de nuevo, por favor ayúdenme.
-No te preocupes, te vamos ayudar, no regresaras con ese monstruo, tranquilízate.
Eliza, lloraba desconsolada, pero ahora estaba segura, si segura con su familia, aunque ya no pertenecía al patriarcado, sabía que su tía haría hasta lo imposible por disolver ese matrimonio.
Ernesto, despertaba aturdido por el golpe buscando a su mujer, la cual ya no estaba en la casa, si no al resguardo de su familia, pero ya se las pagaría.
Al siguiente día, le pidió a Marcos que la buscara, que no le fue difícil saber dónde estaba, sabía que no iría lejos, así que solo atino a mandar a llamar a su madre, para que fuera por ella, sabía que, a él, no lo dejarían entrar por obvias razones, así que la única carta que tenía era Sara Liganz.
Eliza, despertaba en una reconfortarle cama, Albert, estaba en su despacho, esperando a que su tía regresara, la mando a llamar para resolver un problema de una importancia de urgencia.
Candy, entro a la habitación de Eliza, _¿cómo te sientes? Al verla con varios moretones, no solo en la cara, sino en el cuerpo su piel se denotaban los golpes.
-Cómo puedes ver, no muy bien que digamos.
-Vamos, esos golpes desaparecerán, lo importante es que estas a salvo.
-Candy, como es que tú puedes ayudarme, cuando yo fui muy mala contigo.
-No te preocupes por eso, yo ya lo olvidé, lo importante es que ahora debes de pensar en restablecerte y sobre todo que vas hacer con tu vida.
Eliza, solo comenzó a llorar- no sé qué voy hacer ahora, mi familia me va obligar a regresar con mi esposo, por lo que dirán que es mi obligación y él, una vez que esté en sus manos me va a matar.
-Nadie te va entregar, Albert, hablara con la tía, para ver qué solución le dan a esto, tu no regresaras con ese monstruo.
-De verdad, van hacer eso por mí, no sabes cuan agradecida estoy por esto.
-Nada que agradecer, solo debes de preocuparte por sanar, tanto del cuerpo, como del alma, en un momento suben tu desayuno, solo descansa.
En la tarde llegaba la Elroy, para hablar con su sobrino y Eliza, saber la situación y como la iban abordar, el hecho era, que estaba casada con Ernesto, él podría acusarlos de secuestro, si la tenían en alguna propiedad de los Andlay.
Candy, entro al salón donde se encontraban platicando sobre el futuro de Eliza, cuando se le ocurrió una idea.
-Tía y por qué no se la llevan a Londres.
-Londres, eso sería muy fácil para Ernesto, encontrarla, sería como dejarla aquí.
-No, si la lleva a mi casa donde estuve viviendo, en el pueblo está cerca de Londres, pero no tanto como para que la encuentre tan fácil o quizás nunca la encuentre, podrían viajar con otra identidad, eso es fácil, solo deben conseguir esos documentos.
-Bueno hija, tienes una gran idea, la verdad no lo había pensado, yo lo que iba hacer era llevarla a Escocia, pero sería lo mismo, la podría encontrar fácilmente y no podría retenerla conmigo, si él, llega con una orden buscando a su esposa.
Albert, estaba meditando todo, la verdad era una gran idea, la casa de Candy, aunque no era muy grande tenía todo lo que necesitaban y aparte que en ese lugar ella, podría recuperarse, después de un tiempo, decidirían donde mandarla para que pudiera continuar con su vida, lejos de Ernesto.
Solo, tenían que esperar un par de semanas para arreglar todo, solo que tenerla ahí, en la villa sería demasiado peligroso, ni en Chicago, estaría a salvo, solo quedaba un lugar donde la mandarían a la villa de Jeans.
Albert, hablaría con Jeans, para que la tuviera un par de semanas en lo que arreglaban el papeleo, esperando no incomodar.
Pero Sara ya venía en camino hacia Lakewood, llegando directo a la villa Andlay, buscando a Eliza, poniéndose de impertinente con la servidumbre…
-Déjenme pasar, que no saben quién soy, solo hazte a un lado maldita gata, gritándole a la ama de llaves.
Candy, venia bajando las escaleras, cuando escucho los gritos, _dígame señora que busca.
-Que busco, a mi hija, sé que está aquí, solo déjame que me la lleve, _Eliza, Eliza, Eliza, soy mama, deja que te vea.
Candy, se interpuso, _usted no va a pasar a ningún lado, que le pasa.
-Quítate maldita huérfana, agradecida deberías de estar de que te sacamos de ese orfanato.
-Dije que no, va a pasar.
Eliza, desde las escaleras, dijo_ Candy, déjame a solas con mi madre, esto debo arreglarlo yo, no te preocupes, que no me voy a ir con ella.
Madre, creo que has perdido tus modales, le debes una disculpa a la señora Andlay, porque, aunque no te guste lo es, así como dueña de esta casa.
-Eliza, estas demente, yo jamás hare eso.
-Bueno madre, estas en su casa, si no quieres que te saquen a patadas de aquí, deberás comportarte.
-Solo vengo hablar contigo, hija debes regresar con tu esposo.
Continuara.
Bueno, chicas un nuevo capítulo de esta historia, ya casi llegando a su final, ya solo nos faltan un par de capítulos, para el gran final, aún nos falta el saber porque Ernesto, odia tanto a los Andlay, ¿Qué tuvo que pasarle para que odiara tanto a nuestro güero chulo?
Quisiera agradecer de antemano a mis compañeras escritoras del grupo las Chicas del clan Ardlay, que en todo momento me han apoyado, escuchándome y dándome ideas para continuar este fic y sobre todo a ti que me lees y das tu opinión.
Bueno las espero en el próximo capítulo, ya saben por la XEW, Radio.
