Calor

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La segunda noche pareció arribar rápidamente sorprendiéndolos en la interperie. Agradecidos por al menos tener a su favor un ambiente cálido, se despojaron de la tensión latente ante lo inconcluso, para no amedrentar el viaje hasta Konoha. A la mañana siguiente debían recorrer al menos 6 horas antes de cruzar la frontera. Sakura sabía que aquello se debía a su lentitud, descansando lo más posible, comiendo en cada pueblito cercano y despertando más tarde de lo normal, se sorprendió al notar como Sasuke sin presionarla seguía su ritmo con ligereza, más cómodo de lo esperado. Incluso éste se mostró favorable ante la idea de alejarse del camino trazado para conocer los avances de los pueblos aledaños.

- Armaré la tienda – concluyó la pelirosa sentada sobre el vestigio de un árbol- es un buen lugar para acampar.

El usuario del Sharingan asintió reposando su mirada en el panorama a su alrededor.

- Haré una fogata – soltó el hombre caminando hasta un cúmulo de troncos secos.

Sakura meditó unos segundos observando los movimientos de su acompañante.

- Sasuke -lo llamó- si encuentras algún rio podríamos tomar un baño antes de dormir.

La mujer lo observó vacilar sin despegar su vista de las maderas frente a él.

- si – aceptó escuetamente el muchacho.

Ciertamente durante el trascurso del día su comunicación había fluido rayando en la normalidad, sin embargo al caer la noche el ambiente se tornó cada vez más personal hundiéndolos en los recuerdos de la noche recién pasada. Ambos podían sentir aquella presión latente en sus movimientos, en la rigidez de sus cuerpos y el calor en sus cuellos, precisamente para menguar aquella sensación Sakura consideró prudente refrescarse antes de dormir, no obstante fue recién al observar la vacilación en su acompañante cuando comprendió que nuevamente pretender la normalidad ante la ligereza en sus ropas podría traer estragos en su autocontrol.

Se dirigieron hacia el desemboque de una cascada, no muy lejos de su campamento, la rigidez en sus comportamientos se había disipado dando paso a una complicidad soportable. Para Sakura imaginar a Sasuke deshaciendo su dureza durante la noche anterior al adentrarse en la regadera para tomar una ducha más larga de lo adecuado, simplemente volaba sus pensamientos. Le parecía absolutamente erótico, sin embargo presentía que aquello rozaba en lo egoísta, para ella había sido inútil intentar acabar con su deseo, ni aunque hubiese intentado tocarse hubiese podido satisfacer su inmensa hambre por continuar con lo inconcluso; de cualquier modo durante el día no habían tocado aquel tema, y su propuesta de tomar un baño en la laguna, no había sido con doble intención, más bien podría asegurar que lo deseaba físicamente, se sentía exhausta y acalorada, sin embargo lo que realmente desbordaba sus pensamiento era sin duda la posibilidad de entablar aquella conversación con aquel hermético pelinegro. Lo amaba en la intimidad, en aquella intimidad carente de roces formada únicamente en la quietud de la soledad, cuando el mundo parecía desaparecer a su alrededor y las palabras fluían cual cause desbordado.

- ¿No sientes familiaridad en esto?– comentó Sakura mientras terminaba de retirar sus vestimentas para quedar únicamente en ropa interior.

Sasuke observó a su alrededor siguiendo los pasos de su compañera, fugazmente detuvo su vista fijándola en la mujer frente a él.

- No me haces las cosas simples – susurró listo para inmiscuirse en el agua logrando una pequeña risa en Sakura.

- Cuando comenzamos a viajar juntos ¿pensabas lo mismo? – cuestionó la mujer caminando hasta el agua – ¿te hacia las cosas difíciles entonces? Cuando nadábamos en circunstancias similares a las de esta noche – terminó de decir adelantándose al muchacho y brindándole una panorámica de su cuerpo bajo la luz de la luna.

- Pensaba en lo mucho que habías crecido – comentó Sasuke sonrojando a su acompañante.

- No fui la única en crecer, convengamos en eso – se excusó la pelirosa notoriamente sonrojada- para mi viajar contigo siempre ha sido especial. – habló relajando su postura ante el hielo que cubría sus muslos enfriando su perspectiva- me provoca nostalgia.

El pelinegro la observó removerse ante el agua rodeando sus extremidades. Una imagen efímera se apoderó de su sentido, donde una pequeña Sakura de 12 años revoloteaba intentando llamar su atención y cubriendo su cuerpo ante situaciones que él jamás hubiese percibido como inapropiadas, por supuesto que no, él en ese entonces únicamente tenía otros objetivos en mente; más tarde sin embargo al viajar durante su redención, no podía ocultar sus deseos por mantener la vista indecorosamente fija en el cuerpo de la muchacha, traspasando con su mirada la escueta ropa interior húmeda después del baño, aquello lo había vuelto loco durante semanas.

- Ha sido especial – aseguró brevemente el Uchiha- aunque signifique tardar 3 días en un viaje de baja dificultad – habló observándola cubrir su cuerpo hasta el cuello con la trasparente agua a su alrededor.

Se miraron un instante donde sus respiraciones opacaban el sonido de la naturaleza nocturna.

- Lo lamento, sé que hemos demorado mucho más de lo adecuado – soltó suavemente la pelirosa- pero teniendo la seguridad de que Sarada se encuentra bien, no creí que nos haría daño un poco de intimidad.

Sasuke asintió deslizándose bajo el agua.

- No lo sientas, me refiero a que eres la única a quien me interesa seguir, aunque involucre ir a un ritmo nuevo– aseveró el Uchiha- se siente similar a cuando viajamos en el pasado.

- Bueno, yo antes era menos flexible – interrumpió Sakura- quiero decir ... me refiero a que no hubiese perdido tiempo en asuntos que no disfrutarías, como detenernos en cada local de comida o darnos un baño a estas horas de la noche – se excusó rápidamente cubierta por un rubor en sus mejillas provocando una sonrisa en el pelinegro.

- Creo que siempre has sido igual de flexible – corrigió el muchacho en un tono que a Sakura le causó un remezón en sus intenciones.

Tuvieron que transcurrir un par de segundos para que Sakura reaccionara girándose avergonzada, lo suficiente para comprender que nada de la noche anterior había sido lo bastantemente superado como para permanecer allí semidesnudos por mucho tiempo más; lo observó hundirse en el agua nadando unos cuantos metros alejándose de ella, inmiscuido en una oscuridad que cada vez le pareció más y más espesa aunque la laguna en sí no era del todo espaciosa.

Pasado unos minutos y ya con los pensamientos frescos, se acercó nuevamente a tierra para secar su cuerpo y vestirse evitando la confrontación visual con su acompañante, Sasuke había sido claro en enfatizar que no la tomaría hasta solucionar sus asuntos en Konoha y no estaba en ella hacer las cosas más difíciles, sin embargo, allí en medio de la nada, cubiertos por un espeso bosque a su alrededor y únicamente conectados con la civilización por una estación de trenes a por lo menos 4 kilómetros de distancia, a Sakura le pareció una ardua tarea intentar evitar aquel contacto indecoroso con quien a pesar de todo seguía siendo el hombre más importante en su vida.

- Esto es peor de lo que pensé – susurró Sakura vistiéndose rápidamente confundiendo al hombre quien rápidamente se acercaba a su lado.

- Ha sido tu idea venir aquí – pronunció él acercándose hasta la muchacha.

- Y fue una pésima idea – espetó ella nuevamente- te puedes quedar nadando, iré a dormir. – susurró tomado sus cosas y disponiéndose a caminar hasta el campamento.

Sasuke rápidamente la sujetó desde el antebrazo atrayéndola hasta su cuerpo.

- Sakura, relájate – ordenó mientras su respiración chocaba con el rostro de su mujer- solo quiero que hagamos las cosas bien, pero no sería un tropiezo si algo ocurre entre nosotros.

La pelirosa sosegó su respiración intentando calmar su desbordada imaginación.

- Para ti no sería un tropiezo pero no te imaginas lo frustrada que me has hecho sentir todo este tiempo – relató la pelirosa- incluso en este momento estoy tan enfadada por lo que ha ocurrido entre tú y esa mujer, pero a veces aquello se nubla cuando estamos tan cerca… - soltó rápidamente sin zafar el agarre manteniendo la cercanía en sus rostros.

El Uchiha la sujetó manteniendo la prensión contra su brazo y atrayéndola fervientemente contra su torso.

- ¿A qué le temes? –cuestiono el pelinegro - no te quiero perder.

- Pero te has empeñado en prolongar esta situación – cuestionó Sakura alejándose para tomar perspectiva

Los observó a ambos, semidesnudos en medio de los árboles, con el sonido de la naturaleza a su alrededor y el constante resoplo de sus respiraciones alteradas ante el frio producto del agua sobre sus cuerpos.

- Cuando regresemos a Konoha Mio insistirá, lo hará de una u otra forma y esta vez no le daremos la dicha de estar peleados, lo que ella haga no debe afectarnos – habló la mujer.

- Pensé que de eso se trataba este viaje ¿no? – soltó Sasuke- es a ti a quien amo – confesó acercando sus frentes más bruscamente de lo esperado.

- Solo aléjala de nuestras vidas – aclaró la mujer cerrando los ojos.

El hombre entrecerró los ojos perdiéndose en el temblor frente a su cuerpo, la sintió helada, nerviosa y más hermosa de lo que su mente visualizó durante aquellos años alejados. Mantuvo su unión durante unos minutos disfrutando del suave aroma de su mujer, hasta que se halló a si mismo deseando besarla. Acercó sus labios y los fundió en un casto beso cargado de sentimientos mal expresados. Un beso que se fue intensificando elevando el calor en sus cuerpos y uniéndolos cada vez más en un baile de suspiros inocentes.

Abrieron los ojos para observarse a una distancia sugerente, se miraron durante lo que parecieron minutos para luego separarse sin brusquedad alguna.

- Yo también te amo, Sasuke. – confesó la pelirosa- pero una parte de mi teme regresar a casa - aclaró antes de girarse para continuar su camino de vuelta al campamento.

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El viaje hasta Konoha se llevó a cabo sin dificultad alguna, arribaron pasado el medio día sin cansancio alguno. Inmediatamente su tarea inicial fue reportarse frente a Naruto, de quien no habían recibido noticias hace ya más de tres días. No acordaron historia previa ni excusas, dirían la verdad respecto a su situación, la cual en aquel momento se mantenía serena en un ambiente mutuo que superaba cualquier demostración física.

- ¡vaya! – exclamó Naruto acercándose hasta sus compañeros- Sakura- chan me tenías tan preocupado, ¡iba a ir yo mismo al país del Rayo! si no fuera porque bueno… se me adelantaron – habló rápidamente abrazando a la pelirosa con total desinibición mirando de reojo a Sasuke de pie tras ella.

- Lo sé Naruto, no estoy enfadada – susurró la pelirosa intentando sacar aire de sus pulmones ante el apretado abrazo del rubio.

- Y bueno... ustedes ¿están bien? – titubeó el Hokage- lo lamento mucho.

Sakura bajó la mirada con una suave sonrisa en sus labios.

- Estamos mejor. Gracias Naruto, gracias por todo – pronunció comprendiendo recién que si Sasuke se había enterado de su situación había sido sin duda gracias al rubio frente a ella, y que aquella conversación no debió ser del todo grata entre ellos.

- Ustedes son mi familia – habló Naruto- y a veces son tan cabezotas que… - comenzó a relatar en un tono de burla.

- ¡Naruto! – exclamó Sakura en un falso tono de indignación.

Fue entonces cuando el séptimo mientras reía intentando evadir las palabras de Sakura, fijó su mirada en Sasuke aprovechando la distracción en Sakura quien reía suavemente sin percatarse de aquel intimo contacto entre los hombres. Naruto asintió dándole a entender a Sasuke lo mucho que aprobaba su actitud durante el último tiempo.

- ¿Sarada ha estado bien? – preguntó Sakura luego de unos minutos.

- Si, ha estado en toda clase de misiones durante estos días, incluso aquellas pertenecientes a otros equipos, la hemos mantenido ocupada, Boruto es muy bueno en eso – respondió el rubio.

- ¿Cuándo regresa? No te imaginas como la extraño – habló Sakura nuevamente.

- Por la mañana – respondió el séptimo.

- Lamento interrumpirlos – espetó Shikamaru- en serio me alegro que estén de regreso pero tenemos mucho trabajo que terminar.

Sasuke y Sakura asintieron conformes antes de despedirse para continuar su camino a casa. Aquellas escasas reuniones parecían cada vez más cortas y Naruto cada visita se veía más agotado, se preguntaron en qué momento tendría tiempo para entrenar y ejercitar sus músculos si últimamente su vida trascurría bajo cuatro paredes.

Lo que quedaba de tarde transcurrió serena, ambos se dieron el tiempo para cenar como corresponde y tomar un baño adecuado antes de caer dormidos más temprano de lo habitual. Para Sakura si bien aquel viaje había sido a un ritmo moderado, estar en su propia cama se había transformado en un sueño cumplido después de aquellos días movidos fuera de casa; lo abrazó atrayéndolo contra su cuerpo, entrelazando sus cuerpos ahogados en el aroma de su hombría, lo besó suavemente con todo el fervor de su amor y la esperanza en que las cosas mejorarían a partir de ese momento, él por su parte correspondió aquel beso sin temor a posar sus manos descaradamente sobre su cintura, mientras ahogaba en su interior la desesperada pasión que fluctuante provocaba latidos constantes en su vientre bajo, solos nuevamente, esta vez en la comodidad de su habitación, rodeados por toda la intimidad vivida durante esos tres dias, parecía que su tacto quemaba cada vez que rozaba la piel de aquella pequeña mujer bajo su cuerpo. Podría haberla devorado con la mirada. Precisamente aquello fue lo que provocó un cambio en Sakura quien en las mismas condiciones se sentía muy nerviosa como para dejarse llevar por sus instintos, estar en Konoha se había transformado en un balde de realidad lanzado sobre su cabeza.

Se alejó de Sasuke dejándolo sumergido en la intención, para posteriormente girarse ofreciendo su espalda a los brazos de su amante con la inocente intención de ser acunada contra su cuerpo. Aquello claramente no mejoró las condiciones del pelinegro, quien luchaba contra su autocontrol por no despojarla inmediatamente de sus ropas y hacer y deshacer con ella a su merced. Abrazarla desde atrás le permitió rozar su intimidad con el trasero de la pelirosa, sintiéndolo amasable a través de la ropa de dormir, aquella delgada tela que no dejaba mucho a la imaginación y tras la cual se aplastaba encajando perfectamente con la erección bajo sus pantalones; se giró exhalando irregular, tragando la saliva acumulada en su garganta y cerrando los ojos intentando conciliar algo de sueño. Inútilmente observó cómo Sakura se dormía sin dificultad mientras él se ahogaba en sus acalorados pensamientos. Ya se sentía suficientemente caliente antes de llegar a Konoha como para jugar aún más con su libido.

Eran alrededor de las 3 de la madrugada cuando Sakura se despertó ante el frio a su alrededor. Abrió los ojos somnolienta percatándose de una sombra sentada al borde de la cama.

- ¿Qué haces ? – cuestionó medianamente dormida- ¿ha regresado Sarada?

- No – respondió el pelinegro girándose hacia su mujer- solo no puedo dormir.

- Vuelve a la cama hace frio – susurró Sakura sin escuchar sus palabras- ¿por qué estas vestido? – preguntó ya más despierta.

- Iré a correr, estaré aquí para desayunar – habló poniéndose en pie.

Sakura observó como el hombre vestía ropa ligera de descanso, se veía algo sudoroso y bastante despierto.

- No tardes mucho – susurró la mujer sin atreverse a preguntar mucho más.

Para Sasuke tomar la decisión de esperar se estaba transformando en una obsesión, había trascurrido toda una tarde en la cual la lejanía frente a Sakura devoraba sus pensamientos, amarla y desearla de todas las formas posibles estando solos en casa, y no tener el derecho para tomarla sin contradicción alguna, resultó su nueva pesadilla.

Despertó acalorado, sofocado, sintiéndose un hombre más común de lo esperado, jamás había tenido que esperar por aquello. Cuando conoció a Mio en su juventud, pudo poseerla cuantas veces quiso sin demoras, más tarde cada vez que tuvo la oportunidad tomó a quien tuvo disponible y luego con Sakura la espera le parecía satisfactoria porque pese a la demora intuía que en algún momento sería suya. Sin embargo allí ya habían transcurrido días y la noche se estaba convirtiendo en un verdadero martirio. La amaba profundamente y aquello era lo único que le proporcionaba el respeto suficiente para no abalanzarse sobre ella sin acato alguno. Más aún, se sintió estúpido al haber disfrutado de su mujer a tan solo un par de días de la pérdida de su hijo, tan falto de criterio y tan poco racional que ya no se creía capaz de llamar dobe a Naruto sin pensar en que el rubio tenía mucho más sentido común que él mismo.

Tal vez hacer algo de ejercicio calmaría su mente, saldría a correr y despejaría sus bajas intenciones. Trotó durante al menos una hora, a paso sereno únicamente con el fin de distraer sus pensamientos, sin embargo aquello no logró satisfacer su hambre. Se encontró a sí mismo recorriendo el centro de Konoha notando los cambios a su alrededor, los edificios erguirse algunos más altos que la torre Hokage, los locales nocturnos abiertos entre música y alcohol junto a mujeres jóvenes risueñas y acaloradas rodeadas de hombres a los cuales claramente el alcohol se les había subido a la cabeza; Caminó por los negocios de comida rápida, repletos de jóvenes alocados, ninjas tímidos y aldeanos comunes. Sin rumbo alguno y dispuesto a regresar a su hogar, de pronto su vista se topó con un Hostal ubicado en pleno centro de Konoha, inmediatamente recordó las palabras de Mio hace unos días señalándose que se alojaría en aquel lugar. Meditó unos segundos sobre sus reales intenciones en el instante en que se halló de pie frente a la entrada observando las grandes puertas que marcaban la división entre la calle y la recepción; exhaló sin importarle la hora y se adentró consultando por ella al hombre parado tras un escritorio de admisión.

Subió las escaleras bajo la oscuridad reinante a su alrededor y se detuvo un minuto observando el número sobre la puerta tras la cual se encontraba la castaña. Levantó su mano para tocar el timbre sin embargo para su sorpresa la puerta se abrió repentinamente dejando ver a una nerviosa mujer a medio vestir.

- ¡Ah! eras tú – habló Mío apoyando su cabeza en el marco de la puerta.

- ¿esperas a alguien? – cuestionó el hombre tras luego percatarse de la impertinencia en su pregunta.

- Haru – respondió Mio abriendo la puerta de par en par - pero al parecer no llegará esta noche. - susurró- Adelante puedes pasar - invitó extendiendo su brazo.

Sasuke se inmiscuyó en la habitacion observando el salón a su al rededor, era un cuarto de un ambiente, en el centro una vela iluminaba la cama perfectamente extendida donde únicamente destacaba una botella de vino a medio servir depositada sobre la almohada.

- ¿aún en pie? - preguntó el hombre al observar la pulcritud en la alcoba.

- Acabo de regresar, salí por ahí, llevo confinada a esta habitación más tiempo del soportable - soltó risueña- no he podido dormir bien estos días ... - agregó acomodando su desarmado aspecto- he tenido ciertas pesadillas.

La mujer se acercó a la mesa y tomó una copa para verter en ella parte del vino que aún quedaba en la botella.

- Toma - se lo entregó al pelinegro bruscamente sobre sus pectorales - te ves como si lo necesitaras más que yo.

Sasuke dudó unos segundos antes de tomar la copa entre sus dedos.

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Hola!

Capitulo corto pero necesario para la unión de las escenas.

GRACIAS POR LEEER!

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OPINIONES, BUENA ONDA, CRÍTICAS DE LAS BUENAS Y DE LAS MALAS JIJI

Un abrazooo!!