Ya sentado en el tren reflexionó lo que acababa de pasar. Se sentía tan avergonzado por su actuar y sus palabras ¿Cómo se le había ocurrido semejante confesión? "Intercambio equivalente", ja! Claro que Winry lo iba a odiar, ella no estudio alquimia y hasta cierto punto debe odiarla, puesto que le había quitado un montón de cosas, al igual que a él.
-Pero yo sigo siendo un científico- se intentó justificar pero no podía evitar sentir la vergüenza que lo invadía. Aunque aminoraba su sentir, al pensar que la rubia respondió su confesión y de una forma positiva.
-Así que un 85% de tu vida ¿No?- se reía de tan solo recordarlo. Ella no le importaba ni un bledo el intercambio equivalente ni en todo lo que creía y eso es lo que le gustaba de ella. Era tan llevada a sus ideas, tan independiente y tan friki de los automails- aunque yo también te daría el 85% de mi vida- respondió al aire. Estaba solo, en un vagón individual mirando por la ventana. Veía el paisaje fluir y cambiar a medida que avanzaba la máquina.
Pensó en el abrazo que compartieron. El primero que denotaba todo el cariño que se tenían, todos los sentimientos fluyeron entre ellos demostrándose que no importa la distancia, ni las diferencias de pensamiento…ellos se amaban.
Aunque….
-Debería haberla besado- pronunció en voz alta. Era tan simple, tomarle el rostro y juntar sus labios ¿Por qué no lo había hecho? Claro, porque era un estúpido- y cobarde- tantas noches se había imaginado ese momento. El le confesaba que la amaba, ella aceptaba y saltaba a sus brazos. El delicadamente le tomaba el rostro con la una de sus manos, la acercaba a él y le depositaba un tierno beso símbolo de todo lo que sentía.
¿Pero que había hecho? Nada, nada del plan que se había armado en su cabeza. Si su hermano hubiera estado allí, se habría burlado por siempre y ni hablar del coronel bastardo. Se lo hubiera recordado hasta el fin de sus días.
Pero no era su culpa, el jamás había tenido ninguna relación ni nada por el estilo. Jamás se había confesado a nadie. Claro que él no debía saber cómo era todo aquel tema. ¿Además todo salió bien, no? Se había quedado con la chica al final.
¿Y si, reflexionando como él lo estaba haciendo, Winry se daba cuenta que había hecho el ridículo y lo dejaba por otro? ¿Cuántos hombres, además de el y su hermano se le habían confesado a la chica? Porque hay que admitirlo, la chica es extremadamente hermosa. Con esos ojos profundos color cielo, cabello angelical, como los rayos del sol y ese cuerpo de infarto.
Con aquellos pensamientos sintió como un sudor helado le bajaba por la espalda ¿Si quiera habían decidido salir, ser novios? Simplemente le había prometido volver a su lado, pero ello llevaría tiempo. Quería aprender y conocer nuevas culturas. Por lo menos estaría unos par de meses a fuera ¿Winry lo esperaría?
Al llegar a un pequeño pueblo se bajó sin pensarlo dos veces. Corrió hacia el único hotel que había, se registró y pidió el teléfono. Necesitaba despejar las dudas que albergaba en su corazón.
-¿Aló?- su corazón se paralizó al escuchar esa voz. Su boca de pronto se había secado y su lengua se volvía pastosa- ¿Hay alguien?- esas palabras lo sacaron de la ensoñación.
-S…soy yo, Ed-
-Ah, hola Edo- se notaba feliz, era una buena señal -¿Por qué llamas tan de repente?- le cuestionaba el motivo de su llamada, un punto en contra.
-Yo, bueno….-
-Si no es nada importante debo colgar- otro punto en contra, no quiere hablar.
-NO, espera- trago duro antes de pronunciar estás palabras- yo quiero saber si somos novios- dijo todo muy deprisa. Al otro lado de la línea no se escuchaba ningún sonido, otro punto en contra.
-Ed…pensé que había quedado claro- le sorprendía un poco este chico.
-No, no quedó claro por eso te estoy llamando- un suspiro se oyó del otro lado.
-Claro que si, pensé que eso a eso iban tus palabras-
-Yo….-
-¿Lo entendí mal?- su corazón se aligeró y encontró la situación ridícula.
-No, es solo….que nadie lo había dicho y yo pues…- hubo risas del otro lado de la línea. No se le había pasado por la mente que Edward fuera tan inseguro en estos temas
-¿En que estabas pensando?-
-Nada, nada….bueno, eso adiós- y corto. El color carmín había subido a su rostro, súbitamente. ¿Cómo había divagado hasta este punto? ¿Cómo pudo haber sido tan inseguro? Se alejó de aquel aparato que ahora odiaba y se fue a su habitación. El amor lo ponía tonto.
